"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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martes, 17 de agosto de 2010

Guía de estereotipos para 2012

Reino Unido adoctrina sobre el trato a los turistas según su nacionalidad con vistas a los Juegos Olímpicos

WALTER OPPENHEIMER - EL PAÍS,  15/08/2010

Los españoles gritan y gesticulan al hablar, pero eso no es señal de arrogancia. No le guiñes el ojo a un turista de Hong Kong. Evita el contacto físico si viene de la India... Puede parecer un catálogo de tópicos pero es una guía para que los londinenses no metan la pata durante los Juegos Olímpicos de 2012 y el Reino Unido mejore posiciones en la tabla que mide la calidad de la bienvenida que 50 países dan a sus visitantes.

España está bien colocada: cuarta, empatada con Nueva Zelanda y solo superada por Canadá, Italia y Australia. Pero los británicos están en la posición 14. VisitBritain, un organismo que trabaja en colaboración con el Gobierno y la industria para promover el turismo, quiere así "ayudar desde los hoteleros a los taxistas a proporcionar un servicio más eficiente y útil que tenga en cuenta las necesidades culturales" de los extranjeros. ¿Y qué mejor para ello que tener una idea más clara del visitante y alguna pista sobre lo que no hay que hacer?
¿Quién no ha visto sonreír a un turista japonés? Pero eso no significa necesariamente que el buen hombre esté feliz. "Los japoneses tienden a sonreír cuando están furiosos, avergonzados, tristes o decepcionados", advierte VisitBritain. Además, les puede parecer de mala educación que te dirijas a ellos con las manos en los bolsillos, que les mires a los ojos o que te suenes la nariz.

Si el turista viene de Hong Kong es mejor no guiñarle un ojo porque se considera grosero. Tampoco hay que señalarles con el dedo porque es como si te dirigieras a un animal: hay que hacerlo con la mano abierta. Los chinos de Hong Kong son muy supersticiosos y mencionarles la pobreza o la muerte les puede ofender. Tampoco es adecuado hablarles de pobreza a los mexicanos. Ni de inmigrantes sin papeles o de la guerra de 1845-46 que perdieron contra Estados Unidos y que les significó la entrega de Texas al vecino del norte. Con un brasileño es mejor no hablar de cosas personales como edad, salario o algo parecido a un elogio a Argentina.
A un árabe le molesta que le digan lo que tiene que hacer y le encanta que les demuestren un cierto conocimiento de su cultura: nunca le preguntes si quiere bacón con los huevos del desayuno ni le sirvas vino aunque esté incluido en el menú.
No le llames americano a un canadiense ni le des las gracias a un chino cuando te haga un cumplido: hay que demostrar humildad. "Los chinos son famosos por comunicarse diciendo las cosas sin decirlas. Tendrás que aprender a leer entre líneas. Usa solo blanco y negro en las presentaciones gráficas porque los colores tienen significados importantes en la cultura china", dice el texto.
Los españoles son de carácter fuerte, muy expresivos, habladores, directos y francos. "Tienden a hablar muy rápido y muy alto y el tono suena imperativo, aunque eso no significa que intenten mostrar superioridad o enfado", advierte el manual. Lamentablemente, aunque hablan mucho, solo uno de cada cuatro es capaz de mantener una conversación en inglés por lo que es muy conveniente que los folletos informativos estén traducidos al castellano. Sobre todo si hay versiones en italiano y japonés.

Los españoles, añade la guía, disfrutan comiendo y fuman como carreteros pero beben menos de lo que se podría esperar de un país que produce tanto vino. Les encanta contar chistes y reírse de sí mismos. Su ancestral machismo está declinando y España es hoy "una sociedad muy igualitaria".

Los portugueses, en cambio, se manejan bien en inglés y si algo les molesta es ser considerados una rama de España. Son nostálgicos, tolerantes, acostumbrados a enfrentarse a otras culturas y es difícil ofenderles. No son muy calurosos y expresivos "pero si te dan los buenos días es porque lo sienten de verdad". Para ellos las apariencias son importantes y les gusta vestir bien. Su sociedad está muy jerarquizada y respetan la autoridad, pero eso significa también que esperan que les traten con respeto.

A los franceses no les cuesta nada criticar pero hay que ser pacientes con ellos. También en la mesa: nunca hay que retirar el pan hasta el final y si piden agua no les traigas un vaso, sino una jarra. Ah, ¡y sin hielo ni limón!

No pierdas los nervios delante de un alemán porque es señal de debilidad; levántate cuando entra una persona mayor en la habitación; no grites; no pongas los pies encima del sofá o de la mesa; no masques chicle en público; no hables con las manos en los bolsillos y cuidado con el uso de los dedos: señalar con el pulgar hacia arriba en señal de aprobación es de mala educación y apuntar a tu propia sien con el índice es un insulto. ¿Y dónde no?

lunes, 11 de agosto de 2008

Sanidad de pago en EE UU

¿Por qué la salud es de pago en EE UU?

Grandes empresas médicas y farmacéuticas financian las campañas electorales en la gran potencia. Es lo que impide que se realice una reforma sustancial que universalice un sistema público de sanidad

POR VICENÇ NAVARRO

Fuente: EL PAÍS - Opinión - 06-08-2008

El proceso de las primarias de los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos que termina este agosto ha sido presentado por gran número de comentaristas que escriben en las páginas de opinión de medios de información españoles como un indicador de la vitalidad, madurez y calidad democrática de aquel país. Ni que decir tiene que tal proceso ofrece muchas enseñanzas positivas que explican que se haya convertido en un punto de referencia internacional. Varios partidos en España y en Europa han introducido prácticas de gobierno interno claramente inspiradas en las primarias de los partidos mayoritarios estadounidenses.

Ahora bien, en el análisis de aquella experiencia de Estados Unidos hay dos hechos que no reciben suficiente atención crítica. Uno es que el sistema electoral no es proporcional, sino mayoritario. Es decir, el número de escaños que se asignan a un partido no es proporcional al número de votos que recibe. El sistema electoral favorece el bipartidismo, el cual requiere unas primarias que permitan conocer la fuerza de las distintas sensibilidades existentes en cada partido. En un sistema proporcional, tales sensibilidades probablemente serían partidos políticos.

El otro hecho que merece subrayarse y que disminuye la calidad democrática de las primarias (y de cualquier proceso electoral en Estados Unidos) es la financiación primordialmente privada del proceso. Los candidatos requieren grandes cantidades de dinero para tener acceso a los medios de información, de los cuales los medios televisivos son los más importantes. Las televisiones, todas ellas privadas, venden su espacio al mejor postor, sin límites y sin estar sujetas a ningún tipo de regulación en cuanto al contenido, al espacio o al tiempo de exposición.

Así, antes de comenzar la campaña de las primarias del Partido Demócrata, los dos candidatos más importantes, Barack Obama y Hillary Clinton, tenían ya recogidos más de 100 millones de dólares que provenían en gran parte de empresas financieras (como la banca y las compañías de seguros), empresas comerciales (como cadenas de supermercados), empresas manufactureras (como la industria farmacéutica), asociaciones profesionales (como la Asociación Médica Americana) y otros intereses económicos y profesionales (conocidos todos ellos en el lenguaje popular como componentes de lo que se llama en Estados Unidos la Corporate Class). Tales fondos proceden también de aportaciones de personas que pertenecen sobre todo al 40% de renta superior del país. Esta privatización en la financiación del sistema electoral discrimina a aquellos candidatos -en su mayoría voces críticas del sistema económico y político, con sensibilidad de izquierdas o centro-izquierda, tales como Kucinich y Edwards- que no pudieron conseguir fondos de la Corporate Class, y por lo tanto tienen muchas menos posibilidades de acceder al público.

Esta privatización del sistema electoral tiene enormes repercusiones en la configuración de las políticas públicas de los candidatos, incluidas las políticas que configuran el escasamente desarrollado Estado de bienestar. Un ejemplo de ello es la sanidad. El hecho de que los candidatos más importantes en las primarias de ambos partidos recibieran fondos de las compañías de seguros sanitarios privados (525.188 dólares Hillary Clinton, 414.863 Barack Obama y 274.729 John McCain), explica que ninguno de ellos haya propuesto una financiación pública del sistema sanitario que se caracteriza por una financiación privada gestionada por tales compañías de seguros. El aseguramiento privado es la forma más común de financiación de la atención sanitaria y se realiza bien mediante las aportaciones de los empleadores y de los empleados de las empresas a las compañías de seguros (que contratan la provisión de servicios con las instituciones sanitarias mayoritariamente privadas) o bien individualmente, siendo en este último caso difícil conseguir tal aseguramiento cuando la persona tiene una enfermedad crónica. El Gobierno Federal financia el aseguramiento sanitario de los ancianos, cubriendo cerca del 50% de sus gastos sanitarios.

Tal sistema es enormemente costoso. Estados Unidos se gasta un 16% del PIB en sanidad, calculándose que alcanzará el 20% en 10 años. Como contraste, España se gasta el 5,8% del PIB en sanidad pública, ofreciendo cobertura sanitaria completa a todos sus ciudadanos, y garantizando el derecho humano de tener acceso a los servicios sanitarios en tiempo de necesidad, un derecho no existente en aquel país.

Cuarenta y siete millones de habitantes no tienen ninguna cobertura sanitaria y no son suficientemente pobres para beneficiarse del programa federal Medicaid, un programa para personas pobres que es financiado conjuntamente con los Estados, y que atiende a menos del 20% de la población que se llama "indigente médica" (es decir, que no pueden pagar sus facturas médicas), porcentaje que varía de Estado a Estado, pues son los Estados los que definen el nivel de indigencia médica. Según el doctor David Himmelstein, profesor de Health Policy de la Universidad de Harvard, más de 100.000 personas mueren al año por no poder tener acceso a los servicios sanitarios por causas económicas. Esta dificultad para pagar las pólizas de seguros, copagos y facturas médicas es un problema generalizado y alcanza dimensiones de gran dramatismo humano: el 48% de las personas con una enfermedad terminal expresó en una encuesta reciente que estaba preocupado de cómo ellas o sus familiares pagarían sus facturas médicas. La imposibilidad de pagar las facturas médicas es la primera causa de bancarrota de las familias estadounidenses.

No hay duda de que Estados Unidos tiene excelentes centros médicos y la calidad del personal sanitario es elevada. Pero la inseguridad que crea en la población tal sistema de aseguramiento y financiación privada, su gran carestía y su enorme ineficiencia (el 28% del gasto sanitario total lo absorbe la Administración del sistema) es la causa del gran descontento de la población hacia la organización y financiación del sistema sanitario. El 69% de la población está insatisfecha con la financiación de la atención sanitaria (la población estadounidense es la población de la OCDE que está más descontenta con su sistema sanitario), lo cual explica que la reforma sanitaria se haya convertido en uno de los temas más importantes en las campañas de las primarias y presidenciales (para mayor detalle de las propuestas de los candidatos, ver www.vnavarro.org, sección Estados Unidos).

En respuesta a esta insatisfacción, los candidatos están proponiendo políticas públicas que respondan a esta demanda de cambio. En realidad, el 62% de la población desea que el Gobierno Federal garantice el derecho de acceso a los servicios sanitarios a través de una financiación pública, tal como existe en la gran mayoría de países de la UE-15. Pero ninguno de los candidatos está haciendo propuestas que permitan alcanzar tal deseo. Y ello se debe a la enorme influencia que los grupos económicos, financieros y profesionales que dominan el sector tienen en la vida política, como consecuencia de la privatización del sistema electoral. Una influencia de la que la mayoría de la población es consciente y que explica la animadversión que gran parte de la población tiene hacia la clase política (un 74% de la población señala que el Congreso de Estados Unidos no representa sus intereses).

De ahí que todos los candidatos, Obama, Clinton e incluso McCain, se tuvieran que presentar durante las primarias como anti Washington (el centro de la clase política) y anti Corporate Class, siendo Barack Obama el que más se ha beneficiado de este sentimiento popular al haber estado en Washington sólo un par de años y haber expresado su oposición a la intervención en Irak cuando Washington apoyó tal medida. Ahora bien, es altamente improbable que en caso de salir presidente (hecho que favorezco), universalice el derecho de acceso a la sanidad por parte de la población, tal como en la práctica ocurre en España y en la mayoría de países de la UE-15. En realidad, una reforma sustancial de la sanidad y de otros servicios del Estado de bienestar estadounidense no tendrá lugar a no ser que haya un cambio muy profundo del sistema electoral.

viernes, 27 de junio de 2008

De la relevancia del trabajo a la relevancia del ocio

Importancia del ocio

LA VANGUARDIA, 27 de junio de 2008

Tal parece que en las sociedades avanzadas hemos pasado de la relevancia del trabajo a la relevancia del ocio. Si hacemos caso omiso de que para disfrutar de tiempo libre es necesario disponer de un peculio diario suficiente, viene a resultar que la gente concede mayor importancia a cómo se divierte que a cómo obtiene el dinero necesario para hacerlo.
Un estilo de vida en el que cobra creciente importancia el salir de fin de semana, ir de vacaciones, practicar o presenciar deportes, hacer turismo de largo alcance. En consonancia, se desprecian empleos en los que hay que trabajar en sábado o domingo, y se valora cada vez más el poder jubilarse anticipadamente. Fue en el lejano 1964 cuando Joffre Dumazedier publicó en Francia un estudio premonitorio, Hacia una civilización del ocio. Ahora cabe decir que la meta ha sido alcanzada.

¿La clase trabajadora es más feliz actualmente que cuando trabajaba diez horas al día, seis días por semana? Objetivamente, sí; mucho más feliz, más libre. Y la población en su conjunto, ¿también lo es? Según las estadísticas sobre la salud cabría deducir que no, dado el elevado consumo de antidepresivos. Quizá
las expectativas de ocio dibujan un goce ideal difícil de alcanzar, o quizá la dura realidad desmonta el supuesto de que las personas, los trabajadores, prefieren menos dinero y más ocio. Aunque, ¿qué clase de ocio? Existen diversiones baratas, pero viene a resultar que por lo común se aspira a las caras.

Digresiones al margen, se comprueba que la cultura del ocio está creando más empleo y más riqueza que algunas industrias tradicionales. En nuestro país,
el turismo ha adquirido tal magnitud para la economía que cualquier quebranto resultaría catastrófico. Así pues, sensatamente, a la clásica oferta de sol y playa se le ha agregado la de un turismo alternativo que abarca desde la aventura a lo campestre o lo artístico.

Los sectores por explotar son diversos y su característica más relevante no es la del precio módico. De lo cual se deduce que la civilización del ocio, más allá de pretender una satisfacción para el individuo, persigue la ganancia mercantil.

Así pues, si alguien se siente frustrado ante las maravillosas ofertas a las que su bolsillo no le permite acceder, que cierre los ojos y se tape los oídos. Tal vez así pueda pensar por sí mismo y elegir su personal tipo de ocio.

E. SOLÉ, sociólogo y escritora

martes, 11 de marzo de 2008

100 Ideas para mejorar el país

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/ideas/mejorar/Espana/elpepusoceps/20080309elpepspor_8/Tes/



Quino Petit, Guillermo Abril y Cristóbal Ramírez

EL PAIS SEMANAL - 09-03-2008

1. Resistir

No es posible luchar en contra de las eficaces fuerzas del poder, y, vistas así las cosas, existe tal vez sólo una actitud: enrocarse y conversar con los amigos, leer y escribir, enseñar y estudiar en uno de los países más incultos de la Tierra, y resistir: una resistencia que tiene una verdadera dimensión política. A la pregunta de si la inteligencia debe ser discreta y mantenerse en la sombra, yo respondería sin dudar que la inteligencia no puede hacer otra cosa.

Enrique Vila-Matas. Escritor. 59 años. Barcelona.

2. Gran red de guarderías

Elegiría una iniciativa con valor de piedra angular, en torno a la cual se pueda construir casi todo. Una gran red de guarderías públicas. La mejor de Europa. Bien dotadas en todos los sentidos. Sin ese primer peldaño, no es fácil llegar muy alto.

Iñaki Gabilondo. Presentador del informativo ‘Noticias Cuatro’ de las nueve de la noche. 65 años. San Sebastián.

3. Reformular el turismo

Apoyo institucional a las pequeñas empresas para adaptarse a los nuevos tiempos.

María José Gutiérrez. Directora de hotel y socia de TIC Group (proyectos vinculados

a hoteles, turismo, ocio y sector Real Estate). 42 años. Sierra Nevada (Granada).

4. Inspección contractual

Más control de las administraciones y más inspecciones para evitar los contratos basura. Algunos son simples pactos verbales, sin ninguna legalidad ni alta en la Seguridad Social. Manuela Basallote. “Pluriempleada agotada”. 40 años. Conil de la Frontera (Cádiz).

5. Alquileres de renta baja

Acabar con los albergues y comedores para las personas sin hogar. Son cosa del pasado y con ellos no se ataja el problema. El Gobierno tendría que ponerse manos a la obra e impulsar los pisos en régimen de alquiler con rentas bajas.

Francisco Espada Moreno. Persona sin hogar. 63 años. Madrid.

6. Más cerca de las personas

Promover la participación ciudadana. Creo en el poder de transformación de la sociedad y su determinación para erradicar la pobreza. Me gustaría convivir con una sociedad que estuviera cada vez más cerca de las personas. María Teresa Toscazo Santana.

Voluntaria de Cruz Roja a pie de playa. 59 años. Las Palmas de Gran Canaria.

7. Educación diez

Apostar por una educación diez, por el carácter público del ciclo de cero a tres años, ya que toda la etapa de la educación infantil tiene gran trascendencia en la formación de la futura personalidad de los niños.

María Díez Viñuela. Directora de la escuela de educación infantil La Pixuetina. 47 años. Cudillero (Asturias).

8. Buscar al otro

Acercarnos más a nosotros mismos. Sin restar importancia a ninguna de las identidades nacionales, creo que la vía de la diferenciación lingüística es un paso atrás. Nos aleja, en lugar de acercarnos hacia el objetivo común. Como en alta mar.

José María Arrojo. Marino mercante. 55 años. A Coruña.

9. Agilizar la burocracia

Que la Administración pública reduzca el nivel de burocracia y la agilice. En el campo concreto de la investigación consume una parte desorbitada de las energías y el tiempo de los investigadores.

María Ángeles Durán. Socióloga y profesora de investigación del CSIC. 64 años. Madrid.

10. Jueces que sólo juzgan

Señores jueces, abandonen la política y dedíquense en exclusiva a la administración de la justicia. Dejen de servir a los intereses de un partido político. Eso es lo que estamos viendo en el CGPJ.

El Gran Wyoming. Presentador de ‘El intermedio’, en la Sexta. 52 años. Madrid.

11. Por la independencia

Que los jóvenes no seamos tan sumisos y se den más a conocer los sistemas como el que yo he utilizado para marcharme de casa. Comparto piso desde hace dos años con una señora mayor y no pago más que los gastos de luz y agua a cambio de ofrecerle cuidados y mi compañía.

Mercedes Villegas. Estudiante de la Universidad de Cantabria. 21 años.

12. Aumentar las plazas en las guarderías públicas

Cada vez más parejas, jóvenes y mileuristas, tienen hijos, y creo que no hay suficientes plazas para todos en las guarderías públicas. En mi caso, como mi mujer no trabaja, ni la he solicitado, porque creo que eso quita puntos a la hora de optar a una plaza. Pero cuéntales a los mileuristas a ver cómo se las apañan con los niños y el trabajo.

César Villarejo. Albañil. 31 años. Toledo.

13. Encontrar la cultura

Primero llegó el dinero, y algunos dicen que la cultura llegó después. Me pregunto si la cultura llegó o si está en camino, o detenida en el interior de un tren de largo recorrido abandonado. La arrogancia se me hace cada vez más insoportable. Ya no puedo más de mediadores, conseguidores, mandatarios y comisionistas, hundidos para siempre en un lodazal hasta la cintura, agitando los brazos como aspas de molino, tratando de encontrar sitio entre barros encharcados, y que representan lo que ellos llaman “modernidad”. Yo diría también la “seudovanguardia” aparentemente novedosa, pero sin jugo. Inexistente.

Eduardo Arroyo. Pintor. 70 años. Madrid.

14. Control de convenios

Poner en marcha mecanismos legales reales para que se cumplan todos los convenios que se firman en este país en materia laboral. Algunos pierden su efectividad en el momento en que una de las partes decide unilateralmente no cumplirlos.

José Antonio Oliva Gómez. Trabajador de Astilleros de San Fernando (Cádiz). 39 años.

15. Pueblos solidarios

Más solidaridad entre los pueblos españoles. La sanidad, las comunicaciones y las nuevas tecnologías deberían llegar también a las comarcas menos pobladas, convertidas en parques naturales para el disfrute de todos.

Francisco Maroto. Alcalde de Campillo de Ranas (Guadalajara). 42 años.

16. Medios para la psiquiatría

Destinar más medios económicos a la creación de dispositivos de rehabilitación psiquiátrica dirigidos a pacientes con trastornos mentales graves. El reconocimiento pleno de los psicólogos como profesionales de la salud no puede demorarse más tiempo.

Doctor Enrique García Bernardo. Jefe del servicio de psiquiatría del hospital ¬Gregorio Marañón. 51 años. Madrid.

17. Nuevo Instituto Nacional

Creación de un Instituto Nacional para la investigación biológica, médica y de la salud de la población, que estudie las enfermedades.

Mireia Fonolleda. Becaria Erasmus en París. 22 años. Matadepera (Barcelona).

18. Vecinos, a pesar de todo

Entender que en este país el vecino puede tener ideas muy distintas de las nuestras, pero seguimos siendo vecinos.

Alejandro Amenábar. Director de cine. 35 años. Madrid.

19. Dar señorío

“Dar es señorío, y recibir, servidumbre”. La generosidad debería superar al egoísmo, y la humildad, a la ambición.

Almudena de Arteaga. Escritora y marquesa de Cea. 40 años. Madrid.

20. Más inversión en sanidad

Ofrecer mejores salarios a los profesionales sanitarios y renovar las infraestructuras.

Antoni Trilla. Médico especialista en medicina preventiva. 51 años. Barcelona.

21. Construir civismo

Mejor uso de lo público y educación ambiental para un civismo aún en construcción.

Antía Gándara Hermida. Trabaja en una consultora y no llega a ‘mileurista’. 24 años. Vigo.

22. Reactivar la sociedad civil

Que la sociedad civil juegue un papel activo para acabar siendo, como pedía Tocqueville, “fundamento de la democracia vital”.

Antonio Garrigues Walker. Abogado, presidente de Garrigues. 74 años. Madrid.

23. Impulso a la productividad

Mejorar la baja cualificación media de los trabajadores, que no favorece la productividad.

Ariadna Toledo Fernández. Gerente de una empresa constructora. 26 años. Gerona.

24. ‘Materia prima’ nacional

Que los clubes miren más para los jugadores de casa y les permitan demostrar su valía.

Cesc Fàbregas. Futbolista del Arsenal. 20 años. Arenys de Mar (Barcelona).

25. Derechos para autónomos

Los autónomos somos los grandes abandonados. Lo más urgente es el derecho al paro.

Carmen Gil Julve. Propietaria de una peluquería. 51 años. Zaragoza.

26. Reformar la Ley Electoral

Reformar la Ley Electoral por nosotros, los electores. Quizá se frenara el bipartidismo.

Francisco Casavella. Escritor. 44 años. Barcelona.

27. Cumplimiento de plazos

La Ley de Dependencia marca unos plazos para que las administraciones presenten un plan de implantación de seis meses, y los derechos podrán ser ejercidos a partir del 31 de diciembre de 2009 en el ámbito de la Administración General del Estado, las comunidades autónomas y en las entidades. Esto debe llegar con prioridad a los servicios sociales de la Administración pública.

Ana Isabel Lima Fernández. Presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales

de Diplomados en Trabajo Social y Asistentes Sociales. 39 años. Madrid.

28. Enseñanzas arábigas

En la España posamnésica que deseo y vislumbro se enseñarán en la escuela los rudimentos del árabe. ¡Albricias!

Ian Gibson. Escritor. 68 años. Irlandés afincado en Madrid.

29. Reforma educativa

Reformar la enseñanza; que la formación se enfoque hacia la construcción de personas y no hacia la memorización de datos.

Elena Medel. Poetisa, disfruta de una beca de creación en el CSIC. 22 años. Córdoba.

30. Pactar entre humanos

Recuperar aquel ideal democrático que afirma que no existen esencias ni verdades absolutas, sino que, entre humanos, todo es susceptible de pacto.

Txomin Badiola. Artista. 50 años. Bilbao.

31. Compromiso comercial

Alcanzar un compromiso de los centros comerciales en reducir el impacto medioambiental de la actividad comercial, fomentando los proyectos de sostenibilidad medioambiental, priorizando la previsión del impacto ambiental a la hora de diseñar y desarrollar cualquier centro comercial.

Eva Marín. Directora del centro comercial Parquesur (Leganés). 40 años. Madrid.

32. Mirar al campo

Las soluciones al sector agropecuario pasan por regular los precios excesivos que paga el consumidor y exigir a las importaciones los mismos controles de los productores españoles.

Carmen Collado Bravo. Ganadera. 48 años. Cáceres.

33. Dignificar la política

Una gran campaña de pedagogía política para desarrollar la inteligencia social. Que los políticos se comprometan a dignificar la política.

José Antonio Marina. Filósofo. 68 años. Madrid.

34. Prostitución y derechos

Que nadie sea discriminado por ejercer la prostitución. Necesitamos derechos (laborales y sociales) para adquirir la plena ciudadanía.

Carolina Hernández. Trabajadora del sexo y miembro de Hetaira. 32 años. Madrid.

35. Recuperar las calles

Recuperar las calles para la participación social, para el encuentro y para la fiesta.

Javier Baeza. Párroco de San Carlos Borromeo, la ‘iglesia roja’ de Entrevías (Madrid). 40 años.

36. A por la ‘res’ pública

Implicación ciudadana en la cosa pública. Romper la dinámica que mantiene abiertas agendas que interesan a unos pocos.

Eva Levy. Presidenta de la Federación de ¬Mujeres Directivas y Empresarias. 57 años.

Nació en Tánger y vive en Madrid.

37. Intercambiar la cultura

Viajar, conocernos, intercambiar cultura.

Jesús Calleja. Aventurero, presenta el programa ‘Desafío extremo’ en Cuatro. 42 años.

38. Razones humanitarias

Que la justificación humanitaria sea lo que determine la cooperación internacional.

Inmaculada García. Médico valenciana, cooperante en Ecuador. 42 años.

39. Más animados

Regular la emisión que las televisiones dan a las producciones españolas de animación.

José Pozo, dibujante de Filmax y director de Donkey Xote. 40 años. Lleida.

40. Demoler las barreras

Ciudades sin barreras arquitectónicas, en las que pueda cruzar la calle sin problemas.

Eva Iglesias. Invidente y consejera

territorial de la ONCE en Extremadura.

52 años. Badajoz. Utilizará por primera vez el voto accesible, con papeletas escritas en braille.

41. No a la ley D’Hondt

Que deje de existir la ley D’Hondt, que beneficia a los partidos mayoritarios.

Miguel Jiménez. Taxista. 42 años. Valladolid.

42. Inspectores de trabajo

Más inspectores de trabajo, con más libertad para controlar los abusos.

María José Jaramillo. Conductora de ¬autobús. 34 años. Salamanca.

43. En busca de un nuevo hombre

Un nuevo hombre que se esfuerza en lograr una igualdad real entre los dos sexos. Una igualdad completa, generosa y cómplice. Algún día abundarán hombres que pidan medias jornadas para conciliar vida laboral y familiar, mientras ella dirige una multinacional o tiene un cargo político.

Manuel Buendía Bercedo. Miembro de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE). 44 años. Santander.

44. Salvamento cultural

Que el próximo presidente del Gobierno se implique activamente poniendo en marcha un plan de trabajo para salvar el cine, la música y la cultura en general.

Fabrice Benoit. Director general de Universal Music Spain. 42 años. Francés afincado en Madrid.

45. Erradicar la transfobia

Como mujer transexual, garantizaría la plena aplicación de la Ley de Identidad de Género, incluso en municipios pequeños, y una educación para erradicar la transfobia.

Carolina del Pozo. Miembro del Grupo de Identidad de Género del Col•lectiu Lambda.

37 años. Ostenta doble nacionalidad, brasileña y española, y vive enValencia.

46. Formación continua

“Obligar” a las empresas a que la formación continua sea para todo el personal (si reciben subvenciones, que las reciben, pues que se controle quiénes reciben esa formación).

Javier Gómez. Desempleado afiliado a Lan Ekintza, de Bilbao. 47 años.

47. Equiparación salarial

Equiparar los salarios de los médicos en España con los del resto de Europa. Se evitaría el éxodo de profesionales adecuadamente formados e impulsaría una sanidad pública de calidad frente a los seguros privados.

Helia Díez. Médico forense. 26 años. Madrid.

48. Educación alimentaria

Conseguir que la educación de la alimentación entre en las escuelas. La relación salud-economía-alimentación cada vez va a ser más potente y transversal. Comer bien y saber qué comemos ha de convertirse en una asignatura obligatoria.

Ferran Adrià. Cocinero. 45 años. Hospitalet de Llobregat.

49. Fomento del empleo

Crear más trabajo para la gente española y para los extranjeros que están aquí para tener una vida mejor. Nosotros no quitamos el trabajo a nadie, hacemos el trabajo que los españoles no quieren hacer.

Keltoum El Machti. Camarera y ¬trabajadora de servicio doméstico. 39 años.

Tiene doble nacionalidad, es de Marruecos y lleva más de 10 años viviendo en España.

50. Evaluación de inversiones

Evaluar todas las inversiones públicas (antes de llevarse a cabo) con criterios de rentabilidad social y económica, incluyendo en la evaluación los gastos de operación de las inversiones consideradas, así como fomentar la exportación de bienes y servicios.

Roque Gistau. Presidente de Expo Zaragoza 2008. 61 años. Huesca.

51. Control del mercado

Aumentar el control del mercado mediante un incremento de los inspectores y sus medios técnicos. Endurecimiento de las sanciones, apoyo a las asociaciones de consumidores que realmente intervienen en el mercado e intensificación de las acciones coordinadas entre el ministerio competente en materia de consumo y el resto de administraciones.

Francisco Sánchez Legrán. Presidente de FACUA-Consumidores en Acción. 59 años. Sevilla.

52. Salvar el mar

Detener la destrucción del mar y recuperar sus hábitats. Cambiar la política pesquera destructiva y crear áreas marinas protegidas, eliminar las artes de pesca destructivas, perseguir la pesca ilegal con decisión.

Juan Carlos del Olmo. Secretario general de WWF/Adena. 41 años. Madrid.

53. Más docentes

Aumentar las plazas docentes en los centros educativos en función de los alumnos inmigrantes que requiriesen atención especial.

Pilar. Funcionaria del centro penitenciario de Pamplona. 43 años.

54. Competitividad protegida

Por un lado, nuestro cine ha de ser competitivo. Pero, por otro, nuestras películas merecen ser protegidas ante un mercado hostil, sobre todo en la distribución y exhibición.

Nacho Vigalondo. Director de cine. 30 años. Cabezón de la Sal (Cantabria).

55. Retomar la escuela

Convertirla en un lugar del que profesores y alumnos se sientan orgullosos, donde se aprenda el respeto a las personas y al conocimiento. Una escuela que, como soñaba Walter Benjamin, no sea el espacio de dominio de una generación sobre otra, sino el espacio de relación de dos generaciones.

Juan Mayorga. Dramaturgo. 42 años. Madrid.

56. Estado aconfesional

Que España sea de verdad un Estado aconfesional. Que el Estado no subvencione ni beneficie a ninguna institución religiosa de ningún tipo.

Nuria Roca. Presentadora de ‘Tienes talento’ en Cuatro. 35 años. Valencia.

57. Saber bailar

Que saber bailar sea condición para que un político vaya en las listas electorales. Quizá así se respetarían más los proyectos artísticos y se evitaría que los bailarines con talento tuvieran que irse al extranjero.

José Martínez. Bailarín. 38 años. Nació en Cartagena y vive en París.

58. Vacuna subvencionada

Vacunación masiva contra el cáncer de cuello uterino a la población diana (niñas que aún no han iniciado su actividad sexual), con la financiación por parte del Estado.

Cristina Pages García. Médico especialista en obstetricia y ginecología. 34 años. Toledo.

59. Hipotecas a la baja

Reformar la Ley Hipotecaria. Aunque siempre nos queda el consuelo de creer que nuestro piso se ha revalorizado, para ello nos tendremos que olvidar de los intereses que pagamos en los 35 años de hipoteca.

José Javier Molina Rodríguez. Administrativo. 28 años. Murcia.

60. España 100% renovable

Las tecnologías actuales ya hacen posible la revolución energética renovable, pero además la tendencia es que estas tecnologías mejoren su eficiencia rápidamente. Dejar atrás las nucleares y los combustibles fósiles no sólo es necesario. Es posible, y España debe convertirse en líder mundial.

Juan López de Uralde. Director de Greenpeace. 44 años. Donosti.

61. Música en las escuelas

Que no desaparezca la asignatura de Música ni el solfeo. Fomentar la música clásica.

Mariola Cantarero. Soprano. 30 años. Granada.

62. Igualar las bajas

Igualar las bajas por paternidad y maternidad. Ellos no tendrían que suplicar permisos, ni ellas elegir entre sentirse madres o profesionales.

Andrés Neuman. Escritor. 31 años. Nació en Argentina y tiene nacionalidad española. Vive en Granada.

63. Construir más

No discutir, construir más. Formación para que todos seamos, como mínimo, bilingües.

Meritxell Morera. Directora de Sabatica, portal de Internet. 35 años. Barcelona.

64. Uso responsable de la Red

Educar para un uso responsable de Internet. Armonización de legislaciones para los delitos.

Enrique Rodríguez. Inspector jefe de la Brigada de Delitos Tecnológicos. 56 años. Madrid.

65. Becarios con dignidad

Regular las empresas con el fin de no tener a una persona solapando beca tras beca.

Paz Peraita Sanz. Becaria en Lima (Perú) de la Cámara de Comercio Exterior de Madrid. 27 años.

66. En la piel de los demás

Ponernos en la piel de los demás. Desde algo tan cotidiano como ceder el paso hasta reconocer cuándo nos equivocamos.

Ángel Molina. ‘Dj’. 38 años. Barcelona.

67. Sueldos médicos

Invertir las bajas laborales en pagar a más médicos y eliminar las listas de espera.

olga carou barreiro. Mariscadora de Vilagarcía de Arousa (Pontevedra). 56 años.

68. Científicos sin estorbos

Remover los estorbos legales a la implicación de los científicos en la industria.

Vicente Rodríguez Carro. Empresario informático. 64 años. Granada. Premio Em¬¬prendedor XXI del Ministerio de Industria.

69. Derechos laborales

Reconocer a las trabajadoras de hogar los mismos derechos laborales y de Seguridad Social que al resto.

Pilar Gil Pascual. Ex empleada del servicio doméstico. 65 años. Bizkaia.

70. Reinventar España

Reinventar este país de un modo sensato.

Rafael Beneyto. Director de Ayuda en Acción. 59 años. Madrid.

71. Justicia a tiempo y sin demoras

Lograr que la justicia funcione a tiempo y sin demoras. Modificar la ley para que ningún partido político pueda bloquear la renovación de instituciones como el TC y el CGPJ.

Montserrat Comas. Vocal del CGPJ y presidenta del Observatorio Contra la Violencia

de Género. 54 años. Barcelona.

72. Vigilar a los grandes

Por mucho que nosotros reciclemos, también hay que controlar en serio a los grandes poderes económicos y a las industrias para que dejen de contaminar el agua y el aire.

Josefa Sanz. Taquillera del metro de Madrid. 39 años.

73. Asistencia primaria

Creación de más centros de asistencia primaria y algún proyecto para informar a los pacientes de cuándo se debe acudir a urgencias.

Isabel García Martín. Médico interno ¬residente (MIR) de primer año en el hospital de Bellvitge de L’Hospitalet de Llobregat ¬(Barcelona). 26 años.

74. Contra la pobreza infantil

Implicarnos para erradicar la pobreza infantil que aún persiste en España y en el resto del mundo, y que los Gobiernos desarrollen medidas que permitan la inclusión social de todos los niños y las niñas, especialmente de los inmigrantes.

la Mari. Cantante del grupo Chambao. 33 años. Málaga.

75. Tecnología nuclear

Aprovechar las ventajas de la tecnología nuclear, apostar por su potencial desarrollo y por el de otras energías no emisoras de CO2.

Eduardo González Gómez. Presidente ¬¬¬¬¬¬del Foro de la Industria Nuclear Española. 59 años. Madrid.

76. Educación de futuro

Los niños son el futuro de un país. Necesitamos mejorar la tasa de fracaso escolar, el posicionamiento de nuestras universidades en el mundo. Propongo introducir competencia entre los centros públicos, como incentivo para mejorar su calidad.

Fernando Clúa. Analista de inversiones. 27 años. Madrid.

77. Cuidados especiales para personas vulnerables

Desarrollar un sistema de atención para personas vulnerables: enfermos crónicos evolutivos, ancianos con pluripatología y dependencia, enfermos terminales y sus familias, y que haya sistemas integrales de atención para responder a sus necesidades, especialmente en el domicilio.

Xavier Gómez-Batiste. Presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. 55 años. Barcelona.

78. Oposición constructiva

Me gustaría que los políticos hicieran una oposición constructiva y cooperativa en las mejoras sociales y firmen, cuando sea necesario, defender los intereses de los españoles. Que se dejen, por favor, de insultos y mentiras sistemáticas fuera del Congreso, que dan muy mal ejemplo a los jóvenes. Que no se destruyan las leyes conquistadas.

Ouka Leele. Fotógrafa. 50 años. Madrid.

79. Formación tecnológica

Formar a alumnos y profesores en el uso de las nuevas tecnologías durante el proceso de aprendizaje. España mejoraría si cada alumno en cada pueblo o ciudad tuviese acceso a un ordenador con conexión a Internet de alta velocidad y pudiese formarse con contenidos interactivos.

Sonia Fernández. Directora general de Match.com España. 35 años. Madrid.

80. Transformar España en la California de Europa

Superar la fragmentación minifundista de nuestro sistema de ciencia y tecnología, fortaleciendo sus instituciones y fomentando la concentración de los organismos existentes. Sólo así lograremos la transformación de España en la California de Europa.

Carlos Martínez. Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). 58 años. León.

81. ‘Okupación’ despenalizada

Despenalizar la ocupación de viviendas y centros sociales para hacer prevalecer los derechos sociales sobre los intereses especulativos y el negocio inmobiliario.

Marta García. Enfermera, participante

del proyecto EPA (Espacio Polivalente Autogestionado) Patio Maravillas, centro social ¬‘okupado’ situado en Madrid. 31 años.

82. Derechos e I+D+I

Hacer que el Estado de derecho llegue a todos: abandonar el grupo de países en los que la gente que se salta las normas se sale con la suya, porque pleitear es inoperativo por lento y por caro; así conseguiremos que el ciudadano se considere amparado por las leyes, no constreñido por ellas. También deberían seguir aumentándose con decisión las inversiones para investigación y desarrollo de tecnología, pero redirigirlas cuanto más mejor a premiar a las instituciones y empresas que pongan productos o servicios exportables en el mercado; no hay tiempo para dar palos de ciego.

Pedro Duque. Astronauta. 44 años. Madrid.

83. Maternidad y trabajo

Ampliar la baja de maternidad a un año. Pero a partir de entonces, ayudar a las familias con idea de que las mujeres puedan reincorporarse cuanto antes al mercado laboral.

Cristina Pérez. Jefa de contabilidad del Grupo Inmobiliario Atlas ¬Internacional. 37 años. Alicante.

84. Música, música, música

Una educación musical más amplia. ¿Por qué no se estudia a los Beatles, a Camarón, Leonard Cohen, Violeta Parra o Maria Callas?

Luz Casal. Cantante. 49 años. A Coruña.

85. Borrar y dibujar España

Borrar España para dibujarla de nuevo. Dejémonos de informes y estadísticas, y pensemos en el capital humano del país.

María del Mar Carlos. Ha sido indigente. 44 años. Madrid.

86. Mediación escolar

Fomentar actividades como la mediación entre iguales, que ayudaría a evitar tantos conflictos y el acoso escolar.

Rosa María Merchán Inglada. Alumna mediadora en el IES Portada Alta, de Málaga. 18 años.

87. ‘Bendecir’ el alquiler

¡Alquileres! El 80% de las viviendas españolas deberían ser de alquiler. Bajo, claro.

La Excepción. Grupo de ‘hip-hop’ compuesto por El Langui (Juan Manuel Montilla, 29 años), Gitano Antón (Antonio Moreno, 30 años) y La Dako Style (Javier Ibáñez, 28 años). Madrid.

88. Euríbor en descenso

Plantear medidas serias para que bajen las hipotecas y el Euríbor.

Almudena Cid. Atleta olímpica. 27 años. Vitoria.

89. Moda y cultura

La moda de España es también cultura de España. El Gobierno debería ser consciente de que su aparente desprecio no es ni serio ni moderno, sino un prejuicio.

Roberto Verino. Diseñador de moda. 63 años. Verín (Ourense).

90. Calidad de la enseñanza

Las diferentes ideologías deberían acordar una ley de calidad de la enseñanza.

Gema Gómez. Transportista. 35 años. Madrid.

91. Emprendedores y ayudas

Favorecer fiscalmente a los emprendedores.

Didac Lee. 34 años. Barcelona.

92. Empleo joven y público

Incentivar el sector público creando empresas que proporcionen trabajo a los jóvenes.

Julia Rodrigo. Jubilada de la Asociación Democrática de Jubilados y Pensionistas. 67 años. Valencia.

93. Educar contra las drogas

Debería dotarse de mayores medios al sistema educativo, pues consumir droga tiene que ver con la formación y la educación.

Santiago C. L. Interno en la prisión de ¬Pamplona. 44 años.

94. Choque en las ciudades

Un plan de choque para humanizar el espacio público de las ciudades.

Belinda Tato. Arquitecta. 36 años. Madrid.

95. Nuevo ministerio

Liderar la lucha contra el cambio climático creando un ministerio específico.

Jesús Vázquez. Presentador del programa ‘Supervivientes’, en Telecinco. 43 años. A Coruña.

96. Racionalización de los horarios laborales

Como investigadora en ciencias sociales del trabajo, considero necesaria una apuesta por la racionalización de los horarios laborales y la revalorización del tiempo dedicado al bienestar personal y social, tanto para las mujeres como para los hombres. Equilibrar la actividad profesional, la vida personal y familiar.

Aurora Galán Carretero. Profesora de Sociología de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Castilla-La Mancha. 38 años.

97. Médicos con humanidad

Médicos más humanos, más sensibles. Curarse es 50% pastillas y otro 50% una caricia. Un mal médico te puede hundir; otro sensible te da fuerzas para seguir luchando.

Elvira Soledad martín morón. Enferma de cáncer. 59 años. Madrid.

98. Estatuto artístico

Podría inventarse un estatuto social específico para los artistas del espectáculo y del audiovisual, que les permita cobrar el paro entre los periodos de empleo.

Blanca Li. Bailarina. 44 años. Granada.

99. Excelencia científica

La CALIDAD CIENTÍFICA, con mayúsculas, es de más largo alcance, y aunque no siempre aparece en el haber inmediato del gobernante que la apoya o del científico que la realiza, contribuye al avance de la humanidad y, por ende, al progreso del país que la apoya.

Juan Carlos Izpisúa. Director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.

47 años. Hellín (Albacete).

100. Más ley de igualdad

Avanzar en la aplicación de la Ley de Igualdad, porque todavía existen importantes diferencias en materia salarial. Hay que actuar en el ámbito de la empresa privada, en todos los niveles de gestión. P

Pilar Folguera. Cátedra Jean Monnet de Historia de la Integración Europea en la ¬Universidad Autónoma de Madrid. 60 años.




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lunes, 3 de marzo de 2008

LIBROS: Joan Buades - Exportando paraísos. La colonización turística del planeta

El doble espejo balear

EL PAÍS / NEGOCIOS/ 27-05-2007

Incluso entre los movimientos por una alternativa ecológica y social a la mercantilización sin fronteras del planeta, suele ignorarse el peso y la importancia de la turistización en la conversión del mundo en un paraíso liberal. Porque la industria turística actúa no sólo en el plano humano de la globalización, constituyendo, de hecho, la vía más rápida y amable de entrada en el estilo de vida consumista para sociedades alejadas de los centros de decisión. A diferencia de lo que acontece con los conflictos por la propiedad de los recursos minerales, por ejemplo, el impacto del turismo en los valores inmateriales de la comunidad colonizada son muchos más duraderos y letales.Pero si algún sector económico tiene buena prensa, ése es el turismo. De hecho, normalmente, ni nos damos cuenta de que estamos refiriéndonos a una industria que es la primera del mundo. La asociamos al viaje, al descanso, a la desconexión de la realidad del trabajo, incluso a la "aventura", como si no tuviera nada que ver con el avance sin freno de la llamada globalización.

El autor conoce bien todos estos aspectos de la cuestión. Joan Buades es un investigador crítico del turismo, medioambiente y de la vertiente humana de la globalización. Es licenciado en Filología Catalana por la Universidad de las Islas Baleares y ha sido parlamentario regional de Els Verds en Baleares (1999- 2003), época en la que promovió la implantación de la fiscalidad ambiental sobre el turismo a través de la llamada "ecotasa".

Buades bosqueja en este libro el papel del turismo en la globalización. Para ello, se sirve de la experiencia de las Baleares, uno de los paraísos de ocio más renombrados. El éxito económico del archipiélago, recuerda el autor, se ha producido en relativamente pocas décadas y ha podido materializarse a través de regímenes y circunstancias de lo más diverso. En definitiva, las Baleares se han convertido en una sociedad tremendamente moderna. La región constituye un ejemplo del acceso rápido a la civilización posindustrial desde una sociedad agraria con débil industrialización (Mallorca), o incluso a partir de un ritmo de vida de subsistencia (Ibiza y Formentera). Los niveles de vida superan la media europea y la renta per cápita es una de las más altas de España. Pero, paralelamente, señala el autor, vemos cómo los costes ambientales, sociales y culturales del éxito turístico balear socavan las bases de sostenibilidad del negocio turístico y la propia viabilidad de las islas como sociedades de bienestar comunitario.

Por ello, como efecto colateral de ser un "destino turístico maduro", desde hace pocos años las principales empresas turísticas del archipiélago han dirigido su atención al resto del mundo. Así, mientras llevan a cabo un abandono progresivo de sus propiedades en las propias Baleares, grupos como Sol Meliá, Barceló, Riu, Iberostar o Fiesta se han convertido en poderosas transnacionales con una creciente implantación en el resto del Mediterráneo, en Canarias, en América, en el Magreb e incluso en China.

A través de la obra, es posible establecer paralelismos entre las raíces y las formas de desarrollo del modelo balear con la actual presión turística en la Riviera Maya mexicana o situar en un contexto más amplio los conflictos por la tierra y el agua en Canarias, Marruecos o Jamaica. También permite descubrir las posibilidades que ofrecen los flujos de inversión y circulación monetaria de sello turístico para blanquear dinero, o averiguar por qué el turismo constituye el sector de la economía donde la desregulación ha llegado más lejos.

Turismo: la mirada caníbal

Santiago Alba Rico

FUENTE: http://www.archipielago-ed.com/68/albarico.html

El 2 de agosto de 1999, Yaguine Koita y Fodé Tounkara, dos niños africanos de 14 y 15 años respectivamente, fueron encontrados muertos en el tren de aterrizaje de un avión belga que cubría el trayecto entre Conakry, capital de Guinea, y Bruselas. Escondidos en el estrecho habitáculo, polizones de su propio ataúd, habían muerto congelados sin ver cumplidos sus sueños de vivir despreciados, marginados y explotados en la opulenta Europa. En el cuerpo de uno de los niños se encontró una carta que conmovió un instante a los europeos —golosina o bombón humanitario— y luego se disolvió sin dejar rastro en la conciencia, indiscernible de la emoción de un gol o de la satisfacción de unos zapatos nuevos. “Señores miembros y responsables de Europa”, habían escrito los adolescentes en francés, “es a su solidaridad y a su bondad a las que gritamos por el socorro de África” y enumeraban a continuación algunos de los males que aquejan a sus poblaciones, así como los méritos y grandes valores de nuestro continente. “Les suplicamos muy, muy fuertemente, que nos excusen por atrevernos a escribirles esta carta a Ustedes, los grandes personajes a quienes debemos mucho respeto”, acababa el texto con una especie de bofetada angelical, de demoledor homenaje a nuestra reputación. La carta llegó a su destino, pero los portadores no, y sólo por esto la carta recibió la atención de 70 periódicos y 200 canales de televisión que habrían ignorado las súplicas de dos supervivientes. “Si ustedes ven que nos sacrificamos y exponemos nuestra vida, es porque se sufre demasiado en África”, escribían. Yaguine Koita y Fodé Tounkara pedían cambios para su situación y la de sus países y Occidente recompensó su sacrificio con lo único que sabe dar: un minuto de publicidad.
Desde agosto de 1999 han muerto en todo el mundo miles de inmigrantes, negros o tiznados, tratando de pasar la frontera entre la inexistencia y la esclavitud. En camiones frigoríficos, en furgones para ganado, hacinados en pateras, de frío, por asfixia o ahogados en el mar, siguen muriendo todos los días a causa de su irrelevancia de nacimiento, sin poder atravesar esa línea que con tanta facilidad cruzan las mercancías, los animales y hasta los virus, pero en la que se quedan inevitablemente enganchados los individuos puros, los hombres desnudos. En dirección contraria, mientras tanto, 80 millones de vuelos al año trasladan a 600 millones de turistas a los que nadie puede detener porque no hay fronteras ni vallas ni fusiles que puedan detener —o al menos limitar— el flujo impersonal de los consumidores. Quizás en el mismo avión entre cuyas ruedas murieron congelados Yaguine Koita y Fodé Tounkara, como insectos en una trampa, volvía de Malawi el matrimonio Walker, muy quejoso porque —según una carta dirigida al Alto Comisionado para el Turismo de ese país africano— “los hoteles de cinco estrellas no merecen esa calificación”, “las carreteras son malas” y no hay “buenas gasolineras con baños limpios para animar a los turistas a disfrutar de un hermoso país”[1].

España sólo abolió la esclavitud definitivamente en 1880, pero el 19 de diciembre de 1817 Fernando VII, a remolque de los acuerdos del Congreso de Viena, prohibió la trata o tráfico de esclavos, que continuó de manera clandestina en las décadas sucesivas. Hasta esa fecha y durante tres siglos, los europeos habían obligado a viajar a 14 millones de negros africanos contra su voluntad para ponerlos a trabajar como esclavos en las colonias de América. Si por cada negro que llegaba vivo a su destino morían al menos tres durante la captura, el confinamiento en barracones a la espera del traslado y la travesía en pequeños Auschwitz flotantes, sólo un escalofrío es capaz de calcular las dimensiones de este genocidio. En su decreto de 1817, el rey español comenzaba por elogiar “la providencia de sus augustos antepasados”, cuyo generoso interés humanitario había ideado la esclavitud “para salvar de la muerte a los negros”, los cuales, transportados a América, recibían “no sólo el incomparable beneficio de ser instruidos en el conocimiento del Dios verdadero” sino también “todas las ventajas que trae consigo la civilización”. Entonces, ¿por qué suspender tan caritativa iniciativa en favor de los africanos? ¿Por qué interrumpir la trata que tantos beneficios reportaba a sus víctimas? Fernando VII hace gala de un refinamiento retórico tan ignominioso que parece más propio del siglo xxi que del xix : si se podía poner fin al tráfico de esclavos era porque —dice el decreto— “el bien que resultaba a los habitantes de África de ser transportados a países cultos no es ya tan urgente y exclusivo desde que las naciones ilustradas han tomado sobre sí la gloriosa empresa de civilizarlos en su propio suelo”[2].

El caso de la esclavitud, y la familiar y monstruosa retórica de Fernando VII, demuestran que la libertad de movimientos, bajo la empresa colonial y bajo la consiguiente descolonización capitalista, es más bien la libertad de la “trata” de hombres: sacarlos, retenerlos e incluso devolverlos una vez usados, cuando se vuelven redundantes, como ocurrió en 1821 con los 20.000 negros sin amo para los que ee uu compró por 300 dólares un pedazo de terreno en las costas occidentales de África, esa irónica Liberia concebida como vertedero de excedente humano y solución del “problema negro” ya incipiente en Norteamérica y que prefiguraba el modelo de “independencia” diseñado por las potencias occidentales. Liberia, primer país “libre” del continente africano, anticipa la funcionalidad de la forma Estado-Nación en un espacio de soberanía desigual en el que los Estados soberanos —es decir, los económicamente poderosos— se reservan el derecho de ingreso de los inmigrantes y se reservan al mismo tiempo a los Estados minusoberanos como contenedores de materias primas y mano de obra barata y como destino inexorable de sus mercancías y sus turistas. En este sentido, el mercado capitalista reproduce de un modo “natural” los mecanismos explícitamente coactivos del mercado de esclavos: la pobreza inducida obliga a salir a miles de hombres y las restricciones de entrada de las metrópolis permiten seleccionarlos, en el marco del derecho internacional, sin necesidad de acudir personalmente a las plazas públicas a examinarles los dientes. Millones de hombres sin derechos —porque son sólo hombres — quedan así a merced del derecho de los Estados dominantes.
Como escribía hace doce años en estas mismas páginas, “turismo y emigración constituyen dos formas diferentes de desplazamiento político en el espacio”[3]. La figura del “turista”, en efecto, sólo puede comprenderse a la luz de la del “inmigrante”, como su reverso y su denuncia, en el cruce de dos flujos desiguales, uno ascendente y otro descendente, que reproduce la explotación económica a nivel planetario y legitima ideológica, antropológica y psicológicamente una relación neocolonial a nivel local. Blancos, negros, mujeres, hombres, ricos, pobres, en algún sentido el mundo se divide en realidad en “turistas” e “inmigrantes”, de manera que estas dos categorías modelan y agotan todas las posibilidades de relación subjetiva entre los hombres: los “turistas” lo son en sus propias ciudades, antes y después de sus vacaciones, y los “inmigrantes” lo son desde su nacimiento, en sus propios países, con independencia de que crucen o no las fronteras de Occidente. Así, los “turistas” visitan a los “inmigrantes” en Egipto o Senegal, adonde trasladan sus vallas melillenses y sus medidas restrictivas (hoteles de alta seguridad, programas blindados, restaurantes vedados a los habitantes locales) desde las que contemplan, más que esfinges, pirámides y paisajes de ensueño, su propia superioridad y la inferioridad de los nativos. Que la potencia estructural de estas categorías conduce de algún modo a la ontologización racial de los dos términos, con la consiguiente estandarización del conocimiento y retroalimentación de las conductas, lo demuestra el hecho de que para los “turistas” todos los nativos son iguales (ingenuos, astutos, interesados, simples, sexualmente amenazadores) y para los “inmigrantes”, a su vez, todos los turistas son iguales (ricos, envidiables, displicentes, ignorantes, un poco infantiles, lícitamente explotables). La cristalización racial de los intercambios, que impide o dificulta las relaciones parasociológicas (individuales o políticas), hace perfectamente aplicables al vínculo turista-inmigrante, algunas décadas más tarde, los análisis de Frantz Fanon, Fernández-Retamar o Edward Said sobre la construcción de una subjetividad colonial y de una objetividad interesada. Por eso, más allá de la devastación económica y ecológica que lo acompaña, no puede haber y no puede defenderse ningún modelo de turismo racional o sostenible, y, en un mundo regido realmente por la justicia económica, la libertad individual y la soberanía estatal, el sentido común impondría la lógica inversa a la que —absurda, inhumana y destructivamente— impone el capitalismo, es decir, liberalización de la inmigración y regulación y restricción muy severa del turismo.

La dirección del desplazamiento, el medio de transporte y la recepción en destino determinan estructuralmente la autoestima del viajero y su percepción del otro. Desde el tren de aterrizaje del avión de Sabena, Yaguine Koita y Fodé Tounkana consideraban al matrimonio Walker “grandes personajes a quienes debemos mucho respeto”, los cuales, por su parte, arrellanados en sus asientos de clase turista, contemplaban Malawi como un lugar que se debía dejar ordenar a los ingleses para su mayor comodidad. La empresa colonial europea tan encarecida por Fernando VII como una benemérita obra de civilización empleó, por este orden, a guerreros , misioneros y mercaderes , a los que se añadieron, a partir de los años 50 del siglo xx , los turistas , que viajaban, cada vez más masivamente, en la misma dirección y eran como una prolongación de estos tres elementos, todavía activos, con los que compartían y comparten el mismo derecho a dominar el mundo con la mirada . Toda la satisfacción pomposa del turista, su sensación de invulnerabilidad, su desprecio tranquilo y paternalista por el otro, su aceptación de una distribución de papeles que le favorece, proa individual de un poder impersonal —un tanque, un pasaporte, la rúbrica del Banco Europeo— que ha olvidado y que ni siquiera ha elegido, toma cuerpo y se confirma en una mirada panorámica y caníbal; una mirada para la que toda visión es un objeto derrocado o, lo que es lo mismo, la imagen anterior a la próxima imagen encuadrada rápidamente en la ventanilla del autobús o en el objetivo de la cámara, mediante los cuales seguimos viendo todo —por muy lejos que vayamos— en la pantalla de la televisión. Esta forma de mirar, que define al turista, define de algún modo también el objeto de su mirada y puede resumirse rápidamente en algunos rasgos esenciales.

1. La primera ilusión del turista es, en efecto, la del movimiento. Al contrario que el inmigrante, el turista permanece siempre en el mismo sitio mientras se le van pasando las imágenes que verá, de vuelta a casa, desde su sillón. En realidad, va viendo por adelantado las fotos del viaje y está siempre, en consecuencia, en el lugar desde el que las verá a su regreso. Al mismo tiempo, en Túnez, en Estambul, en Tombuctú, en Bombay, en Cancún, el turista se traslada sólo de un no-lugar a otro —los mismos aeropuertos, la misma cadena hotelera, los mismos autobuses, los mismos servicios indiscernibles de la misma agencia: uno puede dar la vuelta al mundo sin salir jamás del Sheraton (“fuera es El Cairo, dentro el Sheraton”, decía una famosa publicidad). Si “inmigrante” es el hombre que nunca ha estado en su propio país y por lo tanto tampoco puede volver, “turista” es paradójicamente el que no ha salido nunca de él.

2. Inseparable de esta ilusión de movimiento, es la de singularidad : “tenga usted, como todos, una experiencia exclusiva”. El turismo de masas, acuñador de una mirada homogénea entregada al consumo industrial de paisajes, monumentos y cuerpos, alimenta la paradoja de una generalización del elitismo: los turistas son todos igualmente superiores , son todos indiscerniblemente únicos , lo que sólo es posible, en cualquier caso, frente a una totalidad inferior (la de los “inmigrantes” locales que les sirven, al mismo tiempo, de contraste y de decorado). Cuanto más común y pastosa es la experiencia, cuanto más se parece la memoria del viaje al catálogo de la agencia que vimos antes de partir, cuanto menos se distingue de la del compañero de autobús o de barco, más se afirma un yo tautológico y vacío que se indica a sí mismo como el único contenido individual de la aventura. Las pirámides, el Taj Mahal, los niños nativos constituyen el fondo indiferente, repetido, pintado, sobre el que se suceden los cuerpos singulares retratados en las fotografías y de hecho lo que diferencia a esas pirámides de las del compañero de viaje es que sólo en ésas aparezco yo . El turista es el que tapa las cosas, el que siempre da la espalda a la catarata o al templo: “yo delante del Partenón”, “Chus y yo en la fiesta beduina”, “el guía y yo en Sakkara”. Internet ha permitido, por lo demás, multiplicar esta ilusión de exclusividad vacía, bombear esta “inflación de egos estereotipados” (como la he llamado en otra parte[4]) y hay decenas de páginas web en las que los turistas “cuelgan” las fotografías de su viaje —el yo en la época de su reproductibilidad técnica— con algunos consejos que nutren el circuito cerrado de los errores y clichés y confirman la triste posición yacente de los países visitados.

3. Pero el turista fotografía... fotografías. No son las pirámides ni el Taj Mahal ni el Partenón (ni los niños nativos) lo que retrata sino las miles de fotografías e imágenes con las que ha llegado cargado hasta allí, el efecto óptico de una acumulación de “postales” depositadas durante años en su retina, el archivo visual que no permite ver el objeto sino en la medida en que se parece a lo déjà vu , en que se adecua —como la verdad misma— a las fotografías de los amigos que hicieron el viaje un año antes, a las imágenes del documental de televisión, a la publicidad de los catálogos. Esta mirada tiene una larga tradición. Los viajeros franceses de la segunda mitad del siglo xix (Flaubert, Nerval, Gautier, entre otros), arrastrados a Egipto no ya por los imperativos de la conquista sino por los excedentes de capital (primeros turistas, pues, de la especie), rodaron en El Cairo desbarrando de vértigo, como en un coche que vuelca. Habían acarreado hasta allí un vívido catálogo de imágenes que esperaban ver desplegarse ante sus ojos en orden de parada militar, con un rótulo entre los pies, al igual que en un libro de estampas. Se vieron naufragar, en cambio, en un mundo en el que la “claridad y distinción” cartesianas sucumbían a la barbulla de los objetos, con los que uno no podía evitar pringarse: el horror de la muchedumbre, el trampantojo urbanístico, la confusión de los colores, de las generaciones, de las clases. La mayor parte de ellos se había decidido a conocer el país del Nilo tras visitar el pabellón egipcio de las primeras Exposiciones Universales celebradas en París, en el que la fidelidad de la reproducción de la vida cairota estaba concebida como espectáculo , es decir, como pasividad, como distanciamiento profiláctico, como sistema de producción de emociones narcisistas. No puede extrañar, pues, que en 1856 un Gautier desilusionado regurgitase, con la mano bajo la barbilla, sentado a la mesa de un café de El Cairo: “El verdadero Egipto es el de la Exposición Universal de París”. La realidad sólo nos interesa cuando deja de serlo; a los otros sólo los vemos cuando no nos interesan. La mirada del turista construye una tela de araña e inmediatamente la destruye de un soplo.

4. Egipto tiene que parecerse al de la Exposición Universal; Bali tiene que parecerse al de El Corte Inglés; África tiene que parecerse a la de Port Aventura. Egipto, Bali, África tienen que convertirse en Parques Temáticos de sí mismos, a la medida de la fotografía que queremos fotografiar. Habrá, pues, que construirlos. El país entero tiene que posar y habrá que obligarlo a acomodar su economía, a transformar sus infraestructuras, a reorganizar su comercio, a disolver sus cimientos y momificar sus superficies, a poner el agua, el espacio, los hombres a disposición de la Imagen Verdadera que los turistas han visto ya mil veces y quieren confirmar sobre el terreno. Los 500.000 millones de dólares anuales del negocio turístico entrañan una intervención sin precedentes y a todas las escalas en la articulación de las naciones minusoberanas, las cuales no pueden limitar —salvo con bombas trágicamente soberanas— esta avalancha de mirones. La Verdadera Imagen construye carreteras y campos de golf en el desierto y construye y congela también, con la perversión antropológica correspondiente, la tradición. La riqueza de Egipto, de Túnez, de Senegal es la dependencia: la de los “inmigrantes” en el exterior que venden su fuerza de trabajo en Madrid y la de los “inmigrantes” en el interior que venden su imagen sobre el terreno, como Beckham pero en barato, a los madrileños. Porque junto a la aculturación de los no-lugares construidos como atalayas o sillones del déjà vu occidental, el turismo impone también una falsa etnificación en las sociedades intervenidas: Egipto tendrá que ser intensamente faraónico 3.000 años después; los indígenas lacandones tendrán que vestir sus túnicas blancas y mantener sus chozas de madera para recibir a cambio el dinero con el que comprar los más sofisticados electrodomésticos; los jóvenes parados del sur de Túnez tendrán que disfrazarse con ridículos sirwales tradicionales, que nadie usa ya, para poder ligar con una sueca o adquirir un móvil; de Siria a Mauritania, en fin, los zocos tendrán que vender las mismas bastardas artesanías fabricadas en Taiwan. Si una agencia de viajes, por error o por malicia, propusiera visitas guiadas a los esquimales de Nigeria, veríamos las aldeas de África poblarse de igloos, los restaurantes servirían carne de foca, los nativos se vestirían con abrigos de pieles y las tiendas de souvenirs venderían arpones y estatuillas de hielo (fabricadas, claro, en Taiwan).

5. Pero no sólo el país, también sus hombres tendrán que avenirse a participar como figurantes en el Parque Temático. La mirada de los turistas es performativa y determina permanentemente la conducta de unos nativos que sólo existen para ellos . Obligados a vender su imagen, como Beckham pero de saldo y además con mañas, deberán aceptar un escueto repertorio de papeles que, como por casualidad, coincide con el que representan a nuestros ojos los inmigrantes de las metrópolis occidentales. Así, los nativos serán sumisos, sencillos, serviciales, admirativos, testigos en cada gesto de nuestra superioridad natural, que tratarán en vano de imitar, o aparecerán como un problema de seguridad : “inmigrantes” también en su propio país, se insinuarán amenazadores, astutos, sospechosos, inclinados racialmente a la delincuencia. Entre la compasión narcisista y la legítima defensa, la Imagen Verdadera deberá conciliar el espectáculo y la seguridad. La solución será vestir a los policías con trajes típicos nacionales, como ya ocurre en Honolulú y como propone Peter E. Tarlow, presidente de Turism&More en la página web de su organización[5].
6. La mirada del turista transporta —como con precisión la define Antonio Calvache— la “experiencia de clase dominante”. Todo desplazamiento en el espacio, decía Lévi-Strauss, es un desplazamiento en la escala social y este desplazamiento —el único que en realidad experimenta el viajero— es el que moviliza a la pequeña y media burguesía occidental que contrata viajes organizados con las grandes agencias. Si el nativo se venga de e invierte la estructura económica planetaria en el nivel personal, a través de las pequeñas astucias mediante las que “explota” al turista individual, el trabajador occidental, mediante el turismo de masas, ve revalorizado su dinero (como ve revalorizado su atractivo sexual) y se venga de e invierte la jerarquía que le somete a las miserias de la rutina laboral, convirtiéndose por unos días frente al nativo —una vez más “inmigrante” en su propia tierra— en miembro de esa élite cuya superioridad, belleza y arrogancia admira en las revistas y padece quizás en la empresa de la que es asalariado. Estas inversiones individuales, se comprenderá, dejan intacto y, aún más, legitiman y alimentan el orden global que distribuye los papeles.

7. La mirada turística, finalmente, transporta también una triste e infantil experiencia de comunidad. La mayoría de edad kantiana de la Ilustración revela todo su fracaso en la figura del turista que se deja divertir y que es arreado, conducido, guiado, disfrazado, tatuado, alimentado en grupo . Espectáculo de los espectadores reunidos, ninguna imagen de la inmadurez nihilista es más elocuente que la de 1.500 turistas acarreados en autobús hasta un solitario café del desierto, bajados casi a latigazos, vestidos en cadena con chilabas a rayas, como prisioneros de Lager , montados en 1.500 camellos y llevados de las riendas a un tenderete para que compren bolsitas con la misma arena del Sáhara que están pisando con sus propios pies (“¡cómo no comprar muy barato lo que podría salirnos gratis!”). En otro sitio he llamado la atención sobre el parentesco entre el parque temático y el campo de concentración, como máxima corrupción del “gusto” en el imperio del ello establecido por el mercado[6]. Lo más terrible es que esta minoría de edad del turista que considera infantiles a los nativos constituye la verdadera satisfacción del viajero industrial. Horarios cuarteleros, comidas en común, solidaridades frente al tour-leader , traslados en masa, uniformes, penalización de las conductas asociales, la experiencia del turista tiene la intensidad central, compensatoria y delatadora de la miseria social del consumidor occidental, de un regreso a la mili ; y de vuelta a la soledad del ello cotidiano, caníbal solitario de televisión y supermercado, del viaje a Egipto no recordará ni las pirámides ni la esfinge ni el bellísimo Nilo, sino únicamente, y con dolorosísima nostalgia, la felicidad de grupo , sombra diminuta y pueril de esa comunidad política y social perdida para siempre —o pervertida— en las metrópolis capitalistas.

La mirada turística, en cualquier caso, no es más que la mirada normal de un hombre que ya no discierne entre una guerra y una olimpiada, que monumentaliza la ocupación de Iraq —asumida y emocionante como el Coliseo de Roma o las ruinas de Palenque— y que con maravillosa ingenuidad se hace fotografiar no sólo ante la mezquita de Suleiman o los restos de Babilonia, sino también sobre el cadáver del prisionero al que acaba de torturar hasta la muerte. Este hombre que fotografía fotografías, y que se desplaza con agencias de viaje o con ejércitos, tiene que poder llegar a su destino y encontrar lo que busca. El que va a buscar trabajo, en patera o en furgón de ganado, no. De ése precisamente se ocupan las cámaras fotográficas y las mirillas de los tanques.
El amargo ingenio de un amigo proponía que la comunidad internacional firmase un —así llamado— Protocolo de Quieto, en virtud del cual se concedería a todos los hombres por igual un cupo de movilidad con un máximo de kilómetros a recorrer en el curso de una vida. Los viajes turísticos descontarían el doble de kilómetros mientras que no se registrarían las visitas a amigos, los desplazamientos solidarios, las estancias de trabajo o las becas de estudios, según el principio general de que sólo debería salir de su país el que tuviese algo que enseñar o algo que aprender. La idea sirve sobre todo para revelar irónicamente las destructivas consecuencias, ecológicas, económicas, políticas y sociales, de esta invasión de caníbales mirones que pasean libremente por el mundo su egolatría industrial. En otro mundo posible quizás se percibiría la necesidad y sensatez de esta propuesta. De momento nos conformaríamos con que pusiéramos del revés —para dejarlas del derecho— nuestras cabezas y comprendiéramos hasta qué punto es absurdo —y no normal—, contrario al sentido común y al buen juicio —y no lógico y natural— el que todo un país se organice para recibir alborozado a un blanco que quiere fotografiar se delante de la pirámide de Kéops mientras que todo un país se organiza para tirotear y apalear en una valla a un negro que quiere construir una casa.

(http://www.sindominio.net/biblioweb/pensamiento/prologochest.html).