"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.
viernes, 12 de febrero de 2010
Enriquecimiento de uranio
lunes, 20 de abril de 2009
La larga vida de las centrales nucleares
ARTURO ROJAS Y PABLO MAÑUECO EL PAÍS 19/04/2009
En 2011 se cumplen 40 años de funcionamiento de la Central Nuclear de Garoña, y en los próximos meses el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) dictaminará si la central está en condiciones técnicas para seguir funcionando. En caso de dictamen favorable, el Gobierno puede optar por prorrogar su licencia de explotación o decretar su cierre.
El hipotético cierre del parque nuclear elevaría el coste de la electricidad unos 1.900 millones al año
Una característica de las centrales nucleares actualmente en explotación es que son capaces de prolongar su vida útil más allá de los 40 años inicialmente previstos, sin que la extensión de vida útil comprometa la seguridad de la instalación. De hecho, unas 50 centrales nucleares en Estados Unidos ya han obtenido una licencia de explotación hasta los 60 años de vida. Además, el aprovechamiento de la extensión de la vida útil de las centrales nucleares tiene efectos económicos que no son despreciables. El punto de partida, que queda fuera de la argumentación, es que nuestras centrales nucleares operan de forma segura, tal y como dictamina el ente público responsable de supervisar y garantizar su seguridad, el CSN. Con esta premisa, nos parece pertinente la discusión sobre la prolongación del periodo de explotación de las centrales nucleares en términos puramente económicos, con independencia del amplio debate sobre la energía nuclear en su conjunto.
La segunda cuestión relevante para el análisis económico es identificar qué tipo de energía sustituiría a la central nuclear en el supuesto de que el Gobierno decidiera no prolongar su vida útil. Sobre este aspecto no cabe discusión: debido a la naturaleza de energía en base que proporcionan las centrales nucleares, el cierre de una de ellas obligaría a sustituir su producción por electricidad procedente básicamente de centrales de ciclo combinado de gas natural. Las centrales nucleares españolas alcanzan niveles de utilización elevados, superiores al 85%, por lo que aportan electricidad para atender el nivel de demanda estable, que en la España peninsular se sitúa en unos 20.000 MW. Este nivel mínimo de potencia es requerido de manera constante las 8.760 horas del año, y las centrales nucleares actuales atienden en torno a un tercio de dicho nivel. Los dos tercios restantes son cubiertos por centrales de carbón y gas natural, y por las energías renovables cuando están disponibles. La energía eólica no es capaz de sustituir a la energía nuclear ni en los momentos de mayor disponibilidad de viento. La producción eólica máxima instantánea actual se sitúa en unos 11.200 MW, por lo que los 7.716 MW nucleares y las centrales eólicas no compiten entre sí ni en el supuesto de que la producción eólica máxima se produjera en momentos de baja demanda.
El ritmo de inversión en energías renovables está determinado por lo atractiva que resulte su retribución y por la disponibilidad de emplazamientos económicamente rentables. En otras palabras, la continuidad de la central nuclear de Garoña no afectaría ni a la inversión ni a la producción de las energías renovables. Las centrales nucleares actuales no compiten con las energías renovables, ni éstas están en condiciones de sustituir la producción nuclear. Precisamente, la irregularidad en la producción eólica e hidráulica determina su complementariedad con las centrales de ciclo combinado, capaces de arrancar o desconectarse de la red de modo muy flexible.
Adviértase que otra cuestión es la apuesta de Estado por una energía u otra. Por ejemplo, en Francia la elección de la energía nuclear es prácticamente excluyente, mientras que en España la respuesta al aumento de la demanda de electricidad ha sido el gas natural, como energía de base, y las energías renovables.
Desde esta perspectiva, ¿qué ventajas e inconvenientes cabe considerar de prolongar la utilización de las centrales nucleares actuales? Empecemos por el único inconveniente: los residuos adicionales que generaría la prolongación de la vida útil. Sin embargo, estos residuos no alterarían ni agravarían el problema de localizar y construir un emplazamiento estable para los residuos ya generados durante la explotación estándar. En términos económicos, el incremento del coste de gestionar los residuos derivados de la prolongación no sería significativo en relación con el coste ya existente. Para valorar la decisión de prolongar la vida útil sólo es relevante el coste adicional (o marginal), porque no estamos analizando la energía nuclear en su conjunto, sino exclusivamente las consecuencias de prolongar la vida útil de las centrales ya existentes. Es evidente que, en genérico, la utilización de la energía nuclear para la producción eléctrica requiere solucionar de manera global el destino de los residuos. Pero el relativamente bajo volumen de residuos adicionales que supone la prolongación de la vida útil no dificulta el problema de los residuos ya existentes. Por el contrario, la prolongación de la vida útil abarataría relativamente el coste de desmantelamiento de la central, al repartirse este coste fijo entre un mayor volumen de energía producida.
Igualmente tiene relevancia el coste del residuo de la energía primaria que debería sustituir la producción de la central nuclear a cuya utilización renunciamos, y cuyo origen sería mayoritariamente gas natural. Con un coste por tonelada de CO2 entre 25 y 75 euros, la sustitución de la producción de Garoña durante diez años supondría un importe nada despreciable en derechos de emisión, entre 380 y 1.140 millones de euros sin considerar inflación.
El efecto económico más relevante es el derivado del coste variable del combustible en una u otra alternativa. En términos estrictos de coste adicional, la sustitución de la producción de Garoña por electricidad de ciclos combinados, con un precio medio del gas equivalente al observado en el mercado spot en 2008, supondría un incremento del coste del combustible de unos 1.600 millones de euros durante los próximos 10 años.
Adicionalmente, la sustitución de producción eléctrica nuclear por gas natural tiene dos consecuencias macroeconómicas no deseables, puesto que aumenta nuestro déficit comercial y nuestra dependencia energética.
Una de las características singulares del perfil macroeconómico de España es su abultado déficit exterior por cuenta corriente, el segundo mayor del mundo en términos absolutos después de Estados Unidos, y que supone para nuestro país un importante drenaje de recursos. Además, el 40% del déficit por cuenta corriente está provocado por las importaciones de energía. A modo de ejemplo, con el precio del gas de 2008, el cierre repentino del parque nuclear español supondría un aumento del 6% en nuestro déficit comercial energético, siendo la contribución de Garoña del 0,4%.
En cuanto a la dependencia energética, España importa el 85% de la energía que consume, frente al promedio del 50% de la Unión Europea. La contención de nuestra vulnerabilidad energética supone un reto estratégico de primera magnitud. La apuesta por las energías renovables es un paso en dicha dirección, pero su dependencia de las condiciones meteorológicas obliga a complementar la energía eólica, hidráulica o solar con centrales de gas natural, que aumenta nuestra dependencia del exterior. Por el contrario, en la producción nuclear, si bien se importa la materia prima, el combustible nuclear incorpora valor añadido en nuestro país, por lo que tiene la consideración de recurso nacional, contribuyendo al 15% de energía autóctona. Puede anticiparse que el cierre de Garoña aumentaría nuestra dependencia energética en torno al 1%.
En el ámbito microeconómico es interesante analizar el efecto de las centrales nucleares en la fijación de precios del mercado eléctrico. La potencia nuclear realiza sus ofertas al mercado a un precio inferior a cualquier otra tecnología (incluso precio cero en muchos casos), para garantizarse entrar en la casación de oferta y demanda. Esto es debido a que la complejidad de su puesta en marcha determina que las centrales nucleares funcionen sin más paradas que las imprescindibles para la recarga de combustible cada 12 o 18 meses, o como en el caso de Garoña, cada 24 meses. Las centrales nucleares aceptan cualquier precio, y por tanto, presionan a la baja el precio de equilibrio. La energía eólica ejerce el mismo efecto a la baja en los precios del mercado eléctrico, pero con la salvedad de que, en media, los parques eólicos sólo producen cuando la velocidad del viento es la adecuada y que viene a ser un 25% del tiempo, frente a la disponibilidad media del 87% del parque nuclear en 2008. Por el desplazamiento de la oferta, nuestra estimación es que el hipotético cierre del parque nuclear español incrementaría el coste de la electricidad en unos 7 euros/MWh, equivalente a unos 1.900 millones de euros al año. La contribución de Garoña a este sobrecoste sería de aproximadamente 0,4 euros/MWh
El debate nuclear en nuestro país relevante a corto plazo no es si deben construirse nuevas centrales, decisión que requeriría de un pacto de Estado y tiene sin duda elementos inciertos, sino si se debe prorrogar la explotación de las centrales existentes. Podemos concluir que en tiempos de crisis como los actuales adquieren un valor especial los ahorros que se derivan de seguir aprovechando instalaciones que funcionan.
Arturo Rojas y Pablo Mañueco son socios de AFI.
jueves, 2 de abril de 2009
El laberinto nuclear
JESÚS RODRÍGUEZ EL PAÍS 29/03/2009
Durante décadas ha tenido fama de sucia, cara y peligrosa. Hoy renace apoyada por los 'verdes nucleares' que exhiben su respeto por la atmósfera y los grupos de presión que luchan por un negocio de un billón de euros. ¿Es la energía del futuro?
Es más complicado entrar en una central nuclear que en La Moncloa. Y no es un recurso literario. Es mucho más difícil. Especialmente tras el 11-S. Una nuclear recuerda a una cárcel de alta seguridad. Alambradas coronadas de cuchillas; vallas de alta tensión; guardias con 38 al cinto; perros inquietos; controles de armas; arcos que detectan explosivos. Las cámaras giran descaradas a tu paso. Los procedimientos se complican cuando se pretende penetrar en el edificio del reactor. La catedral de hormigón donde late un corazón cargado de uranio cuya reacción produce calor que origina vapor que mueve una turbina que genera electricidad. Aquí la seguridad es extrema. Hay que cruzar un par de jaulas de acero que se abren con las huellas dactilares. Equiparse de mono, guantes, botas y gafas. Y un dosímetro personal que medirá las radiaciones que soportemos en el interior. Luego, largos pasillos en tonos crema tapizados de cables y tuberías. Todo diseñado para soportar un seísmo. No hay un alma. No huele a nada. De fondo, el machacón murmullo de la ventilación.
Cada pastilla de óxido de uranio del tamaño de una aspirina proporciona tanta energía como 700 kilos de carbón
El "lobby' atómico afirma que el mundo necesita 400 nuevos reactores nucleares en los próximos 20 años
Los expertos cifran en 6.700 toneladas los residuos de alta actividad que se producirán en españa hasta 2030
La renovación o el cierre por el Gobierno de la centralde Garoña marcará el futuro
Ana Palacio, ex ministra de exteriores de Aznar, ocupa ahora la vicepresidencia de la primera empresa nuclear del mundo
El cajón del reactor de la central de vandellòs I, desmantelada en 2003, deberá permanecer sellado 25 años
La central Olkiluoto iba a ser el símbolo del renacer nuclear, pero ha costado 2.000 millones más de lo previsto
Nuestro destino es una compuerta mezcla de caja fuerte de banco y esclusa de submarino. La cruzamos con prevención; se cierra tras nosotros con un susurro. Quedamos atrapados en un corredor sellado por otra compuerta blindada. La siguiente esclusa se abre con parsimonia. Avanzamos. Estamos sobre el reactor. Bajo nuestros pies ocurre algo que supera la ciencia-ficción. La reacción de fisión nuclear en cadena. Algo eterno y poderoso. Cada pastilla de óxido de uranio del tamaño de una aspirina proporciona la misma energía que 700 kilos de carbón. Y lo primero que te viene a la cabeza es Hiroshima y Chernóbil. Sus miles de muertos. Y el macabro imaginario asociado a la energía atómica. En ese instante, un ingeniero nos recuerda que sólo esta central, Cofrentes, en la provincia de Valencia, proporciona el 3,5% de la energía eléctrica que se consume en España. Evita la emisión de nueve millones de toneladas de CO2 (responsable principal del cambio climático) a la atmósfera. Y que es imposible que haya un accidente. Que los operadores de la central se entrenan durante años en simuladores. La central se autorregula. Los sistemas de emergencia están cuadruplicados. Los residuos, concentrados bajo estricto control. Además, el Consejo de Seguridad Nuclear tiene destacados en cada central dos inspectores residentes que fiscalizan el proceso. Y entonces uno comienza a dudar. ¿Sucia, cara y peligrosa, o segura, limpia y barata? ¿El pasado o el futuro de la humanidad? ¿Ángel o demonio? Es la duda nuclear. Más bien, el eterno laberinto nuclear.
La reflexión dura poco. No hay tiempo. Estamos en la cima del reactor. En lo alto del edificio de contención. Hormigón y acero trenzado para que los gases radiactivos no escapen en caso de accidente. La última barrera. Chernóbil carecía de ella. "Chernóbil era peligrosa y lo sabíamos; no tenían inspectores independientes, sino comisarios políticos; no importaba la seguridad, sino el precio del kilovatio. Las centrales soviéticas eran una bomba. Pero aquel accidente es imposible en España", explica el ingeniero, optimista.
-¿Cree que las españolas son seguras?
-No lo creo, lo sé. Si no, no estaría en una.
Bajo la cúpula del edificio se llega a una silenciosa piscina forrada de acero. Su agua es transparente como el cristal. El fondo despide un resplandor azulado. Hay que mantenerse a un par de metros del borde. Da escalofríos asomarse. A 13 metros de profundidad se dibujan las perfectas celdillas metálicas donde se aloja el combustible usado; los residuos nucleares. El agua sirve de refrigeración y blindaje contra sus radiaciones. Aquí están almacenados 25 años de desechos de alta actividad y larga vida. Peligrosos durante miles de años. Nadie sabe qué hacer con estas 600 toneladas de uranio. Ni con las 3.000 que reposan en otras siete centrales nucleares españolas. El tiempo corre. Y no termina de arrancar el Almacén Temporal Centralizado (ATC), el futuro gran cementerio nuclear español, cuya construcción autorizó el Parlamento. Mientras, en la central de Trillo (Guadalajara), los residuos han desbordado la piscina. Y ocupan unos contenedores cilíndricos forrados de acero, plomo y hormigón. Los expertos cifran en 6.700 toneladas los residuos de alta actividad que se producirán en España hasta 2030. Es el lado inquietante del negocio nuclear. Su peor legado.
En Francia, la gran potencia atómica europea, las empresas estatales reciclan ese combustible como parte de su lucrativo negocio nuclear y para autoabastecerse. Una cuestión estratégica en un país en donde el 80% de la electricidad es de origen nuclear. Y que posee un importante arsenal atómico. En Estados Unidos (cuyos modelo y tecnología predominan en las centrales españolas) rechazan esa práctica. El presidente Jimmy Carter (1977-1981) acuñó la doctrina de que el combustible procedente de la industria nuclear civil podría ser reciclado para fabricar bombas atómicas. Era mejor evitar esa tentación. Hoy podría ser el caso de Irán. Para evitar ese trasvase de combustible del uso civil al militar, todos los reactores del mundo están sellados con unos complejos precintos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Y, según presenciamos en Cofrentes y Vandellòs II, vigilados por unas cámaras de color azul de esa institución de las Naciones Unidas. Se trata de que nadie manipule el combustible nuclear usado. Y que siga durmiendo en piscinas como ésta de Cofrentes. Hasta que alguien descubra qué hacer con él.
-¿Qué pasa si me caigo a la piscina?
-¿Sabe nadar? ¿Sí? No pasaría nada. Lo malo sería que ingiriera agua. Ahí tendríamos un problema. No se acerque mucho.
Que no cunda el pánico. Para los técnicos que nos acompañan, entrar en el edificio del reactor es lo más natural. Quieren transmitir esa impresión. Al final de la visita hay que pasar por unos controles que detectan la posible contaminación nuclear. Tienen el aspecto de modernas cabinas telefónicas. Te apoyas sobre sus pulidas paredes de frente y a continuación de espaldas. El sarcófago pronuncia una cuenta atrás. Y emite su veredicto: ¡Limpio! Suspiro de alivio. ¿Cuánta radiación hemos recibido durante una hora en el edificio del reactor? Un técnico observa la cifra que refleja nuestro dosímetro y sentencia con orgullo: "Como si hubieran hecho un viaje corto en avión o permanecido dos horas delante de la televisión". Lo dicho; lo más normal.
El mundo nuclear se alimenta de consignas. A favor y en contra. Durante más de dos décadas, el lobby (grupo de presión) antinuclear ha ganado la partida al pronuclear. "Los ecologistas comenzaron la guerra antes que nosotros. Han jugado con el miedo de la sociedad a lo desconocido. Han manipulado los incidentes. Han hecho mejor su trabajo", se queja un ejecutivo de la central Vandellòs, en la costa de Tarragona. El poderoso movimiento ecologista de Cataluña (y también del País Vasco) nació y se fue articulando en la década de los setenta en torno a las movilizaciones antinucleares. En Euskadi coincidieron con los años de plomo de ETA contra la central de Lemóniz. Ganarían la partida. A partir de 1984, la industria quedaría congelada en España. Y en esos años, en Suecia, Italia, Austria, Holanda y Alemania. En abril de 1986 estallaba Chernóbil. Freno y marcha atrás. En algunos países, como Italia, la industria desaparecería. En otros sobreviviría sin hacer ruido, como en España, donde aún proporciona cerca del 20% de la energía eléctrica. En Estados Unidos no habría ni un solo pedido de centrales desde finales de los setenta. En Wall Street, ningún inversor se ha atrevido durante dos décadas a meter un dólar en un sector con tan mala imagen e incierto futuro. Aún lo dudan.
En esta década, el escenario ha cambiado: el lobby nuclear ha hecho sus deberes. Y se comienza a manejar con arrogancia. Su argumento es que la energía atómica no contamina. Garantiza el suministro eléctrico y reduce nuestra dependencia del petróleo, el carbón y el gas y del chantaje de los Estados inestables que producen esos combustibles. Por contra, el uranio es más barato y se concentra en Estados civilizados como Canadá o Australia. La consigna es que la energía nuclear es imprescindible. La opinión pública ha comenzado a cambiar su tradicional rechazo hacia lo nuclear. "Ya hay casi tantos europeos a favor como en contra de la energía nuclear", escribía Luis Doncel en El País en febrero de este año. En esa línea, los propagandistas nucleares dicen que son necesarios 400 nuevos reactores hasta 2030. De ellos, una decena se debería construir en España, donde, según Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear (que agrupa los intereses del sector), "el mix perfecto de producción de electricidad debería ser un tercio nuclear, otro tercio con combustibles fósiles y el tercero con renovables. Necesitamos diez nuevas centrales. Y como es imposible tenerlas listas antes de 2030, no se puede clausurar ninguna de las actuales. Empezando por Santa María de Garoña (Burgos), en la que antes del 5 de julio el Gobierno tiene que decidir si renueva su licencia de explotación por un periodo de diez años o la cierra. Lo que sería un atropello".
En los últimos años ha surgido una nueva y orgullosa generación de ecologistas nucleares en torno a un negocio de un billón de euros. Cada semana llega al mercado un nuevo libro abogando por lo atómico. La publicidad de la industria muestra verdes praderas, arroyos cristalinos y linces en libertad. China y la India han encargado 40 reactores. Rusia tiene ocho en construcción. En Estados Unidos se han firmado una docena de proyectos durante la Administración de Bush. Los países árabes quieren centrales. Y los latinoamericanos. Suecia se las replantea. El Reino Unido apuesta por ellas, pero, advierte, sin el dinero del Estado. Berlusconi habla de fulminar la decisión que tomó Italia en referéndum en noviembre de 1987 de acabar con la industria atómica. Y afirma que construirá cuatro centrales con los franceses. Incluso Felipe González, el presidente que en 1984 firmó la moratoria nuclear, en su actual posición de responsable del Grupo de Reflexión sobre el futuro de la Unión Europea, ha afirmado: "Es un error dramático que no se quiera debatir la energía nuclear; a favor o en contra, pero lo esencial es tener un debate. La UE no puede estar aislada ni excluirse del debate de la energía nuclear, sobre todo cuando cada vez habrá más países que recurran a este tipo de fuente energética. Se me interpretará que la defiendo, aunque creo que es más razonable que otros usos, pero ése no es el problema; el problema no es el uso, sino que se discuta". Los tiempos han cambiado. La decisión está sobre la mesa. En el Ministerio de Industria nadie parece saber nada sobre la prolongación de la vida de la vetusta central de Santa María de Garoña. Ni sabe ni contesta.
La playa de la Almadraba, en Hospitalet de l'Infant, está desierta. Se cierne sobre ella la cúpula de la central de Vandellòs. Una lancha de la Guardia Civil vigila que ninguna embarcación cruce la zona de exclusión marítima en torno a sus instalaciones. Aquí nos ha citado Eloi Nolla. Un veterano activista de Ecologistas en Acción. Ha participado en todas las batallas antinucleares de los últimos 35 años. "Y han sido muchas. El franquismo nos puso aquí cuatro reactores, los dos de Ascó y los de Vandellòs, pero conseguimos parar otros tantos. No teníamos mucha información, pero Alemania fue nuestro ejemplo. Allí los verdes se opusieron desde el principio y no eran terroristas de extrema izquierda, sino burgueses de clase media que querían calidad de vida. En Alemania hay un calendario para el fin de las nucleares. Y es lo que queremos en España: un calendario. Si el Gobierno lo fija, podríamos hablar de todo. Hasta de construir el Almacén Temporal Centralizado. Todo para que no se hipoteque el futuro del planeta".
-¿Están convencidos de que las centrales son malas?
-Lo vimos en Chernóbil. Matan. Hubo más de 4.000 personas que murieron. En Tarragona no podemos hablar del impacto sobre la salud, porque no hay estudios epidemiológicos. Pero una nuclear no crea tranquilidad; es un retroceso para la economía y se carga el turismo. Y no hay que dejar de lado la contaminación térmica y radiactiva del agua que refrigera el reactor y vuelve al mar. En Ascó y Vandellòs siempre hay algún incidente grave; cuando no es un incendio, es un escape de partículas contaminadas como el año pasado. Y no podemos olvidarnos del accidente de Vandellòs I, en octubre de 1989, que pudo ser nuestro Chernóbil. A punto estuvo de haber un escape de agua y gases contaminados hacia el exterior. No tenía edificio de contención. Se activaron los protocolos de emergencia 50 kilómetros alrededor de la central. Hubo una rebelión popular y en mayo de 1990 el Gobierno la cerró definitivamente. Fue una victoria. Era la primera central que se desmantelaba en España. Tenía 17 años. Y una licencia hasta 2003. Y la cerraron.
A un par de kilómetros de esta playa, una extraña construcción en mitad de un secarral esconde el enorme hexágono de hormigón de 57 metros de altura que albergó el reactor de Vandellòs I. La central fue desmantelada entre 1998 y 2003. Su combustible, descargado y enviado a Francia en los llamados trenes de la muerte. Todas las instalaciones demolidas y 1.763 toneladas de materiales contaminados remitidas al cementerio de residuos de baja y media actividad de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos en El Cabril (Córdoba). Pero no ha acabado todo aún. El cajón del reactor deberá permanecer herméticamente sellado en un proceso de latencia que durará 25 años. Y desde una ventana emplomada perforada en un muro de 70 centímetros de espesor es posible contemplar las 1.100 toneladas de grafito contaminado almacenadas junto al esqueleto del reactor. Conservarán su radiación 5.000 años. Nadie sabe qué hacer con ellas.
Es la herencia de Vandellòs I. Comenzó a operar en 1972 y fue el orgullo del desarrollismo. En el que estaban embarcados los prohombres del régimen. A comienzos de los setenta, la energía nuclear era un ejemplo de progreso. Batas blancas y prestigio internacional. Propaganda para el régimen. España crecía. Necesitaba energía eléctrica. Y el Estado promovía y avalaba la construcción de las centrales. Las que siguen en pie fueron concebidas en los estertores del régimen de Franco. Todo como la seda. Hasta la crisis del petróleo de 1973.
Cuando se realiza un reportaje sobre la energía nuclear la cuestión es encontrar a alguien de centro; que no pertenezca a un bando ni a otro. Lo más aproximado puede ser Marcel Coderch, un ingeniero formado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts que hoy ocupa la vicepresidencia de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. "Vivimos una continua ceremonia de la confusión. Y aquí lo importante es saber por qué se dejaron de construir las nucleares y si han cambiado esas condiciones. Y lo que nadie cuenta es que los motivos por los que se abandonaron fueron económicos. Hasta 1973, la tasa de crecimiento de consumo eléctrico en Occidente estaba en torno al 7% anual y ése era el reto que había que acometer. Se necesitaban nucleares. Y llega la crisis del petróleo, la recesión, y se pasa de ese crecimiento del 7% a cifras negativas. Las centrales existentes ya superaban esa capacidad. No había que construir más. Además, con una inflación desatada, los tipos de interés se colocaron en el 17%. Una nuclear necesita mucha inversión, puede costar 5.000 millones de euros, y si los tipos son altos y no está detrás el Estado, el kilovatio deja de ser competitivo. Se cancelaron muchos programas. En Estados Unidos no se han encargado en décadas".
-Y en España?
-Fue peor. Aquí los tipos de interés altos se agravaron con un tipo de cambio con el dólar que nos desfavorecía. El Estado avalaba los créditos y se iban a construir el doble de centrales. Pero ya no hacían falta. Cuando el PSOE llega al poder en 1982 se encuentra ese panorama. Las eléctricas, al borde de la bancarrota. Y ocho centrales iniciadas. Ahí se larva la moratoria nuclear. Que tiene un cariz económico que el PSOE viste de político, porque había que indemnizar a las eléctricas con 700.000 millones de pesetas por las seis nucleares cuya construcción se iba a parar. Y lo tenían que pagar los ciudadanos en el recibo de la luz. Era mejor para el Gobierno pasar por ecologista que por defensor de las eléctricas. Se vistió una decisión económica con un tinte ecológico.
-¿Y ahora?
-La incertidumbre es total. Hay un interrogante mundial. Y mucha declaración de intenciones, muchos apretones de manos, pero ningún contrato en firme en Occidente. Se están construyendo en China y la India y Rusia, pero ya sabemos cómo funcionan allí las cosas. Aquí no hay que precipitarse en un sentido ni el otro. El renacimiento nuclear puede ser la alternativa, pero no hay que precipitarse. Será largo y lento. Puede que en 2016 haya cuatro o cinco proyectos en EE UU, y si se cumplen en plazo y presupuesto, quizá se reactive. En España hay que tener un plan B. Un escenario fijado en torno a 2020 para ver si se pueden sustituir las nucleares por renovables. Y si van a ser rentables. Y si tiene que estar el Estado detrás. Pero no precipitarse en cerrar ni precipitarse en encargar otras 10.
Durante las largas vacas flacas del negocio nuclear, sólo dos países, Japón y Francia, apostaron por seguir adelante. Fue una apuesta estratégica. De consumo interno. Hoy, Japón tiene 55 reactores en servicio y dos en construcción, y nuestros vecinos, 59 y uno más en construcción. Francia cubre mediante empresas públicas, especialmente Areva, un consorcio con 76.000 empleados en 110 países, todo el abanico del negocio nuclear: desde la fabricación del combustible hasta el diseño, edificación y mantenimiento de los reactores y las centrales, y el reproceso del combustible usado. Ana Palacio, vicepresidenta de Areva, describe (con su particular sentido del humor) su empresa: "Somos igual que Nespresso: hacemos el café; lo metemos en la capsulita; fabricamos la cafetera; recargamos las cápsulas gastadas y reciclamos los posos de café". Palacio, que fue ministra de Exteriores con Aznar y vicepresidenta del Banco Mundial con Wolfowitz, recaló en la pública francesa hace un año. Su cometido son las relaciones internacionales. Abrir puertas. Convencer a los poderosos de que la opción del futuro es la nuclear. Algo que ya hizo su hermana, Loyola de Palacio, en su puesto de comisaria europea de la Energía (1999-2004), abogando por la energía atómica. Ella sigue su estela. Aunque le suponga renegar de los negacionistas de la derecha neocon que cuestionan el cambio climático. Sabe que el mejor argumento a favor del negocio nuclear es que no agrava el calentamiento global. Y hay que cuidarlo.
"Lo importante es que haya un debate en los tres ámbitos que preocupan a la gente: la seguridad, la proliferación de armas nucleares y los residuos", explica Palacio. "Y nosotros tenemos respuestas satisfactorias para cada una. Decimos que la energía nuclear es segura y no contamina; es una forma de energía autóctona; en la que precio del uranio tiene una incidencia muy pequeña en el precio de la energía; con seguridad de suministro; constante y predecible de precio. Y, además, reciclamos el combustible. Y cabe en una cancha de fútbol. La energía es el hilo conductor de la globalización; y si se pretende que la globalización sea un éxito, tiene que haber electricidad para todos y, además, ser viable para el planeta. La energía nuclear no es la solución al cambio climático, pero no hay solución contra el cambio climático que no cuente con la energía nuclear".
Areva, que pretende hacerse en las dos próximas décadas con un tercio del mercado de centrales nucleares en todo el mundo (en torno a 60 reactores hasta 2020), está basando su estrategia comercial en el nuevo reactor EPR, que construye para la finlandesa Olkiluoto. Esta central, la primera que se inicia en Occidente en décadas, iba a ser su escaparate y banco de pruebas. Un símbolo del renacimiento nuclear. Sin embargo, los problemas se están acumulando en Olkiluoto. El precio de la central se ha disparado al doble de lo presupuestado. Y ya se prevé un retraso de tres años. Un desastre para su imagen. Según un ingeniero nuclear, "con la incertidumbre que se vive en nuestro sector, las empresas tienen que dar precios cerrados para ser competitivas. Ofrecen un precio atractivo al cliente aunque pierdan dinero. Areva pidió a los finlandeses 3.000 millones de euros por el EPR. Finlandia hizo cálculos y le pareció bien. Era un precio artificial. Y Areva (es decir, el Estado francés) tiene que provisionar 2.000 millones más porque se ha pasado del presupuesto inicial. Y los finlandeses ya están pidiendo indemnizaciones. Con ese panorama, ¿quién se va a comprar una nuclear? Si Olkiluoto no sale bien, es difícil que otros países se metan en ese lío".
Ajenos a la alta política internacional, en la factoría de Areva en Chalon Saint Marcel, entre viñedos de Borgoña, construyen el reactor que irá a Finlandia, otro idéntico para la central nuclear de Flamanville, en Francia, y un tercero destinado a China. No hay tiempo que perder. La visita a esta enorme fábrica proporciona una buena ocasión para ver de cerca el corazón secreto de una central. Tarda cuatro años en fabricarse. La vasija del reactor es una caldera de 13 metros de alto, cinco de diámetro y 552 toneladas de peso fabricada en acero de 25 centímetros de grosor tan pulido como un espejo. Albergará durante 40 años el milagro de la fisión nuclear. 40 años. Es la vida que auguran los técnicos de Chalon Saint Marcel a su reactor.
La misma edad que está a punto de cumplir la central española de Santa María de Garoña, que comenzó a operar en octubre de 1970. Garoña es un símbolo. Nos dará pistas del sesgo que el Gobierno socialista quiere imprimir a su política nuclear (y energética) de los próximos años. Una decisión puramente política. El 5 de julio, el Gobierno o cierra Garoña o renueva su licencia por 10 años más. Una iniciativa, prolongar la vida de las centrales, que se está practicando masivamente en Estados Unidos. Es más barato y menos arriesgado que construir nuevas centrales. Medio centenar han visto prolongada su vida desde los 40 hasta los 60 años. En esa línea, todas las centrales españolas están acometiendo inversiones para mejorar su seguridad interna y externa, reducir la producción de residuos y evitar la corrosión en los reactores. El objetivo es prolongar al máximo la vida de unas instalaciones que ya están amortizadas y dan mucho dinero. Para Marcel Coderch, "si cierran Garoña, no pasa nada; será como fijar un calendario, y cuando las siguientes centrales españolas lleguen a los 40 años, ya sabremos que irán cerrando. Y si alargan su vida hasta los 60 años, tampoco pasa nada; pero tienen que saber que juegan con fuego. Y que un accidente en una central a la que hayan prolongado su licencia se cargaría la industria nuclear mundial durante décadas. Sería peor que Chernóbil".
Un búnker subterráneo en la sede del Consejo de Seguridad Nuclear en Madrid acoge la Sala de Emergencias (Salem). Desde aquí se controla lo que ocurre en cada instalación atómica de nuestro país. Cualquier incidencia o parada. Tiene conexiones con las centrales, fábricas de combustible y cementerios; los servicios meteorológicos, Protección Civil, las subdelegaciones del Gobierno y la célula de crisis de la Presidencia del Gobierno. En caso de desastre nuclear, este recinto quedaría activado, recibiría toda la información y centralizaría una respuesta inmediata. Hay dos funcionarios 24 horas al día, 365 días al año. Esta sala es el mejor reflejo del laberinto nuclear. El dilema continúa.
miércoles, 11 de marzo de 2009
El ’sudoku’ atómico.La crisis energética obliga a mantenerla capacidad nuclear del país

EXTRA EL PAÍS 22/02/2009
MIGUEL ÁNGEL GARC[A VEGA
¿Nuclear sí o no? La respuesta a esta pregunta se halla imbricada
en el interior de cada persona al igual que lo están las creencias
religiosas. Y, como en éstas, es dificil encontrar conversos que hagan
el camino de ida o de vuelta.
Pero, por primera vez, la contestación a este interrogante tal vez
esté en un adverbio: quizá.
Es verdad que cada cierto tiempo se reabre el debate nuclear.
Los argumentos para hacerlo son viejos conocidos: de un lado,
la volatilidad del precio del petróleo; la debilidad energética europea
como ha evidenciado la reciente guerra del gas entre Rusia
y Ucrania; el, hasta ahora, imparable crecimiento del consumo;
la necesidad de cumplir con el Protocolo de Kioto... Esto en el
haber, en lado del debe estaría la contaminación que generan durante
miles de años los residuos; la falta de una solución definitiva
al problema del almacenamiento -Industria debe encontrar dónde
ubicar el almacén (ATC) que gestionará los residuos de alta
actividad asi como la incapacidad tecnológica, que no termina
de dar respuesta a su mejor alternativa: la fusión termonuclear.
Frente a estas dos posturas, en España estamos en una tercera
vía, más por dejación que por acción. En nuestro país hay ocho
reactores nucleares en activo, de los que tres de ellos --Ascó I y II y
Vandellós II-- están situados en Tarragona. En total, un 18,3% de
la energía que consumimos procede del átomo.
El ’lobby’ nuclear pretende que esta energía alcance el
30% del total en 2030 El Gobierno debe decidir antes de
julio el futuro de Santa M. de Garoña.
El Gobierno encara este sudoku energético consciente
de que dentro del propio partido "hay diferentes sensibilidades",
como ha reconocido Hugo Morán, secretario de Medio
Ambiente del PSOE. Además, hay que decidir antes de julio--su permiso
se acaba el día 5-- si prorroga la vida de Santa María de Garoña
(Burgos); la más antigua de las centrales españolas, ya que en
2011 cumple 40 años.
La planta viene muy tocada en su imagen pública tras detectarse
corrosión en la vasija del reactor. "¡Hay que cerrarla ya!", exclama
Joseba Agirretxea, diputado y portavoz en temas medioambientales
del PNV. Y avanza: "No es una cuestión de nuclear sí o no, sino
que, por longevidad, y por los múltiples problemas que ha tenido,
con paradas no autorizadas incluidas este verano, no debe seguir
en activo". Los dueños, Nuclenor (o sea, Endesa e Iberdrola),
no entienden esta beligerancia y aseguran que no es una opinión
ganeralizada en el partido vasco. "Hemos invertido en los últimos
diez años en seguridad más de 150 millones e implantado
2.500 modificaciones de diseño para que el reactor est~ en las mejores
condiciones", dice el portavoz de Garoña, Antonio Conrado.
Esta reflexión, a favor de la planta, también es la de María Teresa
Dominguez, presidenta del Foro Nuclear, lobby que agrupa
los intereses de la industria: "Seña un atropello que el Gobierno
cerrara Garoña, más aún si se contara con un dictamen positivo
del Consejo de Seguridad Nacional [CSN]. Además, no se tiene en
cuenta que sólo reemplazar la energía que genera costaría
26.000 millones", advierte. "Hay que hacer una politica energética
con vistas al largo plazo y que se aparte de los vaivenes políticos".
Este lobby ha hecho sus cuentas.
El objetivo sería que la energía nuclear pasara de representar
el 18,3% actual al 30% en 2030. Esto supone construir entre siete
y diez nuevas centrales, lo que costaría unos 50.000 millones.
En esta enrevesada partida, el Gobierno tiene, como hemos visto,
que decidir si prorroga la vida de Garoña, pero, también, el año
próximo tendrá que hacer 10 propio con Almaraz I, Almaraz II y
Vandellós II. Frente a esta encrucijada, la apuesta de la Administración
se vuelve nítida a medida que pasa el tiempo: todo parece
indicar que utilizará al máximo la capacidad que hay actualmente
instalada. Y esta estrategia incluye a la central burgalesa (que
1% de la energía total consumida).
"Nos tememos que el Gobierno prolongará su vida, al menos,
durante un par de años. Más tiempo sería una temeridad", vaticina
Francisco Castejón, de Ecologistas en Acción.
La idea es dejar la puerta abierta al átomo, en previsión de
que la crisis energética arrecie, pues España importa el 85% de la
energia que consume. La situación es tan compleja que voces
antaño cñticas con lo nuclear como José Maña Fidalgo, ex secretario
general de CCOO, o incluso Felipe González --quien en 1984
promulgó la moratoria-- abogan por reconsiderar esta energía.
Mientras, en el Ministerio de Industria remiten al programa del
PSOE, que habla del cierre de todas las plantas, y, respecto a Garoña,
a la decisión que adopte el CSN. Aunque la aprobación final
corresponde a Industria.
Con este ruido de fondo "resulta menos controvertido socialmente
dar aire a las plantas existentes, frente a la opción de cerrarlas
o construir otras nuevas", prevé David Bach, profesor de Dirección
Estratégica del Instituto de Empresa. De hecho, ya se han
visto algunos guiños de la Administración que respaldan este argumento.
El Consejo de Ministros aprobó una contribución española
al Organismo Internacional de la Energia Atómica y bajó
un 0,3% la cuota que deben aportar las centrales nucleares para
financiar la gestión de los residuos radiactivos. Ahora bien,
mientras todo esto sucede, no se responde una pregunta clave:
"¿Cuál será el mix de energía para España a medio y largo plazo?",
se pregunta David Bach.
José Manuel Casteleiro, profesor del ESIC, cree que una buena
opción podña ser que la energía del átomo oscilara entre el 30 y el
40% de la cesta energética, un porcentaje en el que coincide con el
Foro Nuclear. Evidentemente, los grupos ecologistas abogan por
que no se utilice en ningún porcentaje y, el PP, a través del dipu-
Francia, Suecia y el Reino Unido se han lanzado a abrir
nuevas plantas.
En el mundo hay 44 reactores en construcción y otros
200 en proyecto tado por Segovia, Javier Gómez
Darmendrail, plantea "un consenso entre lo dos grandes partidos
políticos y la supresión de la moratoria".
Y precisa: "No es que seamos pronucleares, pero pensamos
que en el actual m/x la energía nuclear es indispensable".
Esta vuelta a la reflexión nuclear ha calado. En todo el mundo
hay 44 reactores en construcción mientras que unos 200 ya
están planificados, de los que 26 corresponden a EEUU. En el Europa,
Francia acaba de permitir la construcción de un nuevo EPR
(European Pressurized Reactor), que se sumará al que está en construcción,
y a los 59 que tiene producen el 77% de la energía. Suecia
ha confirmado la construcción de nuevas centrales y el Reino Unido
Ya dio luz verde en enero del pasado año a la construcción de
más reactores. Italia y Polonia, que no tienen ninguna central, se
están replanteando esta estrategia.
Y China cuenta con 11 proyectos en marcha. Esta es la visión global, que evidencia
ese retorno lento, pero sostenido, al átomo. Sin embargo, las
dudas proceden de Finlandia. En la isla de Olkiluoto se está construyendo
el único reactor de tercera generación (OL3) que está
en marcha en Europa. El coste previsto es de unos 3.000 millones.
Pero la empresa ya reconoce que los números no se cumplirán.
"El precio final se irá a los 5.500 millones, la generación de
residuos será superior a la prevista y, encima, más radiotóxicos",
uente: CSN . EL PAÍS dicen los ecologistas.
martes, 24 de febrero de 2009
La energía nuclear, a debate (EL MUNDO - 2006). Animaciones
EL PETRÓLEO Y EL CAMBIO CLIMÁTICO DAN ALAS A LOS DEFENSORES DE LA ENERGÍA ATÓMICA
OLALLA CERNUDA
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La energía nuclear es costosa, peligrosa y sus residuos altamente contaminantes a largo plazo. Pero es una forma 'limpia' de generar electricidad, sin producir emisiones de gases de efecto invernadero. Precisamente por este motivo los expertos vaticinan que, ante el brutal crecimiento de la demanda energética que se espera en los próximos años, la nuclear es la única opción para sostener el crecimiento económico del planeta. Con el precio del crudo por las nubes y Kioto sobre las cabezas de los gobernantes, medio planeta, España incluida, se replantea si seguir adelante con las centrales nucleares o cerrarlas de por vida.
En enero de 2004, el Gobierno de Zapatero anunció su compromiso para sustituir "gradualmente y en un periodo máximo de 20 años" la energía nuclear por otras opciones más limpias, más seguras y menos costosas, como la solar y la biomasa. Sin embargo, desde entonces muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, el precio del barril de petróleo, que ya ronda los 74 dólares y seguirá subiendo en los próximos meses. Una situación ya de por sí preocupante a la que hay que sumar dos variables que pueden poner el mercado energético 'patas arriba': el Protocolo de Kioto y la escalada nuclear de Irán.
Y es que desde la entrada en vigor de Kioto, los países deben controlar sus emisiones de gases de efecto invernadero, so pena de pagar cuantiosas multas, y la producción de energía con petróleo, carbón o gas es una enorme fuente de contaminación. Y mientras los países se lo piensan, la crisis desatada en Irán ha puesto en serio peligro uno de los mayores mercados mundiales de crudo, especialmente para Europa, y son muchos los países que buscan fuentes de energía que no les hagan depender tanto de países altamente inestables, como lo son los productores de petróleo situados en el Golfo Pérsico.
El Reino Unido tendrá muy presente la energía nuclear en los próximos años. Y Francia, donde el 78% de la electricidad proviene de plantas nucleares, planea la construcción de una gigantesca central atómica para exportar energía a otros países, entre ellos España. Pero mientras Europa se replantea si volver al modelo nuclear o decantarse por energías alternativas, en Asia la opción nuclear es la elegida por muchos. Sólo China planea la construcción de 50 plantas nucleares en las dos próximas décadas, La India, que actualmente tiene 15 centrales funcionando, tiene otras ocho en construcción. Pero para poder atender toda la demanda que se prevé en los próximos años los expertos calculan que habría que construir 4.500 plantas en todo el mundo, algo considerado inviable por problemas de seguridad.
Además, todos los países tienen que afrontar el principal problema de la energía nuclear: los residuos y su almacenamiento. El combustible gastado en las centrales nucleares tiene una elevada radiactividad, y un periodo de enfriamiento que se calcula entre 20.000 y 100.000 años. De momento, en España cada central almacena en piscinas de enfriamiento primero y contenedores de hormigón después el combustible utilizado, y antes de 2010 debe estar concluido el almacén centralizado de residuos de alta actividad, para el que se ha pedido que las ciudades y pueblos españoles se presenten 'voluntarios' para acogerlo, a cambio de una sustanciosa cantidad de dinero.
Pero los residuos no son el único quebradero de cabeza de la energía nuclear. El tema de la seguridad, tanto interna como externa, es otro de los factores que no sólo apuntan las organizaciones ecologistas, sino también diversos gobiernos. En cuanto a la interna, el accidente de Chernóbil, en 1986, puso de manifiesto las graves deficiencias en elementos de seguridad y control en muchas centrales, lo que derivó en un mayor control internacional. Sobre la seguridad externa, todos los expertos coinciden en señalar que el terrorismo es, hoy en día, uno de los principales problemas sobre la energía nuclear, y las plantas de todo el mundo han tenido que incrementar sus medidas de seguridad considerablemente después de los atentados del 11-S.
Centrales nucleares en España
O.C.
Central Nuclear José Cabrera - Zorita (Guadalajara)
La central es propiedad exclusiva de Unión Eléctrica Fenosa, y comenzó a operar el 13 de agosto de 1969. Tiene un único reactor de agua ligera a presión. En el año 2003, produjo 1.139 millones de kilovatios/hora, equivalentes al 75% de la demanda de la energía eléctrica de la provincia de Guadalajara, y estuvo operativa el 90,17% de los días del año.
El 15 de octubre de 2002 el Ministerio de Economía concedió la autorización de explotación para continuar la operación hasta el 30 de abril de 2006, fecha del cierre de la central. subir
Central Nuclear de Santa María de Garoña (Burgos)
La central de Garoña se acopló a la red el 2 de marzo de 1971, aunque su operación comercial no empezó hasta dos meses después. La planta está dotada de un reactor de agua en ebullición, y consta de un único circuito cerrado agua-vapor, y como refrigeración exterior usa las aguas del río Ebro, que pasa muy cerca de las instalaciones.
En 2003, la central de Garoña produjo 3.739 millones de kilovatios/hora, con un factor de carga del 91,59%, lo que supone el mejor resultado histórico de la central en un año con parada de recarga. Esta cifra equivale al 50% del consumo eléctrico de la comunidad de Castilla y León. subir
Central Nuclear de Almaraz (Cáceres)
La central es actualmente propiedad conjunta de Iberdrola, Endesa y Unión Fenosa. La explotación comercial de la primera de las unidades de la central (Almaraz I) comenzó en 1983, y un año más tarde lo hizo la segunda unidad (Almaraz II). Cada unidad está formada por un reactor de agua a presión, con combustible de uranio ligeramente enriquecido. El circuito primario tiene tres generadores de vapor por cada reactor.
En 2003, la central produjo 14.680 millones de kilovatios/hora, lo que supone el 92% de la energía de Extremadura, y estuvo conectada a la red el 93% de los días del año la primera unidad, y el 84% la segunda, debido a que la parada de recarga de combustible se prolongó más de lo habitual por una avería en un motor del generador diésel. subir
Central Nuclear de Ascó (Tarragona)
La central de Ascó comenzó a funcionar el 29 de agosto de 1983, y es propiedad de las compañías eléctricas Iberdrola y Endesa. Tiene dos unidades, cada una de ellas con un reactor de agua a presión. La toma de agua para la refrigeración se hace a través de un canal abierto del río Ebro, y se aprovecha el agua de refrigeración caliente para la calefacción de edificios y para un invernadero de plantas ornamentales instalado en la central.
Ascó produjo en 2003 8.887 millones de kilovatios/hora, con un factor de carga del 98,77%. subir
Central Nuclear de Cofrentes (Valencia)
La central fue conectada por primera vez a la red eléctrica en octubre de 1984. La planta está equipada con un reactor de agua en ebullición, propiedad de Iberdrola. En 2003, la electricidad generada alcanzó los 8.294 millones de kilovatios/hora, con un factor de carga del 87%. La producción anual de electricidad de Cofrentes se estima en un 77% de la consumida en la Comunidad Valenciana. subir
Central Nuclear de Trillo (Guadalajara)
La central está ubicada en un paraje denominado 'Cerrillo Alto', entre las localidades de Trillo y Cifuentes, en Guadalajara, y es propiedad de Iberdrola, Nuclenor, Unión Fenosa e Hidrocantábrico. Se conectó a la red por primera vez en mayo de 1988, y consta de tres circuitos: el primario, el secundario y el de refrigeración. En 1999, el Gobierno decidió aprobar la ampliación de la capacidad del almacén temporal de combustible gastado, fuera del recinto de contención, con una superficie de 2.280 metros cuadrados, para resolver el problema de limitación de espacio necesario para la continuidad de la central. El nuevo almacén está diseñado para albergar hasta 80 contenedores, donde se guardarán todos los combustibles gastados en Trillo.
En 2003, Trillo produjo 8.667 millones de kilovatios/hora, y tuvo un factor de carga del 92%. subir
Central Nuclear de Vandellós II (Tarragona)
La central más moderna de España comenzó a funcionar en marzo de 1988, y es propiedad de Endesa e Iberdrola. Tiene un reactor de agua a presión, y la descarga de agua de refrigeración se hace a través de un canal abierto que desemboca directamente en la costa. En 2003 Vandellós generó 8.560 millones de kilovatios/hora, una producción equivalente a un tercio de la energía consumida en Cataluña. subir
Centrales nucleares en el mundo
O.C.

Alemania
La nueva coalición gubernamental se ha comprometido a seguir con el proceso de desmantelación de las centrales nucleares alemanas, previsto para 2020. En la actualidad quedan 17 centrales abiertas, y desde 2001 se han cerrado dos: Stade y Obirigheim. Pero a día de hoy, la energía nuclear supone un tercio de la energía que se consume en el país. Para poder sustituir estas plantas y además cumplir los objetivos del Protocolo de Kioto, un problema que ha hecho que la sociedad haya reabierto el debate sobre la energía nuclear, alentados pos los democristianos, que forman parte junto a los socialdemócratas del Ejecutivo, y que son formes partidarios de este tipo de energía. subir
Reino Unido
El primer ministro, Tony Blair, ha puesto el debate sobre la energía nuclear en la agenda política del Reino Unido, como uno de los puntos clave a la hora de revisar la política energética del país diseñada para atender las crecientes demandas de consumo y cumplir con los criterios medioambientales. El Gobierno birtánico tiene que tener fijada esta política antes de 2007, pero Blair ya ha anunciado que se contempla "la posibilidad real de desarrollar una nueva generación de centrales nucleares".
Actualmente, la energía nuclear supone el 20% de la producida en el Reino Unido, pero todas menos una de las centrales británicas deberán echar el cierre antes de 2020. subir
Francia
El 80% de la electricidad proviene de sus 59 centrales nucleares. Desde 1993, en el país vecino no se han construido plantas nuevas, aunque el gobierno galo, uno de los mayores exportadores de energía de Europa, planifica la construcción de un reactor de cuarta generación en Flamanville capaz de generar 1.600 megavatios y que comenzará a funcionar en 2012. Además, Francia fue elegida el año pasado como sede para albergar la planta experimental de fusión nuclear del propyecto internacional ITER, que se construirá en Cadarache. subir
Finlandia
La energía nuclear ha sido un asunto vital en la vida política de Finlandia. En 2002, los verdes abandonaron el gobierno después de que el parlamento aprobase construir la quinta planta nuclear del país, que comenzará a funcionar en 2008. El reactor nuclear esta´ra situado en la pequeña isla de Olkilouto, y la industria local está presionando fuertemente para que el Gobierno apruebe la construcción de una sexta central. subir
Noruega
Noruega abandonó definitivamente los planes nucleares en el año 1979. Actualmente, el país depende de la energía hidroeléctrica y para asegurar el suministro importa energía procedente de centrales térmicas. Sin embargo, un grupo de científicos noruegos ha exigido al Gobierno que estudie la vuelta a la investigación de la energía nuclear, debido a los problemas climáticos actuales subir
EEUU
La industria nuclear estadounidense ha estado prácticamente congelada desde el accidente de Three Mile Island, en 1979, el peor de la historia en EEUU. Pero en los últimos años, la nueva ley de energía aprobada por george Bush incentiva la creación de nuevas plantas nucleares, una medida que pretende paliar las consecuencias de la subida del precio del petróleo. Para el gobierno estadounidense, la energía nuclear es la única alternativa para asegurar el suministro a larzo plazo. subir
China
China prevé construir al menos 30 nuevas plantas nucleares antes del año 2020 (entre 40 y 50 según algunos informes), para satisfacer las demandas energéticas de la creciente población y economía dl país. Actualmente, tiene nueve reactores que proporcionan el 2,3% del suministro eléctrico del país, aunque esperan que con las nuevas plantas este porcentaje aumente considerablemente. subir
Japón
Japón es el tercer país productor de energía nuclear en el mundo, sólo superado por Estados Unidos y Francia. La energúa proveniente de plantas nucleares supone el 30% de la electricidad que se consume en el país nipón, aunque el gobierno espera incrementar este porcentaje hasta el 40% con la construcción de cinco nuevas plantas, que empezarán a funcionar en el año 2010. subir
¿Sabías ...?
¿Cuántas plantas atómicas hay en el mundo?
En 2005 había 443 centrales nucleares con licencia internacional repartidas por 31 países. De ellas, 441 están en activo, y en conjunto producen el 17% de la energía eléctrica que se consume en todo el planeta.
¿Cuál fue la primera central nuclear?
La priemra vez que se produjo electricidad en un reactor nuclear fue el 20 de diciembre de 1951 en la estación experimental de Arco, en Idaho (EEUU). El 27 de junio de 1954 comenzó a funcionar la primera central nuclear del mundo en Obnisnks (Rusia).
¿Qué elementos de protección radiológica tienen las centrales?
Normalmente tres. El primero es la propia varilla de combustible, unos tubos de circonio en cuyo interior está el uranio. El segundo es la vasija del reactor: un recipiente cilíndrico de acero al carbono, recubierto interiormente de aceroinoxidable de unos 15 centímetros de grosor, 18 metros de altura y casi cinco metros de diámetro. En su interior está el núcleo del reactor, donde se obtiene el vapor que mueve la turbina. Y el tercero es el edificio del reactor, una estructura de hormigón armado de un metro de espesor y 55 metros de altura (casi un tercio de ellos bajo tierra) diseñado para siportar las condiciones del mayor accidente posible. A eso se suman los sistemas de emergencia, que se activan si se rompen los sistemas de refrigeración.
¿La energía nuclear es la más limpia?
Si se trata de determinar cuál es la energía que produce menos emisiones de gases de efecto invernadero, la nuclear se lleva la palma. Producir un kilovatio/hora con energía nuclear supone emitir a la atmósfera cero gramos de carbono. La energía eólica produce entre 5 y 10 gramos; la biomasa entre 10 y 20; el hidrógeno hasta 60 gramos; la solar entre 30 y 60 gramos, el gas natural entre 120 y 180 gramos; el petróleo entre 220 y 245 gramos y el carbón entre 260 y 355 gramos.
¿La catástrofe de Chernóbil pudo ser peor?
Sí. Tras la explosión inicial del reactor se produjo una nube de partículas radiactivas hacia la ciudad de Priapat, a tres kilómetros de la central, donde vivían 50.000 empleados de la planta y sus familias. Durante los días posteriores a la explosión, los vientos favorables mantuvieron esta nube radiactiva lejos de la ciudad, que aún no había sido evacuada. Si la ciudad hubiera sufrido el impacto directo de la nube, los muertos podrían haber sido miles.
El honor lo ostenta una planta que no es real: Springfield, la de Los Simpsons, donde Homser Simpson es inspector de seguridad.
Coordinación: Olalla Cernuda | Diseño: Rocío Martínez
© 2006 Mundinteractivos, S.A.
miércoles, 11 de febrero de 2009
La gestión del combustible nuclear gastado
sábado, 7 de febrero de 2009
Diez motivos para ser antinuclear
Fuente: https://colabora2.greenpeace.es/yosoyantinuclear/decalogo.php?gclid=CKHunvaZypgCFdCS3wodZwnw1A
1. La energía nuclear es muy peligrosa
La tragedia de Chernóbil ha demostrado la capacidad de dañar y generar catástrofes de esta fuente de energía.
2. La energía nuclear es la más sucia
Las centrales nucleares generan residuos radiactivos cuya peligrosidad permanece durante decenas de miles de años y cuya gestión, tratamiento y/o eliminación son cuestiones aún no resueltas.
3. La energía nuclear es la que menos empleo genera
Por unidad de energía producida. Menos que cualquier energía renovable. Según datos de Comisiones Obreras publicados en un informe de febrero de 2008.
4. La nuclear es una energía muy cara
Necesita fuertes subsidios estatales (que pagamos todos...) de forma continua para poder existir. Un ejemplo: el coste de la gestión de los residuos radiactivos en España, según los cálculos de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), será de más de 13.000 millones de euros sólo hasta 2070.
5. La energía nuclear no es necesaria
Los casos de Alemania y Suecia permiten comprobar que, si hay voluntad política, es posible abandonar la energía nuclear al tiempo que se reducen las emisiones de CO2 en cumplimiento con el Protocolo de Kioto.
6. La energía nuclear no es la solución al cambio climático
Nunca podrá ser una solución económicamente viable y eficiente para reducir emisiones de CO2 en la lucha contra el cambio climático. De hecho, la energía nuclear está excluida de los mecanismos financieros del Protocolo de Kioto.
7. La energía nuclear no genera independencia energética
España importa el 100% del uranio que se emplea como combustible en sus centrales nucleares, por lo que nuestra dependencia del extranjero al respecto es total.
8. La energía nuclear también se acaba
Las reservas de uranio-235 (el combustible de los reactores nucleares) servirán sólo para unas pocas décadas más.
9. La energía nuclear no tiene el respaldo social
Las encuestas de opinión muestran que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles rechazan esta forma de producir electricidad.
10. La energía nuclear es incompatible con un modelo energético sostenible
No cumple ninguna de sus premisas: no es económicamente eficiente, ni socialmente justa, ni medioambientalmente aceptable.
Descarga el informe "Una energía sin futuro. Desmontando las mentiras de la industria nuclear" para ampliar la información de este decálogo
lunes, 2 de junio de 2008
El futuro de la energía nuclear
Amén de los problemas de seguridad, residuos y opinión pública, el tan publicitado regreso de la energía nuclear tiene una gran debilidad, su dudosa rentabilidad económica. Los inversores deben pensárselo bien
MARCEL CODERCH
EL PAÍS - Opinión - 02-06-2008
Los repetidos incidentes en las centrales de Ascó y Vandellós no son sino un reflejo del estado en que se encuentra la industria nuclear, tanto en España como en el mundo. Sin una reactivación de las construcciones nucleares, la industria nuclear está abocada a su desaparición. Nadie sobrevive mucho tiempo en un mercado tan concentrado como el de generación eléctrica, captando sólo el 2,5% de su crecimiento. Ello hace que los operadores nucleares se vean forzados a "demostrar" el elevado nivel de disponibilidad y la durabilidad de unas centrales que envejecen cada día que pasa, porque son argumentos clave para que el tan cacareado renacimiento no se convierta en un aborto prematuro. Cualquier incidente, cualquier parada no programada, es un argumento más contra este tipo de energía. De ahí que los responsables operativos hagan lo posible, y hasta lo irresponsable e ilegal, por esconder cualquier incidente. Ahora bien, los interrogantes sobre un posible renacimiento nuclear van mucho más allá de la simple incompetencia, dejadez, oscurantismo o falsedad exhibidas por personas que deberían ser mucho más conscientes de lo que tienen entre manos.
Como han explicado los académicos del MIT en su informe The Future of Nuclear Power (web.mit.edu/nuclear), para que la energía nuclear pueda formar parte del mix energético futuro hay que resolver antes cuatro problemas fundamentales: coste, seguridad, residuos y proliferación; a los cuales cabe añadir el de la percepción social. Pero para resolverlos, el esfuerzo que hay que realizar es de tal magnitud que "sólo se justificaría si la energía nuclear pudiera contribuir significativamente a reducir el calentamiento global, lo cual implica una importante expansión del parque nuclear". Y concluyen que sólo hay dos escenarios que merecen ser considerados, un despliegue a gran escala, o el cierre planificado de todas las centrales en 50 años.
Si fuera cierto, como dicen sus defensores, que los problemas de la energía nuclear están resueltos o en vías de solución, y que no genera emisiones, entonces, ¿por qué no resolverlos de una vez y desplegarla a toda marcha, como en Francia? Y si no es cierto que están resueltos, y no vemos el modo de resolverlos, ¿por qué construir unas pocas centrales, que no serán suficientes para mitigar el cambio climático ni la crisis energética y, en cambio, sí incrementarían los riesgos y la dimensión de unos problemas que llevan décadas sin resolverse? Los autores del estudio del MIT, realizado en el 2003, creen plausible superar los problemas si se destinan suficientes recursos. Sin embargo, los cinco años transcurridos no van en esa dirección.
Por ejemplo, dice el informe: "Cincuenta años después del primer reactor comercial, ningún país ha conseguido implantar un sistema eficaz para deshacerse de sus residuos". El único almacén geológico profundo proyectado, el de Yucca Mountain, en el desierto de Nevada, se ha alejado todavía más de su entrada en operación, y ni siquiera se sabe si las obras llegarán a iniciarse algún día. Cosa parecida ha ocurrido con los problemas de la proliferación. Según los autores, con el combustible gastado hasta 2003 hay plutonio suficiente "para más de 25.000 bombas nucleares".
Pero es en el terreno económico donde se libra la verdadera batalla porque, como dice el informe, "sólo habrá inversiones privadas si pueden esperarse costes de producción de electricidad inferiores a los de otras alternativas menos arriesgadas", o si el sector público garantiza la rentabilidad de estas inversiones. Y en este ámbito, los cinco años transcurridos han desmentido con rotundidad muchas de las hipótesis de los autores. El coste del kWh nuclear es en un 70% un coste financiero, y la inversión total, el plazo de construcción y la tasa de interés son las variables fundamentales. Pues bien, las estimaciones actuales hablan de incrementos de más del 300% en las inversiones, y la única central europea en construcción (Olkiluoto, en Finlandia) lleva ya dos años de retraso, por los que tendría que pagar 2.200 millones de euros de penalización. (Si está terminada en 2011, como ahora se promete, le habrá costado a la constructora Areva 5.200 millones de euros). Moddy's evalúa la inversión necesaria en 6.000 dólares por kW y Florida Power Light estima que puede costarle entre 6.000 y 9.000 millones de dólares construir un reactor Westinghouse de 1.100 Mw, hasta un 400% por encima de las estimaciones realizadas hace cinco años por los autores del MIT.
¿Qué ha ocurrido para que, en tan poco tiempo, se hayan modificado tanto las condiciones económicas? Pues lo mismo que en la primera era nuclear, sólo que ahora mucho más rápidamente. El declive nuclear no fue consecuencia del accidente de Three Mile Island de 1979 ni del movimiento ecologista que desencadenó. La primera crisis del petróleo hirió de muerte el programa nuclear mundial. En EE UU los pedidos de centrales nucleares cayeron desde las 35 unidades en 1973 hasta las cero unidades en 1978, sin que hasta el día de hoy se haya cursado un solo pedido más.
La subida de precios del petróleo de 1973 provocó una recesión mundial que redujo el crecimiento de la demanda de electricidad e incrementó los costes de construcción y las tasas de interés, hundiendo la rentabilidad de estas inversiones. Ésta y no otra es la verdadera historia de la moratoria nuclear: el pago durante 25 años de unas inversiones fallidas que se hicieron siguiendo una planificación indicativa estatal promovida por las eléctricas pero de la que tuvimos que responder todos.
En los últimos cuatro años, los precios del petróleo y otras materias primas se han cuadruplicado y están induciendo un repunte de las tasas de interés, lo cual incide directamente en los costes de construcción de las nucleares. Nos enfrentamos quizás a una época de menor crecimiento, con un repunte inflacionista, y eso nos coloca en una situación análoga a la que provocó el primer declive nuclear. Si añadimos la frágil situación del sistema financiero internacional, no parece el mejor escenario para un renacimiento nuclear que requeriría centenares de miles de millones de euros de nuevas inversiones durante décadas.
Quizás sea ésta la razón por la cual John Rowe, presidente de Exelon, el principal operador nuclear de EE UU, y presidente del Nuclear Energy Institute (NEI), decía el pasado 6 de mayo que "no podemos dejarnos llevar por el entusiasmo de las notas de prensa" ya que "es difícil confiar en las estimaciones de los costes de nuevas construcciones", y "ningún vendedor está dispuesto a ofertar precios cerrados". "Nada enfriará más el renacimiento nuclear que encontrarnos, después de 18 meses de haber iniciado una construcción con 18 meses de retraso", añadió, en clara referencia a lo que ha ocurrido en Finlandia. "Los costes asustan. Hemos de encontrar nuevas formas de compartir el riesgo".
Nuevas formas ¿o las mismas de siempre? Lo que pide John Rowe es que el Estado y los consumidores asuman el riesgo de las inversiones nucleares. Como el programa aprobado por George W. Bush en 2005, que contempla avales que cubren hasta el 80% de la inversión y que ahora la industria quiere que se amplíen hasta el 100%. Como dice el informe del MIT, "todas las centrales nucleares en funcionamiento fueron construidas por monopolios estatales o por compañías eléctricas verticalmente integradas y operando en un entorno regulado" que les garantizaba el retorno de las inversiones. En ese entorno, "muchos de los riesgos asociados a los costes de construcción, al funcionamiento de las centrales, a las oscilaciones en los precios del combustible y otros factores fueron asumidos por los consumidores y no por las eléctricas"; pero "en un mercado competitivo son los inversores y no los consumidores los que tienen que asumir riesgos e incertidumbres".
¿Será esto último lo que ocurrirá en el Reino Unido, donde el Gobierno ha asegurado que la construcción de la nueva generación de centrales será financiada por el sector privado, con la única excepción de los residuos, que asumirá el Estado? Lo que ocurra en el Reino Unido será determinante para el futuro de la energía nuclear en Europa. De momento, sólo EDF (propiedad del Gobierno francés) está interesada en adquirir British Energy para construir nuevas centrales de diseño francés. La experiencia de Areva en Finlandia no es especialmente esperanzadora. En España haríamos bien en hacer caso a John Rowe y no dejarnos llevar por el entusiasmo de las notas de prensa.








