"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 16 de septiembre de 2010

Polarización social y pensiones, de Vicenç Navarro en Público,16 Septiembre, 2010

La enorme concentración de la riqueza (tanto de la renta como de la propiedad) que ha ocurrido en la mayoría de países de la OCDE (incluida España) ha generado un debate en muchos de aquellos países que no ha aparecido en los mayores medios de difusión españoles. El tema que sí que ha aparecido mucho en nuestros medios ha sido la supuesta insostenibilidad del futuro de las pensiones, que ha originado la propuesta del Gobierno español de retrasar la edad de jubilación. Pero de concentración de las rentas y de cómo esta concentración está afectando al futuro de las pensiones no se ha escrito nada en los cinco rotativos de mayor difusión del país. Repito, nada.

No así en EEUU. En aquel país ha existido un debate muy intenso en varios diarios, incluido The New York Times. En EEUU, como también en España, las fuerzas conservadoras y liberales están subrayando que la transición demográfica hace inviable el futuro de las pensiones, a no ser que se retrase la edad de jubilación. Muchas de estas fuerzas están incluso proponiendo que la edad obligatoria de jubilación se retrase a los 70 años.

Las izquierdas, sin embargo, no están aceptando tal argumento y propuesta. Y están centrando su atención en la escandalosa concentración de las rentas que se ha ido produciendo en aquel país durante los últimos 30 años, consecuencia de las políticas neoliberales iniciadas por el presidente Reagan en EEUU y desarrolladas más tarde por la mayoría de los gobiernos de la OCDE, incluidos aquellos gobernados por partidos de raíces socialdemócratas, muchos de los cuales se han transformado en partidos socioliberales. En EEUU, el 1% de la población que tenía el 8% de la renta nacional en los años setenta ha pasado a tener el 24% en el año 2009.

El lector se preguntará: “¿Y qué tiene esto que ver con la viabilidad del sistema de pensiones públicas?”. Pues la respuesta es que tiene mucha relación. El sistema de financiación de la Seguridad Social es sumamente regresivo: es decir, cuanto más rica es la persona, menos paga (en términos proporcionales) a la Seguridad Social. Bill Gates, uno de los ciudadanos estadounidenses más ricos del mundo, paga 6.622 dólares a la Seguridad Social, prácticamente la misma cantidad que paga un empleado medio de su empresa. En EEUU (como en España), la carga impositiva para la Seguridad Social tiene un umbral (en EEUU es de 106.800 dólares) por encima del cual no se pagan impuestos para financiar las pensiones públicas. Monique Morrissey, del Economic Policy Institute (uno de los centros de investigación económica más reputados de Washington) ha calculado que eliminando gradualmente tal umbral –de manera que cada año se aumentara un 2%, hasta llegar a cubrir el 90% de la renta del contribuyente– se cubriría un tercio del déficit proyectado para el año 2040. Si en lugar de hacer el cambio gradualmente se hiciera inmediatamente, los fondos recogidos eliminarían aquel déficit completamente.

El hecho de que todo el debate en España (uno de los países de la OCDE, junto con EEUU, que tiene mayores desigualdades de renta) se centre en alargar obligatoriamente la edad de jubilación, en lugar de en aumentar la progresividad en la financiación de la Seguridad Social, se debe a que el sector de la población de rentas altas en España tiene mucho más poder político y mediático en nuestro país que el ciudadano normal y corriente. En realidad, la visibilidad mediática y política de una política pública tiene menos que ver con los méritos de tal propuesta que con las cajas de resonancia mediática de que goza. Véase, como ejemplo, el contraste en la exposición que tienen en los medios las medidas de austeridad y recortes de derechos sociales y laborales frente a las necesarias y urgentes reformas fiscales que se requieren para mejorar la capacidad recaudatoria del Estado y su progresividad.

Existe otra consecuencia de la creciente polarización de las rentas sobre las pensiones, de lo que tampoco se habla en el debate sobre las pensiones en España. La propuesta de retrasar obligatoriamente la edad de jubilación para toda la población que trabaja discrimina a las personas de baja cualificación y rentas bajas a costa de las rentas altas y medias-altas. Así, en EEUU una persona perteneciente al 5% de la población, la de mayor renta, vive 15 años más que una persona perteneciente al 5% inferior. En realidad, mientras la esperanza de vida de los ricos ha aumentado cinco años durante el periodo 1980-2009, la de las personas de rentas inferiores ha aumentado sólo un año (y entre las mujeres de este grupo de rentas el aumento ha sido incluso menor). Es un enorme error que no se permita a las personas con trabajos poco satisfactorios y estresantes jubilarse antes (en España el número de trabajadores que indica que su trabajo es estresante ha subido en los últimos 20 años de un 32% a un 48%. De ellos, el 68% realiza trabajos poco cualificados). Como también es un enorme error forzar obligatoriamente a personas altamente cualificadas a que se jubilen a los 65 ó 67 años, cuando todavía están en plena actividad intelectual. La pensión debería ser un derecho, no una obligación. De ahí que a las personas que gozan de su trabajo y que vivirán más años que las personas con bajas cualificaciones que vivirán menos, debería permitírseles retirarse más tarde de la edad obligatoria, si así lo desean.

Pero además de ser un error el retraso obligatorio de la edad de jubilación, es una gran injusticia, pues retrasarla significa en la práctica que los que vivirán menos años trabajen dos años más (algunos incluso piden cinco años más) para pagar las pensiones de los que vivirán más años, sobreviviéndoles incluso 15 años en EEUU y diez en España (en la UE-15 son siete años). Estas son las consecuencias que la polarización de las rentas tiene en la financiación y en la equidad del sistema de pensiones, de lo cual apenas se habla en nuestro país.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University

miércoles, 12 de mayo de 2010

La natalidad entra en declive en Catalunya El análisis



FUENTE: http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100512/53925639180.html 

La media de hijos por mujer preocupa más que el total de nacimientos

"La fecundidad no debería reducirse"

BARCELONA - Redacción

El descenso de natalidad registrado en Catalunya en el 2009 después de trece años seguidos de aumento preocupa menos a economistas y sociólogos que el hecho de mantener estable la tasa de fecundidad - el número medio de hijos por mujer-y de asegurar que los niños tengan después una educación de primer nivel. La calidad antes que la cantidad.

Según adelantó ayer La Vanguardia,el año pasado nacieron en Catalunya 85.916 niños, un 3,8% menos que en el 2008. Este descenso pone fin al ciclo de aumento de la natalidad iniciado en 1996 y augura un declive que se prolongará hasta más allá del 2020, según las proyecciones del Institut d´Estadística de Catalunya (Idescat)

Pero el número total de nacimientos es una cifra sobre la que los especialistas en ciencias sociales no hacen juicios de valor. Más importante que la cifra bruta de natalidad es la tasa de fecundidad, que indica cuántos hijos tiene cada mujer por término medio. Una reducción de la tasa de fecundidad indicaría que las parejas empiezan a tener menos hijos. O, lo que es lo mismo, que una proporción significativa de parejas renuncian a tener hijos que, en circunstancias más propicias, hubieran tenido.

Con los datos de natalidad del 2009 conocidos hasta ahora, que se derivan del registro de bebés nacidos en Catalunya del Departament de Salut, aún no es posible saber si en el 2009 se ha reducido la fecundidad o sólo la natalidad. Los demógrafos ya habían pronosticado que Catalunya entraría en una fase de declive demográfico cuando las generaciones nacidas durante el baby boom de los años setenta dejaran de tener hijos y las generaciones vacías de los años ochenta llegaran a la edad de reproducción. La natalidad, decían, tenía que bajar algún día porque se reduciría el número de personas en edad fértil. El momento ha llegado. "El panorama que tenemos ahora por delante, con una población que va reduciendo con la edad sus efectivos, desde un máximo a los 34 años de edad a un mínimo de más lejos", dice el demógrafo del centro Migra Studium Lluís Recolons.

El inicio del descenso se registró en abril del 2009, nueve meses después de que los efectos de la crisis empezaran a castigar a la población, lo que sugiere que sí pudo producirse un descenso de la fecundidad. También es probable, aunque por ahora sólo es una hipótesis, que este posible descenso de la fecundidad haya afectado más a la población inmigrante que a la autóctona. Pero habrá que esperar a que el Idescat presente los datos detallados de los nacimientos del 2009 para saber cómo evolucionó la tasa de fecundidad.
"Sí sería preocupante si la tasa de fecundidad se redujera en la población autóctona porque, si además deja de llegar inmigración, no habría repoblación", advierte el economista Guillem López-Casasnovas, de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). López-Casasnovas rechaza el discurso catastrofista según el cual, si la natalidad cae, la población activa no será suficiente para pagar las pensiones y la sanidad del creciente número de personas jubiladas. "El discurso que dice que tiene que haber cada vez más jóvenes para equilibrar la seguridad social no es cierto", afirma este catedrático. "Sólo se equilibraría si la política de formación de capital humano fuera de primera división y si el mercado laboral pudiera absorber toda esta masa. Pero España no se distingue precisamente por tener una formación de capital humano de primera división, y los jóvenes tienen una tasa de paro elevada". Margarita Delgado, del CSIC, coincide en que "lo importante, más que el número total de nacimientos, es la estructura demográfica de la población, la relación entre la población activa y la dependiente".