LA VANGUARDIA 04/05/2012
Foto: David Airob
¿Adiós a la guerra?
Son pocos, pero hay unos cuantos e
influyentes entusiastas del futuro: Jeremy Rifkin es uno de ellos. Ha
ejercido de consejero en varios gobiernos durante sus presidencias de la
UE y actualmente asesora a Angela Merkel en su apuesta pionera por la
producción descentralizada de energías renovables; de ellas, de su
distribución a través de la red y de cómo eso cambiará el mundo trata su
libro número treinta:
La tercera revolución industrial
(Paidós), y con ese discurso recorre el mundo (participó en el congreso
Smart City Expo World de Barcelona). "El internet de la energía cambiará
la forma de trabajar y de vivir. Y significará el fin de las guerras
por los recursos energéticos".
Sabe cómo crear empleo?
Sí. Debemos pasar a la tercera revolución industrial.
¿En qué consiste?
En un nuevo modelo energético y productivo que ya está en marcha: el capitalismo de la distribución.
¿Es una broma?
Mire
a su alrededor con perspectiva y verá que ya estamos experimentando una
transformación histórica en la forma de generar y distribuir la
energía.
Seguimos dependiendo del petróleo.
Sí, y hemos de librarnos de esa dependencia, superar la segunda revolución industrial y comenzar una nueva era.
¿Por qué?
Aparte
de que la energía fósil está poniendo en peligro nuestra supervivencia
como especie, ha determinado y ha diseñado nuestro sistema de vida y la
manera de organizarnos socialmente: un sistema ya caduco.
¿...?
La
primera revolución industrial, al mejorar la higiene y la salud,
disparó la demografía. Luego envió a todos los niños al colegio para
tener trabajadores eficientes.
¿Y qué ha hecho de nosotros la segunda revolución industrial?
Ha
impuesto sistemas centralizados: un gobierno, con una gran capital, en
la que se centra todo el poder de decisión y de información a través de
televisiones y radios estatales; las centrales de energía, que producen y
regulan toda la energía del país, y las carreteras, que responden a esa
lógica.
Si prescindimos del petróleo, ¿nos organizaremos de otra manera?
Cambiaremos todo nuestro modo de vida.
Decía usted que ya estamos en ello.
De
la misma manera que el vapor nos llevó a la primera revolución
industrial, y el motor Daimler-Benz a la segunda, la apuesta de Alemania
por la producción descentralizada de energías renovables nos lleva a la
tercera.
Pero las energías renovables no son una novedad.
Lo
revolucionario es su combinación con internet: el gran cerebro en red.
Eso significa decir adiós a la gran televisión centralizada y al poder
de decisión centralizado. La autoridad ya no será vertical, sino
distributiva.
Alguien la ejercerá.
La tendrá
quien posea más información en cada momento para tomar iniciativas, irá
alternándose en la red. Las grandes centrales eléctricas se sustituirán
por pequeñas productoras de energía controladas por el ciudadano,
instaladas en el tejado de la comunidad de vecinos, oficinas,
fábricas...
Ya hay comunidades que se abastecen con energías renovables y no han cambiado el mundo.
La
verdadera revolución estallará cuando la energía se transmita por la
red y la inteligencia colectiva regule su uso. Si en su tejado produce
más energía de la que necesita (eólica, geotérmica o solar), la red la
redistribuirá y usted cobrará por ello, y cuando necesite más, la
comprará.
¿Es una utopía?
En Alemania, IBM,
Siemens y Cisco están experimentando diversos sistemas en seis länder
para poder enviar kilovatios por la red como si fueran bits de
información, y buscando la manera de almacenarlos.
¿Ni plataformas petrolíferas ni tampoco centrales de energías alternativas?
No,
porque el aire, la tierra y el sol están en todas partes. En todos los
tejados y espacios verdes del planeta se puede captar esa energía y
convertirla en electricidad.
¿Y quién lo paga?
Al
precio actual, cualquier edificio amortiza en siete años la inversión;
pero igual que ha ocurrido con los ordenadores y los móviles, al
masificarse su uso bajará el precio.
¿Cómo viajaremos?
Camiones,
coches y autobuses serán vehículos enchufables. Es mucho más fácil y
barato colocar enchufes que surtidores y depósitos de combustible. Y
pronto habrá aviones con energía eléctrica.
Un futuro prometedor, pero hará falta inversión...
Sí, y trabajo, lo que revitalizará nuestra economía y creará miles de empleos.
Es un pez que se muerde la cola.
Los
países desarrollados en crisis, como España, deben convertir esa
necesidad de adaptación a la nueva tecnología en una oportunidad para el
relanzamiento económico. Sí o sí, España necesita crecimiento; sólo con
austeridad no se va a ningún lado.
¿Y cómo afectará al tercer mundo?
Este
cambio de paradigma cambiará la geopolítica mundial. Los países más
pobres podrán convertir su carencia de infraestructuras en ventaja
competitiva: es más fácil y barato partir de cero que reconvertir lo ya
existente.
Quienes generan y distribuyen la energía van a resistirse.
Sí,
como se resistieron las grandes empresas discográficas hasta morir. Es
obvio, como han detectado todos los movimientos de indignados del mundo,
que el esquema de la segunda revolución industrial está viniéndose
abajo.
El ciudadano quiere poder.
Y ese es el
significado final de poder generar nuestra propia energía, venderla y
comprarla libremente en la red. De hecho, ya se están creando nodos de
autosuficiencia que viven conectados con la biosfera. Las energías
renovables cierran el círculo de integración del ser humano con el
medio.
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La Tercera Revolución Industrial: Cómo el poder lateral está transformando la energía, la economía y el mundo