"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 5 de febrero de 2009

Actividad: confecciona tu árbol genealógico para estudiar los cambios demográficos y las oleadas migratorias.

http://www.educ.gov.ar/educar/site/educar/kbee:/educar/content/portal-content/taxonomia-recursos/recurso/7997e007-e484-45ee-8b76-f1ce1e77f4f3.recurso/94a5b727-54eb-4d99-a344-e136b0dc4ae7/arbol.gif


La confección de árboles genealógicos es un ejercicio de gran utilidad para constatar los cambios de comportamiento demográfico de las últimas generaciones y para estudiar las últimas oleadas migratorias.

Existen muchos programas en la red que facilitan esta tarea. Os sugerimos
My heritage pero hay mucho más (ver: http://arbol-genealogico.portalprogramas.com/http://www.todoprogramas.com/educacion/genealogia/).






http://www.myheritage.es/

También existen páginas que permiten confeccionarlos en línea y almacenarlos como...


[logo-genoom.png]

http://www.genoom.com/


Puede ser útil la consulta de...

Y vinieron de lejos...




martes, 28 de octubre de 2008

Sin hijos por elección (reportaje)


Texto de Beatriz San Román

¿Por qué tener hijos? Cada vez son más los que deciden no reproducirse y, un poco hartos de que los miren como a extraterrestres, defienden que no es una opción egoísta, sino racional y respetable.

“Cuando la gente se entera de que no tengo coche, me mira como a un bicho raro; cuando me preguntan si tengo hijos y contesto que no, ¡me miran como a un marciano!” Quien así habla es Eduardo, un abogado madrileño de 39 años. Desde hace 11, mantiene una relación de pareja con Carla, y hace ya ocho que contrajeron matrimonio. Ambos tienen claro que los hijos no entran en su proyecto de vida. Como ellos, son cada vez más los españoles que rechazan la idea de ser padres.


Nos encontramos ante las primeras generaciones que se atreven a poner en la balanza los pros y los contras de la paternidad. Sus bisabuelos y sus abuelos crecían teniendo muy claro que de ellos se esperaba que tuvieran una vida similar a la de sus padres, en la que tener y sacar adelante a los hijos sería una faceta fundamental. El primer hijo se tenía poco después de alcanzar la madurez y contraer matrimonio, y después venía otro, y otro… Hoy, los hombres y las mujeres que eligen vivir sin descendencia son una tendencia al alza en los países industrializados. En el mundo anglosajón, hace ya años que se vienen organizando para compartir vivencias y reivindicar espacios sólo para adultos: restaurantes, paquetes turísticos ¡y hasta urbanizaciones donde los pequeños tienen vetada su entrada! Se denominan childfree (libres de hijos) por oposición a childless (sin hijos), término con el que según ellos debería identificarse sólo a aquellas personas que, aun deseándolos, no los tienen. Sólo en Estados Unidos, se estima que en el 2010 habrá 31 millones de parejas sin niños.

En España, el porcentaje de personas de 29 años solteras ha pasado en sólo dos décadas de un 20 a un 56%. Hace treinta años, el 80% de las mujeres entre los 25 y los 29 años tenía al menos un hijo a su cargo; hoy son minoría las que en esta franja de edad ya han iniciado el camino de la maternidad. De media, la mujer española da a luz a su primer hijo rozando la treintena, a una edad en que sus abuelas ya vivían rodeadas de una prole más o menos numerosa.
Del materialismo imperante en los ochenta y los noventa hemos pasado a una sociedad que los estudiosos llaman posmaterialista, en la que la participación y la libertad de poder elegir son valores al alza. Las nuevas generaciones exigen (y ejercen) un mayor control sobre su destino. Eligen su pareja o su orientación profesional con mayor libertad; también el número de hijos y el momento de tenerlos. Retrasan la edad de contraer matrimonio, y, tras él, son muchas las parejas que posponen el momento hasta haber alcanzado cierta estabilidad económica o, simplemente, se dan unos años para disfrutar de actividades y experiencias que los hijos harán inviables en el futuro. Y algunos deciden simplemente que invertir un número importante de años en la educación de sus retoños es algo que no va con ellos.

A contracorriente

“No es que no me gusten los niños. Adoro a mis sobrinos, y me encanta llevármelos de fin de semana o pasar una tarde con ellos. Pero también me gusta devolvérselos a sus padres y saber que puedo seguir con mi vida”, explica Asunción, que trabaja en las urgencias de un gran centro hospitalario. “Me gusta mi vida, tengo un trabajo que me apasiona y que me absorbe jornadas larguísimas. En mi tiempo libre, me gusta viajar, leer y practicar el alpinismo. Me parece bien que haya quien piense que una vida con pañales, colacaos y tareas escolares es más interesante. Cada cual debe elegir vivir la suya como mejor le parezca.”


En su forma de hablar asoma algo muy parecido a la provocación que ella aclara que es en realidad hastío. Un hastío compartido por muchos hombres y mujeres que no están dispuestos a asumir la procreación como una necesidad ni como una obligación, sino como una opción que debería ser, al menos, tan respetada como la de tener hijos. Se sienten a contracorriente en una sociedad que, a su juicio, idealiza la maternidad y mira con suspicacia a quienes la ponen en cuestión.


Acostumbrados a tener que explicarse una y otra vez ante un entorno que considera que se equivocan, sus argumentos están concienzudamente hilvanados. Esgrimen en primer lugar la libertad personal de emplear el tiempo y las capacidades propios como cada cual lo estime conveniente, siempre y cuando no perjudique a terceros. No viven la falta de hijos como una renuncia, sino como la oportunidad de dedicar su tiempo y su energía a otras facetas sin el peso de la responsabilidad de su crianza. Ya lo decía Virginia Woolf, el mundo sería mucho más pobre si los grandes escritores hubieran cambiado sus libros por niños de carne y hueso. Autores como Platón, Émile Zola, Sartre, Descartes y Kant, o artistas como Francis Bacon o Beethoven nos han dejado un valioso legado sin necesidad de perpetuar sus genes (o tal vez en parte gracias a ello).
Junto al libre albedrío, los argumentos éticos y ecológicos son otro de los pilares del discurso de numerosos childfree. José Luis, que el año pasado se practicó una vasectomía, explica así lo definitivo de su postura: “No es que sobren personas en la Tierra, ¡lo que sobran son ricos! Cada españolito que nace tendrá un impacto medioambiental enorme y consumirá una cantidad indecente de recursos. Para mí, las familias numerosas son una demostración del egoísmo ciego de una sociedad egocéntrica lanzada a un consumo desaforado; mientras, la mitad de la humanidad no puede cubrir sus necesidades mínimas. ¿Cómo se atreven a decirme que soy un egoísta por no querer aumentar el desequilibrio?”, añade.


A pesar de sus argumentaciones –o tal vez precisamente porque estas cuestionan algunas de las asunciones sobre las que el grueso de la población construye sus esquemas–, quienes se cierran en banda a la posibilidad de reproducirse suelen ser vistos como seres inmaduros y egoístas. “Es difícil de entender”, afirma Javier, el marido de Asunción. “Traer una criatura a este mundo implica una responsabilidad enorme, pero nadie te pide explicaciones. Si soy un mal padre o no tengo el tiempo necesario para dedicarlo a mis niños, puedo hacer mucho daño; no tenerlos es una opción que no atañe a terceros. A veces pienso que el mundo sería mejor si la gente pensara más en por qué tienen niños en lugar de por qué algunos no los tenemos.”


¿Por qué tener hijos? Cada vez son más los que deciden no reproducirse y, un poco hartos de que los miren como a extraterrestres, defienden que no es una opción egoísta, sino racional y respetable.
Algunos dicen que si procrear no es ya una necesidad, ¿por qué asumir sin cuestionarlo que tener hijos es lo natural?

¿Por qué tenemos hijos?


¿Por qué tenemos hijos? La cuestión que Javier coloca sobre el tapete no es tan fácil de responder como pudiera parecer. ¿Porque es lo natural, lo propio del ser humano? “Llevamos inscrito en los genes el instinto de reproducción, pero hemos evolucionado lo suficiente como para poder cuestionar nuestros instintos con la razón ¿no?”, argumenta el profesor de secundaria.
Desde un punto de vista meramente adaptativo, parece claro que procrear ha dejado de ser una necesidad. Durante gran parte de la historia del Homo sapiens, tener hijos aseguraba la supervivencia de la especie y del individuo. Pero ya hace mucho tiempo que la perpetuación de la especie humana no depende de que el máximo número de individuos fértiles se reproduzcan. La tensión entre una población mundial que aumenta en 80 millones al año y unos recursos cada vez más escasos alimenta la tesis contraria. Por otra parte, los hijos eran necesarios en el pasado para garantizar la seguridad individual, ya que la familia era el refugio de la vejez y una red de protección frente a la adversidad. La seguridad social, los seguros y los planes de pensiones cubren hoy estos aspectos.

¿Tenemos hijos porque necesitamos dejar nuestra impronta sobre el planeta? ¿Porque fuimos educados para ello? ¿Porque seguimos asumiendo sin cuestionarlo que es lo natural? ¿Simplemente porque es lo que queremos hacer? Para la escritora Corine Maier (que se dio a conocer internacionalmente con el polémico Buenos días, pereza), existe una conspiración de los gobiernos y de las empresas capitalistas a favor de la maternidad que anula y esclaviza al personal, en especial a las mujeres. Su libro No kids: 40 razones para no tener hijos ha sido número uno en ventas en Francia, uno de los países europeos con mayores tasas de natalidad. Con un tono provocador, al más puro estilo Risto Mejide, se marca el objetivo de “desmoralizar a los padres y madres en potencia”. Madre de dos hijos, Maier escribe: “Si no hubiera tenido hijos, estaría dando la vuelta al mundo con el dinero que he hecho con mis libros. En lugar de eso, tengo que quedarme en casa, servir las comidas, levantarme a las siete todos los días, repasar estúpidas lecciones y poner la lavadora. Todo eso, por dos hijos que me tratan como a la sirvienta. Algunos días me arrepiento de haberlos tenido. Y me atrevo a decirlo”.

No cabe duda de que convertirse en padres obliga a reajustar las rutinas y las prioridades. Decía el escritor Michael Levine que tener un piano no lo hace a uno pianista, del mismo modo que tener un hijo no lo convierte en padre. Ser padre requiere al menos tanto tiempo y dedicación como llegar a dominar el arte del piano, pero también es cierto que produce algunas de las satisfacciones mayores a las que puede aspirar el ser humano. Acompañar a un hijo en el apasionante proceso por el que pasa de ser un ser indefenso incapaz de valerse por sí mismo a un adulto autónomo es una experiencia transformadora, que nos permite redescubrirnos a nosotros mismos y redescubrir la vida y sus esencias. El amor padre-hijo es posiblemente la forma más limpia de amar, ya que es la única que está siempre dispuesta a darlo todo sin necesidad de reciprocidad.

De cuantas decisiones marcan nuestra vida, la de tener hijos es seguramente la más determinante. Podemos cambiar nuestra orientación profesional o nuestra pareja, pero no es posible devolver al útero materno un niño de tres años, un adolescente iracundo o un adulto que no nos entiende. La aventura de ser padres es grandiosa y de por vida y, al mismo tiempo, encierra una enorme responsabilidad. Vivimos tiempos en que podemos (y debemos) plantearnos si deseamos o no asumirla.

Para muchos, ver a sus hijos crecer y desenvolverse en la vida es una de las claves que dan sentido a su paso por el mundo; en cambio, otros sienten que su proyecto de vida es pleno y completo dedicándola a otros proyectos que los hacen sentirse realizados. Si asumimos que tener hijos no es ni una obligación ni una necesidad, podremos considerar tan válida una opción como la otra.




Abogados de la extinción


Gran parte de los males que aquejan al planeta y amenazan la supervivencia de muchas especies son producto de la mano del hombre. ¿Sería la Tierra un mundo mejor si desaparecieran los humanos? Para el Movimiento en Pro de la Extinción Humana Voluntaria, la respuesta es claramente afirmativa: la única solución posible es que los humanos dejemos de reproducirnos.
Puede sonar a chiste, pero no lo es. El VHEMT (Voluntary Extinction Movement, pronunciado vehement, por lo que sus miembros se autodenominan vehementes) cuenta con miles de voluntarios en todo el mundo. Su página web, traducida a 16 idiomas entre los que se encuentran el castellano y el catalán, propugna la no procreación como solución a los problemas del ecosistema. Acabar con la polución, el calentamiento global y el cambio climático está en nuestras manos, pero no basta con reciclar el plástico y el vidrio y utilizar gasolina sin plomo. Sólo la desaparición de nuestra especie podrá solucionar los problemas del ecosistema que nosotros mismos hemos creado.

Les U. Knight, fundador del VHEMT, pone especial atención en aclarar que se trata de un movimiento pacífico que no defiende la eliminación de los seres humanos que ya existen. Se trata de un movimiento informal que propugna el diálogo y el debate. A su juicio, traer una criatura al mundo es una forma de negación que equivale a alquilar habitaciones en un edificio ardiendo. “Y nada menos que a nuestros propios hijos” añade. Sabe que es improbable que el movimiento logre imponerse, pero aun así defiende que el Homo sapiens es un cáncer que está destruyendo el ecosistema y que deberíamos dejar de reproducirnos para que la vida pueda seguir su curso en la Tierra.

martes, 20 de noviembre de 2007

Poblaciones en transición y poblaciones post-transicionales (actividad)

¿Cuáles de las siguientes características corresponden a las poblaciones que todavía están atravesando alguna de las fases de la transición demográfica (en transición o transicionales) y cuáles a poblaciones que ya las han atravesado todas (post-transicionales)?
  • Bajo nivel de urbanización
  • Lento crecimiento
  • Baja fecundidad
  • Matrimonio temprano
  • Mortalidad infantil muy baja
  • Mortalidad maternal muy baja
  • Alta tasa de participación femenina en la fuerza de trabajo
  • Matrimonio tardío
  • Población joven
  • Bajo o medio-bajo nivel de renta
  • Elevada proporción de solteros
  • Población envejecida
  • Tasa de dependencia en aumento
  • Alto nivel de renta
  • Baja proporción de la fuerza de trabajo en agricultura
  • Alto nivel de urbanización
  • Baja mortalidad
  • Rápido crecimiento
  • Alta o intermedia fecundidad
  • Mortalidad en descenso
  • Mortalidad infantil aún elevada
  • Mortalidad maternal aún elevada
  • Alta divorcialidad
  • Baja proporción de solteros
  • Baja divorcialidad
  • Alta tasa de dependencia
  • Elevada proporción de la fuerza de trabajo en agricultura
  • Baja tasa de participación femenina en la fuerza de trabajo

lunes, 12 de noviembre de 2007

Transición demográfica

Fuente: Wikipedia

La transición demográfica es una teoría utilizada en demografía que ayuda a entender al mismo tiempo dos fenómenos:

En primer lugar, explica porque el crecimiento de la población mundial se ha disparado en los últimos 200 años (pasando de los 1.000 millones de habitantes de 1800 a los 6.500 millones de la actualidad).


En segundo lugar, describe el periodo de transformación de una sociedad preindustrial (caracterizada para tener unas tasas de natalidad y de mortalidad altas) a una sociedad moderna o postindustrial (caracterizada para tener ambas tasas bajas).



Un proceso en 4 fases


La teoría arranca de los estudios iniciados por el demógrafo estadounidense Warren Thompson en el año 1929 y es hoy, si hace falta, más vigente que nunca. Thompson observó los cambios (o transición) que habían experimentado en los últimos doscientos años las sociedades industrializadas de su tiempo con respecto a las tasas de natalidad y de mortalidad. De acuerdo con estas observaciones expuso la teoría de la transición demográfica según la cual una sociedad preindustrial pasa, demográficamente hablando, por 4 fases o estadios antes de derivar en una sociedad plenamente postindustrial.


Gráfica 1. Los 5 estadios en qué se divide la transición demográfica. TN=Tasa de natalidad; TM=Tasa de mortalidad; CP=Población (esta variable no se mide con las unidades del eje vertical de este gráfico).



Fase 1: Antiguo Régimen demográfico

En el primer estadio -típico de las sociedades preindustriales- las tasas de natalidad y de mortalidad son muy altas, por lo cual el crecimiento natural de la población es muy lento e, incluso, inexistente.


Este estadio es el que ha caracterizado la historia de la humanidad desde sus orígenes hasta el siglo XVIII (ver la gráfica 2). A modo de ejemplo: en la edad media y la edad Moderna las tasas de natalidad y mortalidad se situaban cerca del 40‰ o 50‰, es decir, nacían muchos niños pero, al mismo tiempo, moría mucha gente (a causa de los conflictos bélicos, crisis, epidemias...). El resultado de todo es que el número de habitantes del planeta se incrementaba pero de forma muy lenta.


RESUMEN:C.V. estable.No se producen apenas variaciones.



Fase 2: Comienzo de la Transición


Es propio de países en vías de desarrollo. Los índices de mortalidad bajan de forma repentina gracias a las mejoras en las técnicas agrícolas (que aumentan los rendimientos), las mejoras tecnológicas, los avances en medicina y alfabetización ... Estos cambios contribuyen decisivamente a alargar la esperanza de vida de las personas y a reducir la mortalidad.

Por el contrario, en este segundo estadio las tasas de natalidad se mantienen muy altas, razón por la cual se produce un desequilibrio que se traduce en un incremento muy importante de la población.


RESUMEN: descenso T.M., aumento T.N., C.V. muy desequilibrado.




Fase 3: Final de la transición

Los índices de natalidad inician un importante bajón motivado por diferentes motivos: el acceso a la contracepción, la incorporación de la mujer a la educación y al mercado laboral, el acceso al estado del bienestar, el proceso de urbanización, la sustitución de la agricultura de subsistencia por la agricultura de mercado, junto con otros cambios sociales.


La tasa de mortalidad continúa la tendencia bajista iniciada ya en el estadio 2 y, por esta razón, el crecimiento demográfico en esta tercera fase continúa siendo relativamente alto.


RESUMEN: descenso de la T.N., bajos indices de mortandad.




Fase 4: Régimen demográfico moderno

Este último estadio es típico de las sociedades postindustriales y se caracteriza porque la tasa de mortalidad "toca fondo" y la de natalidad se iguala; consiguientemente, el crecimiento natural de la población vuelve a estancarse.


RESUMEN: vuelta a la fase 1, esta vez con indices mucho menores. Estancamiento C.V.




¿Hacia una fase 5?


Si bien el modelo original de Transición Demográfica descrito por Warren Thompson presenta sólo cuatro estadios o etapas, actualmente está sobradamente aceptada la irrupción de una quinta fase en la cual el crecimiento de la población no está estancado sino que, incluso, se registra un crecimiento natural de la población negativo, dado que las tasas de natalidad son tan bajas que caen por debajo de las tasas de mortalidad, como está sucediendo en países como Alemania o Italia.



La transición demográfica hoy


El cuadro de abajo permite captar la evolución de la transición demográfica en nuestros días. Así, se han escogido 20 estados -con las tasas de natalidad y mortalidad correspondientes en el 2005- que ponen de manifiesto los diferentes ritmos existentes a la hora de completar las 5 fases del proceso.


Hay que señalar, sin embargo, que en la actualidad no hay ningún país que se encuentre todavía en la fase 1 porque, afortunadamente, las tasas de mortalidad próximas al 40 o 50‰ hace décadas que no se registran.





Características


Fase 1
-
40-50
40-50



En la actualidad no hay ningún estado en el mundo que presente Tasas de Mortalidad tan altas. Para encontrar algún país del Tercer Mundo en esta fase, habría que remontarse a la primera mitad del siglo XX; y hasta el siglo XVIII para encontrar alguno rico.


Fase 2





Níger
TN 48,30
TM 21,33



La Tasa de Natalidad (TN) se mantiene alta. Por el contrario, la Tasa de Mortalidad (TM) experimenta un fuerte bajón que se traduce en un fuerte aumento de la población.

Mali
TN 46,77
TM 19,05

Uganda
TN 47,39
TM 12,80

Somalia
TN 45,62
TM 16,97

Haití
TN 36,59
TM 12,34




Fase 3


Honduras
TN 30,38
TM 6,87

La TN inicia un bajón, pero como la TM continúa reduciéndose el crecimiento demográfico sigue siendo marcadamente positivo.


Camboya
TN 27,08
TM 8,97

Filipinas
TN 25,31
TM 5,47

India
TN 22,32
TM 8,28

Marruecos
TN 22,29
TM 5,64


Fase 4

Reino Unido
TN 10,78
TM 10,18


La TN y la TM se reducen hasta llegar a valores muy parecidos, por lo cual se produce un crecimiento insignificante o, incluso, el estancamiento (como en el caso de Suecia).


Noruega
TN 11,67
TM 9,45


España
TN 10,10
TM 9,63


Japón
TN 9,47
TM 8,95


Suecia
TN 10,36
TM 10,36




Fase 5

Alemania
TN 8,33
TM 10,55


La TN sigue experimentando un bajón hasta el punto que se sitúa por debajo de la TM, con lo cual el crecimiento demográfico es negativo (se pierden habitantes).


Italia
TN 8,89
TM 10,30


Eslovenia
TN 8,95
TM 10,22


Lituania
TN 8,62
TM 10,92


Austria
TN 8,81
TM 9,70

De acuerdo con lo expuesto hasta aquí se pueden sacar algunas conclusiones:

El resultado final al inicio y al fin del proceso es lo mismo: un crecimiento natural bajo. Ahora bien, las circunstancias son diametralmente opuestas: en el estadio 1 porque nace y muere mucha gente (tasas altas); y en el estadio 4 porque nace y muere poca gente (tasas bajas).




Gráfica 2.


La población mundial ha crecido lentamente a lo largo de la historia, pero este crecimiento se ha acelerado en los últimos 200 años.


Desde sus orígenes y hasta el siglo XVIII, la humanidad estuvo anclada en el estadio 1 de la transición demográfica. Lo pone de manifiesto la gráfica 2 que se encuentra a la derecha, donde se puede apreciar la lentitud con que creció la población mundial durante este largo periodo de tiempo.

Con el estallido de la Revolución industrial, a mediados del s.XVIII, los países hoy desarrollados hicieron el salto en el estadio 2, iniciando el rápido crecimiento de la población mundial que refleja la gráfica 2.

Los países ricos completaron todo el proceso a finales del siglo XX, momento en el cual estabilizaron a la baja sus tasas de natalidad y mortalidad. Por lo tanto, la transición demográfica se comenzó aquí lentamente, sin brusquedades, a lo largo de unos 250 años.

Los países en vías de desarrollo o del Tercer Mundo, en cambio, han iniciado la transición demográfica más tarde y repentinamente. Actualmente, la mayoría de ellos -sobre todo los países africanos- se encuentran en el estadio 2 del proceso: mantienen la natalidad muy alta pero, en general, están reduciendo considerablemente la mortalidad. Otros países, especialmente de Latinoamérica, en Asia y también alguno de África, ya se encuentran en la fase 3 del proceso porque han reducido muchísimo la mortalidad y, al mismo tiempo, están disminuyendo paulatinamente la natalidad.


Los demógrafos consideran que el actual ritmo de crecimiento de la población mundial tiene fecha de caducidad, dado que los países en vías de desarrollo, tarde o temprano, completarán la transición demográfica y acabarán disfrutando de unas tasas de natalidad y mortalidad semejantes en las que tienen los países desarrollados. Por esta razón, los demógrafos consideran que la catástrofe malthusiana pronosticada por Thomas Malthus al principio del siglo XIX no acabará produciéndose.


La moderación en el crecimiento de la población mundial dependerá de la velocidad con que los países en vías de desarrollo sean capaces de completar la transición demográfica. Según cálculos de la ONU, si los países pobres aceleran el ritmo, en el año 2050 habrá en el planeta unos 7.500 millones de habitantes.


Si, por el contrario, el proceso se modera la población mundial se podría situar aquel año en cerca de los 11.000 millones de habitantes.


Bibliografía adicional


Caldwell, John C. 1976. "Toward a restatement of modern demographic theory." Population and Development Review 2:321-366.

Coale, Ansley J. 1973. "The demographic transition," IUSSP Liege International Population Conference. Lieja: IUSSP. Volumen 1: 53-72.

Coale, Ansley J., Barbara A. Anderson y Erna Härm. 1979. Human Fertility in Russia since the Nineteenth Century. Princeton, NJ: Princeton University Press.

Coale, Ansley J. y Susan C. Watkins, Eds. 1987. The Decline of Fertility in Europe. Princeton, N.J.: Princeton University Press.

Davis, Kingsley. 1963. "The theory of change and response in modern demographic history." Population Index 29 (Octubre): 345-366.

Hirschman, Charles. 1994. "Why fertility changes." Annual Review of Sociology 20: 203-233.

Korotayev, Andrey, Artemy Malkov, y Daria Khaltourina. 2006. Introduction to Social Macrodynamics: Compact Macromodels of the World System Growth. Moscú: URSS, ISBN 5-484-00414-4 [1]

Luttbeg, B., Borgerhoff Mulder, M. y M. S. Mangel (2000). To marry or not to marry? A dynamic model of marriage behavior and demographic transition. En Cronk, L., N. A. Chagnon y W. Irons, eds. Human behavior and adaptation: An anthropological perspective. Nueva York:
Aldine de Gruyter, pp. 345–368. (Nota: Hacer clic en "Publications," y después en el título.)

Thompson, Warren S. 1929. "Population". American Sociological Review 34(6): 959-975.

Enlaces externos


http://www.uwmc.uwc.edu/geography/Demotrans/demtran.htm