"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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lunes, 9 de enero de 2012

Urgencias climáticas

Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Nº: 195 Enero 2.012)

La grave crisis financiera y el horror económico que padecen las sociedades europeas están haciendo olvidar que –como lo recordó, en diciembre pasado, la Cumbre del clima de Durban, en Sudáfrica– el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad siguen siendo los principales peligros que amenazan a la humanidad. Si no modificamos rápidamente el modelo de producción dominante, impuesto por la globalización económica, alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el planeta dejará poco a poco de ser soportable.

Hace unas semanas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció el nacimiento del ser humano número siete mil millones, una niña filipina llamada Dánica. En poco más de cincuenta años, el número de habitantes de la Tierra se ha multiplicado por 3,5. Y la mayoría de ellos vive ahora en ciudades. Por primera vez los campesinos son menos numerosos que los urbanos. Entre tanto, los recursos del planeta no aumentan. Y surge una nueva preocupación geopolítica: ¿qué pasará cuando se agrave la penuria de algunos recursos naturales? Estamos descubriendo con estupefacción que nuestro “ancho mundo” es finito…

En el curso de la última década, gracias al crecimiento experimentado por varios países emergentes, el número de personas salidas de la pobreza e incorporadas al consumo sobrepasa los ciento cincuenta millones…(1) ¿Cómo no alegrarse de ello? No hay causa más justa en el mundo que el combate contra la pobreza. Pero esto conlleva una gran responsabilidad para todos. Porque esa perspectiva no es compatible con el modelo consumista dominante.

Es obvio que nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos suficientes para que toda la población mundial los use sin freno. Para que siete mil millones de personas consuman tanto como un europeo medio se necesitarían los recursos de dos planetas Tierra. Y para que consumieran como un estadounidense medio, los de tres planetas.

Desde el principio del siglo XX, por ejemplo, la población mundial se ha multiplicado por cuatro. En ese mismo lapso de tiempo, el consumo de carbón lo ha hecho por seis… El de cobre por veinticinco… De 1950 hasta hoy, el consumo de metales en general se ha multiplicado por siete… El de plásticos por dieciocho… El de aluminio por veinte… La ONU lleva tiempo avisándonos de que estamos gastando “más del 30% de la capacidad de reposición” de la biosfera terrestre. Moraleja: debemos ir pensando en adoptar y generalizar estilos de vida mucho más frugales y menos derrochadores.

Este consejo parece de sentido común pero es evidente que no se aplica a los mil millones de hambrientos crónicos en el mundo, ni a las tres mil millones de personas que viven en la pobreza. La bomba de la miseria amenaza a la humanidad. La enorme brecha que separa a los ricos de los pobres sigue siendo, a pesar de los progresos recientes, una de las características principales del mundo actual (2).

Esto no es una afirmación abstracta. Tiene traducciones muy concretas. Por ejemplo, en el tiempo de lectura de este artículo (diez minutos), 10 mujeres en el mundo van a fallecer durante el parto; y 210 niños de menos de cinco años van a morir de dolencias fácilmente curables (de ellos, 100 por haber bebido agua de mala calidad). Estas personas no fallecen por enfermedad. Mueren por ser pobres. La pobreza las mata. Mientras tanto, la ayuda de los Estados ricos a los países en desarrollo ha disminuido, en los últimos quince años, un 25%… Y en el mundo se siguen gastando unos 500.000 millones de euros al año en armamento…
Si en las próximas décadas tuviésemos que aumentar en un 70% la producción de alimentos para responder a la legítima demanda de una población más numerosa, el impacto ecológico sería demoledor. Además, ese crecimiento ni siquiera sería sostenible porque supondría mayor degradación de los suelos, mayor desertificación, mayor escasez de agua dulce, mayor destrucción de la biodiversidad… Sin hablar de la producción de gases de efecto invernadero y sus graves consecuencias para el cambio climático.

A este respecto, conviene recordar que unos 1.500 millones de seres humanos siguen usando energía fósil contaminante procedente de la combustión de leña, carbón, gas o petróleo, principalmente en África, China y la India. Apenas el 13% de la energía producida en el mundo es renovable y limpia (hidráulica, eólica, solar, etc.). El resto es de origen nuclear y sobre todo fósil, la más nefasta para el medio ambiente.

En este contexto, preocupa que los grandes países emergentes adopten métodos de desarrollo depredadores, industrialistas y extractivistas, imitando lo peor que hicieron y siguen haciendo los actuales Estados desarrollados. Todo lo cual está produciendo una gravísima erosión de la biodiversidad.
¿Qué es la biodiversidad? La totalidad de todas las variedades de todo lo viviente. Estamos constatando una extinción masiva de especies vegetales y animales. Una de las más brutales y rápidas que la Tierra haya conocido. Cada año, desaparecen entre 17.000 y 100.000 especies vivas. Un estudio reciente ha revelado que el 30% de las especies marinas está a punto de extinguirse a causa de la sobrepesca y del cambio climático. Asimismo, una de cada ocho especies de plantas se halla amenazada. Una quinta parte de todas las especies vivas podría desaparecer de aquí a 2050.

Cuando se extingue una especie se modifica la cadena de lo viviente y se cambia el curso de la historia natural. Lo cual constituye un atentado contra la libertad de la naturaleza. Defender la biodiversidad es, por consiguiente, defender la solidaridad objetiva entre todos los seres vivos.

El ser humano y su modelo depredador de producción son las principales causas de esta destrucción de la biodiversidad. En las últimas tres décadas, los excesos de la globalización neoliberal han acelerado el fenómeno.

La globalización ha favorecido el surgimiento de un mundo dominado por el horror económico, en el que los mercados financieros y las grandes corporaciones privadas han restablecido la ley de la jungla, la ley del más fuerte. Un mundo en el que la búsqueda de beneficios lo justifica todo. Cualquiera que sea el coste para los seres humanos o para el medio ambiente. A este respecto, la globalización favorece el saqueo del planeta. Muchas grandes empresas toman por asalto la naturaleza con medios de destrucción desmesurados. Y obtienen enormes ganancias contaminando, de modo totalmente irresponsable, el agua, el aire, los bosques, los ríos, el subsuelo, los océanos… Que son bienes comunes de la humanidad.

¿Cómo ponerle freno a este saqueo de la Tierra? Las soluciones existen. He aquí cuatro decisiones urgentes que se podrían tomar:

cambiar de modelo inspirándose en la “economía solidaria”. Ésta crea cohesión social porque los beneficios no van sólo a unos cuantos sino a todos. Es una economía que produce riqueza sin destruir el planeta, sin explotar a los trabajadores, sin discriminar a las mujeres, sin ignorar las leyes sociales;

ponerle freno a la globalización mediante un retorno a la reglamentación que corrija la concepción perversa y nociva del libre comercio. Hay que atreverse a restablecer una dosis de proteccionismo selectivo (ecológico y social) para avanzar hacia la desglobalización;

frenar el delirio de la especulación financiera que está imponiendo sacrificios inaceptables a sociedades enteras, como lo vemos hoy en Europa donde los mercados han tomado el poder. Es más urgente que nunca imponer una tasa sobre las transacciones financieras para acabar con los excesos de la especulación bursátil;

— si queremos salvar el planeta, evitar el cambio climático y defender a la humanidad, es urgente salir de la lógica del crecimiento permanente que es inviable, y adoptar por fin la vía de un decrecimiento razonable.
Con estas simples cuatro medidas, una luz de esperanza aparecería por fin en el horizonte, y las sociedades empezarían a recobrar confianza en el progreso. Pero ¿quién tendrá la voluntad política de imponerlas?

NOTAS:
(1) Sólo en América Latina, como consecuencia de las políticas de inclusión social implementadas por gobiernos progresistas en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Venezuela y Uruguay, cerca de ochenta millones de personas salieron de la pobreza.
(2) En el mundo, unos 100 millones de niños (sobre todo niñas) no están escolarizados; 650 millones de personas no disponen de agua potable; 850 millones son analfabetas; más de 2 000 millones no disponen de alcantarillas, ni de retretes…; unos 3 000 millones viven (o sea se alimentan, se alojan, se visten, se transportan, se cuidan, etc.) con menos de dos euros diarios.

jueves, 11 de marzo de 2010

China pone en duda que el hombre cause el cambio climático

Trabajadores chinos ante una planta

El Gobierno de Pekín asegura que no dejará de luchar contra el calentamiento

JOSE REINOSO - Pekín

EL PAÍS - 11-03-2010

China se sumó ayer al agitado debate sobre el origen del calentamiento global, que se dio por superado en 2007 con apoyo de la mayoría de los científicos pero que resurge. Xie Zhenhua, negociador sobre el cambio climático y vicepresidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (órgano responsable de la planificación económica del país), afirmó que aún existen muchas discrepancias sobre las causas del calentamiento, pero aseguró que Pekín mantendrá su compromiso para luchar contra el mismo.

"Aún hay dos puntos de vista distintos en la comunidad científica sobre la causa del calentamiento. Mucha gente, la corriente principal, afirma que la quema de grandes cantidades de combustibles fósiles durante el proceso de industrialización ha causado un incremento de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento", declaró en la sesión anual del Parlamento chino, informa Reuters. "Otro punto de vista mantiene que la razón principal es cambios en las manchas solares o cambios naturales del medio ambiente. E incluso hay un punto de vista más extremo que dice que la influencia del hombre en la modificación de la naturaleza sólo puede ser minúscula".

Xie, sin embargo, defendió que, "en lo que respecta a los Gobiernos, dado que el desarrollo a largo plazo del cambio climático causará un gran daño a la humanidad, es mejor creer que está ocurriendo que creer que no está ocurriendo". La declaración llegó sólo un día después de que China e India suscribiesen el Acuerdo de Copenhague, el vago texto que acordaron los países en la capital danesa y que sólo fija objetivos voluntarios.

Las palabras de Xie suponen un nuevo varapalo a la lucha contra el cambio climático, en caída libre desde noviembre. Entonces, el pirateo de correos electrónicos entre científicos de élite reveló el uso de un lenguaje poco apropiado -en el mejor de los casos- o de un intento por exagerar el calentamiento -según los críticos-. Después llegó el fracaso de Copenhague y el Panel Intergubernamental de Cambio Climático admitió errores en su informe de 2007. Ese informe, que fue aprobado en Valencia con presencia de todos los Gobiernos, incluido el chino, confirmó que el calentamiento era "inequívoco" y que con más del 90% de probabilidades se podía atribuir a la emisión de gases de efecto invernadero, como defiende la gran mayoría de la comunidad científica. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, anunció ayer una revisión independiente del informe del IPCC: "Tenemos que saber con claridad qué es lo que sabemos y también las incertidumbres".

La esperanza de lograr un tratado vinculante para contener estas emisiones se diluye cada día. El martes, la Comisión Europea admitió que no era realista esperar ese tratado en la Cumbre del Clima de Cancún, en noviembre.

El negociador chino instó a EE UU a que adopte un mayor compromiso contra el calentamiento, y afirmó que Pekín acepta "consultas y análisis de la comunidad internacional, pero no un escrutinio invasivo" de sus emisiones.

lunes, 19 de octubre de 2009

¿Es posible crecer sin destruir el planeta?



La pregunta prohibida en las cumbres del G-20 y el G-7

El tabú de la recuperación económica




ANDY ROBINSON | LA VANGUARDIA  16/10/2009 
Transportados en limusina con escolta policial sorteando los atascos de la enorme metrópolis turca, los ministros de Finanzas y banqueros que participaron la semana pasada en la cumbre del G-7, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial en Estambul tuvieron la oportunidad de contemplar el futuro. Sólo hacía falta mirar por la ventanilla. En los alrededores del aeropuerto, edificios abandonados y escombros son las secuelas de las inundaciones devastadoras de septiembre, un aviso - según el consenso científico-de los extremos eventos climatológicos que se avecinan.
Pero en una cumbre que pretendía diseñar un "nuevo orden económico" tras la crisis, el cambio climático apenas figuraba en la agenda. Lejos de debatir estrategias para moderar el crecimiento económico y el consumo como precondiciones para la reducción de emisiones de CO , el director 2 gerente del FMI, Dominique Strauss Kahn, repitió las consignas pro crecimiento del G-20 de Pittsburgh: recuperar cuanto antes la senda del crecimiento a escala mundial; y fomentar el consumo en países de cultura ahorrativa, como China, Japón o Alemania. "Habrá que quitarles a los chinos el miedo a consumir", dijo un director del fondo.

Son las dos realidades paralelas de un mundo que busca desesperadamente una salida de la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, a la vez que hace frente al reto del cambio climático. Los gurús económicos reunidos en Pittsburgh y Estambul - y que volverán a encontrarse en diciembre en la cumbre climática de Copenhague-ven posible la cuadratura del círculo incorporando las energías renovables y la eficiencia energética para posibilitar un crecimiento económico tan robusto como antes de la crisis (pero de baja intensidad de CO ). "Si aplicamos un 2 precio que refleje el daño al planeta de las emisiones - mediante impuestos o un mercado de emisiones (cap and trade)-resolveremos el problema", dijo Kirk Hamilton, economista jefe del departamento de desarrollo sostenible del Banco Mundial. Junto con las políticas de reactivación - el llamadoestímulo verde-se crearán nuevos motores económicos que "nos pueden conducir por el camino de crecimiento deseado", dijo Hamilton haciéndose eco de las ideas sobre el new deal verde de Achim Steiner de la ONU.

Pero - según los bioeconomistas y otros pioneros de las nuevas teorías del decrecimientoescondidos en los foros alternativos de EstambulyPittsburgh-existe un serio problema con esta visión optimista del "keynesianismo verde". No hay un escenario factible en el que la vuelta a las tasas de crecimiento registradas en las últimas décadas sea compatible con el futuro de un planeta perdurable. Según los cálculos de Tim Jackson, de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, para mantener el crecimiento medio de las últimas décadas hasta el 2050 habría que reducir el 96,4% de las emisiones por unidad de riqueza creada para evitar que los gases se disparen en la atmósfera (450 partes por millón) y eleven la temperaturas hasta causar catástrofes climáticas. Concretamente, de los 768 gramos de CO por unidad de riqueza 2 que se generan habría que bajar a 36 gramos. Creer que eso es posible, es "patológicamente ilusorio", advierte Jackson en un informe para la la Comisión de Desarrollo Sostenible en el Reino Unido. Pero en Estambul, es exactamente lo que los ministros creían.

El dato pasó desapercibido en las cumbres pero, según un nuevo informe de la Agencia de Energía Internacional, en el 2009 - el año en que miramos el abismo de la segunda Gran Depresión con subidas brutales de desempleo y pobreza-las emisiones de CO 2 probablemente caerán un 3%, el primer descenso significativo en 40 años. Esta buena noticia es la prueba del enorme dilema que afrontamos.

Sólo Thom Yorke, el cantante de Radiohead, se atrevía a afirmar la cruda realidad antes de la cumbre de Pittsburgh: "Sólo quería decirles a los políticos que no podemos crecer como antes; habrá que buscar otro plan", dijo en Nueva York. Dio voz a una corriente económica todavía minoritaria pero que despierta cada vez mas interés en torno a las ideas de economías en steady state - estado estable-,segun el término del economista de Maryland (Estados Unidos) Herman Daly-o el decrecimiento, según el sociólogo francés Serge Latouche. En su último libro, Latouche adopta el término acrecimiento,y deja de enmarcar el debate sobre el futuro en los términos vulgares del crecimiento del PIB . "Se trata de prescindir del crecimiento como quien prescinde de una religión que dejó de tener sentido", afirma el filósofo Jordi Pigem en su nuevo libro Buena Crisis la "happy crisis", bromea-ha creado las condiciones para una ofensiva contra el modelo destructivo de crecimiento y consumo. El nuevo informe sobre indicadores alternativos de progreso social sostenible elaborado por los premios Nobel Joe Stiglitz y Amartya Sen para el presidente Nicolas Sarkozy confirma que algo se mueve.

Pero como bien sabe Stiglitz, cuyos acercamientos a Cristine Lagarde, la ministra de Finanzas francesa, en Estambul recibieron calabazas, esta crisis no será suficiente para cambiar el consenso. "Probablemente tendrá que pasar algo más fuerte, quizás indicios claros de agotamiento del crudo; pero en algún momento van a darse cuenta de que el crecimiento tendrá que bajar drásticamente", dijo Saamah Abdallah, economista del instituto londinense New Economics, pionero en la búsqueda de modelos económicos alternativos.

El reto - dice Abdallah-es elaborar una estrategia de crecimiento bajo, cero o incluso de decrecimiento que no provoque el colapso económico o el desempleo masivo. Será una tarea muy difícil que emprendemos con mucho retraso, advierte Jackson. "Increíblemente nadie ha intentado aún crear un modelo que reduzca la necesidad de crecer sin perder la estabilidad macroeconómica", se lamenta.

TAMBIÉN:

La economía en el diván La crisis mundial ha apremiado a los expertos a repensar las actuales reglas de juego. Comentamos una serie de libros que analizan críticamente el parón del crecimiento económico y aportan teorías
JORDI PIGEM  - LA VANGUARDIA, CULTURAS, 03/06/2009







domingo, 4 de octubre de 2009

El Aral ha muerto, viva el petróleo


 






Uno de los barcos varados en la arena en lo que un día fue el mar de Aral

Los hidrocarburos, esperanza para los países ribereños del esquilmado mar interior

PILAR BONET EL PAÍS 23/03/2008
 
La tragedia vivida por el mar de Aral deja paso a la esperanza. El agua que desde los años sesenta del pasado siglo ha ido desapareciendo de aquel entorno pesquero puede ser sustituida por el gas y el petróleo si prosperan las exploraciones internacionales que tal vez hagan el milagro de transformar esta zona depauperada en una réplica centroasiática de los Emiratos.

El Aral ya no existe como unidad. Esta gran reserva centroasiática de agua se ha fragmentado en tres partes
Se calcula que las reservas son importantes, pero no tanto como las del Caspio, y de extracción más difícil
Muinak (Uzbekistán), el centro de un distrito poblado por 28.000 habitantes, es una localidad deprimida. Su principal atracción es el cementerio de barcos. Distribuidas sobre la arena ante un mirador, las barcazas que un día surcaron el mar son hoy cadáveres de chatarra y símbolos de la tragedia del Aral, en cuyos alrededores se reproducen por inercia políticas agrícolas que fueron fatales para este mar. Desde hace dos años, Muinak produce algodón, según cuenta el jakim (gobernador local) Jarilqap Tursinbékov. "El algodón es riqueza y divisas", afirma el funcionario, aunque la rentabilidad de este cultivo es escasa en las aguas cargadas de sal y pesticidas.

Introducido en Asia central por el imperio zarista, el cultivo del algodón fue privilegiado por la URSS y sigue siendo hoy una de las principales fuentes de ingresos de Uzbekistán. En la práctica, el Estado, monopolista de las exportaciones, incentiva esta producción y establece planes de cosecha. El resultado es la atrofia de las alternativas. El cultivo de hortalizas con riego gota a gota no ha cuajado, confiesa el jakim. Esta técnica requeriría un enfoque avanzado que no encajaría con un sistema basado en el despilfarro de los escasos recursos de agua.

El Aral comenzó a alejarse de Muinak en los sesenta. En 1979 cesó la navegación y en 1984 comenzó a desmantelarse la industria pesquera, que daba trabajo a 10.000 personas. Daulet Rajmétov, ex director de la fábrica de conservas de Muinak y representante local de la Fundación Internacional para la Salvación del Aral, recuerda cómo durante años viajó de puerto en puerto por las costas de la URSS en busca de pescado para frenar la agonía de su empresa. "El pescado venía del Caspio, del Báltico, del Ártico en vagones refrigerados, pero no bastaba, así que fuimos reduciendo la producción hasta que el año 2000 clausuramos la fábrica. Fue muy duro, porque el combinado pesquero era el centro de la economía local", dice. Rajmétov no quiere seguir el ejemplo de los muchos vecinos que han emigrado, pero tres de sus cuatro hijos y dos de sus hermanos viven hoy en la vecina Kazajistán. "Aquí soy un hombre respetado", afirma. Junto con su esposa, Shurpán, y su hija menor, Rajmétov vive en una casa sin agua corriente y con un primitivo retrete en el patio. Shurpán padece bronquitis por el polvo que se cuela por todas partes. El Aral está muerto, pero en los mercados callejeros de Muinak se vende aún pescado fresco de los embalses.
El Aral, que fue centro de un ecosistema alimentado por los ríos Amú Dariá y Sir Dariá, ya no existe como unidad. Esta constatación se impone poco a poco a quienes creyeron poder salvar esta reserva centroasiática fragmentada ahora en tres partes. La primera, al norte, en Kazajistán, ha vuelto a llenarse gracias a un dique artificial que la separa de Uzbekistán. Las otras dos, en territorio de este país, siguen encogiéndose, y desde 2007 son exploradas por un consorcio petrolero que busca hidrocarburos en el fondo de las aguas y en los terrenos salinizados que han dejado tras de sí (más de cuatro millones de hectáreas hasta 2007) al retirarse hasta 140 kilómetros de su antiguo litoral. Víctima del regadío despilfarrador, el Aral sigue padeciendo por la falta de un enfoque sistemático y coordinado de los cinco Estados de la zona, vinculados entre sí por el sistema fluvial dominado por el Amú Dariá y el Sir Dariá.

En la ribera uzbeka del Aral, las esperanzas de recuperar el mar y restablecer la economía tradicional, basada en la pesca, se orientan cada vez más hacia el gas, que, de ser explotado a gran escala, daría un impulso a la deprimida Karakalpakstán (166.000 kilómetros cuadrados y 1,5 millones de habitantes), la república autónoma lindante con el Aral y dependiente de Uzbekistán.
El antiguo fondo del mar es hoy un paisaje inhóspito. De Nukús, capital de Karakalpakstán, a Muinak hay 220 kilómetros, asfaltados, a diferencia de las rutas que llevan desde Muinak hacia el litoral, a cerca de 100 kilómetros. Ahí, el desierto salpicado de arbustos resecos y conchas de moluscos se alterna con pantanos y terrenos saturados de sal. Los geólogos que hacen exploraciones dejan sus huellas sobre esta naturaleza adusta en forma de líneas paralelas que se pierden en la distancia. De vez en cuando, las perforadoras o los camiones de la compañía de gas uzbeka rompen la soledad imperante. Circulan a campo traviesa cargados con tubos o maquinaria. Las llamas anaranjadas de las antorchas de gas recuerdan los campos de petróleo de Siberia.

Desde 2007, la Aral Sea Operating Company (ASOC) -formada por la petrolera rusa Lukoil, la Compañía Nacional de Petróleo de China, la corporación nacional de petróleo de Corea, Petronas de Malaisia y Uzbekneftegaz- realiza exploraciones geofísicas en el Aral tras firmar un contrato de reparto de producción (PSA) con Uzbekistán. La primera fase, en la que se prevé invertir unos 100 millones de dólares, permitirá para 2010 valorar las perspectivas de explotación del gas, lo que ya hace Uzbekneftegaz. Desde 2004 también está presente el consorcio ruso Gazprom, que extrae gas en la cercana meseta de Ustiurg, al oeste del Aral. Aviones de Gazpromavia realizan vuelos regulares de pasajeros entre Moscú y Nukús.
La información sobre las reservas potenciales de hidrocarburos del Aral es escasa, explica en Tashkent Vasili Yákovlev, vicedirector de ASOC y representante de Lukoil en el consorcio. Los últimos datos científicos soviéticos, dice, son de los años setenta y sirven de poco, en parte porque se estropearon los discos magnéticos en los que se grabaron, y en parte por haber sido repartidos entre Kazajistán, Uzbekistán y Rusia. Las estimaciones difieren. Uzbekneftegaz calcula las reservas potenciales de gas en 500.000 millones de metros cúbicos, y Lukoil, en 200.000 millones. Estas cifras son inferiores a las de los grandes yacimientos del Caspio. La lejanía y falta de infraestructura hace que las condiciones de trabajo sean mucho más duras que en aquel otro mar interior.

La exploración llevada a cabo por el ASOC abarca toda la superficie uzbeka del mar, 18.000 kilómetros cuadrados, entre la parte oriental, la occidental y la isla de Vozrozhdenie, que en realidad es una península situada entre ambas. Las 200 personas empleadas ahora se multiplicarán por diez si se llega a una explotación industrial del gas. No es sorprendente, pues, que en Nukús hayan comenzado a preparar ya personal de servicio para el sector, y más de un ecólogo desearía hoy convertirse en petrolero.
En época soviética, la isla de Vozrozhdenie albergó un importante polígono militar de pruebas con armas biológicas, que fue clausurado en 1992. Una zona de 119 metros cuadrados, emplazamiento de aquellas instalaciones secretas que experimentaban con virus especialmente peligrosos, ha sido excluida del contrato con ASOC. Esta exclusión alimenta las sospechas sobre los posibles riesgos para la salud, motivo por la cual una compañía de servicios francesa renunció a pujar por un contrato en la zona, señala Yákovlev. Al margen de las incógnitas del antiguo polígono, abundan los problemas: en el aire hay poco oxígeno, y en el suelo, metales pesados, como níquel, plomo y mercurio. Los trabajadores están vacunados contra la peste, enfermedad de la que se han detectado dos focos entre los roedores.

Las exploraciones geofísicas permiten al consorcio comprobar cómo se encoge el Aral. En un año, afirma Yákovlev, la línea de costa ha retrocedido 60 metros y la superficie ha descendido 30 centímetros. La parte occidental del mar, con profundidad máxima de 40 metros, tiene una concentración de hasta 114 gramos de sal por litro. La parte oriental, con sólo dos metros, es prácticamente una salmuera, con 240 gramos de sal por litro. El Ejecutivo asegura que las actividades petroleras no perjudicarán a este entorno ecológico, sino todo lo contrario. "Sólo pueden mejorarlo", dice.

Ubbiniaz Ashirbékov, director de la filial de Nukús de la Fundación Internacional para la Salvación del Aral (FISA), apoya la búsqueda de hidrocarburos, y opina que los petroleros "deben dedicar una parte del beneficio a mantener el ecosistema y ayudar a mejorar las condiciones de vida de la población". La FISA es una organización en la que están integrados cinco Estados centroasiáticos (Uzbekistán, Kazajistán, Tayikistán, Kirguizistán y Turkmenistán), y su filial de Nukús siembra arbustos para evitar la difusión del polvo y la erosión y mantiene un sistema de embalses que, a modo de cinturón de humedad, contribuye a mantener la habitabilidad en la zona contigua al mar. El agua es mala; la mortalidad infantil, elevada, y sólo el 25% de Nukús (ciudad de 280.000 personas) tiene canalización, señala Ashirbékov. Al delta del Amú Dariá, el agua llega escasa, cargada de pesticidas y sustancias tóxicas recogidas en su tránsito. En Uzbekistán sospechan que Turkmenistán se queda más de lo que necesita, y temen que los proyectos de lujo de aquel Estado cerrado y enigmático, como la creación de un lago artificial, mengüen aún más el Amu Dariá.
La FISA tiene un programa de minicréditos para sostener a la población local, pequeños empresarios ganaderos o artesanos. Una de sus receptoras en Nukús es Abdimurat Zeraján, de 49 años, ex profesora de matemáticas y ahora modista. Con un crédito de 3,7 millones de soms (1.870 euros) compró dos máquinas de coser, y hoy, con ingresos entre 200.000 y 400.000 soms mensuales, es el principal sostén de su familia. Sus perspectivas de desarrollo son limitadas por la escasa capacidad adquisitiva de sus clientes. La modista debe devolver el crédito en tres años con un interés del 10%. La inflación oficial en Uzbekistán es del 6,8%, pero expertos occidentales la calculan en el 30%.

En la plaza central de Nukús ha desaparecido la estatua de Lenin y ha aparecido un café con el pomposo nombre de Sheraton Club. La atracción cultural más importante de la ciudad, de categoría internacional, es la colección de arte de vanguardia de los años veinte que el entusiasta ruso Ígor Savitski formó al margen de los comisarios culturales del estalinismo. Los cuadros de Liubov Popova, Robert Falk o Mijaíl Kurzine son hoy una compensación exquisita en el entorno desangelado.

Alrededor del Aral se tejen los conflictos entre los Estados de esta region centroasiática, que no han podido ponerse de acuerdo en unas normas y un sistema para la explotación racional del agua en el Amú Dariá y el Sir Dariá. La superficie de los glaciares en las montañas de Kirguizistán y Tayikistán se ha reducido, y existen conflictos crónicos entre los países ribereños situados en la parte superior de los ríos, interesados en la producción hidroenergética, y los de la desembocadura, interesados en el regadío. Unos y otros se tantean en búsqueda de nuevas fórmulas de intercambio entre energía y agua. Las autoridades de Kirguizistán se plantean cobrar por el agua en respuesta al anuncio de Uzbekistán, Kazajistán y Turkmenistán de aumentar el precio del gas a nivel europeo.

Aunque, desde su fundación en 1993, la FISA no ha logrado convertirse en la organización coordinadora de los intereses de los Estados miembros, Ashirbékov es optimista: "Gracias a organizaciones como ésta, los países centroasiáticos no han ido a la guerra por el agua, lo que en sí mismo es un logro". -

sábado, 7 de febrero de 2009

Thirst (La disputa del agua)


Documental muy recomendable sobre el debate que se está produciendo en el mundo entero sobre el reparto del agua. Existen dos movimientos contrapuestos. Uno el que considera el agua como un bien económico para comprar, y el otro movimiento civil que la considera como un bien común para repartir entre todos los habitantes del planeta. Emitido po TVE. Durcaión 72m.

Ir a: http://www.veocine.es/documental/thirst__la_disputa_del_agua__65154.html
Thirst (La disputa del agua) online

martes, 11 de noviembre de 2008

¿Vivir sin petróleo? "Recipes for disaster"

Fuente: http://www.lavanguardia.es/lv24h/20081109/53575714504.html


Un documental muestra cómo la familia Webster siguió durante un año una dieta basada en no comprar nada que implicará el uso del "oro negro"

Manaos (Brasil). (EFE).- Durante todo un año, John Webster y su familia siguieron una estricta dieta basada en no comprar nada (o casi nada) que implicara la utilización de petróleo. "Recipes for disaster", el documental finlandés que filmó sobre la experiencia demostró hoy en el Festival de Cine del Amazonas las probabilidades de éxito.

La ciudad brasileña de Manaos (noroeste), construida en medio de la selva amazónica, celebra desde el viernes y hasta el 13 de noviembre la quinta edición del Festival de Cine del Amazonas, que reflexiona sobre la naturaleza a través del séptimo arte, con invitados como los directores británico Alan Parker y el francés Claude Lelouch.

La película finlandesa, rodada en un tono cómico pero contundente deudor del cine de Michael Moore, compite en la sección de documentales internacionales y rompe una lanza a favor de la acción individual para poner freno al deterioro que sufre la Tierra, en concreto con la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera.

Esta suerte de ensayo general de la extinción de recursos naturales comienza con una afirmación en tono irónico: "Nos enorgullecemos de ser seres razonables, de planear nuestro futuro, de saber que nuestros actos tienen consecuencias", asegura Webster (Helsinki, 1967), que ha realizado otros documentales como «What comes around» (2005).

Así, comienza a lanzar los datos que le llevaron a esta drástica decisión: un ciudadano finlandés arroja una media de 13.000 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera en un año, una cantidad relativamente baja en comparación con Estados Unidos, cuya polución per cápita asciende a 30.000 kilos por año.

Gasolina y plástico son los principales elementos a desechar en esta dieta vital que la familia Webster, de manera experimental, comenzó a desarrollar un buen día y, desde entonces, los obstáculos no dejaron de aparecer.

Más allá de usar la bicicleta en vez del coche o de solicitar bolsas de papel y no de plástico, en el día a día del hombre del primer mundo el petróleo se revela como una suerte de hilo conductor y el entusiasmo de los "protagonistas de esta historia" se va minando poco a poco.

Al final de la película, Webster se pregunta: "¿Qué hemos conseguido además de poner nuestra felicidad en riesgo?". El Festival de Cine del Amazonas también dedicará un homenaje al cine brasileño de 2008 con la proyección de tres películas y volverá a mirar al cortometraje en una sección en la que compiten ocho producciones locales.

sábado, 18 de octubre de 2008

El granero indio estaba envenenado

El cáncer y otras enfermedades se ceban con los habitantes de Punjab - El abuso de fertilizantes durante 40 años ha contaminado las aguas

ANA GABRIELA ROJAS - Bathinda (India) - EL PAÍS, 16/10/2008

"Siento las moscas caminando por todo mi cuerpo, pero no puedo quitármelas", dice Jagdev Singh con los ojos desorbitados. Es un adolescente con aspecto de niño que ha ido perdiendo el movimiento en las extremidades por una enfermedad degenerativa. Ya no puede andar ni mover los brazos. "Los médicos dicen que se debe a la excesiva exposición a la urea, un fertilizante", cuenta su madre, Charanjeet Kaur. En Jajjal, un pueblo de 3.500 habitantes en el Estado de Punjab -al norte de la India- hay otros tres niños con el mismo diagnóstico. Y en los últimos seis años 40 personas han muerto y 15 están enfermas de cáncer, explica Jarnail Singh, un profesor retirado cuyas dos cuñadas fallecieron.

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"Sin los pesticidas no podríamos ser autosuficientes", dice el Gobierno

Como en Jajjal, en Punjab el número de enfermos no deja de aumentar. Y los expertos apuntan al excesivo uso de químicos en la agricultura como la causa. Este Estado, uno de los más prósperos de la India, se convirtió en la "canasta de pan" del país con la revolución verde, cuando en los sesenta se industrializó el campo y llegaron fertilizantes, pesticidas y semillas mejoradas. La India lograba su sueño de salir de la hambruna y volverse, casi de un día para otro, autosuficiente en alimentos. Y Punjab fue la clave: cuadriplicó su producción de trigo y arroz, proveyendo al país de casi la mitad de los granos.

Pero los campesinos se vieron obligados a poner cada vez más químicos para mantener la producción. La mayoría tienen unos pocos acres y quieren maximizar las cosechas con productos, alentados por los subsidios del Gobierno que llegan al 85% de su coste.

Así que Punjab, con menos del 2% de tierra cultivable del país, consume el 18% de sus fertilizantes. "Hemos convertido el campo en adicto. Hoy tengo que usar dos o tres veces más cantidad que antes. Querría dejarlos. Son muy caros, pero temo no poder mantener a mi familia sin ellos. Somos dependientes del veneno", explica el campesino Amarjee Singh.

Así, tras cuatro décadas de intensivo uso de químicos -algunos prohibidos en Europa y en EE UU-, éstos han llegado al agua subterránea y se han colado en la cadena alimentaria. Las industrias que vierten sus residuos en los ríos tienen parte de la responsabilidad, sin duda. Pero son los pesticidas los que explican que el agua en Punjab sea "un riesgo para la salud" y una de las principales causas de muerte, según un reciente estudio del Consejo de Control de Contaminación del Agua del Estado. Los tóxicos podrían estar en el origen de enfermedades como la que impide moverse a Javgdev, o el cáncer.

El secretario de Salud y Bienestar Familiar de Punjab, Tilak R. Sarangal, que tiene ese informe sobre su escritorio, dice: "Los niveles de contaminación y tóxicos en el agua son alarmantes, pero no podemos achacar a ello los enfermos de cáncer". Otros especialistas coinciden en que es imposible establecer una causa-efecto directa. "Pero sí hemos encontrado correlaciones epidemiológicas. Cada vez se usan más pesticidas y hay más gente enferma", asegura GPI Singh, director del Colegio Médico y hospital Dayanand.

Singh ha trabajado en la zona durante más de 25 años. Sabe de lo que habla cuando asegura que están aumentando de forma impresionante los índices de cáncer, los abortos espontáneos, los defectos en el cerebro, la alteración en el ADN, la menstruación temprana y el poco esperma en los hombres. "La revolución verde ayudó a alimentar a una generación pero con el coste de dañar la salud y con alimentos tóxicos". En la sangre de los punjabis se pueden encontrar desde seis hasta 13 residuos de pesticidas diferentes.

Las pérdidas también comienzan a notarse en los bolsillos de los campesinos y en la economía de la agricultura por la mayor necesidad de pesticidas y el aumento del precio del petróleo. "La revolución se ha vuelto marrón. Las ganancias se han encogido al mínimo", asegura el profesor de economía de la Universidad Punjabi, R. K. Mahajan. También ha hecho a los campesinos dependientes del mercado, según Umendra Dutt, director de Kheti Virasat Misión, una ONG que promueve la cosecha orgánica. "Necesita mucha inversión y absorbe muchos recursos. Ha devastado completamente el ecosistema, a nuestra sociedad y a la economía", dice.

Pero el Gobierno tiene otra opinión y sigue apostando por los productos químicos en la agricultura. "Sin ellos no podríamos ser autosuficientes y sufriríamos más en este tiempo de subida de precios en los alimentos", dice Dharam Pal, comisionado para el manejo de la nutrición integrada del Ministerio de Agricultura. Pero los detractores de la agricultura química apuntan otros motivos. "La producción de alimentos no se disminuiría con cultivos orgánicos. Esa es una mentira que las empresas han hecho creer al Gobierno para venderle sus productos", según Devinder Sharma, director del think thank de agricultura Forum.

Los expertos son pesimistas: "Al menos a medio plazo la canasta de pan de la India seguirá envenenada. Los tóxicos que ya están en el ambiente seguirán afectando por décadas", dice Singh.

"Si Europa da marcha atrás, provocará un efecto dominó" Rajendra Pachauri




MARUXA RUIZ DEL ÁRBOL

Fuente: EL PAÍS - Sociedad - 16-10-2008

Junto con Al Gore es la cara visible de la lucha contra el cambio climático. Una cara grande y misteriosa: la piel es oscura y las arrugas, formadas en 68 años de vida, más oscuras aún. El año pasado el indio Rajendra Pachauri, que ocupa la presidencia del Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC), el grupo de expertos que ha alertado al mundo del problema, compartió con el ex candidato a la Casa Blanca el Nobel de la Paz. Ayer pasó 24 horas en Madrid para asistir como invitado de honor a una reunión de la comisión mixta Congreso-Senado del cambio climático.
Pregunta. Varios dirigentes europeos han dicho que la crisis podría obligar a flexibilizar los objetivos para paliar el cambio climático. ¿Crearía un efecto dominó en otros países?

Respuesta. Europa tiene un liderazgo y ha de conservarlo. Si echa marcha atrás, eso necesariamente tendrá su efecto en otras regiones del mundo.

P. ¿Qué consecuencias tendrá?

R. No es cómo vaya a afectar, ya está afectando y el daño seguirá siendo visible en los próximos decenios. Si no se hace nada, entres o cinco años las consecuencias serían graves. Espero que en Cumbre de Copenhague de 2009 se adopten medidas adecuadas que nos permitan ir, a todos en bloque, en la dirección correcta.

P. ¿Las medidas contra el cambio climático pueden lastrar la economía?

R. De aquí a dos, tres, meses empezaremos a ver estabilidad en los mercados y la gente se preguntará por las razones fundamentales subyacentes a estos problemas y es que nuestro sistema económico no es sostenible. Esta es una oportunidad única para crear una nueva industria, ecológica, que sustituya a la antigua. Alemania ya lo ha hecho y, además de reducir emisiones, crearon miles de puestos de trabajo.

P. ¿Qué expectativas pone en las elecciones de EE UU?

R. Soy muy optimista. Con el nuevo gobierno habrá un cambio de política. La presión de los estados cada vez es mayor. California y los estados del noreste, y ciudades como Nueva York o Chicago ya están haciendo grandes esfuerzos por la reducción de CO

2. Otro factor es que la población se da cuenta de que la dependencia del crudo está teniendo un impacto negativo sobre EE UU. De ahí la importancia de pasar de combustibles fósiles a otro tipo de energías. Por eso, tanto económica como estratégicamente el nuevo presidente tendrá que tener en cuenta el calentamiento global.

P. ¿Es la energía nuclear una alternativa válida para reducir emisiones?

R. Es cierto que no tiene prácticamente ninguna incidencia en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero pero, como apuntamos en el 4º informe del IPCC, tiene muchos problemas a considerar como la proliferación de armas nucleares o la gestión de los desechos radiactivos. Para más inri no está al alcance de todos los países y ni todos disponen de la tecnología para conseguirla.

P. ¿Y los biocombustibles?

R. Los hay buenos y malos. Si hablamos de convertir alimentos en combustible creo que no es la respuesta. Pero también existen biocombustibles como la jatrofa, que se puede cultivar en un suelo muy pobre y de la que se extrae un aceite similar al diésel. Es una planta que no sirve ni siquiera para el pastoreo porque tiene determinados elementos tóxicos.

P. Muchos economistas están aconsejando opciones drásticas para reducir las emisiones como disminuir la natalidad o dejar de comer carne ¿Qué opina?

R. La reducción de la natalidad pasa necesariamente por el respeto a los derechos humanos. Si se reduce la tasa de la natalidad tendrá que ser de manera voluntaria. Hay que educar para que la población se de cuenta de las ventajas de tener una familia pequeña, poner a disposición la contracepción o posibilitar la salida del aborto. Pero la natalidad es sólo una parte de la ecuación. La otra es el consumo. Un estadounidense medio consume 40 veces lo que un ciudadano de Bangladesh, por lo que cada estadounidense tiene el mismo impacto ambiental que 40 indios.

P. ¿Y sobre la carne?

R. Soy de los que piensan que sí convendría frenar un poco el consumo. No dejar totalmente de comer carne, pero sí tomar menos. Un estudio de la FAO [Organización de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación] ha demostrado que el círculo de producción de carne supone el 18% de los gases de efecto invernadero. Si pudiéramos reducir sólo un 5% ya habríamos ganado bastante. Yo soy vegetariano desde hace años.

P. En cuestión de tomar medidas realmente efectivas, incluso revolucionarias, los países emergentes y los desarrollados parece que siempre esperan que el otro del primer paso.

R. En India hay 400 millones de personas sin electricidad. Si decimos que la India y China no deben de emitir gases de efecto invernadero, ¿eso qué significa, que esos millones de indios se van a quedar sin electricidad? Si vivimos en un solo mundo no puede ser que haya dos sistemas y dos modelos de vida. Los que ya han llegado a cierto nivel tienen que mostrar el camino a seguir para evitar que se repitan errores, mostrar que hay maneras de hacer las cosas de forma responsable.

La ecología sucumbe a la economía




La crisis da un respiro a Kioto a corto plazo, pero que nadie se engañe: aparca decisiones clave

RAFAEL MÉNDEZ


Fuente: EL PAÍS, 16-10-2008

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, repetía que en unos meses convocaría una conferencia de presidentes autonómicos para abordar el problema del cambio climático. ¿Se acuerdan de esa reunión? No, no se acuerdan. Nunca se celebró.


La recesión reduce la emisión de CO2 y puede "enmascarar la realidad"

España mantiene su apoyo al plan de la UE para reducir las emisiones

Si Europa no lidera un acuerdo será muy difícil pactar un Kioto II

Muchos países piden anteponer la recesión al calentamiento global

La Junta de Andalucía tiene previsto reformar hasta siete leyes ambientales para "agilizar el desarrollo de actividades económicas". Se trata de facilitar la actividad económica en algunos parques naturales y autorizar con mayor rapidez campos de golf "de interés turístico".

Hay más ejemplos. Y en todo el mundo. En diciembre del año pasado en la Cumbre Mundial del Clima de Bali el ministro alemán de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel, pedía al mundo valentía para "reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 50%". Ahora Alemania insiste en que para sus empresas sería muy complicado cumplir el objetivo de reducir las emisiones un 20% que pactó la Unión Europea para 2020 y que limitar por ley las emisiones de los coches hundirá la industria del automóvil.

Una decena de países de la Unión considera que no es el momento de aprobar el ambicioso plan de reducción de emisiones y fomento de energías renovables pese a que en sólo un año la ONU debe aprobar un acuerdo que sustituya al Protocolo de Kioto y que, sin el empuje de la UE, el acuerdo está prácticamente abocado al fracaso. El secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, afirmó ayer que España apoya la propuesta de la Comisión para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: "No sólo es compatible la lucha contra la crisis financiera y la del cambio climático sino que no reducir las emisiones agravaría la primera".

La tormenta económica perfecta (crisis financiera, explosión de la burbuja inmobiliaria, aumento del paro e inflación) ha hecho que el cambio climático y el medio ambiente queden, si no aparcados, sí lejos de las prioridades de los gobiernos. La paradoja es que los efectos de esta relajación normativa no se verán a corto plazo -la crisis puede llegar a ser buena para el medio ambiente- sino en unos años.

Hay muchos factores por los que un ecologista se podría alegrar de la crisis. El consumo de gasolinas en España en los primeros ocho meses del año bajó un 6% respecto al mismo periodo del año anterior, según datos del Ministerio de Industria. Red Eléctrica de España asegura que el consumo de electricidad entre enero y octubre ha subido sólo un 2% (durante años el ritmo de crecimiento ha sido muy superior). Las emisiones de CO2 del sector eléctrico en agosto fueron un 21% inferiores a las del mismo mes de 2007 (datos de WWF/Adena).

Esto, unido al hundimiento en el consumo de cemento (un 18,6% menos hasta agosto), la bajada en la producción del ladrillo, cerámica y demás industria auxiliar de la construcción, gran consumidora de energía, hace presagiar un buen año de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, el aumento del precio de la tonelada de CO2 emitida hace que no sea tan atractivo quemar carbón. Todo sopla a favor de la reducción de emisiones después de años de mala nota (España emite un 50% más que en 1990 y es el país desarrollado que más se aleja de Kioto).

Por otra parte, el fin de la burbuja inmobiliaria ha salvado valiosos enclaves del ladrillo. El Gobierno de Murcia, del PP, desprotegió por ley un parque natural en la costa para construir una ciudad de vacaciones sólo comparable a Marina d'Or. Se llamaba Marina de Cope y, aunque oficialmente sigue adelante, nadie cree que las constructoras y cajas de ahorros que lo impulsan tengan capacidad en este momento para construir las 11.000 viviendas, 22.000 plazas hoteleras, cinco campos de golf y una marina interior artificial con 2.000 amarres, que están previstas en el plan.

El grupo estadounidense Harrah's ha renunciado a construir el Reino de Don Quijote (casinos, hoteles como en Las Vegas...) en Ciudad Real y la suspensión de pagos de la inmobiliaria Martinsa-Fadesa evitó la construcción de una estación de esquí con miles de casas en el Pirineo de Lleida.

Los planes de miles de viviendas en zonas de costa vírgenes o en la montaña sólo existen (de momento) en la imaginación de sus promotores y alcaldes.Es decir, la crisis ha dado un respiro a los ecologistas y a la Fiscalía de Medio Ambiente. En el tema del cambio climático, la reducción del consumo -unido a las políticas de fomento de renovables de los últimos años y que ya son más que evidentes- hace que, por primera vez en muchos años, en 2008 España pueda presentar resultados alentadores de reducción de emisiones de CO2. Estos gases se acumulan en la atmósfera, retienen parte del calor y calientan el planeta.

El ex presidente del Congreso y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, Manuel Marín, afirma que "sería un error ahora dejar de lado las políticas de lucha contra el cambio climático". "Si disminuye el consumo de energía y el transporte y la gente gasta menos se puede dar el equívoco de que durante unos años dé la impresión de que vas en la buena línea, pero eso significaría enmascarar la realidad". Marín añade que esgrimir ahora los problemas de competitividad de la industria para frenar la inversión en renovables o las trabas a los sectores más contaminantes "discriminaría a las empresas que sí se han adaptado y han reducido sus emisiones".

"No deberíamos apartarnos de la lucha contra el cambio climático. Si hay algún sector que tiene futuro y si queremos pasar del ladrillo y la construcción a sectores de innovación y desarrollo las energías renovables son la apuesta", afirma Ladislao Martínez, responsable de energía en Ecologistas en Acción: "Cuando España va a China no vende informática sino parques eólicos. Eso es gracias a la inversión de estos últimos años. Hay que seguir esa línea".

Pero las renovables son más caras que la quema de carbón, por ejemplo, elevan el precio de la luz y la inflación. Y con medio millón más de parados en el último año en España y con la inflación vinculada al precio de la energía la tentación de cualquier gobernante es esperar a momentos mejores.

Los presupuestos del nuevo ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino suben un 0,9% respecto a la suma de sus dos predecesores: Agricultura y Medio Ambiente, muy por debajo de la inflación. El Gobierno acaba de reducir las primas a la energía solar fotovoltaica, que vivía una explosión excesiva gracias al sobreprecio que todos los españoles pagaban en el precio de la luz. El recorte fue apoyado por todos salvo por los productores de paneles solares.

La situación se repite en todo el mundo. La Agencia Internacional de la Energía redujo hace una semana sus previsiones de crecimiento de la demanda de energía hasta el menor nivel desde 1993. El temor es generalizado. Hace dos semanas el ex primer ministro británico Tony Blair pidió en Madrid que "el medio ambiente no sea una víctima colateral de la crisis financiera". La economía va ligada al consumo de energía y éste a las emisiones de gases de efecto invernadero. El mérito no es reducir las emisiones en épocas de recesión sino hacerlo en momentos de bonanza económica. Y el riesgo es que los gobiernos se amparen en las buenas cifras y que cuando la economía se recupere los coches sigan contaminando igual y las fábricas no hayan mejorado su eficiencia. Que no hayan cerrado las suficientes plantas contaminantes ni se haya invertido en tecnología.

Además, si baja el consumo de petróleo baja el precio y las energías renovables no son una inversión tan interesante. Por eso Nicholas Stern, autor del principal informe sobre el impacto económico del cambio climático y del coste de no afrontarlo, pedía hace dos semanas que si el precio del petróleo sigue bajando (está en 74 dólares y llegó a los 150) los gobiernos deberían ponerle un impuesto para reducir su uso y estimular las energías limpias.

Jordi Ortega, director de Expo CO2, una feria sobre los mercados de carbono, y coordinador de un programa de economía y cambio climático en la Universidad de Barcelona, no cree que haya ya marcha atrás: "Los activos tóxicos hoy son los de la economía alta en carbono. Invertir en una economía más limpia reduce la dependencia del petróleo y eso interesa a todos los países ricos".

Los partidarios de mantener la lucha contra el calentamiento global a pesar del coste a corto plazo insisten en que la crisis financiera es coyuntural y la ambiental es estructural. "La crisis económica está aquí un día y al siguiente ha desaparecido; la del cambio climático estará siempre y hay que afrontarla", declaraba hace unos días el comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas. Aseguran también que los costes de no hacer nada son mucho menos visibles pero comparables. Un estudio encargado por el Gobierno alemán y presentado el viernes pasado en el Congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) en Barcelona señalaba que sólo la deforestación tiene un coste anual de "entre dos y cinco billones de dólares, más que lo que ha supuesto el colapso de Wall Street". Sostienen que no hay dilema entre medio ambiente y economía. Pero muchos gobernantes no lo ven así.



Kyoto 2: un camino irreversible


Antonio Cerrillo

Fuente: La Vanguardia (17-10-2008)

El Consejo Europeo ha resistido uno de los embates más serios para que la UE postergue los nuevos objetivos para luchar contra el cambio climático. Las presiones no hacen sino confirmar que existen poderosos sectores en Europa (entre ellos, empresas contaminantes) que quieren apartar de la agenda política la preocupación ambiental. No es la primera vez que están al acecho esperando cualquier coyuntura para pedir que se desande el camino de Kioto. Pero esta senda ya es irreversible. El premio Nobel de la Paz Rajendra Pachauri dice que ceder a esta presión sería un error: la crisis es la demostración de que el actual modelo económico es insostenible.

La crisis financiera se gestó sobre una gran distorsión del sistema productivo, que pivotó en exclusiva sobre el ladrillo. Por eso, que la salida sea un maquillaje con dinero público es poco ético si no se da una reflexión para no tropezar otra vez con la misma piedra. Además, hay sectores emergentes que salen reforzados (eléctricas que apuestan por energías renovables, fabricantes que se decantan por coches limpios...). "La crisis es una oportunidad. Hemos visto los riesgos financieros que comporta una economía que hace un uso intenso del carbono y ahora las inversiones deben ir a las fuentes renovables, a las tecnologías bajas en carbono", explica Jordi Ortega, director de Expo CO de Barcelona.

La crisis tiene un efecto benéfico coyuntural sobre el medio ambiente. Las emisiones de gases se han contenido por un menor consumo de energía; el tráfico descendió en el primer semestre un 2,9% en Barcelona y la generación de residuos ha disminuido en Madrid un 4%. Igualmente, se han frenado megaproyectos devoradores de suelo, recursos naturales y agua. Pero este beneficio debe fortalecerse.

En cambio, muchos desvían la atención. Existe el riesgo de que las administraciones edulcoren la tramitación ambiental (para nuevos megaproyectos inmobiliarios) con la excusa de dar empleo. Y ya se han reducido las primas a la energía fotovoltaica, justo cuando esta fuente empieza a salir en las estadísticas de producción eléctrica.

Es lógica la colisión de intereses. Las reglas de Kioto imponen estrictas cuotas de emisión de CO a las grandes industrias y extenderán estos cupos menguantes a otras. Muchas sufren un aumento del precio de los derechos de emisión (hasta 25 euros la tonelada). Y la UE advierte que a partir del 2012 estos derechos ya no serán gratis (pues negocian con un capital común: el aire limpio). Es cierto que esta presión sobre las empresas alimenta el riesgo de deslocalización. Pero la única solución es que las reglas del mercado que impone la protección del clima sean también globales.

España, Dinamarca e Italia son los únicos países qie incumplirán Kioto

Fuente: La Vanguardia (17-10-2008)


La Agencia Europea de Medio Ambiente vaticina que en la UE-15 sólo España, Dinamarca e Italia incumplirán el protocolo de Kioto, que fija reducción de gases en el periodo 2008-2012 respecto a 1990. Las previsiones para el 2010 concluyen que estos países rebasarán sus límites incluso aplicando nuevas políticas y aunque aumenten los sumideros de carbono (los bosques absorben CO ) y otros mecanismos previsto 2 en el protocolo de Kioto. La agencia admite sin embargo que España registra avances.

España sólo podía incrementar un 15% sus emisiones, pero hasta el 2006 ya las había aumentado un 49,5%, y las proyecciones indican que para el 2010 habrán alcanzado un 52% de más. Está, pues, 37 puntos por encima del objetivo, de manera que, aunque se contabilizara un descuento de 31,5% puntos (contando los planes adicionales, más ganancia en sumideros de carbono y créditos de reducción de gases fuera de la UE), las emisiones estarían 20,5% por encima de lo fijado.

En cambio, otros países salen muy bien parados. En el 2006, habían alcanzado su meta (de media, la UE-15 debe reducir sus gases un 8%) cuatro países: Francia, Grecia, Suecia y Gran Bretaña, mientras que los ocho restantes (entre ellos, Alemania u Holanda) aún no han cumplido el objetivo, pero lo lograrán.

El informe señala que la UE-15 podrá reducir sus emisiones hasta un 11%, siempre y cuando combine las políticas internas (medidas vigentes y planeadas) con créditos externos de reducción de gases. De hecho, estos estados ya han logrado una reducción del 2,7% en las emisiones el 2006 y continuarán recortando los gases hasta un 3,6% hasta el 2010 (a los que se sumarán nuevos recortes: del 3,3% con medidas complementarias, del 1,4% de aumento de sumidores de carbono y de un 3% con mecanismos de Kioto).

Los resultados serían aún mejores si algunos estados ampliaran las restricciones a las industrias incluidas en el régimen de comercio de derechos de emisión, declaró Jacqueline McGlade, directora de la Agencia Europea.

El Ministerio de Medio Ambiente se defendió diciendo que que el informe no recoge las actuaciones de las comunidades autónomas (se trabaja en su cuantificación), ni valora las nuevas líneas estratégicas recién aprobadas por la comisión delegada del Gobierno para el cambio climático para arañar nuevos recortes en dos años (en los ámbitos de los residuos, transporte, energía, política forestal e innovación).