"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 15 de enero de 2009

Las diez crisis humanitarias del mundo más desatendidas

Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008

FOTOS - François Dumont /MSF - 15-01-2009

Un niño llora en brazos de su padre en Kirolirwe, distrito de Masisi.- François Dumont /MSF

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Los conflictos de Somalia, Pakistán, Irak o el fuerte avance de la desnutrición infantil protagonizan las catástrofes del mundo según el último informe de la organización Médicos Sin Fronteras

FERNANDO NAVARRO - EL PAÍS - 15/01/2009

La noticia es que no hay noticia. Y para el niño que se muere de hambre o para la familia que huye de la guerra y se refugia en cualquier parte lejos de su hogar es la peor de las noticias. De un año a otro, las crisis humanitarias del mundo siguen produciendo el mismo efecto sordo en los países ricos. Como hace 12 meses atrás, no hay conciencia mundial de las necesidades de los más necesitados. De un cambio de calendario a otro, las catástrofes humanas del planeta siguen presentado la misma cara amarga.


Foto

Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008

DOCUMENTO (PDF - 319,37Kb) - 15-01-2009


La noticia, en Héroes de ébano, el blog de J.M. Pardellas


"Sigue habiendo las mismas crisis. Casos como Somalia y Congo arrastran desastres humanitarios desde hace 15 años y empeoran con el tiempo. Sigue sin resolverse la ecuación violencia más desplazamiento es igual a crisis humanitaria", afirma la presidenta de Médicos Sin Fronteras (MSF), Paula Farias. Un informe, presentado hoy por esta organización, analiza las diez crisis humanitarias menos atendidas del mundo en 2008, donde no sólo se introducen países en conflicto sino también emergencias médicas globales, y concluye que la responsabilidad recae otro año más en la falta de iniciativa de los Gobiernos occidentales.

"Los debates políticos se enredan y son sólo debates que no aportan al final ayuda. Existe una desproporción brutal entre el mapa del sufrimiento y el mapa de los intereses de los países ricos. Tienen capacidad de influencia pero no la ejercen", dice Farias en relación a la escasa acción humanitaria de los países más desarrollados.

En este año 2008 recién cerrado, el informe que enumera las catástrofes mundiales recoge dos tendencias: se acentúan los problemas de las crisis humanitarias más graves y cada vez hay más ataques deliberados por ejércitos y milicias contra las organizaciones y ONG sobre el terreno.

1. Somalia

"Ha vivido el peor año que se recuerda", dice Farias. El ejemplo perfecto de estado fallido es un país dividido étnicamente que se desangra por la violencia local. Los combates en Somalia desatan la alerta humanitaria. Las guerrillas islamistas han tomado recientemente la ciudad de Jowhar, el más importante de los enclaves del Gobierno interino. La Unión Africana da Somalia por perdida.

2. R.D. Congo

"Pese al despliegue de la ONU, que tiene su mayor misión internacional, se han producido al menos 150.000 desplazados en sólo cuatro meses", apunta la presidenta de MSF. La República Democrática del Congo vive una guerra abierta en el este del país. Los rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda han hecho retroceder a las tropas gubernamentales de Joseph Kabila. La Misión de Naciones Unidas para el Congo (MONUC) se ha declarado incapaces de detener las sacudidas de los guerrilleros insurgentes.

3. Myanmar

El paso del ciclón Nargis dejó a la antigua Birmania en plena desolación. Más de 2,5 millones de damnificados y un país incapaz de iniciar su reconstrucción. "El problema añadido es que el régimen militar birmano no quiere cubrir las necesidades de la población". La Oficina de Coordinación de Asistencia Humanitaria de la ONU (OCHA) denunció el injusto trato de los militares con su población en plena catástrofe.

4. Zimbabue

"El sistema sanitario está colapsado. No hay capacidad local para tratar las enfermedades" Con el peor brote de cólera de su historia y con una de las tasas de malaria más altas de África, este país sufre el yugo asfixiante de un dictador como Robert Mugabe, en el poder desde 1979. Su despotismo tiene a los zimbabuenses intentando sobrevivir en la ruina. El ministro de Asuntos Exteriores de Francia y fundador de Médicos Sin Fronteras, Bernard Kouchner, aseguró que "Zimbabue es el fracaso más absoluto de Europa".

5. Desnutrición

En 2008, al menos 963 millones de personas son víctimas del hambre en el mundo, lo que supone 40 millones más que en 2007, según la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El organismo de la ONU advierte de que "la actual crisis económica y financiera puede conducir todavía a más gente hacia el hambre y la pobreza". Los niños son los peor parados. "La ayuda internacional es insuficiente. Las harinas que se distribuyen no tienen la proteína necesaria para los niños. Hay que llamar a las cosas por su nombre y la desnutrición de menores no es sólo un problema de alimentos es una enfermedad", asegura la presidenta de MSF.

6. Etiopía

La actual crisis económica mundial se ceba especialmente con países como Etiopía, donde una familia vive con un dólar por día. Los etíopes sufren la especulación del hambre. Es el ejemplo perfecto donde la crisis alimentaria hace más pobres a los pobres.

7. Pakistán

Las operaciones militares y los excesos de los talibanes golpean a los paquistaníes más que nunca. Mientras el Ejército acosa a los insurgentes en zonas tribales próximas a la peligrosa frontera afgana, cerca de 300.000 paquistaníes han tenido que abandonar sus casas. Son los nuevos nómadas.

8. Sudán

"Darfur mejora en cuestiones de asistencia médica gracias a que se encuentra la operación humanitaria más grande del mundo, pero empeora la violencia", dice Farias. En Sudán, la competencia brutal por los escasos recursos de la zona, especialmente agua dulce, ha derivado en unos complejos conflictos étnicos entre grupos rebeldes y el Gobierno que desangran a una población civil indefensa y han llegado a ser considerados genocidios por la ONU.

9. Irak

Más de cinco años de la invasión de Irak por EE UU y sus aliados, el tejido social está roto del país se ha roto. Alrededor de 90.000 personas han muerto desde entonces. La población está desamparada. Los datos hablan por sí solos: el 70% de la población carece de agua potable, el 80%, de alcantarillado y el 60% está en el paro.

10. Tuberculosis-Sida

La tuberculosis cada año mata a casi 2 millones de personas y 9 millones desarrollan la enfermedad activa. La tuberculosis va en aumento en países con altas tasas de Sida, particularmente en el sur de África, que ha triplicado las tasas en 15 años. Cerca de los 33 millones de personas afectadas de Sida contraen la tuberculosis latente. "La tuberculosis ha dejado de ser una enfermedad occidental pero en los países pobres sigue siendo mortal. Se trata como a principios del siglo XX", señala Farias.

martes, 11 de noviembre de 2008

La pesadilla de Darwin (vídeo)

Fuente: http://www.labutaca.net/films/34/lapesadilladedarwin.htm


(Darwin's nightmare)



Dirección y guión: Hubert Sauper.
Países:
Francia, Austria y Bélgica.
Año: 2004.
Duración: 107 min.
Género: Documental.
Producción: Edouard Mauriat, Antonin Svoboda, Martin Gschlacht, Barbara Albert, Hubert Toint y Hubert Sauper.
Fotografía: Hubert Sauper.
Montaje: Denise Vindevogel.
Estreno en Francia: 2 Marzo 2005.
Estreno en España: 1 Julio 2005.




SINOPSIS

En la década de los años 60, en el corazón de África, una nueva especie animal fue introduci-da en el Lago Victoria como un pequeño expe-rimento científico. La perca del Nilo, resultó ser un voraz depredador que arrasó con todas las especies autóctonas de este gigantesco lago. El nuevo pez se multiplicó rápidamente, y hoy en día sus blancos filetes siguen siendo exportados alrededor del mundo. Enormes aviones de carga de la antigua Unión Soviética llegan diariamente para recoger los últimos cargamentos de pesca y, a cambio, descargan su mercan-cía… Kalashnikovs y munición para las innumerables guerras que tienen lugar en la parte central del continente. Esta explosiva indus-tria multinacional de peces y armas ha creado una desoladora alianza globalizada a orillas del lago tropical más grande del mun-do: un ejército de pescadores locales, ejecutivos financieros inter-nacionales, niños sin casa, ministros africanos, comisarios de la Unión Europea, prostitutas tanzanesas y pilotos rusos.


CRÍTICA

Tònia Pallejà

Sin duda, uno de los documentales más im-pactantes y memorables que se hayan podido ver, uno de los más necesarios y valiosos que se hayan podido producir. Por el arrojo y la lucidez con que nos implica a todos y cada uno, no cabe sino agradecerle la bofetada...

La otra guerra de los mundos: depredadores, globalización y cinismo

"La pesadilla de Darwin" tiene el mérito de explicar algo que no in-teresa a nadie, y el valor de seguir interesada en explicárselo a to-do el mundo. Porque el foco de atención de este modélico docu-mental no es otro que África, cuna olvidada de la Humanidad, desti-no turístico de los privilegiados, pero, sobre todo, despensa y verte-dero de las potencias blancas de Occidente que la han sumergido en un pozo de pobreza, guerra, corrupción y marginalidad in secula seculorum. La imagen que devuelve el espejo inevitablemente mo-lesto del subdesarrollo no podría ser más nítida: es la falta de es-crúpulos de aquellos que continúan expoliando a los más débiles a través de un nuevo orden de colonialismo, pero también la conni-vencia de los que la aprueban y la indiferencia de quienes, final-mente, apartan la mirada hacia otro lado. Es algo que a nadie le gusta escuchar, pero que no por ello deja de ser menos cierto: el Primer Mundo vive bien gracias a que en el Tercer Mundo se vive muy mal. Y es esa responsabilidad compartida lo que, en última instancia, tanto nos cuesta digerir.

Lo que nos cuenta Hubert Sauper bajo este oportunísimo título es una fábula terrorífica, más que au-daz, salvaje, que trata precisa-mente sobre la evolución y la su-pervivencia del más fuerte a costa de los menos aventajados. En Tan-zania, esa Naturaleza que dicta idén-ticas leyes para los animales y los hombres, ha servido una significativa metáfora envuelta en la ironía más despiadada. Durante los años sesen-ta, un pez exótico fue introducido en el Lago Victoria a modo de experi-mento científico a pequeña escala. La perca del Nilo resultó ser un feroz depredador para las especies autóctonas, a las que no tardó en arrasar, reproduciéndose a gran velocidad y amenazando el equilibrio ecológico de las extensas aguas. Sin embargo, la exquisita carne de aquel animal abrió un nuevo filón para las empresas extranjeras, y, en la actualidad, alre-dedor de la perca gira una industria multimillonaria que abastece a algunos países de Europa y Japón, donde este pescado es de con-sumo común. La exportación del producto enlatado en tierras afri-canas genera un constante tráfico de aviones rusos, que aterrizan en un rudimentario aeropuerto sembrado de esqueletos de otras na-ves accidentadas como consecuencia de la precariedad de las ins-talaciones —suena a chiste, pero no lo es: el flujo de vehículos es-tá en manos de un semáforo de bolsillo con el que el único respon-sable de la cabina de control sustituye una radio inutilizada—. A diario, esta flota, mayoritariamente ucraniana, parte con una carga de toneladas de pescado, pero la voz del periodista, siempre fuera de campo, interroga una y otra vez sobre la misma cuestión: lo que le inquieta no es el viaje de vuelta, sino aquello que llevan dentro de sus bodegas en el de ida. La respuesta pertenece también al fuera de campo, disimulada o evasiva, y no hace más que confirmar las sospechas: el comercio de la perca está ligado a la introducción de armamento, que se destina a las guerras vecinas de Sudán o El Congo. Pero, además, la cadena de la perca ha hecho florecer otro negocio residual: la presencia permanente de los pilotos ha dado sentido a la prostitución como solución de emergencia ante las pe-nosas circunstancias que atraviesa el país. Son las mujeres tanza-nesas que venden su compañía al personal aéreo por precios irriso-rios, jugándose a menudo la vida entre hombres de paso a quienes nadie pedirá explicaciones si algo va mal.

No obstante, la más atroz de las pa-radojas servidas por la globalización está aún por llegar: la perca que ali-menta cada día a dos millones de per-sonas en el exterior y engrosa las ar-cas de las multinacionales, mata lite-ralmente de hambre a los habitantes de Tanzania. La gente que vive alrede-dor del lago tiene prohibido pescar pa-ra consumo privado para no perjudicar la venta, y la industrialización ha dis-parado los precios de este pescado hasta extremos tan inalcanzables pa-ra la población civil, que tienen que conformarse con comer sus desechos. Un camión transporta des-de la fábrica hasta los arrabales montañas de cabezas y raspas en estado de descomposición que otros se encargan de ahumar en extensos caballetes de madera, poniendo en peligro su salud por el ácido que se desprende. Se trata de una manufactura que discurre paralela a la de las factorias: la que cubre el mercado interior. Y su-ma y sigue, porque todavía existe un último eslabón más trágico, si cabe, que saca provecho del proceso de envasado. Con el plástico sobrante, los niños que malviven sin techo por las calles de Mwan-za y Musoma, obtienen una cola líquida que inhalan para desco-nectar de una rutina de abusos sexuales y mendicidad.

Lamentablemente, las desgracias que desangran a Tanzania no se acaban aquí. Está también el azote periódico de la hambruna, la amenaza constante de los conflictos bélicos, y las ONGs, que han convertido la ayuda humanitaria en otra fuente de lucro, porque sus clientes son el hambre, la muerte y la enfermedad, y sin clientes no existe justificación. Está la plaga del SIDA, esos críos que acu-den a la droga más pedestre, y está esa otra droga, la de la reli-gión, con Jesucristos blanquísimos en Technicolor, cuyos ministros condenan el uso del preservativo porque es pecado, mientras la-mentan la alarmante propagación del VIH. Y están, por último, las autoridades políticas y espirituales, preocupadas por la mala ima-gen que se pueda ofrecer en el exterior, porque ellos quieren, tex-tualmente, "vender el país" y así no hay manera, frente a la hipocre-sía de los supervisores de la Unión Europea, que durante sus visi-tas de rigor dan el visto bueno a todo lo que ven y a lo que no ven... o prefieren no ver.

Sauper, director y guionista del proyecto, no deja títere con cabe-za en este fresco desgarrador que se va extendiendo ante nuestros ojos, porque, simple y llanamente, aquí hay muchos títeres, pero ya no queda ninguna cabeza que se pueda erguir con orgullo, ya sea por vergüenza o desesperación. Su historia es la del pez grande que devora al pequeño, una espiral de atrocidades que, como la pescadilla, se muerden la cola, y esa perca om-nipresente como catalizador de ese otro depredador que es el hombre. Hay una escena que resume a la perfección el sentido alegórico de la película: un pez mecánico que cuelga del despacho del ufano di-rector de la fábrica canta el "Don't worry, be happy" mientras se contonea. Es éste, por supuesto, un mensaje teñido de sarcasmo que va dirigido al Primer Mundo: aquí todo está bajo control. Más desarmante resulta, sin embargo, la actitud de los ciudadanos ne-gros que, aun sumergidos en todas las adversidades posibles, no han perdido su capacidad para reír, soñar, luchar, solidarizarse... Nunca se lamentan, no maldicen, no gimotean; en cambio, agrade-cen tener todavía un trabajo y algo que llevarse a la boca al cabo del día. Se trata de la mayor lección de humildad y dignidad que un ser humano puede regalar a otro, y que contrasta con el fácil victi-mismo que aflora en las naciones desarrolladas a las primeras de cambio.

Haciendo de la escasez de medios una virtud, y siguiendo el hilo de sus propios descubrimientos, este soberbio film nos depara un discurso visual austero, oscuro, granuloso, sólo aparentemente errático, porque avanza en cículos concéntri-cos, si no viciosos, igual que el destino turbio y estancado de sus protagonistas, ampliando con cada nueva vuelta la perspectiva, pro-fundizando en los temas y poniendo de relieve nuevos lazos. Como si trazara pinceladas aisladas, este realizador de origen tirolés nos acerca a la actividad alrededor del lago, a los ejecutivos y emplea-dos de las factorías, a la intimidad del personal aéreo y a sus chi-cas de recreo. La cámara pasea por las barracas de una comuni-dad integrada por pescadores y prostitutas, confinados en una isla como si fueran una suerte de leprosos sociales, para quienes la muerte es más cara que la vida; desciende a las calles desérticas que de noche se pueblan por esa infancia abocada al vagabundeo y la autodestrucción; se introduce en las reuniones de los altos esta-mentos y en las hogueras que congregan a los desposeídos en la playa. De los despachos a las chabolas, de la pista del aeropuerto al interior de las casas, del banquete de unos a las migas que re-cogen los otros, del paisaje natural al rostro humano. En este reco-rrido sórdido y grotesco surgen testimonios descorazonadores, co-mo el del vigilante nocturno que ha conseguido el trabajo porque mataron a su antiguo compañero y se protege con un puñado de flechas de punta envenenada, el de la mujer desahuciada por el vi-rus a la que sólo le queda esperar a la muerte, o el de esa otra que se tapa el ojo que perdió y aguarda una operación que probable-mente no llegará. Pero son las escalofriantes escenas las que, en definitiva, se pegan a la boca del estómago y aniquilan cualquier atisbo de cinismo: esas manos y esos pies hundiéndose en los restos del pescado putrefacto que luego se comerán, donde los gusanos se confunden con el fango, son imposibles de olvidar. El resultado final de estos retazos, engañosamente inconexos, fatídi-camente vinculados, es un paisaje dantesco ante el que uno no sabe si sentir asco o pedir perdón. Llamar notas de humor a ciertos momentos de distensión sería obsceno: la risa se queda congelada cuando nos damos cuenta de lo que la motiva.

Aun así, es el impecable trata-miento que se le ha dado a todo este material lo que aumenta su valía. "La pesadilla de Darwin" posee el rigor de la honestidad y la modestia: el autor cede todo el protagonismo posible a los afecta-dos a través de imágenes y conversa-ciones en estado puro, silencios que respiran, elocuentes miradas y ges-tos, apenas pautados por unos rótu-los que nos sitúan, subrayan o con-trastan aquello que observamos y oí-mos. Pero, más allá de la fuerte im-presión que genera, de sus contundentes revelaciones o de la denuncia que suscita, existe algo que hace de este documental, tan incómodo como de obligado visionado, un ejemplo a seguir. Sauper ha confeccionado un producto inteligente destinado a los que considera espectadores inteligentes, porque enseña sin juzgar, transmite sin manipular, pone en relación sin necesidad de colgar etiquetas, y secuestra el interés con contenidos y no con especias —no hay música, ni montajes efectistas, ni voces en off, que ame-nicen o sobredimensionen este brutal descenso a los infiernos—. Y encontrarse hoy en día con algo así, que rehuya el panfleto y sor-tee la tentación de complacer, para que cada uno extraiga luego su propia valoración, es un milagro. De hecho, el cojín de premios que lo respaldan —incluido el de Mejor Documental en los Premios del Cine Europeo— son una nadería frente al incontestable aval que otorga la realidad desquiciante a la que nos aproxima. No hace fal-ta recurrir a las ficciones alienígenas de Spielberg con las que com-parte cartelera para asistir a la guerra de los mundos más perversa.

La conclusión no podría ser más pesimista. Pero si cambiar el curso de la Humanidad supera la utopía, abrumarnos por nuestra cuota de culpa es, como mínimo, impagable: "La pesadilla de Dar-win" no sirve, ni mucho menos, para sentir lástima por los otros, si-no para sentir vergüenza de nosotros mismos. Sin ningún género de dudas, uno de los documentales más impactantes y me-morables que se hayan podido ver, uno de los más necesa-rios y valiosos que se hayan podido producir. Por el arrojo y la lucidez con que nos implica a todos y cada uno, no cabe sino agradecerle la bofetada.