"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 26 de marzo de 2009

El retorno de los inmigrantes


El volumen de regresos no es significativo frente a un total de 5.220.577 extranjeros empadronados en enero de 2008. Que la crisis haya frenado el caudal de llegadas no debe hacernos magnificar las cifras de los que se van

 MARTÍN TOGNOLA
MARTÍN TOGNOLA
XAVIER Rius Sant* EL PERIÓDICO

Como era de esperar, el aumento del desempleo en estos tiempos de recesión está afectando mucho, tanto a aquellos inmigrantes que carecían de papeles y no les es fácil encontrar trabajo en la economía sumergida como a aquellos que, pese a tener papeles, quedan en paro y carecen de subsidio de desempleo al haber cotizado poco tiempo. La crisis ha generado, no solo una disminución del caudal de inmigrantes que llegan a España, sino lo que se denomina operación retorno de inmigrantes, mayoritariamente bolivianos, ecuatorianos o rumanos, a sus países de origen.

Los bolivianos son los más afectados ya que la mayoría llegaron en el 2006 y el primer trimestre del 2007, justo antes de que se impusiera la exigencia del visado de entrada, en abril de dicho año, y no tuvieron tiempo de regularizarse por arraigo social dado que para ello se exige tres años de permanencia en España. La evidencia de esta gran cantidad de bolivianos sin papeles salta a la vista al comparar los 85.427 con permiso de residencia a 31 de diciembre de 2008, con los 239.942 empadronados un año antes --el Instituto Nacional de Estadística no hará público hasta el verano los datos actuales--. Y esta precariedad que empuja a algunos a regresar afecta más a quienes no tienen un colchón familiar en España que permite soportar estos periodos sin trabajo, gracias a que otros miembros de la unidad familiar trabajan con o sin contrato. Evidentemente muchos de quienes obtuvieron papeles en la regularización del 2005 bien tenían familiares aquí, que también se regularizaron, bien trajeron después legalmente a sus familiares. Pero esta no es la situación de muchos hogares de bolivianos y, pese a todo, los que se van son pocos, dado que la economía sumergida, en sectores que no tienen crisis, como el cuidado de ancianos, continúa necesitando a cientos de miles de personas dispuestas a trabajar --tengan o no papeles-- a cuatro euros la hora.
El hecho que la crisis económica ha frenado el caudal de llegada de inmigrantes no debe hacernos magnificar las cifras de los que se van, ni lanzar mensajes pronosticando una masiva marcha que aliviará el gasto social. Los 240 bolivianos que abandonan cada mes España no son nada en relación con los más de 250.000 que residen aquí. Lo mismo puede decirse de los 1.800 extranjeros en situación de precariedad que abandonaron España el pasado año con el billete pagado por oenegés y servicios sociales, o de los casi 4.000 que se han acogido a la opción de cobrar el paro de golpe si regresan a su país. Estas cifras no son significativas frente a un total de 5.220.577 extranjeros empadronados en enero del 2008.

LO QUE obliga a algunos a regresar y a privar a su familia de remesas es más la concurrencia en el núcleo familiar de realidades como una hipoteca a la que no pueden hacer frente con una situación de desempleo continuada de varios miembros de la familia. Pero la mayoría, sobre todo si los hijos están escolarizados, intentarán quedarse pese a faltar trabajo estable, confiando que en unos años, cuando cambie la coyuntura económica, podrán regularizarse.

Pero al margen de la decisión dramática que toman los que eligen regresar está otra situación, tanto o más angustiosa, que es la de aquellos que teniendo el permiso inicial de trabajo o su renovación, se quedan en paro y posiblemente verán denegada la próxima renovación del permiso al no haber cotizado el periodo mínimo exigido. Estos no solo no tendrán derecho al paro al haber trabajado poco tiempo, sino que pueden perder su permiso de residencia e, incluso, el de los familiares que acababa de reagrupar, para engrosar todos la bolsa de inmigrantes irregulares. En Madrid fue motivo de escándalo hace un mes la orden dada en ciertas comisarías del número de irregulares que cada policía debía detener a diario para proceder a su expulsión. Abocar a aquellos que pierdan el empleo a la irregularidad, engrosando aún más la cifra de sin papeles, contradice la política de inmigración anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero

EMPUJAR A la irregularidad y a la permanente amenaza de detención aleatoria y consiguiente expulsión de aquellos que pierdan el empleo no es precisamente una política que facilite la integración. Existen medidas posibles con la actual ley --el proyecto de la nueva todavía no se ha remitido a las Cortes--, como es la flexibilización de los requisitos para la renovación del permiso de trabajo a aquellos que pierdan el empleo o la concesión del arraigo social. También es importante que se acabe con las limitaciones de muchos permisos de trabajo, que se restringen a un sector y una provincia. Dando libertad a quien tiene permiso inicial solo para un sector y lugar para trabajar en otro y en otra provincia, se facilitaría su inserción laboral y se evitaría que acabe en situación irregular.

*Periodista. Autor de El libro de la inmigración en España.
para esta legislatura. Así, dijo que si la pasada fue la de la regularización extraordinaria y los mecanismos de contratación en origen, en la actual, pese a que la contratación en origen disminuiría, se trabajaría por la integración de los recién llegados. Y a tal efecto se creó un plan estratégico y un fondo económico para ayuntamientos y autonomías que ahora, a posteriori, ha recortado el Gobierno

lunes, 19 de enero de 2009

"En la familia yo soy el hombre, yo trabajo".Por cultura, las mujeres no fuman, no beben, no salen de marcha... sólo piensan en mandar dinero a casa



A ocho pasos de conseguir trabajo

Miles de mujeres marroquíes compiten por trabajar en la campaña de la fresa de Huelva - Este año se contratará en origen a 16.500 jornaleras para la cosecha, 2.900 más que en 2008

MANUEL PLANELLES - EL PAÍS - Agadir - 18/01/2009


Todo se reduce a ocho pasos. No importa que Dinar Ahadija haya llegado la primera a la puerta del campo de fútbol Bensergaou. "He venido a las cuatro de la mañana", dice mientras vigila por el rabillo del ojo que nadie se le cuele. Ella es la primera de las 800 mujeres a las que los representantes de los freseros onubenses entrevistaron ayer en la ciudad marroquí de Agadir. Estos agricultores buscan temporeras entre la inmensa fila de coloridos pañuelos que aguarda a las puertas del estadio. Y Dinar entra dentro del perfil fijado: es mujer, tiene entre 18 y 45 años, experiencia en la agricultura y cargas familiares.


Dinar cobra en Marruecos 34 euros al mes. En la fresa, entre 800 y 900

Sólo se seleccionan mujeres porque ni fuman ni beben ni salen de marcha

Pero esta marroquí -nacida en 1971 y con un hijo de cinco años- se tiene que someter a la última prueba: los ocho pasos. Es la distancia que media entre la cola en la que aguardan disciplinadas las candidatas y la mesa en la que dos representantes de Fresón de Palos las entrevistan. Ese puñado de metros sirve a los agricultores para comprobar que las futuras jornaleras no tienen sobrepeso ni taras físicas al andar que les impidan recoger la fresa. "Es triste. Nos da pena. Pero tenemos una responsabilidad con los agricultores que confían en nosotros. Esto cuesta mucho dinero para que luego, cuando llegue la mujer, un agricultor le diga que no y se tenga que volver a Marruecos". Antonio Luis Martín es uno de los veteranos en esto de buscar mano de obra en el norte de África. Este empresario es el responsable de la Unión de Pequeños Agricultores en Huelva para asuntos de migraciones. Lleva desde 2002 contratando marroquíes.

La Comisión de Municipios con Inmigración de Huelva (COMI) estima que, a partir de febrero, trabajarán en la fresa 25.000 extranjeros con contrato en origen y 40.000 locales, sean españoles o inmigrantes con la estancia regularizada en nuestro país. Alfredo Ramos, el responsable de este proceso de la Embajada española en Rabat, cifra en 16.500 el número total de marroquíes que acudirán a Huelva gracias al contrato en origen. Son 2.900 más que el año pasado.

El 8 de enero comenzó el proceso de selección. Los representantes de los agricultores han realizado entrevistas en cuatro lugares: Mohamedia, Fez, Marraquech y Agadir. En esta última ciudad se cierra hoy, domingo, el proceso con las otras 800 entrevistas que está previsto realizar. Acuden cientos de mujeres seleccionadas antes por Anapec, la oficina de empleo marroquí. Llegan de lugares tan apartados como Midelt. Es el caso de Rkia Oussalhi, que salió de su casa en autobús el viernes a las siete de la tarde y llegó a Agadir a las seis de la mañana del sábado. Con cuatro hijos y el marido enfermo, la fresa en España es su salvación.

De las 1.600 candidatas entrevistadas este fin de semana en Agadir, 1.197 conseguirán trabajar este año en la fresa y en la colecta de otros cítricos que se cultivan en Huelva.

Dinar, cuyo nombre significa moneda en árabe, sonríe: "Me llamo Dinar, pero no tengo dinero". Una vecina suya fue el año pasado a la fresa y le contó su experiencia. Y el sueldo que ganó. Dinar cobra en Marruecos 34 euros al mes. En la fresa se ganan 37 euros por jornada, entre 900 y 800 mensuales. "Con lo que gano en tres meses vivo todo el año", detalla Dinar mientras aguarda en la cola. La entrevista de los empresarios a Dinar no dura más de un minuto. "Fresa, fresa". Es la única palabra que esta mujer sabe pronunciar en castellano y la repite cada vez que puede. "Ahora trabajo recogiendo verduras, pero también sé recoger fresas o albaricoques", detalla a sus entrevistadores. José Manuel Oliva y Enrique Molina, de Fresón de Palos, recogen el documento en el que se acredita que ha estado empleada en la empresa Dominio Agrícola de Temssia de Agadir. "Casi lo único que vemos es el tema físico y el tipo de labores que han realizado en la agricultura", reconocen Oliva y Molina. "Tienen que presentar el libro de familia porque las cargas familiares son clave para que retornen", señala Antonio Luis Martín. El primer año en el que se estableció el contingente, en 2004, resultó un desastre. Se contrató a 700 trabajadores y sólo volvió a su país el 40%. Se fijó entonces la necesidad de acreditar una carga familiar que hiciera pensárselo dos veces a la mujer que quisiera quedarse. "El año pasado, el porcentaje de retorno fue del 92%", señala Alfredo Ramos.

Para acudir a la llamada de los freseros, Dinar, como sus compañeras, ha tenido que presentar un certificado de penales, otro médico y sus antecedentes laborales. Y también una carta de su marido en la que le autoriza a viajar a España. ¿Le ha puesto problemas su pareja? Dinar sonríe antes de responder: "En la familia yo soy el hombre, yo trabajo".

Los agricultores sólo admiten en Marruecos a jornaleras para recoger la fresa. Nunca hombres, explica Antonio Luis Martín: "Por cultura, las mujeres no fuman, no beben, no salen de marcha... Eso nos favorece. Ellas sólo piensan en mandar dinero a casa".

Dinar finaliza la prueba de los ocho pasos. Ha tenido suerte. Ni está gorda ni tiene defectos físicos y lleva un contrato en la mano.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El futuro demográfico de la Unión Europea

Un bebé

Cada vez nacen menos europeos

Mientras el bienestar experimenta un rápido crecimiento en la Unión Europea, un fantasma se cierne sobre ella: el envejecimiento de su población. Cada vez nacen menos niños y los mercados de trabajo y sistemas sanitarios se ven forzados a hacer frente a una mayor presión. Los informes demográficos son alarmantes: la población europea se muere.

Aunque el drástico cambio en los modelos sociales influye en la composición de las familias, los europeos dicen que les gustaría tener más hijos, aunque aseguran que la inseguridad económica o laboral les inclina a no aumentar la familia.

La Unión Europea trabaja en estos momentos en una nueva legislación que sea capaz de hacer frente a los revolucionarios cambios en la estructura demográfica europea que se han producido en las últimas décadas. ¿Cuáles son las mayores amenazas? ¿Y las soluciones más viables? Este artículo se adentra en los retos que plantea el déficit demográfico europeo y en las posibles medidas para hacer frente a este fenómeno.




El déficit demográfico europeo: ¿una sociedad en extinción?

La mano de un bebé coge el dedo de un adulto

¿Nos extinguimos?

La ampliación de la UE a nuevos países y su crecimiento económico estable confirman su posición internacional; es un remanso de prosperidad en un mundo turbulento. Casi nadie debate ya su déficit democrático, pero otro fantasma inquieta a Europa: el déficit demográfico. El historiador británico Arnold J. Toynbee cree que "las civilizaciones se suicidan, no son asesinadas"; y la población de la UE está en declive. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias? Una pregunta crucial para la Eurocámara.

Hace un siglo, la población europea constituía el quince por ciento del total mundial, pero esta proporción se dividirá por tres para el año 2050. El declive de Europa contrasta con el ritmo ascendente de los países en vías de desarrollo que suponen el 95 por ciento del crecimiento de la población del globo. Los efectivos mundiales eran en 1950 de 2.500 millones de habitantes; en la actualidad se sitúan en los 6.600 millones y, según las últimas estimaciones, en el año 2050 alcanzarán los 9.100 millones.

Adiós al "baby boom"

Las mujeres de la Unión Europea (UE) tienen una media de 1,52 hijos cada una. Esta cifra se sitúa por debajo del umbral necesario para el reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) y afecta al crecimiento negativo de la población (se registran más muertes que nacimientos). El declive de la fertilidad se produjo después del llamado "baby boom" que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, los niños del "baby boom" están alcanzando la edad de jubilación. Por lo tanto, la proporción de personas cuya pensión dependerá de un número cada vez más reducido de cotizantes a la Seguridad Social aumentará considerablemente en los próximos años.

El Comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Vladimír Špidla, declaró después de que viese la luz la comunicación de la Comisión sobre demografía en octubre de 2006 que "en la actualidad, hay cuatro personas en edad de trabajar por cada pensionista", por lo que "en 2050, esta proporción quedará reducida a la mitad: dos trabajadores por cada jubilado", agregó.

Club de ancianos en el año 2050

En el año 2004 la media de edad de los ciudadanos europeos era de 39 años. Esta cifra podría aumentar hasta los 49 en el año 2050, cuando se estima que más de uno de cada diez europeos rondará los ochenta años (11,4 por ciento). Además, la esperanza de vida se incrementará, según las previsiones actuales, hasta seis años para los hombres y cinco para las mujeres (en 2004, la media masculina era de 75,6 años; y para las mujeres, de 81,7). Éste es el resultado de las mejoras económicas, sociales y médicas que han hecho posible que los europeos puedan vivir más años con confort y seguridad.

El envejecimiento de la población supone un mayor gasto en el sistema sanitario, origina nuevos problemas en la financiación de la Seguridad Social y pone en peligro la pervivencia del sistema de pensiones. Los cambios en la estructura demográfica también amenazan el dinamismo económico, la creatividad y la innovación, y pueden conllevar una disminución del potencial de crecimiento del Producto Interior Bruto de la UE de hasta un 1,2 por ciento entre los años 2031 y 2050; la pérdida de competitividad y la disminución del crecimiento serán más significativas si se comparan con las regiones del mundo que experimentan un aumento sustancial de su población.

Posibles remedios: pros y contras

Una de las posibles soluciones para este déficit demográfico podría ser la inmigración, pero hay que tener en cuenta que los inmigrantes también envejecerán y reclamarán sus derechos en el sistema de Seguridad Social. Mientras, los niveles de inmigración se están convirtiendo en un tema problemático.

Otra opción sería atrasar la edad de jubilación buscando un aumento de productividad; pero esto podría no ser aceptado por los europeos, que aspiran a tener más tiempo libre. También podrían aplicarse nuevas políticas de natalidad, pero se podría argumentar que esto afectaría a la igualdad entre sexos en cuanto al acceso al mercado laboral; como puede verse, los desafíos que plantea la crisis demográfica no son en absoluto sencillos.

¿Qué hace la Eurocámara?

El Parlamento Europeo (PE) ha adoptado varios informes sobre el envejecimiento de la población y los necesarios ajustes que deberán introducirse en la sociedad, como los relativos a aprendizaje permanente, movimientos migratorios, legislación sobre el mercado laboral... Entre los informes adoptados por la Eurocámara, se incluyen:

La comisión de Empleo y Asuntos Sociales del PE está trabajando en un informe sobre el futuro demográfico de Europa a cargo de la socialista francesa Françoise Castex, mientras que la comisión parlamentaria de Industria ha presentado otro sobre la mejora de la calidad de vida de las personas mayores a través del uso de nuevas tecnologías de la comunicación y la información, redactado por la socialista británica Neena Gill y que será sometido a votación por la comisión el 19 de diciembre.

Además, en febrero del año 2006 la comisión de Empleo y Asuntos Sociales adoptó un informe sobre los desafíos demográficos y la solidaridad entre generaciones realizado por el británico Philip Bushill- Matthews, del Partido Popular Europeo, y el pasado mes de septiembre, la comisión de Libertades Civiles adoptó un informe sobre migración legal realizado por la socialista italiana Lilli Gruber que prevé que los inmigrantes cualificados puedan trabajar y vivir en la UE gracias a una "tarjeta azul" para inmigrantes cualificados.

Más información :

¿Un permiso de trabajo europeo para los inmigrantes cualificados?¿Es posible conciliar vida familiar y profesional?Informe sobre el futuro demográfico de EuropaComunicación de la Comisión (en inglés)


Déficit demográfico en Europa: ¿quién tiene miedo a los niños?

Un bebé sonríe en brazos de su padre ©Getty Images

¿Crisis demográfica en la UE?

La escasez de alimentos y la mortalidad infantil han sido los dos principales elementos reguladores de la población mundial a lo largo de la Historia. El creciente nivel de vida en Europa y los avances médicos han alejado estas amenazas del Viejo Continente; sin embargo, en lo que parecen ser condiciones ideales, y a pesar de que los ciudadanos dicen que quieren tener más niños, las tasas de población no dejan de caer. ¿Cuál es el problema? Este artículo busca la respuesta.

Cada mujer de la Unión Europea de los Veinticinco tiene una media de 1,5 hijos. En concreto, la tasa es de 1,55 niños por mujer en los antiguos Estados miembros y de 1,25 en los diez que se incorporaron en 2004. Según estos datos, correspondientes a 2005, las irlandesas son las europeas que más hijos tienen (1,99 cada una), seguidas de las francesas (1,9) y las finlandesas (1,8). En el extremo opuesto se encuentran las eslovacas, con una media de 1,25 hijos por mujer, las checas y polacas con 1,23, y las eslovenas, con 1,22, que se sitúan a Eslovenia en el último lugar de la Unión Europea en este sentido.

Según los expertos, la tasa de fertilidad necesaria para garantizar el reemplazo generacional es de 2,1 niños por mujer, pero de mantenerse la actual tendencia a la baja, podría situarse en 1,3, lo que supondría que en un siglo la población europea quedaría reducida a menos de la cuarta parte de la actual.

Causas

Entre las posibles razones para este descenso de la tasa de fertilidad se encuentra el mayor nivel educativo de las madres, que tienen que buscar el equilibrio entre el desarrollo de su carrera profesional y los hijos. Además, los expertos apuntan que se ha producido un cambio en los valores culturales e individuales, reflejado en el menor número de matrimonios y el aumento de los divorcios, aunque puntualizan que el vínculo entre el matrimonio y los hijos es cada vez menos significativo. Otros factores que deberían tenerse en cuenta son la normalización de los métodos contraceptivos o los modelos de hogar, en los que cada vez son más las personas que viven solas.

El estudio sobre aceptación de la política demográfica realizado en 2004 por la fundación europea Robert Bosch afirma que las europeas desearían tener más hijos de los que finalmente tienen, y que las dos principales razones por las que no lo hacen son el coste asociado a aumentar la familia y la incertidumbre sobre el futuro del niño.

Guarderías

En la Cumbre de Barcelona de marzo de 2002, los Estados miembros se comprometieron a eliminar los obstáculos a la participación de las mujeres en el mercado laboral, así como a garantizar plazas de guardería para el noventa por ciento de los niños de entre 3 y 6 años, y para al menos el 33 por ciento de los menores de esa edad, de cara al año 2010. Aunque la Unión Europea no dispone de una política específica de población, el Parlamento Europeo sí ha abordado recientemente el asunto.

Así, la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex trabaja en un informe sobre el futuro demográfico de Europa cuyo borrador será sometido a votación en la comisión de Empleo del Parlamento Europeo el próximo 18 de diciembre, como paso previo a su debate y voto por el Pleno de la Cámara.

Además, el pasado 7 de junio de 2007 el Parlamento Europeo aprobó otro informe, redactado por la eurodiputada griega del Partido Popular Europeo Marie Panayotopoulos-Cassiotou, sobre la conciliación de la vida familiar y períodos de estudios. En términos generales, la proporción de europeos que combinan los estudios con su labor como padres es baja en la Unión Europea (en Irlanda son el 11,3 por ciento de los estudiantes, en Austria el 10,7 por ciento, en Letonia el 10,7 por ciento). Sólo Finlandia registra una proporción más elevada, del 41 por ciento; se da la circunstancia de que en este país los estudiantes que deseen ser padres disfrutan de un elevado nivel de protección social.

Más información :

Resolución del PE sobre la conciliación de la vida profesional, familiar y privada Informe sobre conciliación de la vida familiar y del periodo de estudios Informe de la Fundación Robert Bosch (en inglés)

Déficit demográfico en Europa: ¿una solución importada?

Varias personas hacen cola en una oficina de inmigración

La inmigración, una oportunidad

Durante más de dos siglos muchos Estados europeos fueron países de emigrantes; sin embargo, en los últimos sesenta años se ha invertido la tendencia y casi todos se han convertido en destino de inmigrantes y solicitantes de asilo. La prosperidad que disfruta el Viejo continente permite aventurar que Europa seguirá siendo un destino atractivo para la inmigración. Lejos de percibirlo como un problema, muchos ven en este fenómeno la respuesta al creciente déficit demográfico de la sociedad europea.

En torno al 3,7 por ciento de la población europea no procede de ninguno de los Estados miembros. En el ejercicio 2004-2005, la inmigración a la Unión Europea alcanzó un máximo histórico de dos millones de personas; dos terceras partes de ellas llegaron a España e Italia.

Población activa

Según la oficina europea de estadística Eurostat, de mantenerse este nivel de inmigración se mantendría el crecimiento de la población activa hasta el año 2030 aproximadamente. De lo contrario, el decline comenzaría ya a finales de la presente década. Quizá por este motivo, el eurodiputado socialista francés François Castex, ponente de un informe sobre el futuro demográfico de Europa, considera que "la inmigración es un elemento positivo a la hora de conformar la población europea".

Es más: según un estudio sobre la materia elaborado por la Comisión Europea en octubre de 2007, para compensar el descenso del número de personas en edad de trabajar en la Europa de los Veintisiete sería necesario que llegaran a la Unión Europea unos 56 millones de personas antes del año 2050. Los países con las tasas de natalidad más bajas, como Alemania, España, Italia o Polonia, requerirían una afluencia mayor de personas que los que registran tasas más elevadas.

Integración

Una de las claves para que la inmigración pueda considerarse un éxito radica en la integración de estas personas y sus descendientes en la sociedad y el sistema económico del país de acogida. Es un reto importante: según el Eurobarómetro, sólo cuatro de cada diez europeos consideran que los inmigrantes contribuyen al desarrollo de sus países.

El informe sobre el futuro demográfico de Europa elaborado por Castex, que será sometido a votación por el Pleno del Parlamento Europeo en febrero, pide que se desarrolle en el seno de la Unión Europea "un enfoque sereno y razonado de la inmigración con el fin de hacer frente a las opiniones y actitudes xenófobas" y defiende que los inmigrantes deben disponer de seguridad legal y sanitaria, además de subrayar la necesidad de emprender "una lucha decidida contra las organizaciones clandestinas y la sanción de los empleadores que utilizan el trabajo ilegal".

Tarjeta azul para la integración

Además, el pasado 17 de septiembre de 2007, la Eurocámara adoptó otro informe, elaborado por la eurodiputada socialista italiana Lilli Gruber, por el que se apoyaba la creación de de una "tarjeta azul" que funcionaría a modo de permiso de trabajo y residencia en la Unión Europea para mano de obra cualificada.

No hay que olvidar, además, el drama y los problemas que supone la inmigración ilegal, que hace aún más evidentes los beneficios de una gestión adecuada de los flujos migratorios. Consciente de ello, la Unión Europea trabaja actualmente en la definición de una política sobre la materia, un proceso en el que el Parlamento Europeo está participando activamente. En otro informe aprobado el pasado 17 de septiembre (redactado por el socialista español Javier Moreno), la Eurocámara remarcó que no debe tratarse a los inmigrantes ilegales como si fueran delincuentes, y recordó que muchos de ellos arriesgan su vida en el intento de alcanzar Europa.

Más información :

Informe sobre el plan de política en materia de migración legalInforme sobre las prioridades políticas en la lucha contra la inmigración clandestina


Françoise Castex: "cuando una persona está en paro, duda si tener niños"

La eurodiputada Françoise Castex

"Necesitamos la inmigración"

En el año 2050, la edad media en Europa podría rondar los cincuenta años. Las europeas tienen menos niños de los necesarios para frenar el declive de la población. Entre las posibles razones, la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex apunta en esta entrevista la inseguridad económica, el futuro incierto y sistemas de empleo anticuados, y dibuja un panorama incierto para el futuro demográfico europeo. El Parlamento Europeo votará su informe sobre este asunto en febrero.

Las previsiones demográficas para Europa son alarmantes. ¿Es demasiado tarde para reaccionar?

No son más que eso, previsiones. Disponemos de datos estadísticas que permiten prever un problema demográfico en el horizonte del año 2050; entre hoy y esa fecha pasaremos de una media de edad de 39 a 49 años. Entre las complicaciones que eso puede suponer está la disminución del número de personas en edad de trabajar y un aumento de la demanda de cuidados ligados al envejecimiento de la población. Todo esto es problemático para las finanzas públicas y para el dinamismo general de la Unión Europea; pero aún queda margen de acción en lo que se refiere a pleno empleo y natalidad.

La natalidad, precisamente, cada vez es más baja. ¿Cómo podemos animar a las mujeres a tener más niños?

Una tasa de natalidad del 1,2 es anormalmente baja, pero sabemos que podemos hacer que suba a través de políticas adecuadas. No volverá el esquema de la familia numerosa, porque los modelos de familia evolucionan, y el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado: en el siglo XX, las niñas recibieron educación y además aprendieron a controlar su fecundidad, fundamentalmente a través de la contracepción. Al mismo tiempo, la inseguridad económica y el temor ante el futuro son asimismo un freno importante a la natalidad. Cuando una persona está en paro o no sabe dónde estará en cinco o diez años, suele dudar mucho si tener niños o no.

En este contexto, ¿qué podría favorecer la natalidad? Al contrario de lo que hemos pensado en algunos países como Alemania, el trabajo no es un freno a la natalidad, sino que hay que ayudar a la conciliación de vida profesional y familiar. Los Estados miembros deben desarrollar estructuras para la atención a la infancia; las encuestas muestran que las parejas querrían tener más niños de los que tienen, por tanto hay margen para el progreso a poco que tomemos las medidas adecuadas para favorecer la natalidad.

La población activa disminuye... ¿será necesario retrasar la edad de jubilación más allá de los setenta años o modificar el sistema de pensiones?

La idea dominante es, efectivamente, prolongar la vida activa, lo que supone retrasar la edad de jubilación. Actualmente la mayor parte de los asalariados comienzan a trabajar entre los 25 y los 30 años, y la tasa de empleo baja a partir de los 51 o 52 años de edad. Desde mi punto de vista debemos comenzar por examinar dónde disponemos de márgenes de progresión de la población activa con el fin predeterminado de que todo el mundo cotice sus cuarenta años. Yo creo que a partir de 2010 el objetivo del pleno empleo será cada vez más factible y necesario.

En mi informe propongo la consideración de ciclos de vida activa: si queremos ser la economía más competitiva del mundo es necesaria una verdadera política de formación, de planificación de carreras y de organización de itinerarios profesionales a lo largo de todo el ciclo activo, es decir alrededor de unos cuarenta años.

Actualmente la tasa de empleo entre la población activa de mayor edad es baja, porque las empresas prefieren contratar a jóvenes y no se ocupan lo suficiente de la formación de sus empleados. Es un tremendo error de cálculo: es imprescindible que las empresas integren la formación en sus planes de inversión. De todas formas, pronto de darán cuenta de que falta mano de obra, y que esto no se podrá resolver sólo a través de la inmigración seleccionada.

Precisamente la inmigración es, por un lado, fuente de preocupación para unos y de esperanza para otros, como los demógrafos. ¿Cómo resolver esta contradicción?

Es urgente que los Estados miembros realicen un acercamiento sereno a la inmigración. Hay que decir "sí", que necesitamos la inmigración, no sólo de cara al futuro sino también porque forma parte de nuestra historia. La inmigración no es algo nuevo en la Unión Europea, hay que aceptarla.

El principio de inmigración seleccionada según el cual si necesitamos enfermeras autorizamos la inmigración de un número "x" de enfermeras no es una solución. Las personas no son máquinas, también pueden enamorarse de su país de acogida y querer quedarse y formar una familia. Por eso no creo que podamos abordar la inmigración desde una óptica meramente económica y cuantitativa. Necesitamos la inmigración para renovarnos; antes de pensar si necesitamos que aumente, gestionémosla con serenidad.

Más información :

Proyecto de informe sobre el futuro demográfico de Europa

El déficit de población, a debate en el Parlamento Europeo

Una mujer con dos niños en una calle de Nuremberg ©BELGA/AFP/DDP/OLIVER LANG

¿Cómo animar a las parejas a tener niños?

El 28 de mayo, la comisión de Empleo y Asuntos sociales de la Eurocámara organizó una audiencia pública sobre el futuro demográfico de Europa en la que se habló de solidaridad intergeneracional, envejecimiento saludable, la influencia de la inmigración sobre la demografía o hasta de los efectos que podría tener la hipotética incorporación de Turquía sobre la pirámide de población europea.

La reunión contó con la participación especial del director del Instituto francés de estudios demográficos, François Héran, quien presentó a los eurodiputados un documento de trabajo según el cual "los Estados miembros (de la Unión Europea) que presentan tasas de natalidad más elevadas son aquellos que han sido capaces de desarrollar políticas de apoyo a la infancia y a la conciliación de vida personal y laboral".

Inmigración

Para este experto, la inmigración supone "una contribución significativa para la renovación y fortalecimiento de la población activa", por lo que asegura que "desempeña un papel fundamental en la estabilización" de las pirámides demográficas de los Estados miembros de la Unión Europea, ya que sin ella "algunos países perderían población, ya que registran mayor número de fallecimientos que de nacimientos".

Además, Héran remarcó que "no queda más remedio que adaptarse al envejecimiento de la población", ya que se trata de un fenómeno "que no se puede contrarrestar, porque tiene que ver con el alargamiento de la vida".

Turquía

Durante el debate posterior, el eurodiputado socialista sueco Jan Andersson, presidente de la comisión de Empleo y Asuntos Sociales del Parlamento Europeo, subrayó que actualmente "se ingresa más tarde en el mercado laboral, y también se abandona antes". También se interesó por el efecto que podría tener la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, en términos demográficos.

Héran explicó que este país "tiene un excedente natural de población, ya que nacen más personas de las que mueren", algo que sin embargo "sólo modificaría el paisaje demográfico europeo temporalmente", dado que sigue la misma tendencia que en su día registraron países como Italia o España".

Vivir más y mejor

A su vez, la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex, ponente del informe parlamentario sobre el futuro demográfico de Europa, preguntó si el aumento de la esperanza de vida de los europeos iría acompañado de una mejora de su salud, a lo que Héran contestó que "parece que sí, los años de vida que ganamos son años de mejor salud" en los que "disminuye el riesgo de invalidez, pero también aumenta el número de personas mayores por lo que también lo harán los costes asociados".

Más niños

Por su parte, el polaco del grupo Unión por la Europa de las Naciones Jan-Tadeusz Masiel mostró su preocupación ante las bajas cifras de natalidad y quiso saber qué medidas habría que tomar para animar a las parejas jóvenes a tener más hijos. "La inmigración no es la solución, porque los inmigrantes prefieren mantener su identidad a integrarse", opinó.

Para Héran, "si el problema es demográfico, la solución no lo es: pasa por políticas económicas, de empleo, familiares...". Además, alertó de que "en el sur de Europa, los jóvenes tienen muchas dificultades para acceder a la vivienda" y consideró que "si pudieran independizarse más fácilmente, empezarían a tener hijos antes".

Más información :

Comisión de Empleo y Asuntos Sociales del PEEstudio de Héran sobre el futuro demográfico de la UE (en ingés)

viernes, 28 de noviembre de 2008

Cataluña registró en 2007 el mayor número de nacimientos en 30 años

Inmigración y fecundidad tardía ayudan a situar la cifra en 83.716 bebés

EL PAÍS - Barcelona - 27/11/2008

Cataluña registró el año pasado la cifra más alta de nacimientos de los últimos 30 años, según los datos que facilitó el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat), que destaca que por primera vez el crecimiento se concentra en niños de padres extranjeros. Durante 2007, se contabilizaron 83.716 nacimientos, frente a los 82.077 de 2006, lo que supone un aumento del 2%. Desde 1996, las cifras de natalidad han ido aumentando hasta situarse en valores similares a los de 1979. El aumento se achaca básicamente a dos factores: la llegada, por un lado, de inmigrantes en edad fértil que ha disparado la fecundidad en edades jóvenes, y la tendencia a tener hijos en edad madura.

De hecho, éste es el primer año en que el crecimiento se concentra en bebés de padres extranjeros, según el informe de Indescat. En el conjunto de Cataluña, los nacimientos de este colectivo ascendieron a 16.675, lo que supone un aumento del 16,5% respecto a 2006, mientras que el de los españoles disminuyó el 2,8% frente al crecimiento cero de 2006. En Cataluña, el 69,4% de niños nacidos en 2007 son de padres españoles, mientras en el restante 28,3% uno de los dos progenitores, como mínimo, es extranjero, lo que supone que casi 3 de cada 10 bebés recién nacidos tienen uno de los padres o ambos que no son españoles. Por otro lado, los hijos de padre español y madre extranjera han aumentado el 9,8% y los de madre española y padre extranjero, en un 10,8%.

La tasa de natalidad, variable que refleja en número de nacimientos por 1.000 habitantes, se ha incrementado en 30 comarcas y ha descendido en 11. El Camp de Tarragona es la que tiene la tasa más elevada, con 12,9 nacimientos cada 1.000 habitantes, seguido de las comarcas de Girona y la zona central de Cataluña. La tasa media de Cataluña se sitúa en 11,7 niños por 1.000 habitantes y hay varias áreas que no la alcanzan. Son las comarcas del Ebro, Val d'Aran, el Área Metropolitana de Barcelona y zonas de Lleida.

Actualmente, la media de hijos se sitúa en Cataluña en 1,46, una centésima por encima del indicador de 2006. Si se estudia la fecundidad por la nacionalidad de las madres, la tasa de las extranjeras es de 1,87, frente al 1,33 de las españolas. La media de edad en que las mujeres tienen a sus hijos es de 31 años. La fecundidad por grupos en edades centrales ha disminuido, pero se ha visto compensada por los nacimientos tanto entre las mujeres más jóvenes como las de edad más madura.

La fecundidad entre los 35 y los 39 años ha aumentado en el 3%, y la de mujeres de 40 a 44 años, el 7%. En el otro extremo, en edades jóvenes, se observa una fuerte tendencia al alza. La tasa de 20 a 24 años ha crecido el 3% con relación a 2007, pero el aumento más importante corresponde a la población adolescente -de 15 a 19 años- que con un 12 por 1.000, aumenta el 10% respecto a 2006 y registra el indicador más elevado de los últimos 20 años.

Los tiempos de Marc, Álex, Júlia y Lucía

El nombre de Marc es, de largo, el preferido por los padres catalanes (salvo para los que viven en la Val d'Aran) cuando tienen un niño (1.385 casos), mientras que en el caso de las niñas las opciones están más repartidas: Júlia fue el nombre elegido en 977 ocasiones, seguido de cerca por el de Lucía (976). Paula, Laia y Maria ocupan, respectivamente, el tercer, el cuarto y el quinto puesto de la lista. Al nombre de Marc, le suceden otros tres también cortos: Álex (1.003 veces), Pol, Pau y completando la lista David y Arnau.

Los nombres más frecuentes en toda España fueron en 2005 el de Alejandro y Lucía. Al primero le siguieron las opciones de Daniel y Pablo y a la segunda, la de María y Paula. En el País Vasco dominan Iker e Irati, y Valencia es la comunidad autónoma que menos recurre a la lengua propia, a diferencia de lo que ocurre en Cataluña, País Vasco y Galicia, para escoger los nombres de sus hijos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Algunas cosas que el mundo espera de Obama

Fuente:EL PAÍS, 06/11/2008

PETER SINGER

La asombrosa historia de la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos ha ayudado ya enormemente a restablecer la imagen mundial de ese país. En vez de un presidente cuya única cualificación para el cargo era llamarse como su padre, ahora tenemos a otro cuya inteligencia y capacidad de visión han superado el formidable obstáculo de tener un nombre exótico y ser hijo de un musulmán africano. ¿Quién habría podido pensar, tras las dos elecciones de 2000 y 2004, que los estadounidenses eran capaces de elegir a un candidato así?

    Barack Hussein Obama

    Barack Obama

    A FONDO

    Nacimiento:
    04-08-1961
    Lugar:
    Honolulu
    Estados Unidos

    Estados Unidos

    A FONDO

    Capital:
    Washington.
    Gobierno:
    República Federal.
    Población:
    303,824,640 (est. 2008)

El presidente electo debe hacer cambios en Guantánamo, Irak, África y medio ambiente

Obama hizo campaña subrayando que es distinto a otros políticos y que va a efectuar un verdadero cambio. El llamamiento llevó a las urnas a multitudes entusiastas. Estamos, pues, ante una oportunidad histórica de acabar con el cinismo que inunda la política estadounidense desde hace decenios.

Muchos estadounidenses juzgarán al nuevo Gobierno en función de lo que haga en su país. Entre otras cosas, subir los impuestos para los que ganan más de 250.000 dólares al año y emplear el dinero para ampliar el seguro de salud a las decenas de millones de ciudadanos que -caso único entre los países industrializados- no disponen de él. También se ha comprometido a reducir los impuestos para los trabajadores con salarios medios y bajos y a mejorar el sistema educativo de Estados Unidos. Cumplir esas promesas con el sombrío panorama económico actual no será fácil.

Sin embargo, donde más impacto puede ejercer Obama es fuera de las fronteras de Estados Unidos. El año pasado, cuando habló ante el Consejo de Asuntos Mundiales de Chicago, proclamó la necesidad de un presidente norteamericano que sea capaz de hablar directamente con todos los que, en el mundo, anhelan la dignidad y la seguridad, y les diga: "Vosotros sois importantes para nosotros. Vuestro futuro es nuestro futuro".

Para ser un presidente así, Obama debe comenzar por cumplir sus promesas de cerrar el campo de prisioneros de la bahía de Guantánamo, en Cuba, y acabar con la costumbre del Gobierno de Bush de encerrar a la gente sin decirle nunca por qué ni de qué se le acusa. Asimismo, debe iniciar el proceso para retirar las tropas de combate de Irak, una tarea que dijo que completaría en 16 meses. Materializar esas promesas contribuiría enormemente a restaurar la imagen de Estados Unidos en el mundo.

También es fundamental que desempeñe un papel constructivo en la reforma de Naciones Unidas. La estructura del Consejo de Seguridad tiene 60 años de antigüedad. Todavía da a los vencedores de la II Guerra Mundial el derecho a ser miembros permanentes y a vetar sus decisiones. Cambiar eso significaría inevitablemente diluir los privilegios de esos países, entre ellos Estados Unidos. Pero si hay un presidente estadounidense que puede vencer esa sombra histórica que pende sobre la ONU es Obama.

Obama tiene un padre keniano y ha pasado tiempo en las aldeas africanas en las que todavía viven sus familiares; por eso no es extraño que comprenda la necesidad de que los países ricos ayuden a los países en vías de desarrollo. El año pasado se comprometió a duplicar la ayuda exterior de Estados Unidos de aquí a 2012, hasta alcanzar 50.000 millones de dólares al año (una cifra con la que Estados Unidos todavía estaría por detrás de muchos países europeos en cuanto al porcentaje de su renta nacional destinado a la ayuda).

También hay que redirigir mejor esta ayuda para destinarla a quienes viven en extrema pobreza. Por desgracia, cuando preguntaron al hoy vicepresidente electo, Joe Biden, qué gastos podría reducir un Gobierno de Obama debido a la crisis financiera, mencionó la promesa de incrementar la ayuda exterior. No obstante, para duplicar la ayuda exterior haría falta una cantidad pequeña de dinero, en comparación con lo que se ahorraría con la retirada de Irak.

Tal vez el aspecto más difícil de la tarea de convertir a Estados Unidos en un buen ciudadano mundial sea la reducción de sus desmesuradas emisiones de gases de efecto invernadero, aproximadamente cinco veces más que la media per cápita mundial. El Gobierno de Bush ha malgastado ocho años preciosos durante los que nos hemos acercado peligrosamente al punto en el que podría suceder una cadena irreversible de acontecimientos que desemboque en catástrofe. El año pasado, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, acusó a los países industrializados de agredir a África con el calentamiento global. Puede parecer una exageración, pero aumentar la temperatura y disminuir el volumen de lluvia de un país predominantemente agrario puede resultar tan destructor para sus habitantes como que les bombardeen.

Obama debe hacer que Estados Unidos encabece los esfuerzos para reducir las emisiones. Luego, después de dejar clara su buena fe, debería ser capaz de elaborar un acuerdo con los líderes europeos para incluir a China e India en cualquier tratado que sustituya al Protocolo de Kioto cuando éste expire, en 2012. Quizá sea éste el mayor desafío ético de la presidencia de Obama. Su respuesta será decisiva a la hora de juzgar su mandato.

Peter Singer es catedrático de Bioética en la Universidad de Princeton. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

sábado, 18 de octubre de 2008

Italia separa a los inmigrantes en la escuela

Fuente: EL PAÍS - Sociedad - 16-10-2008

El Parlamento italiano ha aprobado una moción a su reforma educativa que obligará a los estudiantes inmigrantes a asistir a clases especiales si no consiguen superar unas pruebas de admisión que, presumiblemente, valorarán el conocimiento del idioma y otras capacidades. La propuesta, similar por la segregación a la puesta en marcha de forma experimental en Vic (Cataluña), prohibirá a los inmigrantes incorporarse a clases después del 31 de diciembre para no interferir con el ritmo del resto. La idea, presentada por la Liga Norte se aprobó tras un enconado debate en la Cámara por un estrecho margen, 265 a favor y 246 en contra.

La oposición, los sindicatos y el entorno católico han mostrado su oposición a estas "clases de inserción", que recuerdan al programa de la Generalitat catalana. El líder del Partido Democrático, Walter Veltroni, la ha calificado de "intolerable", y se pregunta: "¿Los italianos habríamos tolerado que nuestros hijos terminaran en clases diferentes cuando éramos inmigrantes?". La revista Familia Cristiana ha tachado la medida de racista, y su director advierte de que "con estas medidas se fabrica el caldo de cultivo para que nazcan episodios de intolerancia y violencia".

El más duro y contundente ha sido el secretario general del sindicato Cgil, Guglielmo Epifani: "Una división tan neta entre niños que hablan italiano y los que no lo hablan correctamente recuerda los aspectos más oscuros del apartheid", dijo.

El ala derecha del partido de Gobierno, el Pueblo de La Libertad, tampoco comparte la idea. La parlamentaria Alessandra Mussolini pidió una reunión urgente con la ministra de Educación, Mariastella Gelmini, y el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, una "pausa para reflexionar".

miércoles, 18 de junio de 2008

Los inmigrantes salvan el Estado del bienestar

Los extranjeros contribuyen al Estado más de lo que reciben de él

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Algunos dudan de que el sistema de servicios públicos sea sostenible en plena crisis tras el gran flujo de inmigración

PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL
EL PAÍS - Sociedad - 16-06-2008

En España, un inmigrante de un país pobre, en situación irregular, sin trabajo, viviendo en la calle, tiene acceso a servicios que no podría tener en su propio país trabajando normalmente. La sanidad y la educación son universales y gratuitas. Si tiene tarjeta de residencia, puede además acceder a una pensión, protección por desempleo, viviendas de protección oficial... ya no le diferencia nada de un español, en cuanto a ayudas se refiere. En los principales países de origen (Marruecos, Rumania o Ecuador), la clase media sufre para alcanzar un nivel de atención social que en España es accesible incluso sin papeles. Es evidente que el sistema gasta en los inmigrantes. Un estrato social de españoles percibe que los servicios públicos están copados por los recién llegados. Algunos partidos políticos europeos ya hacen campaña al grito de "¡No cabemos todos!". ¿No cabemos todos en el Estado de bienestar? La respuesta es sí.
Philippe Legrain, autor del libro Immigrants: your country needs them (Inmigrantes: tu país los necesita) realizó recientemente un estudio para el Consejo de la Globalización de Suecia. El Gobierno sueco se propone, al revés que media Europa, estudiar formas de atraer a más ciudadanos extracomunitarios. Legrain analizó el impacto de la inmigración en el sistema sueco de protección social, probablemente el más generoso del mundo, con este punto de partida: ¿Es compatible la inmigración libre con el Estado de bienestar europeo?

Dentro de este planteamiento general, Legrain se pregunta si la beneficencia de los países ricos es un imán para inmigrantes. Es decir, si se vive mejor de la beneficencia en los países ricos que trabajando en los países pobres, es una buena razón para emigrar. Y si emigran muchos, en un momento dado ese Estado benefactor será insostenible.

Para que eso sucediera, explica, se tendrían que dar ciertas condiciones: los emigrantes deben estar tan desesperados que los supuestos beneficios compensen el tremendo coste económico y psicológico de la migración; de todos los destinos posibles, tienen que elegir Suecia; los ingresos por la beneficencia sueca deben ser mayores que trabajando en sus países; y por último, deben conformarse con la beneficencia, en vez de aspirar a mayores ingresos trabajando en Suecia.

Los inmigrantes son "una minoría selecta" de sus países, explica Legrain. Son los jóvenes con más ganas de trabajar y mayor espíritu emprendedor. Pero si lo que quieren es vivir de la beneficencia, Suecia sería el mejor país para hacerlo. Según datos de la OCDE de 2005, un inmigrante sin permiso de trabajo recibe del sistema sueco 103.000 coronas (11.030 euros) al año. Si tiene dos hijos, 167.500 coronas (18.000 euros). La cifra es tres veces superior al salario medio en Marruecos y cuatro veces el de Pakistán.

La razón principal de que no haya "inmigrantes de beneficencia" es que, incluso si están mejor con subsidios en Suecia que trabajando en su país, les va todavía mejor trabajando en Suecia. Deben pagar su viaje, deben enviar dinero a sus países y deben garantizarse un futuro.

Ese debate se puede plantear en España. ¿La atención pública y gratuita es una atracción? "No existe ninguna prueba de que Suecia, que probablemente tiene el sistema de beneficencia más generoso del mundo, actúe como un imán benéfico, así que es extremadamente poco probable que eso ocurra en España, incluso si elevara su nivel de protección social", asegura Legrain por correo electrónico.

Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, sí cree que las ayudas suponen una atracción, pero no en España. "En el norte de Europa existe ese imán", dice Oliver. "Hay una parte de lo que llaman seekers [buscadores], atraídos por ese Estado de bienestar muy generoso. En nuestro caso, no vienen buscando unas ayudas, que no existen como en los países nórdicos. Vienen buscando trabajo, que es lo que hay".

Oliver destaca que "hasta la jubilación de los inmigrantes, toda la literatura económica mundial apunta a que, si te entran individuos jóvenes, contribuyen más de lo que se llevan. El saldo es favorable. Su contribución excede a los beneficios de ese Estado de bienestar. Las pensiones no las cobrarán hasta que se jubilen". Eso significa que, por ahora, "los inmigrantes se pagan su estancia".

En España había 2.357.000 extranjeros legales a finales de 2007. De ellos, 1.316.000 estaban afiliados a la Seguridad Social. Sólo con su contribución a la caja, se pagan 900.000 pensiones. Los inmigrantes aportan el 7,4% de las cotizaciones de la Seguridad Social y sólo reciben el 0,5% del gasto en pensiones.

La Oficina Económica de La Moncloa elaboró un informe en 2006 muy revelador sobre este punto. Los inmigrantes, según ese estudio, suponen el 8,8% de la población española, pero absorben sólo el 5,4% del gasto público. Consumen el 4,6% del gasto en sanidad y el 6,6% en educación. Pero su aportación es el 6,6% de los ingresos totales. En total, su presencia en España supone un beneficio neto para el país de unos 5.000 millones de euros.

La situación es parecida en todos los países, también con un bajo nivel de protección social. En Estados Unidos, un estudio de la National Academy of Sciences concluyó que un inmigrante recibe unos 3.000 dólares del Gobierno estadounidense en toda su vida. Sus hijos serán contribuyentes netos al sistema a razón de unos 80.000 dólares cada uno a lo largo de su vida.

"Nuestros inmigrantes tienen entre veinte y pico y cuarenta y pico años", explica Oliver. "En los próximos 20 años empezaremos a tener que pagar una parte de lo que nos han avanzado. Esto, teniendo en cuenta su vida individual. Pero hay que ver también qué deja detrás de él. Si deja hijos con una formación más elevada, ganarán más dinero que él" y contribuirán más al sistema. Hay mucha probabilidad de que esto suceda, ya que "los hijos no tienen que adaptarse, como hizo el padre".

Pero los extranjeros también se hacen viejos. Y se quedan sin trabajo cuando vienen mal dadas. En estos casos no aportan al sistema y empiezan a ser receptores netos de ayudas: pensiones y subsidio de paro. ¿Sufre el sistema de bienestar? "Tienen derecho a las ayudas, porque han pagado impuestos y han contribuido a la economía y la sociedad cuando las cosas iban bien", opina Legrain. Actualmente, con el paro subiendo, la tasa de actividad es un 19% más alta entre los extranjeros.

Pero, aparte de tener derecho, "en general, la literatura económica sugiere que incluso considerando el pago de pensiones el saldo final es favorable para el que recibe la inmigración", asegura Oliver, aunque reconoce que "el debate sobre qué pasará cuando se jubilen es muy complejo".

La supuesta crisis de pensiones sucederá en torno a 2025. "En un sistema en que los viejos viven del ahorro de los jóvenes, ¿qué pasará cuando haya más viejos que jóvenes? La inmigración es una entrada de población joven y trabajadora. En general, la crisis no se va a superar sólo con la inmigración, pero contribuirá a mitigarla", opina Oliver.

Admitido que los inmigrantes no abandonan su familia y su cultura y se juegan la vida a cambio de un bocadillo de la Cruz Roja y sanidad gratis. Admitido que no son una carga para el sistema, sino más bien todo lo contrario. Cabe una última pregunta, ¿está justificada la percepción de que copan todos los servicios sociales? En España, esto tiene mucho que ver con un tema tan de actualidad como laberíntico para el gran público: la financiación autonómica.

"Lo de los servicios es parcialmente cierto", admite Oliver. "Es un error del sistema de financiación que ahora se está discutiendo. No puedes tener, como en Madrid y Cataluña, aumentos de población de 15% y mantener los mismos ingresos. El gasto público para la inmigración está muy concentrado geográficamente, pero los ingresos que genera esa inmigración se van al Estado central. El Estado se lleva los ingresos y los gastos son de otros. Los beneficios son macroeconómicos y los problemas, microeconómicos".

Carlos Clemente, viceconsejero de Inmigración de la Comunidad de Madrid, lo dice con sus datos: "En integración de los inmigrantes nosotros invertimos 1.500 millones de euros y el Estado 40. Los extranjeros están aportando al Estado 8.000 millones de euros. Sólo 200 millones van a las comunidades, que somos los que damos la educación, la sanidad, la vivienda, etcétera".

Clemente aclara que "los inmigrantes no copan los servicios públicos, son las rentas más bajas las que copan los servicios públicos. Inmigrantes y españoles". Especialmente cuando la inmigración ya no es un fenómeno nuevo. "Hace 10 años era más así, pero no ahora. Algunos ya son empleadores, por ejemplo. Al final, son como los que vienen a Madrid de otras provincias".

La coordinadora de la Dirección General de Asistencia Sanitaria de la Junta de Andalucía, Carmen Escalera, asegura que "con los datos de 2006, la atención a la población inmigrante no regularizada es el 0,8% de las consultas de atención primaria" en Andalucía. "Es falso que colapsen los servicios sociales. Suponen un 0,6% de las visitas a domicilio y un 2,5% de las urgencias. En partos suponen un 4,6%. Eso nos viene hasta bien, porque es savia nueva".

¿Y cuando vayan envejeciendo? "Tendremos que ir adaptando el sistema", admite Escalera. Pero "se están dando reagrupaciones familiares, que se asumen la vida de aquí. A partir de ese momento, no se distinguen en nada de la población autóctona. Consumen los mismos recursos y a la vez generan la misma riqueza".

El Consejo Económico y Social se ocupa de este asunto en su Memoria 2007. El responsable del estudio, Jesús Cruz, dijo que España debe incrementar sus servicios sociales para toda la población para responder a "un imprevisible, rápido e intenso crecimiento, y está compuesta en un 10% por extranjeros".

Porque, como dice Josep Oliver, "al nativo que ve degradarse su barrio por un impacto migratorio muy grande, no se le puede explicar que la inmigración es buena para la economía". El catedrático da toda la razón a las comunidades que reclaman mayor financiación: "La garantía para que se integre y se quede la inmigración, que la necesitamos, es que se atiendan los gastos donde se producen, para que el bienestar de los nativos no se vea afectado. El dinero de la inmigración debe ser para el que se lo gana, para el que sufre ese impacto".

En una entrevista con EL PAÍS, el nuevo ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho reconocía que "un país en el que existe un contingente importante de inmigrantes no puede subsistir con un Estado de bienestar diseñado a la medida de cuando no los había".

Corbacho decía que el desarrollo económico "no es suficiente" para sostener el sistema, "porque el desarrollo económico necesita amplios contingentes de inmigración para sostenerse. Cuando a un país llega un amplio contingente de inmigrantes, el Estado de bienestar se debilita, a no ser que el Estado le inyecte más economía. Si no, puedes correr el riesgo de que el que llega se lleve la parte del Estado de bienestar porque su situación es peor que la del que está aquí, que su situación económica no ha cambiado, y éste deje de recibir lo que el Estado de bienestar le estaba dando. De ahí al conflicto, hay dos pasos". La solución, para Corbacho, sólo es una: "Poner más dinero".

España: Plan de repatriación con incentivos para los inmigrantes

Corbacho estima que unos 20.000 inmigrantes se acogerán al plan de repatriación con incentivos

Trabajo confirma que la medida voluntaria permitirá a los extranjeros que regresen cobrar todo el paro en dos pagos, el 40 % en España y el 60% en sus países

ELPAÍS.com - Madrid
ELPAIS.com - España - 17-06-2008

El ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, estima que entre 15.000 y 20.000 inmigrantes se acogerán al plan que el Gobierno tiene previsto poner en marcha a partir de julio para repatriar con incentivos a sus países de origen a quienes se queden sin empleo. "Se trata de una medida de carácter voluntario a la que los inmigrantes se acogerán en función de su interés", ha explicado Corbacho en una entrevista en la Cadena SER. El titular de Trabajo e Inmigración ha señalado que hay unos 100.000 extranjeros parados, de los que un 15% o 20% solicitarán irse y cobrar todo el paro en dos entregas, como establecerá la oferta del Gobierno.
Corbacho ha confirmado que los beneficiarios de este plan podrán recibir la totalidad del seguro de desempleo en dos partes, el 40% en España y el 60% en su país. "Es una medida más, por sí sola no resuelve el tema", ha reconocido el ministro, quien ha insistido en la necesidad de "regular los derechos" y cooperar con los países de origen. "¿España puede acoger a todo el mundo? La respuesta es no", ha afirmado.

Para poder cobrar toda la prestación de desempleo, los inmigrantes tendrán que renunciar a sus permisos de residencia y trabajo. Además, no podrán volver a España en un plazo mínimo de tres años. El Gobierno cree que de esta forma se dará un margen suficiente para que la situación económica mejore y entre en una "fase expansiva" y de "creación de empleo".

El titular de Trabajo e Inmigración también se ha referido a sus planes para endurecer el reagrupamiento familiar. "El concepto de reagrupación es muy amplio y hay contradicciones como que a chicos de 16 o 17 años se les puede reagrupar pero no tienen trabajo", ha asegurado Corbacho, quien ha insistido en la necesidad de "poner orden" y "distinguir entre la familia y el grupo familiar".

El plan que baraja el Ejecutivo consiste en excluir del núcleo familiar con derecho a la reagrupación a los ascendientes de los inmigrantes. "La cadena hay que pararla en algún punto", según Corbacho. La ley permite reagrupar actualmente al cónyuge del inmigrante, los hijos, si son menores de 18 años o están incapacitados y los ascendientes o los de su cónyuge.





Los extranjeros que trabajan en la construcción caen en 4.699 en mayo


La construcción, con 359.512 inscritos en el Régimen General de la Seguridad Social a 31 de mayo, 4.699 menos que en abril, volvió a registrar por cuarto mes consecutivo una caída en lo que va de año, según datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración difundidos hoy.

No obstante, pese a la caída de los afiliados de la construcción, a 31 de mayo de este año había 2.145.082 extranjeros afiliados en la Seguridad Social, lo que supone un incremento de 44.836 personas respecto a abril y el 7,60% más que hace un año.

Después de la construcción se ha situado la hostelería, con 287.105 afiliados (el 18,57 por ciento del total); las actividades inmobilirias y de alquiler, con 233.979 inscritos seguidos de las actividades de reparación de vehículos con 225.886 afiliados, y los 167.314 de la industria manufacturera.

Europa se blinda ante los inmigrantes

La directiva europea sobre inmigración ilegal y las propuestas francesas sobre integración de extranjeros son muy inquietantes. Una vez más, se legisla desde la exageración de los datos y la mentalidad represiva

SAMI NAÏR
EL PAÍS - Opinión - 18-06-2008

La nueva directiva europea sobre inmigración ilegal, que propone unas normas comunes para la retención y expulsión de extranjeros sin papeles, se inscribe en la lógica de endurecimiento adoptada a partir del Consejo Europeo de Tampere, en 1999, y formalizada en el Programa de La Haya, en 2004. La directiva de 2005 sobre el retorno de extranjeros en situación irregular, ya muy severa, es hoy objeto de modificaciones sustanciales, siempre en el sentido de la restricción de las condiciones de entrada y del derecho de asilo. No en vano se han introducido cuatro disposiciones altamente simbólicas sobre el retorno voluntario, la retención, la readmisión y los menores.
La directiva pretende abrir la posibilidad de un retorno voluntario en un plazo de cuatro semanas. Pero la formulación es extremadamente ambigua: llama retorno voluntario a lo que en realidad es un retorno obligatorio. Así, el artículo 6, párrafo 2, sitúa al extranjero ante obligaciones permanentes, como, por ejemplo, las de tener que "presentarse regularmente ante las autoridades, depositar una garantía financiera, entregar documentos o residir en un lugar determinado". Al adoptar estas medidas tan restrictivas, los Estados aceptarán muy probablemente aumentar su participación en la financiación del retorno, lo que confirma su voluntad de obligar a los extranjeros a regresar a sus países de origen.

En cuanto a la duración de la retención, la UE creó hace ya unos 10 años la denominada política de "externalización", esto es, una serie de campos de internamiento prácticamente al margen del derecho. Ahora se trata de legislar la duración de la retención en el interior de la UE. Se fija en seis meses (artículo 14) el periodo de internamiento previo a la repatriación, aunque podrá ampliarse hasta los 18 meses. El proyecto inicial de la Comisión proponía una duración máxima de seis meses. Pero los Estados miembros, que aplican plazos de retención muy diferentes -que pueden ir desde los 32 días en Francia o los 42 en España hasta la detención ilimitada-, se han puesto de acuerdo en adoptar la media de... ¡18 meses!

Los partidarios del endurecimiento de las reglas presentan ese plazo como una victoria frente a los Estados más represivos, que practican la retención ilimitada. Pero ¿no implica también permitir a los más garantistas la posibilidad de pasar de 32 días a 18 meses? La armonización al alza del internamiento no puede ser un "avance", y menos aún cuando, en ausencia de una estrategia de gestión común de la demanda migratoria internacional hacia Europa, parece más que probable que, de aquí a algún tiempo, haya que aumentar de nuevo el plazo de retención.

Esta disposición viene acompañada de otro cerrojo a la readmisión en el territorio europeo del extranjero expulsado. A partir de ahora, éste no podrá presentarse en las fronteras de la Unión hasta pasados cinco años, o más, si ha sido clasificado como amenaza para la seguridad (artículo 9). En la práctica, se trata de la institución de un verdadero delito de inmigración. Berlusconi, siguiendo las propuestas de los ministros neofascistas de su Gobierno, ha llevado esta lógica de penalización hasta sus últimas consecuencias al introducir en el código penal italiano un "delito de inmigración clandestina", castigado con una pena de entre seis meses y cuatro años de prisión. Los responsables europeos dicen no aprobar tal decisión, pero ¿acaso no está implícita ya como posibilidad en la concepción de la inmigración ilegal como delito?

La tercera disposición concierne a los menores. Nadie ignora que éstos plantean un problema grave y que hay que legislar en la materia; prácticamente todos los países de la Unión deben hacer frente a esta nueva forma de inmigración. Lejos de nosotros la idea de arrojar la primera piedra contra la UE. Pero, ¿cómo reaccionar?

Dado que el derecho de los menores es uno de los más protegidos, no es posible equipararlo simple y llanamente con la lógica represiva que prevalece respecto a los adultos solicitantes de asilo. Ahora bien, el artículo 14 de la directiva establece que los Estados tendrán derecho a retener a los menores durante el mismo tiempo que a los adultos, aunque, añade, no será en "establecimientos penitenciarios ordinarios". Pero esos "lugares específicos" no se definen en ninguna parte. La directiva pretende respetar el principio del "interés superior del niño" remitiéndose a la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (1989). Pero, hay que recordarlo, la convención no prevé en lugar alguno la posibilidad de la detención de los niños a causa de la inmigración ilegal.

Por otra parte, en la directiva se perfila entre líneas una tendencia a la desjudicialización de los procedimientos de detención y expatriación extremadamente peligrosa. Así, el artículo 14, párrafo 2, postula que "las decisiones de internamiento temporal serán tomadas por las autoridades judiciales", pero precisa que "en caso de urgencia podrán ser tomadas por las autoridades administrativas (...)", para, a continuación, ser confirmadas por las autoridades judiciales en un plazo de 72 horas. Ahora bien, en la práctica, esta sustitución de la competencia de la autoridad judicial por la de la autoridad administrativa tenderá a sistematizarse e, inevitablemente, tendrá consecuencias nefastas en lo que al respeto de los derechos humanos se refiere.

Esta directiva viene acompañada por una ofensiva de la futura presidencia francesa de la UE destinada a hacer aún más difícil la integración de los inmigrantes. Nicolas Sarkozy pretende imponer el "contrato de integración" existente en Francia a la asamblea de socios europeos. Se trata de codificar unas reglas de asimilación de las normas y costumbres de los países de acogida que los candidatos a la inmigración tendrán que adoptar obligatoriamente. Evidentemente, eso deja la puerta abierta a una arbitrariedad aún mayor de los Estados en la lógica de selección que quieren poner en marcha para la acogida de extranjeros. La presidencia francesa también quiere conseguir que se admita el principio del rechazo a las regularizaciones "masivas", para evitar un "efecto llamada" que pudiera tener repercusiones en todos los países europeos.

Son propuestas muy problemáticas, pues aspiran a imponer un modelo identitario común (el "pacto sobre inmigración") a naciones cuya política es diferente a la francesa, y a controlar el derecho de cada país a decidir su propia política demográfica. En efecto, ¿qué significa "masivo"? ¿Por qué nadie precisa las cifras? ¿Y es que las naciones europeas ya no tienen derecho a incrementar su población cuando lo necesiten mediante las regularizaciones?

Los contenidos de esta directiva europea y el de las propuestas francesas son muy inquietantes. La necesidad de legislar sobre los refugiados solicitantes de asilo y sobre la inmigración ilegal es evidente, pero ¿siempre hay que hacerlo desde una perspectiva únicamente represiva y arbitraria? En cualquier caso, la inmigración continuará. Y la destrucción progresiva del derecho de asilo no solucionará nada.

Desde el Tratado de Maastricht, Europa ha entrado en un ciclo globalmente negativo sobre el asilo. La reducción progresiva de este derecho conduce a restricciones importantes. Uno de los escándalos más inmorales de los últimos años es el caso de los refugiados iraquíes. Desde la invasión de Irak, más de 2,4 millones de personas han abandonado ese país. Entre 2003 y 2007, alrededor de 100.000 iraquíes pidieron asilo político en Europa, de los cuales 40.000 lo hicieron entre 2006 y 2007. ¿Es mucho? Pues bien, Siria, cuyo PIB es mucho más bajo que el de la UE, ha acogido a 1,4 millones de iraquíes.

De hecho, la situación real de Europa y el resto del mundo en materia de acogida o rechazo de los solicitantes de asilo está marcada por una profunda desigualdad: Europa recibe un número de solicitudes de asilo relativamente bajo comparado con los millones de personas que emigran en el interior de África, Asia y las regiones fronterizas con Europa. No hay una "explosión" del número de refugiados propiamente dicha; hay sobre todo un endurecimiento continuo de las reglas de entrada que incrementa objetivamente el número de rechazos y, en consecuencia, el número de "expatriables" en las fronteras. Pero esto no impide a la Unión seguir endureciendo aún más su legislación.

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martes, 10 de junio de 2008

Debate sobre la inmigración: Cambio de escenario, ¿cambio de políticas?

Cambio de escenario, ¿cambio de políticas?


BLANCA SÁNCHEZ ALONSO
EL PAÍS - Opinión - 09-06-2008

Se veía venir. La creciente desaceleración del crecimiento de las economías receptoras de inmigración, con el consiguiente aumento del paro, explicaría por qué cambia su actitud ante los trabajadores extranjeros. No es tampoco ninguna sorpresa el que éstos sean uno de los grupos más afectados por el desempleo: por la temporalidad de sus contratos en muchos casos, por su excesiva concentración en sectores donde el empleo se está destruyendo más rápidamente, como la construcción, por su menor antigüedad en las empresas o simple y llanamente por reacciones xenófobas, conscientes o no, de los empleadores.
Lo que no es tan evidente es saber si ante el cambio de escenario se debe cambiar la política migratoria. Porque en las propuestas, discursos, declaraciones y noticias recientes se mezclan planos diferentes. Uno es el endurecimiento de la lucha contra la inmigración ilegal y de las condiciones de repatriación de los ilegales. Resulta sonrojante que esta cuestión se plantee ahora con más energía que nunca, pues ningún Gobierno europeo va a reconocer que ha sido más o menos tolerante con la inmigración ilegal en tiempos de bonanza económica, aunque ahora debe desplegar todo el poder del Estado para evitar la entrada irregular de trabajadores extranjeros. Lo que es ilegal ahora lo era igualmente hace 10 o 5 años, y tan ilegales son, y eran, las llegadas en cayucos como las entradas por los aeropuertos con visado de turista.

Muy diferente es el control de flujos migratorios legales, es decir, la adopción de políticas para cerrar aún más la puerta a la inmigración legal y ordenada. Ésta es una medida que entra dentro de las competencias de cualquier Gobierno, y es obvio que se va a plantear en breve tanto para los Estados individuales como a nivel de la Unión Europea.

El ciclo migratorio europeo de los años cincuenta y sesenta se cerró abruptamente cuando tras la crisis de 1973 todos los gobiernos de los países receptores (Alemania, Francia, Suiza, Bélgica) interrumpieron de la noche a la mañana la contratación y reclutamiento de trabajadores españoles, portugueses, yugoslavos, griegos y turcos. Hasta dónde se cerrará ahora la puerta plantea de nuevo la irresoluble cuestión de cuántos inmigrantes necesitamos, y está claro que muchos europeos, españoles entre ellos, piensan que ya tenemos demasiados.

Ahora bien, errarían aquellos que consideren que con una política más restrictiva a la entrada de inmigrantes cambiaría el escenario radicalmente. Porque una cosa es que se cierre el grifo de la entrada de trabajadores extranjeros y otra, muy diferente, que descienda el número de inmigrantes residiendo en nuestros países.

La experiencia histórica europea en los años de la crisis de los setenta muestra cómo disminuyeron las entradas de trabajadores extranjeros, pero siguió aumentando bastante el stock de población inmigrante residente, en particular en Francia y Alemania. Los Gobiernos europeos animaron a los trabajadores "invitados" a marcharse, pero siguieron autorizando la entrada de las familias de los inmigrantes ya asentados. La frase es bien conocida: "Necesitábamos trabajadores y vinieron personas"... y claro, las personas tenían familia, y bastante numerosas. La política de reunificación familiar, ahora y hace 30 años, fuerza el que haya que seguir planteándose distintos escenarios de empleo de extranjeros y, por supuesto, políticas de integración de inmigrantes.

Mucho más complejas y discutibles son las medidas de estímulo e incentivos al retorno voluntario de inmigrantes a sus países de origen. No sólo porque influye, como es lógico, la situación de los países de origen y los propios planes de los inmigrantes, entre los que pesan, y mucho, la apuesta de futuro para aquellos con hijos, sino porque ningún plan de retorno voluntario ha tenido los resultados esperados.

No hubo tal retorno masivo de emigrantes españoles en la Europa en los años setenta. Alemania y Francia lanzaron todo tipo de planes e iniciativas para estimular el regreso de inmigrantes tras la crisis de 1973 con resultados muy desiguales. En torno a 180.000 trabajadores turcos en Alemania a principios de los ochenta capitalizaron sus pensiones y volvieron a su país de origen; sólo 16.000 portugueses encontraron atractiva esa posibilidad. Peor suerte, corrieron los planes de pagos directos a los inmigrantes desempleados para que abandonaran el país con sus familias: la respuesta fue tan pobre que la mayoría de los países europeos los abandonaron a los pocos años. Además, dada la legislación actual, el retorno implica la imposibilidad de reemigrar, o al menos la muy costosa reemigración en términos administrativos y burocráticos. Por ello, dado que el viaje de vuelta genera enormes incertidumbres de poder regresar, es probable que haya un modesto porcentaje de inmigrantes que opten por volver a sus países de origen.

Las políticas migratorias no son nunca sencillas de diseñar, pero el panorama se complica mucho en un escenario de desaceleración económica y aumento del desempleo. Aparecerán, desgraciadamente, los que creen tener soluciones fáciles: que no vengan más y que se vayan los que están.