"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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sábado, 19 de septiembre de 2009

Cuando el trabajo mata

La vida laboral, que antaño proporcionó seguridad, produce hoy inseguridad. Resulta imprescindible hallar un equilibrio entre las exigencias de una sociedad competitiva y la salud pública. Casos como el de France Télécom no deben repetirse.

Editorial de LA VANGUARDIA, 18-09-2009

VEINTITRÉS trabajadores de France Télécom, el gigante francés de las telecomunicaciones, se han suicidado en los últimos dieciocho meses. Al decir de los sindicatos, este trágico goteo está directamente relacionado con el incremento de la presión ejercida por la empresa sobre sus empleados. Es decir, con la generalización de los cambios de puesto de trabajo, con un estrecho control de los trabajadores o con la movilidad laboral. El Gobierno Sarkozy, alarmado por esta tasa de suicidios - que triplica la del conjunto de la población activa francesa-,ha decidido intervenir y poner bajo su tutela a la firma. Y su dirección se ha visto forzada a suspender temporalmente el proceso de reestructuración interna y a contratar equipos de asistencia psicológica. Su prioridad es ahora detener la terrible sangría.

France Télécom ha vivido en los últimos años un acelerado proceso de privatización. En 1996, el Estado controlaba el 100% de sus acciones. Hoy cuenta sólo con el 27%. Su plantilla, antaño integrada por funcionarios, se ha visto sometida a un brusco cambio de cultura empresarial, acentuado por razones coyunturales. Habituada a la comodidad del monopolio, France Télécom se vio súbitamente abocada a la competencia con otros operadores, y debió adaptarse al manejo de nuevas herramientas como la telefonía móvil o internet.

El caso France Télécom mueve, ciertamente, a la reflexión. Nadie niega que vivimos en una sociedad competitiva, ni que el esfuerzo o la capacidad de adaptación a los nuevos retos son indispensables para el progreso profesional y empresarial. Pero nadie en su sano juicio negará tampoco que la revisión de la política laboral de France Télécom era necesaria.

"Ganarás el pan con el sudor de tu frente", leemos en el Génesis. Dicho de otro modo, el sacrificio ha sido siempre un elemento asociado al trabajo. Pero antes el sacrificio solía verse compensado con la estabilidad. Ahora ya no. Según ha documentado el ensayista Richard Sennett, vivimos en otro marco laboral, en una economía más dinámica, donde el brillo de la innovación y de los proyectos a corto plazo oculta a veces las miserias de la transitoriedad y de la pérdida de confianza.

En este contexto, la creciente fragilidad de los vínculos laborales mina la posición de los trabajadores, en términos económicos y, lo que quizás sea peor, en términos de autoestima. La vida laboral, que antaño proporcionó seguridad, produce hoy inseguridad. Resulta por tanto imprescindible hallar un equilibrio entre las exigencias de una sociedad competitiva y la salud pública. Casos como el de France Télécom no deben repetirse.

sábado, 18 de octubre de 2008

Crisis y responsabilidad de la empresa


Responsabilidad de la empresa, DANIEL ARENAS, profesor del Instituto de Innovación Social de Esade (URL)

Fuente: La Vanguardia (17-10-2008)

Algunos se preguntan si la crisis financiera global va a acabar con la responsabilidad social de la empresa (RSE). Esperan que se demuestre que esto era una moda pasajera, argumentando que las empresas van a tener menos recursos para ocuparse de algo secundario como el impacto social y medioambiental de sus actuaciones. Efectivamente, es probable que, como en otros aspectos, la crisis tenga un efecto limpieza también en el campo de la RSE y que esto permita separar el grano de la paja. Los sacrificados serán los programas costosos, mal ideados, meramente decorativos y que crean poco valor para la sociedad y para la empresa.

Sin embargo, puede plantearse al revés: ¿la crisis es el resultado de demasiada responsabilidad social o de demasiado poca?
Algunas de las causas profundas de esta crisis, tanto aquí como en Estados Unidos, tienen que ver con viejos conocidos como la avaricia, la imprudencia y la negación de la evidencia. Su prolongación (empezó en abril del 2007 en EE. UU. y ya veremos) se debe en parte a la falta de transparencia de las grandes entidades financieras internacionales y al temor de los bancos centrales a exigírsela. Ha fallado también el control que deben ejercer los consejos de administración. Y en vez del enfoque de la triple cuenta de resultados, se ha impuesto una visión estrecha y ambiciosa de los objetivos empresariales, ejerciendo una presión demasiado grande sobre los empleados para que los cumplan y desestimando las consecuencias.

Por todo ello, las expectativas y demandas de la sociedad irán hacia una mayor exigencia en la rendición de cuentas. Tampoco va a disminuir la
sensibilidad social hacia la crisis medioambiental, la pobreza, las desigualdades, la identidad y la diversidad. Y la mirada se continuará dirigiendo hacia las grandes empresas, puesto que ellas tienen la tecnología, los recursos y el alcance para aportar soluciones.

Lo que está en juego, pues, no es la necesidad de la RSE, sino cómo se entiende y se aplica.
Los programas, auditorías, certificaciones e informes son instrumentos que pueden ser bien o mal utilizados. Pero hay tres conceptos que son relevantes: riesgo, confianza e innovación. Para ello, se necesitan mecanismos de control interno y externo, transparencia y honestidad con los grupos de interés, y buscar procesos y productos que generen valor social, medioambiental y empresarial.