"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

sábado, 28 de junio de 2008

Los escándalos merman la lealtad de los asalariados en Japón



KO SASAKI PARA THE NEW YORK TIMES-EL País, 26-6-2008

por IHAKMN FACKLER

TOKIO — Una empresa que es­conde defectos peligrosos para evitar una retirada de productos embarazosa. Un distribuidor de productos cárnicos que vende corazones de cerdo picados co­mo carne de vaca. Una cadena de restaurantes de lujo que sirve las sobras de sashimi de otras cenas a los clientes.

En Japón, la confianza en sus es­tablecimientos corporativos se ha visto sacudida en los últimos años por una serie de escándalos. Em­presas de todos los tamaños se han visto implicadas en fraudes que van desde lo repugnante hasta lo peligroso. El hecho que los emplea­dos hagan públicas estas fechorías resulta aún más escandaloso. . Hace unas décadas, en Japón, él lugar de trabajo de una persona formaba parte de su identidad, la lealtad inquebrantable a la em­presa era la virtud más valorada. Pero el empleado obediente que no cuestiona nada se ha convertido en una reliquia del pasado como con­secuencia de una transformación más amplia de Japón y de la econo­mía global.

Cuando Japón era el punto más caliente de la economía asiática, las compañías se podían permitir comprar la lealtad de sus trabaja­dores ofreciendo la garantía de un empleo para toda la vida, y la sen­sación de pertenecer a una empre­sa que trataba a los trabajadores como si fueran de la familia. Este contrato social empezó a desinte­grarse cuando se produjo el estan­camiento económico en los años noventa, la "década perdida", que se caracterizó por la seguridad ca­da vez menor de los puestos de tra­bajo y por la caída de los sueldos.

Abogados y economistas mani­fiestan que actualmente los tra­bajadores japoneses empiezan a hablar claro, a pesar del riesgo de ostracismo que supone debido a la amplia creencia de que estas decla­raciones constituyen una traición.

Algunos empleados actúan así para defender el interés público, otros para protegerse de posibles acusaciones por su participación en la fechoría en cuestión. "La empresa está perdiendo su lugar central en el universo del emplea­do", asegura Naoki Yanaguida, un abogado laboral.

Ahora que el contrato social se desintegra, los denunciantes son más.

Yoichi Mizutani fue condenado al ostracismo después de denunciar que la carne se etiquetaba de forma engañosa en su almacén.

El primer caso destacado de una denuncia corporativa ocurrió en el año 2000, cuando un empleado de Mitsubishi Motors sacó a la luz que la empresa había encubierto fallos que podían causar accidentes, in­cluyendo frenos defectuosos y es­cape de líquidos. Estas declaracio­nes dieron pie a una investigación que concluyó con el arresto de va­rios ejecutivos y que llevó al fabri­cante de coches casi a la quiebra.

En la actualidad, cada año esta­llan por norma general en Japón diversos escándalos causados por empleados que airean secretos de las empresas, aunque no se sabe el número exacto de casos ya que ni las autoridades japonesas ni los medios de comunicación desvelan siempre sus fuentes.

Yoichi Mizutani, de 54 años, era el propietario de un almacén de alimentos refrigerados en la parte occidental de la ciudad de Nishi-nomiya que vivió años de prospe­ridad con las compañías locales cárnicas. Pero un día, en diciembre de 2001, un empleado vio que los empleados de uno de sus clientes más importantes, la proccsadora de carnes Snow Brand, ni ih/.ahan su almacén para colocar tabulas de ternera australiana congelada en cajas y venderlas como si se trata­ra de carne del país.

Explica que se trata de un fraude habitual en la industria cárnica, cuyos integrantes se supone que deben atenerse a un código de si­lencio. Declara que se sintió toda­vía más indignado cuando llamó a Snow Brand para preguntar sobre este incidente, y le dijeron que man­tuviera el pico cerrado. Acabó contándoselo a dos periodistas japone­ses y se produjo un gran escándalo que terminó con la condena poste­riormente suspendida a un período de prisión para cinco ejecutivos.

"Pensé en cuántos propietarios de empresas pequeñas en este sector de la industria, como yo, no pueden dormir por las noches, atormentados por un sentimiento de culpabilidad por lo que están haciendo", dice Mizutani. "La in­dustria habla de sí misma como una gran familia que protege a los suyos. Pero una injusticia es una injusticia".

Después de hacer pública su his­toria, Mizutani afirmó que todas las compañías cárnicas le recha­zaron y le expulsaron del negocio. Durante un año, Mizutani, que es­tá divorciado, tuvo que mantener a sus tres hijos contrabajos de un so­lo día. Llegó un punto en que inclu­so tuvo que vender libros colocados sobre una manta en un puesto en­frente de una estación de tren. Las cosas mejoraron cuando una ca­dena de televisión local hizo un re portaje sobre su grave situación. Con las donaciones que hicieron los espectadores, incluido un tem­plo budista, pudo restablecer su negocio, aunque esta vez comer­ciando con verduras y marisco congelados.

También se convirtió en un héroe popular secundario, y protagoniza una tira cómica que ensalza a los denunciantes de empresas.

Ahora Mizutanigozade su situa­ción, se ha despojado de su traje gris y lo ha cambiado por chancle­tas y una camiseta, y se ha teñido de rubio con mechas negras.

Japón se debate entre la ética tradicional de lealtad al grupo y el reconocimiento de que se necesita más transparencia y una mayor responsabilidad para poder fun­cionar como una economía moder­na. "Los denunciantes exponen problemas que probablemente han existido durante mucho tiempo, pero que se mantenían ocultos", remacha Koji Morioka, catedráti­co de economía de la Universidad de Kansai.

viernes, 27 de junio de 2008

¡Ojalá suframos una crisis energética, pero de verdad!"

Entrevista a J. Anthony Allan, Premio del Agua de Estocolmo 2008


Fuente:http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html

LLUÍS AMIGUET - 25/06/2008

Tengo 71 años en los que el planeta ha triplicado su población, el petróleo ha sido absurdamente barato y el precio del trigo no ha dejado de bajar: el ecosistema ha pagado este derroche. Producir una hamburguesa cuesta 6.800 litros de agua. Colaboro con la Fundación Agbar


Que se prepare su gobierno y el mío, porque les vienen cursos muy incómodos...

No me asuste.

... Pero me temo que no lo suficiente...

¿. ..?

¡Ojalá lo pasaran mal de verdad! Porque después de esa crisis final construiríamos un mundo energéticamente mejor.
...

Sólo una crisis energética que paralizara las economías desarrolladas nos obligaría a aceptar pagar el precio de un cambio de paradigma energético de fósiles a renovables.

No sé si le entiendo.

El paso del petróleo a las energías renovables y limpias requeriría ahora mismo grandes sacrificios en nuestras pautas de consumo y movilidad. Sólo aceptaremos pagar ese precio si no tenemos más remedio porque no podemos pagar el otro.

Podemos encontrar más petróleo...

Esa sería la respuesta equivocada que ya hemos dado en otras ocasiones que yo ya viví como ingeniero y científico.

¿Cuándo?

Veamos toda la película: petróleo, gas y carbón y todos los combustibles fósiles no son más que energía del sol almacenada por plantas prehistóricas durante millones de años. Occidente derrochó esa energía en apenas unas décadas con un enorme coste medioambiental para mantener su predominio geopolítico.

¿Por que dice que fue un derroche?

Porque durante 70 años, las grandes petroleras controladas por Occidente lograron mantener el precio a... ¡dos dólares el barril!

Tampoco era natural.

¡Era insostenible! Y nos convirtió en sistemas económicos energéticamente muy ineficientes que con esa energía barata degradaron su medio ambiente.

Necesitábamos desarrollarnos.

Por fin, los países productores lograron organizarse en la OPEP y rebelarse en los 70 provocando la primera crisis energética.

Hoy hay que explicárselo a los jóvenes.

¿Y cómo reaccionamos? Lo inteligente hubiera sido repensar nuestro sistema y reducir la dependencia de la energía fósil para buscar energías alternativas y más limpias.

Pero no somos tan listos.

Lo que hicimos en vez de exhibir sentido común fue exhibir músculo ante el desafío y huir hacia delante. Los poderes occidentales y las grandes petroleras Shell, Exxon, Mobil, BP... respondieron al formidable reto de la OPEP con tecnología y ambición: buscaron nuevos pozos en el mar del Norte y en otros lugares recónditos y de difícil explotación con nuevos métodos y lograron reducir los precios del petróleo.

Y hasta ahora.

Hubo otra crisis en el 79-80 y volvimos a responder con la salida fácil. De nuevo más tecnología y nuevos pozos más recónditos. El petróleo subió algo de precio, pero siguió costando menos de lo que valía y mucho menos del valor que destruíamos al quemarlo.

¿Podemos volver a hacerlo?

Sería otra tontería. Ahora mismo ya hemos gastado la mitad del petróleo del planeta y un tercio del carbón. Y no hay alternativas en energía fósil, pero tampoco ningún gobierno tiene ganas de decir la verdad a sus votantes: que se acabó el derroche.

¿Se cortarán muchas más carreteras?

Las ONG y los grupos éticos deberían explicar que no hay soluciones sin sacrificios: sólo el cambio de energías nos dará una salida cierta y duradera a la crisis, pero, como le decía antes, esa salida requiere privaciones de todos. Al principio usar sólo energías renovables nos obligará a adelgazar...

La bici es muy sana... de vez en cuando.

La energía solar y eólica y renovable acabará siendo alternativa, pero con costes de transición altos. No nos engañemos.

¿No es usted algo apocalíptico?

Soy científico, pero la ciencia es política o, como decimos los ingenieros: "Si sólo miras al fondo del pozo, no ves si hay petróleo"

¿. ..?

Para entender el problema de los recursos naturales: si hay petróleo o agua o comida o no, primero hay que desentrañar las relaciones de poder entre los países y entre las clases sociales. Si no, no entiendes nada.

Por ejemplo.

En los años sesenta pronosticamos que habría una sangrienta guerra por el agua en Oriente Medio. Y nos equivocamos.

¿Por qué?

Porque sólo mirábamos al fondo del pozo. La comida no es más que agua concentrada. Por ejemplo: esta taza de café ha costado 140 litros para poder ser cultivada y la hamburguesa que se come ha costado 6.800 litros de agua para la hierba y la vaca y su camisa varios miles de litros y...

Agua virtual.

¡Exacto! Por eso, aunque no había agua para todos, no hubo guerra del agua en Oriente Medio. Lo que hicieron los países del área fue importar el agua ya invertida.

¿Barcos cisterna como aquí?

¡No! Se limitaron a importar bienes y alimentos que llevaban el agua incorporada, como le he explicado. Así suplieron el agua que no había en los pozos y no hubo guerra.

Usted es un nobel del agua.

Agua, energía, petróleo, comida... Todo está relacionado en la política. No entendería nada si sólo fuera un hidrólogo. Y lo que veo ahora es que el capitalismo salvaje no tiene la solución de esta crisis.


EL FIN DEL DERROCHE

No es un idealista al uso. Allan destila frío realismo científico cuando explica cómo producimos y distribuimos comida, petróleo y agua en el planeta. Empieza advirtiendo que somos demasiados: "En mis 70 años de vida, se ha triplicado la población del planeta y, mientras, el precio del trigo no ha dejado de bajar, porque hemos mantenido el petróleo artificialmente barato y porque los gobiernos de Occidente han subsidiado a sus agricultores". Y proclama: "Eso se acabó: somos demasiados para poder mantener este derroche". Y desgrana cifras con lógica implacable. Al final, no sé si tras la crisis habrá un mundo mejor, pero Allan me convence de que no será igual... Ni tan fácil para nosotros.



En tan sólo un siglo los humanos hemos duplicado nuestra esperanza de vida...

Entrevista a Ramón Cacabelos, neuropsiquiatra, Universidad de Osaka; precursor del test genético

"La revolución del test génico da todo el poder al paciente"

LA CONTRA, La Vanguardia, LLUÍS AMIGUET - 27/06/2008

Tengo 53 años: asesoro a la Administración Federal de Drogas y a la UE. Soy de Cambados. Me doctoré en Osaka: fui allí el primer investigador médico no japonés de su historia. Presido la Asociación Española de Neurogeriatría. Tuve de paciente al ingeniero que diseñó el tren bala

En tan sólo un siglo los humanos hemos duplicado nuestra esperanza de vida...

Bien.

... Nunca tantos habíamos vivido tanto. A principios de siglo, moríamos entre los 36 y 42 años; hoy vivimos de media entre los 78 y los 82.

Las señoras son las que viven más.

La nueva longevidad de nuestra especie ha cambiado de raíz las estadísticas médicas: las patologías degenerativas, que no eran tan relevantes, hoy son las de mayor incidencia, como el alzheimer, parkinson, esclerosis... Y, por otro lado, los cánceres.

¿Y...?

Todas esas enfermedades tienen en común que están escritas en nuestro genoma desde que nacemos. Como sabe, acabamos de cartografiar todo el genoma humano, así que ya estamos en condiciones de hacer una predicción sólida y personalizada.

¿Sirve saber de qué moriré?

Sí, porque de la predicción pasamos a la prevención y mejoraremos así su calidad de vida - sobre todo de los 65 a los 85- para que sean años para vivir y no sólo sobrevivir.

Hay médicos que juzgan irrelevantes los test genéticos.

Gran parte de mi profesión tiene 50 años o más y no ha estudiado a fondo la nueva genética de la susceptibilidad más allá de la binaria mendeliana. Así que es lógico, pero no excusable, que se acongoje e incluso tema perder poder con estos nuevos test.

¿La medicina génica les resta poder?

Da al paciente más poder sobre su salud. Recuerde que el 80 por ciento de las patologías adultas tienen base genética y siguen una regla de oro: cuanto más genes estén implicados en la dolencia del paciente, más rápido es su curso y peor tratamiento tiene y cuantos menos genes, más lento es su curso y mejor respuesta podemos darle.

Por ejemplo.

Las grandes dolencias de corazón, cáncer y cerebro pueden aparecer a los 20 años o a los 80, dependiendo de la cantidad de genes implicados. Necesitamos una revolución médica y cultural para que cada ciudadano haya identificado sus riesgos 30 o 40 años antes de que aparezcan las enfermedades.

Una vez identificados los genes implicados y sus riesgos... ¿Qué?

Seguir estrategias preventivas personalizadas y una farmacogenética individualizada. Imagínese que tiene usted antecedentes familiares de cáncer de colón: puede hacerse la colonoscopia cada año o ahorrarse las molestias si se hace el test genético y no presenta usted ningún riesgo. Así se librará de las radiografías rutinarias y hará cabalmente las que sí tengan riesgo genético.

Sería todo un ahorro.

Un ahorro enorme en pruebas médicas rutinarias. Y además abre las posibilidades de la farmacogenética individualizada.

¿Les será rentable a las farmacéuticas fabricar un medicamento sólo para mí?

La farmacología tendrá que cambiar de modelo de negocio. Hoy te duele la cabeza y te tomas un ibuprofeno, que te fastidia el estómago, entonces te tomas un omeoprazol para protegerlo, pero ese omeoprazol te fastidia la potencia sexual y entonces necesitas una Viagra...

Entrar en la farmacia es no salir.

Todo eso se acabará cuando sepas tu perfil genético y en un chip aparezcan las causas genéticas de tu dolor de cabeza y cómo tratarlo y qué medicamentos te convienen.

¿Cómo actuarán las farmacéuticas?

Los laboratorios ahora pueden tardar 12 años en sacar un fármaco, les quedan cinco de patente así que tienen que vender a granel para recuperar la inversión porque el fármaco se les muere. En cambio, si le hacen medicinas adaptadas a su perfil genético le tendrán usted de cliente de por vida.

¿Quién se quedará con la industria de la predicción genética?

Ahora mismo hay infinidad de empresas que te hacen el test por 300 euros y en unos años se hará el test genético con la facilidad con que ahora se hace el del colesterol. Cuando empezamos...

¿Quiénes?

Hemos creado una sociedad mundial de medicina genómica donde colaboramos con el doctor Takeda en Osaka, Pelfrey en EE. UU., Jacobini en Ginebra y Bimvlad del Carolinska, entre otros de un gran equipo internacional. Piense que quien se haga con la predicción genética controlará el sector del diagnóstico durante los próximos cien años. Cuando empezamos el test de un sólo gen costaba 150.000 pesetas hoy son 20 euros.

Todavía - dicen- no sirve de mucho.

Ya sirve de mucho, pero es sólo el comienzo de un recorrido y si no apostamos por él, nos quedaremos en el paleolítico. Recuerde que la radiología tardó 25 años en generalizarse y el scanner 15. Hoy son habituales.

¿No me deprimiré si descubro que tengo probabilidades de enfermar?

La nueva genética de susceptibilidad es un cálculo probabilístico de riesgo, no una condena. Si conoces el riesgo, puedes actuar sobre él, reducirlo y tal vez eliminarlo.

Supongamos que mi test detecta riesgo genético de Alzheimer...

El primer test genético de Alzheimer se hizo en el 2000. ¡Se beneficiaría de un descubrimiento muy reciente! Si tiene más de 40 años, podría tratarse ya con media docena de eficaces fármacos neuroprotectores y más adelante, incluso podríamos realizarle alguna intervención más sofisticada...

Ramón Cacabelos, un gallego de Osaka

Cuando muchos universitarios viven con sus padres hasta los 40, es estimulante escuchar cómo el joven Cacabelos se fue a Japón, interesado por la neurocibernética: allí estaban los mejores. Y los mejores supieron valorar su determinación: fue el primer médico no nipón al que se admitió en un doctorado, aunque tuvo que olvidarse de la cibernética, porque era asunto de seguridad nacional, y se dedicó a la neuropsiquiatría para formar parte del equipo que descubrió la antivasodepresina. Se convirtió en un niño mimado del Estado y representó a Japón en congresos, donde el gallego de Osaka demostraba que la voluntad y el talento no reconocen más fronteras que las de su propia ambición.

De la relevancia del trabajo a la relevancia del ocio

Importancia del ocio

LA VANGUARDIA, 27 de junio de 2008

Tal parece que en las sociedades avanzadas hemos pasado de la relevancia del trabajo a la relevancia del ocio. Si hacemos caso omiso de que para disfrutar de tiempo libre es necesario disponer de un peculio diario suficiente, viene a resultar que la gente concede mayor importancia a cómo se divierte que a cómo obtiene el dinero necesario para hacerlo.
Un estilo de vida en el que cobra creciente importancia el salir de fin de semana, ir de vacaciones, practicar o presenciar deportes, hacer turismo de largo alcance. En consonancia, se desprecian empleos en los que hay que trabajar en sábado o domingo, y se valora cada vez más el poder jubilarse anticipadamente. Fue en el lejano 1964 cuando Joffre Dumazedier publicó en Francia un estudio premonitorio, Hacia una civilización del ocio. Ahora cabe decir que la meta ha sido alcanzada.

¿La clase trabajadora es más feliz actualmente que cuando trabajaba diez horas al día, seis días por semana? Objetivamente, sí; mucho más feliz, más libre. Y la población en su conjunto, ¿también lo es? Según las estadísticas sobre la salud cabría deducir que no, dado el elevado consumo de antidepresivos. Quizá
las expectativas de ocio dibujan un goce ideal difícil de alcanzar, o quizá la dura realidad desmonta el supuesto de que las personas, los trabajadores, prefieren menos dinero y más ocio. Aunque, ¿qué clase de ocio? Existen diversiones baratas, pero viene a resultar que por lo común se aspira a las caras.

Digresiones al margen, se comprueba que la cultura del ocio está creando más empleo y más riqueza que algunas industrias tradicionales. En nuestro país,
el turismo ha adquirido tal magnitud para la economía que cualquier quebranto resultaría catastrófico. Así pues, sensatamente, a la clásica oferta de sol y playa se le ha agregado la de un turismo alternativo que abarca desde la aventura a lo campestre o lo artístico.

Los sectores por explotar son diversos y su característica más relevante no es la del precio módico. De lo cual se deduce que la civilización del ocio, más allá de pretender una satisfacción para el individuo, persigue la ganancia mercantil.

Así pues, si alguien se siente frustrado ante las maravillosas ofertas a las que su bolsillo no le permite acceder, que cierre los ojos y se tape los oídos. Tal vez así pueda pensar por sí mismo y elegir su personal tipo de ocio.

E. SOLÉ, sociólogo y escritora