"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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miércoles, 11 de enero de 2012

"Debemos ser como árboles que al vivir limpian la tierra"

Michael Braungart, químico; creador del ciclo 'cradle to cradle' (de la cuna a la cuna)

LA VANGUARDIA 10/01/2012  Lluís Amiguet
Foto: Jordi Roviralta

No sea marciano

Tengo 54 años: los casados ganamos un kilo al año, así que voy a hacerme champú con esa grasita. Fui director para Europa de Greenpeace y fundé la agencia medioambiental de la RFA e investigo para el Gobierno holandés. He participado en SmartCity de Fira de Barcelona.

Si nos portamos como alienígenas con la Tierra, la Tierra nos tratará como a alienígenas y nos exterminará. Nuestro planeta está enfermo de un virus letal: somos nosotros, los humanos. Y, como todos los virus, cuando destruyamos al ser que infectamos, moriremos también con él. Ya es tarde para evitar dañarlo: hay que curarlo. Lo dice Braungart: "Dejemos de fabricar para el consumo y el vertedero y fabriquemos para el uso y la vuelta a la fábrica". Braungart aduce que este cambio salvador es la tercera revolución industrial, junto con la producción de energía renovable en cada casa. Ambas serían el nuevo plan Marshall para volver a hacer crecer a toda Europa.
Sabe que España ha anunciado que será neutral en emisiones de carbono en el 2020?


Algo había oído.
Pues eso es imposible. Sólo hay una manera de conseguirlo: que ustedes no existan. Que todos dejemos de respirar.

¿Morir para dejar de contaminar?
Ese es el sentimiento que propicia el ecologismo sostenible: te hacen sentir culpable de tirar de la cadena, de ir al lavabo, de lavarte los dientes... ¡y hasta de respirar!

Pero hay que limitar el daño ecológico.
Para conformarnos con eso ya es demasiado tarde y ya somos demasiados. Ahora la única alternativa a la degradación del planeta y a nuestra ulterior destrucción no es ser menos humanos, sino ser más árboles.

¿En qué sentido?
Los árboles no son sostenibles: ¡Olvide la sostenibilidad, está superada! Los árboles al vivir limpian aire y agua. No son neutrales ni de emisiones cero. ¡Son positivos!

¿Cómo?
Ya no basta con contaminar poco o no contaminar: debemos repensar nuestras vidas para que nuestra actividad limpie y recupere el planeta y lo deje mejor que antes.

¿Podemos ser positivos como árboles?
Tenemos la técnica y los medios. Falta cambiar la mentalidad –que el objetivo deje de ser no ensuciar y pase a ser limpiar– y ponernos ya manos a la obra. Por ejemplo, proyectando edificios que limpien la tierra, el aire y el agua. Tenemos las técnicas.

¿Es posible?
¡Nosotros ya hemos empezado! Hemos diseñado vertederos y cloacas en Brasil que no es que no ensucien..., ¡es que limpian el agua y la tierra! Y edificios que mejoran el aire. Son viviendas que dejan el medio mejor de lo que estaba antes de que se construyeran.

No parece tan fácil de lograr.
Insisto en que es cuestión de cambiar nuestros objetivos y nuestro marco mental. El problema es que hemos estado tan ocupados siendo menos malos que no hemos hecho nada aún por ser buenos con la tierra.

Por ejemplo.
Se han fabricado alfombras más fáciles de reciclar, pero cancerígenas. ¿Sabe por qué?

¿Para decir que eran reciclables?
Porque deberían haberse hecho para mejorar el medio y se han hecho pensando en no dañarlo. Por eso, ahora debemos reinventarlo todo: detergentes, plásticos, alfombras, gomas... Los neumáticos, por ejemplo: están diseñados para durar cada vez más...

... Y así gastar y contaminar menos.
¡Error! Duran mucho más hoy que hace veinte años, pero si analiza por qué descubrirá que llevan 640 nuevos compuestos químicos de los que 487 son nocivos para nosotros, pero los inhalamos cada día en las calles. Y la prueba es que el asma va en aumento.

¿Qué propone?
Cambiar el chip. En vez de hacer ruedas para que duren más, fabriquémoslas para que vuelvan al ciclo orgánico cuando se gasten.

¿Y una nevera vieja?
¡Jamás debe ir al vertedero! ¡Tenemos que eliminar los basureros de nuestra mente! Cuando ya no funcione, debe volver a la fábrica. Todos sus componentes deben regresar a la tecnosfera para ser reutilizados.

Desde luego, es más racional.
Ahora mismo usted se está comiendo este sofá: respira sus partículas y las absorbe por su piel. Así que debemos diseñar sofás comestibles y respirables y, tras su uso, se integrarán en el ciclo orgánico. Mire mi zapato.

¿Es cómodo?
¡Podría comérmelo! Cuando se calienta a alta temperatura, todo él se deconstruye en partes que se reintegran en el ciclo biológico: fibras vegetales, cuero... Y también compraremos calzado con data de caducidad.

¿Cómo?
Unos zapatos que duren hasta el 2020, y entonces los devuelves a fábrica, a cambio de de una parte de lo que pagaste por ellos, y allí los refabrican. Nada se tira. Todo debe usarse y reusarse y usarse y reusarse...

¿Adiós al consumo?
¡Adiós al consumo: viva el uso! Todo se reincorpora al ciclo biológico o a la tecnosfera. Que lo que quede del sofá o los zapatos ya inservibles acabe sirviendo como abono...

¿Siempre es posible?
¡Claro! Ya no compramos sillas de oficina, sino el uso de las sillas por un periodo para que después sean reaprovechadas en fábrica una y otra vez... ¡Nada se tira! En Alemania, reusar es un concepto en auge. ¡Ya no queremos ni basureros ni vertederos!

Eso requiere esfuerzo reorganizativo.
Nos daría una ventaja competitiva decisiva sobre los productores baratos de los países emergentes, que fabrican sin ninguna preocupación por el medio. El Gobierno holandés nos financia la investigación sobre el paso del ciclo fábrica-consumo-vertedero al de fábrica-consumo-fábrica (cradle to cradle). Fíjese: ahora mismo tengo que ir al lavabo a desbeber y por eso me deprimo.

¿La próstata...?
Es que cada día eyectamos fosfatos y su exceso provoca leucemia en los niños. Por eso diseñamos una planta en Brasil que reutiliza el fosfato del váter en la agricultura.

Pero, ¿es eficiente?, ¿es rentable?
Las españolas en su vida comen seis kilos de pintalabios. No es eficiente ni rentable, pero es efectivo. Como regalar flores. Lo efectivo es que dejemos de ser negativos y degradar el medio y empecemos a ser positivos y limpiarlo. No basta con vivir sin ensuciar: al vivir debemos limpiar.

jueves, 12 de agosto de 2010

Economía de la felicidad, de Manuel Castells

 La Vanguardia, 31 de julio de 2010

OBSERVATORIO GLOBAL
Cuando hace dos meses Ben Bernanke, el presidente del Sistema de Reserva Federal de Estados Unidos, clausuró el curso de la Universidad de Carolina del Sur, eligió hablar sobre la economía de la felicidad. Podría parecer una frivolidad cuando aún atravesamos la crisis económica más profunda desde hace medio siglo. En realidad, se situaba en una corriente creciente de académicos, políticos y empresarios que están tomando en serio lo que las encuestas muestran sistemáticamente: a la gente lo que le importa es ser feliz, aunque luego cada uno lo entienda a su manera. Ni el dinero hace la felicidad ni tampoco la compra. Hasta el punto de que hace un año Sarkozy reunió una comisión liderada por premios Nobel para proponer la creación de un índice de desarrollo basado en el concepto de felicidad. De hecho, con 37 años de retraso con respecto al primer país que decidió cambiar su medida del progreso sustituyendo el cálculo del producto nacional bruto por el índice de felicidad nacional bruta: Bután (si le falla la geo-historia, mírelo en Wikipedia). Propuesto en 1972 por el rey Jigme Singye Wangchuk, se convirtió en el parámetro de desarrollo multidimensional del país, sobre la base de combinar cuatro objetivos fundamentales: un desarrollo económico-social sostenible y equitativo, en el que el crecimiento revierta en beneficios sociales para la población; la conservación estricta del medio ambiente natural; la preservación y promoción de la identidad cultural butanesa; el buen gobierno garante de la estabilidad institucional y social sobre la que se basa la armonía de la vida cotidiana. El índice nacional de felicidad se alimenta de principios budistas enraizados en la historia y cultura del país, pero su aplicación puede extenderse a cualquier país o región que acepte la armonía como principio de organización social. Desde entonces, el concepto se ha perfeccionado en Bután, país que se relaciona con la globalización sólo en la medida en que contribuya al incremento de sufelicidad. Recientemente ha puesto las tecnologías de información y comunicación al servicio del proyecto. Esta nueva perspectiva de contabilidad nacional se ha extendido por todo el mundo, con influencia creciente del Centro de Estudios Butaneses en numerosas conferencias internacionales, en particular en Canadá y en Brasil.Existen índices comparados de niveles de felicidad que usted puede encontrar en internet y que muestran que Bután, país pobre de 700.000 habitantes, se sitúa entre los 20 primeros países por nivel de felicidad. Claro está, el problema es cómo se mide. Y aquí los butaneses y sus amigos internacionales no están solos. Hay una investigación académica creciente sobre el tema, con verdaderas innovaciones metodológicas. En buena parte, se basa en medidas subjetivas, como en los diarios personales diseñados por el premio Nobel Daniel Kahneman o resultantes de las encuestas especializadas. También se introducen datos estadísticos de desarrollo humano. La combinación de ambas fuentes se hace en una perspectiva holística de no privilegiar la dimensión monetaria sobre las demás. A partir de estas comparaciones, sabemos cosas interesantes. Así, los ricos suelen ser más felices que los pobres, pero los países ricos no son más felices que los pobres. Por ejemplo, en Costa Rica son más felices que en Estados Unidos. Porque la felicidad depende por un lado de las expectativas y por otro de la estabilidad de la vida. Procesos de rápido crecimiento disminuyen la felicidad al desorganizar la trama cotidiana. Carol Graham, de la Brookings Institution, ha investigado el tema en muchos países y encontró como factores clave de felicidad una vida personal estable, afectividad satisfactoria, buena salud y un nivel suficiente de ingresos (pero no demasiado alto, porque ahí empiezan los problemas). Pero también señala que la felicidad es la que ayuda a la buena salud.
De la investigación existente sobresalen dos temas: la sociabilidad y la adaptabilidad. Cuantas más redes familiares y sociales, más feliz es la gente. De hecho, las empresas de comunicación ya han identificado este hecho como el determinante del éxito de redes sociales en internet. Cuanto más internet, más sociabilidad, tanto virtual como presencial. Y cuanta más sociabilidad, más felicidad.
La búsqueda de comunidad es un elemento esencial para restablecer el equilibrio psicológico. Algunas políticas sociales, por ejemplo en Canadá, están utilizando esta perspectiva para organizar actividades para los parados que generen redes de relación social y de autoestima cuando falla el entorno laboral. Por otro lado, la adaptabilidad humana parece gestionar condiciones de desequilibrio mediante mecanismos de compensación en el comportamiento. Bernanke cita un párrafo revelador de Adam Smith:
“La mente de cada persona, en tiempo más o menos largo, vuelve a su estado usual y natural de tranquilidad. En la prosperidad, al cabo de cierto tiempo, baja al nivel en el que estaba; en la adversidad se eleva a su nivel habitual”. Esta afirmación, refrendada por la investigación en psicología económica, explicaría la relativa calma social en situación de crisis: todos acabamos adaptándonos a lo que no parecía soportable en otras condiciones. Pero es precisamente esa capacidad de contento interior lo que conduce a una armonía que depende de nosotros y no del valor de la vida medido en dinero. Y es que, en último término, desde la economía clásica la idea era servir a la felicidad del ser humano. Lo que ocurrió es que ante la dificultad de medirlo, el concepto se mutó en utilidad y se le asignó el precio como criterio de medición. La consecuencia fue una personalidad truncada en la que el acto de consumo individual no podía dar respuesta a otras necesidades no tratables por el mercado, desde los afectos hasta los bienes comunes (como la naturaleza). Al contrario, la huida en el consumo acentúa los desequilibrios psicológicos.
Por ello, no es casual que cuando falla el mercado nos quedemos vacíos. Pero ese vacío se va llenando con nuevas prácticas de vida a las que se refiere esa nueva rama de la investigación, síntoma de profundo cambio cultural: la economía de la felicidad. Felices vacaciones.
Si es que sabe ser feliz.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La revolución de la responsabilidad




Montserrat Domínguez en LA VANGUARDIA, 18 de septiembre de 2009


La revista Time dedica una encuesta y un largo reportaje a "La revolución de la responsabilidad", una manera de repensar lo que significa ser ciudadanos: no sólo votar o ejercer el voluntariado sino también comprar con criterios éticos.

jueves, 7 de mayo de 2009

La gripe como síntoma.

JOAN SUBIRATS, EL PAÍS, 07/05/2009

El hacinamiento y las arriesgadas condiciones de producción y cría impulsan lo que ahora padecemos

Escribo este artículo sentado en el aeropuerto de Roma frente a un grupo de personas con rasgos orientales, cuyas caras lucen una imponente mascarilla. Mis colegas de banco les miran azorados. ¿Hacen bien previniendo lo peor? ¿Son víctimas del alarmismo desatado que bloquea vuelos de México (China), ordena sacrificar cerdos (Egipto), o aconseja no ir a Montmeló a ver la fórmula 1 ya que "Cataluña es la región europea más infectada" (ministra alemana dixit)? Uno de los casos más usados en los cursos de análisis de políticas públicas es el que narra la crisis de la gripe porcina que se desató en Estados Unidos en 1976, en plena campaña de primarias para la elección presidencial, y cuando la Casa Blanca estaba ocupada por un vacilante Gerald Ford, tras Watergate y la dimisión de Nixon. Los hechos son los siguientes. En el centro de instrucción de reclutas Fort Dix (Nueva Jersey), en un frío enero de 1976, un grupo de jóvenes reclutas tuvo problemas respiratorios. Muchos fueron hospitalizados. Uno de los que no lo fueron, tras realizar una marcha nocturna, murió. El médico del cuartel envió cultivos al laboratorio estatal. Muchos de los virus encontrados correspondían al tipo Victoria o de Hong Kong, responsable desde 1968 de la mayoría de gripes humanas. Pero, otros no respondían a esas características. Se enviaron los cultivos a Centers for Disease Control (CDC) de Atlanta. El 12 de febrero, el laboratorio del CDC informó del resultado: en cuatro casos, incluido el de la persona fallecida, el virus desconocido era el de la gripe porcina. Como se ha recordado estos días, en 1918, una epidemia causada por un virus de gripe porcina, produjo millones de muertes en el mundo entero, medio millón en Estados Unidos. Si bien, muchas de esas muertes fueron atribuidas a la neumonía que complicó la gripe y que ahora sería tratable con antibióticos, un número desconocido sucumbió a la misma gripe. ¿Sería el virus detectado en Fort Dix, tan virulento como el de 1918? Todo hacía suponer que los reclutas podían haber sido infectados por transmisión persona-persona. ¿Implicaba ello que un virus largo tiempo limitado a los cerdos, estaba ahora volviendo a las personas? ¿Implicaba un cambio antigénico? Si era así, nadie más joven de 50 años tenía anticuerpos específicos o capacidad de resistencia para afrontar esa infección.

Es evidente que esta historia tiene muchos puntos de contacto con lo que está sucediendo ahora. Riesgo, incertidumbre, ciencia y oportunismo político se unieron sin rubor alguno. David Sencer, director entonces del CDC, tras constatar que la infección en Fort Dix se había extendido a centenares de soldados, convocó una rueda de prensa. Al día siguiente, los medios recogieron la noticia, con imágenes de personas con mascarilla y con referencias la mortífera gripe de 1918. ¿Qué hacer? Era urgente decidir, ya que de existir el peligro de pandemia (a pesar de que no se conocían casos de gripe porcina fuera del cuartel), se necesitaban vacunas, y ello llevaba tiempo. La situación era complicada. Si se decidían por la posibilidad de pandemia, lanzaban el plan de vacunación, y luego no se producía la infección masiva, se habría gastado mucho dinero para nada. Pero, ¿y si no se tomaban esas medidas y luego ocurría la catástrofe? Por otro lado, aún se disponía de tiempo antes de la época del año en que se extienden las gripes. No había "grupos de riesgo". Todos los menores de 50 años eran susceptibles de ser infectados. Ello implicaba vacunar a 213 millones de personas. Coste aproximado en aquel momento, 134 millones de dólares. El memorando de Sencer al entonces presidente Ford, se inclinaba por lanzarse a la producción de vacunas en conjunción con la industria farmacéutica. Gerald Ford, preocupado por el ascenso de un tal Ronald Reagan en las primarias republicanas, aprovechó la ocasión para afianzar su imagen como presidente, y asumió sin pestañear el escenario más dramático en un mensaje a la nación el 24 de marzo. Ordenó fabricar la vacuna, y se empezó la vacunación masiva en octubre, un mes antes de las elecciones. En diciembre se suspendió el programa tras los graves efectos secundarios que la vacuna había causado en miles de personas, sin que posteriormente la epidemia estallase.

Los informes de estos días apuntan a que el riesgo de la pandemia es consistente. El virus de la gripe es mucho más flexible y mutable que otros que siguen asolándonos (sida, malaria, tuberculosis). De hecho, cada año, mueren muchas personas por la gripe ordinaria. A mayor movilidad, más riesgo de transmisión rápida. A más vacunas a cerdos y personas, evoluciones a cepas víricas más resistentes. La nueva gripe es un síntoma de los peligros que desata la vía de desarrollo escogida, y la falta de reflexión y precaución sobre avances científicos rápidamente convertidos en técnicas rentables. Lo dice la especialista Laurie Garrett en una revista no precisamente alternativa como es Newsweek: hemos escogido un desarrollo que potencia la evolución viral. Si en 1983 consumíamos 152 millones de toneladas de todo tipo de carne al año, en 1997 eran ya 233 millones y la previsión es que en 2020 necesitaremos 386 millones de toneladas de carne de cerdo, de pollo, de ternera o de pescado de granja para poder sostener el ritmo de consumo. Es precisamente en esa mezcla de voracidad y de un modo de producción que genera hacinamiento y arriesgadas condiciones de producción y cría, lo que impulsa lo que ahora padecemos. En el editorial de The Economist, la conclusión es distinta pero convergente: necesitamos ámbitos más globales de prevención y de gestión de este tipo de riesgos que acompañan el modelo de desarrollo por el que se ha optado. Mucha innovación y poca gestión de riesgos. Una combinación de más sosiego consumista, de más énfasis en los mercados locales de consumo alimenticio, y de más capacidad de gobernanza global, podrían facilitar el convivir con los riesgos, evitando la búsqueda de seguridades totales, imposibles de alcanzar. Como ya dijo Churchill "estamos en la era de las consecuencias".

lunes, 22 de diciembre de 2008

El voto del consumo. Consumo responsable y comercio justo

JOSEP MARIA MONTANER EL PAÍS, 18/12/2008

Aceptando las críticas al consumismo indiscriminado; a la desigualdad de oportunidades, especialmente en tiempos de crisis y paro, y a un despilfarro que ocasiona el agotamiento de los recursos, y sin olvidar que en el mundo poco más del 20% de sus habitantes tiene acceso al consumo, los que concentran el 80% de la riqueza, y que casi el 20% de los catalanes viven por debajo del umbral de la pobreza, hemos de reconocer, sin embargo, que estamos dentro de la sociedad del consumo y que hemos de superar ciertos prejuicios anticonsumo.

Consumir para cubrir nuestras necesidades, especialmente en la esfera de la labor doméstica, nos caracteriza como sujetos contemporáneos y nos permite ciertos márgenes de elección: en cada opción que tomamos -dónde compramos, qué, envuelto cómo- estamos, en cierta manera, votando. Somos lo que comemos y lo que consumimos. Elegimos marcas, tiendas y envoltorios; y dichas tendencias pueden determinar las direcciones hacia las que deberán ir las empresas con sus productos.

Con cada compra votamos a favor de ciertos modos de vida y en contra de productos, envoltorios y empresas que rechazamos

Por ello, ciertas posibilidades son cada vez más emergentes, como el comercio justo, que consolida un tipo de consumo responsable en el que se garantiza que lo que compramos se ha cultivado y transportado con garantías para sus productores, que no están explotados, hay menos intermediarios y no se utiliza ni un exceso de fertilizantes ni pesticidas contaminantes.

En nuestro consumo podemos elegir la calidad y la procedencia, favoreciendo el comercio local:comprando en tiendas, mercados y ferias artesanas, en vez de ir a los grandes almacenes o a los centros comerciales. Reforzar el pequeño comercio beneficia la vida y la actividad del barrio. Y en los últimos 20 años en Cataluña ha aumentado cuantitativamente el porcentaje de personas que compran en el propio barrio. Consumir productos locales implica ahorro de energía y de infraestructuras, contra el despilfarro de transporte que tanto negocio da a los intermediarios y tanto perjudica al territorio y al paisaje.

Podemos informarnos de qué consecuencias tiene en el entorno lo que consumimos:

  • procedencia,
  • transporte,
  • energía utilizada,
  • residuos generados,
  • posibilidades de reciclaje.

Por lo tanto, podemos tener en cuenta la actitud ética de las empresas:

  • si indican claramente la procedenciay los componentes de sus productos,
  • si respetan los derechos de sus trabajadores,
  • si en sus métodos de producción ahorran recursos y respetan el medio ambiente.

En este sentido, las campañas de sindicatos, organizaciones de consumidores y ONG contra las industrias que amenazan con despidos, que recurren a la explotación infantil o que engañan a los consumidores, han tenido cierta repercusión.

También podemos tener en cuenta la actitud de los bancos a los que recurrimos: si otorgan microcréditos; si fomentan obra social y cultural allí donde se implantan; si evitan entrar en inversiones basura y de alto riesgo. Este voto del consumidor puede penalizar a los que no tienen ética en lo que producen, cómo lo producen y cómo tratan a sus trabajadores. Los que no tienen escrúpulos -recordemos casos como Enron, Lehman Brothers y Madoff-, acaban hundiéndose, aunque sus capitanes salten impunemente.

Una compra sostenible se corresponde con un consumo inteligente: busca durabilidad y eficiencia, menos impacto ambiental y más beneficios sociales. Si los usuarios exigen electrodomésticos, automóviles y viviendas que ahorren energía, el mercado deberá ofrecer estos productos. En esta dirección, la Diputación de Barcelona editó en 2007 el Manual Procura+, una guía para la compra sostenible por parte de los entes públicos.

Son las necesidades de miles de compradores las que pueden generar nuevos bienes, como los sacos de cemento de 20 kilos que las empresas cementeras brasileñas comercializaron para poder ser transportado por las mujeres, que son el pilar sobre el que se basa la autoconstrucción de viviendas.

Poco a poco, ciertas actitudes que podían parecer testimoniales pueden llegar a tener peso, como la red Slow food, de raíz italiana; el local food norteamericano, y la alimentación procedente de la agricultura orgánica. O como rechazar bolsas y botellas de plástico, tretrabricks y latas, difícilmente reciclables, y usar botellas de cristal y nuestras propias bolsas de tela.

El consumo tiene esta cara positiva: como dirían los existencialistas, en cada compra estamos primando unas empresas, un tipo de comercio, ciertos productos y empaquetados; en definitiva, estamos votando a favor de ciertos modos de vida y de consumo y en contra de aquellos productos, envoltorios o empresas que rechazamos. Superando el puritanismo anticonsumista, que en otros tiempos negó la posibilidad del ornamento fruto del trabajo artesanal y que pretende negarnos el placer de comprar o de vestir a la moda, podemos ser consumidores responsables y solidarios, en una nueva era de postconsumo en que seamos conscientes de las repercusiones en cadena que cada elección comporta.

Josep Maria Montaner es arquitecto.

viernes, 19 de septiembre de 2008

La historia de las cosas (vídeo altermundista, Geografía crítica)

Ir a:





Actividad sobre el vídeo La historia de las cosas de Annie Leonard

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/La_historia_de_las_cosas_(documental)

Completa con las informaciones que aparecen en el vídeo los espacios en blanco (utiliza letra de color verde o rojo)


• En las últimas _____décadas, hemos consumido la _______de las reservas de los recursos básicos del planeta

• En los Estados Unidos, sólo se conservan el __% de los bosques originales

• Sólo el ______ % del agua que circula por los ríos y canales de E.E.U.U. es potable.

• Estados Unidos con sólo el __% de la población de mundo consume el ____% de los recursos y genera el 30% de los residuos del mundo

• Si todos consumiéramos tanto como los E.E.U.U. necesitaríamos de __ a __ planetas.

• Los productos con los que se comercia actualmente contienen más de ________ sustancias químicas tóxicas diferentes

• Solamente se han evaluado los impactos en la salud de ________ de sustancias químicas sintéticas, aunque ni siquiera en esos casos se han _______sus efectos sinér____cos

• En los E.E.U.U., la industria admite a lanzar sobre __ mil millones de quilos de sustancias químicas t_____ cada año.

• Según las estadísticas, cada ciudadano de los E.E.U.U. consume ahora ___ veces más de lo que se consumía hace 50 años.

• Cada uno de nosotros vemos más anuncios en ___ ___ que los que vio la gente de hace 50 años en toda su vida

• En los E.E.U.U., la tasa de felicidad media nacional alcanzó su punto más alto en los años ____.

• En los E.E.U.U., dedicamos a las compras de __a __ horas más que los europeos.

• El tamaño medio de los hogares estadounidense se ha multiplicado por ___ desde los años 1970.

• Cada persona en los Estados Unidos produce __quilos de basura al día. Eso supone multiplicar por ___ la cantidad de basura que generábamos hace treinta años.

• Para fabricar el cubo de basura que ustedes utilizan fueron necesarios generar ____ cubos de residuos que finalmente acabaron contaminando nuestras aguas.




lunes, 15 de septiembre de 2008

La moda en eje del juego de las identidades y de la compra compulsiva en la era del consumo como forma de vida.

"Vestirse es como escribirse en el cuerpo, es plasmar la propia biografía, es contar una historia nuestra a los demás " Oscar Wilde

“La moda es la última piel de la civilización”. Paco Rabanne

"La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista”Yves Saint Laurent


La evolución del sector textil en España

2003

2004

2005

2006

2007

Empresas

7.200

6.850

6.350

6.100

5.900

Empleo (en miles) '-

257,5

243,3

223,2

206,0

196,5

Producción (millones €)

13.258

12.790

11.650

11.415

11.390

Valor añadido (millones €)

5.700

5.500

5.020

4.920

4.900

importaciones (millones €)

9.431

10.031

11.011

12.336

13.383

Exportaciones (millones €)

6.437

6.627

6.659

7.356

7.814





¿Para quién estás desfilando?


Alejada de su origen cultural, la moda apela al consumo compulsivo.Cinco argumentos para entender adónde conduce la pasarela

MARICEL CHAVARRÍA, LA VANGUARDIA, 5 de septiembre de 2008


Desesperada por llamar la aten­ción y posicionarse en el mer­cado de las gran­des marcas, la moda, efímera y frívola por natu­raleza, busca sin resuello epatar, sorprender un poco más cada día con pasarelas convertidas en oca­siones en auténticos happenings artísticos. Su misión: romper tabúes, recrear mundos oníricos y apelar a los deseos que hoy son un billete a la eterna insatisfac­ción.


El consumo y el motor co­mercial están en juego.

En una rentreé marcada por un sinfín de pasarelas como la sema­na de la moda de Tokio, Nueva York, Melbourne, Taipei, en Taiwán, o incluso la feria textil en Ponzan (Polonia), y de mane­ra más cercana, la moda de Valen­cia o la aún tierna Pasarela 080 que se celebra estos días en Barcelona, La Vanguardia se plan­tea, entre otras cuestiones, cómo ha cambiado la relación del con­sumidor con la moda o cómo exis­te un mercado de productos de lujo o diseño en busca de mino­rías en un mundo global.


1. El cebo de la pasarela


Convertir a los consumidores en creyentes. Eso es lo que buscan las marcas que proyectan estilos de vida. Lo explica la diseñadora e historiadora Imma Urrea, pione­ra en introducir la moda en la uni­versidad de Catalunya -codirige dos posgrados en la UPF- y socia de Sofoco Media. "Desde la caída de las ideologías en los años 80, las personas nos aferramos a identidades que a menudo crea la ropa. No compramos produc­tos sino marcas. Mientras, estas luchan por hacerse un hueco pa­riendo imágenes potentes".


La al­ta costura, un laboratorio de ideas donde se permiten las ma­yores excentricidades con tal de vender nombre e imagen, genera discursos, no importa si la gente se idenfitica o se rebe­la: es el míra­me, no me míres, soy como tú, no lo soy, no me importa co­mo voy sino quién soy...

En la ca­rrera hacia la transgre­sión, los diseñadores John Gallia-no y Tom Ford protagonizaron este principio de siglo un duelo para Dior y Gucci respectivamen­te, obligados el primero a ser ca­da vez más loco y el segundo ca­da vez más sexy. "Es la lucha por estar en las portadas o los noticia­rios de la noche. La moda espec­táculo vende sueño, locura y mo­dernidad, pero que nunca sale a la venta, porque Dior gana diñero con sus perfumes, bolsos, ga­fas... La gente escoge gastar me­nos en ropa pero llevarse el com­plemento. El logo le pone hasta la locura... claro que la moda es una gran hipócrita, pues las pro­pias marcas se han hecho con el negocio paralelo de copias y falsi­ficaciones y fabrican los caros y los baratos", afirma. La compra compulsiva y la búsqueda ince­sante de lo nuevo viene hoy alen­tada por la gran distribución. Za­ra, por ejemplo, ya no repone ca­da seis meses sino cada quince días. Incluso las grandes marcas tienen que hacer la colección cru­cero, el flash, el avance..., mano de santo para el consumo.


2. Trapitos y hotel donde lucirlos


El futuro del diseño y la moda es­tá en captar minorías y ofrecer multiproductos y multiservicios, dice la diseñadora Gloria Jover. Una élite acaudalada, que ya no es relevante en Europa sino en Asia o Latinoamérica, llama a la involución de la democratiza­ción de la moda. Las marcas to­man nota de la vuelta al lujo y fa­brican seríes cortas, pero ya no sirve el sueño francés de los 50. Es un público lejano, heterogé­neo. De modo que, comprendida la mentalidad del cliente, habrá que ofrecerle el modelo y el hotel donde lucirlo. El diseñador se atreve con todo tipo de objetos, y se cuece una unión con arquitec­tos con quien compartir códigos y crear ambientes comunes.


3. Menos sexo y más angustia


La versión tradicional de la mo­da -que parte de una clave fálica para vestir un cuerpo que respon­de a un ideal sexual- trae varian­tes. Diseñar no tiene el mismo sentido en una época en la que el mito de la armonía sexual se ha perdido y el sexo ya no es tabú. "Los modistos ya no aspiran a es­tablecer el canon de la represen­tación femenina, sino más bien a evocar algo de lo que es el ser mo­derno. En parte, sigue siendo ese ideal pero incluye aspectos rela­cionados con el sentimiento de vacío y angustia", apunta el psi­coanalista José Ramón Ubieto. Muerte, destrucción o abuso, as­pectos antes dejados de lado, su­ben a la pasarela. "El capitalismo hace de todo ello un objeto de consumo que caduca: el empuje a la insatisfacción misma".


4. Culturalizarnos en la moda


La cultura sobre la moda es un bien escaso en España, muy por debajo del nivel de EE.UU., Fran­cia, Gran Bretaña o Italia. Una ra­zón es que no hemos hecho de la moda una fuente de ingresos im­portante, dice Urrea. "Lo más im­portante que ha surgido aquí es Indítex, que ya ha superado a Gap como distribuidor, pero los diseñadores españoles no consi­guen que se lleve su moda en la calle y los medios relegan la mo­da a las páginas rosa", advierte la historiadora. Los especialistas echan en falta plataformas de opi­nión y análisis, más allá de las re­vistas entregadas a lo visual.


5. El sucedáneo de conexión


"Vivimos un momento de gran velocidad, lo cual no está nada mal, porque hemos llegado tan le­jos y somos tan rápidos y radica­les que todo aboca a que lleguen nuevos aires, otros valores", ase­gura Jover. "La moda hoy es vintage, lo recogemos todo y hace­mos un pastiche. Es un momento de cambio en el que rompemos dogmas, por eso banalizamos. Pe­ro la juventud creará nuevos valo­res éticos. La moda no deja de ser arte y provocación en la calle, y hay outsiders que pueden tener posturas interesantes y hacer un producto en profundidad. De mo­mento, lo que hay es una gran cri­sis ideológica. Se diría que no creemos que vaya a haber futuro. ¿Por eso no invertimos en know how? Vivimos el ahora, pero sin esa conexión espiritual. Y llena­mos ese vacío con el sucedáneo de la conexión que es la moda".»