"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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martes, 27 de mayo de 2008

El trabajo en la sociedad postindustrial

Fuente:


"Del modelo fordista-keynesiano de producción y de integración social estamos pasando a otro en el que prevalecen:

  1. las exigencias a corto plazo de las empresas y
  2. la externalización creciente del riesgo hacia los trabajadores.

Estos cambios afectan a la propiedad de las empresas, con una mayor concentración de la propiedad y del mercado, la transnacionalización y el alejamiento de las decisiones y una creciente financiación de sus objetivos.

Se evidencia igualmente en la estructura de las empresas, con fenómenos de desconcentración, externalización y deslocalización productiva.

Se ponen de manifiesto, asimismo, en la organización del trabajo, con la flexibilidad de los contratos, del tiempo de trabajo, de la ubicación de los trabajadores, de los vínculos de subordinación y de la polivalencia funcional.

Y se perciben, finalmente, en las relaciones laborales, con la extensión de la precariedad laboral, las reconversiones y reestructuraciones industriales y la tendencia hacia la individualización de las relaciones laborales".


José María Zufiaur en "Trabajadores más vulnerables" de CARLOS TREVILLA EL PAÍS 03/05/2007

http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/Trabajadores/vulnerables/elpepiesppvs/20070503elpvas_12/Tes

La gran transformación provocada por la nueva economía e internet: la sociedad postindustrial (Daniel Cohen)

La gran transformación


JOAQUÍN ESTEFANÍA
EL PAÍS - Economía - 10-12-2007

Los gigantescos cambios económicos y sociales motivados por la generalización de la nueva economía y la democratización de Internet han motivado que algunos científicos sociales hablen de la última década y media como de una nueva "gran transformación" (emulando las tesis de Polanyi), comparable a la registrada en el curso del siglo XIX.

El economista francés Daniel Cohen lo ha definido como la era de las rupturas y escribe sobre cinco de ellas:

  1. la tercera revolución industrial,
  2. una nueva organización científica del trabajo,
  3. la revolución cultural que se asocia con el despertar del individualismo,
  4. la toma de poder de la Bolsa y los mercados financieros en la gestión de las empresas,
  5. y la llegada de China e India al juego del capitalismo mundial.

A todo ello Daniel Cohen lo llama sociedad postindustrial (Tres lecciones sobre la sociedad postindustrial. Editorial Katz), y la compara con el primer capitalismo de Adam Smith: éste explica que si para cazar un ciervo se necesita el doble de tiempo que para cazar un castor, necesariamente el primer animal costará, en promedio, dos veces más caro que el segundo.

En la sociedad postindustrial hay una estructura de costes totalmente atípica respecto del anterior esquema: un programa es caro de diseñar, pero no de fabricar; lo que resulta oneroso es la primera unidad del bien fabricado, ya que la segunda y las siguientes tienen un coste bajo, hasta casi nulo en ciertos límites. En el lenguaje de Smith, lo que explicaría todos estos costes es el tiempo empleado en matar el primer castor y el primer ciervo.

¿Se ha adaptado España a esta sociedad postindustrial? ¿Pertenece a la misma? Para responder a ambas cuestiones, se puede acudir a los últimos estudios que demuestran esta particular "gran transformación". Si Cohen destaca que uno de los retos es corregir las enormes desigualdades y las islas de pobreza que contiene, en la última Encuesta de condiciones de vida 2006, divulgada por el Instituto Nacional de Estadística, se indica que en la España actual casi un 20% de los ciudadanos se encuentra todavía por debajo del nivel de pobreza relativa (el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo de las personas). Los grupos más afectados por esa pobreza relativa son las personas de 65 o más años (el 30,6%) y los menores de 16 años (23,8%). Ello conecta con otra de las metamorfosis estructurales de nuestro país, puesta de manifiesto en un reciente trabajo titulado Actividad y territorio. Un siglo de cambios (Azagra, Chorén, Goerlich y Mas Ivars. Fundación BBVA), en el que, por ejemplo, se estudian las variaciones experimentadas por el peso de los mayores de 65 años y de los menores de 15 años en el total de la población, en el periodo entre los años 1900 y 2005. Pues bien, los mayores de 65 años han aumentado en más de 10 puntos porcentuales (desde el 5,22% de la población española al 16,64%) y los menores de 15 han caído en casi 20 puntos porcentuales (del 33,5% al 14,18%), en ese periodo.

Tanto este texto, como otro anterior titulado Estadísticas históricas de España en los siglos XIX y XX (Albert Carreras y Xavier Tafunell. Fundación BBVA y Editorial Crítica) muestran la mudanza de España desde una realidad genuinamente agrícola a una sociedad postindustrial: en el año 1900, el 71,41% de la población estaba ocupada en actividades del mundo agrario, mientras que en 2001 lo hacía el sólo el 6,35%, una reducción superior a 60 puntos porcentuales; por su parte, en 1900 tan sólo el 15,07% de la población trabajaba en el sector terciario, 45 puntos porcentuales menos que en 2001.

De ello se concluye que la España de hoy no es sólo muy distinta de la de comienzos del siglo XX, sino también de la de los años sesenta de la anterior centuria: de contar con una estructura productiva basada en la agricultura se ha transformado en otra dominada por los servicios, con dos agentes nuevos de especial significación: las mujeres (con incrementos espectaculares en actividad y formación) y los inmigrantes, con una eclosión de población desconocida a lo largo de nuestra historia. Una sociedad postindustrial muy parecida a la desarrollada por Cohen.

lunes, 26 de mayo de 2008

La Tercera Revolución Industrial (presentación, ppt)

La sociedad postindustrial

La vida tras el fin del fordismo

Daniel Cohen analiza las causas y las consecuencias de la actual sociedad postindustrial

“Tres lecciones sobre la sociedad postindustrial”, Daniel Cohen

Justo Barranco

LA VANGUARDIA, Dinero, 23.09.07

Los estudiantes educados en la contracultura de los 60 acabaron con el mundo estándar de sus padres. En la nueva situación lo económico abandona lo social: no es extraño así que lo social se alíe con lo religioso. Marx, recuerda Daniel Cohen, el autor de estas tres magistrales lecciones sobre la sociedad postindustrial, decía que la historia era una sucesión de fases de la que el capitalismo no era más que una. Pero hoy vemos que el propio capitalismo tiene muchas fases, y que la actual poco tiene que ver ya con la forma que adoptó en el siglo XX: l
a de la gran firma industrial, en la que los intereses de asalariados y dirigentes coincidían, ya que todos querían preservar la empresa. Se sellaba así la unidad entre la cuestión económica y la
social.

Por el contrario,
el capitalismo del siglo XXI organiza científicamente la destrucción de esa sociedad industrial, el desmembramiento de la firma industrial. Ya no son los accionistas los que padecen riesgos - pueden diversificar su inversión-, sino los asalariados. Y una inquietud más o menos difusa se adueña de los perdedores de la nueva estructura.

En la sociedad postindustrial quedan ligados dos términos en parte opuestos, el del
diseño de los bienes (lo inmaterial) y el su prescripción (su comercialización). "Lo que tiende a desaparecer es la fabricación de los bienes como figura socialmente pertinente", dice Cohen (París, 1953), profesor de Economía en la École Normale Supérieure y consejero de la OCDE.

Así, Renault hoy se presenta como diseñador de automóviles, y ha pasado de fabricar el 80% del auto a sólo el 20%.
La fabricación es tercerizada y deslocalizada. Y la información, ya sea en forma de código digital, de símbolo o de molécula, es mucho más cara de diseñar que el contenido físico que luegose le otorga. La sociedad industrial se ahoga y con ella sus estructuras. Para Cohen, "nunca fue tan aguda la conciencia de vivir en el mismo mundo, así como tan distintas las condiciones sociales de existencia". Ya explicar cómo se
ha producido esta gran transformación, y sus consecuencias, se dedica Cohen.

Para empezar, habla de
cinco rupturas mayores en las condiciones sociales.

1. La primera fue la producida por la
tercera revolución industrial que emerge en los
70 con los inicios de
Internet y del microprocesador.

2. La segunda ruptura es social, con nuevos principios de
organización del trabajo: adaptabilidad a la demanda, capacidad de reacción y uso de todas las competencias humanas.Métodos que recuerdan al toyotismo japonés, pero que se han multiplicado con la informática.

3. La tercera ruptura es una revolución cultural, la de mayo del 68, que supone un
mayor individualismo, pero sobre todo por la emergencia de la juventud como fuerza social autónoma. La ecuación salario igual a obediencia es inaceptable, y serán los estudiantes educados en la contracultura de los campus norteamericanos de los 60 los que quiebren la estandarización del mundo de sus padres a través de la informática.

4. La cuarta ruptura es la financiera, la toma de
poder de la bolsa en la gestión de las empresas desde los 80. Además, los managers son arrancados de los asalariados gracias a
métodos como las stock options.

5. La quinta ruptura es
la globalización, la llegada de China e India al juego capitalista mundial. Una llegada que no sólo permite deslocalizar producción, sino que hace que la solidaridad orgánica de la sociedad anterior difícilmente se manifieste: los participantes en el mercado global no siempre comprenden bien sus destinos e intereses. El mercado "agudiza una carrera por la acumulación de factores estratégicos, que hace que los participantes en el intercambio sean mucho más rivales que solidarios": el comercio ya no es un factor de pacificación de las relaciones internacionales.

Y
crece la brecha entre el opulento imaginario colectivo surgido de la sociedad
de la información
y, por otro lado, una realidad territorial que muestra división
entre riqueza y pobreza a todos los niveles.

La cuestión es que "la esfera económica ya no propaga un modelo social, como antes" cuando el fordismo reducía las diferencias entre los países y la gente.
La fábrica, dice Cohen, ya no
es el lugar de la heterogeneidad social: hoy los ingenieros están en oficinas de
estudios,
el mantenimiento en sociedades de servicios, y los empleos industriales tercerizados o deslocalizados. Los barrios también están separados y los cercanías separan cada vez más los suburbios. La unidad de contrarios del fordismo ya no es pertinente, y los mejor dotados permanecen entre sí. La endogamia es la regla.

Vivimos, anota, no sólo un liberalismo económico, sino también social. No es
extraño, así, que la religión se una con lo social, abandonado por lo económico.

Por eso, advierte, en el nuevo milenio
es necesario reinventar instituciones laicas, el sindicalismo, la universidad, la gobernabilidad mundial y la de las ciudades para "construir una infraestructura social que ayude a las personas y a los países a vivir un destino digno de sus expectativas".

TRADUCCIÓN DE VÍCTOR GOLDSTEIN, KATZ EDITORES. BUENOS AIRES, 2007 130 PÁGINAS