"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.
viernes, 3 de octubre de 2008
Postfordismo y negociación colectiva
Rebelión
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73621&titular=postfordismo-y-negociación-colectiva-
Que la arquitectura de la normativa laboral española no ha sido diseñada, precisamente, para favorecer un sindicalismo combativo y antagonista es algo que, a día de hoy, resulta cuando menos notorio. Sin embargo, lo que no ha recibido tanta atención es cómo la modificación de las circunstancias reales del modo de producción capitalista en los últimos decenios ha afectado también a la estructura configuradora del derecho sindical y del fenómeno de la negociación colectiva. Aparte de los análisis que puedan hacerse sobre la siempre polémica figura de los llamados liberados sindicales, los créditos horarios y demás, resulta hoy en día irrenunciable posar la mirada sobre las contradicciones y desajustes que, para el ejercicio del sindicalismo, han devenido de unas modificaciones productivas que no se han visto acompañadas de las concomitantes transformaciones normativas.
La mutación acelerada del tejido empresarial, de las formas en que se expresa y organiza el proceso de reproducción ampliada del capital, ha conllevado la popularización de fenómenos de descentralización productiva como las contratas y subcontratas, la cesión legal de trabajadores (E.T.T.s), etc. Frente a la empresa fordista que operaba el conjunto de la cadena del valor de una manera centralizada y en base a unas relaciones laborales concentradas, que implicaban, también, una negociación unitaria de las condiciones de trabajo, el posfordismo ha potenciado todo tipo de operaciones de segmentación del proceso de producción, mediante una ingeniería jurídica que busca las lagunas de la ley en aras de conseguir una separación y división de la masa proletaria bajo su mando (mando centralizado que, sin embargo, no ha dejado de existir).
Así, la empresa se convierte en empresa-red, en grupo de empresas, incluso en empresa hueca o virtual, parcializando las operaciones productivas y subcontratándolas en una cadena de negocios jurídicos mal asumidos y mal comprendidos por el ordenamiento jurídico laboral. La ley reacciona tarde, siguiendo con retraso la senda marcada por la inventiva de la ingeniería jurídico-empresarial, poniendo parches mientras asume que, en definitiva, el proceso de despliegue de la lógica neoliberal es imposible de detener, así que sólo puede ser mínimamente limitado.
Y en todo este proceso, por supuesto, un objetivo central a batir desde la lógica empresarial ha sido el poder de representación sindical en la empresa, así como los mecanismos de negociación colectiva. Doblegar a los sindicatos que, aún cuando, oficializados y corrompidos en gran parte (aunque con honrosas excepciones), dejaron de actuar como parteras de un nuevo mundo, sí que venían constituyendo una barrera mínima de contención de la lógica de la acumulación capitalista, era una meta central a coronar por la dinámica de la descentralización productiva.
Así, el sindicalismo debería estar muy atento a la obsolescencia provocada de los marcos de representación legal de los trabajadores en la empresa, así como de los ámbitos de negociación colectiva. Como han puesto de manifiesto profesores de Derecho del Trabajo como Fernando Valdés Dal-Ré, Miguel Cuenca Alarcón o Jesús Lahera Forteza, la inadaptación de la regulación legal de estas materias a la nueva configuración empresarial es simplemente notoria.
Comencemos por el principio, por el marco legal de representación de los trabajadores en la empresa en nuestro país.
Encontramos un modelo con dos estructuras de representación unitaria basadas, esencialmente, en el centro de trabajo. Comité de Empresa y delegados de personal representan a los trabajadores, respectivamente, en centros de trabajo de más y de menos de cincuenta trabajadores. Pese a su nombre, pues, el Comité de Empresa no es realmente un comité representativo de todos los trabajadores de la empresa, sino tan sólo de los de un centro productivo concreto. Las limitaciones de este modelo son claras: las dificultades para establecer un comité intercentros imposibilitan constituir una representación de los trabajadores que, realmente, pueda encarar con garantías a la dirección empresarial, operando a su mismo nivel. Pero el asunto no se detiene ahí: la descentralización productiva ha sido un desarrollo consciente encaminado a oscurecer y opacar los centros reales de decisión de la maquinaria empresarial. La red de contratas y subcontratas, formalmente independientes pero que operan de facto un proceso productivo cuyo mando unitario se esconde en algún lugar; los grupos de empresas, declarados o convenientemente agazapados tras miríadas de relaciones internas muchas veces difícilmente reconocibles; las empresas de dimensión supranacional, con centros ajenos al Estado Español, y a veces incluso móviles y cambiantes; todo ello dibuja un panorama donde la representación sindical no juega y no se expresa al mismo nivel en el que se produce la dirección efectiva del proceso productivo. Negociar con el sargento suele ser una mala táctica y la obsolescencia provocada de la normativa laboral que nos ocupa garantiza a la gerencia que el nivel estratégico del Estado Mayor empresarial no se vea nunca encarado con oponentes de su tamaño. Los representantes de los distintos centros pueden ser mareados, enfrentados entre sí o pueden permanecer incomunicados mientras la dirección unitaria empresarial, se conduce con una visión estratégica global.
Y lo que ocurre con la representación sindical, ocurre también con la negociación colectiva: el marco de negociación, íntimamente ligado al de representación, difícilmente se corresponde con el marco de análisis y control centralizado del mando gerencial. Pensemos tan sólo en una cadena de contratas y subcontratas, y en la miríada de diferentes convenios que pueden operar en dicho proceso. Mientras la dirección real del mismo abstrae una estrategia global y unitaria de lo que, realmente, es un único proceso productivo, la atomizada representación obrera negocia en pequeños ámbitos (realmente, eslabones de la cadena) e incluso, normalmente, ni siquiera alza la mirada para ver más allá de ellos. Otro tanto ocurre con los grupos de empresas o con las empresas multinacionales: la parcialización de la negociación, el establecimiento de convenios separados, conlleva una potencial descoordinación e incomunicación de la fuerza negociadora sindical y una obstrucción de la posibilidad misma de pensar y sentir el proceso negociador al mismo nivel de totalidad que la contraparte empresarial.
Así pues, los oponentes no juegan con las mismas armas, o al menos el sindicalismo se ve siempre obligado a aceptar enfrentarse con adversarios que, en definitiva, no son más que subordinados. El poder real está en otra parte, muchas veces convenientemente ocultado por una maraña espesa de interrelaciones accionariales o de facto.
Sólo podemos, entonces, encarecer la necesidad de pensar globalmente, desde el sindicato, unos procesos productivos cuya escala ha alcanzado unos niveles nunca antes vistos. En el mundo del mercado global y la empresa-red, debemos estar dispuestos a generar mecanismos de solidaridad que nos permitan reconocer la auténtica dimensión de las apuestas. Iniciativas como los intentos de forzar convenios y representación a nivel de lugar de trabajo (es decir, no de centro, sino de espacio, lo cual incluye también a las contratas, subcontratas y ETT´s que operan en el mismo), así como el intento de dotar de dimensión supranacional a las redes de apoyo mutuo sindical, deben de ser consideradas en su justo valor.
Aquí, como en tantos otros aspectos, levantar el velo sobre la estructura real del poder capitalista y sobre la génesis sustancial del orden normativo, exige ir más allá de la pura apariencia. Aprender es una exigencia irrenunciable de la vida.
José Luis Carretero Miramar, autor del libro Contratos temporales y precariedad
martes, 11 de marzo de 2008
Nociones introductorias sobre Geografia del Género: división sexual del trabajo, género, estereotipo y rol de género,
DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO
Los hombres y las mujeres podemos realizar y compartir todas las tareas, porque las únicas limitaciones relevantes que nos impone nuestro sexo biológico es la de no poder gestar a los hijos en el caso de los hombres, o la de no tener la capacidad de fecundar en e caso de las mujeres.
El hecho de asociar unas tareas a los hombres y otras a las mujeres es algo que depende más de factores económicos, religiosos y culturales, que de las diferencias sexuales. Aunque la división sexual del trabajo ha constituido una estrategia universal en la historia de la humanidad, las formas que adoptado han variado enormemente de una sociedad a otra. Ni siquiera la habitual división entre hombres cazadores y mujeres dedicadas a la crianza de los hijos y a la recolección (atribuida a los condicionantes biológicos de uno y otro sexo), puede considerarse universal. De hecho, hay pueblos como los mbuti de Ituri en que las mujeres participan junto con los hombres en la captura de animales con redes y trampas. Entre los agta de Filipinas, las mujeres se dedican a la caza menor y, además, participan en grupos de caza de los hombres. Y, entre los tinglit de Alaska, las mujeres acompañaban a los hombres en su expediciones comerciales y con frecuencia eran las que actuaban como negociadoras y administradoras del dinero.
Una mujer agta de Filipinas con los utensilios típicos de la caza menor: flechas y lanzas.
FUENTE: MARTIN CASARES, Aurelia: Antroplogía de Género, Cátedra PUV, Valencia, 2006.
La división sexual del trabajo puede adquirir formas tan diversas que presentarla como la consecuencia natural de las diferencias biológicas carece de justificación suficiente. Todo apunta a que esa división es una realidad culturalmente construida y mantenida, exagerando y distorsionando las capacidades y limitaciones reales que se derivan del sustrato biológico de cada sexo.
Con ello, no se pretende negar la existencia circunstancias condicionantes como la maternidad y la crianza de la prole que limita la movilidad de las mujeres durante ciertos períodos, o de ciertas aptitudes diferenciadas en hombres y las mujeres como han demostrado las ultimas investigaciones en el campo de la neurología. Hoy sabemos que la idea de un cerebro unisex era errónea. El cerebro masculino y el femenino son ligeramente diferentes y esas diferencias se traducen en ciertas aptitudes y comportamientos. Los hombres en general tienen más capacidad para apreciar el espacio y las situaciones como un conjunto, es decir, se fijan más en el todo que en las partes, al contrario que las mujeres, que suelen tener más capacidad analítica y perciben mejor los detalles. Y como explica LouannBrizendine: “ellas parecen estar especialmente preparadas para la comunicación, la empatía y la percepción de las emociones”; y ellos lo están la acción –las emociones "disparan en ellos menos sensaciones viscerales y más pensamiento racional", escribe–.
Pero estas pequeñas diferencias no son significativas cuando se evalúan globalmente las capacidades de cada sexo, porque destrezas y limitaciones se compensan en cada uno de ellos, lo que les permite realizar indistintamente la mayoría de las tareas con niveles de eficacia muy parecidos. Sin embargo, como ya hemos dicho, en la mayoría de las culturas se ha impuesto hasta tiempos muy recientes una rígida división sexual del trabajo, sin justificación suficiente en la biología.
GÉNERO
Junto a la atribución de determinadas tareas, a cada sexo también se le asocian una serie de rasgos distintivos que y recalcan y polarizan las diferencias entre hombres y mujeres. Se entiende que los hombres y las mujeres tienen y han de tener aptitudes, pautas de comportamiento, gustos, expectativas y formas de relación claramente diferenciados. Ese conjunto de atribuciones que definen el estereotipo femenino y el estereotipo masculino es lo que entendemos por género, y como no se trata de una realidad biológica sino de una construcción cultural puede variar de una sociedad a otra y también a lo largo del tiempo y es susceptible de transformación en el futuro.
En nuestro entorno cultural, tradicionalmente, el papel o rol de género que se ha asignado a las mujeres ha sido el de responsabilizarse de las actividades domésticas y de la educación de los hijos, mientras que para el hombre se han reservado las actividades profesionales en el ámbito público. El feminismo ha cuestionado esta separación entre familia y trabajo (entre la esfera pública y la esfera privada) en que se ha basado la división de los roles de género.
Una propuesta interdiciplinar de activiades sobre la perspectiva de género***
http://biblioteca-digital.ucentral.cl/documentos/ministerio/Femenino/indice.htm
Paternidad y cuidado. Serie Trabajando con Hombres Jóvenes. www.metabase.net/docs/gensalud-ciem/03002.html
Taller "educación y ecofeminismo" http://www.fyl.uva.es/~wceg/articulos/Eugenia1.pdf
Proyecto Galeón
http://proyecu.galeon.com/cuadernos/modulo1_2/cuad2/index.html#Contenido
Bibliografía:
BRIZENDINE, Luhan: El cerebro femenino, RBA Libros, Barcelona, 2007. Veáse también la sugerente entrevista que mantuvo con Euard Punset en
http://www.eduardpunset.es/charlascon_detalle.php?id=25; y la de Muy Interesante en: http://www.muyinteresante.es/index.php?option=com_content&Itemid=35&task=view&id=271
INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA:
El catedrático de Psicobiología Ignacio Morgado resume lo que de momento sabemos sobre el cerbro masculino y femenino:
Todo parece indicar que... estructuras como la amígdala y la corteza prefrontal, relacionadas, respectivamente, con el reconocimiento y expresión de las emociones y con su control racional, parecen estar organizadas y funcionar de manera diferente en el hombre y la mujer. Hace ya varios años que un equipo de investigadores alemanes ha obtenido neuroimágenes de resonancia magnética que muestran que en las mujeres la amígdala, al igual que la corteza cingulada anterior, se activa más para los estímulos emocionales negativos que para los positivos. En los hombres no se observó esa diferencia. Parece pues que el cerebro emocional femenino...responde con mayor vigor ante las circunstancias amenazantes...
Agresividad
...El estrés y las emociones negativas producen respuestas físicas agresivas más fuertes en los hombres que en las mujeres. El hecho de que los hombres manifiesten generalmente más agresividad que las mujeres, y que muchas de éstas toleren mayores niveles de enfado que los hombres antes de perder los nervios, parece indicar que las mujeres controlan los impulsos agresivos mejor que los hombres. Son además más propensas que ellos a sentir la agresión como una pérdida de autocontrol emocional más que como un modo de imponerse y controlar a los demás. ...Las mujeres son más sensibles que los hombres a las amenazas y las sienten como más negativas y desagradables. (...su mayor sensibilidad a las amenazas podría hacerlas a ellas mismas menos amenazadoras y agresivas e inducirlas a controlar más ese tipo de impulsos por considerarlos perjudiciales.)
Emociones
(Las mujeres demuestran) mayor capacidad de las mujeres para expresar emociones como la alegría o la tristeza y también para ser influidas por la prosodia, el mensaje emocional que puede llevar el tono de voz de una persona. Eso las hace más sensibles a las insinuaciones sutiles. Algunos estudios psicológicos han demostrado igualmente una mejor memoria femenina para los estímulos y circunstancias emocionales.
Habilidades espaciales, pensamiento sistémico y capacidad analítica
Los hombres en general tienen más capacidad mental para apreciar el espacio y las situaciones como un conjunto, es decir, se fijan más en el todo que en las partes, al contrario que las mujeres que suelen tener más capacidad analítica y perciben mejor los detalles. No es extraño entonces que tanto en lo emocional como en lo racional el cerebro del hombre tienda a utilizar el hemisferio derecho, que trabaja de forma más integrada, y el de las mujeres el hemisferio izquierdo, que trabaja de forma más analítica.
FUENTE: MORGADO, Ignacio: Emociones e Inteligencia social. Las claves para una alianza entre los sentimientos y la razón, editada en castellano por la Editorial Ariel (en catalán: editorial Mina), Barcelona, 2007, páginas 75-78.