"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.
lunes, 18 de enero de 2010
Hay otros mundos posibles (astronomía)
La idea de que las leyes físicas están finamente ajustadas para permitir la vida es errónea - Otros universos muy distintos serían también habitables
JAVIER SAMPEDRO
EL PAÍS - Sociedad - 17-01-2010
Los físicos llevan décadas perplejos por la inverosímil precisión con que parecen ajustadas las constantes fundamentales de nuestro cosmos. Por ejemplo, bastaría aumentar en un 0,2% la masa del protón para que fuera imposible construir un solo átomo. Sin átomos no habría estrellas ni planetas, ni por tanto seres vivos. De modo similar, si la fuerza que mantiene unido el núcleo de los átomos (la fuerza nuclear fuerte, para distinguirla de la débil) tuviera una magnitud ligeramente diferente, las estrellas no habrían podido cocinar el carbono en que se fundamenta toda la materia orgánica.
Otras constantes físicas también parecen tener el valor adecuado, dentro de unos márgenes muy estrechos, para permitir la evolución de la vida. Entre ellas están la vida media del neutrón, la masa del electrón o la magnitud de la gravedad y las demás fuerzas fundamentales de la naturaleza. Parecemos vivir en el único universo habitable. Los físicos suelen llamar a esta idea el "principio antrópico", un nombre no sólo confuso, sino casi cabalístico.
Es curioso que el primer científico en utilizar un argumento antrópico de ese tipo no fuera un físico, sino un naturalista, y más curioso aún que se tratara de Alfred Russell Wallace, codescubridor junto a Darwin de la evolución por selección natural. Wallace escribió en 1904: "Es posible que un universo tan enorme y complejo como el que vemos a nuestro alrededor sea un requerimiento absoluto para producir un mundo adaptado en todo detalle para que la vida se desarrolle ordenadamente y culmine en el hombre".
Pero todos estos argumentos se basan en cálculos que modifican una sola constante fundamental, dejando igual todas las demás. Los estudios de Alejandro Jenkins, de la Universidad Estatal de Florida, y Gilad Perez, del Instituto Weizmann en Rehovolt, Israel, muestran ahora que las cosas son muy diferentes si se alteran varias constantes a la vez.
Según estos físicos, hay muchos otros conjuntos de leyes físicas que son compatibles con la vida. Es decir, que hay otros universos posibles que son también habitables. Jenkins y Perez han presentado sus teorías en Physical Review D (agosto de 2006 y marzo de 2009) y Scientific American (enero de 2010).
Un caso muy notable son los universos sin fuerza nuclear débil (o universos weakless, como ellos los llaman), una de las cuatro fuerzas fundamentales de la física junto a la gravedad, el electromagnetismo y la fuerza nuclear fuerte mencionada antes. La fuerza débil es responsable de la radiactividad, lo que incluye la conversión de protones en neutrones (que emite radiación).
La fuerza débil fue necesaria poco después del Big Bang para que los primitivos grupos de cuatro protones se convirtieran en átomos de helio, formados por dos protones y dos neutrones. Pocas cosas parecen tan poco negociables en la física.
Sin embargo, Perez y su equipo han diseñado un universo con sólo tres de las fuerzas fundamentales, eliminando por completo la fuerza nuclear débil. Aunque ello requiere ajustar varios parámetros del modelo estándar de la física de partículas, el resultado es que las tres fuerzas restantes se comportan igual que en nuestro universo.
También la masa de los quarks es la misma. Los quarks son las partículas elementales que constituyen a los protones y los neutrones, y por tanto a todos los núcleos atómicos. En el universo sin fuerza débil de Perez, los núcleos de helio se construyen de otra forma (a partir de la fusión de dos tipos de hidrógeno). Pero forman estrellas de todos modos, que es de lo que se trata.
Las estrellas vivirían menos (nuestro Sol estaría ya hacia el final de su vida) y brillarían menos, por lo que la Tierra tendría que estar seis veces más cerca del Sol, y éste les parecería enorme a sus habitantes. Pero el caso es que podría haber habitantes.
Los movimientos de los continentes y la actividad volcánica se deben también a la desintegración radiactiva del uranio subterráneo, luego en el universo de Perez no habría nada de eso. Sin embargo, la química sería muy similar a la nuestra, si bien "la tabla periódica sólo llegaría hasta el hierro", como dice el físico.
Una solución a la paradoja del principio antrópico ha sido propuesta por el físico teórico Lee Smolin, del Perimeter Institute de Waterloo (Canadá). Consciente de que la selección natural de Darwin (y Russell) es una teoría capaz de generar diseños sin necesidad de un diseñador, Smolin ha tomado prestada la idea para eliminar la necesidad de diseño que parece implicar el principio antrópico.
Muchas estrellas acaban sus días colapsándose para formar un agujero negro, y de cada agujero negro -propone Smolin- puede surgir un nuevo universo con unas leyes físicas similares, aunque no idénticas, a las del universo anterior.
Si esas leyes son incompatibles con la formación de estrellas, el nuevo universo se habrá quedado sin gónadas: no hay estrellas, no hay agujeros negros, no hay nuevos universos hijos. Los universos que mejor se reproducen son, por definición, los que tienen las leyes físicas más adecuadas para la formación de estrellas, y por tanto de seres vivos.
Naturalmente, esta idea implica que existen innumerables universos. Pero esto es algo que muchos físicos creen probable de todos modos, y por otras razones. Esta línea de pensamiento arranca de otra paradoja: el gato de Schrödinger.
El gran físico Erwin Schrödinger ideó esta paradoja porque, al igual que Einstein, no podía creer que Dios jugara a los dados con el mundo. Un gato está encerrado en una caja junto a un trocito de uranio radiactivo. Un átomo de uranio puede desintegrarse, pero no hay forma de predecir cuándo. Todo lo que la física cuántica nos permite saber es cuál es la probabilidad de que se desintegre en un plazo dado: digamos, por ejemplo, que hay una probabilidad del 50% de que cualquier átomo del trocito de uranio se desintegre en el próximo segundo.
En la caja hay un contador Geiger (capaz de detectar las partículas alfa de la desintegración) conectado a un martillo suspendido sobre una ampolla de gas mostaza. Si a cualquier átomo de uranio le da por desintegrarse en el próximo segundo, adiós gato. Pero, hasta que no abramos la caja, no tenemos forma de saber si el gato está vivo o muerto. Sólo sabemos que hay una probabilidad del 50% de que esté vivo y otra del 50% de que esté muerto.
Pero, según la física cuántica, el átomo de uranio está 50% intacto y 50% desintegrado a la vez. Luego el gato está 50% vivo y 50% muerto a la vez. Por supuesto, al abrir la caja veremos que el gato está vivo, o que está muerto. Y si está vivo, ¿dónde está el 50% de gato muerto que coexistía con él hasta que abrimos la caja? Para Schrödinger, esta consecuencia absurda de la interpretación probabilística del mundo subatómico demostraba que esa interpretación era incorrecta. Dios no juega a los dados.
El físico alemán Dieter Zeh, sin embargo, se dio cuenta en 1970 de que había una trampa en la paradoja de Schrödinger. El estado mágico en el que las probabilidades se superponen (ese gato que está 50% vivo y 50% muerto simultáneamente) existe, pero es muy frágil. Una simple molécula de aire que choque con el gato basta para destruir la magia. El gato vivo-muerto se ramifica en un gato vivo y un gato muerto que ya no se pueden comunicar entre sí.
Pero, una vez perdida la coherencia, ¿dónde están los dos gatos, el vivo y el muerto? El estudiante Hugh Everett III propuso la solución en 1957, al leer su tesis doctoral: ambos gatos existen, pero en dos universos paralelos. En el primer universo, tú abres la caja, ves el gato muerto y te preguntas dónde está el gato vivo. En el otro, ves el gato vivo y te preguntas dónde está el gato muerto.
"En esta misma habitación", escribe el físico teórico Michio Kaku, "coexisten mundos donde los alemanes ganaron la II Guerra Mundial, donde los extraterrestres nos han visitado desde el espacio exterior, donde usted no ha nacido". Otro físico, Frank Wilczek, añade: "Una infinidad de copias levemente diferentes de nosotros mismos están por ahí viviendo sus vidas paralelas, y en cada momento surgen nuevos duplicados que van ocupando nuestros muchos futuros alternativos".
El núcleo atómico se compone de protones y neutrones, que a su vez están hechos de quarks. El protón y el neutrón tienen masas muy similares, pero no idénticas: el neutrón es un 0,1% más pesado que el protón. Ese porcentaje se puede alterar (imaginariamente) jugando con las masas de los quarks, y así lo ha hecho el equipo de Jenkins.
Si la diferencia de masas creciera levemente, desaparecerían los átomos fundamentales para la química orgánica, como el carbono y el oxígeno. Y si la situación se invirtiera, haciendo al protón más pesado que el neutrón, ni siquiera existiría el átomo más simple, el hidrógeno, con un solo protón y ningún neutrón. Ésta es una manifestación más del principio antrópico.
Pero, nuevamente, hay múltiples salidas que nadie había considerado hasta ahora. Cada elemento químico existe en varias formas, o isótopos, todos con el mismo número de protones, pero con algunos neutrones más o menos. El hidrógeno, por ejemplo, siempre tiene un solo protón, pero puede contener además un neutrón (se llama entonces deuterio) o dos (tritio). El hidrógeno común no tiene ninguno.
Y esos dos isótopos pesados del hidrógeno sí serían estables en un intervalo de condiciones más amplio. Lo mismo vale para algunos isótopos del carbono y el oxígeno. Según los cálculos de Jenkins, la relación de masas entre el protón y el neutrón no sólo puede crecer 20 veces respecto a nuestro universo (del 0,1% hasta el 2%), sino incluso invertirse hasta que el protón pese un 1% más que el neutrón. En todos esos universos habría formas estables del hidrógeno, el carbono y el oxígeno.
¿Quiere decir eso que podría haber vida? Jenkins y Perez creen que sí, aunque no sería exactamente la vida que conocemos. Los océanos, por ejemplo, estarían hechos de agua pesada (la versión del H2O en que los dos H son deuterio o tritio). Pero nada de esto parece un obstáculo insalvable para la evolución biológica.
La historia de la ciencia ha implicado hasta ahora nuestra expulsión progresiva del paraíso, o del centro geométrico de la creación. Copérnico y su modelo heliocéntrico son un caso bien conocido de expulsión, pero también frustrado en cierta medida, porque el paraíso se reencarnó enseguida en la forma de un sistema solar que abarcaba el universo entero.
Cuando se pudieron calcular las distancias a las estrellas, quedó claro que la creación era miles de veces mayor que nuestro sistema solar, pero entonces fue la Vía Láctea, nuestra galaxia, la que ocupó todo el cosmos. En las primeras décadas del siglo XX, los astrónomos descubrieron con perplejidad que ciertos objetos celestes, las nebulosas, eran en realidad galaxias enteras y verdaderas, pero todo el mundo supuso entonces que la Vía Láctea era la mayor y principal entre todas ellas.
Ahora que vivimos en un arrabal perfectamente vulgar de un cosmos tan enorme que ni la imaginación puede abarcarlo, sólo el propio cosmos puede ser especial, y por eso el principio antrópico se puede ver como la última reencarnación del paraíso. Pero la historia de la ciencia se repite. Parecemos condenados a ser cada vez menos especiales.
domingo, 1 de febrero de 2009
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Grandes nombres de la Astronomía
Conozca las vidas de los científicos que transformaron la visión del mundo con sus ideas revolucionarias
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Vencer a la atmósfera
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INFOGRAFÍA
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La luz determina de forma crucial cualquier metodología de estudio del universo
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- Grupo de Astrofísica, Departamento de Física Teórica (UAM)
- Grupo de Ciencias Planetarias, Departamento de Física Aplicada I (UPV)
- Grupo de Física Solar, Departamento de Física (UIB)
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viernes, 6 de junio de 2008
El ciclo de vida de las estrellas

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Los astrónomos captan, por primera vez, una explosión de supernova justo en el inicio del cataclismo del astro agotado
ALICIA RIVERA - EL PAÍS, Madrid - 28/05/2008
La casualidad y la buena suerte juegan a veces un papel estelar en el descubrimiento científico, siempre y cuando el investigador esté capacitado para darse cuenta de lo que tiene delante y disponga de los medios apropiados. Eso es lo que les ha pasado a unos astrónomos que estaban observando un fenómeno celeste (consulte el gráfico).
El fenómeno era inesperado ahí, donde estaban mirando. Pero en realidad ese tipo de explosiones de supernova se dan a menudo en el universo, aunque nadie sabe anticipar dónde y cuándo sucederán. Una supernova es el colapso de una estrella grande y el resplandor que genera destaca sobre el brillo de toda la galaxia -cientos de miles de millones de estrellas- en la que se produce. Estallan unas pocas supernovas cada siglo, pero como hay tantas galaxias en el cielo estas explosiones son corrientes. Ahora bien: ¿Adónde apuntar el telescopio para pillar in fraganti a la próxima? No vale quedarse mirando fijo a una galaxia porque la siguiente supernova puede tardar años, mientras otra explota en un lugar que nadie está observando.
El pasado 9 de enero, unos astrónomos estaban observando, con el telescopio en órbita de rayos X y rayos gamma Swift, de la NASA, una supernova que estalló el año pasado en la galaxia espiral NGC-2770, situada a unos 90 años luz de la Tierra. De repente vieron que se había producido otra al lado. La explosión -en rayos X- fue 100.000 millones de veces más brillante que el Sol, y duró 10 minutos.
Los astrónomos inmediatamente pusieron en alerta la red internacional de observación para estos casos. Se apuntaron entonces varios telescopios del suelo y el espacio hacia la supernova recién descubierta, denominada SN2008D, para estudiarla en todas las longitudes de onda posibles, desde los rayos X hasta el radio, pasando por la luz visible. Ahora un equipo de 43 científicos, liderados por Alicia Soderberg (Universidad de Princeton, EE UU) han dado a conocer su hallazgo y sus conclusiones en la revista Nature.
Para más casualidades, otros astrónomos estaban mirando esa galaxia NGC-2770 unas horas antes de que explotara la supernova y, aunque ésta no fue directamente visible hasta el día siguiente, la información recabada por este segundo equipo (incluido el español David Barrado Navascués) ha resultado importante para conocer el fenómeno. Ellos presentan sus datos en otra revista: The Astrophysical Journal.
Los científicos saben que una supernova significa el final de la vida de una estrella grande (unas ocho veces más masiva que el Sol). Los astros lucen porque en su interior funciona un horno nuclear en el que la fusión de átomos -de hidrógeno, sobre todo-, genera enormes cantidades de energía. Esto impide que el astro colapse por su propia gravedad. Pero cuando se agota el combustible de la fusión nuclear en una estrella muy masiva, se hunde de forma catastrófica sobre sí misma, formando un cuerpo ultradenso en su centro que puede ser una estrella de neutrones o un agujero negro. Esto dispara una onda de choque que hace saltar toda la envoltura gaseosa del astro, que se dispersa en el espacio. Es el momento del brillo colosal de la supernova, lo que captó el Swift el 9 de enero.
Los análisis de los astrónomos indican que la estrella que murió en ese estallido era, por lo menos, 20 veces más masivo que el Sol. También han visto que encaja en el tipo de supernova Ibc, que son las más brillantes y las menos corrientes.
Con este raro y casual descubrimiento, los científicos tienen por fin observaciones del nacimiento y primeros pasos de una supernova, porque hasta ahora sólo podían observarlas cuando ya lucían en el cielo, unos días o semanas después del cataclismo inicial. "Hemos soñado durante años con poder ver una estrella justo en el momento en que explota, pero dar con una es realmente una ocasión única en la vida", ha dicho Soderberg. "Esta supernova recién nacida va a ser como la piedra de Rosetta para los estudios de las supernovas durante los próximos años".
Un telescopio vigía
El telescopio en órbita Swift, que la NASA lanzó al espacio en 2004, es una especie de vigía en órbita cuya principal misión es rastrear el universo para ver estallidos de alta energía, de rayos X o de rayos gamma, que pueden producirse en cualquier punto de la bóveda celeste, y avisar inmediatamente a los astrónomos indicando las coordenadas del fogonazo.Ante una alerta de este tipo, los científicos, organizados en una red internacional, pueden apuntar hacia el objeto explosivo los telescopios que necesiten, tanto si están también en el espacio, como el Chandra, el Newton (de rayos X ambos) o el Hubble, como si están en la superficie de la Tierra.Pero el Swift también observa regiones celestes y objetos ya conocidos, como sucedió el pasado 9 de enero cuando estaba apuntado hacia la supernova que había explotado el año pasado y detectó la nueva. A bordo lleva detectores capaces de ver los fenómenos celestes que emiten en rayos gamma, en rayos X y en luz ultravioleta.
lunes, 8 de octubre de 2007
Cosmología. El universo.
martes, 18 de septiembre de 2007
Viajar a las estrellas
Eduard Punset:
Enfrentarse a los números astronómicos no es una tarea fácil, estamos hablando de millones de millones…
Neil DeGrasse Tyson:
¡Miles de millones!
Eduard Punset:
Miles de millones de años luz, incluso. Pero una vez te oí contarle a alguien cómo lo hacéis, o cómo lo hacías en tu caso. ¿Por qué no les recuerdas a los telespectadores esta historia?
Neil DeGrasse Tyson:
Los astrónomos estamos acostumbrados a tratar con números enormes continuamente…
Eduard Punset:
Exacto.
Neil DeGrasse Tyson:
…números que pueden parecer incomprensibles para la mayoría del público, pero que no lo son en absoluto. Lo único que hay que hacer es compararlos con algo que hayamos oído o conozcamos. Por ejemplo, si nos preguntamos cuántas estrellas hay en la galaxia…
Eduard Punset:
Mil millones…
Neil DeGrasse Tyson:
En la Vía Láctea, la galaxia en la que vivimos… no, no son mil millones, sino más. Mil veces… no, cien veces más. Hay alrededor de cien mil millones de estrellas en la Vía Láctea. La mayor parte de la gente no tiene experiencia con este número. Sin embargo… ¡MacDonald’s sí! Si miramos sus ventas de hamburguesas, han vendido aproximadamente cien mil millones de hamburguesas. Quizá te preguntes: ¿y eso cuántas hamburguesas son? Pues bien, si las pusieras una al lado de la otra, en fila, para ver hasta dónde llegaban, podrías empezar en cualquier parte del mundo e ir, por ejemplo, hacia el este. Imagina que las colocaras en fila en el suelo, ¡podrías dar la vuelta a la Tierra 50 veces!
Neil DeGrasse Tyson:
Y todavía te sobrarían hamburguesas. Y dirías: «vale, ya me he cansado de dar vueltas a la Tierra, voy a hacer una pila con las que sobran». Pues podrías apilar ese excedente en una pila que sería suficientemente alta como para ir a la luna y volver.
Eduard Punset:
Con hamburguesas…
Neil DeGrasse Tyson:
Con cien mil millones de hamburguesas.
Eduard Punset:
¡Dios mío!
Neil DeGrasse Tyson:
Otra manera de medir cuán grande es un número es pensar en el hombre más rico de la Tierra, la persona más rica de la historia, ¿de acuerdo? Bill Gates.
Eduard Punset:
Sí.
Neil DeGrasse Tyson:
Bill Gates. ¿A cuánto asciende su fortuna hoy en día? Quizá cincuenta mil millones… por ahí anda la cosa. ¿Quién lo cuenta? El caso es que podemos preguntarnos, ¿y cuánto dinero son 50.000 millones de dólares? Pues bien, una vez hice un experimento, un experimento mental. Me dije: «trabajo como director del Planetario Hayden aquí en Nueva York, y me pagan por ello. También tengo una casa de propiedad». ¿Vale? Hay que tener en cuenta ambos factores combinados. Y luego me pregunté: «¿cuál es la cantidad, el umbral a partir del cual, si veo una moneda en la calle, quizá tenga demasiada prisa como para agacharme y recogerla?» ¿Un centavo de dólar? No, si veo un centavo se lo dejaré a otra persona. ¿Cinco centavos? Tal vez si estoy esperando el autobús y no tengo nada mejor que hacer, me agache y recoja los cinco centavos, pero normalmente no lo haré. ¿Diez centavos? La misma diferencia.
Eduard Punset:
10 centavos…
Neil DeGrasse Tyson:
10 centavos, sí, sería lo mismo. ¿Pero qué pasa con una moneda de 25 centavos? La recogeré, ¡en cualquier circunstancia! Pongamos que estoy corriendo por la calle y la veo, pues me pararé y la recogeré. Las monedas de 25 centavos van bien para los taxímetros, para las máquinas de la lavandería…
Eduard Punset:
Sí, sí…
Neil DeGrasse Tyson:
Son muy útiles.
Eduard Punset:
¿Y qué pasa con Bill Gates?
Neil DeGrasse Tyson:
¡Exacto! [Risas] Pues bien, me dije que si, teniendo en cuenta mi sueldo y lo que vale mi casa, sigo dándole valor a una moneda de 25 centavos que encuentro por la calle, ¡sería interesante trasladar eso a la escala de Bill Gates! Si yo recojo 25 centavos, pero no 10, ¿qué recogería o no recogería Bill Gates? Y cuando se ponen en proporción estas cifras, ¡resulta que para Bill Gates sería demasiado esfuerzo agacharse a recoger 45.000 dólares! [Risas]
Eduard Punset:
Dios mío…
Neil DeGrasse Tyson:
…aunque estuvieran ahí en la calle… ¡45.000 dólares! Él podría decir: «no, no; tengo prisa, ¡que otra persona recoja ese dinero!» [Risas]. En eso consiste esa cantidad de dinero, así de grande es ese número, y hay que recordar que existen, quizá, cien mil millones de galaxias…
Eduard Punset:
Dios, sí…
Neil DeGrasse Tyson:
Cada una de las cuales tiene cien mil millones de estrellas… vaya, si estudiamos ese número, veremos que se trata de 1000 trillones, un uno seguido de 21 ceros. Ese número es mayor que todos los granos de arena de una playa… en realidad, es mayor que todos los granos de arena de todas las playas del mundo. También es mayor que todos los sonidos y palabras pronunciadas por todos los seres humanos que han vivido en nuestro planeta. Ése es el número de estrellas que tenemos en el universo. Y si cada estrella tiene múltiples planetas, ¡imagina el número de planetas!
Eduard Punset:
Y de satélites…
Neil DeGrasse Tyson:
¡Y de satélites alrededor de los planetas! Sin embargo, todavía hay quien sugiere que todo el universo está aquí solamente para nosotros.
Eduard Punset:
Sí.
Neil DeGrasse Tyson:
Algo no va bien con su ego.
Eduard Punset:
Debe de ser muy difícil para alguien como tú, que tiene una concepción de quiénes somos basada en la modestia, pensar que somos los únicos, que no existe vida de ningún tipo en ningún otro lugar…
Neil DeGrasse Tyson:
Comprendo el impulso de sentir algo así, porque todo el mundo quiere sentirse especial. Todos queremos sentir que somos, en cierto modo, únicos. Pero al mirar al universo… seguir pensando algo así cuando sabes lo ingente que es el universo es de un orgullo desmedido… es insostenible en cualquier tipo de valoración racional de nuestro lugar en el universo. ¡Pero hay más que eso! No se trata solamente de cuántos planetas hay, o creemos que hay (podemos ver las estrellas, pero es más difícil detectar los planetas, aunque nuestro recuento de planetas aumenta, y ya se conocen por lo menos 200, casi 300 planetas fuera del sistema solar… lentamente vamos avanzando en el cómputo a medida que nuestros telescopios y detectores mejoran cada vez más…)
Pero no se trata solamente del tamaño del universo… ¡sino también de la química del universo! Si examinamos el cuerpo humano, aprendimos en las clases de biología que principalmente estamos hechos de agua, ¡y es verdad! La molécula de agua es H2O; todos lo recordamos de la escuela primaria, H2O. 2 hidrógenos, 1 oxígeno. ¿Qué más hay en nuestro cuerpo? Carbono, y nitrógeno. Esos son los 4 ingredientes principales en el cuerpo humano, los 4 ingredientes principales de la vida. ¡Miremos ahora en el universo! ¿Sabes cuál es el principal ingrediente en el universo? ¡El hidrógeno! ¿Sabes qué va luego? El helio… que no es activo químicamente, así que no podríamos utilizarlo aunque estuviera a nuestra disposición. ¿Pero luego qué hay? ¡Oxígeno! ¿Y después? Nitrógeno. La secuencia química concuerda una a una… la de la vida en la Tierra y la de los elementos del universo.
¡De modo que ni siquiera estamos hechos de algo especial! Algunas personas creen que esto es triste, ¡pero a mí me parece una historia magnífica!
Eduard Punset:
¡Fantástica!
Neil DeGrasse Tyson:
Porque no solamente estamos hechos de los mismos ingredientes… ¡además tenemos el mismo origen! Se trata de elementos que se han forjado en los núcleos de estrellas que han explotado y llegado a la galaxia, y a partir de esos elementos se forman las estrellas, los planetas y la vida.
Así pues, cuando de noche levantes la vista al cielo, no pienses: «vaya, qué pequeñísimos somos, ¡menuda depresión!» Levanta la vista y di: «¡mira qué enormes somos!» Porque estamos conectados, químicamente conectados con el universo. El universo está dentro de nosotros, con la misma magnificencia con la que nosotros estamos en el universo.
Eduard Punset:
Sin embargo, tiendes a pensar… sueles pensar, personalmente, que no hay vida ahí fuera. Es decir, quizá haya dos tipos de…
Neil DeGrasse Tyson:
En realidad, no hay duda de que hay vida ahí afuera. ¡Con casi total certeza! Pero hay que ir con cuidado con la manera de formular la respuesta. Podemos preguntar: ¿hasta qué punto será frecuente la vida inteligente? Si es que nosotros representamos alguna medida de inteligencia… ¿podremos encontrar más vida inteligente….?
Eduard Punset:
Algo, sí.
Neil DeGrasse Tyson:
¿Y será común? Si observamos el registro fósil en la Tierra, la mayor parte de la vida que ha vivido hasta ahora no era lo que llamaríamos inteligente. ¡Simplemente no lo era! ¿Y cómo definimos la inteligencia? Tal vez como la capacidad de componer poesía, de realizar matemáticas abstractas, de…
Eduard Punset:
Símbolos.
Neil DeGrasse Tyson:
¡Yo escogería algo que sepamos con bastante certeza que no hacen los delfines! O que los chimpancés jamás hayan soñado con hacer. Y eso es lo que nos identifica de un modo especial. Nadie más, ninguna otra criatura lo ha hecho, ¡con los millones de especies que han pasado por la Tierra! De modo que si buscamos en millones de planetas, quién dice que la trayectoria de la vida haya ido justamente del modo en el que fue aquí en la Tierra para obtener algo que se parezca a nosotros.
Eduard Punset:
El ADN…
Neil DeGrasse Tyson:
¡El ADN está en toda la vida! No es que la inteligencia requiera ADN… el ADN no confiere automáticamente lo que llamamos inteligencia, pero está presente en toda la vida. Y si encontramos otro planeta con vida, si encontramos otro planeta con los ingredientes adecuados, no dudo de que sea completamente capaz de crear vida. Ahora bien, decir que la trayectoria de la vida conducirá a la inteligencia es sin duda algo más excepcional. Y simplemente estoy utilizando la Tierra como referente, eso es todo. No estoy haciendo ninguna afirmación más profunda que eso.
Tal vez el universo sea suficientemente grande como para que haya varios lugares en los que encontremos inteligencia, pero por cada lugar en el que encontremos inteligencia, habrá sin duda miles, si no millones, de lugares en los que simplemente haya vida: ¡vida bacteriana, u otras formas más simples de vida que son comunes en la Tierra!
Eduard Punset:
Dices (es fantástico), que la gente… bueno, durante mucho tiempo, la gente y los científicos han pensado que éste era un planeta admirable, un buen lugar para vivir, y que por eso la vida pudo prosperar. Vamos, que es un planeta agradable. Pero tú llegas y dices: oíd, ¡pero si esto es la jungla! Es un lugar cruel, violento…
Neil DeGrasse Tyson:
¡Me impresiona que hayas leído todo lo que he escrito, y me alegra responderte! La gente dice: «oooh, la Tierra. La Tierra, tan perfectamente adecuada para nosotros». ¡Pero bueno! Si te dejara desnudo en la mayor parte de lugares de la superficie de la Tierra, ¡morirías muy rápidamente! El Polo Norte, el Polo Sur, los océanos, los lugares con criaturas que pueden comerte, las selvas y bosques, los sitios donde un oso puede atacarte… ¡la mayoría de los lugares de la Tierra son hostiles a la vida humana! ¡Hostiles! ¿Y qué hacemos nosotros? Nos amontonamos en las zonas templadas, como el Mediterráneo, donde la temperatura es mejor, ahí se apilan las personas, y si quieren salir de ahí, entonces se ponen ropa, abrigos… ¡tenemos que aislarnos de las variaciones que suceden aquí en la Tierra! Pero ahí no acaba todo: están los terremotos, y los tornados, y los tifones… y los asteroides que chocan contra la superficie del planeta… ¡parece como si, en realidad, la naturaleza quisiera matarnos! Y nosotros nos protegemos de esos peligros creando hábitats, que nos protegen de nuestra frágil biología.
¡Pero resulta que hay bacterias que toleran perfectamente estas condiciones! Temperaturas elevadas, temperaturas bajísimas, una radiación elevada… ¡hay formas de vida que prosperan bajo la superficie, a las que no les importa un bledo si un asteroide se estrella contra la superficie! En realidad, ¡nosotros los humanos somos una de las formas de vidas más frágiles que jamás ha habido!
¡Eso no quita que siga prefiriendo vivir en la Tierra que en Venus! En Venus la temperatura es de 500 grados centígrados… si dejaras una pizza ahí, ¡se cocinaría en 9 segundos! Simplemente por la presión y temperatura de la atmósfera de Venus. Así que, sin protección, moriríamos más rápido en Venus que aquí en la Tierra. De modo que sigo prefiriendo estar en la Tierra, ¡pero no voy a deshacerme en elogios sobre lo agradable que es!
Eduard Punset:
¿Qué pasaría si me zambullera en un océano de metano, como el que supuestamente hay en Titán, el satélite de Saturno?
Neil DeGrasse Tyson:
¡Ah, sí!
Eduard Punset:
¿Qué queremos decir cuando hablamos de un océano…?
Neil DeGrasse Tyson:
Verás: durante mucho tiempo, en la búsqueda de vida, adoptamos lo que se conoce como el principio de Ricitos de Oro. Si uno quiere buscar vida, la vida requiere agua líquida, eso pensábamos… la vida tal y como la conocemos requiere agua líquida. Así que queremos encontrar un lugar, un planeta, que no esté demasiado cerca del sol (el calor evaporaría el agua) ni demasiado lejos (porque el frío convertiría el agua en hielo). Queremos buscar algo que esté simplemente en su punto, como Ricitos de Oro… en su punto.
Entonces descubrimos que hay lugares que pueden ser adecuados, pero que son satélites alrededor de esta zona, que se han mantenido cálidos por las fuerzas gravitacionales generadas por el propio planeta. Y la luna de Júpiter, Europa, mantiene una temperatura más cálida por la gravedad de Júpiter: está demasiado lejos del sol para que la energía solar lo caliente, de hecho, la superficie está helada, ¡pero en sus profundidades el hielo se ha fundido y hay un océano líquido que se ha mantenido líquido miles de millones de años! Ése sería el próximo lugar en el que a mí me gustaría buscar vida, me gustaría perforar un agujero e ir de pesca bajo el hielo, hacer descender una pequeña cámara, para ver si algún ser nada hacia el objetivo.
Pero luego nos planteamos lo siguiente: ¡quizá estemos siendo demasiado restrictivos! Quizá la vida no requiera agua líquida para transportar los nutrientes de una parte del cuerpo a otra…. ¡Quizá simplemente requiera un líquido! Bueno, si esto es así, entonces podemos ir a Titán, uno de los satélites más grandes del Sistema Solar, un satélite de Saturno… ¡Titán tiene atmósfera! No hay muchos lugares en el Sistema Solar con atmósfera…
Eduard Punset:
No…
Neil DeGrasse Tyson:
¡Y Titán tiene atmósfera! Hace muchísimo frío allí, pero la temperatura y la presión son las adecuadas. El metano es un gas que se utiliza en algunas cocinas de gas. El metano, el propano, etc. se utilizan para eso. Uno de los gases más comunes en las cocinas de gas, especialmente en las ciudades, es el metano, un elemento químico simple que se combina con el oxígeno para crear fuego y calor. El metano es común en el universo… pero en Titán hace tanto frío que el metano gaseoso se ha convertido en agua gracias a la atmósfera, y ha formado ríos, y lagos, y océanos de metano. Sólo hay que ver las fotografías de la superficie… una sonda europea descendió allí desde una nave espacial de la NASA llamada Cassini, que ahora orbita Saturno, y sigue tomando imágenes magníficas. Su sonda, Titán, descendió… perdona, en realidad la sonda se llamaba Huygens, en honor a Christiaan Huygens, un célebre científico holandés que vivió hace 300-400
años. Así que la sonda Huygens descendió y tomó fotografías, y ¡muestran claramente ríos serpenteantes y una línea de costa!
Eduard Punset:
Están fríos, estos ríos…
Neil DeGrasse Tyson:
¡Sí, muy fríos! No son de agua líquida, porque el agua está en realidad sólida y helada, y forma lo que llamaríamos simplemente rocas, rocas de hielo. ¡Simplemente rocas! Pero, a esa temperatura, hay otra cosa que está en estado líquido, y no es el agua, sino el metano.
Eduard Punset:
El metano.
Neil DeGrasse Tyson:
El metano. Y es tan intrigante, porque parecen fotografías de la Tierra tomadas desde lejos, en las que se ven líneas de costa, y riberas, y lagos.
Eduard Punset:
¡Increíble!
Neil DeGrasse Tyson:
Es intrigante, y uno se percata de lo restrictivos que hemos sido en nuestra medida de nosotros mismos, pensando que solamente nosotros tenemos este tipo de características, o este tipo de propiedades.
Eduard Punset:
Isaac Newton, por ejemplo, estableció las leyes de la gravedad, que permitían comprender el sistema planetario de un modo puramente científico. Sin embargo, incluso Newton se planteó que todo ese sistema podía no ser estable a largo plazo. Es decir, él lo veía así, sabía que ésas eran las leyes, pero le parecía increíble que todo se mantuviera estable, y creía que tenía que haber alguna estabilidad a largo plazo. Y para eso tuvo que apelar a Dios, a un ser supra-humano, que era el que se encargaba de esa estabilidad. ¿Crees que así es como razona la ciencia? Es decir, los científicos, cuando descubren algo que puede ser poco estable, llegan hasta ahí, y luego dicen, en sus propias palabras: «dejémoselo a Dios».
Neil DeGrasse Tyson:
Todo depende del carácter de cada uno, de la cultura en la que nos hemos criado… en función de eso, reaccionamos de un modo distinto a la ignorancia. Es una parte interesante de la historia de la ciencia. Isaac Newton fue el que descubrió cómo se movían los planetas, ¡antes de Isaac Newton nadie sabía cómo se movían! Se podía hacer un seguimiento de los planetas, pero nadie entendía realmente por qué. Pero llegó él con sus ecuaciones de la gravedad que permitían predecir, con gran precisión, lo que harían los planetas en el futuro, y comprender lo que hicieron en el pasado. Antes de Newton, la gente creía que, por supuesto, nunca se podría entender por qué los planetas hacían eso, porque… ¡se trataba de la esfera celestial!
Eduard Punset:
¡Sí!
Neil DeGrasse Tyson:
Y nosotros no éramos más que meros mortales, aquí en la Tierra. Así que la gente, al ver la frontera entre lo que sabía y lo que no sabía, creía que Dios estaba allí. Pero llegó Newton y dijo: «oye, ¡este problema me interesa! Voy a intentar resolverlo». Y lo solucionó. Formuló sus leyes del movimiento, y sus leyes de gravedad, que resolvían el problema. Y cuando Newton escribió sus leyes de movimiento y de gravedad, no mencionó en ningún momento a Dios en sus escritos, no apeló a Dios para explicar cómo funcionaba el mundo. Sólo cuando llegó a los límites de su comprensión, allá donde ya no podía seguir resolviendo el problema, dijo: «sé que el Sistema Solar está aquí, pero si se hacen estas ecuaciones (aquí está la Tierra alrededor del sol, y la luna alrededor de la Tierra, y Marte y Júpiter y Saturno… todos tirando ligeramente del sistema, y si tenemos en cuenta esto, parece como si Sistema Solar vaya a ser inestable». Esto le preocupaba, le angustiaba, no podía resolverlo, así que dijo: «Dios se encargará de solucionarlo». Bueno, por muy grande que fuera este hombre, no fue él quien solucionó este problema, deberían pasar cien años más para que Pierre-Simon de Laplace, un genial matemático francés, solucionara el problema. Laplace desarrolló una nueva rama de las matemáticas, que hacía un tiempo que circulaba en la comunidad matemática, pero él fue el que la consolidó… se trata de la teoría de perturbaciones, que permite estudiar los efectos de la gravedad pero con pequeñas presiones constantes que intentan desbaratar el sistema. Y logró demostrar que, de hecho, el Sistema Solar era estable mucho más allá de lo que Newton había podido calcular.
Eduard Punset:
…de lo que Newton pensaba.
Neil DeGrasse Tyson:
Así que, aunque no hay nada malo, en principio, con sentir una reverencia profunda por Dios en los límites de tu conocimiento, hay que reconocer que, en la práctica, tu descubrimiento acaba ahí. Y que habrá que esperar a que llegue alguien más listo que tú, o alguien sin esa restricción en su capacidad o interés para el descubrimiento. Y esa persona llegará y lo solucionará después de ti. Así es como ha avanzado la ciencia.
Eduard Punset:
Es increíble, ¿no?
Neil DeGrasse Tyson:
Es increíble, sí, increíble.
Eduard Punset:
Y maravilloso. Además, creo que Laplace, por ejemplo, se lo dijo a Napoleón, ¿no? Le dijo que…
Neil DeGrasse Tyson:
Sí, Laplace fue contemporáneo de Napoleón, y Napoleón lo leía todo sobre física. Quería saber dónde caerían las balas de sus cañones, ¿sabes? No era solamente un tipo bajito con un gran ego, también era una persona muy culta en ingeniería y física. Consiguió la última copia de la obra maestra de Laplace, de cinco volúmenes, llamada Mécanique Céleste…
Eduard Punset:
Mecánica Celeste…
Neil DeGrasse Tyson:
La leyó de principio a fin, llamó a Laplace y le dijo (bueno, seguro que se lo dijo en francés): «Laplace, usted ha escrito una obra excelente, pero no menciona en ningún lugar al arquitecto del sistema solar». A lo que Laplace replicó: «señor, no tengo ninguna necesidad de esa hipótesis». Él simplemente lo resolvió. ¡Se trata de un aspecto interesante de la historia de la ciencia!
Eduard Punset:
Es una buena manera de verlo, porque no rechaza totalmente la idea del arquitecto, pero lo traslada más y más atrás a medida que avanza la ciencia.
Neil DeGrasse Tyson:
Hay quien diría que el arquitecto es quien creó las leyes. Lo que yo digo es que hay personas que son más propensas a invocar al arquitecto para aquello que desconocen, de hecho esto se llama «el argumento del Dios de los huecos».
Eduard Punset:
Eso es…
Neil DeGrasse Tyson:
Según el cual, dondequiera que hay una laguna en el conocimiento, ahí debe estar Dios. Continuamente la gente me lo pregunta, me dice: «muy bien, lo entiendo: el Big Bang fue el principio del universo. Sin embargo, ¿qué hubo antes del Big Bang?» Y mi respuesta es: «¡no lo sé! ¡Tenemos a los principales expertos trabajando en ello». Pero su impulso es decir: «¡pero tuvo que haber algo ahí! Quizá fuera Dios». Deberían entender que ese impulso no es distinto del que instó a Newton a decir que había algo más allá de la estabilidad del sistema solar, y que Dios estaba ahí. Lo que digo es que no quiero descartar la posibilidad de que mañana llegue alguien más listo que yo…
Eduard Punset:
Con mis sentidos…
Neil DeGrasse Tyson:
Con mis mismos sentidos, pero más inteligente… o alguien que aún no ha nacido, que lo solucione en el futuro. Quiero seguir barajando esa posibilidad, porque en eso radica la naturaleza y las fuerzas que impulsan los avances de nuestra comprensión del universo
Fuente: http://www.rtve.es/tve/b/redes/semanal/prg422/entrevista_422.pdf
Big Bang
Cosmos, Carl Sagan
Alumnos de secundaria. Bien hasta los títulos de crédito.
Fomación del universo. En portugés. Bueno auqneu las imágenes son deficientes.
En la línea de "¿Y tú, qué sabes?". "Reliquia" de F. Angulo.
Momentos musicales



