"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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viernes, 30 de diciembre de 2011

La privatización de la guerra

Por Paul Laverty, guionista de la película Route Irish, dirigida por Ken Loach. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 27/12/11):

Todos conocemos en qué consiste el ritual del regreso del cuerpo de un soldado muerto en tierra extranjera: música solemne, bandera nacional, escoltas y saludos, recogidos con gran detalle en los medios de comunicación. Políticos y generales tienen palabras de consuelo para los apesadumbrados familiares, muchos de ellos tan jóvenes que con frecuencia tienen bebés en brazos.

Pero no fue eso lo que vivió Deely, la hermana de Robert, un exparacaidista que murió en una emboscada en Irak y cuyo cadáver fue llevado desde Kuwait al aeropuerto de Glasgow. El encargado de la funeraria explicó a Deely que en el avión habían llegado 10 cadáveres, dos de ellos imposibles de identificar. El ataúd de Robert parecía “una gran caja naranja”. No hubo ninguna fanfarria, ninguna bandera británica, ningún periodista, ninguna pregunta. Su muerte, que se sepa, no se incluyó en ninguna lista. La razón era muy sencilla: Robert había dejado de ser paracaidista y en el momento de morir era “contratista privado”. Algunos les llaman soldados de empresa o asesores de seguridad. Los iraquíes les llaman mercenarios.

La guerra está privatizándose poco a poco y de forma deliberada ante nuestras narices. La caja naranja que sirvió de ataúd a Robert nos lo demuestra, igual que las estadísticas. Patrick Cockburn, un respetado comentarista especializado en la situación de Irak, calcula que, en el apogeo de la ocupación, había alrededor de 160.000 contratistas privados en el país, muchos de los cuales, quizá hasta 50.000, eran personal de seguridad fuertemente armado. La guerra y la ocupación posterior habrían sido imposibles sin su contribución.

Gracias a Paul Bremer, el jefe designado por Estados Unidos para dirigir la Autoridad Provisional de la Coalición, todos esos contratistas gozaban de inmunidad ante las leyes iraquíes, en virtud de la Orden 17, que el Parlamento iraquí se vio obligado a aceptar (y que estuvo en vigor desde 2003 hasta principios de 2009).

A nadie le interesa contar cuántos civiles iraquíes han resultado muertos o heridos a manos de los contratistas privados, pero existen numerosas pruebas que indican que hubo abusos generalizados. La matanza de 17 civiles llevada a cabo por Blackwater en el centro de Bagdad fue el incidente más famoso, pero hubo muchos más de los que no se habló. Un veterano contratista me contó, con la condición de permanecer en el anonimato, que había hablado con un sudafricano que le dijo que matar a un iraquí era igual que “matar a un kaffir (el despectivo empleado en Sudáfrica para referirse a los negros)”. Otros contratistas de buena fe, orgullosos de su profesionalidad, me hablaron de la repugnancia que les inspiraba la violencia de “los vaqueros”. Si había un contratista involucrado en un incidente que hubiera causado revuelo, su empresa le sacaba a toda velocidad del país. La impunidad por decreto.

Mientras los contratistas de a pie se jugaban la vida y la integridad física en Route Irish, los directivos de esas mismas empresas ganaban fortunas. David Lesar, consejero delegado de Halliburton (el consejero delegado anterior había sido Dick Cheney), ganó algo menos de 43 millones de dólares en 2004. Gene Ray, de Titan, obtuvo más de 47 millones entre 2004 y 2005. J.P. London, de CACI, ingresó 22 millones. Y lo importante siempre son los detalles. Los contratistas privados cobraban al Ejército de Estados Unidos hasta 100 dólares por hacer la colada de un solo soldado. En un informe oficial fechado en enero de 2005, el investigador general especial para la Reconstrucción de Irak, Stuart Bowen, reveló que habían desaparecido más de 9.000 millones de dólares en casos de fraude y corrupción, y eso durante un periodo muy limitado de la Autoridad Provisional. También existió impunidad económica.

Como me dijo un contratista, “el lugar apestaba a dinero”. No es extraño que muchos soldados y miembros de las Fuerzas Especiales, mal remunerados, buscaran trabajo en esas empresas privadas, en las que veían una oportunidad única de forrarse.

Pero no solo se forraron de dinero.

Estamos ya acostumbrados a ver imágenes de carnicerías y matanzas allí. Estamos acostumbrados a historias de miles de millones desaparecidos, codicia empresarial, abusos, torturas y cárceles secretas. El detallado cálculo que hacía The Lancet de 654.965 muertos hasta junio de 2006 es casi imposible de concebir. Ahora parece todo convenientemente lejano, tanto en el tiempo como en el espacio. Según dicen, nos ha invadido el hartazgo de Irak.

Pero el allí está volviendo a casa, a Reino Unido y EE UU. Irak está en la mente de nuestros chicos.
Me asombró enterarme, por la organización Combat Stress, que se ocupa de soldados que sufren trastorno de estrés postraumático, que el TEPT tarda en manifestarse, por término medio, alrededor de 17 años. Están preparándose (igual que el Ejército de EE UU) para una enorme avalancha en los próximos años.

Norma, una amable enfermera a punto de jubilarse, que ha pasado años con antiguos soldados, fue quien abrió el camino a esta historia cuando me dijo que “muchos de estos hombres guardan luto por sus viejas identidades”. Un antiguo soldado me enseñó un cuadro que había pintado de sí mismo. “Solo quiero recuperar a mi viejo yo”, dijo.

La orden 17 se ha revocado en Irak, pero su espíritu sigue dominando: el hedor de la impunidad, las mentiras, el desprecio al derecho internacional, el boicot de los convenios de Ginebra, las cárceles secretas, la tortura, el asesinato, los cientos de miles de muertos. Cuando imagino a los autores intelectuales de todo lo mencionado, Bush, Blair y compañía, con Aznar detrás, cobrando todos esos millones después de sus discursos y sus cenas y sus fundaciones interconfesionales, no puedo dejar de pensar en las enfermeras en Faluya que asisten hoy a los partos de niños con dos cabezas y cuerpos deformes gracias a las bombas químicas arrojadas sobre la ciudad. El regalo que dejamos al futuro.
En un vergonzoso discurso dirigido a los soldados de Fort Bragg el 14 de diciembre de 2011, para conmemorar el fin de la ocupación militar estadounidense, Obama dijo a las tropas entusiasmadas que se iban “con la cabeza alta”. Con la mezcla habitual de sentimentalismo e hipocresía que tan bien se les da, lloraron a sus muertos e ignoraron la matanza de iraquíes. En un mundo decente, agacharían la cabeza abochornados, pedirían perdón por su brutalidad y empezarían a pagar compensaciones por los millones de vidas destruidas durante generaciones.

domingo, 17 de enero de 2010

Elogio de la metamorfosis

El objetivo ahora es salvar a la humanidad. Para ello urge cambiar nuestros modos de pensar y vivir. La idea de metamorfosis, más rica que la de revolución, aporta la esperanza en un mundo mejor


EDGAR MORIN


EL PAÍS - Opinión - 17-01-2010


Cuando un sistema es incapaz de resolver sus problemas vitales por sí mismo, se degrada, se desintegra, a no ser que esté en condiciones de originar un metasistema capaz de hacerlo y, entonces, se metamorfosea. El sistema Tierra es incapaz de organizarse para tratar sus problemas vitales: el peligro nuclear, agravado por la diseminación y, tal vez, privatización del arma atómica; la degradación de la biosfera; una economía mundial carente de verdadera regulación; el retorno de las hambrunas; los conflictos étnico-político-religiosos que tienden a degenerar en guerras de civilización... La ampliación y aceleración de todos esos procesos pueden considerarse el desencadenante de un formidable feed-back negativo, capaz de desintegrar irremediablemente un sistema.


Lo probable es la desintegración. Lo improbable, aunque posible, la metamorfosis. ¿Qué es una metamorfosis? El reino animal aporta ejemplos. La oruga que se encierra en una crisálida comienza así un proceso de autodestrucción y autorreconstrucción al mismo tiempo, adopta la organización y la forma de la mariposa, distinta a la de la oruga, pero sigue siendo ella misma. El nacimiento de la vida puede concebirse como la metamorfosis de una organización físico-química que, alcanzado un punto de saturación, crea una metaorganización viviente, la cual, aun con los mismos constituyentes físico-químicos, produce cualidades nuevas.


La formación de las sociedades históricas, en Oriente Medio, India, China, México o Perú, constituye una metamorfosis a partir de un conglomerado de sociedades arcaicas de cazadores-recolectores que produjo las ciudades, el Estado, las clases sociales, la especialización del trabajo, las religiones, la arquitectura, las artes, la literatura, la filosofía... Y también cosas mucho peores, como la guerra y la esclavitud.


A partir del siglo XXI, se plantea el problema de la metamorfosis de las sociedades históricas en una sociedad-mundo de un tipo nuevo, que englobaría a los Estados-nación sin suprimirlos. Pues la continuación de la historia, es decir, de las guerras, por unos Estados con armas de destrucción masiva conduce a la cuasi-destrucción de la humanidad.


La idea de metamorfosis, más rica que la de revolución, contiene la radicalidad transformadora de ésta, pero vinculada a la conservación (de la vida o de la herencia de las culturas). ¿Cómo cambiar de vía para ir hacia la metamorfosis? Aunque parece posible corregir ciertos males, es imposible frenar la oleada técnico-científico-económico-civilizatoria que conduce al planeta al desastre. Y sin embargo, la historia humana ha cambiado de vía a menudo. Todo comienza siempre con una innovación, un nuevo mensaje rupturista, marginal, modesto, a menudo invisible para sus contemporáneos. Así comenzaron las grandes religiones: budismo, cristianismo, islam. El capitalismo se desarrolló parasitando a las sociedades feudales para alzar el vuelo y desintegrarlas.


La ciencia moderna se formó a partir de algunas mentes rupturistas dispersas, como Galileo, Bacon o Descartes; luego, creó sus redes y sus asociaciones; en el siglo XIX, se introdujo en las universidades y, en el XX, en las economías de los Estados, para convertirse en uno de los cuatro poderosos motores del bajel espacial llamado Tierra. El socialismo nació en algunas mentes autodidactas y marginalizadas del siglo XIX, para convertirse en una formidable fuerza histórica en el XX. Hoy, hay que volver a pensarlo todo. Hay que comenzar de nuevo.


De hecho, todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida.


Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de compararlas, de catalogarlas y de conjugarlas en una pluralidad de caminos reformadores. Son estas vías múltiples las que, al desarrollarse conjuntamente, se conjugarán para formar la vía nueva que podría conducirnos hacia la todavía invisible e inconcebible metamorfosis. Para elaborar las vías que confluirán en la Vía, tenemos que deshacernos de las alternativas reductoras a las que nos obliga el mundo de conocimiento y pensamiento hegemónico. Así es necesario, al mismo tiempo, mundializar y desmundializar, crecer y decrecer, desplegar y replegar.


La orientación mundialización-desmundialización significa que, si bien hay que multiplicar los procesos de comunicación y "planetarización" culturales, si bien necesitamos que se constituya una conciencia de "Tierra-patria", también hay que promover, de manera desmundializadora, 


  • la alimentación de proximidad, 
  • los artesanos de proximidad, 
  • los comercios de proximidad, 
  • las huertas periurbanas, 
  • las comunidades locales y regionales.


La orientación crecimiento-decrecimiento significa que hay que potenciar los servicios, las energías verdes, los transportes públicos, la economía plural -y por tanto la economía social y solidaria-, las disposiciones para  


  • la humanización de las megalópolis, 
  • las agriculturas y ganaderías biológicas, 
  • y reducir los excesos consumistas, 
  • la comida industrializada, 
  • la producción de objetos desechables y no reparables, 
  • el tráfico de automóviles y de camiones en beneficio del ferrocarril.


La orientación despliegue-repliegue significa que el objetivo ya no es fundamentalmente el desarrollo de los bienes materiales, la eficacia, la rentabilidad y lo calculable, sino 


  • el retorno de cada uno a sus necesidades interiores, 
  • el gran regreso a la vida interior 
  • y a la primacía de la comprensión del prójimo, el amor y la amistad.


Ya no basta con denunciar, hace falta enunciar. No basta con recordar la urgencia, hay que comenzar a definir las vías que conducen a la Vía. ¿Hay razones para la esperanza? Podemos formular cinco:


1. El surgimiento de lo improbable. La victoriosa resistencia, en dos ocasiones, de la pequeña Atenas frente al poderío persa era altamente improbable, pero permitió el nacimiento de la democracia y la filosofía. También fue inesperado el frenazo de la ofensiva alemana ante Moscú, en el otoño de 1941, e improbable la contraofensiva victoriosa de Zhúkov, iniciada el 5 de diciembre, que vendría seguida, el 8, por el ataque de Pearl Harbour y la entrada de Estados Unidos en la guerra.


2. Las virtudes generadoras-creadoras inherentes a la humanidad. Al igual que en todo organismo humano adulto existen células madre dotadas de aptitudes polivalentes (totipotentes) propias de las células embrionarias, pero desactivadas, en todo ser humano, y en toda sociedad humana, existen virtudes regeneradoras, generadoras y creadoras durmientes o inhibidas.


3. Las virtudes de la crisis. Al tiempo que las fuerzas regresivas o desintegradoras, las generadoras y creadoras despiertan en la crisis planetaria de la humanidad.


4. Las virtudes del peligro. "Allá donde crece el peligro, crece también lo que nos salva". La dicha suprema es inseparable del riesgo supremo.


5. La aspiración multimilenaria de la humanidad hacia la armonía (paraíso, luego utopías, después ideologías libertaria/socialista/comunista, más tarde aspiraciones y revueltas juveniles de los años sesenta). Esta aspiración renace en el hervidero de iniciativas múltiples y dispersas que podrán alimentar las vías reformadoras destinadas a confluir en la vía nueva.


Las viejas generaciones están desengañadas de tantas falsas esperanzas. A las jóvenes les entristece que no haya una causa común como la de nuestra resistencia durante la II Guerra Mundial. Pero nuestra causa llevaba en sí misma su contrario. Como decía Vassili Grossman de Estalingrado, la mayor victoria de la humanidad fue también su mayor derrota, puesto que el totalismo estalinista salió victorioso de ella. Hoy, la causa es inequívoca, sublime: se trata de salvar a la humanidad.


La verdadera esperanza sabe que no es certeza. Es una esperanza no en el mejor de los mundos, sino en un mundo mejor. "El origen está delante de nosotros", decía Heidegger. La metamorfosis sería, efectivamente, un nuevo origen.

domingo, 22 de junio de 2008

¿Qué pasaría en África si...?

Fuente: papeles CRISTIANISME I JUSTÍCIA; Suplemento del Cuaderno núm. 154 de CiJ - (n. 190) - Juny, 2008

África sigue sangrando, y los medios de comunicación nos siguen destilando sus dolores. A las miserias del Darfour, de Somalia y de la Región de los Grandes Lagos, a la continua llegada de cayucos a las costas canarias,se añade estos días la inesperada crisis de Kenya. Florón de la colonización británica, Kenya sigue siendo el paraíso exótico y la “capital del safari” para miles de turistas.

El sueño kenyata se convirtió en pesadilla el mismo día de las elecciones presidenciales, el 27 de diciembre pasado, cuando la Comisión Electoral proclamó la victoria del presidente saliente Mwai Kibaki. Su opositor Raila Odinga puso en cuestión los resultados y se lanzó a la calle con sus partidarios. La violencia ganó la capital, Nairobi, y las principales ciudades del país. Según las estimaciones de las Naciones Unidas, las revueltas se saldaron en más de un millar de muertos, un número indeterminable de desplazados y grandes perturbaciones en el sistema económico.

Así pues, otro de los baobab africanos se tambalea, como lo hicieron en su tiempo el Congo y Costa de Marfil y como le podrá ocurrir a Nigeria, donde las tensiones religiosas y las frustraciones económicas de la población continúan subiendo de tono.

¿Qué pasa en África y por qué? Los titulares de la prensa lo tienen claro. ¿Qué? Conflictos tribales, guerras, hambrunas, VIH, malaria, cayucos… ¿Por qué? Todo a causa del mal gobierno, la corrupción, la incompetencia y la irresponsabilidad. Esta manera de enjuiciar le viene bien a cierta prensa. Poco importa si la ligereza con que se tratan estos dramas deforman la verdad, dan una imagen incorrecta de África y de los africanos. Y sin embargo, las cosas no son tan sencillas…

1. Un África mal parida

En noviembre de 1884, se reunían en Berlín catorce estados europeos para debatir un problema urgente. Europa estaba iniciando un proceso de expansión económica importante. El objetivo que estaba en el punto de mira de todos era África, una selva virgen y con mil promesas. Se trataba de repartirse la gestión de este continente de 30.272.922 km2. En tres meses llegaron a las conclusiones siguientes:

– Se proclamó la libre navegación marítima y fluvial, así como el libre comercio en todo el Continente.

– Se decretó el derecho a colonizar un territorio por el mero hecho de haber ocupado una parcela de su costa.

– Se aceptó la ocupación efectiva y física, por medios militares, de dichos territorios, lo que dió por buena la conquista militar del Continente.

Resulta asombroso constatar que en la citada conferencia de Berlín no hubiera ninguna representación de ninguno de los reinos constituidos ni de ningún otro estamento africano. África se hizo a golpe de regla y cartabón, en función de los intereses europeos, que trazaron las fronteras, muchas veces, siguiendo los meandros de los filones de diamantes, cobre, oro y otras materias primas, sin consultar para nada a los interesados,dividiendo culturas, etnias, familias.

Rara es la frontera del sur del Sahara que no cobije, a uno y otro lado de sus flancos, hijos de las mismas etnias y familias pero dediferentes estados. África fue concebida y engendrada en función de los intereses económicos expansionistas de Europa.

2. Un África mal criada

Siguiendo los criterios de la Conferencia de Berlín, la era de las dependencias se organizó pensando más en los intereses de las metrópolis que de los africanos. Europa supo encontrar el lenguaje idóneo para cada situación.

Y usaron las conocidas palabras de colonización y civilización, y las vistieron de desarrollo, de progreso y de cultura para esconder los antiguos diablos de invasión, explotación y manipulación.

En la colonización, la presencia europea se impuso por las armas, se instaló con sus infraestructuras administrativas y políticas y se organizó para explotar las riquezas del lugar. Colonizar equivalía a conquistar(¿quién llevo la guerra a África?) invertir lo necesario y obtener el mayor beneficio posible para la metrópoli.

En cuanto a la civilización las cosas van en el mismo sentido. El Diccionario de la RAE dice que civilizar es sacar a algo o alguien de un estado bárbaro o salvaje, instruyéndole en las artes de la vida de modo que pueda progresar en la escala humana. Civilización es igual a instrucción y progreso.

Pero los países colonizadores instruyeron al hombre africano solo lo necesario para hacer de él un instrumento útil para sus fines. Así, en su acceso a la independencia, la República del Congo no tenía ningún ciudadano con titulo universitario superior y la mayoría de los países independizados tuvieron que solicitar a antiguos seminaristas católicos para confiarles cargos políticos de importancia. En cuanto al progreso en la escala humana, la colonia dejó claros los límites.

El apartheid no fue exclusivo de África del Sur. Las ciudades se construyeron de forma que los blancos estuviesen entre ellos, en las zonas privilegiadas, y los africanos “en los barrios indígenas”, desde donde se desplazaban todos los días a las zonas de los patronos miles de “boys”, jardineros, lavanderas, niñeras y demás mano de obra que hacía placentera la vida del colono. Había una “escala humana” para unos y otra para otros.

Y puesto que hablamos de la noble tarea de civilización emprendida en África por Europa, no pasaremos por alto la “contribución” de este continente al desarrollo del arte africano... poniendo a salvo en los museos franceses, belgas, ingleses, máscaras, estatuillas, cerámica, utensilios y un largo etcétera de objetos traídos a la metrópoli al mismo tiempo que los cargamentos de ébano, cacao, café, cobre, oro y diamantes.


3. Un África mal liberada

Tomando como punto de partida la Conferencia de Berlín y como punto de llegada el año 1960, la aventura colonial duró 75 años. Los países colonizadores no se retiraron del continente de buen grado, sino forzados por las circunstancias. La presión de los jóvenes pueblos se hizo sentir. Los grandes motivos fueron, una vez más, la situación geopolítica mundial y los intereses económicos de los colonizadores. Estados Unidos, Rusia y sus países satélites respectivos tuvieron el mal gusto de tomar la costumbre de dirimir sus diferencias y defender sus intereses sobre las espaldas del TercerMundo, de forma muy notable en África.

Las armas empezaron a circular en todo el continente, desde entonces hasta nuestros días (hoy se pueden encontrar en gran parte de las megápolis africanas un “Kalash” por cincuenta dólares). Las guerras llamadas de liberación empezaron a hundir sus garras en las sociedades africanas; Rusia apoyaba grupos revolucionarios en contra del imperialismo americano. La idílica África colonial se empezó a desgarrar y su explotación se convirtió en un lujo muy caro, tanto en personas como en finanzas.

África dejó de ser un lugar placentero de explotación y aventura para convertirse en un lugar inseguro y desagradable. El slogan“África para los africanos” convirtió el continente para unos en cementerio y para otros en calvario. Se trataba de seguir teniendo acceso a sus riquezas, pero con menos gasto económico y político.

Esta descolonización, por lo menos precipitada, dejó a África en manos de políticos inexpertos, sin ejercito, y sin cuadros formados para asumir la responsabilidad de la “res publica”, y lo que es peor, un tejido social inconsistente que se desgarraría con la explosión de las primeras tensiones étnicas, provocando las guerras que conocemos.

4. África y los predadores

El tiempo de las independencias va a inaugurar una nueva etapa en la historia africana. Con el neo-colonialismo, Europa aprendió a seguir enriqueciéndose con menos coste. El secreto consistía en poner y sostener regímenes que favoreciesen sus intereses y facilitasen la tarea de seguir drenando las materias primas hacia los puertos del norte. No se trata aquí de hacer un estudio profundo sobre la explotación de la que fueron victimas los países africanos. Yo sólo recuerdo cómo, en la época que viví en Kananga, los japoneses explotaban las minas de Kasumbalesa: excavaban el mineral, lo lavaban, lo ponían en trenes y se lo llevaban al Japón sin ningún otro tipo de elaboración.

¿Y qué decir del pequeño tren de Kamsar, en la República de Guinea, que transporta la bauxita de sus minas hasta las barrigas de los barcos que la llevan, sin mayor control, a Estados Unidos? ¿Y de los contubernios organizados por la petrolera Total en Angola, o de países donde el interés por el petróleo se mezcla con los dólares de la corrupción, las armas de la guerra y la sangre de las victimas? Les invito a leer el informe de la ONU sobre el saqueo de las materias primas del Congo por ruandeses y ugandeses y por multinacionales canadienses, americanas y australianas, algunas de las cuales financiaron la guerra de Ruanda.

5. Algunas reflexiones

Alguno puede considerar parcial la opinión aquí expuesta,desculpabilizadora paracon África. No se trata de eximirla de sus responsabilidades. Todos somos conscientes de que nada de lo que pasa en este continente no hubiera podido tener lugar sin la complicidad de africanos, de políticos codiciosos y corruptos que actúan escondidos detrás de una pantalla patriotera, africanista, manipulando los nobles sentimientos de pertenencia, los patrimonios culturales, y el no menos noble sentimiento de identidad.

Solamente queremos dejar bien claros algunos puntos de importancia. En primer lugar creo que hay que corregir la imagen de África transmitida por cierta prensa.

1. África no se resigna a ser el lugar natural de hambrunas, guerras, corrupción y derramamientos de sangre.

2. África tampoco se resigna a ver cómo se reduce su riqueza únicamente a sus materias primas.

3. Ante un Mundo Occidental que se construye para el disfrute de sus “estados de bienestar”, África se sabe portadora de valores de trascendencia (es raro, rarísimo, encontrar ateos en el continente, aunque podríamos discutir mucho sobre su experiencia religiosa).

4. Ante un Occidente replegado sobre símismo, celoso de su desarrollo, África es rica en acogida: el huésped es rey.

5. Ante un mundo occidental que hace abortar la vida en favor del placer y de la no-responsabilidad, África sigue considerando la vida como su valor primordial.

A nadie se le escapan las responsabilidades africanas citadas más arriba, pero habría que decir claramente que los africanos no son los únicos responsables de sus guerras.

Un estudio serio nos obligaría a poner en evidencia el peso de las petroleras, traficantes de armas, los consorcios mineros y demás predadores del Continente africano. Habría, también, que enjuiciar la responsabilidad de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y últimamente de China.

Y hablemos por fin de los cayucos. Uno tiene la impresión de que lo único que nos llega de África es gente hambrienta, que huye de sus países en guerra, para aprovecharse del bienestar que nosotros hemos construido durante tantos años de trabajo.

Sin embargo, nadie nos habla de otros “cayucos”, los grandes navíos que surcan nuestros mares trayendo de todo: madera para nuestros muebles, coltán para nuestros teléfonos, cobre para nuestras instalaciones eléctricas, caucho para nuestros coches… Si se creasen empresas de elaboración y puestos de trabajo en el lugar de origen de estas materias, en Canarias tendríamos menos cayucos y en África habría menos hambre y menos guerras…

Preguntémonos: ¿Qué pasaría si nuestra prensa diese una visión más completa de África? ¿Qué ocurriría si los políticos del norte dejasen de mirar a África únicamente como la reserva de filones a compartir y descubriesen personas, con raíces, valores y derechos a respetar y promover? ¿Y qué pasaría si las altas finanzas y las multinacionales aprendiesen, por lo menos, a enriquecerse enriqueciendo a los que las enriquecen?

Mateo Aguirre, sj. Antiguo director regional del JRS en los Grandes Lagosy África Occidental (1994-2000)