"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los piratas y los mares como metáforas de la globalización (artículo de prensa muy recomendable)

El regreso de los piratas

DANIEL INNERARITY, EL PAÍS 29/09/2009

La piratería ha dejado de ser una curiosidad histórica o una simple metáfora. Los piratas están entre nosotros y por todas partes, adoptando formas diversas: piratas aéreos y marítimos, radios piratas, diputados piratas, terroristas globales, piratas informáticos yhackers, virus, emigrantes clandestinos, ocupas o squats, biopiratería, paraísos fiscales... El pirata forma parte del imaginario contemporáneo de la globalización, en el que se dan cita el capitalismo predador, los movimientos integristas, las redes que escapan a los Estados o los libertarios del ciberespacio desregulado. Habría que preguntarse si esta reaparición de la piratería nos da alguna pista para entender mejor el mundo actual, sus promesas y sus peligros.
En un mundo global, sin fronteras, vuelven los piratas con su ambivalencia de libertad y barbarie
Los paraísos fiscales son una de las figuras de la piratería contemporánea
Podríamos tomar como punto de partida la contraposición entre la tierra y el mar que forma parte de nuestro imaginario geopolítico. Carl Schmitt, en el periodo de entreguerras, se lamentaba de que los Estados terrestres, protectores de la seguridad y la propiedad, estuvieran debilitándose frente a los poderes marítimos, liberales y oceánicos. Este esquema constituye el trasfondo de todos los debates políticos de la modernidad, que han girado en torno a una alternativa fundamental entre los Estados terrestres autárquicos y los poderes marítimos ilimitados, el choque entre una filosofía política de la tierra y una filosofía política del océano, entre un pensamiento del límite contra un pensamiento de lo ilimitado. El moderno Estado nación surge precisamente contra el desorden del mar, contra ese elemento de lo móvil, inestable, flotante, fluctuante y huidizo que los piratas encarnan simbólicamente. Para el reaccionario Schmitt, lo finito y acabado representaría el ideal frente a lo abierto e inacabado, propio de las sociedades liberales.
Todo parece indicar que la batalla se inclina actualmente en favor de eso que Bauman ha llamado el "mundo líquido": la globalización es impulsada por la fluidez general, la liquidación no sólo de las viejas fronteras, sino de la idea misma de frontera, que se convierte en algo obsoleto en un espacio desterritorializado. El mar, ese medio informe, sin huella, el universo del peligro y la conquista, es ahora la sociedad del riesgo, los espacios desregulados de las finanzas y el consumo, sobre los cuales el viejo Estado nación aparece como una potencia sin autoridad. No tiene nada de extraño que la figura del pirata reaparezca en un mundo así y que lo haga con toda su ambivalencia de libertad y barbarie.
El pirata encarna la figura de un tipo de enemigo que no amenaza tanto a un país en particular como a las naciones terrestres en general, no a una soberanía concreta como a la idea de soberanía en general. Es alguien que "desafía toda forma de respetabilidad organizada", dice Philip Gosse en su célebre Historia de la piratería. Pues bien, no creo estar forzando la metáfora si afirmo que la piratería representa una nueva forma de estar en el mundo que se ha vuelto líquido. No me refiero sólo al terrorismo global sino a formas actuales de la globalización que retoman el modelo de la rapiña. Podríamos pensar en el comportamiento de los consumidores, tan similar al pillaje (como se pone de manifiesto el primer día de rebajas en los grandes almacenes o en cualquier forma de consumo que implica un daño sobre el medio ambiente).
La analogía se acredita también si examinamos el actual panorama ideológico, más líquido que terrestre, con unas estrategias políticas más cercanas a la piratería que a la acción tradicional. El actual desencanto ideológico se pone de manifiesto en el hecho de que ni la izquierda ni la derecha están especialmente interesadas por intervenir a través de los habituales procedimientos de representación. Tanto el individualismo conservador como el izquierdismo radical se entienden a sí mismos como "contrapoderes", como "para-política". Para ambos el pirata representa el paradigma de la lucha contra la rigidez del Estado o contra el orden neoliberal; por distintos motivos, e incluso contrapuestos, la piratería es considerada como la estrategia más adecuada a las evoluciones económicas y culturales del capitalismo. Unos hablan de sociedad civil y otros de multitud, ambos conceptos muy líquidos. La derecha prefiere el mercado que el Estado y la izquierda formula, en vez de las tradicionales formas de lucha sindical, social, institucional o armada, unos sustitutos de combate como el exilio, la defección o la nomadización.
Una de las figuras más elocuentes de la piratería contemporánea son los paraísos fiscales, esos lugares sin identidad, sin fiscalidad ni obligación de residencia. Allí se consagra el curioso derecho de abandonar todo espacio político sustrayéndose al impuesto que es el símbolo del poder territorializado. Estas islas donde no rige el derecho invierten la relación entre la tierra y el mar: la tierra firme se encuentra ahora en la periferia de un mundo líquido, los Estados en la periferia del mundo financiero. Es como si viviéramos en un mundo en el que el mar hubiera tomado el poder sobre la tierra firme. Por eso cabe interpretar que la actual batalla contra los paraísos fiscales es una revancha de las potencias terrestres contra las derivas del nuevo poder desterritorializado.
El ciberespacio proporciona una gran cantidad de metáforas marítimas y piratas. Allí se mueven otros navegantes con la misma lógica libertaria con la que los expertos financieros inventan productos para escapar de una posible regulación. Los hackers se cuelan por los huecos de la Red y los financieros buscan los espacios off shore como los piratas circulan entre los espacios de la soberanía. Al igual que los piratas históricos, los navegantes de la Red viven en un archipiélago sobre el que el Estado impotente no tiene el monopolio de la violencia legítima.
La piratería es un indicador de falta de regulación, bien sea por encontrarnos ante formas de propiedad inéditas, bienes comunes de difícil identificación o innovaciones que plantean problemas normativos. La nueva piratería se debe especialmente a la actual profusión de bienes públicos, a la indefinición de su naturaleza; responde al hecho de que no siempre es fácil saber quién se hace cargo, de quién es la competencia, a quién pertenece, quién es el autor...
¿Cómo hacer la guerra contra los piratas en mundo líquido en el que no hay propiamente campo de batalla? La represión de la piratería en el siglo XVIII proporciona un modelo que, salvando las distancias, puede orientar nuestro combate contra los delitos globales. El edicto Alien tort statute mediante el cual los americanos trataron de eliminar a los piratas en 1789 nos da algunas pistas en materia de gobernanza y justicia global: debates abiertos, consensos más amplios, unificación de criterios y legislaciones. No hay otra solución que superar el principio de territorialidad del derecho en consonancia con la naturaleza desterritorializada de las amenazas a las que debemos hacer frente, hacer que el derecho sea más "marítimo" y menos "continental", hacerlo isomorfo con su objeto.
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Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía en la Universidad de Zaragoza

sábado, 6 de junio de 2009

La gentrificación de Barcelona

Iconos de vergüenza

PATRICIA GABANCHO EL PAÍS 06/06/2009

Desde la generosa terraza del Museo de Historia de Cataluña, un amigo señaló el promontorio de Montjuïc y me dijo: "Porcioles no se habría atrevido y al final se atrevieron los nuestros". Se refería al hotel Miramar, pintado de verde para hacer más clara su vergüenza. El alcalde huyó de inaugurarlo, aunque el Ayuntamiento tiene participación en el negocio, el 10% o así. No sé qué piensa mi amigo del hotel Vela, que sombrea la playa más popular de Barcelona. En todo caso, el Ayuntamiento lo considera un icono de la ciudad, justo ahora que el urbanismo icónico está desprestigiado en todas partes por las fracturas que produce en el espacio urbano, por la soledad de esos monstruos de postal, porque los buenos arquitectos prefieren hacer ciudad en lugar de hacer edificios con firma y estrambote.

La noticia en otros webs

Barcelona tiene cuentas siempre pendientes con el turismo, pero no tanto porque le molesten -que también- esos rebaños de gentes que van detrás de un guía con un paraguas a guisa de estandarte. No, Barcelona tiene la intuición de que con la excusa del turismo se cuelan demasiadas cosas, por ejemplo, una sutil prolongación del negocio inmobiliario a través de la construcción de hoteles, en cualquier parte. Si es un hotel, todo vale. El de Ricardo Bofill se tramitó como "equipamiento" del puerto para burlar la Ley de Costas. ¿Para que descansen los estibadores? Es una aberración, pero también lo es el que le crece al Palau de la Música o el cilindro de lujo en El Raval. Barcelona usa la cobertura del "turismo cultural", pero lo que pretende es explotar turistas ricos como si la ciudad fuera la ribera de Cancún.

Nadie renuncia hoy a la industria del turismo. Pero en Barcelona el turismo no es la lluvia fina que beneficia al pequeño comerciante, sino un instrumento de gentrificación. La palabra describe la expulsión de los vecinos de toda la vida barridos por nuevos vecinos ricos después de una intervención urbanística. Si es Nueva York, el detonante es privado. Si es la Ribera, el Born, la Barceloneta y hasta El Raval con su prepotente hotel de lujo, el brazo ejecutor es municipal y "progresista". ¿Estamos hablando de la ciudad que fue modelo de urbanismo sensible y a la menuda?

martes, 24 de febrero de 2009

El reto energético aquí y ahora. Todos quieren más. La demanda de energía se multiplicará por la irrupción de los países emergentes***



PEDRO A. MUÑOZ

Algunos datos:

El 17% de la población consume el 57% del petróleo producido

China incrementó el gasto de hidrocarburos un 35% en una década.

España es el segundo país del mundo en potencia eólica.

La mitad del déficit exterior español se origina por la compra de combustibles

La humanidad ya no puede soportar el actual ritmo de crecimiento y consumo que diversas economías nacionales han venido empujando y manteniendo durante estos últimos años. Lo impiden:

  • el cambio climático,
  • la limitación de las fuentes de energía
  • o un modelo económico devastador de recursos.
  • Sin olvidar que un 20% de la humanidad consume el 80% de la energía,
  • y la pujanza de los países emergentes.

Ahí está, por ejemplo, el caso de China. Entre 2002 y 2007 contabilizó el 35% del aumento del consumo de petróleo mundial y, de acuerdo con recientes datos del Departamento de Energía (DE) norteamericano, “se espera que reclame, al menos, otro 24% de cualquier incremento global en la década venidera”.

Más datos impactantes. De la energía que consume el mundo, más del 85% no es renovable. Nadie ignora que cualquier yacimiento, mina o cantera tiene un límite de explotación a partir del cual la producción empieza a disminuir.

Mientras tanto, el consumo se incrementa y bajan las reservas. Un reciente informe de la OCDE indica que sus miembros —que suponen sólo un 17% de la poblaciónmundial— absorben el 56,9% del consumo global de petróleo y el 49,9% de gas natural.

Según el experto en seguridad internacional estadounidense Michael T. Klare, “en los buenos como en los malos tiempos, el petróleo seguirá suministrando la mayor parte de la provisión mundial de energía. Los productos petrolíferos abarcarán el 38% del suministro energético total en 2015; el gas natural y el carbón, sólo el 23% cada uno.

Se espera que el margen del petróleo decaerá ligeramente a medida que los biocombustibles (y otras alternativas) ocupen un porcentaje mayor, pero incluso en 2030 todavía seguirá siendo el combustible dominante”.

“La situación actual es de crisis energética potencial, y ésta estallará en un periodo muy corto si no tomamos decisiones para cambiar nuestro actual modelo energético. Es posible que superemos la crisis económica global, pero si no cambiamos de modelo, la crisis energética nos caerá encima y de ella no podrá recuperarse quien no haya tomado las decisiones correctas a tiempo”, señala Klare.

Esteban Morrás, director adjunto a la presidencia de Endesa, opina: “Si miramos más allá del corto plazo, la conclusión es que los 1.000 millones de personas que hoy tienen acceso fácil a las redes energéticas deberán dejar de derrochar, pero también, que muchos miles de millones más, que no tienen hoy acceso a esas redes, deberán acceder a ellas y consumir mucho más.

Si miramos hacia un futuro mejor para todos los habitantes del planeta, la conclusión es que la demanda energética seguirá aumentando”. Según el Banco de España, la factura del petróleo ha pasado de representar el 3,2% de nuestro PIB en 2007 al 4,7% en el primer trimestre de 2008. Una factura que supone el 50% de nuestro déficit comercial. España importa el 79% de la energía primaria que consume, un porcentaje muy superior a la media de la Unión Europea, que es de un 59%.

Hay más datos preocupantes, como el elevado peso que tienen los combustibles fósiles en el mix energético, situación que ha hecho que las emisiones de gases de efecto invernadero hayan aumentado un 59% en España desde 1990, cuando el compromiso del Protocolo de Kioto era de un máximo del 15%.

Con respecto al petróleo nuestra situación no es mejor. De 1973 a 2004, los países de la OCDE han reducido su intensidad petrolífera (consumo de petróleo por unidad de producto) un 45% de media, mientras que en España sólo ha disminuido un 14,7%.

Todo ello supone para España

  • una pérdida de renta nacional (más déficit comercial),
  • de renta disponible (más inflación),
  • de competitividad exterior (nuestros productos son más caros)
  • y más emisiones de CO2. Nuestro mayor consumo de hidrocarburos nos hace más vulnerables.

“El primer problema energético de España es cómo garantizamos la luz a todos los ciudadanos y a todas las empresas consumiendo menos energía. Junto con Portugal, somos el país con mayor intensidad energética (o ineficiencia energética) de la UE. Nuestra economía necesita consumir un 19%más de energía que la media europea y un 77% más que Dinamarca, que es el país más eficiente. Si en los últimos diez años la intensidad energética de laUE-15 se ha reducido un 11,8%, en España se ha incrementado un 5%”, puntualiza Javier García Breva, director general de Solynova (proyectos de energía solar) y miembro de la junta directiva de la Asociaciónde Productores de Energías Renovables (APPA).

En opinión de García Breva, el enorme potencial de ahorro de energía que existe en la economía española en todos los sectores y actividades constituye una gran oportunidad de desarrollo económico, tecnológico y de empleo. Una segunda conclusión es la necesidad de dar a la gestión de la demanda otro rango normativo a través de una Ley de Eficiencia Energética con compromisos concretos.

No hay que olvidar que consumir un 20% menos de energía o que el 40% de la generación sea de origen renovable no puede quedar al albur de la Divina Providencia, sino que ha de ser un compromiso legislativo de primer orden, la base de una nueva política fiscal y de una planificación energética.

Frente a una situación que irá empeorando, los análisis coinciden en que a corto y medio plazo habrá que apostar por vías que sean más factibles para lograr un sistema energético que no dependa de los hidrocarburos. Es decir, por un “modelo descarbonizado”.

Las vías son:

  • renovables,
  • nuclear y captura de CO2.

Sobre todo ahora, cuando nuestro modelo energético depende en un 80% del petróleo, el carbón y el gas, y un 20% de energías no carbonizadas.

El año pasado, el sector de petróleo invirtió 330.000 millones de dólares en perforaciones, exploraciones, nuevas capacidades o ampliaciones. En renovables, 160.000 millones. Una noticia esperanzadora para quienes llevan décadas trabajando para abrir camino a las energías limpias. Hace 20 años, la inversión que podía haber en renovables respecto a la efectuada en petróleo no llegaba ni al 1%.
Razones hay muchas, pero salta a la vista que lamayor ventaja de las energías renovables es que no dependen de nadie. En Grecia por ejemplo, en el año 2002, el 52% del agua caliente sanitaria se obtenía del sol. En España sólo alcanzábamos el 2,5%.

Pero aquí también se ha avanzado. En la edificación es factible que un edificio en un país como el nuestro pueda cubrir todas sus necesidades con renovables. En estos momentos, España es el segundo país del mundo en parques eólicos, con 17.749 megavatios eólicos instalados a finales de 2008, y el cuarto en instalaciones fotovoltaicas. Además, cuenta con tres compañías entre las cinco mayores promotoras eólicas delmundo. Las repercusiones económicas son evidentes, el sector industrial eólico español proporciona 31.000 empleos directos y más de 60.000 indirectos.

Un informe de la Agencia Internacional de la Energía indica que dentro de tres o cuatro años la producción de petróleo comenzará a declinar. “Para que realmente no se produzca un colapso, deberíamos de multiplicar las inversiones en renovables por tres. Deberíamos invertir 400.000 o 500.000 millones de dólares anuales en renovables en todo el mundo, frente a los 130.000 o 140.000 millones que se invierten hoy. Basta con ver un dato bastante significativo. En España, la energía eólica implantada actual tiene capacidad para producir el 15% de la demanda. En Estados Unidos, que ha sido el país quemás energía eólica ha implantado, no llega ni al 1% de la demanda”, señala el experto Esteban Morrás.

Por otra parte,muchos analistas estiman que la opción nuclear debería incrementar su capacidad.En estos momentos, la opción nuclear cubre en torno al 14% de la demanda. Las inversiones en el mundo el año pasado rondan los 30.000 millones de euros, menos del 20% de lo que se invirtió en renovables.

Las nucleares, junto con las renovables y la captura de CO2, son las tecnologías llamadas a sustituir al petróleo. Una conclusión se impone en el debate: a la larga, todas son necesarias. Es cierto que la captura o “secuestro” de CO2 no es una opción real, pues se encuentra aún en pruebas. Es un proceso que consiste en separar el CO2 de fuentes energéticas e industriales, transportarlo a una localización en la que será almacenado, y aislarlo. Es una tecnología con muchas cuestiones por resolver. De momento se espera que esta tecnología pueda aplicarse alrededor de 2020.

En cualquier caso, las centrales antiguas de carbón tenían un rendimiento de poco más del 30% y se ha hecho un gran trabajo eliminando de ellas muchos elementos contaminantes, como SO2 y NOx, pero el CO2 sigue ahí. Al trabajar en captura de CO2, las nuevas centrales de carbón pueden incrementar mucho su rendimiento, hasta el 55%. Pero habrá que seguir trabajando para hacer real esta alternativa. J

Para Esteban Morrás, el toque de atención ya se ha dado. Hay que buscar un equilibrio en el panorama mundial. “Si queremos un mundo que apunte a un nivel de desarrollo cercano al nivel de un país como España, con 5.000 millones de personas que están lejísimos de ese nivel de desarrollo, la demanda energética deberá crecer enormemente. Aunque 1.000 millones de personas de países más favorecidos posean y consuman energía en exceso, hay 5.000 millones que padecen insuficiencia energética.

Conclusión: se precisa mucha más energía para lograr un mundo más equilibrado. Un desafío en el que tenemos que trabajar empresas, ciudadanos, todos…”. En cualquier escenario que contemplemos a 30 años
vista, la necesidad de oferta energética mundial será el doble de la actual.

Actualmente, la tensión que producen los combustibles fósiles es enorme en cuanto a volatilidad de precios, provocando incluso episodios determinados de restricciones de consumo. Pero, además, las reservas han llegado a su pico y están descendiendo y son para un periodo temporal (40 o 50 años). La situación es ésta: tensiones en los mercados energéticos, las reservas van hacia abajo y las necesidades deben ir obligatoriamente hacia arriba para lograr un mundo más equilibrado.

Está claro que la tensión será la actual, pero multiplicada por un factor X y acelerada por un factor Y. No hay ninguna otra posibilidad. Y la única manera de afrontar y superar este reto es abandonar el modelo energético actual e implantar un nuevo modelo basado en

  • las energías renovables,
  • la edificación energéticamente eficiente,
  • el transporte eléctrico,
  • la captura de CO2
  • y, por qué no, la energía nuclear.

Datos claros en el futuro. Centro de control de Red Eléctrica Española. / RICARDO GUTIÉRREZ

EXTRA EL PAÍS, DOMINGO 22 DE FEBRERO DE 2009. Energía

sábado, 1 de noviembre de 2008

Geografías urbanas: la tres chimeneas de Fecsa

Una galería subterránea

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR, EL PAÍS, 01/11/2008

Las tres chimeneas de Fecsa son tres barrotes de hormigón para un paisaje histórico. Es el paisaje del viejo suburbio industrial en primera línea de playa, del que ya no queda más que eso, cientos de toneladas de cemento dormido, 65.000 metros cuadrados de recinto rodeado por muros coronados con vallas de espino y garitas con los cristales rotos, con enormes tubos de refrigeración que se adentran en el mar y lo recalientan como se recalienta el planeta; pero que durante años ha proporcionado energía suficiente para iluminar todo un país desde su noche periférica. Ahora las turbinas de Fecsa, sus tres torres de 200 metros de altura, no van a poder alumbrar ni su propia biografía. La compañía eléctrica ha anunciado que tiene previsto renovar las instalaciones y que en 2010 va a derrumbar estas torres, como cae derrumbado un vagabundo por una calle desierta. Y el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs, en una consulta que tendrá lugar del 17 al 23 de noviembre, ha decidido preguntarles a sus vecinos, igual que hacía Kiko Ledgard en el juego del Un, dos, tres..., si quieren tirar las torres o se plantan con lo que hay. Lo que hay es, ante todo, un símbolo, y para salvar el símbolo van acumulándose propuestas de utilidad práctica, como convertir las torres en un hospital, en un restaurante, en un lanzadero de parapente, en pisos para jóvenes e incluso en una galería de arte.

Las tres chimeneas de Fecsa son tres barrotes de hormigón para un paisaje histórico

Al pie de las tres torres de Fecsa hay toneladas de horas de trabajo que pusieron los trabajadores emigrados de todas partes, y también pusieron huelgas antifranquistas, y pusieron además un muerto en aquellas huelgas, del que hoy queda el nombre en una calle del barrio de La Mina. Manuel Fernández Márquez. Las tres chimeneas de Fecsa tienen mucho de sociológico, de crueldad arquitectónica y hasta de estatua de la Libertad hundida en la arena de un nuevo planeta de los simios; pero sobre todo tienen algo político, algo de destruida cúpula de Carabanchel y hasta otro algo de fosa de una clase que ha sido enterrada o por lo menos maquillada. Hoy, en Sant Adrià, lo que se ha puesto de moda son las peluquerías, los estilistas, las tiendas de maquillaje y cosméticos con un punto de delicatessen. Ya que no es posible un mundo más justo, aún se puede aspirar a vivir la vida sin padrastros.

Cuando uno se acerca al pie de las tres chimeneas para adorarlas como un templo proletario de una era olvidada, lo que se encuentra es un puñado de viejos desnudos amojamándose al sol de la playa con los ojos cerrados para no quemarse la vista, pero también para no ver el cartel que dice: "Zona muy peligrosa. Prohibido el baño". Y merodeando tras estos hombres, andan con los puños vueltos y la camisa abierta, que aletea como un aguilucho en busca de comida, los emigrantes, chavalotes que vienen a hacer de chaperos a lo largo del día.

Es precisamente en esta zona playera de las tres chimeneas donde ha ido formándose el museo más vivo, una de las galerías de arte más apasionantes y más verdaderas de Barcelona. Es en esta parte del muro de cemento de Fecsa donde los plantilleros y las plantilleras Borbo, Coolture, y creo que también Olivia (me fascinan, pero no estoy puesto), han ido dibujando sus plantillas, han ido dejando sus pinturas murales, que hablan del mundo tal como lo sentimos, sobre la pared más apartada y marginada de la periferia, porque saben que el arte es ir contra todos y contra todo. Y todo ello en medio de la obstinación del mar, de la obstinación de las torres, de la obstinación de los chaperos, de la obstinación del arte... por la vida.

lunes, 11 de agosto de 2008

Sanidad de pago en EE UU

¿Por qué la salud es de pago en EE UU?

Grandes empresas médicas y farmacéuticas financian las campañas electorales en la gran potencia. Es lo que impide que se realice una reforma sustancial que universalice un sistema público de sanidad

POR VICENÇ NAVARRO

Fuente: EL PAÍS - Opinión - 06-08-2008

El proceso de las primarias de los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos que termina este agosto ha sido presentado por gran número de comentaristas que escriben en las páginas de opinión de medios de información españoles como un indicador de la vitalidad, madurez y calidad democrática de aquel país. Ni que decir tiene que tal proceso ofrece muchas enseñanzas positivas que explican que se haya convertido en un punto de referencia internacional. Varios partidos en España y en Europa han introducido prácticas de gobierno interno claramente inspiradas en las primarias de los partidos mayoritarios estadounidenses.

Ahora bien, en el análisis de aquella experiencia de Estados Unidos hay dos hechos que no reciben suficiente atención crítica. Uno es que el sistema electoral no es proporcional, sino mayoritario. Es decir, el número de escaños que se asignan a un partido no es proporcional al número de votos que recibe. El sistema electoral favorece el bipartidismo, el cual requiere unas primarias que permitan conocer la fuerza de las distintas sensibilidades existentes en cada partido. En un sistema proporcional, tales sensibilidades probablemente serían partidos políticos.

El otro hecho que merece subrayarse y que disminuye la calidad democrática de las primarias (y de cualquier proceso electoral en Estados Unidos) es la financiación primordialmente privada del proceso. Los candidatos requieren grandes cantidades de dinero para tener acceso a los medios de información, de los cuales los medios televisivos son los más importantes. Las televisiones, todas ellas privadas, venden su espacio al mejor postor, sin límites y sin estar sujetas a ningún tipo de regulación en cuanto al contenido, al espacio o al tiempo de exposición.

Así, antes de comenzar la campaña de las primarias del Partido Demócrata, los dos candidatos más importantes, Barack Obama y Hillary Clinton, tenían ya recogidos más de 100 millones de dólares que provenían en gran parte de empresas financieras (como la banca y las compañías de seguros), empresas comerciales (como cadenas de supermercados), empresas manufactureras (como la industria farmacéutica), asociaciones profesionales (como la Asociación Médica Americana) y otros intereses económicos y profesionales (conocidos todos ellos en el lenguaje popular como componentes de lo que se llama en Estados Unidos la Corporate Class). Tales fondos proceden también de aportaciones de personas que pertenecen sobre todo al 40% de renta superior del país. Esta privatización en la financiación del sistema electoral discrimina a aquellos candidatos -en su mayoría voces críticas del sistema económico y político, con sensibilidad de izquierdas o centro-izquierda, tales como Kucinich y Edwards- que no pudieron conseguir fondos de la Corporate Class, y por lo tanto tienen muchas menos posibilidades de acceder al público.

Esta privatización del sistema electoral tiene enormes repercusiones en la configuración de las políticas públicas de los candidatos, incluidas las políticas que configuran el escasamente desarrollado Estado de bienestar. Un ejemplo de ello es la sanidad. El hecho de que los candidatos más importantes en las primarias de ambos partidos recibieran fondos de las compañías de seguros sanitarios privados (525.188 dólares Hillary Clinton, 414.863 Barack Obama y 274.729 John McCain), explica que ninguno de ellos haya propuesto una financiación pública del sistema sanitario que se caracteriza por una financiación privada gestionada por tales compañías de seguros. El aseguramiento privado es la forma más común de financiación de la atención sanitaria y se realiza bien mediante las aportaciones de los empleadores y de los empleados de las empresas a las compañías de seguros (que contratan la provisión de servicios con las instituciones sanitarias mayoritariamente privadas) o bien individualmente, siendo en este último caso difícil conseguir tal aseguramiento cuando la persona tiene una enfermedad crónica. El Gobierno Federal financia el aseguramiento sanitario de los ancianos, cubriendo cerca del 50% de sus gastos sanitarios.

Tal sistema es enormemente costoso. Estados Unidos se gasta un 16% del PIB en sanidad, calculándose que alcanzará el 20% en 10 años. Como contraste, España se gasta el 5,8% del PIB en sanidad pública, ofreciendo cobertura sanitaria completa a todos sus ciudadanos, y garantizando el derecho humano de tener acceso a los servicios sanitarios en tiempo de necesidad, un derecho no existente en aquel país.

Cuarenta y siete millones de habitantes no tienen ninguna cobertura sanitaria y no son suficientemente pobres para beneficiarse del programa federal Medicaid, un programa para personas pobres que es financiado conjuntamente con los Estados, y que atiende a menos del 20% de la población que se llama "indigente médica" (es decir, que no pueden pagar sus facturas médicas), porcentaje que varía de Estado a Estado, pues son los Estados los que definen el nivel de indigencia médica. Según el doctor David Himmelstein, profesor de Health Policy de la Universidad de Harvard, más de 100.000 personas mueren al año por no poder tener acceso a los servicios sanitarios por causas económicas. Esta dificultad para pagar las pólizas de seguros, copagos y facturas médicas es un problema generalizado y alcanza dimensiones de gran dramatismo humano: el 48% de las personas con una enfermedad terminal expresó en una encuesta reciente que estaba preocupado de cómo ellas o sus familiares pagarían sus facturas médicas. La imposibilidad de pagar las facturas médicas es la primera causa de bancarrota de las familias estadounidenses.

No hay duda de que Estados Unidos tiene excelentes centros médicos y la calidad del personal sanitario es elevada. Pero la inseguridad que crea en la población tal sistema de aseguramiento y financiación privada, su gran carestía y su enorme ineficiencia (el 28% del gasto sanitario total lo absorbe la Administración del sistema) es la causa del gran descontento de la población hacia la organización y financiación del sistema sanitario. El 69% de la población está insatisfecha con la financiación de la atención sanitaria (la población estadounidense es la población de la OCDE que está más descontenta con su sistema sanitario), lo cual explica que la reforma sanitaria se haya convertido en uno de los temas más importantes en las campañas de las primarias y presidenciales (para mayor detalle de las propuestas de los candidatos, ver www.vnavarro.org, sección Estados Unidos).

En respuesta a esta insatisfacción, los candidatos están proponiendo políticas públicas que respondan a esta demanda de cambio. En realidad, el 62% de la población desea que el Gobierno Federal garantice el derecho de acceso a los servicios sanitarios a través de una financiación pública, tal como existe en la gran mayoría de países de la UE-15. Pero ninguno de los candidatos está haciendo propuestas que permitan alcanzar tal deseo. Y ello se debe a la enorme influencia que los grupos económicos, financieros y profesionales que dominan el sector tienen en la vida política, como consecuencia de la privatización del sistema electoral. Una influencia de la que la mayoría de la población es consciente y que explica la animadversión que gran parte de la población tiene hacia la clase política (un 74% de la población señala que el Congreso de Estados Unidos no representa sus intereses).

De ahí que todos los candidatos, Obama, Clinton e incluso McCain, se tuvieran que presentar durante las primarias como anti Washington (el centro de la clase política) y anti Corporate Class, siendo Barack Obama el que más se ha beneficiado de este sentimiento popular al haber estado en Washington sólo un par de años y haber expresado su oposición a la intervención en Irak cuando Washington apoyó tal medida. Ahora bien, es altamente improbable que en caso de salir presidente (hecho que favorezco), universalice el derecho de acceso a la sanidad por parte de la población, tal como en la práctica ocurre en España y en la mayoría de países de la UE-15. En realidad, una reforma sustancial de la sanidad y de otros servicios del Estado de bienestar estadounidense no tendrá lugar a no ser que haya un cambio muy profundo del sistema electoral.

lunes, 14 de julio de 2008

El tren descontrolado del mundo

EL PAÍS, KENNETH ROGOFF, 13/07/2008

"La prosperidad de los últimos años está a punto de estrellarse contra una pared"

"Los políticos deben apretar el freno para que la crisis no acabe de manera horrible"

"La limitación de los recursos naturales se ha adelantado y nos está golpeando ya"

"Hay visos de una próxima y gigantesca crisis (financiera, económica y política)"



La economía mundial es un tren descontrolado que empieza a frenar, pero no con suficiente rapidez. Eso es lo que nos grita el extraordinario aumento de precios del petróleo, los metales y los alimentos al que estamos asistiendo. La espectacular e histórica prosperidad económica mundial de los últimos seis años está a punto de estrellarse contra una pared. Por desgracia, nadie, desde luego no en Asia o en Estados Unidos, parece estar por la labor de hacer de tripas corazón y ayudar a idear el necesario repliegue coordinado hacia un crecimiento sostenido por debajo de la tendencia, lo cual es necesario para que nuevos suministros y alternativas de materias primas puedan ponerse a la altura de la demanda.

Sin embargo, los gobiernos se empeñan en estirar unos auges insostenibles, impulsando aún más los precios de las materias primas y aumentando el riesgo de que se produzca uno de esos caos financieros y económicos que sólo se viven una vez. Todo esto no tiene por qué acabar de manera horrible, pero los políticos de la mayoría de las regiones del mundo tienen que empezar a pisar con fuerza los frenos, no el acelerador.

No miren hacia Estados Unidos en busca de liderazgo en un año de elecciones presidenciales. Por el contrario, el Gobierno estadounidense ha estado entregando cheques de devoluciones fiscales para que los estadounidenses compren hasta la extenuación, y ahora el Congreso habla de seguir.

No miren tampoco hacia los nuevos mercados. Desesperados por mantener el tirón político y económico, casi todos han tomado una serie de medidas para evitar que sus economías sufran de lleno el golpe de las fuertes subidas de precio de los productos básicos. A consecuencia de ello, estos precios están consumiendo los colchones fiscales en lugar de reducir la demanda.

Me desconcierta que tantos expertos económicos parezcan pensar que la solución es que todos los gobiernos, ricos y pobres, repartan más cheques y subvenciones para que siga la expansión económica. La política keynesiana de estímulos podría contribuir a aliviar un poco a algún país que actúe por su cuenta. Pero si todos los países intentan estimular el consumo al mismo tiempo, no funcionará.

Un aumento general de la demanda mundial se traducirá sencillamente en una subida de precios de las materias primas, y tendrá poco efecto útil para el consumo. ¿No es esto evidente? Sí, sigue habiendo crisis financiera en Estados Unidos, pero cebar la inflación es un modo increíblemente injusto e ineficaz de enfrentarse a ella.

Algunos gobernadores de bancos centrales nos dicen que no nos preocupemos, porque serán mucho más disciplinados que los bancos centrales de la década de 1970, cuando el mundo afrontó una subida de precios similar de los productos básicos. Pero esta vez es distinto. El problema de las materias primas nos ha pillado por sorpresa, a pesar de las notables reformas institucionales de la política macroeconómica en todo el mundo.

La afluencia histórica de nuevos participantes en la población activa mundial, todos los cuales aspiran a los niveles de consumo occidentales, está llevando el crecimiento mundial más allá del marcador de seguridad del velocímetro. En consecuencia, la limitación de los recursos naturales que antes esperábamos que terminara hacia mediados del actual siglo XXI nos está golpeando ahora.

Espere un segundo, dirán ustedes. ¿Por qué no pueden nuestras economías de mercado tan maravillosamente flexibles capear el temporal? ¿No harán los precios elevados que las personas limiten el consumo y busquen nuevas fuentes de suministro?

Sí, y eso es lo que acabó ocurriendo con los suministros de energía en la década de los años ochenta del pasado siglo. Pero el proceso lleva tiempo, y, debido al peso creciente en el consumo mundial de unas economías de mercado emergentes relativamente inflexibles, el ajuste probablemente llevará más tiempo que hace unas décadas.

Por diversas razones, la mayoría relacionadas con la intervención estatal, no se puede decir que muchas economías de mercado emergentes tengan una demanda de recursos flexible, de modo que los picos de los precios no están teniendo consecuencias especialmente apreciables sobre la demanda.

Los gobernadores de bancos centrales que nos dicen que no nos preocupemos por la inflación señalan la relativa estabilidad de los salarios. Por lo general las expansiones empiezan a paralizarse cuando la mano de obra se vuelve demasiado escasa y demasiado cara. Pero la actual expansión se sale de lo normal porque, debido a circunstancias únicas (en la época moderna), las restricciones del trabajo no son el problema. Por el contrario, la población activa real del planeta sigue aumentando.

No, esta vez, los recursos de materias primas son la principal restricción, y no un problema secundario, como en el pasado. Por eso los precios de estas mercancías seguirán subiendo hasta que el crecimiento mundial se ralentice durante el tiempo suficiente como para que nuevas ofertas y nuevas opciones de ahorro se pongan a la altura de la demanda.

Esta economía mundial convertida en tren descontrolado tiene todos los visos de una gigantesca crisis -financiera, política y económica- en ciernes. ¿Encontrarán los políticos un modo de alcanzar la coordinación internacional necesaria? Hay que empezar por hacer un diagnóstico correcto. El mundo en su totalidad debe endurecer su política monetaria y fiscal. Es hora de pisar el freno de este tren descontrolado, antes de que sea demasiado tarde. -

Kenneth Rogoff es catedrático de Economía y Política Pública de la Universidad de Harvard y ex jefe de economistas del Fondo Monetario Internacional. © Project Syndicate, 2008.

viernes, 27 de junio de 2008

De la relevancia del trabajo a la relevancia del ocio

Importancia del ocio

LA VANGUARDIA, 27 de junio de 2008

Tal parece que en las sociedades avanzadas hemos pasado de la relevancia del trabajo a la relevancia del ocio. Si hacemos caso omiso de que para disfrutar de tiempo libre es necesario disponer de un peculio diario suficiente, viene a resultar que la gente concede mayor importancia a cómo se divierte que a cómo obtiene el dinero necesario para hacerlo.
Un estilo de vida en el que cobra creciente importancia el salir de fin de semana, ir de vacaciones, practicar o presenciar deportes, hacer turismo de largo alcance. En consonancia, se desprecian empleos en los que hay que trabajar en sábado o domingo, y se valora cada vez más el poder jubilarse anticipadamente. Fue en el lejano 1964 cuando Joffre Dumazedier publicó en Francia un estudio premonitorio, Hacia una civilización del ocio. Ahora cabe decir que la meta ha sido alcanzada.

¿La clase trabajadora es más feliz actualmente que cuando trabajaba diez horas al día, seis días por semana? Objetivamente, sí; mucho más feliz, más libre. Y la población en su conjunto, ¿también lo es? Según las estadísticas sobre la salud cabría deducir que no, dado el elevado consumo de antidepresivos. Quizá
las expectativas de ocio dibujan un goce ideal difícil de alcanzar, o quizá la dura realidad desmonta el supuesto de que las personas, los trabajadores, prefieren menos dinero y más ocio. Aunque, ¿qué clase de ocio? Existen diversiones baratas, pero viene a resultar que por lo común se aspira a las caras.

Digresiones al margen, se comprueba que la cultura del ocio está creando más empleo y más riqueza que algunas industrias tradicionales. En nuestro país,
el turismo ha adquirido tal magnitud para la economía que cualquier quebranto resultaría catastrófico. Así pues, sensatamente, a la clásica oferta de sol y playa se le ha agregado la de un turismo alternativo que abarca desde la aventura a lo campestre o lo artístico.

Los sectores por explotar son diversos y su característica más relevante no es la del precio módico. De lo cual se deduce que la civilización del ocio, más allá de pretender una satisfacción para el individuo, persigue la ganancia mercantil.

Así pues, si alguien se siente frustrado ante las maravillosas ofertas a las que su bolsillo no le permite acceder, que cierre los ojos y se tape los oídos. Tal vez así pueda pensar por sí mismo y elegir su personal tipo de ocio.

E. SOLÉ, sociólogo y escritora

viernes, 7 de marzo de 2008

Ciudadano cliente

El Periódico, 6/3/2008 RAMON FOLCH

Gobernar con la gente

 Urnas apiladas en Madrid para las elecciones del domingo. Foto:  EFE / ÁNGEL DÍAZ
Urnas apiladas en Madrid para las elecciones del domingo. Foto: EFE / ÁNGEL DÍAZ

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RAMON Folch

Más que ciudadanos, hoy en dia hay clientes. El ciudadano-cliente sale de casa y empieza a revolver las ofertas del día: los autobuses, las tiendas, la escuela, los cines, las carreteras, todo. A sus ojos, la imagen del gestor público que administra bienes comunales se funde y confunde con la del vendedor que comercializa productos privados. Percibe al alcalde, al ministro de Educación o al director general de Sanidad como a cualquier gerente de cualquier empresa proveedora de servicios. De servicios gratuitos, eso sí. Es como si los hijos tomaran a sus padres por restauradores u hoteleros (algo de ello también ocurre, por cierto).

En una boca de metro, veo una pegatina firmada por no sé qué sindicato. "¡Cuélate!", dice. Y añade: "Contra los precios abusivos". Y lo remacha con una palabra en grandes caracteres, escrita de parte a parte: "¡Ladrones!". Colosal. Un sindicato conmina a delinquir calificando de robo unas tarifas fuertemente subvencionadas para un servicio que es un privilegio. Cuesta imaginar mayor despropósito, aunque se entiende en una sociedad que tiende a creer que el mundo es de balde y que nuestra excepcional sociedad del bienestar es un derecho humano básico. No es ningún derecho, es un don para afortunados que resulta de la redistribución pública de los valores añadidos generados por el esfuerzo laboral de todos. Tras el metro hay trabajo generador de riqueza, fiscalidad reequilibradora y gestión pública. Los únicos ladrones son quienes se cuelan sin pagar la pequeña parte suplementaria que alícuotamente les corresponde.

HA COSTADO mucho robustecer el concepto de bien público. No emana espontáneamente del alma humana, es un constructo cultural. Surge del pensamiento solidario que durante el siglo XIX se concreta en las ideologías progresistas, o sea, de izquierdas. "Lo que es de todos no es de nadie", sentencia el dicho. Una observación popular nacida cuando los bienes públicos eran la excepción y cuando, seguramente, no aportaban gran cosa. Hoy, en cambio, sin bienes públicos no habría bienestar social ni, apenas, gobernanza. Sí, la política es, en buena medida, la gestión ideológica del inmenso patrimonio público, que no existiría sin dos siglos previos de tenacidad y de graduales consecuciones progresistas. Deberíamos sentirnos sus agradecidos beneficiarios.
Pero tendemos a olvidarlo. Los políticos, paradójicamente, los primeros. Véanse las campañas electorales. Son operaciones publicitarias con escasa o ninguna posición ideológica. Curioso, porque sin opción ideológica no hay política. Debe ser imaginable --no digo deseable-- un sistema de Gobierno basado tan solo en la eficacia gestora, pero entonces los partidos estarían de más. Los partidos no han de decir al electorado que gobernarán bien. Por defecto, eso ya se supone. Los partidos han de decir qué modelo de sociedad quieren y cómo piensan instaurarlo, deben aclarar si se proponen construir y socializar la cosa pública --la res publica, de donde viene república--, o si, por el contrario, les basta con ir ordenando el sálvese quien pueda. Unas elecciones son una consulta ideológica, no una selección de personal.

A VECES,ni siquiera. A veces parecen un concurso mediático que gana el más ocurrente, quien arranca el último aplauso con una frase redonda. El ciudadano-cliente, entonces, elige al político-proveedor que le hace la mejor oferta de última hora o que se descuelga con el mejor eslogan. Tal vez sea eso lo que nos pasa y por eso nos pasa lo que nos está pasando.
En una sociedad de derechos personales natos, sin obligaciones colectivas asumidas, el ejercicio político se encamina a satisfacer las exigencias de los peores.

Gobernar para la gente no basta. Hay que gobernar con la gente. No es nada fácil. La gente es quien más se resiste, sobre todo cuando se ha acostumbrado a ejercer de cliente insatisfecho. "Tienes derecho a internet", larga un anuncio. "No te prives de nada", suelta otro. Son cargas de profundidad contra el ejercicio responsable de la ciudadanía, invitaciones encubiertas a vivir de por vida a costa de los padres, dijéramos. En una sociedad de derechos personales natos sin obligaciones colectivas asumidas, el político tiende a satisfacer las exigencias de los peores, no fuera que aquellos que se saltan los torniquetes del metro le acusen de ladrón.

PERDIENDO
LASelecciones no se gobierna, desde luego. Pero ganándolas sin norte, tampoco. Entonces, solo puede hacerse como si se mandara. Como si, porque las opciones, en la práctica, responderán al dictado despóticamente egoísta del cliente mimado. Por eso hay que gobernar con la gente, o sea, compartir el peso de las decisiones y las consecuencias que de ellas se derivan. La caída del Ancien Régime desplazó a quienes durante siglos gobernaron contra la gente. Tras dos siglos de gobernar para la gente --una forma de despotismo ilustrado que se ha revelado autolítica-- ya es hora de gobernar con la gente. La antigua criatura oprimida, además de libre, ya es adulta. Pero malcriada, y ahí le duele.

Opinión no es criterio, legitimidad no es acierto, pobreza no es bondad. Un Gobierno legítimo puede equivocarse con todas las opiniones a su favor. Necesitamos gobiernos de progreso que devuelvan al mezquino ciudadano-cliente la noble condición de ciudadano de pleno derecho, o sea, de plena obligación compartida. Hay que empezar a propugnarlo. Callar no es saludable: "Venim d'un silenci antic i molt llarg".
Demasiado.