"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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martes, 15 de junio de 2010

¿El Chernóbil de la industria petrolera?. Lecciones del vertido de BP

¿El Chernóbil de la industria petrolera?

El vertido en el golfo de México acelera el debate sobre el modelo energético - La marea negra se cierne sobre el negocio

SANTIAGO CARCAR 14/06/2010


Un pozo entre 56.000 pozos. Una perforación más en el golfo de México. En porcentaje, un 0,0017% de posibilidades de que algo fallara. Y sucedió. El 20 de abril, a 64 kilómetros de las costas de Luisiana (EE UU), algo salió mal. Muy mal. Tanto, que puede marcar un antes y un después para el que todavía es el negocio más rentable del mundo: el del petróleo.
Dos meses después, se desconoce qué provocó la explosión en la plataforma
Accidentes como el de la 'Deepwater Horizon' no son excepcionales
Las prospecciones de petróleo en aguas profundas se han paralizado
La industria cuenta con que se van a imponer normas más estrictas
Muchas pequeñas compañías van a volver a explorar en tierra
Los lodos del Orinoco o las arenas bituminosas vuelven a tener valor

Ese día de abril, por causas aún desconocidas, la plataforma de exploración en aguas profundas Deepwater Horizon, alquilada por el gigante BP para perforar y extraer petróleo a 1.500 metros bajo el mar, estalló. Lo más grave: las 11 vidas perdidas. Lo más preocupante: la posibilidad de que se produzca una marea negra que arrase centenares de kilómetros de las costas de Estados Unidos, México y hasta de Cuba.
Casi dos meses después de la explosión, se desconocen sus causas y también sus consecuencias. Ni siquiera se sabe cuánto petróleo sale aún por el ominoso géiser de chapapote en que se convirtió el pozo abierto por la Deepwater Horizon.

La empresa responsable del proyecto, BP, una de las grandes del sector petrolero (junto con ExxonMobil, Chevron y Royal Dutch / Shell) se juega la supervivencia. Su cotización bursátil (198.500 millones de euros de cifra de negocio, 13.772 millones de euros de beneficio neto en 2009 y 80.300 empleados en 30 países) se ha desplomado. Desde el accidente, el precio de las acciones ha caído alrededor de un 40%.

Mientras, los muchos actores del negocio cruzan los dedos para que el desastre no se convierta en el Chernóbil de la industria petrolera. Puede serlo. Que el presidente de la primera potencia del planeta, Barack Obama, proclame a los cuatro vientos que está buscando a quien patear el culo por lo sucedido tiene, al margen de una dosis evidente de impotencia, un inequívoco tono de amenaza. Y no solo para la empresa responsable del accidente, sino para todo un sector.

Para empezar, las prospecciones en aguas profundas, que la Administración de Obama había ampliado incluso a aguas del Atlántico y de Alaska, se han paralizado. Nadie en la industria sabe por cuánto tiempo. Se habla de seis meses, pero nadie se fía. Porque todo depende de cuánto dure la crisis. En el sector se recuerda, como una pesadilla, lo sucedido con la plataforma Ixtock 1 en el año 1979, también en aguas del golfo de México. Un reventón colapsó la plataforma de perforación de la empresa Pemex a 954 kilómetros de las costas de Tejas (EE UU). Resultado: entre el 3 de junio de 1979 y el 24 de marzo de 1980 (280 días) se vertieron al mar 3,3 millones de barriles de crudo.

Es difícil hacer comparaciones. En el accidente de la Deep-water Horizon, nadie sabe a ciencia cierta cuánto petróleo está saliendo del pozo. La cifra más concreta procede de la parte más interesada y se refiere únicamente al crudo que supuestamente se ha logrado recoger tras colocar una especie de sombrero sobre la tubería destrozada.

Según BP, entre el 4 y el 10 de junio, recogió 64.444 barriles de petróleo (10,25 millones de litros). Claro que hay otras cifras y pueden ser igual de creíbles. The Huffington Post, periódico digital con tirón, contabilizaba en tiempo real el vertido, con imágenes de una cámara web en el tubo roto del pozo y un contador. El periódico cifraba el vertido el 9 de junio en 36,5 millones de galones. A 3,7 litros el galón, 135 millones de litros. Total: 850.000 barriles (la medida "barril" equivale a 159 litros). Una marea que justifica el cierre a la pesca decidido por EE UU en 200.000 kilómetros cuadrados, 25 veces la superficie de la Comunidad de Madrid.

Las cifras del desastre marean. Y eso, señala Sara del Río, del área de seguimiento de Contaminación de Greenpeace, que "deberá pasar mucho tiempo para que se conozca la verdadera dimensión del desastre". "Por supuesto", explica Del Río, "el vertido debería suponer un antes y un después para el negocio petrolero". Pero las declaraciones de Obama, pese a su aparente consistencia, no apuntan a cambios fundamentales más allá, quizá, de normativas más estrictas en materia de riesgos. "Lo que se ha puesto de manifiesto es que la Agencia Minera [el supervisor de las actividades de prospección] funcionaba igual con Bush [George Bush hijo, ex presidente de EE UU] que con Obama. Sin planes de emergencia", añade Del Río.

Con el desastre en carne viva, rezumando petróleo, es difícil pulsar opiniones en la industria petrolera. Todo el mundo se tienta la ropa. Las empresas saben que están bajo la lupa y adoptan un perfil más que bajo. Admiten que en puntos concretos (procedimientos de seguridad, contratos, concesiones) va a haber cambios. Y que tendrán que asumirlos. Pero la actitud es de esperar y ver. Solo desde una de las hermanas de BP, Exxon, surgieron tímidas declaraciones para tratar de minimizar daños. "Advertimos de que se debe evitar llegar a conclusiones apresuradas e implantar reglamentos sin una comprensión cabal de lo sucedido", aseguró Andrew Singer, subdirector general de la compañía en declaraciones recogidas por la agencia Bloomberg. "La industria", recordó Singer, "ha perforado miles de pozos en todo tipo de ambientes operacionales, sea en aguas profundas o en tierra firme, por todo el mundo, sin percances".

Pero accidentes como los de Deepwater Horizon, Ixtok 1, Exxon Valdez, Prestige o la plataforma Piper Alpha (explosión en 1988 en el mar del Norte, 167 muertos) no son excepcionales. Puede ser verdad que la historia no se repite, pero como sostenía Twain, rima. La prospección petrolera es una actividad muy rentable, pero arriesgada. Y los incidentes pueden tener consecuencias muy graves, con un alto coste en vidas y en medio ambiente.

Por supuesto, el paso del tiempo suaviza las tragedias. Luis Atienza, presidente de Red Eléctrica (REE), cree que el vertido no tendrá efectos dramáticos en una industria necesaria para un mundo que demanda energía de forma creciente. "Lo que sí puede suponer", asegura, "es un acicate en la reflexión sobre el futuro energético del planeta y los recursos a emplear". Atienza defiende la idea de que las fuentes energéticas del siglo XX deben financiar el desarrollo de las energías del siglo XXI. Desde esa óptica, el vertido de BP puede ser, cree Atienza, el comienzo de algo nuevo.

Tampoco la Agencia Internacional de la Energía (AIE) cree que puede haber cambios drásticos en el sector. El organismo estima que, incluso si se aplicara un retraso de entre uno y dos años en la realización de nuevos proyectos de explotación en aguas profundas, solo tendría como consecuencia una reducción de entre 100.000 y 300.000 barriles diarios en la producción estadounidense del golfo de México hasta 2015 con relación a las anteriores previsiones.

Desde el área de las energías renovables, el desastre de BP viene a ser la confirmación de que quienes apuestan por las energías limpias han elegido la senda correcta. El desastre en el golfo de México, sostiene el ex director del Instituto de Diversificación y Ahorro Energético, Javier García Breva (directivo ahora de APPA Solar), "confirma que la oferta de crudo no va a ser suficiente para atender el crecimiento de la demanda". Consecuencia: "Ante el descenso de las reservas tradicionales, las nuevas prospecciones han de hacerse en las aguas más profundas de los océanos con un significativo aumento de los costes y riesgos de seguridad". Por ello, García Breva adelanta un pronóstico sombrío, al menos para el consumidor: "El precio del crudo subirá y más aún la gasolina".
En general, desde el área de renovables y desde las organizaciones ecologistas se considera que el gran vertido es una premonición sobre la insostenibilidad económica y ambiental de los combustibles fósiles. "El declive de los combustibles fósiles ha llegado", asegura García Breva, "y lo inteligente sería avanzar en una economía menos dependiente de los hidrocarburos". "Lo contrarioes jugar a la ley de Murphy, que es lo que ha hecho BP en connivencia con los reguladores de EE UU", concluye.
Suceda lo que suceda en las próximas semanas, encuentre o no encuentre Obama a quien patear el culo, la industria petrolera en su conjunto se prepara para pagar por el desastre. En el caso de BP, la factura puede afectar a su supervivencia. Analistas de Credit Suisse estimaron en 19.107 millones de euros (23.000 millones de dólares) la factura que puede tener que pagar. Pero la cifra puede crecer. Todo depende de cuánto dure el vertido, de la extensión de la marea negra y de la habilidad de los abogados de BP para esquivar el fuego graneado que van a recibir. Para abrir boca, accionistas de la petrolera han anunciado que van a demandar a la compañía por haberles inducido a error sobre las medidas de seguridad de las que disponían en sus operaciones.

Fernando Maravall, director de Exploración, Producción y Gas de la petrolera Cepsa, tiene claro cuál será una de las consecuencias del derrame: "Va a aumentar el capex [Capital Expenditure, gasto de capital] por barril producido". ¿Será la única consecuencia? No. En opinión de Maravall, habrá "otros efectos en cadena".

En general, los que conocen la industria coinciden en lo que va a suceder: habrá que gastar más en seguridad, los permisos para perforar en aguas profundas serán más difíciles de conseguir y muchas compañías -las de tamaño mediano y peque-ño- van a tener que abandonar la actividad off shore (lejos de las costas) para volver a la actividad en tierra. De pronto, los lodos pesados del Orinoco (Venezuela) y las arenas bituminosas de Canadá vuelven a ser recursos preciados. Manchan más, dejan menos márgenes de beneficio y son más difíciles de tratar, pero de ellos se extrae algo vendible a un sistema ávido de carburantes.
"Aumentará la competencia", dice un directivo de una compañía del sector que prefiere mantener el anonimato. Paradójicamente, las más beneficiadas pueden ser las grandes compañías. Tienen los medios técnicos y la experiencia suficiente para operar en el negocio del off shore profundo.
En el futuro, sacar petróleo allí donde nunca se imaginó, a kilómetros bajo el agua, será menos rentable. "La caída de la rentabilidad puede ser de hasta seis puntos", asegura un directivo del sector, "desde el 13% o 14% actual al 8%". Los materiales de seguridad (de tuberías a válvulas) serán más caros, la frecuencia de las supervisiones, mayor y, en general, tenderán a igualarse las condiciones de trabajo en todo el mundo. Del mar del Norte -donde las condiciones de seguridad son más estrictas- al golfo de México, las normas tenderán a igualarse.

"Frases como bomba ecológica referida al Prestige o Chernóbil petrolero referido al accidente de BP quedan bien para dar titulares", señala un alto cargo de una compañía petrolera española desde EE UU, "pero no siempre se ajustan a la realidad". "Tras la exploración en aguas profundas hay medio siglo de mejora continua de los procedimientos. Y, si bien es cierto que va a haber cambios en los sistemas de seguridad, no creo que los haya en la forma de abordar los proyectos". Tras la opinión del directivo hay un hecho: la reposición de reservas solo es posible perforando en los océanos. Porque la era de los yacimientos de hidrocarburos gigantescos, cercanos a la superficie y con crudos dulces (así se denominan los que tienen poco contenido en azufre) se ha acabado.

Las nuevas reservas están en aguas alejadas de la costa de siete zonas principalmente: el golfo de México, Brasil, el golfo de Guinea, el mar del Norte, el Mediterráneo, el mar de China y Australia. Ahí está el negocio y ahí se está canalizando una ingente cantidad de capital. La consultora Douglas-Westwood calculó (antes de la explosión de hallazgos en aguas de Brasil) que la inversión en aguas profundas superará los 20.700 millones de euros anuales en 2012. Mucho dinero. Mucha presión.


Lecciones del vertido de BP

KENNETH ROCOFF - EL PAÍS - 13/06/2010


Mientras el pozo de petróleo dañado sigue soltando a borbotones millones de galones de crudo desde las profundidades del golfo de México, el problema inmediato es cómo mitigar una catástrofe medioambiental que aumenta por momentos. Sólo podemos abrigar la esperanza de que se contenga el vertido pronto y no se materialicen las hipótesis peores.Sin embargo, el desastre plantea una amenaza aún más profunda a la forma como las sociedades modernas regulan las tecnologías complejas. La acelerada velocidad de la innovación parece estar superando la capacidad de los reguladores estatales para afrontar los riesgos, y más aún para prevenirlos.


Los paralelismos entre el vertido de petróleo y la reciente crisis financiera son demasiado dolorosos: la promesa de innovación, la complejidad insondable y la falta de transparencia (los científicos calculan que sólo conocemos una pequeña fracción de lo que ocurre en las profundidades del océano). Grupos de presión adinerados y políticamente poderosos ejercen presiones enormes sobre las estructuras de gobierno más sólidas. Constituye un enorme apuro para el presidente de EE UU, Barack Obama, que propusiera -presionado por la oposición republicana, cierto es- aumentar en gran medida las perforaciones en busca de petróleo en el mar justo antes de que se produjera la catástrofe de BP.

La historia de la tecnología del petróleo, como la de los instrumentos financieros exóticos, era muy convincente y seductora. Los ejecutivos de las empresas petroleras se jactaron de que podían perforar hasta una profundidad de dos kilómetros y después un kilómetro en sentido horizontal y acertar en el blanco con un margen de error de unos metros. De repente, en lugar de un mundo en el que se hubiera llegado a la tasa máxima de extracción de petróleo y con recursos cada vez más escasos, la tecnología ofrecía la promesa de aumentar el abastecimiento para otra generación. Los funcionarios occidentales se dejaron influir también por la preocupación por la estabilidad del abastecimiento en Oriente Próximo, que representa una gran proporción de las reservas mundiales. Algunos países en desarrollo -y muy en particular Brasil- han descubierto posibles yacimientos enormes frente a sus costas.

Ahora todo está en el aire. En EE UU, las perforaciones marinas parece que seguirán el mismo camino que la energía nuclear, pues se dejarán durante decenios los nuevos proyectos en un cajón y, como ocurre con frecuencia, una crisis en un país puede llegar a ser mundial si muchos otros países reducen drásticamente los proyectos de perforaciones marinas ilimitadas. ¿Pondrá de verdad en peligro Brasil su espectacular costa por el petróleo, ahora que lo sucedido ha recordado a todo el mundo lo que puede ocurrir? ¿Y Nigeria, donde otros riesgos resultan intensificados por las luchas intestinas?

Los expertos en petróleo sostienen que las perforaciones marinas nunca tuvieron posibilidades de representar más que una pequeña proporción del abastecimiento mundial, pero ahora va a haber más preocupación por las perforaciones profundas en cualquier medio delicado, y el problema no se limita al petróleo. El problema básico de la combinación de complejidad, tecnología y regulación se da también en muchos otros sectores de la vida moderna. La nanotecnología y la innovación en materia de creación de organismos artificiales ofrecen una posible bendición para la humanidad, al prometer la creación de nuevos materiales, medicinas y técnicas de tratamiento. Aun así, con todas esas tecnologías apasionantes, resulta extraordinariamente difícil lograr un equilibrio entre el riesgo muy pequeño de un desastre muy grande y el apoyo a la innovación.

Las crisis financieras son casi consoladoras en comparación. Las burbujas especulativas y las crisis bancarias han sido una característica periódica del paisaje económico durante siglos. Pese a ser espantosas, las sociedades les sobreviven.

Cierto es que quienes pensaban "esta vez es diferente" antes de la reciente gran recesión, resultaron estar equivocados, pero, aun cuando no estemos mejorando en nada a la hora de afrontar las crisis financieras, tampoco ha empeorado necesariamente la situación.

Tal vez los dirigentes de los Estados que componen el G-20 no hayan hecho un trabajo tan brillante como afirman al tapar el agujero existente en el sistema financiero. Los pavorosos problemas de la deuda soberana en la Europa continental y los que están fraguándose en EE UU, Japón y otros países lo demuestran más que de sobra, pero, comparados con los esfuerzos de British Petroleum para tapar su agujero de petróleo en las profundidades marinas, los dirigentes del G-20 parecen omnipotentes.

Si alguna vez ha habido una llamada para despertar a la sociedad occidental a fin de que se replantee su dependencia de una innovación tecnológica cada vez más acelerada para aumentar sin cesar el consumo de combustibles, no cabe duda de que lo ha sido el vertido de BP. Incluso China, con su estrategia de "aprovechemos el auge ahora y ya abordaremos más adelante la cuestión del medio ambiente", debe observar detenidamente el golfo de México.

La economía nos enseña que, cuando hay una enorme incertidumbre en materia de riesgos catastróficos, es peligroso confiar demasiado en el mecanismo de los precios para acertar con los incentivos.

Lamentablemente, los economistas saben mucho menos sobre cómo adaptar la regulación a lo largo del tiempo a los sistemas complejos con riesgos en constante transformación y mucho menos aún cómo concebir instituciones reguladoras sólidas. Hasta que se entiendan mejor esos problemas, podemos estar condenados a convivir con un mundo de la regulación con objetivos constantemente desproporcionados, ya sea por exceso o por defecto.

El sector financiero ya está avisando de que la nueva regulación puede ser desproporcionada, es decir, tener el efecto no deseado de dificultar profundamente el crecimiento. Ahora bien, pronto podríamos afrontar las mismas preocupaciones en materia de política energética, y no sólo en relación con el petróleo.
Dadas las dimensiones de lo que está en juego financieramente, lograr un consenso mundial será difícil, como lo demostró el fracaso de la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático. Los países avanzados, que son los que mejor pueden permitirse una limitación del crecimiento a largo plazo, deben dar ejemplo. El equilibrio entre la tecnología, la complejidad y la regulación es, sin lugar a dudas, uno de los mayores imperativos que el mundo debe adoptar en el siglo XXI. No podemos permitirnos el lujo de seguir equivocándonos.

Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, es profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard. © Project Syndicate, 2010. Traducción de Carlos Manzano.

martes, 24 de noviembre de 2009

En el peor escenario, la temperatura podría subir seis grados este siglo



Aún hay vida en Copenhague 

Los expertos sostienen que se mantendrá la lucha contra el CO2 aunque no haya un pacto completo en Dinamarca - La UE, China y EE UU quieren alejarse del petróleo
RAFAEL MÉNDEZ - EL PAÍS  - 22/11/2009

La cumbre del clima de Copenhague está condenada y ya es seguro que de allí no saldrá el tratado vinculante contra el cambio climático para sustituir al Protocolo de Kioto. Sólo habrá un acuerdo político. Esto no era lo que los 192 países de la ONU acordaron en Bali en 2007, así que es legítimo considerar que la cumbre es un fracaso, pues no ha cumplido lo previsto. Y sin embargo, la lucha contra el cambio climático parece que seguirá más allá. Sobre todo por las ventajas que tiene para la UE, EE UU y China alejarse de los combustibles fósiles y ahorrar energía, con lo que mejorarán su independencia energética, según los expertos consultados. ¿Un fiasco rotundo, pues? No tan rápido.


"Estamos mucho mejor que hace dos años", asegura Teresa Ribera

En el peor escenario, la temperatura podría subir seis grados este siglo

Pedro Linares, profesor de Organización Industrial de la Universidad Pontificia Comillas y miembro del Instituto de Investigación Tecnológica, afirma que el avance hacia una economía baja en carbono no se parará del todo si en Copenhague no hay un tratado: "China, EE UU y la UE van a reducir sus emisiones porque les interesa por el objetivo ambiental, pero también por otros motivos, como la seguridad de suministro o la contaminación de las ciudades en China. Si reduces los gases de efecto invernadero mejoras también en esos aspectos".

La UE considera que cada vez que un europeo sube el termostato de la calefacción los euros se escapan hacia Rusia o Argelia a través de los gasoductos. Y que cada kilovatio producido con energía eólica o cada aislamiento térmico reduce ese escape con la dependencia energética que conlleva y le impulsa en la carrera de las renovables.

La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, pone un ejemplo: "La industria del automóvil de EE UU cayó porque ofrecía algo que no era viable, unos coches que consumían demasiado". La industria europea y asiática, menos contaminante, resistió mejor a la subida del petróleo precisamente por tener exigencias legales de eficiencia mucho mayores. Aunque en EE UU el debate aún gira sobre el coste de llenar el depósito, la Administración también ha tomado nota.

La subida del precio del petróleo antes de la crisis fue un aviso de lo que está por venir. El economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, explicó hace dos semanas que "la era del petróleo barato se ha acabado". "Tardará un par de años hasta que la demanda se recupere, pero volverá a los 100 dólares", agregaba. Aunque el alto precio del petróleo es una muy mala noticia para los ministros de economía, es buena para los coches eléctricos, la energía eólica, el ahorro y la eficiencia.

Birol sostiene que, incluso si se consiguen reducir las emisiones, los yacimientos actuales no bastan: "Tenemos que descubrir reservas equivalentes a cuatro arabias saudíes antes de 2020 para mantener el consumo, pero la inversión en nuevas perforaciones ha caído un 19% en un año". Gas hay más, pero Rusia e Irán acumulan un 40% de las reservas, según la AIE. Más motivos para combatir el CO2.

Ribera reclama un poco de perspectiva: "En la angustia del momento todo se ve negro. Pero hace sólo un par de años estábamos mucho más lejos del acuerdo que ahora". Hace sólo dos años, George W. Bush estaba en la Casa Blanca y se negaba a firmar cualquier acuerdo internacional. Hoy, el Senado de EE UU tramita una ley que recorta las emisiones entre un 17% y un 20% en 2020 respecto a 2005, lo que supone en ese periodo de tiempo un recorte mayor que el europeo (aunque sería menor si se toma el periodo 1990-2020, el preferido en Europa). El presidente de EE UU, Barack Obama, ha pedido un año más de tiempo para firmar un tratado internacional.

Hace dos años, China y el resto de economías emergentes (India, Brasil, México...) se negaban a limitar sus emisiones. Hoy, China aún no ha anunciado su compromiso de emisiones, pero tiene un plan de eficiencia energética que, según Birol, "reducirá más las emisiones que el paquete de la UE contra el cambio climático". El secretario de la Convención contra el Cambio Climático de la ONU, Yvo de Boer, ha afirmado que "China está en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático" y aspira a inundar el mundo con sus aerogeneradores y sus paneles solares. A lo que se opone, y eso sí que es grave para la negociación, es a que la ONU audite sus emisiones, porque con ellas se puede conocer toda su política económica.

Brasil anunció el jueves pasado que emitirá en 2020 un 36% menos de lo que emitiría de seguir la tendencia actual, algo que conseguirá principalmente frenando la deforestación en la Amazonia, lo que tendrá efectos positivos en la biodiversidad. El mismo día, Rusia proclamó un recorte de emisiones de entre un 20% y un 25% en 2020 respecto a 1990. En realidad, no le será difícil alcanzarlo, porque ahora emite un 40% menos debido al cierre de las ineficientes fábricas soviéticas, pero aún así es más del rango del 10% al 15%, su objetivo hasta ahora.

Todos estos números están en muchos casos condicionados a que haya un acuerdo internacional y financiación de los países ricos. Quizá sean sólo buenas intenciones. Pero si se suman los esfuerzos anunciados (o en tramitación como el de EE UU), la temperatura subiría unos 2,8 grados centígrados a final de siglo, según el cálculo del Sustainability Institute, un organismo en el que colabora el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Eso sigue lejos de los dos grados de aumento de la temperatura del planeta que el G-8 se puso como objetivo, pero no son los seis que pronostica la AIE de seguir la tendencia actual. Aun así, según la Agencia de Meteorología del Reino Unido, una subida de cuatro grados causaría migraciones forzosas de millones de personas, inundaciones en las costas por la subida del nivel del mar y problemas de abastecimiento por el deshielo de glaciares en Asia.

Entre la necesidad ambiental y energética, Ribera sostiene que la revolución "ya no hay quien lo pare". "El Deutsche Bank ha comenzado a medir el riesgo de invertir en un país en función de su apuesta por el cambio de modelo energético. Puede que en Copenhague no tengamos todos los detalles del acuerdo, pero la tendencia y la dirección están claras. Y los inversores y los sistemas financieros necesitan esas directrices".

El domingo pasado, Obama y el presidente chino, Hu Jintao, admitieron que no habría un acuerdo vinculante en diciembre. Pero dos días después, ante la depresión que generaron sus palabras, el presidente estadounidense dijo que sí quería un acuerdo político y que su país estaba comprometido. El Gobierno danés cree probable que Obama acuda a la cumbre. Como lo harán Gordon Brown, Merkel, Sarkozy y la mayoría de jefes de Gobierno de la UE. Zapatero lo tiene en su agenda. Es poco previsible que vayan allí para firmar un papel vacío.

Elliot Diringer, vicepresidente de Estrategias Internacionales del Centro Pew para el Cambio Climático, un influyente grupo de expertos, dice que EE UU "no asumirá un objetivo concreto de reducción de emisiones, pero sí puede aceptar una declaración de intenciones con un rango de recorte". Si va más allá, añade, el Senado se lo podría tomar como una injerencia de la ONU intolerable.

Obama no quiere repetir lo que le ocurrió a Clinton, que firmó Kioto y luego el Senado se negó a ratificarlo. Obama irá al revés. Primero la ley y luego el acuerdo internacional. Diringer, que ya pronosticó en septiembre que de Copenhague sólo se debía esperar un acuerdo político, señala otras prioridades: "Sería más importante aclarar ahora la arquitectura del acuerdo y si va a haber un sistema transparente".

El negociador de la UE en las conversaciones del clima de Barcelona, el sueco Anders Tureson, explicó que Copenhague buscaba "sentar los cimientos de una nueva revolución industrial". Birol defiende que para conseguir el objetivo de los dos grados de aumento en sólo 10 años un 40% de los coches que se vendan en el mundo deben ser híbridos, eléctricos o híbridos enchufables. En el sector energético, la transformación necesaria es igual de gigantesca.

Por supuesto que sin un acuerdo internacional con sanciones -las que hacen que España esté gastando millones en el Este de Europa para poder emitir más dentro de Kioto- y ambicioso muchos países no cumplirían lo anunciado, pero los expertos creen que aún se puede llegar al pacto en 2010. O quizá es que el secreto de la satisfacción es rebajar las expectativas lo suficiente.

domingo, 4 de octubre de 2009

El Aral ha muerto, viva el petróleo


 






Uno de los barcos varados en la arena en lo que un día fue el mar de Aral

Los hidrocarburos, esperanza para los países ribereños del esquilmado mar interior

PILAR BONET EL PAÍS 23/03/2008
 
La tragedia vivida por el mar de Aral deja paso a la esperanza. El agua que desde los años sesenta del pasado siglo ha ido desapareciendo de aquel entorno pesquero puede ser sustituida por el gas y el petróleo si prosperan las exploraciones internacionales que tal vez hagan el milagro de transformar esta zona depauperada en una réplica centroasiática de los Emiratos.

El Aral ya no existe como unidad. Esta gran reserva centroasiática de agua se ha fragmentado en tres partes
Se calcula que las reservas son importantes, pero no tanto como las del Caspio, y de extracción más difícil
Muinak (Uzbekistán), el centro de un distrito poblado por 28.000 habitantes, es una localidad deprimida. Su principal atracción es el cementerio de barcos. Distribuidas sobre la arena ante un mirador, las barcazas que un día surcaron el mar son hoy cadáveres de chatarra y símbolos de la tragedia del Aral, en cuyos alrededores se reproducen por inercia políticas agrícolas que fueron fatales para este mar. Desde hace dos años, Muinak produce algodón, según cuenta el jakim (gobernador local) Jarilqap Tursinbékov. "El algodón es riqueza y divisas", afirma el funcionario, aunque la rentabilidad de este cultivo es escasa en las aguas cargadas de sal y pesticidas.

Introducido en Asia central por el imperio zarista, el cultivo del algodón fue privilegiado por la URSS y sigue siendo hoy una de las principales fuentes de ingresos de Uzbekistán. En la práctica, el Estado, monopolista de las exportaciones, incentiva esta producción y establece planes de cosecha. El resultado es la atrofia de las alternativas. El cultivo de hortalizas con riego gota a gota no ha cuajado, confiesa el jakim. Esta técnica requeriría un enfoque avanzado que no encajaría con un sistema basado en el despilfarro de los escasos recursos de agua.

El Aral comenzó a alejarse de Muinak en los sesenta. En 1979 cesó la navegación y en 1984 comenzó a desmantelarse la industria pesquera, que daba trabajo a 10.000 personas. Daulet Rajmétov, ex director de la fábrica de conservas de Muinak y representante local de la Fundación Internacional para la Salvación del Aral, recuerda cómo durante años viajó de puerto en puerto por las costas de la URSS en busca de pescado para frenar la agonía de su empresa. "El pescado venía del Caspio, del Báltico, del Ártico en vagones refrigerados, pero no bastaba, así que fuimos reduciendo la producción hasta que el año 2000 clausuramos la fábrica. Fue muy duro, porque el combinado pesquero era el centro de la economía local", dice. Rajmétov no quiere seguir el ejemplo de los muchos vecinos que han emigrado, pero tres de sus cuatro hijos y dos de sus hermanos viven hoy en la vecina Kazajistán. "Aquí soy un hombre respetado", afirma. Junto con su esposa, Shurpán, y su hija menor, Rajmétov vive en una casa sin agua corriente y con un primitivo retrete en el patio. Shurpán padece bronquitis por el polvo que se cuela por todas partes. El Aral está muerto, pero en los mercados callejeros de Muinak se vende aún pescado fresco de los embalses.
El Aral, que fue centro de un ecosistema alimentado por los ríos Amú Dariá y Sir Dariá, ya no existe como unidad. Esta constatación se impone poco a poco a quienes creyeron poder salvar esta reserva centroasiática fragmentada ahora en tres partes. La primera, al norte, en Kazajistán, ha vuelto a llenarse gracias a un dique artificial que la separa de Uzbekistán. Las otras dos, en territorio de este país, siguen encogiéndose, y desde 2007 son exploradas por un consorcio petrolero que busca hidrocarburos en el fondo de las aguas y en los terrenos salinizados que han dejado tras de sí (más de cuatro millones de hectáreas hasta 2007) al retirarse hasta 140 kilómetros de su antiguo litoral. Víctima del regadío despilfarrador, el Aral sigue padeciendo por la falta de un enfoque sistemático y coordinado de los cinco Estados de la zona, vinculados entre sí por el sistema fluvial dominado por el Amú Dariá y el Sir Dariá.

En la ribera uzbeka del Aral, las esperanzas de recuperar el mar y restablecer la economía tradicional, basada en la pesca, se orientan cada vez más hacia el gas, que, de ser explotado a gran escala, daría un impulso a la deprimida Karakalpakstán (166.000 kilómetros cuadrados y 1,5 millones de habitantes), la república autónoma lindante con el Aral y dependiente de Uzbekistán.
El antiguo fondo del mar es hoy un paisaje inhóspito. De Nukús, capital de Karakalpakstán, a Muinak hay 220 kilómetros, asfaltados, a diferencia de las rutas que llevan desde Muinak hacia el litoral, a cerca de 100 kilómetros. Ahí, el desierto salpicado de arbustos resecos y conchas de moluscos se alterna con pantanos y terrenos saturados de sal. Los geólogos que hacen exploraciones dejan sus huellas sobre esta naturaleza adusta en forma de líneas paralelas que se pierden en la distancia. De vez en cuando, las perforadoras o los camiones de la compañía de gas uzbeka rompen la soledad imperante. Circulan a campo traviesa cargados con tubos o maquinaria. Las llamas anaranjadas de las antorchas de gas recuerdan los campos de petróleo de Siberia.

Desde 2007, la Aral Sea Operating Company (ASOC) -formada por la petrolera rusa Lukoil, la Compañía Nacional de Petróleo de China, la corporación nacional de petróleo de Corea, Petronas de Malaisia y Uzbekneftegaz- realiza exploraciones geofísicas en el Aral tras firmar un contrato de reparto de producción (PSA) con Uzbekistán. La primera fase, en la que se prevé invertir unos 100 millones de dólares, permitirá para 2010 valorar las perspectivas de explotación del gas, lo que ya hace Uzbekneftegaz. Desde 2004 también está presente el consorcio ruso Gazprom, que extrae gas en la cercana meseta de Ustiurg, al oeste del Aral. Aviones de Gazpromavia realizan vuelos regulares de pasajeros entre Moscú y Nukús.
La información sobre las reservas potenciales de hidrocarburos del Aral es escasa, explica en Tashkent Vasili Yákovlev, vicedirector de ASOC y representante de Lukoil en el consorcio. Los últimos datos científicos soviéticos, dice, son de los años setenta y sirven de poco, en parte porque se estropearon los discos magnéticos en los que se grabaron, y en parte por haber sido repartidos entre Kazajistán, Uzbekistán y Rusia. Las estimaciones difieren. Uzbekneftegaz calcula las reservas potenciales de gas en 500.000 millones de metros cúbicos, y Lukoil, en 200.000 millones. Estas cifras son inferiores a las de los grandes yacimientos del Caspio. La lejanía y falta de infraestructura hace que las condiciones de trabajo sean mucho más duras que en aquel otro mar interior.

La exploración llevada a cabo por el ASOC abarca toda la superficie uzbeka del mar, 18.000 kilómetros cuadrados, entre la parte oriental, la occidental y la isla de Vozrozhdenie, que en realidad es una península situada entre ambas. Las 200 personas empleadas ahora se multiplicarán por diez si se llega a una explotación industrial del gas. No es sorprendente, pues, que en Nukús hayan comenzado a preparar ya personal de servicio para el sector, y más de un ecólogo desearía hoy convertirse en petrolero.
En época soviética, la isla de Vozrozhdenie albergó un importante polígono militar de pruebas con armas biológicas, que fue clausurado en 1992. Una zona de 119 metros cuadrados, emplazamiento de aquellas instalaciones secretas que experimentaban con virus especialmente peligrosos, ha sido excluida del contrato con ASOC. Esta exclusión alimenta las sospechas sobre los posibles riesgos para la salud, motivo por la cual una compañía de servicios francesa renunció a pujar por un contrato en la zona, señala Yákovlev. Al margen de las incógnitas del antiguo polígono, abundan los problemas: en el aire hay poco oxígeno, y en el suelo, metales pesados, como níquel, plomo y mercurio. Los trabajadores están vacunados contra la peste, enfermedad de la que se han detectado dos focos entre los roedores.

Las exploraciones geofísicas permiten al consorcio comprobar cómo se encoge el Aral. En un año, afirma Yákovlev, la línea de costa ha retrocedido 60 metros y la superficie ha descendido 30 centímetros. La parte occidental del mar, con profundidad máxima de 40 metros, tiene una concentración de hasta 114 gramos de sal por litro. La parte oriental, con sólo dos metros, es prácticamente una salmuera, con 240 gramos de sal por litro. El Ejecutivo asegura que las actividades petroleras no perjudicarán a este entorno ecológico, sino todo lo contrario. "Sólo pueden mejorarlo", dice.

Ubbiniaz Ashirbékov, director de la filial de Nukús de la Fundación Internacional para la Salvación del Aral (FISA), apoya la búsqueda de hidrocarburos, y opina que los petroleros "deben dedicar una parte del beneficio a mantener el ecosistema y ayudar a mejorar las condiciones de vida de la población". La FISA es una organización en la que están integrados cinco Estados centroasiáticos (Uzbekistán, Kazajistán, Tayikistán, Kirguizistán y Turkmenistán), y su filial de Nukús siembra arbustos para evitar la difusión del polvo y la erosión y mantiene un sistema de embalses que, a modo de cinturón de humedad, contribuye a mantener la habitabilidad en la zona contigua al mar. El agua es mala; la mortalidad infantil, elevada, y sólo el 25% de Nukús (ciudad de 280.000 personas) tiene canalización, señala Ashirbékov. Al delta del Amú Dariá, el agua llega escasa, cargada de pesticidas y sustancias tóxicas recogidas en su tránsito. En Uzbekistán sospechan que Turkmenistán se queda más de lo que necesita, y temen que los proyectos de lujo de aquel Estado cerrado y enigmático, como la creación de un lago artificial, mengüen aún más el Amu Dariá.
La FISA tiene un programa de minicréditos para sostener a la población local, pequeños empresarios ganaderos o artesanos. Una de sus receptoras en Nukús es Abdimurat Zeraján, de 49 años, ex profesora de matemáticas y ahora modista. Con un crédito de 3,7 millones de soms (1.870 euros) compró dos máquinas de coser, y hoy, con ingresos entre 200.000 y 400.000 soms mensuales, es el principal sostén de su familia. Sus perspectivas de desarrollo son limitadas por la escasa capacidad adquisitiva de sus clientes. La modista debe devolver el crédito en tres años con un interés del 10%. La inflación oficial en Uzbekistán es del 6,8%, pero expertos occidentales la calculan en el 30%.

En la plaza central de Nukús ha desaparecido la estatua de Lenin y ha aparecido un café con el pomposo nombre de Sheraton Club. La atracción cultural más importante de la ciudad, de categoría internacional, es la colección de arte de vanguardia de los años veinte que el entusiasta ruso Ígor Savitski formó al margen de los comisarios culturales del estalinismo. Los cuadros de Liubov Popova, Robert Falk o Mijaíl Kurzine son hoy una compensación exquisita en el entorno desangelado.

Alrededor del Aral se tejen los conflictos entre los Estados de esta region centroasiática, que no han podido ponerse de acuerdo en unas normas y un sistema para la explotación racional del agua en el Amú Dariá y el Sir Dariá. La superficie de los glaciares en las montañas de Kirguizistán y Tayikistán se ha reducido, y existen conflictos crónicos entre los países ribereños situados en la parte superior de los ríos, interesados en la producción hidroenergética, y los de la desembocadura, interesados en el regadío. Unos y otros se tantean en búsqueda de nuevas fórmulas de intercambio entre energía y agua. Las autoridades de Kirguizistán se plantean cobrar por el agua en respuesta al anuncio de Uzbekistán, Kazajistán y Turkmenistán de aumentar el precio del gas a nivel europeo.

Aunque, desde su fundación en 1993, la FISA no ha logrado convertirse en la organización coordinadora de los intereses de los Estados miembros, Ashirbékov es optimista: "Gracias a organizaciones como ésta, los países centroasiáticos no han ido a la guerra por el agua, lo que en sí mismo es un logro". -

jueves, 1 de octubre de 2009

Venezuela: la Cultura del Petróleo y la Agrícola


JOSE ANTONIO MEDINA IBÁÑEZ | LA VANGUARDIA Madrid | 02/08/2009 | Actualizada a las 10:57 | Participación
El mundo agrícola y del petróleo venezolano crea y define comportamientos distintos y opuestos. El campesino es percibido como la subcultura, el distante, el macho, el bebedor, el camorrero y lo incierto; el petróleo-dependiente, como el técnico, el conocimiento, la posición social, el salario seguro, el enajenado y el progreso. Son dos clases enfrentadas en la Venezuela chavista. Estas dos culturas venezolanas no nacen en el siglo XX; proceden de finales del XIX y fueron impuestas por ingleses, holandeses, italianos, franceses, alemanes y unos cuantos norteamericanos, portadores de nuevas ideas y costumbres de un mundo industrializado sobre uno agrícola y pastoril. Borrar esa historia de clases y culturas es lo que pretende el presidente Chávez.
Hoy, en el siglo XXI, no existe el afrancesado venezolano de aquella época, ni el campesino se ha convertido en un pensador revolucionario; es, más bien, el obrero agrícola, refugio de la revolución bolivariana pero sin mejores ropas, ni mejores alimentos, ni mejor educación. La cultura del Petróleo ha desplazado al campesino convirtiéndolo en lo "criollo", en lo menos importante, y al ejecutivo en el modelo que representó más de 85 mil millones de dólares en 2005. El binomio campesino-ejecutivo representa, por un lado, la modernidad, y por el otro, el olor al cacao colonial; no se complementan ni se sienten cómodos el uno con el otro. Son, así, ambos, un obstáculo al desarrollo del país y del socialismo del siglo XXI, y Chávez no sabe resolverlo.

Escenarios pospetróleo



El petróleo, fluido vital del metabolismo económico, nutre las venas del consumismo y del usar-y-tirar  |  ¿Cómo diseñar una sociedad que no dependa del petróleo y que nos permita vivir mejor con menos?
El petróleo es el fluido vital que nutre a la cultura contempóranea, pero está llamado a ser un recurso cada vez más escaso. Es hora de replantear nuestro sistema energético y de empezar a pensar en nuevos escenarios pospetróleo


JORDI PIGEM | LA VANGUARDIA CULTURAS  16/09/2009 | Actualizada a las 03:31h | Cultura
El plástico y la aceleración, distintivos de nuestra época, son ambos hijos del petróleo. El petróleo es el fluido vital de nuestro metabolismo económico: está presente en miles de productos de uso cotidiano, en la mayoría de los transportes y en las venas del consumismo y del usar-y-tirar. Ninguna otra sustancia condensa mejor lo que ha sido nuestra cultura, de principios del siglo XX a principios del siglo XXI. Y no por mucho más tiempo.
MIL BARRILES POR SEGUNDO. El petróleo empezó a desplazar al carbón en los buques de la Royal Navy en 1910, su extracción se disparó tras la Segunda Guerra Mundial y en los años setenta dio el primer aviso. El descubrimiento de nuevos pozos empezó a declinar en 1964 y desde 1979 la extracción de petróleo per cápita no ha dejado de disminuir. (Extracción, no producción: la producción de petróleo no la hace ninguna compañía sino la Tierra, y a un ritmo lentísimo.) Hemos usado ya la mitad de las reservas de petróleo que la Tierra albergaba - pero la mitad que queda es la más inaccesible: a menudo en ecosistemas muy sensibles, o en condiciones en las que a veces haría falta más energía para extraer el crudo que la que este pudiera aportar.

Durante un breve periodo en el verano del 2008, la extracción global de petróleo superó la vertiginosa cifra de 1.000 barriles por segundo (86,4 millones de barriles al día). Es posible que ya no volvamos a cruzar ese umbral. Expertos como Richard Heinberg consideran que el verano del 2008 marcó el techo de la extracción mundial de petróleo (como aventurábamos en estas mismas páginas el 30/IV/2008) y que pronto (antes de que los niños que empiezan primaria tengan edad de conducir) no habrá el petróleo necesario para seguir nutriendo nuestro nivel de consumo. Aunque la vertiginosa alza y caída del precio del petróleo en el 2008 estuvo ligada a la especulación en el mercado de futuros, dicha especulación no hizo más que magnificar el hecho de que el petróleo había comenzado a percibirse como un bien escaso. Desde el 2005 la demanda mundial de petróleo no dejaba de crecer (debido en buena parte al aumento de la demanda en China) y sin embargo la extracción había quedado estancada: la extracción media global fue en el 2005 de 979 barriles por segundo (b/ s), en el 2006 de 978 y en el 2007 de 977. En julio del 2008 alcanzó el récord de 1.002 b/ s, en agosto cayó a 988 y en mayo del 2009 estaba en 969. Heinberg ha propuesto recordar el 11 de julio del 2008 como Peak Oil Day.

No parece haber alternativas suficientemente viables a gran escala, a menos que alguien sepa cómo cambiar las leyes de la termodinámica. La energía nuclear es tan problemática en lo económico como en lo ético, y no hay en el mundo compañía de seguros dispuesta a cubrir la responsibilidad civil de una central nuclear. La reconversión del sistema energético, aun
que se oriente hacia energías limpias, renovables y seguras, requiere un enorme excedente de petróleo. Y la economía del hidrógeno sigue siendo una utopía (apenas existe en la Tierra en estado libre, producirlo requiere más energía de la que genera, y cuando se comprime es altamente explosivo).

El choque contra los límites del planeta, pronosticado (y ridiculizado por quienes se consideraban realistas) desde hace casi cuarenta años, parece que ya está aquí y que tiene no poco que ver con la crisis económica: la escalada del precio del petróleo dejó tocada a la economía global antes de la quiebra de Lehman Brothers. El geólogo Colin Campbell ya advertía en Vanguardia Dossier de enero-marzo del 2006 que "el declive del petróleo, dictado por la naturaleza… podría muy bien conducir a una segunda gran depresión". Un automóvil funciona perfectamente con el depósito casi vacío, pero el metabolismo económico se asemeja más al de un organismo: una leve carencia de un fluido vital puede desencadenar consecuencias imprevisibles. Tal vez la cultura del petróleo habrá sido tan imponente, contaminante y frágil como el buque insignia de la mentalidad industrial, el Titanic (que todavía devoraba carbón), de cuya breve singladura hará cien años en el 2012. ¿Qué ocurre cuando empieza a disiparse la materia fósil que alimentaba nuestro materialismo? He ahí todo un reto para la imaginación humana: ¿cómo diseñar, en menos de una generación, una sociedad que no dependa del petróleo y que nos permita vivir mejor con menos?

GENERACIÓN G. Paul Hawken ha contabilizado en la actualidad un millón de organizaciones no gubernamentales que luchan por la ecología, la justicia social, los derechos indígenas y otras causas altruistas. Algunos analistas de tendencias afirman que está emergiendo una generación G (de generosidad, no de gula): personas mucho más dedicadas a la responsabilidad social y ecológica que al propio beneficio. En esa dirección va la nueva cuenta de resultados que desde hace años predica el rabino californiano Michael Lerner: nuestras instituciones, empresas, escuelas y universidades, nuestro sistema legislativo y nuestras propias acciones "deberían considerarse eficientes, racionales y productivas no sólo en la medida en que fomentan el bienestar material, sino también en la medida en que fomentan el amor y la generosidad, el cuidar a los demás, la sensibilidad ética y ecológica, y nuestra capacidad de responder al universo con asombro, maravilla y admiración radical ante la majestuosidad de la creación". En esta época de cambios, la mayor transformación es la que ha de ocurrir en el corazón humano, la mayor fuente conocida de energía limpia y renovable.

RELOCALIZAR. Necesitamos hojas de ruta para la transición a un mundo poscrecimiento y pospetróleo. Como suele ocurrir, los líderes políticos se aferran a soluciones del pasado y son las iniciativas no gubernamentales las que miran al futuro. Una de tales inicativas es lo que en los países anglosajones se llama Transition towns (municipios en transición), movimiento ciudadano que a partir de la colaboración de diferentes sectores de la sociedad, con o sin el apoyo de los ayuntamientos, empieza a dar pasos para prevenir el impacto venidero de la escasez de petróleo y el cambio climático. Las docenas de municipios que se han sumado a esta iniciativa (desde Totnes, que fue el pionero, hasta ciudades como Bristol) aplican los principios de la permacultura (que diseña poblaciones y sistemas agrícolas a partir de los principios de los ecosistemas), elaboran sus propios planes de descenso energético, recuperan la producción local de alimentos y las profesiones y conocimientos que pueden volver a ser útiles en un mundo sin petróleo, revitalizan la economía local (en la línea de lo que Gandhi llamaba swadeshi)y llegan a usar su propia moneda (como la libra de Totnes). Iniciativas semejantes empiezan a desarrollarse en nuestras latitudes, como el movimiento Mallorca Desperta, o el proyecto Post-Oil Cities, coordinado por Lluís Sabadell.

REINVENTAR. El arquitecto norteamericano William McDonough lleva tiempo intentando diseñar edificios que sean como un árbol y ciudades que sean como un bosque (nada fácil, pero su proyecto para la ciudad china de Liuzhou da más de un paso en esa dirección). Como dice McDonough, ¿qué podría superar la eficiencia y elegancia de un árbol, que produce oxígeno y azúcares complejos, absorbe dióxido de carbono, fija nitrógeno, acumula energía solar, destila agua, crea un microclima, cambia de color con las estaciones y se reproduce solo? McDonough y Braungart, autores del bestseller del diseño Cradle to cradle,proponen no sólo crear vehículos con emisiones cero, sino diseñar vehículos que generen emisiones positivas y efectos beneficiosos para el ecosistema (por ejemplo con neumáticos que capturaran sustancias nocivas del aire). Casi imposible, aunque los tiempos no están para menos. Pero saben que en el fondo no se trata solo de diseñar vehículos o sistemas de transporte. Se trata de rediseñar el mundo, reinventar todo lo que hoy hacemos. Y redescubrir mucho de lo que los espejismos del petróleo habían ocultado.

lunes, 1 de junio de 2009

El 30% de las reservas de gas y el 13% de las de petróleo por explorar están en el Ártico

A. R. - Madrid - EL PAÍS - 29/05/2009

El 30% de las reservas mundiales de gas aún por explorar y un 13% de las de petróleo están en el Círculo Polar Ártico, lo que supone una excelente perspectiva para los países de la zona (Rusia, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca-Groenlandia y Noruega). Sin embargo, esos depósitos son pequeños en comparación con las reservas conocidas de los mayores países exportadores de hidrocarburos, dicen los científicos del Servicio Geológico de EE UU que han hecho el estudio y que lo presentan hoy en Science. Por reservas de gas natural, Rusia sería el primer beneficiado, pero por petróleo es Alaska (EE UU).

El gas y el petróleo deben estar en la plataforma continental y en el en subsuelo marino en profundidades inferiores a 500 metros. Los investigadores creen, no obstante, que esta riqueza oculta no es suficiente para variar sustancialmente los patrones mundiales de explotación de hidrocarburos.

Pero Donald L. Gautier y sus colegas señalan que hasta 2007 se habían desarrollado más de 400 campos de petróleo y gas al norte del Círculo Polar, pese a que las dificultades técnicas y de acceso a la región y el abundante petróleo de bajo coste en otros sitios han hecho que la explotación en el Ártico sea limitada. Ahora, el deshielo creciente puede facilitar la explotación de hidrocarburos allí, lo que supone un potencial riesgo añadido para sus frágiles ecosistemas, reconocen los científicos.

sábado, 28 de febrero de 2009

Petróleo, humo y reflejos (subt. en español)



Documental donde se evidencia la relación entre la actual Guerra Global Contra el Terror, el 11 de septiembre y la Crisis Energética.

Fuente: http://elproyectomatriz.wordpress.com/2007/07/16/petroleo-humo-y-reflejos-2/

martes, 24 de febrero de 2009

El reto energético aquí y ahora. Todos quieren más. La demanda de energía se multiplicará por la irrupción de los países emergentes***



PEDRO A. MUÑOZ

Algunos datos:

El 17% de la población consume el 57% del petróleo producido

China incrementó el gasto de hidrocarburos un 35% en una década.

España es el segundo país del mundo en potencia eólica.

La mitad del déficit exterior español se origina por la compra de combustibles

La humanidad ya no puede soportar el actual ritmo de crecimiento y consumo que diversas economías nacionales han venido empujando y manteniendo durante estos últimos años. Lo impiden:

  • el cambio climático,
  • la limitación de las fuentes de energía
  • o un modelo económico devastador de recursos.
  • Sin olvidar que un 20% de la humanidad consume el 80% de la energía,
  • y la pujanza de los países emergentes.

Ahí está, por ejemplo, el caso de China. Entre 2002 y 2007 contabilizó el 35% del aumento del consumo de petróleo mundial y, de acuerdo con recientes datos del Departamento de Energía (DE) norteamericano, “se espera que reclame, al menos, otro 24% de cualquier incremento global en la década venidera”.

Más datos impactantes. De la energía que consume el mundo, más del 85% no es renovable. Nadie ignora que cualquier yacimiento, mina o cantera tiene un límite de explotación a partir del cual la producción empieza a disminuir.

Mientras tanto, el consumo se incrementa y bajan las reservas. Un reciente informe de la OCDE indica que sus miembros —que suponen sólo un 17% de la poblaciónmundial— absorben el 56,9% del consumo global de petróleo y el 49,9% de gas natural.

Según el experto en seguridad internacional estadounidense Michael T. Klare, “en los buenos como en los malos tiempos, el petróleo seguirá suministrando la mayor parte de la provisión mundial de energía. Los productos petrolíferos abarcarán el 38% del suministro energético total en 2015; el gas natural y el carbón, sólo el 23% cada uno.

Se espera que el margen del petróleo decaerá ligeramente a medida que los biocombustibles (y otras alternativas) ocupen un porcentaje mayor, pero incluso en 2030 todavía seguirá siendo el combustible dominante”.

“La situación actual es de crisis energética potencial, y ésta estallará en un periodo muy corto si no tomamos decisiones para cambiar nuestro actual modelo energético. Es posible que superemos la crisis económica global, pero si no cambiamos de modelo, la crisis energética nos caerá encima y de ella no podrá recuperarse quien no haya tomado las decisiones correctas a tiempo”, señala Klare.

Esteban Morrás, director adjunto a la presidencia de Endesa, opina: “Si miramos más allá del corto plazo, la conclusión es que los 1.000 millones de personas que hoy tienen acceso fácil a las redes energéticas deberán dejar de derrochar, pero también, que muchos miles de millones más, que no tienen hoy acceso a esas redes, deberán acceder a ellas y consumir mucho más.

Si miramos hacia un futuro mejor para todos los habitantes del planeta, la conclusión es que la demanda energética seguirá aumentando”. Según el Banco de España, la factura del petróleo ha pasado de representar el 3,2% de nuestro PIB en 2007 al 4,7% en el primer trimestre de 2008. Una factura que supone el 50% de nuestro déficit comercial. España importa el 79% de la energía primaria que consume, un porcentaje muy superior a la media de la Unión Europea, que es de un 59%.

Hay más datos preocupantes, como el elevado peso que tienen los combustibles fósiles en el mix energético, situación que ha hecho que las emisiones de gases de efecto invernadero hayan aumentado un 59% en España desde 1990, cuando el compromiso del Protocolo de Kioto era de un máximo del 15%.

Con respecto al petróleo nuestra situación no es mejor. De 1973 a 2004, los países de la OCDE han reducido su intensidad petrolífera (consumo de petróleo por unidad de producto) un 45% de media, mientras que en España sólo ha disminuido un 14,7%.

Todo ello supone para España

  • una pérdida de renta nacional (más déficit comercial),
  • de renta disponible (más inflación),
  • de competitividad exterior (nuestros productos son más caros)
  • y más emisiones de CO2. Nuestro mayor consumo de hidrocarburos nos hace más vulnerables.

“El primer problema energético de España es cómo garantizamos la luz a todos los ciudadanos y a todas las empresas consumiendo menos energía. Junto con Portugal, somos el país con mayor intensidad energética (o ineficiencia energética) de la UE. Nuestra economía necesita consumir un 19%más de energía que la media europea y un 77% más que Dinamarca, que es el país más eficiente. Si en los últimos diez años la intensidad energética de laUE-15 se ha reducido un 11,8%, en España se ha incrementado un 5%”, puntualiza Javier García Breva, director general de Solynova (proyectos de energía solar) y miembro de la junta directiva de la Asociaciónde Productores de Energías Renovables (APPA).

En opinión de García Breva, el enorme potencial de ahorro de energía que existe en la economía española en todos los sectores y actividades constituye una gran oportunidad de desarrollo económico, tecnológico y de empleo. Una segunda conclusión es la necesidad de dar a la gestión de la demanda otro rango normativo a través de una Ley de Eficiencia Energética con compromisos concretos.

No hay que olvidar que consumir un 20% menos de energía o que el 40% de la generación sea de origen renovable no puede quedar al albur de la Divina Providencia, sino que ha de ser un compromiso legislativo de primer orden, la base de una nueva política fiscal y de una planificación energética.

Frente a una situación que irá empeorando, los análisis coinciden en que a corto y medio plazo habrá que apostar por vías que sean más factibles para lograr un sistema energético que no dependa de los hidrocarburos. Es decir, por un “modelo descarbonizado”.

Las vías son:

  • renovables,
  • nuclear y captura de CO2.

Sobre todo ahora, cuando nuestro modelo energético depende en un 80% del petróleo, el carbón y el gas, y un 20% de energías no carbonizadas.

El año pasado, el sector de petróleo invirtió 330.000 millones de dólares en perforaciones, exploraciones, nuevas capacidades o ampliaciones. En renovables, 160.000 millones. Una noticia esperanzadora para quienes llevan décadas trabajando para abrir camino a las energías limpias. Hace 20 años, la inversión que podía haber en renovables respecto a la efectuada en petróleo no llegaba ni al 1%.
Razones hay muchas, pero salta a la vista que lamayor ventaja de las energías renovables es que no dependen de nadie. En Grecia por ejemplo, en el año 2002, el 52% del agua caliente sanitaria se obtenía del sol. En España sólo alcanzábamos el 2,5%.

Pero aquí también se ha avanzado. En la edificación es factible que un edificio en un país como el nuestro pueda cubrir todas sus necesidades con renovables. En estos momentos, España es el segundo país del mundo en parques eólicos, con 17.749 megavatios eólicos instalados a finales de 2008, y el cuarto en instalaciones fotovoltaicas. Además, cuenta con tres compañías entre las cinco mayores promotoras eólicas delmundo. Las repercusiones económicas son evidentes, el sector industrial eólico español proporciona 31.000 empleos directos y más de 60.000 indirectos.

Un informe de la Agencia Internacional de la Energía indica que dentro de tres o cuatro años la producción de petróleo comenzará a declinar. “Para que realmente no se produzca un colapso, deberíamos de multiplicar las inversiones en renovables por tres. Deberíamos invertir 400.000 o 500.000 millones de dólares anuales en renovables en todo el mundo, frente a los 130.000 o 140.000 millones que se invierten hoy. Basta con ver un dato bastante significativo. En España, la energía eólica implantada actual tiene capacidad para producir el 15% de la demanda. En Estados Unidos, que ha sido el país quemás energía eólica ha implantado, no llega ni al 1% de la demanda”, señala el experto Esteban Morrás.

Por otra parte,muchos analistas estiman que la opción nuclear debería incrementar su capacidad.En estos momentos, la opción nuclear cubre en torno al 14% de la demanda. Las inversiones en el mundo el año pasado rondan los 30.000 millones de euros, menos del 20% de lo que se invirtió en renovables.

Las nucleares, junto con las renovables y la captura de CO2, son las tecnologías llamadas a sustituir al petróleo. Una conclusión se impone en el debate: a la larga, todas son necesarias. Es cierto que la captura o “secuestro” de CO2 no es una opción real, pues se encuentra aún en pruebas. Es un proceso que consiste en separar el CO2 de fuentes energéticas e industriales, transportarlo a una localización en la que será almacenado, y aislarlo. Es una tecnología con muchas cuestiones por resolver. De momento se espera que esta tecnología pueda aplicarse alrededor de 2020.

En cualquier caso, las centrales antiguas de carbón tenían un rendimiento de poco más del 30% y se ha hecho un gran trabajo eliminando de ellas muchos elementos contaminantes, como SO2 y NOx, pero el CO2 sigue ahí. Al trabajar en captura de CO2, las nuevas centrales de carbón pueden incrementar mucho su rendimiento, hasta el 55%. Pero habrá que seguir trabajando para hacer real esta alternativa. J

Para Esteban Morrás, el toque de atención ya se ha dado. Hay que buscar un equilibrio en el panorama mundial. “Si queremos un mundo que apunte a un nivel de desarrollo cercano al nivel de un país como España, con 5.000 millones de personas que están lejísimos de ese nivel de desarrollo, la demanda energética deberá crecer enormemente. Aunque 1.000 millones de personas de países más favorecidos posean y consuman energía en exceso, hay 5.000 millones que padecen insuficiencia energética.

Conclusión: se precisa mucha más energía para lograr un mundo más equilibrado. Un desafío en el que tenemos que trabajar empresas, ciudadanos, todos…”. En cualquier escenario que contemplemos a 30 años
vista, la necesidad de oferta energética mundial será el doble de la actual.

Actualmente, la tensión que producen los combustibles fósiles es enorme en cuanto a volatilidad de precios, provocando incluso episodios determinados de restricciones de consumo. Pero, además, las reservas han llegado a su pico y están descendiendo y son para un periodo temporal (40 o 50 años). La situación es ésta: tensiones en los mercados energéticos, las reservas van hacia abajo y las necesidades deben ir obligatoriamente hacia arriba para lograr un mundo más equilibrado.

Está claro que la tensión será la actual, pero multiplicada por un factor X y acelerada por un factor Y. No hay ninguna otra posibilidad. Y la única manera de afrontar y superar este reto es abandonar el modelo energético actual e implantar un nuevo modelo basado en

  • las energías renovables,
  • la edificación energéticamente eficiente,
  • el transporte eléctrico,
  • la captura de CO2
  • y, por qué no, la energía nuclear.

Datos claros en el futuro. Centro de control de Red Eléctrica Española. / RICARDO GUTIÉRREZ

EXTRA EL PAÍS, DOMINGO 22 DE FEBRERO DE 2009. Energía

jueves, 19 de febrero de 2009

Las energías fósiles (petróleo, gas, carbón) TeleUNED

Ver
Título:
El futuro de las energías fósiles (petróleo, gas, carbón)

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Fecha de emisión:
11/5/2004
Hora de inicio:
12:00
Hora de fin:
13:53

Participante/s:
José Luis Díaz Fernández, Presidente Fundación Repsol YPF. España (Conferenciante)

Tema/s:
Ingeniería Industrial


ENLACE: http://www.teleuned.com/teleuned2001/ConfVer.asp?IDApdo=1027&Fecha=11/05/2004^12:00:00