"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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domingo, 2 de octubre de 2011

El nuevo “sistema-mundo”, de Ignacio Ramonet

Fuente: Le Monde diplomatique (Nº: 192 Octubre 2011)

Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”?

La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”…

Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir.

  1. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. 
  2. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. 
  3. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. 
  4. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. 
  5. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. 
  6. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.

Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.

En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones)  y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.

Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.

En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causarà, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar…

El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU.

Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.

Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo.

Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.

El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.

Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.

Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.

Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada… Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.

Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora –en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo– por las energías renovables.

El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento… El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo.

domingo, 9 de enero de 2011

Comprar, tirar, comprar


En Portada
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Emitido el domingo 9 de enero a las 22:00 h en La 2 y en RTVE.es
 
Comprar, tirar, comprar, un documental sobre obsolescencia programada, o lo que es lo mismo, la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo.
Fabricados para no durar

Fabricados para no durar

Baterías que se 'mueren' a los 18 meses de ser estrenadas, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se funden a las mil horas... ¿Por qué, pese a los avances tecnológicos, los productos de consumo duran cada vez menos? ¿Quieres saber dónde terminan?
Una bombilla, en los orígenes de la obsolescencia programada
<strong>Las pruebas documentales</strong>

Las pruebas documentales


En 1911 se anunciaban bombillas con una duración certificada de 2500 horas pero en 1924 los principales fabricantes pactaron limitar su vida útil a 1000.
El cártel que firmó este pacto, llamado Phoebus, oficialmente nunca existió pero en 'Comprar, tirar, comprar' se nos muestran pruebas documentales del mismo como origen de la obsolescencia programada
Una bombilla centenaria

Una bombilla centenaria


En Livermore, California, encontramos la bombilla más antigua del mundo.

Encendida sin interrupción desde 1901, está en internet 24 horas al día. De momento se han agotado ya dos webcams y la bombilla va por la tercera.

¿Quieres verla?
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En directo, en la web
Comprar, tirar, comprar también se podrá ver y comentar en directo en RTVE.es y permanecerá on line durante las dos semanas posteriores a su emisión en televisión
Dirigido por Cosima DannoritzerLa directora

La directora responde

El lunes 10 de enero, a las 16:00 h, tras la emisión del documental, Cosima Dannoritzer responderá las preguntas de los usuarios. Envía la tuya

"Comprar, tirar, comprar" en "Asuntos Propios"

Joan Úbeda y Cosima Dannoritzer, productor y directora del documental, nos hablan de la trastienda de su trabajo
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Algunas voces del documental
Marcos López

Marcos López

Técnico informático

Los problemas de este barcelonés con una impresora son el hilo conductor de Comprar, tirar, comprar
<strong>Marcos López</strong>

Casey Neistat

Videoartista

Él y su hermano pusieron contra las cuerdas a Apple con la realización de un corto-denuncia sobre la corta vida de las baterías del iPod
<strong>Caseu Neistat</strong>

Elizabeth Pritzker

Abogada

Oyó hablar del vídeo de los Neistat y decidió demandar a Apple. Su idea se extendió por Internet y captó la atención de miles de afectados
En Portada

Mike Anane

Periodista y activista

Este ghanés lucha contra la obsolescencia programada desde el final de la cadena. Recopila información sobre los residuos que llegan a su país
<strong>Serge Latouche<strong>

Serge Latouche

Profesor Emérito de Economía
Propone emprender la revolución del 'decrecimiento' para conjugar economía y sostenibilidad
En Portada

Michael Braungart

Químico

Autor del concepto 'de la cuna a la cuna'. Propone rediseñar la industria imitando el ciclo virtuoso de la naturaleza
En Portada

John Thackara

Diseñador y filósofo

Ayuda a gente de todo el mundo a compartir ideas de negocio y de diseño más sostenibles
En Portada

Warner Philips

Biznieto de los fundadores de Philips

Plantea alternativas desde el mundo empresarial. Fabrica una bombilla LED que dura 25 años

Espacio reservado para promoción

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Pensamiento verde: la crisis como oportunidad y reto para el cerebro

ANATXU ZABALBEASCOA
EL PAIS SEMANAL - 08-11-2009

Tras este parón no va a haber más remedio que hacer las cosas de otra manera. Y deberíamos hacerlas mejor


La tecnología en energía sostenible empieza a baratarse. Una placa solar se amortiza en tres años


No basta con mirar para otro lado y vender residuos a un país más pobre. El aire no entiende de fronteras

Los buenos propósitos suelen tener algo de ingenuo e irreal. Hasta que se convierten en hechos

El ahorro y la frugalidad se imponen por dos razones opuestas: la necesidad y el mimetismo
El ahorro y la frugalidad se imponen por dos razones opuestas: la necesidad y el mimetismo- ."Una dieta predominantemente vegetariana reduce notablemente nuestro pisotón ecológico", dice el filósofo Jorge Riechmann- STEPHEN WILKES Y CRISTOPHER NIEMANN (NYT SYNDICATE)
Una bolsa de plástico tarda 400 años en descomponerse". La información no proviene de una revista científica, sino de una valla publicitaria. Este verano, cuando el anuncio de una bajada en los precios se antojaba la única opción para seguir vendiendo, los supermercados Carrefour decidieron cambiar el "llévese tres, pague dos" por un mensaje distinto: iban a eliminar definitivamente las bolsas de plástico. Carrefour decidió apostar por cambiar un hábito. Y la mayoría de sus clientes ha asumido ya la nueva costumbre.
Puede sonar demagógico, y ya les debe de quedar poca fe, pero los grandes beneficiados de la crisis podemos ser nosotros. Lograrlo exige un cambio de mentalidad: nuestro beneficio no va a ser a costa de nadie. Tras este parón no va a haber más remedio que hacer las cosas de otra manera. Y deberíamos hacerlas mejor.

No es casualidad que con pocas semanas de diferencia se hayan publicado en España dos libros cuya tesis gira alrededor de la idea de la crisis como una oportunidad para el cambio. Alex Rovira, profesor de ESADE y autor de La buena crisis (editorial Aguilar), defiende con vehemencia la necesidad de una visión más ecológica del mundo y de la expansión de la conciencia. "Estamos en esta situación porque comprábamos cosas que no necesitábamos, para impresionar a gente que no conocíamos o no nos caía bien, y avalando con activos cuyo valor no era el que creíamos. Todo era una gran mentira y estamos pagando las consecuencias. La Tierra es el cuerpo que nos alberga y nosotros somos su consciencia, pero nos habíamos convertido en su cáncer. La clave es la responsabilidad: si encendiste, apaga; si consumiste, recicla... Hay que completar la acción, respetar el medio y a las personas".

Jordi Pigem, doctor en Filosofía, firma el libro Buena crisis. Hacia un mundo posmaterialista, publicado por Kairós. "Parto del término médico de crisis", explica Pigem, "que no es otra cosa que el momento crítico en el que una enfermedad empeora o mejora. La crisis puede ser una oportunidad de sanación". Pigem describe un mundo en el que ha imperado la razón por encima del cuerpo y las emociones, el ser humano por encima de la naturaleza y el hombre por encima de la mujer. "Ahora toca cambio", añade, "y eso atañe a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Ni el egoísmo ni la codicia funcionan. La tendencia que está creciendo con más rapidez en estos momentos es la de la generosidad, se manifiesta en la banca ética, en la cantidad de ONG que funcionan en el mundo, en el comercio justo, en redes sociales preocupadas por compartir... y todo se articula dentro de una visión del mundo en el que las personas no estamos por encima de la naturaleza. No se puede volver a donde estábamos porque no es sostenible".

Domingo Jiménez Beltrán, que fue director general de Medio Ambiente con la ministra Cristina Narbona, no duda que la crisis puede propiciar un cambio hacia una vida más sostenible: "Todo el mundo sabía que teníamos un modelo de desarrollo de corto recorrido que ha generado beneficios, pero no para todos. Se han privatizado las ganancias y hemos socializado las pérdidas".

Si todos lo sabían, ¿por qué nadie lo evitó? Jiménez, que también fue director de la Agencia Europea de Medio Ambiente, lo llama el síndrome del elefante: mientras estás en el negocio, lo que pretendes es que dure un poco más. "Mientras el PIB crece al ritmo del 4%, a los políticos les da miedo decir que eso lleva al desastre porque piensan que hacerlo va a frenar abruptamente la inversión. Todo el mundo se había puesto como meta que la burbuja, antes de que llegara a estallar, se desinflara suavemente. Ahora no vale lamerse las heridas. Hay que aprovechar la crisis para salir de ella con un modelo de desarrollo reforzado", explica.

¿Cuál podría ser ese modelo? En los años setenta, el planeta sufrió una grave crisis agrícola. Se temió no poder producir suficiente grano para la creciente población mundial. Para remediarlo, varias organizaciones de ayuda internacional invirtieron en la agricultura. El resultado se llamó entonces revolución verde e hizo que países como la India doblaran su producción agrícola en dos décadas. Se les fue la mano. Con comida barata, el precio del grano descendió un 60%. Y la agricultura pasó de capitalizar un 18% de las ayudas internacionales al desarrollo a recibir sólo el 3,5% en 2004. Para 2008, los límites en el crecimiento sumados a la utilización de parte de la cosecha como biocombustible, en un intento por utilizar energías más limpias, aumentaron de nuevo el precio del grano. Pero algunos países estaban preparados. Tras ganar las elecciones de 2004, el primer ministro indio, Manmohan Singh, llamó a una nueva revolución verde. Cada hectárea cultivada en su país producía la mitad que una en la vecina Tailandia. Singh cuadruplicó la inversión en campos y carreteras rurales, aseguró un precio mínimo por producto y construyó viviendas con electricidad para los agricultores. Mientras la India se preparaba para sacar más de la tierra, en España se levantaban bloques y bloques de pisos en los extrarradios que aumentaban el precio de las hipotecas y que hoy todavía permanecen vacíos.

A corto plazo puede parecer que poco cambia, pero la distancia permite apreciar pequeñas revoluciones. El filósofo Jorge Riechmann, que empezó a escribir sobre estos temas cuando parecían una extravagancia, sostiene que los efectos de nuestras acciones llegan muy lejos en el tiempo y en el espacio, comenzando por actos de consumo tan básicos como comer y beber. "Una dieta predominantemente vegetariana reduce notablemente nuestro pisotón ecológico. En cambio, una dieta rica en carne y grasas animales multiplica nuestro impacto sobre los ecosistemas y reduce las opciones vitales de muchos seres humanos. Deberíamos acostumbrarnos a ver las invisibles mochilas ecológicas que arrastran consigo los bienes de consumo", advierte. El éxito de las tiendas de baratijas todo a cien podríamos pagarlo caro con el aumento de las emisiones de gases contaminantes en China.

Junto a la toma de conciencia de Riechmann, Domíngo Jiménez, que también fue el primer director del Observatorio de la Sostenibilidad en España, cree que la crisis debería propiciar un desarrollo basado en el conocimiento para sustituir el antiguo desarrollo basado en la ignorancia. "Mucha parte del falso desarrollo económico español se ha hecho a cuenta de destrozar activos importantes, como las Tablas de Daimiel. La especulación es la prueba más grande de la ignorancia. Nos hemos descapitalizado en conocimiento. La prueba es el abandono escolar en España, más frecuente en las áreas de costa con desarrollo especulador. Un país con bajo nivel de educación es un país abonado a la corrupción porque las exigencias de la sociedad civil disminuyen", opina.

Él, desde su vivienda en Águilas (Murcia), donde ha levantado una casa energéticamente autosuficiente que produce energía fotovoltaica y eólica y en la que se desala agua para regar una pequeña huerta, ha pasado a la acción. "Cuando algún vecino me pregunta si me salen las cuentas de la inversión, le pregunto yo si le salen a él las de su Porsche. Depende de las prioridades", explica. Y ya no tanto de los bolsillos. Una placa solar se amortiza en tres años. La tecnología empieza a abaratarse. Por eso Jiménez insiste: "Si hay que dar la bienvenida a la crisis es porque ha dado la cara a todos los vicios que tenía el sistema y nos abocaban al desastre seguro. Eso sí, el vuelco al sistema tiene que ser total", zanja.

¿Cuándo empiezan los cambios? El sociólogo Enrique Gil Calvo piensa que, de momento, el ahorro y la frugalidad se han impuesto por dos razones opuestas: la necesidad y el mimetismo. "Es la nueva cultura de la austeridad contagiosa, que se ha propagado como una epidemia social. El primer efecto (ahorro necesario) podría ser coyuntural: en cuanto se consolide la reactivación, volverá en pocos años la sociedad de nuevos ricos. Pero el segundo (ahorro contagioso) podría sedimentarse en nuevos hábitos más responsables y austeros".

Más responsables y más austeros. Una nueva normativa constructiva, en vigor, refleja ya esos atributos. Obliga a que las futuras viviendas no sólo consuman menos energía; también establece que la produzcan, por lo menos en parte, para el autoconsumo. Con recursos sencillos, como la rotura de puente térmico en los dobles vidrios de las ventanas, se favorece el aislamiento. El auge de las calderas de biomasa o a la tradicional sensatez en el empleo de toldos o pérgolas nos pueden ayudar a vivir mejor. Sin gastar más energía. Y sin vivir en la burbuja del aire acondicionado.

A la sensatez, precisamente, apelan muchos de los arquitectos más famosos del planeta cuando aseguran que la sostenibilidad es condición imprescindible para la buena arquitectura. Por eso, el último premio Pritzker, Peter Zumthor, alerta sobre que "la sostenibilidad no debe convertirse en bandera de oportunistas". Y algo parecido piensa Jorge Riechmann: "Sigue faltando el impulso hacia un cambio radical sin el cual nuestro dar vueltas en torno a conceptos como desarrollo sostenible se queda en palabrería huera".

También Deyan Sudjic, director del Design Museum de Londres, denuncia una doble moral y advierte que no basta con mirar para otro lado y vender tus residuos a un país pobre. El aire contaminado no entiende de fronteras. Mientras, otro Pritzker, Richard Rogers, autor del Centro Pompidou, de la T-4 de Madrid y uno de los mayores abanderados de la cruzada sostenible, afirma que la primera casa que diseñó para sus padres en 1961 ya lo era al 100%, pero admite que no todos los edificios que ha levantado después lo son. "La cuestión de la sostenibilidad depende más del cliente que del arquitecto", concluye. Es ahí donde podemos intervenir. ¿Cómo? Con posibilismo: no hace falta que gastemos el dinero que no tenemos en un sistema para reciclar el agua de lluvia, pero sacar las plantas a la terraza cuando llueve sirve". Como explica Sudjic, "tras constatar lo cerca que nos han llevado nuestras costumbres de consumo compulsivo de los límites de los recursos mundiales, hoy el mayor lujo podría ser liberarnos de vivir con tantas cosas".

¿Asistimos a un cambio de mentalidad? ¿O las modificaciones en los hábitos del consumo son un asunto puramente económico? Jorge Riechmann no es muy optimista: "El pensamiento de inspiración ecológica lleva cuatro decenios insistiendo sobre una obviedad: ningún sistema económico puede crecer indefinidamente dentro de una biosfera finita. ¿Hasta cuándo nos obstinaremos en perseguir imposibles? Nuestros atuneros zarpan ahora con mercenarios a bordo, armados con ametralladoras, para tratar de seguir esquilmando hasta el último rincón de los caladeros más lejanos, y que no se detenga el flujo de mercancías hasta los centros comerciales de las metrópolis. ¿De verdad no nos amargará demasiado la ensaladilla rusa conseguida a ese precio?", pregunta. Su idea de recoger redes y volver a casa está presente en muchas de las propuestas de cambios drásticos en el sistema de vida. Y en el de producción.

El ingeniero donostiarra Jesús Gasca lo llama "recuperar la localización". Y lo ilustra con su propia peripecia vital. Su empresa, Stua, que este año ha recibido el Premio Nacional de Diseño, nació con la crisis del petróleo del año 1980. Los treinta años siguientes le llevan a diseñar máquinas para fabricar sillas, luego sillas y finalmente al premio nacional para su empresa, en la que trabajan su mujer, sus dos hijos y 23 empleados más. Stua es, con apenas seis muebles diseñados por él y su hijo Jon, una de las mayores exportadoras de sillas de España. Su último pedido: 200 butacas para el Guggenheim de Nueva York. ¿El secreto? "Sólo la transformación de la materia genera riqueza", explica Gasca. Y sabe de qué habla. Su firma es atípica. No hace muebles de temporada, no presenta novedades en cada feria, tiene muy pocos productos, pero innova con cada pieza y... -y aquí su apuesta es radical- no fabrica en China.

Gasca cuenta que ya en los ochenta, cuando era el único español que exponía en la feria de Copenhague, se le acercaron dos visitantes chinos y le ofrecieron fabricar sus sillas. Cuando preguntó por sus trabajadores, la respuesta fue: "No los necesita". Él contraatacó con otra pregunta: "¿Y quién comprará mis sillas si los trabajadores se quedan sin trabajo?". Desde entonces, Gasca se muestra "a favor de la globalización, pero absolutamente en contra de la deslocalización". "No podemos pensar el consumo separado de la producción. Nuestro problema de fondo es una organización de la economía donde la acumulación de capital (y la búsqueda de beneficio que lleva consigo) son los fines, y el bienestar de las personas o la salud de los ecosistemas se dan, cuando se dan, por añadidura, como una especie de accidente", apunta Riechmann.

Que azulejos reciclados convivan en un baño con bombillas halógenas de alto consumo hace pensar que el problema de la sostenibilidad se podría estar abordando como una moda y que con demasiada frecuencia nos acercamos más a las formas que al fondo. Autor del ensayo Gente que no quiere viajar a Marte (La catarata), Riechmann reivindica valores como la autocontención, la autolimitación y la suficiencia. Decir basta. Y ponerse a trabajar. En Wapping, un barrio al este de Londres, un programa invita a las numerosas mujeres musulmanas del barrio a sembrar en un huerto comunitario las hierbas que necesitan para sus guisos y no encuentran en el supermercado. Con un mismo proyecto sacan a la calle a quienes vivían encerradas en sus pisos y el barrio se llena de verde. Objetivos culturales, sociales y medioambientales pueden trabajarse a la vez.

Tal vez por eso el sociólogo Enrique Gil Calvo cree que llegaremos a ver como más admirable la responsabilidad que la propiedad. Aunque advierte: "Más admirable. Pero no más envidiable. Y la clave del efecto-contagio está en la envidia, no en la admiración. El efecto-riqueza, derivado de la propiedad, es mucho más ostensible y contagioso que el respeto, derivado del comportamiento responsable. Pero hay una alternativa: en vez de la responsabilidad, es posible que se imponga una mayor autorrealización: capacidad no de adquirir o poseer bienes de consumo, sino de reconstruirlos, rediseñarlos y reutilizarlos. Una autorrealización que podría resultar contagiosa, al ser generadora de un efecto-prestigio".

¿Cómo acercar entonces prestigio y supervivencia? Pedro Rubio, responsable del área de medio ambiente de La Casa Encendida, un centro cultural promovido por Caja Madrid, cuenta una de las iniciativas más peculiares de su departamento: "La comunidad ahorra". Empezó en 2003, duró cinco años y era un concurso entre comunidades de vecinos que competían por reducir sus gastos de energía durante seis meses en comparación con el mismo periodo del año anterior. El premio era la instalación gratuita en la azotea del edificio ganador de 2,5 kilovatios en paneles fotovoltaicos. "La ley obliga a las compañías eléctricas a comprar a los vecinos la energía producida por sus placas solares. El ahorro puede ser testimonial, pero reduce los gastos comunitarios", cuenta. "Hay comunidades que ahorraron hasta un 20% con esfuerzos mínimos".

Los buenos propósitos suelen tener siempre algo de ingenuo e irreal. Hasta que se convierten en hechos. La transformación de comunidades está cambiando barrios, los barrios modifican zonas urbanas y las ciudades alteran la vida de quienes las habitan. Ha ocurrido en Estocolmo. Hammarby era, hace quince años, suelo industrial degradado junto al centro de la ciudad. Hoy es un barrio nuevo sostenible que emite el 50% menos de humos tóxicos que cualquier otro vecindario de la capital sueca. ¿Cómo lo han conseguido? Fue la compañía de aguas la que dio la voz de alarma. Los líquidos que se encontraban en las canalizaciones de aguas grises (procedentes de lavabos y duchas) contenían sustancias nocivas para el medio ambiente como el triclosan (presente en los dentífricos con efecto blanqueador). Bastó una exposición informativa sobre los efectos de esa sustancia y un par de años después los residuos habían desaparecido. Corría el año 1998 y el Ayuntamiento de Estocolmo supo que con información era posible cambiar los hábitos de sus ciudadanos. Con la generación in situ de electricidad y calefacción a partir del tratamiento de las basuras domésticas, hoy Hammarby propone otro tipo de vida. Y sigue creciendo. La clave, disfrutar en la calle, evitar grandes desplazamientos y recuperar la vida de barrio.

El redescubrimiento del barrio como la extensión de la propia casa, las colas en el taller de coches y ante el zapatero remendón dibujan una vida muy distinta a la que resumen las colas de los últimos años, ante el concesionario y la agencia inmobiliaria. ¿Nostalgia? ¿Quién se atreve a adivinar cuál de las situaciones tiene más futuro? Con una clase política que conocía la magnitud de la crisis y lo ocultó; con industrias como la del automóvil, que todavía recibe subvenciones para fabricar vehículos no sostenibles cuando países como Finlandia aspiran a tener carreteras libres de petróleo en menos de treinta años, ¿el cambio hacia el pensamiento verde será real u oportunismo publicitario? Jiménez asegura que las oportunidades son enormes si cambiamos la construcción por la reconstrucción. ¿Llegarán a ser las energías limpias tan rentables como el ladrillo? Patricia Pascual, del grupo inversor Nmás1, cree que, a medio plazo, la demanda de energía superará la de los últimos años por la incorporación de las economías emergentes. "Entonces las energías limpias serán una parte grande de la tarta del consumo", señala. Pero para Pedro Rubio la crisis debería ser un punto de inflexión, no un paréntesis mientras volvemos al estado de cosas que nos llevó a la propia crisis: "Cuando escucho en la radio que la gente se felicita por una fuerte subida de la Bolsa, pienso que el problema no es reconstruir el sistema, sino cambiarlo. Tenemos más poder del que creemos. Por ejemplo, podemos llenar el depósito en la gasolinera de una compañía más responsable. Esos datos son públicos, están en Internet. Pero, claro, hay que ponerse. Sin hacer nada, simplemente con nuestro consumo, podemos primar a unos o a otros". Y cambiar las cosas.


Un reto para el cerebro



JON GERTNER
EL PAIS SEMANAL - 08-11-2009


Brain Dance THE NEW YORK TIMES 08-11-2009




En marzo de 2009, la compañía de danza Momix se reunió para crear 'The Green MInd' ('La mente verde'), la fotografía de portada del número especial de medioambiente de 'The New York Times'


Dos días después de que Barack Obama jurase su cargo como presidente de Estados Unidos, el Centro de Investigación Pew publicó un sondeo con una clasificación de los asuntos que los estadounidenses afirmaban que eran las prioridades más importantes para este año. El cambio climático era la prioridad número 20. El último puesto.

Poco más de una semana después me sentaba en una sala de la Universidad de Columbia, donde unas cuantas docenas de académicos se habían reunido para celebrar una conferencia de dos días sobre el medio ambiente. En muchos sentidos, la clasificación del Pew era el telón de fondo de una reunión de investigadores afiliados a algo llamado CRED, las siglas en inglés del Centro para la Investigación de las Decisiones Medioambientales.

El CRED tiene por objetivo primordial estudiar la manera en que la percepción del riesgo y la incertidumbre da forma a nuestras respuestas al cambio climático y a otros fenómenos meteorológicos. Puede que ustedes deseen preguntar a los científicos que estudian las decisiones si no están complicando en exceso las cosas. ¿Un mundo con poco carbono no equivale realmente a abandonar gradualmente el carbón y otros combustibles fósiles en favor de las tecnologías de energía limpia, las normativas nacionales y los tratados internacionales? Ellos les preguntarían lo mismo que a mí: si no había subestimado las incontables decisiones individuales y de grupo que deben preceder a cualquier apoyo generalizado hacia esas tecnologías o políticas. "Si el cambio climático está causado por el comportamiento humano, las soluciones técnicas son importantes, pero la solución probablemente consista en cambiar el comportamiento humano", me decía Elke Weber, catedrática en la Facultad de Empresariales de la Universidad de Columbia y también con un puesto en el departamento de psicología.

Los investigadores del CRED consideran el calentamiento del planeta una oportunidad única para estudiar cómo reaccionamos ante las compensaciones a largo plazo, bajo la forma de los sacrificios que podríamos hacer ahora a cambio de unos beneficios climáticos inciertos en un futuro muy lejano. Y la investigación también tiene la posibilidad de mejorar los mensajes, las políticas y las tecnologías medioambientales de modo que estén más en consonancia con el peculiar funcionamiento de nuestras mentes. Cuando llegué aquella primera mañana a la conferencia de Columbia, Weber estaba ofreciendo una introducción sobre la forma en que la gente tiende a tomar decisiones. Los psicólogos cognitivos actuales aceptan en general que tenemos distintos sistemas para procesar los riesgos. Un sistema trabaja de forma analítica, lo que a menudo implica una consideración pormenorizada de los costes y los beneficios. El otro experimenta el riesgo como un sentimiento: una reacción primitiva y urgente ante el peligro, normalmente basada en una experiencia personal, que puede no tener precio cuando (por ejemplo) nos despertamos por la noche al oler humo.

Esto tiene algunas consecuencias desafortunadas. En el modo analítico, no siempre somos aficionados al pensamiento a largo plazo; los experimentos han demostrado que no suelen gustarnos los beneficios aplazados. Desde el punto de vista ecológico, esto significa que tenemos muy poca tendencia a realizar cambios en nuestro estilo de vida con el fin de asegurarnos un clima más seguro en el futuro. Dejar que las emociones determinen cómo valoramos los riesgos plantea sus propios problemas. Casi con seguridad, subestimamos el peligro de acontecimientos que nunca hemos experimentado y nos parecen muy lejanos en el tiempo y el espacio. Y lo que es peor, la investigación de Weber parece contribuir a establecer que tenemos una "reserva de preocupación finita", lo que significa que somos incapaces de conservar nuestro miedo al cambio climático cuando se presenta un problema diferente (un mercado de valores que se hunde, una emergencia personal). Simplemente tiramos el miedo a la papelera de las preocupaciones, y un miedo menos.

Pero ¿y si pudiésemos seguir permanentemente preocupados por un mundo que se calienta? Weber describe lo que ella llama un "sesgo de acción única". Movidos por una señal emocional angustiante, compramos una caldera que gasta menos combustible o aislamos nuestro ático o votamos a un candidato ecologista: una acción única que reduce de forma efectiva el efecto motivador del calentamiento del planeta. Y eso nos devuelve al punto de partida.

Los debates sobre por qué el cambio climático no ocupa un puesto más importante en la lista de prioridades de los estadounidenses tienden a centrarse en los mismos culpables: los comentarios de los escépticos que siembran la duda, la falta de dotes para la comunicación de los buenos científicos, la incapacidad del sistema político para abordar retos a largo plazo sin un acontecimiento estrepitoso que lo precipite, la tendencia de los periodistas científicos a centrarse más en lo que no sabemos (si los océanos subirán medio metro o uno y medio) que en lo que sabemos y es una amenaza duradera (los océanos están subiendo).

En algunos de los experimentos que realizan, los investigadores se centran en comprender de forma precisa cómo la dinámica de grupo da forma a las decisiones. En opinión de Weber, muchas decisiones medioambientales importantes (las normas para la construcción, por ejemplo, o las compras de vehículos) las toman los grupos: familias, empresas, consejos comunitarios y otros similares. Y diversos experimentos del CRED han demostrado lo fácil que es conseguir que individuos escogidos al azar cooperen. "Nos gusta congregarnos; necesitamos saber que formamos parte de un grupo", afirma Weber. "Hacerlo nos proporciona un placer inherente. Y cuando se nos recuerda el hecho de que formamos parte de una comunidad, entonces la comunidad se convierte en una especie de departamento de toma de decisiones. Así es como hacemos sacrificios enormes como los de la Segunda Guerra Mundial".

Durante uno de estos experimentos me senté entre Weber y Michel Handgraaf, miembo del CRED y catedrático de Psicología de la Universidad de Amsterdam. Cuando los sujetos tomaban primero las decisiones como grupo, sus conversaciones estaban caracterizadas mucho más a menudo por sutiles marcadores de inclusión como "nosotros" y "nos". Weber, por su parte, había visto otras muestras de que los grupos pueden ser más pacientes que los individuos a la hora de tener en cuenta los beneficios aplazados. ¿Y si la información para la toma de decisiones, especialmente las medioambientales, se tiene en cuenta primero en un contexto grupal, antes de que los miembros reflexionen individualmente, en lugar de hacerlo al revés? En opinión de Weber, sería posible que este paso cambiase las decisiones tomadas por la junta directiva de una empresa, por ejemplo, o por un grupo de propietarios de viviendas convocados a una reunión por un servicio público. Los experimentos de Weber también han analizado el modo en que la ordenación de las opciones puede dar lugar a diferencias muy claras: tener en cuenta los beneficios distantes antes que los costes inmediatos puede llevar a una decisión diferente de la que se obtendría si se tienen en cuenta los costes primero (como habitualmente sucede). Aquí, por tanto, hay una especie de predisposición a tomar decisiones colectivas que redunden en beneficio del mundo.

Si uno no piensa ni siente que hay un peligro, ¿por qué cambiar de comportamiento? Para responder a ello, algunos investigadores han estudiado los mensajes que podrían convencer a los distintos tipos de audiencias. A lo largo de los últimos años se ha puesto de moda describir esta clase de comunicación específica diciendo que tiene el marco adecuado. En nuestra prisa por introducir las jergas en las conversaciones cotidianas, los marcos a veces se han confundido con los pequeños empujones. Pero los marcos y los empujones no son exactamente lo mismo; los marcos son simplemente una manera de dar un empujón a la gente usando mensajes elaborados, plagados de conocimientos sobre la toma de decisiones, que tienen eco en audiencias concretas o que se aprovechan de nuestros sesgos cognitivos. Los pequeños empujones, de forma más general, estructuran las opciones de manera que nuestros defectos cognitivos no nos lleven a equivocarnos.

En teoría, los empujones nos dirigen sutilmente hacia acciones que redundan en nuestro beneficio a largo plazo. Los empujones pueden aprovechar avances tecnológicos como los termostatos domésticos, que han demostrado que reducen el consumo de electricidad al proporcionar información de manera constante. Esto apela a nuestro deseo de satisfacciones a corto plazo y de ser recompensados por mejorar. Otro empujón podría ser algo tan sencillo como un sensor instalado en nuestra casa por un servicio público que automáticamente desconecte todos los aparatos eléctricos innecesarios cuando pasemos el día fuera.

Hace no mucho, David Hardisty, un estudiante de Weber, dirigió un experimento en el que una cuota del 2% añadida a un billete de avión se les describía a diversos sujetos como un "impuesto" sobre el carbono, o bien como una "compensación" por el carbono. A los sujetos se les dijo que la cuota serviría para financiar las energías alternativas y las tecnologías para la reducción del carbono. Hardisty predijo que obtendría resultados diferentes entre los demócratas y entre los republicanos, y de hecho así ocurrió. Los demócratas estaban dispuestos a pagar una cuota por una compensación o un impuesto; los republicanos estaban dispuestos a pagar una compensación, pero no un impuesto. Claramente, el marco del impuesto afectaba al resultado (mucho en el caso de los republicanos).

Luego vino una parte más interesante del experimento. Hardisty les pidió a los sujetos que plasmasen sus pensamientos por escrito, y por orden, mientras decidían si pagar el impuesto o la compensación. El orden de los pensamientos importa (los pensamientos iniciales parecen dominar nuestra opinión y sesgan los pensamientos siguientes para que apoyen la postura inicial). Para los republicanos del experimento que se planteaban un impuesto sobre el carbono, sus pensamientos iniciales eran claramente negativos ("Seré viejo y estaré muerto para cuando este mundo sufra una crisis energética") y, por tanto, les conducían a conclusiones que en su mayoría eran también negativas. Por esa razón rechazaron el impuesto. Sin embargo, para el mismo grupo, la palabra "compensación" realmente cambiaba la forma en que los sujetos procesaban su decisión. En su pensamiento se planteaban primero los aspectos positivos de la compensación (la financiación de las energías limpias) y encontraban las pruebas generales positivas y aceptables.

Así que, en cuanto a la política, puede que realmente no sea al método del impuesto a lo que se oponen algunas personas; es el modo en que una "diferencia semántica trivial", como lo expresa Hardisty, puede llevar a un grupo a reunir una serie de poderosas asociaciones negativas antes de tener la oportunidad de considerar cualquier beneficio.

Una objeción a los posibles empujones, ya se refieran a los impuestos del carbono o al consumo energético doméstico, es que pueden parecer insidiosos. Cuando le saqué a Weber el tema de los posibles dilemas éticos, respondió afirmando que el Gobierno constantemente trata de inculcar comportamientos que considera que redundan en beneficio de la sociedad. Respecto a la pregunta de la manipulación, Weber contestó que no hay ninguna forma neutral, "libre de valores", de presentarle la información a la gente. La pregunta crucial, al menos para ella, es si (y cuándo) queremos utilizar las herramientas de la ciencia de las decisiones para tratar de dirigir a la gente hacia decisiones mejores. Eso tiene que ser mejor, en opinión de Weber, que tener a la gente dando tumbos inconscientemente hacia una catástrofe medioambiental.



Baile de neuronas


Arte en movimiento. Las ilustraciones que acompañan este reportaje son una recreación de la actividad de distintas áreas del cerebro interpretada libremente por los bailarines de la prestigiosa compañía de danza contemporánea Momix. Ataviados con mallas verdes, rosas y azules, simulan con sus cuerpos un árbol con su tronco y su raíz, el capullo de una rosa y una espiral azul que sugiere el movimiento ondulatorio del agua. La cabeza y el rostro están dibujados también con las siluetas de otros bailarines ataviados de negro.

lunes, 19 de octubre de 2009

¿Es posible crecer sin destruir el planeta?



La pregunta prohibida en las cumbres del G-20 y el G-7

El tabú de la recuperación económica




ANDY ROBINSON | LA VANGUARDIA  16/10/2009 
Transportados en limusina con escolta policial sorteando los atascos de la enorme metrópolis turca, los ministros de Finanzas y banqueros que participaron la semana pasada en la cumbre del G-7, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial en Estambul tuvieron la oportunidad de contemplar el futuro. Sólo hacía falta mirar por la ventanilla. En los alrededores del aeropuerto, edificios abandonados y escombros son las secuelas de las inundaciones devastadoras de septiembre, un aviso - según el consenso científico-de los extremos eventos climatológicos que se avecinan.
Pero en una cumbre que pretendía diseñar un "nuevo orden económico" tras la crisis, el cambio climático apenas figuraba en la agenda. Lejos de debatir estrategias para moderar el crecimiento económico y el consumo como precondiciones para la reducción de emisiones de CO , el director 2 gerente del FMI, Dominique Strauss Kahn, repitió las consignas pro crecimiento del G-20 de Pittsburgh: recuperar cuanto antes la senda del crecimiento a escala mundial; y fomentar el consumo en países de cultura ahorrativa, como China, Japón o Alemania. "Habrá que quitarles a los chinos el miedo a consumir", dijo un director del fondo.

Son las dos realidades paralelas de un mundo que busca desesperadamente una salida de la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, a la vez que hace frente al reto del cambio climático. Los gurús económicos reunidos en Pittsburgh y Estambul - y que volverán a encontrarse en diciembre en la cumbre climática de Copenhague-ven posible la cuadratura del círculo incorporando las energías renovables y la eficiencia energética para posibilitar un crecimiento económico tan robusto como antes de la crisis (pero de baja intensidad de CO ). "Si aplicamos un 2 precio que refleje el daño al planeta de las emisiones - mediante impuestos o un mercado de emisiones (cap and trade)-resolveremos el problema", dijo Kirk Hamilton, economista jefe del departamento de desarrollo sostenible del Banco Mundial. Junto con las políticas de reactivación - el llamadoestímulo verde-se crearán nuevos motores económicos que "nos pueden conducir por el camino de crecimiento deseado", dijo Hamilton haciéndose eco de las ideas sobre el new deal verde de Achim Steiner de la ONU.

Pero - según los bioeconomistas y otros pioneros de las nuevas teorías del decrecimientoescondidos en los foros alternativos de EstambulyPittsburgh-existe un serio problema con esta visión optimista del "keynesianismo verde". No hay un escenario factible en el que la vuelta a las tasas de crecimiento registradas en las últimas décadas sea compatible con el futuro de un planeta perdurable. Según los cálculos de Tim Jackson, de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, para mantener el crecimiento medio de las últimas décadas hasta el 2050 habría que reducir el 96,4% de las emisiones por unidad de riqueza creada para evitar que los gases se disparen en la atmósfera (450 partes por millón) y eleven la temperaturas hasta causar catástrofes climáticas. Concretamente, de los 768 gramos de CO por unidad de riqueza 2 que se generan habría que bajar a 36 gramos. Creer que eso es posible, es "patológicamente ilusorio", advierte Jackson en un informe para la la Comisión de Desarrollo Sostenible en el Reino Unido. Pero en Estambul, es exactamente lo que los ministros creían.

El dato pasó desapercibido en las cumbres pero, según un nuevo informe de la Agencia de Energía Internacional, en el 2009 - el año en que miramos el abismo de la segunda Gran Depresión con subidas brutales de desempleo y pobreza-las emisiones de CO 2 probablemente caerán un 3%, el primer descenso significativo en 40 años. Esta buena noticia es la prueba del enorme dilema que afrontamos.

Sólo Thom Yorke, el cantante de Radiohead, se atrevía a afirmar la cruda realidad antes de la cumbre de Pittsburgh: "Sólo quería decirles a los políticos que no podemos crecer como antes; habrá que buscar otro plan", dijo en Nueva York. Dio voz a una corriente económica todavía minoritaria pero que despierta cada vez mas interés en torno a las ideas de economías en steady state - estado estable-,segun el término del economista de Maryland (Estados Unidos) Herman Daly-o el decrecimiento, según el sociólogo francés Serge Latouche. En su último libro, Latouche adopta el término acrecimiento,y deja de enmarcar el debate sobre el futuro en los términos vulgares del crecimiento del PIB . "Se trata de prescindir del crecimiento como quien prescinde de una religión que dejó de tener sentido", afirma el filósofo Jordi Pigem en su nuevo libro Buena Crisis la "happy crisis", bromea-ha creado las condiciones para una ofensiva contra el modelo destructivo de crecimiento y consumo. El nuevo informe sobre indicadores alternativos de progreso social sostenible elaborado por los premios Nobel Joe Stiglitz y Amartya Sen para el presidente Nicolas Sarkozy confirma que algo se mueve.

Pero como bien sabe Stiglitz, cuyos acercamientos a Cristine Lagarde, la ministra de Finanzas francesa, en Estambul recibieron calabazas, esta crisis no será suficiente para cambiar el consenso. "Probablemente tendrá que pasar algo más fuerte, quizás indicios claros de agotamiento del crudo; pero en algún momento van a darse cuenta de que el crecimiento tendrá que bajar drásticamente", dijo Saamah Abdallah, economista del instituto londinense New Economics, pionero en la búsqueda de modelos económicos alternativos.

El reto - dice Abdallah-es elaborar una estrategia de crecimiento bajo, cero o incluso de decrecimiento que no provoque el colapso económico o el desempleo masivo. Será una tarea muy difícil que emprendemos con mucho retraso, advierte Jackson. "Increíblemente nadie ha intentado aún crear un modelo que reduzca la necesidad de crecer sin perder la estabilidad macroeconómica", se lamenta.

TAMBIÉN:

La economía en el diván La crisis mundial ha apremiado a los expertos a repensar las actuales reglas de juego. Comentamos una serie de libros que analizan críticamente el parón del crecimiento económico y aportan teorías
JORDI PIGEM  - LA VANGUARDIA, CULTURAS, 03/06/2009







martes, 6 de octubre de 2009

Texto y actividades de la "Historia de las Cosas" de Annie Leonard

Texto libremente transcrito de la Historia de las Cosas de Annie Leonard



¿Tiene uno de estos? Estoy un poco obsesionada con el mío. De hecho, estoy un poco obsesionada con todas mis cosas.

¿Se ha preguntado de dónde proceden todas las cosas que compramos y a dónde van cuando las tiramos?. No podía dejar de preguntarme acerca de eso. Así que indagué sobre este tema. Y lo que los libros de texto explican de nuestras cosas es que en su recorrido siguen las siguientes etapas: de la extracción a la producción, a la distribución, al consumo, al deshecho.

A todo este recorrido es la que llamo “la economía de los materiales”.

De hecho, pasé 10 años viajando por el mundo, haciendo el seguimiento de nuestras cosasestudiando de dón veien y adónde van. ¿Y sabes lo que me enteré? De que esa no es toda la historia. Hacen falta más explicaciones.

Empecemos.



EL SISTEMA


Parece que este sistema está bien. Que no hay problema.


Pero, la verdad es que es un sistema en crisis. Y la razón por la que está en crisis es que es un sistema lineal y vivimos en un planeta finito y que no se puede ejecutar un sistema lineal en un planeta finito indefinidamente.



LO QUE NO VEMOS


Este sistema interactúa con el mundo real y el mundo real no es una página en blanco. Hay interacción con las sociedades, con las culturas, con las economías, con el medio ambiente. Y eso supone chocar con las limitaciones del mundo real constantemente. Limitaciones, límites que no vemos aquí, porque el esquema está incompleto. Vamos a completar algunos de los espacios en blanco y ver lo que falta.


Bueno, una de las cosas más importantes que falta es la gente. Sí, la gente. Personas viven y trabajan todos los a lo largo de este sistema. Y algunas personas en este asunto sistema un poco más que otros, algunos tienen un poco más que decir. ¿Quiénes son?



EL GOBIERNO


Bueno, comencemos con el gobierno. Ahora mis amigos me dicen que debe utilizar un tanque para simbolizar el gobierno y eso es acertado en muchos países y cada vez más en el nuestro. Después de todo más de 50% de nuestros
dinero de los impuestos federales se destina a gastos militares.


Pero los gobiernos deben ser del pueblo y para el pueblo y, por eso, los voy a simbolizar con personas. La del gobierno es mirar por nosotros. Ese es su trabajo.





LA CORPORACIÓN


Y junto al gobierno apareció “la corporación”. La razón por la corporación se ve más grande que el gobierno es que actualmente las corporaciones en su conjunto son más importantes que los gobiernos. De las 100 economías más grandes en la tierra ahora, 51 son corporaciones.


Las empresas han crecido en tamaño y poder, y los gobiernos parecen más preocupados en asegurarse que todo funciona satisfactoriamente para los chicos de las empresas que para nosotros.


OK. Vamos a ver qué otra cosa que falta en esta imagen


EXTRACCIÓN


Empezaremos con la “extracción”, una palabra elegante para enmascarar el hecho de que estamos mandando el planeta al cubo de la basura. Con esta palabra se encubre actividades tales como talar árboles, dinamitar las montañas para obtener los metales que hay en su interior, malgastar toda el agua del planeta y matar los animales que lo pueblan. Ese es el primer límite contra el que estamos chocando. Nos estamos quedando sin recursos.


Estamos usando demasiadas cosas. Ahora sé que esto puede ser molesto escucharlo, pero es la verdad. Sólo en las últimas tres décadas, hemos consumido un tercio de los recursos del planeta.


Cuando se creó el gobierno de los EE.UU., se habló de "promover el bienestar general de ... nosotros mismos y nuestra la posteridad ... "y asegurar" los derechos a la vida, la libertad y a la búsqueda de de la felicidad.


Pues bien, estamos sometiendo el planeta a una explotación tan agresiva de sus recursos (cortes y perforaciones, explosiones con dinamita, acarreo y transporte de minerales, ...que alteran y destruyen severamente los ecosistemas...; agotamiento de las reservas; contaminación, cambio climático...) que estamos socavando su capacidad para garantizar la vida de los seres humanos en su superficie.


Donde vivo, en los Estados Unidos, conservamos menos el de 4% de nuestros bosques originales. El cuarenta por ciento del agua que circula por nuestros vías fluviales ha dejado de ser potable.


Los E.E.U.U. tenemos el 5% la población mundial, pero estamos consumiendo el 30% de los recursos y estamos generando el 30% de la basura del planeta.


¿Si todos consumieran como los E.E.U.U., se necesitarían de 3 a 5 planetas. ¡Pero sólo tenemos uno! ¿Y saben cuál es la respuesta de mi país a esta grave limitación? Pues, continuar consumiendo más y más recursos esta vez en los países del Tercer Mundo, donde todavía no se han agotado completamente. Intentar seguir haciendo lo mismo de siempre pero en otros lugares, es decir sembrando la ruina y la destrucción.


• El 75% de industrias pesqueras pescan por encima de la capacidad de regeneración de la capacidad de reproducción y crecimiento de los peces.


• El 80% de los bosques originales del planeta han desaparecido.


• En el Amazonas, estamos perdiendo 2000 árboles por minuto, lo que equivale a siete campos de fútbol de un minuto.




¿Y qué de la gente que vive allí (el Tercer Mundo)? Según estos tipos no es la dueña de estos recursos aunque hayan vivido allí por generaciones, no es la dueña de la producción y además no va a comprar mucho. Y en este sistema, si no tienes dinero o no vas comprar un montón de cosas, no tienes valor.



PRODUCCIÓN


En el siguiente paso los materiales pasan a la “producción y lo que sucede allí es que usamos energía para mezclar sustancias químicas tóxicas adentro con otros recursos naturales para hacer productos contaminados y tóxicos.



Hay más de 100.000 sustancias químicas sintéticas en el comercio actualmente. Solamente algunas han evaluadas para ver sus impactos en la salud humana y ninguno para ver impactos sinérgicos sinérgicos de salud, o sea su impacto cuando interactúan con el resto de las sustancias químicas a las que nos exponemos cada día. No sabemos el impacto completo de estos productos tóxicos en nuestra salud y medio ambiente, pero sí sabemos una cosa: tóxicos entran, tóxicos salen. Mientras sigamos introduciendo productos tóxicos en nuestro sistema de producción, vamos a seguir rodeados de tóxicos, introduciéndolos en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo, y en nuestras escuelas. Y, en nuestros cuerpos.


Como los retardantes del fuego brominado (BFRs, brominated fame retardants). Son unas sustancias químicas que convierten las cosas en más resistentes al fuego, pero son supertóxicas. Llevan una neurotoxina que afecta al cerebro. ¿Qué estamos haciendo usando una sustancia química como esta?


Pero, a pesar de ello, las ponmeos en nuestros ordenadores, en nuestros electrodomésticos, sofás, colchones, incluso en algunas almohadas. De hecho, tomamos nuestras almohadas, las bañamos en una neurotoxina y después las llevamos a nuestras casas y al dormir las ponemos debajo de nuestras cabezas 8 horas una noche tras otra. No lo sé, pero me parece que en este país con tanto potencial, podríamos inventar una manera mejor de evitar que nuestras cabezas no ardan durante la noche. Estos tóxicos se acumulan en la cadena alimentaria y se concentran en nuestros cuerpos.


¿Ustedes saben cuál es la comida en el extremo de la cadena alimentaria con los niveles más altos de los más diversos contaminantes tóxicos? La leche materna.


Eso significa que hemos alcanzado un punto donde los miembros más pequeños de nuestros sociedad -nuestros bebés- están recibiendo la dosis más alta de sustancias químicas tóxicas probablemente de toda sus vidas a través de los pechos de sus madres.¿No es una violación increíble? El amamantamiento debe ser el acto humano más fundamental de la nutrición,
debe ser sagrado y seguro. Ahora el amamantamiento sigue siendo los mejor y las madres definitivamente deberían seguir dando el pecho, pero las deberíamos proteger. Ellos [el Gobierno] las deberían proteger. Pensé que nos estaban cuidando.


Y por supuesto, la gente que sufre más estas sustancias químicas tóxicas es la que trabajan en las fábricas, a menudo mujeres de la edad reproductiva.


Están trabajando con productos tóxicos para la reproducción y con cancerígenos. Ahora, les pregunto, ¿qué clase de mujer en edad reproductiva trabajaría en un lugar expuesto a sustancias tóxicas, excepto una que no tenía ninguna otra opción?


Y esa es una de las “grandezas” de este sistema. La erosión de ambientes locales y de las economías del Tercer Mundo asegura una fuente constante de “gente sin otra opción”. En el mundo, unas 200.000 personas al día se están trasladando desde los ambientes que los han sostenido durante generaciones, a ciudades, muchas para vivir en los barrios más pobres, buscando trabajo, sin importarles cuán tóxico ese trabajo pueda ser.


Así pues, ustedes ven, no solamente se desperdician recursos este sistema, sino gente también. Se desechan comunidades enteras.




Sí, tóxicos entran, tóxicos salen. Muchos de los tóxicos salen de la fábrica como productos, pero aún más salen como subproductos, o contaminación. Y es mucha contaminación.


En los E.E.U.U., la industria admite la liberación de casi 2 mil millones
de kilos de sustancias químicas tóxicas al año y es probablemente mucho más. Eso es solamente lo que admiten.


Así que es otro límite. ¿Quién quiere mirar y oler 2 mil millones de kilos de sustancias químicas tóxicas al año?


¿Qué hacen entonces? Mueven las fábricas sucias a otros países.


¡Contaminar la tierra de otro!


Pero sorpresa, mucha de esa contaminación atmosférica regresa a nosotros, transportada por las corrientes de aire.


DISTRIBUCIÓN


¿Así pues, qué sucede después de que todos estos recursos se conviertan en productos? Bien, pasan a la distribución. Ahora la distribución significa la “venta de todos estos desperdicios contaminados tóxicos lo más rápidamente posible.” La meta aquí es mantener bajos los precios, que la gente siga comprando y que el inventario se mueva.


¿Cómo se mantienen bajos los precios? Pagan poco a los trabajadores y evitan pagarles un seguro sanitario si es posible. Se trata de externalizar los costos.


Eso significa que el coste real de hacer cosas no se refleja en el precio. Es decir no estamos pagando realmente las cosas que compramos.




Estaba pensando en esto el otro día. Iba a trabajar y quería escuchar las noticias, así que fui a la tienda para comprar una radio. Encontré una linda radio verde por 4 dólares y 99 centavos de dólar. Hacía la cola para comprar esta radio y me preguntaba cómo podría ser que 4,99 dólares reflejara los
costos de hacer esta radio y hacerla llegar a mis manos. El metal probablemente fue extraído en el sur de África, el petróleo probablemente fue obtenido perforado pozos en Irak, los plásticos fueron probablemente producidos en China, y tal vez todo esto fue ensamblado por algún niño de 15 años en una maquiladora en Méjico.




Con 4,99 $ ni siquiera se pagaría el alquiler el espacio del estante que ocupó hasta que viniera a comprarla, aún menos la parte del sueldo del dependiente que me ayudó a escogerla, o los viajes a través del océano o el transporte en camiones para reunir las piezas con las que se hizo esta radio. Así que yo no pagué lo que vale esta radio. ¿Así pues, quién pagó? Bien. Mucha gente pagó con la pérdida de sus recursos naturales básicos. Esta gente pagó con la pérdida de su aire limpio, con el aumento de la tasa de asma y de cáncer. Los niños en el Congo pagaron con su futuro. El 30% de los niños en áreas del Congo han tenido que dejar la escuela para extraer coltan, un metal nosotros
necesitamos para nuestra electrónica barata y desechable. Hasta esta gente pagó por tener que financiar su propio seguro médico.


A lo largo de todo este recorrido que caracteriza el sistema, esas personas cargaron sobre sí con costes necesarios para hacer posible que yo pueda conseguir esta radio a 4,99$. Y ningunos de sus contribuciones se registran en libro de cuentas alguno. Eso es lo que quiero decir cundo afirmo que los dueños de las empresas externalizan los costes reales de producción.




CONSUMO


Y eso es lo que nos lleva a la flecha dorada del consumo.


Éste es el corazón del sistema, el motor que lo impulsa. Es tan importante, que proteger esta flecha fue una prioridad para estos dos tipos.


Después del 11 de septiembre, cuando nuestro país estaba en shock, el presidente Bush podría haber sugerido cualquier tipo de acciones apropiadas: afligirse, rogar, tener esperanza. NO. Él dijo que había que salir de compras.¡DE COMPRAS!




CONSUMISNO


Nos hemos convertido en una nación de consumidores. Nuestra identidad primaria se ha convertido en la del consumidor, no somos madres, profesores, granjeros, sino consumidores. Nuestro valor se mide y se demuestra principalmente por cuánto contribuimos a esta flecha, cuánto consumimos. ¡Y si que lo hacemos!


Hacemos compras y hacemos compras y hacemos compras. Se trata de mantener un flujo de materiales.


¡Y el flujo sigue!


Adivinen qué porcentaje del flujo total de estos materiales así distribuidos por el sistema se de este sistema todavía está en el producto o usándose 6 meses después de su venta en Norteamérica. ¿El cincuenta por ciento? ¿El veinte? NO. El uno por ciento.¡Uno!


En otras palabras, el 99 por ciento de la materia que cosechamos, que extraemos, de las minas, que procesamos, el por 99 por ciento que pasmos por este sistema es basura al cabo de sólo 6 meses. Ahora, ¿cómo podemos hacer funcionar el planeta con ese tasa de producción de los materiales?


No era siempre como esto. La persona media de los E.E.U.U. ahora consume dos veces lo que consumía hace 50 años.


Pregunten a su abuela. En su día, la administración, el ingenio y el ahorro fueron valorados. Así pues, ¿cómo sucedió esto?


Bien, no acaba de suceder. Fue diseñado.


Poco después de la segunda guerra mundial, estos individuos estaban pensando para relanzar la economía de los E.E.U.U. El analista del mercado Víctor Lebow articuló la solución que se ha convertido en la norma para el sistema entero. Él dijo: “Nuestra economía enormemente productiva… exige que hagamos del consumo nuestra manera de vida, que convirtamos la compra y el uso de mercancías en rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción de nuestros egos, en el consumo… Necesitamos las que cosas se consuman, se quemen, se reemplacen y se desechen con una velocidad siempre mayor”. Y el presidente del Consejo de Asesores Económicos de presidente Eisenhower dijo que “el propósito final de la economía estadounidense es producir más bienes de consumo.”


¿MÁS BIENES DE CONSUMO? ¿Nuestro último propósito? ¿No proporcionar atención sanitaria, o educación, o transporte seguro, o sostenibilidad o justicia? ¿Bienes de consumo?


¿Cómo consiguieron que participáramos con tanto entusiasmo en este programa?


Bien, dos de sus estrategias más eficaces son la obsolescencia planificada y la obsolescencia percibida.


La obsolescencia planificada quiere decir “diseñado para el basurero”.Significa que diseñan cosas para ser inútiles lo más rápidamente posible, para que las tiremos y vayamos comprar otras nuevas. Es obvio con cosas como las bolsas de plástico y los vasos de papel, pero ahora de trata de cosas grandes: grande: fregonas, DVDs, cámaras, barbacoas, ¡todo!. Incluso ordenadores. Te fíjaste que cuando compras un ordenador, la tecnología cambia tan rápidamente que en pocos años, se torna en un impedimento para la comunicación.


Esto me causó curiosidad y abrí una computadora de escritorio para qué tenía dentro. Y encontré que la pieza que cambia cada año es apenas una fichita minúscula en un rincón. Pero ustedes no pueden cambiar esa pieza, porque cada nueva versión es una forma diferente, así que teiens que tirar el aparto entero y comprar uno nuevo.


Leía citas de los diarios de diseño industrial a partir de los años 50 en que la obsolescencia planificada alcanzaba gran popularidad. Estos diseñadores hablan de ello muy abiertamente. Discuten realmente sobre cuán rápidamente pueden hacer que los productos se rompan y obliguen al consumidor a comprar otros nuevos. Era tan intencionado.


Pero las cosas no se pueden romperse lo suficientemente rápido como para mantener en flujo la flecha. Por eso, también existe la obsolescencia “percibida.”


La obsolescencia percibida nos convence de que tiremos cosas que siguen siendo perfectamente útiles.


¿Cómo hacen eso? Bien, cambian el aspecto de las cosas y así si compraron hace un par de años, se sabe que usted no ha contribuido a mantener esta flecha recientemente y ya que demostramos nuestro valor contribuyendo a mantener esta flecha, nos harán sentirnos avergonzados.


Sí. He tenido 5 años el mismo monitor blanco de mi ordenador. Mi compañera de trabajo acaba de comprar uno nuevo. Ella tiene un monitor grande, liso brillante. Va con su ordenador, con su teléfono, incluso con un soporte adicional. Ella lo maneja todo como si estuviera conduciendo un vehículo espacial mientras yo parece que tengo una lavadora en mi escritorio.
La moda es otro ejemplo típico de esto. ¿Ustedes se han preguntado nunca porqué la forma de los tacones del zapato de las mujeres varían tanto de un año a otro? No es porque se discuta qué estructura del tacón es más sana para los pies de las mujeres. Es porque vestirse con tacones altos cundo toca tacones bajos muestra que ustedes no han contribuido a esa flecha recientemente, y que por tanto ustedes no son tan valiosos como las personas que siguen el dictado de la publicidad. Es para que sigamos comprando nuevos zapatos. Los anuncios y los medios en general desempeñan generalmente un papel importante en esto. En los E.E.U.U. más de 3.000 anuncios al día apuntan a cada uno de nosotros. Cada uno nosotros vemos más anuncios en un año que los que vieron la gente hace 50 años vio a lo largo de toda vida.


Y si ustedes piensan en ello, cuál es el propósito de un anuncio sino es hacernos sentir infelices con lo que tenemos. Así pues, 3.000 por un día, se nos dicen que nuestro pelo es incorrecto, que nuestra piel está mal tratada, que nuestra ropa ha anticuada, que nuestros muebles son anticuados, que nuestro coche está desfasado, que nosotros mismos hemos quedado somos obsoletos, pero que todos se puede arreglar con sólo salir de compras.



Los medios también ayudan ocultando estas realidades, haciéndonos creer que la única parte de la economía de los materiales que existe es la de la compra.


La extracción, la producción, el descarte y la distribución queda fuera del campo de visión.


Así pues, en los E.E.U.U. hay más productos que nunca antes, pero las encuestas muestran que nuestra felicidad nacional está disminuyendo realmente. Nuestra felicidad nacional llegó a su punto más alto alguna vez en los años 50, al mismo tiempo que esta manía del consumo estalló.


Ummm. Coincidencia interesante. Pienso que sé por qué. Tenemos más cosas pero tenemos menos tiempo para las cosas que realmente nos hagan felices: familia, amigos, tiempo libre. Estamos trabajando más duramente que nunca. Algunos analistas dicen que tenemos menos tiempo libre ahora que en sociedad feudal.


¿Y ustedes saben cuál son las dos actividades principales a la que nos dedica-mos durante el escaso tiempo libre de que disponemos ? A mirar la tele e ir de compras.


En los E.E.U.U., dedicamos 3-4 horas más a hacer compras que los europeos.Estamos tan habituados a este ridículo comportamiento que incluso llegamos a buscar un segundo trabajo para poder mantener nuestro nivel de consumo. Finalmente, cuando llegamos a casa estamos tan agotados que no nos quedan energías más que para tumbarnos en el sofá delante del televisor y absorver una vez más nuestra dosis diaria de esos anuncios que nos dicen lo que hemos de hacer.


Y la publicidad nos susurra: “SOIS UNA MIERDA”. De modo que para sentirnos mejor debemos acudir al área comercial y comprar algo, después tendremos que trabajar más para pagar lo que acabamos de comprar, y después regresaremos a casa más cansados, y miraremos más la televisión, que nos dirá que vayamos al área comercial otra vez y así entramos en una rutina loca y sin fin: trabajar, mirar la televisión y gastar. Y, nos olvidamos de que si nos lo propusiéramos, podríamos simplemente parar.


VERTIDOS Y DESHECHOS


¿Y al final qué ocurre con todas las cosas que compramos?.


Con estos niveles de consumo, es normal que se nos queden pequeñas las casas, a pesar de que el tamaño medio de las viviendas de los E.E.U.U. Se haya doblado desde los años 1970.


Todo se convierte en basura. Y eso nos lleva al “descarte”, a la acumulación de basuras y desperdicios. Ésta es la parte de la economía de los materiales que mejor conocemos porque tenemos que sacar nuestros desperdicios fuera de casa cada día. Cada uno de nosotros en los Estados Unidos genera 2 kg. de basura al día, el doble de la que generábamos hace treinta años.


Toda esas cosas que compramos o se echan a un vertedero, lque no es más que un agujero grande en la tierra, o si ustedes son más desafortunados, primero se queman en una incineradora y después se echan a un vertedero. En cauqluier caso, ambos procedimientos contaminan el aire, la tierra, el agua y, no lo olviden, cambia el climate.


La incineración es muy mala. ¿Recuerdan el peligro de los tóxicos en la en la etapa de producción?. Pues bien, la quema de la basura lanza los tóxicos al aire, e incluso algo peor, genera nuevos supertóxicos como la dioxina.


La dioxina es la sustancia sintética más tóxica conocida por la ciencia y los incineradores son la mayor fuente de dioxina. Eso significa que simplemente dejando de quemar basura acabaríamos con en principla productor de dioxina del planeta.


Lo podriamos parar hoy. Algunas empresas no se quieren complicar constuyendo incineradoras o vertederos aquí, así que simplemente exportan la basura.


Bien. ¿Qué tal el reciclaje?. ¿Ayuda el reciclaje?. Sí. Reciclar ayuda. Reciclar reduce la basura aquí y reduce la presión de extraer y producir aquí. Sí, sí, sí. Todos deberíamos reciclar.


Pero reciclar no es suficiente. Primero porque las basura que sale nuestras casas es sólo la punta del iceberg. Por cada bolsa que llevas al contenedor de basura se han generado 70 bolsas más de deshechos necesarios para fabricar los productos que ahora vas a tirar en tu bolsa de basura.


Así que aunque pudiéramos reciclar en 100% de los productos que consumimos seguiríamos sin ocuparnos de la raíz y causa del problema.


Bien, mucha de la basura no se puede reciclar o porque contiene demasiados tóxicos, o porque está diseñada para no ser reciclable, como todos esos tetrabriks que combinan papel, plástico y metal y que no pueden separarse para realizar un verdadero reciclaje, así que como ves este es un sistema en crisis.


Durante todo el proceso nos topamos con muchos límites. Desde cambiar el clima hasta la felicidad disminuida. No está funcionando.


Pero lo bueno de un problema tan rotundo es que hay muchas oportunidades de intervención. Hay mucha gente trabajando aquí en salvar los bosques, en producción limpia, en los derechos del trabajador, en comercio justo, en consumo consciente, en cierre de vertederos e incineradoras, o en presionar a los gobiernos para que sean realmente de la gente y para la gente.


Todo este trabajo tiene una importancia transcendental. Pero las cosas se van realmente a mover cuando veamos las conexiones cuando veamos el cuadro grande, cuando la gente de este sistema se una podremos transformar este sistema lineal en algo nuevo. Un sistema que no desperdicie recursos y gente. Porque lo que realmente necesitamos tirar es esta mentalidad de vieja escuela que nos lleva a lanzarlo todo a la basura. Hay una nueva escuela del pensamiento que se basa en la sostenibilidad y la igualdad, química limpia, cero deshechos, producción cerrada, energía renovable, economías locales vivas… Ya está pasando. Hay gente que dice que es poco real, idealista, que no puede cambiarse. Pero yo digo que los que son poco reales son los que se empeñan en seguir por el camino de siempre. Esa vieja forma de actuar no surgió sola. Nos como la gravedad con la que no tenemos más remedio que convivir. La gente lo creó y somos gente también, así que creemos ahora algo nuevo.


ACTIVIDADES

CUESTIONARIO




1. ¿A qué “sistema” se refiere la autora? Te parecería adecuado sustituir la expresión “sistema” por la de modelo productivista-consumista” o “modelo capitalista”?.

2. ¿Por qué crees que utiliza la expresión “economía de materiales”?

3. En la película que “un sistema lineal no es compatible con un planeta finito como el nuestro”. ¿Cómo Interpretas esta afirmación?

4. En el vídeo se afirma que este sistema está en crisis. ¿A qué tipo de crisis se refiere? Piensa que este vídeo es anterior (2007) a la actual crisis económica que empezó en el 2008.

5. ¿El actual modelo de extracción-producción-distribución-consumo crees que nos conduce inevitablemente a la sobreexplotación del planeta?

6. ¿Por qué a veces se emplea un tanque para representar al gobierno?. ¿Sabes qué porcentaje del presupuesto destina el estado español a gastos militares?

7. ¿A qué llama Annie Leonard “corporaciones”? ¿Te parece adecuado sustituir el término “corporaciones” por el de “multinacionales”? ¿Por qué?.

8. ¿Cuál es el primer límite o “stop” que el actual sistema productivo se está saltando?
9. Haz una relación de las actividades extractivas que incluimos en el sector primario.

10. Investiga sobre los productos tóxicos utilizamos con frecuencia en nuestra vida cotidiana.Cita unos cuantos (busca información en EL SUEÑO DEL CARTOGRAFO). ¿Eras consciente de ello antes de realizar esta pequeña investigación?

11.Escoge un producto doméstico de uso frecuente (producto de limpieza, alimento, medicamento…) y haz una lista de todos sus componentes tóxicos o nocivos y de los peligros de su uso frecuente.

12. Actualmente, existe un importante comercio internacional de desperdicios, basuras y residuos altamente contaminantes. ¿Qué sabes sobre el tema?. Pon ejemplos.

13. ¿Qué entiendes por “externalizar costos”?

14. ¿Qué es lo que no paga el consumidor al externalizarse los costos del producto?. ¿Quién asume esos costos?

15.¿Cómo se reducen los costes laborales actualmente?. Explica el significado de la expresión “flexibilización laboral”.

16. Conoces alguna empresa conocida que siga recurriendo al trabajo infantil o que imponga condiciones laborales inaceptables a sus trabajadores. Busca información en EL SUEÑO DEL CARTOGRAFO.

17. ¿Hay talleres clandestinos en Cataluña?

18. Actualmente existe un importante comercio internacional de residuos tóxicos. Explica en qué consiste.

19. ¿De dónde procede el dinero que nutre los paraísos fiscales?

20. Has oído hablar de “comercio justo” y “banca ética”. ¿De qué se trata?.

21. Define la expresión “obsolescencia planificada”. Pon ejemplos de tu entorno cotidiano.

22. Distingue entre “obsolescencia planificada” y “obsolescencia percibida”.

23. ¿Cómo se consigue que le consumidor perciba como obsoleto un producto?.

24. Vivimos en la “cultura del usar y tirar”. Es frecuente que cuando llevamos a reparar un electrodoméstico el servicio técnico correspondiente nos digan que no vale las pena, porque es más barato comprar otro nuevo. Cita alguna experiencia personal relacionada. ¿Qué consecuencias a largo plazo puede tener este modo de proceder? ¿Qué crees que se debería hacer?

25. Define el término sostenibilidad.

26. Muchos señalan que es imposible compatibilizar crecimiento económico y sostenibilidad. Según estos especialistas, hemos de promover el decrecimiento y otro modelo económico diferente. Define los términos “decrecimiento” y “altermundismo”.

27. Explica alguna estrategia de marketing y publicidad que te haya sorprendido.

28. ¿Qué limites crees que no debería rebasar nunca la publicidad?

29. ¿Las cosas que más importan en la vida se pueden comprar con dinero? ¿Qué cosas son esas?

30. En el mundo occidental se tiende a asociar irracionalmente felicidad y consumo, aunque los estudios estadísticos realizados demuestran que a mayor nivel de consumo no corresponde en absoluto un mayor nivel de felicidad. ¿Por qué crees que eso ocurre?

31. ¿Qué necesidades además de las materiales tiene el ser humano?
32. ¿Sabes qué es el IDH?

33. Busca información en EL SUEÑO DEL CARTÓGRAFO sobre la relación entre felicidad e IDH. ¿Qué has averiguado?

34. Una vez garantizados los recursos básicos para vivir dignamente, ¿qué valoras más: disponer de tiempo y compartirlo con los que te rodean; disponer de tiempo para tus cultivar tus aficiones personales; o poder aumentar aún más tus recursos materiales aunque sea sacrificando tu tiempo libre?

35. A veces llegamos a aceptar ritmos y presiones laborales desquiciantes a fin de poder mantener el estatus económico alcanzado. Recientemente, se ha dado a conocer la noticia de que la presión soportada por algunos trabajadores de France TELECOM les ha desestabilizado psíquicamente a muchos y a algunos les ha llevado incluso al suicidio.¿Qué sabes sobre el tema?.

36. Crees que el actual sistema productivista-consumista realmente estimula la compra compulsiva. ¿Están suficientemente protegidos los niños frente a la presión del marketing y la publicidad. ¿Cómo podemos librarnos de la compulsividad compradora?

37. ¿Qué se acostumbra a hacer con los residuos que generamos?. ¿Qué no se debería hacer? ¿Por qué? ¿Qué medidas deberían adoptarse?. ¿Qué sabes sobre las "cuatro erres"?

TRABAJO EN GRUPO


Se trata de responder las preguntas del cuestionario sobre "La historia de las cosas" aquí incluido y presentar los resultados de manera original y atractiva. Lo podéis hacer por ejemplo en forma de presentación (open office impress, ppt,...) con imágenes, vídeos, enlaces y otros recursos informáticos. Se puede responder más de una pregunta en un mismo bloque de texto, pero entre paréntesis se debe hacer referencia a los números de las preguntas tratadas. Es preciso hacer uso de la documentación que podéis buscar extraer de este  mismo blog.


PRIMERA FASE:

El/la portavoz del grupo tiene que decirme:

1. El nombre del grupo y de sus integrantes
2. Cómo se organizará el trabajo del grupo (fases, responsabilidades, calendario, etc.)
3. Qué reparto de tareas se ha decidido.
4. Las primeras impresiones que se han desprendido de la lectura del cuestionario.

SEGUNDA FASE:

Borrador de las primeras respuestas al cuestionario.

TERCERA FASE

Confección definitiva.