"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

martes, 25 de mayo de 2010

El descenso de la natalidad

FUENTE: http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100511/53925322220.html

NO por esperada la noticia deja de ser menos importante. Los últimos datos confirman que en Catalunya se ha producido un descenso de la natalidad. Durante un periodo de trece años, de 1995 al 2008, los índices no dejaron de crecer, pero desde abril del 2009 - coincidiendo cronológicamente con la llegada de la crisis económica-se ha producido una inflexión a la baja que se cerró ese año con un descenso del 3,8% respecto al año anterior. Estos datos vienen a confirmar oficialmente que el modesto baby boom experimentado no solamente en Catalunya sino en toda España se ha terminado. La pasada década supuso la llegada a la edad fecunda de los hijos fruto de la explosión demográfica de los años setenta del siglo XX. Ello hizo posible que en España se pasase del 1,19 hijos de media por mujer fértil en 1999 a 1,46 en el 2008.

Los datos ahora conocidos evidencian que el crecimiento demográfico en Catalunya - uno de los pilares del progreso de la sociedad-se ha frenado. Los demógrafos afirman que este descenso era esperado, al coincidir con el turno de la reproducción de las llamadas generaciones vacías (muy inferiores en número a la del baby boom)de los años ochenta del pasado siglo.

Las causas de esta caída de la natalidad son múltiples y diversas, pero tres factores han contribuido de una manera decisiva. El primero es, sin ninguna duda y como se ha mencionado antes, la actual crisis económica, que ha provocado que los hijos del baby boom hayan renunciado a tener un segundo o un tercer hijo. Un segundo factor determinante ha sido el descenso en la llegada de inmigrantes y el frenazo a nuevos nacimientos en el seno de las parejas que ya estaban aquí. No hay que olvidar que el colectivo de la inmigración es uno de los más directamente castigados por la crisis económica. Y un tercer elemento que cabe considerar es que los jóvenes, si logran independizarse del hogar paterno, bastante hacen si con su sueldo pueden pagar un alquiler o una hipoteca.

Vista la nueva situación, habría que insistir y recordar a los gobiernos (estatal y autonómicos) que la natalidad es uno de los factores que garantizan el futuro de un país. Los expertos prevén que la situación actual se mantenga hasta el periodo 2020-2025. Ello debería motivar una reflexión en favor de nuevas medidas e incentivos en apoyo de la maternidad, como sucede en la mayoría de los países europeos. Ayudas económicas y sociales, como las bajas maternales, las subvenciones en guarderías, las reducciones parciales de jornada, etcétera, son medidas de estímulo a la maternidad.

miércoles, 19 de mayo de 2010

WEB de Estudios Regionales Europeos



El profesor José Luis Luzón de la Universidad de Barcelona ha tenido la amabilidad de informarme sobre una magnífica web que reúne blogs sobre la geografía de Europa realizados por estudiantes. Este es el enlace:


Esta dirección también aparece enlazada en la sección "Guías del mundo" de este blog.

martes, 18 de mayo de 2010

LA CRISIS GLOBAL DEL AGUA

¿Escasez o quiebra ecológica y moral?

La crisis global del agua no es propiamente de escasez, sino consecuencia de dos grandes fallas convergentes

Pedro Arrojo Agudo  16/05/2010 LA VANGUARDIA
 
Según las Naciones Unidas, más de mil millones de personas no tienen acceso garantizado al agua potable y unas 10.000 mueren cada día por ello, en su mayoría niños. En estas estimaciones no se contabilizan los procesos de envenenamiento progresivo que producen miles de abortos, malformaciones congénitas y muertes por beber agua contaminada con metales pesados, cianuros y otros tóxicos procedentes de vertidos como los de la minería a cielo abierto o determinadas industrias. 

Ante estos datos, a menudo se oye hablar de escasez de agua en el mundo. Sin embargo, la mayoría de esos mil millones de personas viven a orillas de ríos y lagos, o en zonas donde el agua subterránea es abundante. El problema está en que, allí donde antes se podía beber, hoy la gente enferma. Hemos quebrado la salud de nuestros ríos, provocando la crisis más aguda de biodiversidad de la biosfera. Las ranas hace tiempo que desaparecieron; la pesca, la proteína de los pobres, en muchos casos también. Y finalmente son las personas, siempre en las comunidades más pobres, las que enferman y mueren. Paradójicamente, en el planeta azul, el planeta agua, hemos transformado el elemento clave de la vida en vector de enfermedad y muerte.

La crisis global del agua no es propiamente de escasez, sino consecuencia de dos grandes fallas convergentes: la crisis de insostenibilidad de nuestros ríos y la de inequidad y pobreza.



Desde el modelo de globalización neoliberal, las instituciones económico-financieras internacionales han optado por transformar esta crisis en "oportunidad de mercado". La idea de que el agua es un bien útil y escaso ha llevado a considerarla como un bien económico que el mercado debe administrar. Desde pretendidos argumentos de racionalidad económica se han promovido políticas de privatización de los servicios públicos de agua, transformando a los ciudadanos en clientes. El Banco Mundial ha condicionado sus créditos a que los gobiernos de países en desarrollo concesionen esos servicios a los operadores transnacionales, en su mayoría europeos. Bajo esta lógica, la vulnerabilidad de los más pobres, lejos de reducirse, se ha acentuado, abriéndose una tercera falla: la de la gobernanza de los servicios básicos de agua y saneamiento.

Hay que entender que, a diferencia de la madera u otros bienes naturales renovables, el agua tiene funciones que desbordan la lógica del mercado. Desde un punto de vista ético, lo fundamental no es su materialidad, H O, sino las funciones y valores 2 en juego, que en muchos casos no son sustituibles por dinero. Es necesario distinguir categorías éticas, para establecer prioridades y diseñar adecuados criterios de gestión en cada una de ellas.

- El agua vida, en funciones básicas de supervivencia, debe priorizarse, garantizando la sostenibilidad de los ecosistemas, el acceso de todos a cuotas básicas de agua potable (40 litros/ persona/ día), como un derecho humano, y la producción de alimentos básicos en las comunidades más vulnerables.

- El agua ciudadanía, en funciones de salud y cohesión social (servicios domiciliarios de agua y saneamiento), debe situarse en un segundo nivel de prioridad, desde la lógica del interés general y en el ámbito de los derechos de ciudadanía, con sus correspondientes deberes. Su gestión, desde modelos de gestión pública participativa, debe basarse en sistemas tarifarios que permitan financiar servicios eficientes y de acceso universal.

- El agua economía, en funciones productivas que generan beneficios, vinculada al derecho a mejorar nuestro nivel de vida, debe gestionarse desde un tercer nivel de prioridad, desde criterios de racionalidad económica basados en el principio de recuperación de costes.

La escasez de agua vida es injustificable, en la medida que supone la quiebra de derechos humanos y deriva en catástrofes humanas. Pero no debemos olvidar que 40 litros/ persona/ día es apenas el 1,2% del agua que usamos.

La escasez de agua ciudadanía (cortes de agua en una ciudad), afectando al interés general, es un fracaso político. Pero tales servicios suponen apenas el 6% del agua que extraemos de ríos y acuíferos.

El agua economía es propiamente la que desborda la capacidad de los ecosistemas. En este contexto, la escasez en el ámbito del agua economía debe dejar de afrontarse como una tragedia que evitar, a costa del erario público, para considerarse como una realidad que gestionar, asumiendo los límites de sostenibilidad y exigiendo el pago adecuado a quienes demandan más y más caudales para ser más ricos.

En realidad, lo que hemos venido llamando déficits hídricos son más propiamente excedentes de ambición y déficits de responsabilidad.


¿Un derecho tiene precio?

El derecho al agua debería ser considerado uno más de los derechos humanos


Jaime Morell Sastre 16/05/2010 LA VANGUARDIA 

La actual y generalizada reivindicación para incluir el derecho al agua como derecho humano es de una lógica tal que no habría debate si no fuera por los desproporcionados intereses económicos que lastran el acceso a este servicio básico a todos los habitantes del planeta. Cuando la ONU aprobó por unanimidad la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, no olvidó el derecho al agua o al aire, sino que los consideró obvios al estar incluidos en el derecho a la vida, que incluye disfrutar de un nivel de vida adecuado para la salud y el bienestar, la protección frente a las enfermedades y una alimentación adecuada.

El derecho al agua debería ser considerado uno más de los derechos humanos, que a menudo son usurpados por los intereses del mercado y sus actores. La necesidad de explicitarlo e incluirlo en la Declaración Universal está motivada por la dolorosa contradicción generada en el seno de las sociedades de pretender que sean el mercado y sus dispositivos el eje que estructure y organice la vida social, lo que ha creado importantísimas desigualdades y carencias que es prioritario resolver.

Al hablar del derecho humano al agua nos referimos exclusivamente a la cantidad de agua de consumo para el uso personal y doméstico, 30 o 40 litros por persona y día, potable, salubre y disponible y a un precio asequible. El resto, hasta los 130 litros por habitante y día de la sociedad del bienestar, serían derechos de ciudadanía. Por encima de estas cantidades y hasta el límite de la sostenibilidad estará el agua como factor económico, que, bien regulado, podría estar sujeto a las reglas del mercado.

¿Debe ser esta garantía de acceso al agua y el saneamiento básico, entendida como derecho humano, gratuita? La respuesta es clara: no. Debe ser asequible y las soluciones para asegurar esas dotaciones deben adecuarse a su sostenibilidad institucional, social, técnica y económica. Además, posibilitaría que se incluyera como tal en las constituciones de todos los países y se traduciría en obligaciones legales. La política tarifaria se debería adecuar a las posibilidades reales de los usuarios, diferentes en cada sociedad y circunstancia. Los estados deben garantizar con estas políticas el cumplimiento de este derecho con tarifas progresivas que penalicen a los mayores consumidores, a diferencias de otros servicios como la electricidad que se abaratan con el incremento del consumo, y con políticas sociales que corrijan las desigualdades garantizando el acceso universal al agua potable y al saneamiento básico.

PARA SABER MÁS: PUBLICACIONES
'Agua, ríos y pueblos'. Libro catálogo de la exposición del mismo nombre. Editado por la Asociación Agua Ríos y Pueblos

'El reto ético de la nueva cultura del agua', Pedro Arrojo. Editorial Paidós

'Ríos silenciados: ecología y política de las grandes presas'. Patrick McCully. Editorial P.

'El derecho humano al agua', Aniza García. Editorial Trotta, Madrid 2008

'Nueva Cultura del Agua'. Colección editada por Bakeaz y por la Fundación Nueva Cultura del Agua

WEBS
www.aguariosypueblos.org
http://papeldeaguas.net
www.unizar.es/fnca

miércoles, 12 de mayo de 2010

La natalidad entra en declive en Catalunya El análisis



FUENTE: http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100512/53925639180.html 

La media de hijos por mujer preocupa más que el total de nacimientos

"La fecundidad no debería reducirse"

BARCELONA - Redacción

El descenso de natalidad registrado en Catalunya en el 2009 después de trece años seguidos de aumento preocupa menos a economistas y sociólogos que el hecho de mantener estable la tasa de fecundidad - el número medio de hijos por mujer-y de asegurar que los niños tengan después una educación de primer nivel. La calidad antes que la cantidad.

Según adelantó ayer La Vanguardia,el año pasado nacieron en Catalunya 85.916 niños, un 3,8% menos que en el 2008. Este descenso pone fin al ciclo de aumento de la natalidad iniciado en 1996 y augura un declive que se prolongará hasta más allá del 2020, según las proyecciones del Institut d´Estadística de Catalunya (Idescat)

Pero el número total de nacimientos es una cifra sobre la que los especialistas en ciencias sociales no hacen juicios de valor. Más importante que la cifra bruta de natalidad es la tasa de fecundidad, que indica cuántos hijos tiene cada mujer por término medio. Una reducción de la tasa de fecundidad indicaría que las parejas empiezan a tener menos hijos. O, lo que es lo mismo, que una proporción significativa de parejas renuncian a tener hijos que, en circunstancias más propicias, hubieran tenido.

Con los datos de natalidad del 2009 conocidos hasta ahora, que se derivan del registro de bebés nacidos en Catalunya del Departament de Salut, aún no es posible saber si en el 2009 se ha reducido la fecundidad o sólo la natalidad. Los demógrafos ya habían pronosticado que Catalunya entraría en una fase de declive demográfico cuando las generaciones nacidas durante el baby boom de los años setenta dejaran de tener hijos y las generaciones vacías de los años ochenta llegaran a la edad de reproducción. La natalidad, decían, tenía que bajar algún día porque se reduciría el número de personas en edad fértil. El momento ha llegado. "El panorama que tenemos ahora por delante, con una población que va reduciendo con la edad sus efectivos, desde un máximo a los 34 años de edad a un mínimo de más lejos", dice el demógrafo del centro Migra Studium Lluís Recolons.

El inicio del descenso se registró en abril del 2009, nueve meses después de que los efectos de la crisis empezaran a castigar a la población, lo que sugiere que sí pudo producirse un descenso de la fecundidad. También es probable, aunque por ahora sólo es una hipótesis, que este posible descenso de la fecundidad haya afectado más a la población inmigrante que a la autóctona. Pero habrá que esperar a que el Idescat presente los datos detallados de los nacimientos del 2009 para saber cómo evolucionó la tasa de fecundidad.
"Sí sería preocupante si la tasa de fecundidad se redujera en la población autóctona porque, si además deja de llegar inmigración, no habría repoblación", advierte el economista Guillem López-Casasnovas, de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). López-Casasnovas rechaza el discurso catastrofista según el cual, si la natalidad cae, la población activa no será suficiente para pagar las pensiones y la sanidad del creciente número de personas jubiladas. "El discurso que dice que tiene que haber cada vez más jóvenes para equilibrar la seguridad social no es cierto", afirma este catedrático. "Sólo se equilibraría si la política de formación de capital humano fuera de primera división y si el mercado laboral pudiera absorber toda esta masa. Pero España no se distingue precisamente por tener una formación de capital humano de primera división, y los jóvenes tienen una tasa de paro elevada". Margarita Delgado, del CSIC, coincide en que "lo importante, más que el número total de nacimientos, es la estructura demográfica de la población, la relación entre la población activa y la dependiente".