"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

domingo, 1 de febrero de 2009

La heroicidad de tener hijos


http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20090123/53625007834.html

UN informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) advierte que el crecimiento de la población española se reducirá a la mitad en tan sólo dos años y se entrará en una etapa de bajo crecimiento vegetativo. Si, desde todos los puntos de vista, tener hijos es apostar por un futuro de crecimiento, su disminución relativa es sin duda sinónimo de decadencia. Dicho con rotundidad.

El vertiginoso crecimiento de la población española experimentado en los últimos diez años, gracias a la entrada masiva en edad fecunda de las generaciones del baby boom de mediados los setenta y de la inmigración, llega a su fin. El menor número de nacimientos que pronostica el INE (pasará de los 720.000 del 2007 a una media de 360.000 en los próximos diez años) se deberá al menor número de mujeres en edad de procrear y al frenazo en la llegada de inmigrantes a causa de la crisis económica.

Además, el crecimiento de la esperanza de vida en la próxima década tendrá como consecuencia que la población crecerá más en los mayores de 64 años que en los menores de 15, con lo que la tasa de dependencia seguirá ascendiendo hasta alcanzar el 53% (del 47% actual). La frialdad de las estadísticas esconde una situación trascendental: el hecho de que la mayor carga sobre las clases activas comportará que tener un hijo siga siendo visto como una heroicidad por un amplio sector de las mujeres, ante la cada día mayor dificultad de conciliar vida familiar (hijos y padres mayores) con el trabajo.

Es evidente que la sociedad española debe reflexionar sobre esta cuestión y exigir de sus representantes la elaboración de unas políticas familiares eficaces. Ahí está, por ejemplo, el caso paradigmático de Francia, que ha estado trabajando en ello desde hace cuatro decenios, hasta haberse convertido en la campeona europea de la fecundidad. Cada francesa tiene una media de 2,02 hijos por 1,39 de cada española, gracias al hecho de que Francia dedica alrededor del 3% de su PIB a sostener las políticas de familia (por el 0,7% en España, a pesar de los evidentes avances de los últimos años), con desgravaciones fiscales y ayudas directas, con subvenciones mensuales constantes por hijo hasta los 20 años, mientras que en España las más exiguas ayudas por hijo terminan a los 3 años. Además, la legislación francesa recoge derechos laborales que convierten la paternidad y la maternidad en una experiencia vital menos onerosa que en España, tanto desde el punto de vista social como económico. Este es, sin duda, el camino que deben emprender, sin demora, los gobiernos.

El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación (libro).


Verdad estremecedora, final feliz

EDUARDO MENDOZA 31/01/2009

El factor humano podría ser la mejor novela del año de no ser porque todo lo que cuenta sucedió de verdad. Y una verdad estremecedora, aunque hoy y desde nuestra perspectiva, casi nadie la recuerde. Ajena por razones históricas al mundo colonial africano (con la excepción anecdótica de Guinea) y ajena hasta hace poco a los problemas derivados de la diversidad racial (con la excepción anecdótica de los gitanos), la opinión pública española siempre vio el conflicto de Suráfrica y el apartheid como algo remoto sobre cuyo fondo todo el mundo estaba de acuerdo: un sistema en el que una minoría blanca oprimía a una mayoría negra era insostenible y debía resolverse de inmediato. Pero ni los más optimistas, aquí o en cualquier parte, creían que esta solución pudiera ser pacífica. Un largo periodo de injusticia, brutalidad, cárcel, tortura, revueltas y matanzas había alimentado el odio de millones de oprimidos y la determinación de la minoría amenazada de defender sus privilegios y tal vez sus vidas a un precio que incluía, entre otros útiles, la bomba atómica. Cuando el final de la descolonización y de la guerra fría hizo inaplazable el cambio en Suráfrica, el mundo se preparó para una guerra civil terrible e inevitable. Y sin embargo, contra todo lo previsible, el conflicto surafricano se resolvió de un modo pacífico, por un método racional y a través de una cadena de episodios tan increíbles como afortunados.


El factor humano cuenta este proceso de un modo claro, inteligente, objetivo y tan ameno que el lector menos interesado por la historia se sentirá atrapado desde la primera página, no sólo por este singular proceso, sino por sus insólitos protagonistas, empezando por la fascinante figura de Nelson Mandela, un hombre en quien concurrían la inteligencia, la bondad, la astucia y la elegancia.

John Carlin nació en Londres en 1956, estudió en Oxford y, aunque actualmente reside en España, ha ejercido el periodismo en varios países, incluida Suráfrica durante los años en que ocurrieron los acontecimientos que relata. Conoce, pues, los hechos de primera mano y personalmente a sus protagonistas, lo que da viveza y proximidad al relato, sin que el propio Carlin se inmiscuya en ningún momento, lo que siempre es de agradecer. Como buen periodista, sabe seleccionar y organizar la información con una economía y eficacia a la que hacen justicia la traducción castellana de María Luisa Fernández Tapia y la catalana de Pere Núñez. Dicho lo cual, añadiré que John Carlin es, sobre todo, un magnífico y apasionado narrador.

El relato, verídico en sus detalles e increíble en sus giros inesperados, pivota sobre un partido de rugby: la final del campeonato del mundo de 1995 que disputaron Suráfrica y Nueva Zelanda en Johanesburgo. En la tribuna presidencial, Nelson Mandela, que acababa de realizar la proeza de reconciliar no sólo a los blancos con los negros, sino a los distintos grupos de resistencia que durante años habían sostenido la lucha armada. En aquella ocasión, Mandela decidió utilizar el partido de rugby para consolidar esta asombrosa transición, añadiéndole un elemento emocional que uniera a todos los surafricanos sin distinción de raza. Es una muestra más de la personalidad de Mandela el que utilizara como factor de unión el deporte, vehículo de enfrentamientos por excelencia. Sólo por esta razón, el libro ha de interesar por igual a los amantes del deporte y a sus detractores. Y no hace falta ser aficionado al rugby ni entender sus reglas para que, de la mano de John Carlin, el desenlace se convierta en eso que los comentaristas deportivos suelen llamar un "partido de infarto".

Las etapas que conducen a Mandela de la prisión donde había pasado veintitrés años a presidir la nación y al partido de rugby y los personajes que se van incorporando a la trama constituyen la peripecia de este relato sorprendente y en varias ocasiones emocionante, especialmente para quienes, con sobrada razón, desconfían del género humano. Cuando se hace balance del desastroso siglo XX, la transición en Suráfrica es una de las pocas historias con final feliz.

Cuando el libro aparece en castellano y catalán, ya lleva cosechado un éxito notable en su idioma original y pronto se convertirá en película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman en el papel de Mandela. La noticia no añade ni quita nada a este libro espléndido por méritos propios, pero pone de manifiesto el atractivo de la historia. -

Seix Barral. Barcelona, 2009. 360 páginas. 19 euros.

El factor humà. Nelson Mandela i el partit de rugbi que va construir una nació. John Carlin. Traducción de Pere Núñez Sánchez. La Campana. Barcelona, 2009. 376 páginas. 20 euros.

Verdad estremecedora, final feliz

El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación. John Carlin. Traducción de María Luisa Fernández Tapia.

La crisis del sistema: Davos asume la decadencia del capitalismo a la americana


Fuente: EL PAÍS

Francia advierte de que la recesión puede provocar tensiones sociales

CLAUDI PÉREZ (ENVIADO ESPECIAL) - Davos - 01/02/2009

En pocos lugares se puede ver la decadencia del capitalismo tan de cerca como en Davos. Hay algo tóxico en la montaña de la estación de esquí alpina, que estos días ha vuelto a convertirse en el sanatorio para tuberculosos que era hace un siglo, en busca de una cura para frenar el declive del sistema. Los helicópteros de los VIP, el enjambre de guardaespaldas y policías que protegen a los capitanes de la economía mundial, la sucesión de fiestas y la ostentación de las élites de Davos -con la que está cayendo- emparentan el Foro Económico Mundial con los excesos de los últimos años, que han llevado al colapso al sector financiero, y con él al conjunto de la economía.

La crisis se ha llevado por delante una cuarta parte de la riqueza mundial

Las vedettes del capitalismo proclamaban ayer, como durante toda la semana, la decadencia del modelo estadounidense: el cóctel de globalización y comercio internacional, de libre mercado y desregulación financiera, defendidos aquí con uñas y dientes durante años, ya no es la fórmula mágica. La idea de que ese capitalismo a la americana traería grandes dosis de prosperidad y crecimiento sin apenas ciclos ni sobresaltos se ha esfumado. John K. Galbraith decía que hay dos clases de expertos en economía: "Los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso". El economista Martin Wolf se apuntó ayer al primer grupo: "Honestamente, no sabemos qué va a ocurrir". "Pero lo seguro es que las próximas noticias van a ser peores", replicó el número dos del FMI, John Lipsky.

Las consecuencias de la crisis son potencialmente peligrosas: la Organización Mundial del Comercio alertó ayer del riesgo de una escalada proteccionista, y la ministra de Finanzas francesa, Christine Lagarde, advirtió de que el huracán económico provocará "problemas sociales". No se trata de una profecía. Francia ha vivido esta misma semana una sonora huelga. Ayer, centenares de personas se manifestaron contra el foro en Ginebra. Pese a las espectaculares medidas de seguridad, las protestas llegaron hasta el corazón de Davos. Los manifestantes arrojaron zapatos contra el centro de congresos.

El desencanto de la ciudadanía se superpone al estupor de las élites reunidas en Suiza. El boom de los últimos años era para el hombre de Davos la consecuencia del triunfo del mercado sobre el Estado. Eso ha cambiado a toda velocidad. Como consecuencia, Davos tiene este año toques surrealistas: el mea culpa de los banqueros, ejecutivos y políticos, que piden ahora más regulación y aplauden los planes de rescate -"pirómanos convertidos en bomberos", dice el economista Jean-Pierre Lehman-, y el papel de Rusia y China, presentados casi como salvadores del capitalismo ante la escasa presencia en la ciudad suiza de la nueva Administración de EE UU, que contrasta con la confianza ciega del foro en Obama como prácticamente el único resquicio de esperanza. Ayer mismo, el presidente estadounidense dio "una nueva estrategia" para ayudar a bajar los costes hipotecarios de los ciudadanos.

Los expertos calculan que la tormenta subprime se ha llevado por delante al menos una cuarta parte de la riqueza mundial, y que golpea ya con dureza en todo el mundo, con el cierre de factorías y el aumento del paro. "Los bancos asumieron riesgos excesivos. Los empresarios se endeudaron demasiado. Los reguladores permitieron todo eso. Y ahora los contribuyentes tienen que acudir en su ayuda para limpiar toda la basura, lo que disparará la deuda del Estado y acabará teniendo consecuencias sobre los bienes públicos como la sanidad", destacó ayer el Nobel de economía Joseph Stiglitz. "Hay una tremenda arrogancia en todo lo que ha sucedido. Banqueros y ejecutivos deberían pensar en lo que han defendido durante años y asumir responsabilidades", concluyó.

"Se avecinan tiempos sombríos: o se ajusta el rumbo o habrá depresión", avisa Nouriel Roubini, el gran gurú de la crisis. "Hay que cambiar el sistema entero, o en caso contrario cuando salgamos de esta crisis tendremos otra de esas enormes burbujas de activos y endeudamiento, y será desastroso", prosigue.

El final del túnel no está claro. Lipsky aseguró ayer que la recuperación puede llegar a finales de año. Stiglitz habla de 2010. El fundador de Microsoft, Bill Gates, apunta a 2012. Pero en todos los casos, eso sucederá si se cumplen infinitos condicionales: "Si aumenta la coordinación de las políticas económicas" (Lipsky); "si se crea un supervisor financiero internacional y si aumenta el proteccionismo" (Stiglitz); "si hacemos lo correcto" (Roubini).

Pero nadie parece saber qué es lo correcto. Davos apenas ha aportado soluciones a los problemas actuales. Frente al optimismo de los últimos años, en la edición de este año el pesimismo domina el horizonte económico.

La fe en una mezcla de globalización, innovación financiera y fundamentalismo de mercado ha desaparecido. El Estado vuelve a estar de moda. Obama mira a Europa: su plan de rescate bancario se inspira en el sueco de los años noventa, así como políticas fiscales a la europea. China ha defendido también en Davos un plan al estilo Keynes para incentivar el consumo, que incluye los primeros pasos hacia un rudimentario sistema de salud universal. "Cuando la mayor economía y el mayor país emergente miran a la vez hacia el mismo sitio, algo pasa", afirma el economista Kenneth Rogoff. El nuevo paradigma, una auténtica revolución cultural en el foro, "es más europeo e implica más Estado", asegura.

La convalecencia de la economía global provoca extrañas situaciones. Al lado del centro de congresos de Davos un librero colocaba ayer junto a las novedades del escaparate un libro que multiplicó por cuatro sus ventas en 2008: El capital, de Marx. "El papel del Estado es ahora fundamental, pero se trata de una situación de emergencia, temporal", avisa el financiero George Soros sugiriendo que el péndulo puede volver hacia el otro lado cuando la crisis desaparezca y EE UU se recupere. Obama ha aparecido como un soplo de aire fresco para amortiguar el trastazo, pero ya hay varios cambios en marcha ante la constatación de ese declive.

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