"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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miércoles, 21 de enero de 2009

Orígenes del conflicto del Próximo Oriente. Historia del judaismo






Según el relato bíblico, Dios, a cambio de su fe, prometió a
Abraham la tierra de Canaán, futura tierra de Israel, y una progenie numerosa. Así comienza la historia del judaísmo, una religión que aglutina a cerca de trece millones de fieles en la actualidad.

La historia de los judíos en la antigüedad comienza con su
desplazamiento desde Ur -en Caldea, a orillas del Golfo Pérsico-, a la Tierra Prometida, en la que se establecen a partir del siglo XIX a.C.

Siguiendo con la Biblia, el nieto de Abraham,
Jacob, a quien Dios otorgó un nuevo nombre, Israel, se trasladó a Egipto con sus hijos y sus familias huyendo de la hambruna.

Sus descendientes fueron esclavizados, hasta que Dios los liberó y, guiados por Moisés, abandonaron Egipto, acontecimiento conocido como el Éxodo.

Al llegar al
Monte Sinaí, los judíos hicieron un pacto eterno con Dios, quien entregó a Moisés las Tablas de la Ley.

Hacia el año 1200, de nuevo en Canaán, los israelitas se encuentran divididos en doce tribus. La llegada de los filisteos y la presión de los amonitas hace que las tribus se unan en torno a una monarquía, siendo Saúl su primer rey.

Con
David, los reinos de Judá e Israel se unen, y el territorio inicial judío se ensancha con nuevas conquistas, entre ellas la de Jerusalén, convertida en capital. Salomón, su sucesor, será un monarca valorado por su sabiduría y por el establecimiento de relaciones con lejanos reinos, como el de Saba.

A la muerte de Salomón el reino se divide en dos estados rivales: Israel, en el norte, y Judá, en el sur.

En el año 722 a.C. Israel será destruido por los asirios. Lo mismo sucederá con Judá en el 586 a.C., asolada por Nabucodonosor, quien destruirá el gran templo de Jerusalén y deportará a Babilonia a los miembros de las clases altas. Las siguientes dos centurias corresponden a la dominación persa, una época de cierta tranquilidad.

La paz termina cuando Alejandro Magno
conquista Palestina en el año 333 a.C. Sus sucesores continuaron su política de helenización, imponiendo la cultura griega en sus dominios. Sin embargo, las luchas internas permitirán la entrada de Roma, a partir del año 63 a.C. Al principio, los romanos gobernaron a través de una dinastía judía fundada por Herodes el Grande. Este gobernante se encargará de culminar la reconstrucción del gran Templo de Jerusalén, casi doblando su tamaño y añadiendo nueva y lujosa ornamentación.

En los primeros años de la Era Cristiana, los gobernadores romanos se enfrentaron a frecuentes rebeliones judías, aplastadas a sangre y fuego.
En la fortaleza de Massada, en el año 73 d.C., casi mil hombres, mujeres y niños se suicidaron para no rendirse a la X Legión Extranjera Romana.






En el año 63 a.C. los romanos asumen el mando del reino de Judea. Sentida la administración romana como una ocupación militar y una explotación fiscal, en el año 66 d.C. empieza la primera rebelión judía.

Massada, al oeste de Jerusalén, se convertirá en el último foco de resistencia hebrea.
La fortaleza de Massada, en la cima de un risco casi inaccesible, había sido construida por Herodes. La ciudadela contaba con almacenes, cisternas y diversos palacios. Las murallas que circundaban la cima facilitaban la resistencia ante cualquier ataque.

Hacia el año 70 d.C. comenzó el asedio de la X Legión romana y tropas auxiliares, con cerca de 15.000 hombres. Ocho campamentos fueron levantados al pie de la montaña. El fastuoso despliegue romano impedía a los judíos rebeldes entrar o escapar de la montaña.
Los romanos emplearon catapultas y otras máquinas de asedio, castigando a los asediados desde un promontorio cercano. Para subir a la cima, construyeron una rampa de madera y barro, de 200 m de largo. Una vez concluida, los arietes se dispusieron a romper la muralla.
Finalmente en el año 73, cuando el muro defensivo comenzó a ser superado por los atacantes, la situación se tornó desesperada. Tras escalar las murallas, los romanos no hallaron sino cadáveres. Los 960 judíos supervivientes, hombres, mujeres y niños, decidieron incendiar los edificios y almacenes y matarse antes de someterse al enemigo. Sólo hubo siete supervivientes, dos mujeres y cinco niños. Massada, así, pasó a formar parte de los mitos de Tierra Santa y se convirtió en símbolo de la resistencia judía.




La campaña de Adriano, seis décadas después, acabó con las últimas resistencias. Jerusalén y el Templo fueron arrasados, y se prohibió a los hebreos vivir en su territorio.

Comenzó así la Diáspora de los judíos fuera de la Tierra Prometida.

La Diáspora o dispersión, continuada durante siglos, extendió el judaísmo por todos los rincones del mundo, creando sinagogas y escuelas judáicas. En Europa, los judíos encontraron acomodo como comerciantes o prestamistas, pues la usura estaba prohibida para los cristianos. Masacres y expulsiones fueron frecuentes, y los judíos fueron acusados de desastres naturales como la mortífera peste negra de 1348.

Bajo el islam, la situación de los hebreos también fue precaria, aunque en tiempos de tolerancia florecieron como médicos, mercaderes o científicos. En España, en algunos momentos de la Edad Media coexistieron pacíficamente las tres religiones. La sinagoga de Santa María la Blanca, en Toledo, es una de las mejores muestras de la herencia judía.






En época medieval, la comunidad judía hispana se hallaba muy repartida. La judería más importante era la de Toledo. En Andalucía destacaban Sevilla, Córdoba y Jaén. En Extremadura, Cáceres, Plasencia y Badajoz. Existía también otro buen número de juderías, aunque de menor importancia, como las de Gerona, Barcelona, Zaragoza, Pamplona o Burgos. Por último, en Baleares, la judería de Mallorca alcanzó gran esplendor en el siglo XIV. Las relaciones entre los cristianos y los judíos de Castilla habían sido, en el transcurso de los siglos XI al XIII, en lo esencial pacíficas. Pero, en la siguiente centuria, las dificultades económicas contribuyeron a hacer de los judíos un chivo expiatorio de todos los males. También influyó la propaganda demagógica de Enrique de Trastámara, quien, atacando a los judíos, quiso ganarse el favor de la población castellana en su guerra contra Pedro I.

En consecuencia, entre 1348 y 1350 se produjeron disturbios antijudíos en ciudades como Jaca, Solsona, Gerona, Barcelona o Valencia. Pero el punto culminante de ese proceso fueron los violentos ataques a los judíos de Sevilla, acaecidos en junio de 1391. La violencia contra los hebreos se propagó rápidamente por otras localidades: Córdoba, Andújar, Montoro, Jaén, etc.

Continuó después la onda expansiva hacia el norte, produciéndose asesinatos en Madrid, Toledo, Segovia, Sepúlveda o Burgos. En la Corona de Aragón, sufrieron matanzas de judíos las aljamas de Lérida, Gerona, Barcelona, Valencia o Palma. El clima de persecución hizo que muchos judíos abandonaran la Península, dirigiéndose al norte de Africa. Este proceso fue completado durante el reinado de los Reyes Católicos, cuando en 1492 se produjo su expulsión definitiva.




El antisemitismo, el odio hacia los judíos, tuvo su punto culminante en el Holocausto nazi. Entre 1941 y 1945, fueron asesinados dos tercios de los judíos de toda Europa. Pero las aspiraciones hebreas no acabaron con este desastre sin precedentes. Un movimiento judío, el sionismo, propugnaba el regreso a su antigua patria en Palestina.

Finalmente, en 1948 sus deseos cristalizaron con la creación en Palestina del estado de Israel. Desgraciadamente, si por un lado se ponía fin a 1900 años de privación de derechos para los judíos, por otro, pese a los repetidos intentos por lograr la paz, se iniciaba un conflicto aún no solucionado entre árabes e israelíes.





La palabra judaísmo define el conjunto de normas y tradiciones religiosas del pueblo judío. Como religión, el judaísmo integra tres elementos esenciales: Dios, la Torá e Israel. Dios, o Yahvé, estableció una alianza con un pueblo, el de los judíos o Israel, para que éste extendiera su fe. A cambio de la preocupación de Dios por Israel, los judíos tienen la obligación de cumplir las enseñanzas divinas o Torá.

La Torá comprende los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco. En ellos se recogen los relatos sobre el origen del mundo, los antepasados de Israel, la esclavitud en Egipto y su liberación, la recepción de los mandamientos en el Monte Sinaí y su travesía por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. El judaísmo no reconoce la divinidad de Jesucristo, al que sólo admite como profeta. Por ello, la Biblia es únicamente el Antiguo Testamento de los cristianos.


La vida cotidiana de las poblaciones está regida por diversos preceptos religiosos. El Sabbath, el día de descanso semanal, es un día festivo en el que está prohibido realizar cualquier actividad que no sea la oración y el reposo. La cocina kosher es la elaborada de acuerdo con las normas religiosas, prohibiendo el consumo de animales considerados impuros, como el cerdo. La circuncisión, a los ocho días de vida, permite a los varones entrar en la comunidad judía y participar de su alianza con Dios. La madurez religiosa de los muchachos se celebra mediante la ceremonia del bar mitzvah, en la que un chico de trece años lee por primera vez un fragmento de la Torá.

La fiesta familiar más importante es la Pascua, que conmemora el Éxodo de Egipto. Celebrada con una abundante comida ritual, en ella se recita la Hagadá, la historia del Éxodo. Muy importantes son también el Yom Kippur -Día de Arrepentimiento o expiación- y la fiesta de Hannukah -Reconsagración-. En ésta última, el acto principal es el encendido de las velas de una pequeña lámpara que recuerda el candelabro de los siete brazos del Templo de Jerusalén.

Actualmente, el mundo judío se divide en tres movimientos principales: el reformista, el conservador y el ortodoxo, citados de menor a mayor grado de apertura. Con todo, pese a la existencia de conflictos internos y tensiones entre Israel y las comunidades de la Diáspora, es posible concluir que el judaísmo es en su conjunto una de las religiones más dinámicas y trascendentes de la actualidad.



Más vídeos en http://es.youtube.com/watch?v=XAM0-Ds7HbQ


martes, 20 de enero de 2009

La guerra de Gaza

Hamás acepta el alto el fuego anunciado por Israel ante la toma de posesión de Obama

EL PAÍS 19/01/2009

Israel ha hecho encaje político de bolillos para lograr la transustanciación del comatoso proceso de paz entre la Autoridad Palestina de Mahmud Abbas y el Estado israelí, en un plan de negociación en miniatura para Gaza. Un cambio que sirve a los intereses de una gobernación que -ante las elecciones legislativas del 10 de febrero, en las que puede vencer la ultraderecha de Benjamín Netanyahu contraria a aquel proceso- cree que perder tiempo es ganarlo, en realidad.

El precio de esa pausa ha sido 1.300 muertos palestinos, más de la mitad de ellos civiles, con alta proporción de mujeres y niños, caídos en circunstancias que fuentes internacionales califican de flagrante violación de las leyes de la guerra, más 13 israelíes, 10 soldados y tres civiles alcanzados por la cohetería de Hamás en atentados terroristas.

Israel decretó este fin de semana un alto el fuego unilateral en la franja, que en la mañana de ayer asumía el movimiento integrista por el plazo de una semana, durante la cual exige la retirada de las tropas. Israel podría resolver así varios problemas, aunque deja colgando alguno todavía de talla. Con la incursión iniciada el pasado 27 de diciembre, el Estado israelí ha infligido un durísimo castigo a Hamás, como prueba el alivio con que los terroristas han aceptado ese respiro, y para concertar el alto el fuego no ha tenido que negociar con el movimiento, lo que le habría conferido una cierta legitimidad; y asimismo le ahorraba al presidente electo estadounidense Barack Obama una toma de posesión, mañana, bajo las bombas. Pendiente, en cambio, queda el propósito de acabar con Hamás, que no sólo sobrevive, sino que, si cumple el plan egipcio -que ha permitido llegar a esta detención de hostilidades-, se beneficiará del fin del bloqueo, con el que Israel iba apretando el dogal de la vida a más de millón y medio de palestinos de Gaza.

El primer acto de ese juego de prestidigitación israelí, secundado por Washington, se celebró ayer en Sharm el Sheij, al que concurrieron los líderes de Francia, Alemania, Reino Unido, España e Italia, más Turquía, Jordania, República Checa como presidente de turno de la UE, y el secretario de la ONU, Ban Ki-moon. Allí, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero -cuya presencia es un éxito diplomático para España-, subrayaron la necesidad de convertir el cese del fuego en una realidad permanente.

El plan del presidente egipcio Hosni Mubarak, angustiado, como el resto de gobernantes árabes moderados, por una matanza que los enfrentaba cada día más a una opinión que pedía actos contra Israel y no palabras, prevé el fin del bloqueo, pero también del contrabando de armas para Hamás. Todo ello con posible supervisión internacional y europea, y en el marco del fin del estado de guerra en y contra Gaza. Ése sería el triunfo de Hamás; e Israel no se sale con la suya.


Hamás gana, Israel pierde

La guerra de Gaza ha corroborado que la verdadera mesa de negociación está en Teherán, entre el EE UU de Obama, un Irán que controle a Hamás y Hezbolá y un Israel que confíe en los palestinos moderados

ADOLFO GARCÍA ORTEGA 20/01/2009

Uno de los temas estrella de la campaña electoral israelí iba a ser los colonos de los asentamientos de Cisjordania. Y en ese asunto candente, ineludible para la izquierda (Meretz y Partido Laborista) y para gran parte de los votantes del Kadima, ocupaban un papel importante las inevitables concesiones territoriales, incluso el desmantelamiento final de esos asentamientos en un horizonte de plazos no lejanos. Lo llevaban en sus programas y en sus discursos, pero a regañadientes. El coste electoral de esa política, anunciada hace tiempo y abocada a empezar a cumplirse en la nueva legislatura, era muy alto. Evidenciaría aún más el desgaste de los partidos gobernantes en estos últimos años y supondría un baño de realidad que podría conducir a la propia sociedad israelí a conflictos internos desgarradores, como el de los ultraortodoxos de Hebrón. Prueba de ello era el descenso del Partido Laborista y del Kadima en las encuestas de hace unas semanas. Esto beneficiaría directamente al Likud de Netanyahu, totalmente partidario de negociar muy al alza el precio de esos asentamientos, dejándolos en todo caso al final de la lista de cualquier negociación futura. Antes se impondría conseguir seguridad y transmitir fortaleza, dar garantías de estabilidad: toda falla en el dificilísimo equilibrio de la seguridad sería un argumento para no salir nunca de Cisjordania, ya que el Likud esgrime como una debilidad la experiencia de salida de los colonos de Gaza. En este contexto, los partidos religiosos jugaban con su habitual ambigüedad, pero el Shas, de los sefardíes, lo hacía más aún porque, al ser un partido que tiene en su programa reivindicaciones sociales y estatalistas, está a favor o no de los asentamientos en función del papel ministerial que le otorgue un posible socio (Kadima, Likud, incluso laboristas). Así estaban las cosas hasta la intervención en Gaza del pasado 27 de diciembre, que ha enviado el asunto de los colonos a un limbo de posibilidades a cual más remota.


No es casualidad que la guerra de Gaza haya coincidido con el proyecto electoral israelí

El conflicto ha minado el valor moral y la imagen de Israel. Aparece como un país de carniceros

Se ha dicho que la intervención tenía un cariz electoralista encubierto, sobre todo para el Partido Laborista y el Kadima de Olmert (que ya es de Livni). No ha parecido muy encubierto, a tenor de los hechos y de las encuestas, que han trastocado el mapa de intención de voto: ahora todos vuelven a tener sus opciones intactas, y aunque al final Netanyahu sea primer ministro, habrá de serlo con un margen mucho más corto. Pero es obvio que la guerra de Gaza ha coincidido con el proceso electoral no por casualidad. Sin embargo, no era algo que sólo supieran los israelíes; también lo sabían en Teherán y en Hamás.

Sabían del gran beneficio a futuro que tendrían para Hamás las consecuencias de una provocación que, tras el fin de la tregua, supusiera políticas de extrema dureza orientadas a garantizar seguridad y firmeza, tanto en los partidos de la derecha como de la izquierda. Por eso la tregua se interrumpió precisamente cuando era oportuno para todos. Sabían en Hamás y en Hezbolá que ése sería el mejor momento para provocar a Israel y poner de nuevo centenares de muertos sobre la mesa -la munición más rentable de Hamás, dado el nulo valor por la vida y la sacralización de la muerte que está en su carta fundacional, The Charter of Allah (véase en www.palestinecenter.org/cpap/documents/charter.html)-, porque era presumible pensar que la aparición del presidente Obama en escena a partir de hoy, 20 de enero, hará que, a corto plazo, se impongan políticas moderadas, y no sólo para Israel. En ese nuevo escenario, Mahmud Abbas y su partido pueden tener un papel significativo, incluso de liderazgo (escaso y discutible, pero aceptable), como lo tendrá una Siria más dúctil, y hasta el propio papel de Teherán se verá reforzado con el diálogo y la negociación. Porque la resistencia cínica que Irán ha plantado a la actual política de presión ha logrado un notorio triunfo: ser tenido como potencia emergente, guste o no. Estados Unidos evitará incrementar los conflictos con Irán y le dará así un poco de oxígeno a Ahmadineyad, ahora con elecciones por delante. O sea que con Obama, Hamás perdería muchas opciones. Era, por tanto, el momento de provocar a quienes ya tenían necesidad de resarcirse por la derrota, "negociada a la europea", de la poco inteligente guerra del Líbano: el Ejército israelí, el Gobierno debilitado de Olmert y los partidos embarcados en una campaña que se aventuraba centrada en la manera de salir de Cisjordania.

Hamás, como era de esperar, ha logrado lo que se proponía: primero, un lavado de imagen que lo hace pasar por un partido víctima que ayuda al pueblo palestino (cuya pobreza no sólo no ha evitado sino que además necesita, como partido-vampiro); segundo, un alto grado de identificación con todo el pueblo palestino (no hay que olvidar su estrategia de asimilación de la causa palestina con el islamismo, la imposición de la sharía como ley, o el golpe de Estado que se cobró la vida de centenares de palestinos de Al Fatah, así como la expulsión de este partido de la franja), y, tercero, un apoyo incondicional de un tipo de políticos e intelectuales europeos que emplean un lenguaje sospechosamente virulento en cuanto oyen la palabra judío.

Es obvio que los bombardeos en poblaciones civiles son execrables sin paliativos. La inmensa mayoría de los israelíes que los han aprobado no lo ha hecho con alegría, sino con la fatalidad de una inevitable desgracia. Israel está muy harto de esta situación en la que el terrorismo ha venido triunfando día tras día en una causa que no tiene más horizonte que el acoso y la destrucción. Pero Hamás nunca va a cejar en su política terrorista porque responde a un plan divino y a una estrategia rentable. Y en esta diabólica perspectiva de las cosas es en la que Israel comete un error histórico, al no ser capaz de trascender el fango del medio plazo, no abordar el futuro, no dar un salto cualitativo en la espiral a la que le somete Hamás.

Ese salto sólo se puede dar con otra visión: la de que la mesa de negociación no está sólo en El Cairo o en París. La verdadera mesa de negociación está también en Teherán. Y esa negociación pasa por los siguientes interlocutores: unos EE UU que concedan un papel de peso político y de protagonismo a Irán, un Irán que anule la amenaza de Hamás y de Hezbolá, y un Israel que dé un gramo de confianza a los palestinos no partidarios de Hamás (que son mayoría) y los ponga a su lado en la mesa. Lo demás es absurdo, porque toda tregua temporal se verá rota en cuanto cualquiera de las dos partes necesite su dosis de sangre. ¿Y qué papel tiene aquí la Unión Europea? Hoy por hoy es una especie de "interlocutor a prueba" para Israel. Para serlo del todo, Europa ha de rebajar su desbordado caudal de prejuicios históricos, su maniqueo humanitarismo disneylandizado y su creciente pavor a criticar todo lo que significa islamismo. Sólo así Europa podrá acercarse a Israel por la puerta del desprejuicio y de la comprensión.

Pero en todo esto Israel es quien más ha perdido. Ha perdido muchísimo de su valía moral, de su compasión, de su imagen internacional, apareciendo como un país de carniceros. Se ha incrementado el antisemitismo por todas partes y se han liberado odiosos arquetipos negativos que se creían falsamente olvidados. Habrá que ver si Israel ha perdido también posibilidades de futuro, su exiguo capital. Sin embargo, a Hamás no le ha ido muy mal con su política de muerte y de terror, el único lenguaje que entiende. Ha triunfado la ceremonia de la confusión. Si bien me temo que eso justamente es lo que ha pretendido siempre Hamás: mezclarlo todo, confundir a todo el mundo, martirizar a toda su población con el instrumento de la poderosa y terrible venganza israelí, culpable también. ¿Sucederá al final -si es que estamos al final de algo- como sucedió en Líbano en el 2006, cuando, al término de la guerra, Irán puso unos cuantos millones para reconstruirlo todo? ¿Se habrá invertido otra vez un par de millares de civiles muertos (para Hamás todos habrán ido al Paraíso) y volverán a tener a su población en la miseria, caldo de cultivo del rencor? Hay que ser realistas: para romper ese bucle siniestro, habrá que hablar pronto con Teherán y dejar que tenga su poderío nuclear. Puede que la paradoja sea que el temido potencial nuclear de Irán, si se entiende como un derecho legítimo de un país soberano, salve a Israel a largo plazo. En suma, que el corral tenga más gallos: no han de ser todos amigos, sólo tienen que evitar picarse. Esto es lo que probablemente diga Obama.

Adolfo García Ortega es escritor y editor.