"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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miércoles, 17 de marzo de 2010

¿NEOLUDISMO?

Crisis (18): neoluddismo
Xavier Sala i Martín
La Vanguardia / 17-III-2010

Nottingham, Inglaterra, 11 de marzo de 1811. Son los albores de la revolución industrial y las empresas del textil están adoptando una nueva tecnología de tejido. Miles de artesanos entran en las fábricas y destruyen las nuevas tejedoras. Las manifestaciones se generalizan por todo el país en lo que se da en llamar "movimiento luddita" (llamado así porque aseguran estar liderados por un tal Ned Ludd a quien, todo sea dicho de paso, nadie ha visto jamás). El rey inglés, temiendo una revolución parecida a la que acabó guillotinando a sus aristocráticos colegas franceses, envía 35.000 soldados a Nottingham. Las batallas campales se saldan con cientos de trabajadores ejecutados o desterrados a Australia. El movimiento luddita desaparece trágicamente.

A raíz de la crisis económica actual, sin embargo, una especie de neoluddismo parece haber reaparecido con fuerza, pero no entre los ignorantes artesanos del siglo XIX que defendían sus puestos de trabajo, sino entre economistas serios del siglo XXI. Los intelectuales dicen que la modernización y el cambio tecnológico hacen que las máquinas produzcan lo que antes hacían los trabajadores y eso genera desempleo crónico. El luddismo del siglo XIX era comprensible porque defendía sus puestos de trabajo. El del siglo XXI carece de sentido porque se basa en una falacia económica.

Me explicaré con un ejemplo: imaginemos un país con 6 millones de trabajadores que sólo produce dos bienes, pan y tomate (resulta que a los ciudadanos les encanta comer las dos cosas juntas ya que han inventado el "pan con tomate"). Las empresas panaderas emplean a 3 millones de trabajadores, cada uno de los cuales produce una barra cada día. Las tomateras emplean a los otros 3 millones de trabajadores y cada uno produce un tomate diario. Total, cada día se producen 3 millones de panes y 3 millones de tomates. Hasta aquí todo es sencillo.

Imaginemos ahora que al sector pan llega una máquina que permite a cada trabajador producir no una sino dos barras al día. La productividad de los trabajadores se dobla y eso es fantástico, ¿no? Pues no: un catedrático neoluddita explica que, dado que el sector tomate no ha mejorado y seguirá produciendo sólo 3 millones de tomates al día y dado que, con la nueva tecnología, el sector pan puede producir los 3 millones de panes con la mitad de trabajadores, los empresarios despedirán a la mitad de sus empleados. Es decir, el progreso tecnológico habrá destruido 1,5 millones de puestos de trabajo y el paro subirá hasta el 25%. ¡La innovación es una tragedia!

Todo esto sería correcto si no fuera por el hecho de que es incorrecto. Y es que el catedrático debería saber que, en un mundo donde los ciudadanos se buscan la vida, aparecerán emprendedores que verán una buena oportunidad de negocio: si crean nuevas empresas de tomate que contraten a un millón de trabajadores y crean nuevas empresas de pan que contraten al medio millón restante, podrán producir y vender en total un millón adicional de unidades de pan con tomate y el paro desaparecerá. El progreso tecnológico, pues, no habrá generado desempleo sino que la producción (el PIB) habrá aumentado en un… ¡33%! Los neoludditas, pues, caen en la "falacia de la composición" que dice que lo que es verdad en un sector, también lo es para la economía en su conjunto. En realidad, aunque es cierto que el sector del pan pierde empleo en primera instancia, una vez producidos los ajustes, la macroeconomía no pierde empleo sino que gana riqueza.

Naturalmente, el ejemplo es muy sencillo y no refleja completamente la compleja realidad de nuestro país, pero si ustedes sustituyen la palabra pan por la palabra industria y la palabra tomate por la palabra servicios verán que eso es más o menos lo que ha pasado en nuestra economía en los últimos cien años: el progreso tecnológico en la industria ha hecho que el empleo en ese sector haya ido cayendo. Pero, a diferencia de lo que dicen los neoludditas, eso no ha provocado masivas tasas de paro, sino que los trabajadores se han ido recolocando en el sector servicios al tiempo que la riqueza del país aumentaba.

Todo esto es todavía más cierto si tenemos en cuenta que la mayor parte del progreso tecnológico no consiste en aumentar la productividad en sectores tradicionales, sino en crear nuevos productos que requieren trabajo: desde iPods hasta Nespressos pasando por Googles, Viagras o YouTubes. Ahora bien, el ejemplo demuestra que, incluso cuando el cambio tecnológico tiende a ahorrar mano de obra, se crea riqueza y el desempleo no aumenta. Aquí es donde ustedes se preguntan: si cuando hay desempleo, rápidamente aparecen empresas nuevas que crean puestos de trabajo, ¿por qué hay un 20% de paro en España? Pues porque en España esas empresas no aparecen rápidamente. Y no lo hacen porque existen muchas barreras prohibitivas, entre las que destacan el exceso de regulación, la rigidez de los convenios, una banca excesivamente obsesionada con el negocio hipotecario ignorando a los emprendedores y un sistema educativo que permite a los trabajadores adaptarse a los cambios impuestos por la innovación. Y todo eso no sólo hace que las tasas de paro sean altas, sino que hace que sean crónicas. Para arreglarlo hay que liberalizar esos mercados, facilitar la actividad empresarial y conseguir que los trabajadores sean más productivos. La productividad, pues, no sólo no es el problema que causa el paro, sino que es exactamente la solución… por más que digan los intelectuales del neoluddismo.
X. SALA I MARTÍN, Columbia University, Fundació Umbele y UPF

sábado, 22 de noviembre de 2008

El cluster de la innovación es planetario: estamos en la era de la open-innovation

Continente y contenido

JOSÉ EMILIO CERVERA, EL PAÍS, 13/11/2008

Estoy de acuerdo con la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, cuando señala que "estar a la altura de los tiempos en este inicio del siglo XXI nos exige, por contradictorio que parezca, hacer del cambio y la innovación nuestro más firme anclaje". También me parece oportuno que la senadora Carmen Alborch sea partidaria de "abordar la planificación estratégica de la ciudad de Valencia con criterios de innovación". Si la visión de la senadora en materia de estrategia territorial fuese tan feliz como la que tuvo hace veinte años, junto a Tomás Llorens, posibilitando el IVAM, los responsables públicos de la planificación urbana deberían valorar una eventual revisión del plan general de Valencia.

Quizás fuese también aconsejable revisar la asociación de una iniciativa inmobiliaria, como el cambio de uso de la ZAL del puerto de valencia, hacia conceptos pre-Internet, como el cluster,Cinc_VCL, de la forma que está presentada, puede asociarse al contenido del entrecomillado, o a cualquier otro término de moda utilizado, coyunturalmente, en el auténtico cluster del S.XXI, el mundo político. con el aderezo espumoso de "conocimiento, innovación y creatividad".

El Silicon Valley, la Massachusetts Route 128, Seattle o Cambridge, concentran innovación, no por la disponibilidad de suelo, sino por la existencia de actitudes empresariales promovidas por jóvenes sin aversión al riesgo, por la proliferación de empresas dispuestas a financiar iniciativas que entrañan riesgo, por disponer de un marco legislativo concursal y de defensa de la competencia conveniente, etc. Las empresas, no los territorios, son competitivos. El desafío para los gobiernos es cómo atraer a las empresas competitivas.

En un mundo globalizado, el cluster de la innovación es planetario. El concepto de cluster, tal y como lo presenta Cinc_VCL, pertenece a la era pre-Internet. Hoy en día con proveedores, clientes, competidores, nuevos productos y servicios apareciendo por doquier, el cluster es mundial. El talento no puede circunscribirse a un área concreta, estamos en la era de la open-innovation, tal y como nos muestran la experiencia empresarial (IBM,P&G, Boeing, etc.), el mundo académico (Henry Chesbrough, Gary Hamel, etc.) o el de la consultoría (Mckinsey, Deloitte, etc.). La Universidad Politécnica de Valencia patrocinó, en mayo pasado, un magnífico seminario sobre innovación abierta que evidenciaba esta tesis.

Cuando las grandes corporaciones compran innovación, mediante la adquisición de empresas de éxito tecnológico, las localizan en puntos variopintos de la geografía mundial, evidenciando, de paso, la decreciente importancia de las patentes. Rastrear las adquisiciones en los últimos años de Cisco, Oracle, Microsoft..., supone evidenciar que la innovación no precisa de un cluster identificable por Google Map. Ni Hewlett, ni Packard, ni Bill Gates necesitaron de desarrollos inmobiliarios para innovar, lo hicieron en los garajes de sus casas, y a su costa.

En Valencia serían muchos los que compartirían la dificultad de innovar en base, fundamentalmente, a un desarrollo inmobiliario y, esencialmente, a lo que nos circunda. La Ciudad de la Innovación perteneciente a la Universidad Politécnica, la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana, los programas del Impiva y de las organizaciones empresariales, etc. representan esfuerzos loables, pero limitados, encaminados a la promoción de la innovación.

Los valencianos deben visualizar la innovación para facilitar que la sociedad, en su conjunto, adopte actitudes innovadoras. Esta tesis ya fue expuesta en un anterior artículo, publicado en este diario, en mayo del pasado año. La competencia, además de ser conveniente para los consumidores, es uno de los más potentes aceleradores de la productividad. Mayor competencia implica mejor utilización de los recursos, estimula la innovación y el uso de la tecnología. Por todo ello, debe continuar el progreso de los procesos de liberalización de sectores económicos especialmente estratégicos como los servicios de red y retailing. Todo ello en espera de la transposición de la Directiva Europea sobre Servicios en el Mercado Interior.

El estigma de los procedimientos concursales se extiende con excesiva ferocidad e injusticia sobre empresarios que de buena fe han dirigido sus empresas y que, por causas diversas, se han visto obligados a solicitar una suspensión de pagos o ser declarados en quiebra. La instrumentación de campañas, promoviendo la ambición por la independencia profesional de los jóvenes a través de iniciativas empresariales, puede contribuir a un cambio cultural sin precedentes. La concentración de los múltiples fondos de inversión públicos les permitiría invertir desde postulados eminentemente empresariales y no regionales. Fomentar la propensión del alumno a trabajar en equipo, la capacidad de resolver problemas, el respeto por las opiniones de los otros, las habilidades cognitivas de índole práctica, la proclividad por el uso de las TIC..., son, en su conjunto, favorecedores de un clima innovador. La colaboración de las organizaciones empresariales con empresas referenciales será de enorme importancia para conocer los caminos de la excelencia y de las mejores prácticas.

Es posible que cambiemos contenedores por edificios inteligentes, pero también lo es que la innovación no acuda a la inauguración.

jecervera@jecervera.com.

José Emilio Cervera es economista.

domingo, 8 de junio de 2008

La revolución de los nuevos materiales

Las personas nos vemos inmersas en un universo fabricado a partir de materiales de naturaleza metálica, polimérica, cerámica y todas sus posibles combinaciones. Estos materiales sustentan nuestro presente bienestar y hacen factibles nuestro progreso futuro.
Han sido tan importantes los materiales en la vida del hombre que los historiadores han clasificado las primeras edades de la humanidad, según los materiales utilizados; así han surgido las edades de la Piedra, del Bronce y del Hierro.

Podemos afirmar que en los albores del siglo XXI nos encontramos al comienzo de una nueva etapa marcada por el devenir de los nuevos materiales.

No es difícil imaginar el impacto que la investigación en nuevos materiales va a tener en el próximo futuro en la sociedad actual. Toda nueva tecnología (desde el tren de alta velocidad a las pequeñas baterías de nuestros teléfonos móviles, pasando por los nuevos implantes quirúrgicos) necesita del desarrollo de un conjunto amplio de materiales con propiedades muy específicas. Sin el concurso de dichos materiales estas tecnologías no podrían ser operativas.

El Programa Nacional de Materiales del Plan Nacional de I+D+i 2004-2007 establece que los nuevos materiales constituyen un pilar básico para sustentar el desarrollo de nuevos productos y servicios que contribuyan de manera decisiva al incremento del bienestar de nuestra sociedad.

En nuestro país, los materiales representan más del 15% del PIB y el número de puestos de trabajo que genera supera el 20% de la población activa ocupada. Por tanto, el impacto económico, social y tecnológico que puede representar el desarrollo de nuevos materiales en nuestra sociedad es, sin duda, de gran magnitud.

La investigación y desarrollo de nuevos materiales constituye una actividad básicamente multidisciplinar que requiere el concurso de la Física, la Química y la Ingeniería y que en la actualidad ha adquirido unos niveles muy elevados de conocimiento tanto científico como tecnológico. Este hecho hace posible el diseño de materiales con composición y propiedades muy específicas que, en su caso, pudieran ser requeridos para el correcto desarrollo de las tecnologías emergentes (energía, comunicación, transporte, salud, medio ambiente, etc.). Estas tecnologías
modelarán el bienestar y progreso de los ciudadanos en las próximas décadas, al igual que ocurrió con los plásticos y semiconductores en los años cincuenta.

En el presente documento, un grupo de científicos del CSIC, que desarrolla su labor investigadora en este campo, ofrece una visión panorámica del estado del arte de I+D en nuevos materiales (cerámicos, metálicos, polimétricos, magnéticos), así como de sus aplicaciones más relevantes, tales como en nanotecnología, medicina, energía, medio ambiente y láseres de estado sólido. Finalmente, se ha elegido la radiación sincrotrón como técnica de caracterización de estos materiales.

La extensión necesariamente limitada de esta publicación ha obligado a realizar una selección de los posibles temas y contribuciones que podrían cubrir un tema tan amplio como el de los nuevos materiales. Esperamos que en un futuro cercano, un nuevo número de esta colección nos permita tratar con la suficiente extensión los materiales, aplicaciones y enfoques que aquí no ha sido posible.


FUENTE Y ENLACE AL DOCUMENTO:

http://www.csic.es/documentos/colecciones/divulgacion/materiales.pdf