"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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martes, 15 de junio de 2010

La crisis y sus soluciones: Jugando con fuego: austeridad o crecimiento

El dilema entre los drásticos planes de ajuste de Europa y el mantenimiento de los planes de estímulo en EE UU marca la política económica 

LA FÓRMULA CIEGAMENTE SEGUIDA:  "drásticos recortes mezclados con las promesas de mejorar la competitividad combinando bajos salarios y reformas del mercado de trabajo y las pensiones en una dirección: más recortes".

Joseph Stiglitz lo tiene claro: "Europa va directa al desastre si continúa con la manía de la austeridad"

 

CLAUDI PÉREZ - EL PAÍS - 13/06/2010

Ronald Reagan creía que las nueve palabras más aborrecibles que se pueden pronunciar son estas: "Soy del Gobierno y he venido a prestarles ayuda". Su legado y el de Margaret Thatcher inauguró una era que ha dominado la política económica durante 30 años con un lema claro y sencillo, aquel más mercado y menos Estado que acabó abrasando incluso la socialdemocracia. En estas llegó la crisis y en apenas tres años lo puso todo patas arriba: el Estado salvó a los mercados, el péndulo se fue justo al extremo contrario, el Fondo Monetario Internacional (FMI) desenterró a un tal Keynes y hasta los bancos miraban hacia otro lado cuando los políticos amenazaban con la refundación del capitalismo, con volver a regular los mercados para ponerlos en vereda.

Zapatero: "Íbamos a reformar los mercados y ellos nos han cambiado a nosotros"
Atajar el déficit con menos gasto puede frenar la economía, dicen los analistas
Los expertos critican que los Gobiernos se dejen llevar por los mercados
El recorte de gastos alemán puede traer la recesión a Europa, dice de Grauwe
"La confianza no volverá por reducir el déficit", dice Pastor, del IESE
La Reserva Federal compra mucha más deuda pública que el BCE

Evidentemente, esa etapa toca a su fin. "Íbamos a reformar los mercados y los mercados nos han reformado a nosotros", aseguró el presidente Zapatero tras presentar un drástico plan de recortes para calmar los ataques de los inversores, inquietos con la posibilidad de que España, junto con varios países europeos, pueda incumplir sus compromisos. Hace un año, los bancos eran el problema; ahora el problema son los Estados, su deuda pública. Una deuda que, paradójicamente, los Gobiernos se vieron obligados a acumular para salvar a los mismos mercados que ahora atacan duro.


La política económica está en una encrucijada. Esta vez el dilema no es exactamente mercado o Estado, pero se le parece. Austeridad o crecimiento, esa es la cuestión. Ajustarse el cinturón para reducir los enormes déficits públicos o perseverar en las políticas de estímulo hasta que el crecimiento económico vuelva a ser lo suficientemente robusto. Alemania ha hablado: Europa opta por el culto a la austeridad. Estados Unidos, por mantener los estímulos. La receta que demuestre más efectividad marcará el equilibrio de poder de los próximos años en el mundo mal llamado desarrollado. Pero a día de hoy no hay consenso. Ni nada que se le parezca.


- Los tumbos del FMI. El Fondo, y no solo el Fondo, llevaba muchos, muchos años cegado por los destellos del libre mercado, convencido de los mecanismos autoestabilizadores de los "mercados eficientes". Con la crisis y bajo el ascendente de un socialista francés -Dominique Strauss-Kahn-, se olvidó de su ortodoxia y aconsejó activismo fiscal para evitar una Gran Depresión. Ahora está tan despistado como la mayoría: hasta hace nada aún advertía de que una salida prematura de los estímulos perjudicaría la recuperación, pero en las últimas semanas combina ese mensaje con la necesidad de acelerar la consolidación fiscal. Es decir, se apunta al culto a la austeridad, pero también a la medicina contraria. "El Fondo ha vuelto a esas políticas de austeridad que usaba en los países emergentes, que no funcionan. Vuelve a correr detrás de los mercados", critica Raj Patel, autor de Cuando nada vale nada (Los libros del lince). Patel pensaba hasta hace poco que la recesión era la forma de enseñar al mundo un poco de economía. "La pura verdad es que lo que regresa otra vez es esa apoteosis de la supuesta racionalidad de los mercados".


- Europa y el calvinismo. Los expertos consultados coinciden en el enorme peligro de que unos mercados financieros que se han vuelto excesivamente cautos (tras años de tomar excesivos riesgos) fuercen a los Gobiernos a tomar la puerta de salida de los estímulos fiscales tal vez demasiado pronto. "Las medidas de austeridad representan una vuelta a la economía prekeynesiana, a Hoover en EE UU, a la victoria de los halcones antidéficit en Europa. Todo conduce a ese viejo error de reducir el gasto público y subir los impuestos mucho antes de que la economía se haya recuperado. Ese resurgir del conservadurismo está directamente relacionado con la fuerza de los intereses financieros, los mismos que nos metieron en la crisis en 2007. Callaban cuando fueron rescatados, pero ahora dictan la política en toda Europa, incluido Reino Unido. Ese calvinismo tan alemán de la austeridad es extremadamente peligroso en estos momentos y puede conducir a Europa a un largo, largo estancamiento", vaticina Costas Lapavitsas, del think tank londinense Research on Money and Finance.


Toda Europa parece correr detrás de una fórmula que se basa en drásticos recortes mezclados con las promesas de mejorar la competitividad combinando bajos salarios y reformas del mercado de trabajo y las pensiones en una dirección: más recortes. Grecia es el ejemplo más evidente. Se trata de la receta alemana: "Pero si Alemania quisiera de veras rescatar el euro y que esas medidas funcionaran en otros países, debería tomar el camino contrario al túnel al que conduce ese ajuste drástico", critica Lapavitsas. "La aplicación universal de recortes drásticos va a exacerbar los desequilibrios que existen en el corazón de la eurozona", sentencia.


- Norte y Sur. Paul de Grauwe, profesor de la Universidad de Lovaina, asegura que si un único país adopta medidas de austeridad eso no es mayor problema, "pero si Alemania obliga a toda Europa a hacerlo está condenando a la UE a una recaída a la recesión". El Nobel Paul Krugman ha calificado los planes europeos de "masoquismo". Pero en Europa conviven dos visiones: "En el Norte se cree que el dilema entre austeridad y crecimiento es falso: esa visión se basa en que los planes de austeridad de hoy permitirán el crecimiento de mañana porque devuelven la confianza a los mercados. La periferia de Europa ha aplicado los ajustes por obligación, pero en el fondo el Sur de Europa piensa que aplicar ajustes para reducir el déficit tendrá efectos sobre la demanda y precipitará a la eurozona a una nueva recesión. Comparto esa segunda vía sureña", asegura De Grauwe en una entrevista con este diario.


- Alemania o EE UU. La crisis fiscal es evidente en Europa, pero esconde otros problemas: serios desequilibrios en la balanza comercial, países con enormes superávits (encabezados por Alemania y Holanda, con un gran potencial exportardor) y países con déficits sensacionales (España y Grecia, por ejemplo, que importan más de lo exportan desde la noche de los tiempos). En el mundo ocurre lo mismo, con China y EE UU a ambos lados de la balanza comercial. "Los planes de austeridad y las reformas estructurales son una forma de que economías como la española o la griega reduzcan esa brecha. Si Alemania hace incomprensiblemente lo mismo, condena a toda Europa a una década perdida. EE UU está actuando con mayor pragmatismo. Pero si Alemania no incentiva el consumo, será imposible hacer ese reajuste en Europa", señala Vicente Pallardó, analista de coyuntura del Instituto de Economía Internacional.


Alfredo Pastor, del IESE, atribuye ese fetichismo del déficit que se va instalando en toda Europa "a la pura superstición". "Los Gobiernos creen que así se ganarán la confianza de los mercados. Cuando alguien está muy endeudado, sus prestamistas deciden su futuro. Eso le ocurre a Europa: los prestamistas deciden la política económica, los mercados han prestado mucho dinero a los Gobiernos y ahora reclaman el cetro de mando; la confianza no va a volver así como así", remacha.


- El BCE y los halcones. El Banco Central Europeo (BCE) desempeña un papel fundamental en esta historia. Su gestión es más heterodoxa que nunca, y sin embargo la política monetaria sigue siendo restrictiva: no hay crédito a pesar de las compras de bonos, a pesar de la barra libre de liquidez, a pesar de todas las medidas para ayudar a la banca. Al final, "su política no es lo suficientemente laxa: deberían acercar los tipos de interés al 0%, comprar más bonos, ayudar a debilitar el euro", aconseja esta semana el economista Nouriel Roubini, el gran gurú de la crisis. Pallardó sugiere que los halcones del déficit siguen mandando en el BCE, a pesar del salto dramático que supuso la compra de deuda pública. "La Reserva Federal ha comprado centenares de miles de millones de dólares en deuda pública, mientras que las cantidades del BCE son mucho más modestas. ¿La razón? Esa es la forma de poder de obligar a hacer ajustes más drásticos y reformas a los países del Sur, que de otra manera se resistirían a encajar ese duro golpe", dice.


- Las dudas y la reencarnación. El Nobel Joseph Stiglitz lo tiene claro: "Europa va directa al desastre si continúa con la manía de la austeridad", una opinión que comparte con Krugman. El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, tampoco tienen dudas, pero en sentido contrario: "Es una completa falacia decir que la consolidación fiscal reduce el crecimiento. Es exactamente al contrario. Es la ausencia de credibilidad fiscal lo que reduce el crecimiento". EE UU, de momento, opta por la vía Krugman-Stiglitz; Europa entera, en plena crisis fiscal, parece fiarse de Trichet. Aunque en realidad la inspiración tal vez no sea Trichet. Uno de los asesores económicos de Bill Clinton decía: "Antes pensaba que me gustaría reencarnarme como presidente o como jugador de béisbol. Pero ahora quiero reencarnarme en el mercado de bonos. Así puedo intimidar a cualquiera".

España y su respuesta

C. P.

"La contundencia de los recortes para ganar competitividad podría tener éxito si no existiera Alemania. Si Alemania hubiera hecho algo por incentivar su demanda"

Para Paul Collier, de Oxford, en España y en toda Europa "se están viendo severos recortes del gasto público y de la inversión pública, cuando se necesitaban recortes graduales en el gasto combinados con rápidos incrementos de la inversión pública".

Alemania podía permitirse el lujo de debatir entre mantener los estímulos o acometer un ajuste. España, no. "Si corres el riesgo de que nadie te compre tu deuda no hay alternativa", asegura el economista Ángel Ubide. "Hay que evitar a toda costa perder el control sobre el endeudamiento", afirma Antoni Zabalza, catedrático de la Universidad de Valencia. "España necesitaba dar un golpe de mano: dejar la consolidación fiscal para más adelante era temerario por los ataques de los mercados".

Economistas como Vicenç Navarro consideran un error mayúsculo el plan de ajuste presentado por Zapatero, que a su juicio aboca a España a un largo estancamiento. Otros expertos son menos negativos. El ex secretario de Estado Alfredo Pastor considera que de las medidas anunciadas "el único problema es el recorte de la inversión: lastrará el crecimiento. Las medidas que afectan a los funcionarios y los pensionistas influyen menos". "A partir de ahí, se trata de una cuestión de credibilidad: de volver a ganarse la confianza de los inversores", añade.

Ese recorte en la inversión es tal vez la mayor incertidumbre que deja el plan de Zapatero. Para Paul Collier, de Oxford, en España y en toda Europa "se están viendo severos recortes del gasto público y de la inversión pública, cuando se necesitaban recortes graduales en el gasto combinados con rápidos incrementos de la inversión pública". Aunque a la postre, paradójicamente, puede que la salida del túnel de la recesión no estuviera en manos del Gobierno. "La contundencia de los recortes para ganar competitividad podría tener éxito si no existiera Alemania. Si Alemania hubiera hecho algo por incentivar su demanda, la economía española y otros países con problemas podrían salir del paso con los ajustes, para después acometer nuevas reformas. Ahora el sur está obligado a hacer esas reformas y aún así difícilmente va a evitar una recaída", augura.

Para Mauro Guillén, de Wharton, "todo depende de si existen presiones inflacionistas o por el contrario se teme una deflación [una caída persistente del nivel de precios]. Si hay riesgo de deflación, el gasto público debe mantenerse para evitar que la demanda se hunda". El FMI considera que España es una de las economías con mayores riesgos de deflación del mundo. "Debería haber un programa flexible para mantener el gasto mientras la economía lo necesite con un plan bien concebido de reducción del déficit a medida que la economía se recupere. Pero también hay que preguntarse cuál es la mejor política económica y ponerla en práctica", añade. Guillén aconseja "explicar bien las decisiones y negociar". Nada fácil.


sábado, 1 de noviembre de 2008

La era Bush y los neocons vistos por Krugman

La batalla a través de las ideas

JOAQUÍN ESTEFANÍA, EL PAÍS, 01/11/2008

Los libros de Paul Krugman se basan en un concepto: la polarización política de Estados Unidos es fruto de las crecientes desigualdades económicas. El Nobel analiza en su última obra el fin de los neocons.

Bill Clinton dejó la economía estadounidense, en la intersección de los dos siglos, con un crecimiento medio superior al 4% y superávit público. Las dos últimas legislaturas demócratas -básicamente la década de los noventa del siglo pasado- se caracterizaron por un incremento sin parangón de la riqueza, y dieron lugar al nacimiento de otro paradigma, la denominada nueva economía, que decía que se habían acabado los ciclos económicos. Todo ello motivado por la utilización masiva de las tecnologías de la información y la comunicación (lo relacionado con Internet y el planeta digital) y una flexibilización de las herramientas empresariales. Sin embargo, tanto desarrollo no sirvió para que se estrechasen las desigualdades en Estados Unidos, sino lo contrario, y éste es el único hilo conductor que coincide con lo que sucedería después, durante los ocho años de mandato de George W. Bush.

    Estados Unidos

    Estados Unidos

    A FONDO

    Capital:
    Washington.
    Gobierno:
    República Federal.
    Población:
    303,824,640 (est. 2008)

El apellido Bush, que desaparece ahora de la primera fila de la historia, no ha tenido suerte con la economía

El apellido Bush, que desaparece ahora de la primera fila de la historia, no ha tenido suerte con la economía. Bush padre perdió las elecciones a favor de un semidesconocido Bill Clinton, después de haber vencido en la primera guerra de Irak, porque una pequeña e inoportuna recesión se coló en la campaña al grito de: "¡Es la economía, estúpido!". Y Bush hijo, después de haber tenido que superar las secuelas del estallido de la burbuja tecnológica, de los atentados del 11-S, y de los escándalos corporativos que colocaron a Enron como su principal icono, deja la Casa Blanca como ya sabemos: EE UU al borde de la recesión, todos los desequilibrios macroeconómicos (inflación, déficit, deuda) manifestándose a la vez, e incrementándose espectacularmente las diferencias de la renta y la riqueza entre los ciudadanos.

Desde el inicio del primer mandato del actual Bush hubo un economista que manifestó abiertamente sus críticas a la política económica neocon, que hacía su principal bandera de la economía de mercado sin interferencias y que se reivindicaba heredera directa de la revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher: el neokeynesiano Paul Krugman, que acaba de recibir el Premio Nobel de Economía por sus trabajos científicos, pero que había brillado en el planeta de la influencia no sólo por los mismos sino por su asombrosa capacidad de divulgación, manifestada en sus artículos semanales en The New York Times (que en España publica EL PAÍS) y por sus libros. En los últimos años ha publicado al menos tres de ellos. En El gran engaño. Ineficacia y deshonestidad: Estados Unidos ante el siglo XXI -una crónica de la primera legislatura de Bush- resume lo que ha pasado desde que la Administración Clinton cesase: caída de las Bolsas, escándalos empresariales, crisis energética, retroceso del medio ambiente, dos millones de nuevos parados, los déficits gemelos (exterior y público), recesión, terrorismo, etcétera. Krugman se asombra entonces de que la principal política económica de Bush consista en bajar los impuestos a los más ricos (con el pretexto de que son los que más invierten) en medio de dos guerras. Lo contrario de lo que decía el sentido común e incluso cualquier ortodoxia económica. Según nuestro economista, la secuencia que los neoconswelfare estadounidense que, a su entender, es un freno a la eficacia del sistema. pretendían instalar tenía un cariz ideológico: rebajar los ingresos públicos, subir el déficit ("el déficit no importa", declaró el vicepresidente Dick Cheney), y aumentar al tiempo los gastos de seguridad y defensa. Cuando la situación se hiciese insostenible, la solución era cristalina: reducir los gastos sociales, lo que significaba acabar con el pequeño

No todo el Partido Republicano pensaba igual. Las anteriores no son las señas de identidad tradicionales de los republicanos (por ejemplo, no lo fueron de la Administración Nixon) sino de un pequeño grupo, muy ideologizado, con raíces en la extrema derecha religiosa y en los institutos de pensamiento fundamentalistas más relacionados con la Escuela de Chicago, que se ha apoderado de la dirección del mismo: los neocons. Ésta es la principal tesis del último libro de Krugman, Después de Bush, que subtitula El fin de los neocons y la hora de los demócratas. En él se demuestra que la polarización política es consecuencia de la desigualdad económica, lo que explicaría en buena parte el desarrollo de la actual campaña electoral. El hoy Nobel de Economía apostó en principio por Hillary Clinton como la mejor candidata demócrata a la Casa Blanca, por ser la más coherente para aplicar la política que según él debía seguir el país (el libro está escrito antes de que estallase la crisis financiera y económica): completar la obra del New Deal rooselvetiano, incluyendo una expansión del seguro social que cubriera riesgos evitables cuya relevancia se ha hecho inconmensurablemente mayor durante las últimas décadas.

En el año 1999, Krugman escribió otro libro, cuyo título puede resultar premonitorio estos días: El retorno de la economía de la depresión. En él abordaba los efectos de la primera crisis económica de la globalización: la que comenzó en el verano de 1997 en Tailandia, con la devaluación de su moneda, que se extendió primero por el conjunto de Asia, luego a Rusia y a América Latina, y finalmente al resto del planeta. Decía entonces que la economía mundial no se encontraba en depresión y que probablemente tampoco experimentaría ninguna depresión en el corto plazo. Pero que la economía de la depresión -los tipos de problemas que caracterizaron buena parte de la economía mundial en los años treinta del siglo pasado- se había instalado de forma pasmosa: hasta hace poco era difícil que alguien pensara que los países modernos se verían obligados a soportar recesiones apabullantes por temor a los especuladores monetarios; que un país avanzado podría verse con persistencia incapaz de generar el gasto suficiente para mantener el empleo de sus trabajadores y de sus fábricas; que incluso la Reserva Federal se preocuparía por su capacidad para contener un pánico del mercado financiero. La economía mundial, concluye, se ha convertido en un lugar mucho más peligroso de lo que imaginábamos. Este texto, publicado hace una década, está siendo reescrito ahora por Krugman, a la luz de la experiencia presente, que multiplica por cien lo acontecido antaño.

En 1930, John Maynard Keynes escribió que "nos hemos metido en un desorden colosal, cometiendo errores garrafales en el control de una máquina delicada, cuyo funcionamiento no entendemos". La batalla que ha dado Krugman consiste precisamente en ello: para compartir un pronóstico de las dificultades y actuar en consecuencia, hay que comprender antes lo que está pasando. En ello ha sido un verdadero maestro. -

Después de Bush. El fin de los neocons y la hora de los demócratas. Traducción de Francesc Fernández. Crítica. Barcelona, 2008, 326 páginas. 29 euros. El gran engaño . Ineficacia y deshonestidad: Estados Unidos ante el siglo XXI. Traducción de Isabel Campos Adrados. Crítica. Barcelona, 2004. El retorno de la economía de la depresión . Traducción de Jordi Pascual. Crítica. Barcelona, 2000.