"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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domingo, 1 de febrero de 2009

El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación (libro).


Verdad estremecedora, final feliz

EDUARDO MENDOZA 31/01/2009

El factor humano podría ser la mejor novela del año de no ser porque todo lo que cuenta sucedió de verdad. Y una verdad estremecedora, aunque hoy y desde nuestra perspectiva, casi nadie la recuerde. Ajena por razones históricas al mundo colonial africano (con la excepción anecdótica de Guinea) y ajena hasta hace poco a los problemas derivados de la diversidad racial (con la excepción anecdótica de los gitanos), la opinión pública española siempre vio el conflicto de Suráfrica y el apartheid como algo remoto sobre cuyo fondo todo el mundo estaba de acuerdo: un sistema en el que una minoría blanca oprimía a una mayoría negra era insostenible y debía resolverse de inmediato. Pero ni los más optimistas, aquí o en cualquier parte, creían que esta solución pudiera ser pacífica. Un largo periodo de injusticia, brutalidad, cárcel, tortura, revueltas y matanzas había alimentado el odio de millones de oprimidos y la determinación de la minoría amenazada de defender sus privilegios y tal vez sus vidas a un precio que incluía, entre otros útiles, la bomba atómica. Cuando el final de la descolonización y de la guerra fría hizo inaplazable el cambio en Suráfrica, el mundo se preparó para una guerra civil terrible e inevitable. Y sin embargo, contra todo lo previsible, el conflicto surafricano se resolvió de un modo pacífico, por un método racional y a través de una cadena de episodios tan increíbles como afortunados.


El factor humano cuenta este proceso de un modo claro, inteligente, objetivo y tan ameno que el lector menos interesado por la historia se sentirá atrapado desde la primera página, no sólo por este singular proceso, sino por sus insólitos protagonistas, empezando por la fascinante figura de Nelson Mandela, un hombre en quien concurrían la inteligencia, la bondad, la astucia y la elegancia.

John Carlin nació en Londres en 1956, estudió en Oxford y, aunque actualmente reside en España, ha ejercido el periodismo en varios países, incluida Suráfrica durante los años en que ocurrieron los acontecimientos que relata. Conoce, pues, los hechos de primera mano y personalmente a sus protagonistas, lo que da viveza y proximidad al relato, sin que el propio Carlin se inmiscuya en ningún momento, lo que siempre es de agradecer. Como buen periodista, sabe seleccionar y organizar la información con una economía y eficacia a la que hacen justicia la traducción castellana de María Luisa Fernández Tapia y la catalana de Pere Núñez. Dicho lo cual, añadiré que John Carlin es, sobre todo, un magnífico y apasionado narrador.

El relato, verídico en sus detalles e increíble en sus giros inesperados, pivota sobre un partido de rugby: la final del campeonato del mundo de 1995 que disputaron Suráfrica y Nueva Zelanda en Johanesburgo. En la tribuna presidencial, Nelson Mandela, que acababa de realizar la proeza de reconciliar no sólo a los blancos con los negros, sino a los distintos grupos de resistencia que durante años habían sostenido la lucha armada. En aquella ocasión, Mandela decidió utilizar el partido de rugby para consolidar esta asombrosa transición, añadiéndole un elemento emocional que uniera a todos los surafricanos sin distinción de raza. Es una muestra más de la personalidad de Mandela el que utilizara como factor de unión el deporte, vehículo de enfrentamientos por excelencia. Sólo por esta razón, el libro ha de interesar por igual a los amantes del deporte y a sus detractores. Y no hace falta ser aficionado al rugby ni entender sus reglas para que, de la mano de John Carlin, el desenlace se convierta en eso que los comentaristas deportivos suelen llamar un "partido de infarto".

Las etapas que conducen a Mandela de la prisión donde había pasado veintitrés años a presidir la nación y al partido de rugby y los personajes que se van incorporando a la trama constituyen la peripecia de este relato sorprendente y en varias ocasiones emocionante, especialmente para quienes, con sobrada razón, desconfían del género humano. Cuando se hace balance del desastroso siglo XX, la transición en Suráfrica es una de las pocas historias con final feliz.

Cuando el libro aparece en castellano y catalán, ya lleva cosechado un éxito notable en su idioma original y pronto se convertirá en película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman en el papel de Mandela. La noticia no añade ni quita nada a este libro espléndido por méritos propios, pero pone de manifiesto el atractivo de la historia. -

Seix Barral. Barcelona, 2009. 360 páginas. 19 euros.

El factor humà. Nelson Mandela i el partit de rugbi que va construir una nació. John Carlin. Traducción de Pere Núñez Sánchez. La Campana. Barcelona, 2009. 376 páginas. 20 euros.

Verdad estremecedora, final feliz

El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación. John Carlin. Traducción de María Luisa Fernández Tapia.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Entrevista a Jacques Vergès, abogado del terror

Fuente: LA CONTRA-LA VANGURADIA, sábado, 08 de noviembre de 2008

Jacques Vergès, abogado, defendió a terroristas argelinos y palestinos y a Klaus Barbie
"Desarrollo el espíritu crítico hasta el límite"


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IMA SANCHÍS

83 o 84 años. Nací en Tailandia y vivo en París. Divorciado, dos hijos y una nieta. Voluntario en las fuerzas armadas de Charles de Gaulle, 10 años en el PC francés, abandoné. Estoy en contra del imperialismo y la dominación. Soy agnóstico, veo al hombre divino y misterioso

Qué le ha conformado?

El entorno social y mi padre, ingeniero agrónomo, médico criollo de la isla de Reunión y cónsul de Francia en Tailandia, a quien invitaron a marcharse cuando se casó con mi madre, vietnamita, y volvió a la isla de Reunión.

Dicen de usted que es un hombre resentido, víctima de la colonización.

Tuve una infancia muy protegida, pero vi la situación colonial, algo que actualmente sigue marcándome: no puedo tolerar los ataques a la dignidad humana.

A los 17 años se alistó en las fuerzas de De Gaulle. ¿Qué le enseñó la guerra?

A no juzgar a los hombres como un colectivo. Cuando llegué a Inglaterra, pensaba que los ingleses eran más racistas e hipócritas en sus costumbres coloniales que los franceses, pero descubrí lo contrario. Y cuando fui de ocupante a Alemania, a casa del enemigo, me acogió gente maravillosa.

¿Qué le hizo abogado?

Escogí este oficio sin vocación, hasta que me designaron para defender a un joven ladrón y entendí que él era yo y me pregunté: "¿Qué le ha llevado a hacer lo que ha hecho?".

Defendió a una argelina que había cometido actos criminales y se casó con ella.

No: actos de guerra, la guerra por la independencia de Argelia.

Poner una bomba en un bar que mató a once personas es un acto criminal.

Pregúntese qué llevó a esa chica pacífica a cometer ese acto. Puedo hacerle una lista de las atrocidades que cometió el ejército francés y la policía en Argelia. En 1945, en Constantina, masacraron a 40.000 estudiantes que se manifestaban pacíficamente. Actualmente, el Gobierno francés reconoce que aquello era una guerra; entonces no lo reconocían y trataron a los prisioneros de guerra como bandidos; a muchos los ejecutaron, así que cometieron un crimen de guerra.

Eso no excusa los actos asesinos.

Defender a alguien no es exculparlo, es intentar entender el camino de un ser humano como nosotros, y con eso no estoy haciendo ningún trabajo subversivo, es un trabajo útil para la sociedad, para que las instituciones puedan hacer que otras personas no sigan ese mismo camino.

No parece haber sido ese el resultado.

¿Por qué torturó el ejército francés en Argelia? Porque le dieron un poder policial y el ejército no está hecho para eso. Si los norteamericanos hubieran reflexionado sobre lo que decían los abogados del FLN, lo que pasó en Abu Graib no hubiera ocurrido. Las fotos que vimos son un fracaso moral para el ejército norteamericano.

¿Justifica el secuestro por parte del PFLP de un avión de pasajeros?

Ese avión fue secuestrado después de que un país usara aviones y bombas con objetivos políticos sobre la población palestina. Aquel secuestro fue atroz, pero si no hubiera daños colaterales, como suele decirse hoy, no habría atentados, y eso es lo que digo. El embargo sobre Iraq según la OMS ha provocado la muerte de 500.000 niños.

Sí.

Cuando un preso preguntó sobre ello a la señora Albright, dijo que era el precio de la democracia: me parece una respuesta criminal. ¿Por qué murieron medio millón de niños? Porque los aliados bombardearon las plantas de tratamiento de agua y prohibieron la importación de medicamentos con la excusa de que podían fabricar armas químicas.

Cierto.

Si mañana la mujer de un hombre torturado en la cárcel de Abu Graib, desnudo y arrastrado por una joven soldado risueña, comete un atentado suicida...

... Contra un autobús escolar...

Yo no estoy de acuerdo con ello, pero digo que esa mujer tiene excusas.

Ha defendido casos muy llamativos.

Nuestra obligación es defender incluso a nuestro peor enemigo.

El nazi Klaus Barbie, por ejemplo.

Sí, yo luché contra Barbie, pero también por que tuviera un juicio justo y no un linchamiento. Deshumanizar al genocida en nombre de valores humanistas es lo mismo que hace el genocida con sus víctimas.

Durante el juicio atacó a sus víctimas.

No las ataqué, refuté testimonios inexactos. Mi labor es necesaria para averiguar la verdad y llevar a cabo un juicio civilizado.

Su equipo de defensa lo componían negros, árabes y asiáticos.

Tenía frente a mí a 39 abogados que decían hablar en nombre de la humanidad, pero la humanidad no es sólo blanca. Y nada ha cambiado, el Tribunal Penal Internacional está persiguiendo a gente de Zaire, Uganda, Liberia, todos más negros que el carbón, pero a los que montan una guerra a partir de una mentira no los persiguen.

Defendió a un viejo amigo, Jieu Samphan, antiguo presidente camboyano.

Condeno los crímenes del régimen de Pol Pot, pero se deberían tener en cuenta los muertos causados por el embargo norteamericano y el ejército vietnamita.

El gobierno de Togo le contrató para demandar a Amnistía Internacional.

Denunciaron que un general tiró al mar desde su avión a cien presos, cuando ese avión estaba inmovilizado. No apoyé a un dictador en contra de AI, apoyé la verdad contra la mentira. Desarrollo el espíritu crítico hasta el límite en un momento en que el pensamiento único es obligatorio.

"Desarrollo el espíritu crítico hasta el límite"
Para reflexionar

En El abogado del terror, espléndido documental que se acaba de estrenar sobre este polémico abogado criminalista defensor para alguno de causas indefendibles, Barbet Schroeder evita los juicios y las valoraciones, única postura inteligente ante un hombre de la complejidad y habilidad de Vergès, que mediante su defensa de terroristas y torturadores (como Klaus Barbie, antiguo jefe de la Gestapo) ha denunciado la hipocresía de las grandes potencias, el crimen colonial y la doble moral. Estuvo a punto de ser asesinado y, en el apogeo de su carrera, abandonó a su familia y desapareció ocho años. "Quizás hable de ello en la vigilia de mi muerte". Asegura que la gente corriente le demuestra su aprecio.