"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los piratas y los mares como metáforas de la globalización (artículo de prensa muy recomendable)

El regreso de los piratas

DANIEL INNERARITY, EL PAÍS 29/09/2009

La piratería ha dejado de ser una curiosidad histórica o una simple metáfora. Los piratas están entre nosotros y por todas partes, adoptando formas diversas: piratas aéreos y marítimos, radios piratas, diputados piratas, terroristas globales, piratas informáticos yhackers, virus, emigrantes clandestinos, ocupas o squats, biopiratería, paraísos fiscales... El pirata forma parte del imaginario contemporáneo de la globalización, en el que se dan cita el capitalismo predador, los movimientos integristas, las redes que escapan a los Estados o los libertarios del ciberespacio desregulado. Habría que preguntarse si esta reaparición de la piratería nos da alguna pista para entender mejor el mundo actual, sus promesas y sus peligros.
En un mundo global, sin fronteras, vuelven los piratas con su ambivalencia de libertad y barbarie
Los paraísos fiscales son una de las figuras de la piratería contemporánea
Podríamos tomar como punto de partida la contraposición entre la tierra y el mar que forma parte de nuestro imaginario geopolítico. Carl Schmitt, en el periodo de entreguerras, se lamentaba de que los Estados terrestres, protectores de la seguridad y la propiedad, estuvieran debilitándose frente a los poderes marítimos, liberales y oceánicos. Este esquema constituye el trasfondo de todos los debates políticos de la modernidad, que han girado en torno a una alternativa fundamental entre los Estados terrestres autárquicos y los poderes marítimos ilimitados, el choque entre una filosofía política de la tierra y una filosofía política del océano, entre un pensamiento del límite contra un pensamiento de lo ilimitado. El moderno Estado nación surge precisamente contra el desorden del mar, contra ese elemento de lo móvil, inestable, flotante, fluctuante y huidizo que los piratas encarnan simbólicamente. Para el reaccionario Schmitt, lo finito y acabado representaría el ideal frente a lo abierto e inacabado, propio de las sociedades liberales.
Todo parece indicar que la batalla se inclina actualmente en favor de eso que Bauman ha llamado el "mundo líquido": la globalización es impulsada por la fluidez general, la liquidación no sólo de las viejas fronteras, sino de la idea misma de frontera, que se convierte en algo obsoleto en un espacio desterritorializado. El mar, ese medio informe, sin huella, el universo del peligro y la conquista, es ahora la sociedad del riesgo, los espacios desregulados de las finanzas y el consumo, sobre los cuales el viejo Estado nación aparece como una potencia sin autoridad. No tiene nada de extraño que la figura del pirata reaparezca en un mundo así y que lo haga con toda su ambivalencia de libertad y barbarie.
El pirata encarna la figura de un tipo de enemigo que no amenaza tanto a un país en particular como a las naciones terrestres en general, no a una soberanía concreta como a la idea de soberanía en general. Es alguien que "desafía toda forma de respetabilidad organizada", dice Philip Gosse en su célebre Historia de la piratería. Pues bien, no creo estar forzando la metáfora si afirmo que la piratería representa una nueva forma de estar en el mundo que se ha vuelto líquido. No me refiero sólo al terrorismo global sino a formas actuales de la globalización que retoman el modelo de la rapiña. Podríamos pensar en el comportamiento de los consumidores, tan similar al pillaje (como se pone de manifiesto el primer día de rebajas en los grandes almacenes o en cualquier forma de consumo que implica un daño sobre el medio ambiente).
La analogía se acredita también si examinamos el actual panorama ideológico, más líquido que terrestre, con unas estrategias políticas más cercanas a la piratería que a la acción tradicional. El actual desencanto ideológico se pone de manifiesto en el hecho de que ni la izquierda ni la derecha están especialmente interesadas por intervenir a través de los habituales procedimientos de representación. Tanto el individualismo conservador como el izquierdismo radical se entienden a sí mismos como "contrapoderes", como "para-política". Para ambos el pirata representa el paradigma de la lucha contra la rigidez del Estado o contra el orden neoliberal; por distintos motivos, e incluso contrapuestos, la piratería es considerada como la estrategia más adecuada a las evoluciones económicas y culturales del capitalismo. Unos hablan de sociedad civil y otros de multitud, ambos conceptos muy líquidos. La derecha prefiere el mercado que el Estado y la izquierda formula, en vez de las tradicionales formas de lucha sindical, social, institucional o armada, unos sustitutos de combate como el exilio, la defección o la nomadización.
Una de las figuras más elocuentes de la piratería contemporánea son los paraísos fiscales, esos lugares sin identidad, sin fiscalidad ni obligación de residencia. Allí se consagra el curioso derecho de abandonar todo espacio político sustrayéndose al impuesto que es el símbolo del poder territorializado. Estas islas donde no rige el derecho invierten la relación entre la tierra y el mar: la tierra firme se encuentra ahora en la periferia de un mundo líquido, los Estados en la periferia del mundo financiero. Es como si viviéramos en un mundo en el que el mar hubiera tomado el poder sobre la tierra firme. Por eso cabe interpretar que la actual batalla contra los paraísos fiscales es una revancha de las potencias terrestres contra las derivas del nuevo poder desterritorializado.
El ciberespacio proporciona una gran cantidad de metáforas marítimas y piratas. Allí se mueven otros navegantes con la misma lógica libertaria con la que los expertos financieros inventan productos para escapar de una posible regulación. Los hackers se cuelan por los huecos de la Red y los financieros buscan los espacios off shore como los piratas circulan entre los espacios de la soberanía. Al igual que los piratas históricos, los navegantes de la Red viven en un archipiélago sobre el que el Estado impotente no tiene el monopolio de la violencia legítima.
La piratería es un indicador de falta de regulación, bien sea por encontrarnos ante formas de propiedad inéditas, bienes comunes de difícil identificación o innovaciones que plantean problemas normativos. La nueva piratería se debe especialmente a la actual profusión de bienes públicos, a la indefinición de su naturaleza; responde al hecho de que no siempre es fácil saber quién se hace cargo, de quién es la competencia, a quién pertenece, quién es el autor...
¿Cómo hacer la guerra contra los piratas en mundo líquido en el que no hay propiamente campo de batalla? La represión de la piratería en el siglo XVIII proporciona un modelo que, salvando las distancias, puede orientar nuestro combate contra los delitos globales. El edicto Alien tort statute mediante el cual los americanos trataron de eliminar a los piratas en 1789 nos da algunas pistas en materia de gobernanza y justicia global: debates abiertos, consensos más amplios, unificación de criterios y legislaciones. No hay otra solución que superar el principio de territorialidad del derecho en consonancia con la naturaleza desterritorializada de las amenazas a las que debemos hacer frente, hacer que el derecho sea más "marítimo" y menos "continental", hacerlo isomorfo con su objeto.
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Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía en la Universidad de Zaragoza

miércoles, 7 de enero de 2009

Joven, soltera y con un hijo


Anar al Web de La Vanguardia

Secció '', 03/12/2008

FALLAN LAS POLITICAS DE INTERRUPCIÓN DEL EMBARAZO.

Joven, soltera y con un hijo

Los abortos crecen un 10%, sobre todo entre las mujeres de 20 a 29 años y las menores de 19

C. LÓPEZ / A. RODRÍGUEZ DE PAZ - Madrid

LAS QUE MÁS... Madrid, Baleares, Murcia y Catalunya, las comunidades con más abortos

. . . LAS QUE MENOS Galicia, Cantabria, Extremadura y Navarra registran menos intervenciones

Las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) siguen aumentando. En el 2007 se registró un 10% más que en el año anterior, sobre todo, entre las mujeres de 20 a 29 años, solteras, con estudios secundarios, trabajadoras y con al menos un hijo. También se incrementó el número de abortos en menores de 19 años, que ya alcanzan los 15.300 frente a los casi 14.000 del 2006. Según los profesionales sanitarios, son precisamente estos dos grupos de edad los que están sufriendo la ausencia de políticas de planificación en la última década. Ante estos datos, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas anuncian ahora campañas de prevención.

Los datos facilitados ayer por el Ministerio de Sanidad revelan que la tasa de IVE alcanzó en el 2007 el 11,49 por mil mujeres de entre 15 y 44 años, lo que supone un incremento de casi un punto en un año. La comunidad con mayor proporción de abortos, con diferencia, es Madrid, con un 16 por 1.000 frente al 14,18 del periodo anterior. La presidenta de esta comunidad, Esperanza Aguirre, indicó hace unos días que está estudiando la posibilidad de crear centros especializados para asistir a las madres que renuncien a la tutela de sus hijos como alternativa al aborto.

Tras Madrid, le siguen Baleares (14,91), Murcia (14,80) y Catalunya (14,31 frente a los 13,57 del 2006). A la cola, se encuentran Galicia (4,51), Cantabria (4,63), Extremadura (5,46) y Navarra (5,65). Pocas son las autonomías en las que ha descendido la tasa de interrupciones de embarazos. Es el caso de Asturias, que ha pasado de 8,33 al 7,72 ymuy levemente Cantabria y Castilla y León.

El dato que no se ha modificado desde que hay registro de las IVE es el relativo al tipo de centro donde se practicó el aborto: casi el 98% de estos se realizaron en clínicas privadas, frente a un reducido 2% que se realizó en la pública. También en el 98% de los abortos, la intervención tuvo lugar antes de la semana 20 de gestación.

Los datos señalan, una vez más, que la franja de edad en la que se practican más abortos está entre los 20 y 29 años. En total, casi 56.000 de los 112.000 registrados. "No en vano - explican desde las organizaciones de mujeres-es el momento de mayor actividad sexual". Dentro de este grupo, algo más de 28.000 interrupciones se realizaron a mujeres que no habían alcanzado los 25 años.

En cuanto al perfil de las mujeres que abortan, la mayoría no convive en pareja, tiene ingresos propios, estudios primarios o secundarios y con al menos un hijo. Llama la atención el escaso número de mujeres universitarias que abortan: no alcanza el 15%.

Más del 63% cuenta con ingresos propios y casi el 52% tiene al menos un hijo. Los expertos en esta materia insisten en que esto pone de manifiesto, una vez más, las dificultades que tienen las trabajadoras para poder compatibilizar la vida laboral y la maternidad.

En este grupo, según los especialistas, se encuentran las inmigrantes. Desde las asociaciones de clínicas de interrupción del embarazo ponen el acento en que el 30% de las mujeres que abortan son inmigrantes en edad reproductiva, cuyas prioridades se basan en la supervivencia económica. Estas mujeres, en muchas ocasiones, "se ven abocadas a descuidar su salud reproductiva, produciéndose con frecuencia embarazos imprevistos", señalan. A juicio de las clínicas, el incremento de los abortos se debe a diversos factores, entre los que destacan el adelanto de las relaciones sexuales a edades más tempranas; la falta de formación en materia sexual y afectiva o la ausencia de educación sexual en los colegios.

Las mujeres que abortan de entre 15 y 25 años son las que más preocupan a los profesionales sanitarios, quienes creen que los incrementos de las IVE se deben a la ausencia prolongada de políticas de prevención. Así opina, entre otros, la Federación de Planificación Familiar, que culpa directamente al Ministerio de Sanidad y a las autoridades autonómicas de que en la última década hayan dejado de impulsar iniciativas para prevenir embarazos no deseados ante la baja natalidad que presentaba el país hace sólo unos años, indicó la ginecóloga Concha Martín.

La portavoz de la federación puso como ejemplo a dos de las comunidades que lideran el ranking de las IVE, Madrid y Murcia, donde no se garantiza el acceso a la píldora del día después "ni existen centros de planificación familiar". Martín contrapuso esta situación a la comunidades como Andalucía (con una tasa del 11,22 por mil mujeres), que cuenta con "un buen programa de salud sexual y reproductiva".

Para esta ginecóloga como para el Ministerio de Sanidad, los datos de aborto en España "no son desmesurados respecto al resto de Europa, donde superamos a países como Holanda o Bélgica, pero estamos por debajo de tasas como la francesa, entre otras".

El secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, reconoció asimismo que este departamento está "preocupado por las oportunidades perdidas para evitar embarazos no deseados". Por ello, prevén poner en marcha campañas específicas para facilitar el acceso de los jóvenes al preservativo y concienciarles de los riesgos de mantener relaciones sin protección. "Esta semana vamos a lanzar una campaña específica para impulsar el uso del preservativo y concienciar del riesgo de mantener relaciones sin protección que también sea útil para los padres", indicó. Desde finales de la legislatura anterior, las campañas de prevención sexual no han sido una prioridad en el ministerio que dirige Bernat Soria.

Los datos sobre las IVE en España provocaron un sinfín de reacciones encontradas. Mientras el PSOE abogaba por más campañas preventivas, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, apuntaba a la necesidad de reformar la ley de Aborto y que esa reforma vaya acompañada de una estrategia de educación sexual y preventiva que evite tener que recurrir "a algo tan traumático".

No opina el Instituto de Política Familiar (IPF) ni otros grupos antiabortistas, que acusaron ayer al Gobierno de "mirar a otro lado". El portavoz de IPF, Eduardo Hertfelder, pidió al Ejecutivo que admita que, ampliando la ley del Aborto, sólo va a conseguir que el número de casos siga creciendo en España. Por ello, recomendó al Gobierno que "admita la realidad" de que la actual normativa es ya "un coladero" para toda aquella mujer que quiera abortar.

LA CONSULTA

¿Por qué aumentan las interrupciones de embarazos?

JOSÉ R. UBIETO - Psicólogo clínico y psicoanalista

Cuando ser madre es una decisión individual se producen vacilaciones

Desde hace ya algunos años constatamos, en los sucesivos informes nacionales, un significativo aumento de las interrupciones voluntarias del embarazo en nuestro país. En términos generales se han doblado en la última década y en algunos colectivos más vulnerables - mujeres jóvenes, solteras, inmigrantes-incluso se han triplicado. Si miramos el detalle de los datos, hay otros también interesantes: los abortos entre mujeres de 30a40años se han doblado también y en todos los grupos de edad aumentan más las interrupciones a partir de las primeras 13 semanas. Todo ello nos sitúa todavía por debajo de las cifras de otros países de la Unión Europea y de Estados Unidos o Canadá.

¿Cómo entender este fenómeno creciente? Sin duda, las causas son diversas y van desde el inicio más precoz de las relaciones sexuales entre jóvenes hasta factores culturales y de dificultad de acceso a los medios anticonceptivos para algunos colectivos (inmigrantes). Un elemento común parece ser el nuevo estatuto del niño, su valor libidinal, como objeto de satisfacción, en términos freudianos.

Hasta hace algunas décadas la maternidad era el destino privilegiado para la sexualidad femenina y eso iba ligado a la relación de pareja. Se concebían los hijos en el contexto de la alianza matrimonial y era como producto de ese compromiso de pareja y de un deseo que surgía el niño.

Hoy en día, sexualidad y reproducción ya no van unidas y la mujer tiene otros destinos posibles para su libido, al margen de la maternidad: acceso al saber, títulos, propiedades, arte.

Todo ello cambia el estatuto y el valor del niño que queda subordinado, en ocasiones, al tiempo de realización de otros deseos (carrera profesional). Por esa razón encontramos también un aumento significativo de los abortos en mujeres mayores de 30 años.

Por otra parte estos datos no hacen sino constatar que la maternidad tiene poco de natural, que autorizarse como madre no es el resultado de un proceso biológico, sino de una dialéctica con el deseo y la falta. Los hijos se tienen en el horizonte de un vínculo, diverso y no necesariamente ligado al matrimonio, pero siempre presente.

Cuando, en nuestra época de individualismo feroz, ser madre se plantea como una decisión individual, como un proyecto de vida sin el otro (sea quien sea), parece que esa decisión produce vacilaciones en el sujeto - significativo que aumentan sobre todo las interrupciones tardías-que muestra esa dificultad de autorizarse en un deseo de concebir solitario.

Ser dueño de su cuerpo, derecho enunciado como reivindicación de época, no exime al sujeto de los impasses y dificultades de habitarlo, algunas de las cuales se presentan cada vez más como manifestaciones inconscientes de la culpa. Abortar puede ser, a veces, una (falsa) "salida" sintomática a un conflicto psíquico, difícil de tratar por el sujeto.


lunes, 24 de noviembre de 2008

¡Bienvenidos a la neomodernidad!


La posmodernidad ha muerto. Con la crisis termina el culto al caos, el individualismo y lo identitario. Vuelve el Estado, el mejor gestor del orden, la seguridad y la estabilidad, así como de la igualdad y la protección social

FERNANDO VALLESPÍN EL PAÍS, 23/11/2008

Toda crisis, y ésta parece ser de las más profundas, introduce una importante cesura en el tiempo histórico. Nunca es un corte drástico, desde luego, siempre hay elementos de lo viejo que siguen perviviendo en lo nuevo. Pero sí sirven al menos para hablar de un antes y un después. Y creo que esto es lo que va a ocurrir con esta nueva crisis. La gran cuestión es si somos capaces de anticipar los rasgos básicos de la sociedad que viene, si podemos saber en qué se diferenciará de lo ya conocido. Tengo para mí que la sociedad del futuro inmediato abandonará algunos de los rasgos más conspicuos de eso que hemos venido calificando como posmodernidad para volver a muchos de los de la anterior fase moderna sin que ello signifique un pleno retorno a ella. Será una novedosa y curiosa síntesis de presupuestos modernos bajo las condiciones objetivas de una sociedad global y mucho más compleja, una neomodernidad. Especulemos.

En la nueva era, orden y seguridad, asociados a bien común y solidaridad, pueden tomar la delantera

Las políticas de izquierdas que propongan un nuevo contrato social tienen una gran oportunidad

El rasgo más marcado del cambio, ya lo estamos viendo, es el renovado protagonismo de la economía. Frente a la prioridad que en la anterior fase posmoderna acabó teniendo lo cultural -en un sentido lato-, se alza ahora lo económico como el factor central de la actividad humana. Por el momento, habrá que arrinconar tesis como la de Huntington, que creía ver en lo identitario-cultural la esencia del conflicto contemporáneo. Tanto en la dimensión política global como en la interna, los conflictos en torno a la distribución de los recursos pasarán al centro del interés y se postergarán los identitarios. La redistribución, la lucha contra la desigualdad, volverá a dominar el debate político después de haber sido durante décadas la gran cuestión olvidada. Regresarán los clásicos conflictos sociales con raíz de clase y es previsible imaginar una reverdecida presión para alcanzar una mayor equidad fiscal. ¿Cómo justificar ahora, por ejemplo, ante la nueva menesterosidad, el escapismo fiscal de que han venido disfrutando los más privilegiados? No deja de ser irónico que la elección de Obama, que representa un hito en las "luchas por el reconocimiento" posmodernas -de minorías étnicas en este caso-, acabe por significar la afirmación de políticas de igualdad frente a las de la "diferencia".

Valores como solidaridad, igualdad, autoridad, esfuerzo, responsabilidad, cotizarán al alza. Los clásicos valores densos de nuestra herencia moderna postergarán a los más ligeros -líquidos, en la jerga de Bauman- del "todo vale", la gratificación inmediata, el hiperconsumo, la autorrealización individual. No saldremos de eso que los sociólogos califican como "individualización", pero habrá una tendencia a moderar el individualismo y el privatismo radicalizado en aras de un mayor compromiso con los objetivos sociales generales. Todo ello en nombre del gran valor de la modernidad: el orden. Lo ambivalente, ambiguo, relativo, esos rasgos esenciales del pluralismo posmoderno, serán mirados con sospecha. Orden y seguridad, asociados a bien común y solidaridad, tienen garantizada buena prensa en momentos en los que acucia la necesidad y el miedo. El gran gestor del orden, la seguridad y la estabilidad, pero también de la protección social más general, ha sido siempre el Estado, el héroe de la modernidad clásica. Parece obvio que volverá a gozar de una renovada legitimidad. Un Estado al que seguramente se le exigirá mucho más de lo que está en condiciones de dar. Pero será el gran protagonista de los tiempos venideros.

A la vista del actual agotamiento de los procesos de integración regional y de la afirmación de los nuevos Estados emergentes, la política de la nueva sociedad global se sujetará más a la clásica pauta de la colaboración "inter-nacional" que a la gobernanza "transnacional" propiamente dicha. "Gobernanza entre Estados" y geopolítica clásica. Es un craso error en momentos en los que mandan las interdependencias y la solución de problemas pasa por poner en común importantes dimensiones de la soberanía (sovereignty pooling).

Ad intra el Estado garantizará también medidas que calmen la ansiedad ante la inmigración, más fronteras, mayores garantías de los intereses nacionales, menor predisposición a tolerar los mecanismos de autoorganización social. Vuelta al big government y a las certidumbres locales, a la tentación de reafirmar el egoísmo de país, la razón de Estado, el paternalismo burocratizado. Parece una demanda difícil de resistir si es reclamada por los ciudadanos y dentro de una competencia entre Estados por ver quién es capaz de resolver mejor sus problemas por sí mismo. Aunque, no nos equivoquemos, si emprendemos esta senda entraremos en una importante crisis de gobernabilidad. Necesitamos nuevos instrumentos políticos para resolver los acuciantes problemas sociales heredados.

Tanto la vuelta a los nuevos / antiguos valores densos como el protagonismo estatal ofrecerán una nueva oportunidad a las políticas de izquierdas. Habrán recuperado, por decirlo así, las palancas sobre las que se apoyaban para emprender reformas. Es hasta posible que los sindicatos recuperen una parte de su poder y prestigio perdido. Pero huérfanas de un claro sentido de la idea de progreso y en su énfasis por gestionar una política dirigida a evitar los grandes males -desempleo, pensiones, pérdida de competitividad- abandonarán gran parte de su dimensión utópica. Se tratará de izquierdas administradoras de la nueva escasez, un papel que ya hubieron de asumir en otros tiempos históricos. Sus programas los dictará más la conservación de lo ya alcanzado que lo que queda por conseguir; administrar las pérdidas más que anticipar las ganancias derivadas de emprender un nuevo camino.

Un liderazgo acertado podrá, en todo caso, aprovechar la ocasión para desprenderse de los modelos fracasados y reconducir el orden social hacia un nuevo contrato social, un pacto social-democrático de nuevo cuño que sea capaz de trasladar la parroquial política estatal hacia una más decidida política de colaboración sintonizada a las dos dimensiones ya imprescindibles: la esfera transnacional y la cooperación con la sociedad civil. La política del futuro deberá estar menos pendiente de la gestión directa que de la impulsión y galvanización de acuerdos, iniciativas, persuasión, movilización ciudadana. Y esto último parece absolutamente decisivo en unos momentos en los que el imprescindible retorno de la política sigue encontrando un inmenso escollo en la desconfianza que amplios sectores de la ciudadanía siguen sintiendo hacia lo político.

No es de excluir, sin embargo, una alternativa que recupere la esencia del ya conocido populismo de derechas, la tozuda vuelta al Estado de ley y orden alimentado por un nacionalismo revivido. Fronteras, xenofobia, reafirmación de las identidades nacionales. Sería la otra dimensión, mucho más siniestra, del conservacionismo rampante. Es un discurso que encuentra el terreno abonado en situaciones de crisis, sobre todo si es capaz de engarzarse con éxito a los nuevos temores y consigue dar con una fórmula retórica capaz de catalizar el descontento general.

Con todo, el triunfo de Obama nos ha ubicado ante una ruta más positiva. Y nos ha dado las claves para recordar que, a pesar de todo, hay una inmensa fuente de poder social creativo que puede ser movilizado políticamente si encontramos las claves necesarias para hacerlo realidad. En democracia no hay poderes que estén cristalizados de una vez por todas. El poder es energía social que fluye y que siempre podemos ser capaces de canalizar hacia aquellos fines que merezcan ser emprendidos. Hoy no podemos eludir una orientación realista que, pragmáticamente, tome en consideración lo dado. Pero el nuevo pensamiento único de la rígida defensa de lo que existe no será capaz siquiera de satisfacer este objetivo si se aferra a las viejas certidumbres y a los antiguos instrumentos de acción política. Se echa en falta imaginación, liderazgo y un claro proyecto de futuro. Menos "conservacionismo" y más sentido del progreso.

Lo decisivo de esta vuelta a la modernidad que se atisba en el horizonte es el contenido de que vayamos a dotar a lo nuevo de la neomodernidad, la forma en la que seamos capaces de extraer las consecuencias oportunas de la experiencia histórica y la aprovechemos para innovar social y políticamente. Si se recupera la política el futuro estará siempre abierto.

Fernando Vallespín es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.