"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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lunes, 22 de junio de 2009

Vicente Ferrer: el economista intuitivo



Vicente Ferrer
Vicente Ferrer.

DAVID CANO MARTÍNEZ EL PAÍS 21/06/2009

Muy cerca de Bangalore, el Silicon Valley asiático, se encuentra Anantapur, una de las regiones más pobres del mundo. Pero una visita al Rural Development Trust (RDT) permite comprobar que es factible erradicar la pobreza extrema, gracias a los recursos económicos pero, sobre todo, al buen criterio de su fundador Vicente Ferrer, fallecido el 19 de junio a los 89 años.

Su historia, cargada de contrastes, no puede dejar indiferente a nadie. Luchando como anarquista en la batalla del Ebro, sintió la llamada de Dios, se hizo jesuita y eligió ser misionero en la India, donde llegó en 1952. Abandonó la orden en 1970, consciente de que podía ejercer mejor el sacerdocio entregándose a los demás y construyendo un mundo mejor. Sostenía que, para acabar con la pobreza, la única estrategia es la acción, una prueba de su actitud decidida que bien podría aplicarse a la actual crisis económica. Desde una perspectiva de economista, llama la atención que, sin contar con estudios reglados en la materia, pusiera en marcha proyectos que demuestran que es posible erradicar la pobreza con un enfoque que está en línea con lo que marcan los postulados económicos. Como sólo sucede en las personas inteligentes, ejercía por instinto lo que el resto hemos necesitado estudiar (economía o gestión estratégica de la empresa). Los proyectos iniciales fueron campañas masivas de vacunación, formación sanitaria, desarrollo agrícola y ecológico.

Desde los primeros momentos, se percató de la necesidad de aspectos tan relevantes para erradicar la extrema pobreza como la planificación familiar, algo que podría chocar con sus profundas creencias religiosas. La implicación de los habitantes locales en el proyecto, a través de una red capilar que permite incrementar de manera exponencial el rendimiento de los recursos, es otra de las claves del proyecto. Muchas multinacionales deberían aprender el sistema diseñado y aplicado en RDT. Fue consciente de la necesaria optimización de un recurso tan escaso en Anantapur como imprescindible para la agricultura: el agua. Sus primeras iniciativas buscaban excavar pozos, construir embalses y presas y, en los últimos tiempos, la utilización de técnicas más eficientes como el goteo o la aspersión. También fue pionero en otros aspectos, como las microfinanzas. Al igual que el Nobel Muhammad Yunus, confiaba en el efecto expansivo del crédito, siempre y cuando sea devuelto por el prestatario, algo altamente probable si éste es un pobre. Entendió el poder social del crédito y la utilidad de prestar al más desfavorecido para que pueda iniciar una pequeña actividad y, con ello, la cadena del desarrollo. Otros de los pilares sobre los que sustenta el "modelo Ferrer" son la ecología, la diversificación de los cultivos, el comercio responsable y la búsqueda de la igualdad entre mujeres y hombres, así como evitar la discriminación social de los discapacitados físicos o psicológicos. La visita de los hospitales dedicados a enfermos de sida o a los colegios de niños con discapacidades visuales o auditivas genera dosis de optimismo respecto a la eficacia de este sistema y su eficiencia, si tenemos en cuenta lo reducido de las aportaciones económicas.

Gganó el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998 y recientemente recibió la Gran Cruz del Mérito Civil. Con su muerte hemos perdido a un gran economista, intuitivo, inteligente y visionario. Afortunadamente, su obra tendrá continuidad y debe servir de referencia para otros países: ha demostrado que el fin de la pobreza es posible.

David Cano Martínez es socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

lunes, 26 de enero de 2009

La experiencia del ama de casa contará para un título de FP

ALICIA RODRÍGUEZ DE PAZ

Fuente: LA VANGUARDIA, 21 de enero de 2009



Manejarse con soltura entre sartenes,
haber cuidado durante años a los hijos
o a un familiar podrá servir como pri-
mer escalón para conseguir un título
de formación profesional (FP). El Mi-
nisterio de Educación ha abierto una
nueva vía“extraordinaria” para acredi-
tar la experiencia entre los mayores de
25 años que beneficiará básicamente a
las mujeres que no han entrado en el
mercado laboral y han desarrollado su
actividad en el hogar. Es una oportuni-
dad para que, una vez demostrada su
experiencia en habilidades relaciona-
das con el turismo ylahostelería, la de-
pendencia y la educación infantil, se
obtenga una titulación de FP, siempre
después de haber estudiado una serie
de materias complementarias. En el
nuevo real decreto, que se quiere apro-
bar en un mes, se establecen también
otras dos posibilidades para solicitar
la acreditación de conocimientos pro-
fesionales. Por un lado, convalidando
módulos de FP cuando quienes hayan
cumplido 20 años acrediten al menos
tres años de experiencia y, por otro,
justificandoal menos 300 horas de cur-
sos de formación no formal –por ejem-
plo, cursos de ofimática–. Tras acredi-
tar con documentación opruebas prác-
ticas la experiencia o la formación no
formal, unos expertos señalarán qué
móduloshay que cursar para el título.

lunes, 19 de enero de 2009

"En la familia yo soy el hombre, yo trabajo".Por cultura, las mujeres no fuman, no beben, no salen de marcha... sólo piensan en mandar dinero a casa



A ocho pasos de conseguir trabajo

Miles de mujeres marroquíes compiten por trabajar en la campaña de la fresa de Huelva - Este año se contratará en origen a 16.500 jornaleras para la cosecha, 2.900 más que en 2008

MANUEL PLANELLES - EL PAÍS - Agadir - 18/01/2009


Todo se reduce a ocho pasos. No importa que Dinar Ahadija haya llegado la primera a la puerta del campo de fútbol Bensergaou. "He venido a las cuatro de la mañana", dice mientras vigila por el rabillo del ojo que nadie se le cuele. Ella es la primera de las 800 mujeres a las que los representantes de los freseros onubenses entrevistaron ayer en la ciudad marroquí de Agadir. Estos agricultores buscan temporeras entre la inmensa fila de coloridos pañuelos que aguarda a las puertas del estadio. Y Dinar entra dentro del perfil fijado: es mujer, tiene entre 18 y 45 años, experiencia en la agricultura y cargas familiares.


Dinar cobra en Marruecos 34 euros al mes. En la fresa, entre 800 y 900

Sólo se seleccionan mujeres porque ni fuman ni beben ni salen de marcha

Pero esta marroquí -nacida en 1971 y con un hijo de cinco años- se tiene que someter a la última prueba: los ocho pasos. Es la distancia que media entre la cola en la que aguardan disciplinadas las candidatas y la mesa en la que dos representantes de Fresón de Palos las entrevistan. Ese puñado de metros sirve a los agricultores para comprobar que las futuras jornaleras no tienen sobrepeso ni taras físicas al andar que les impidan recoger la fresa. "Es triste. Nos da pena. Pero tenemos una responsabilidad con los agricultores que confían en nosotros. Esto cuesta mucho dinero para que luego, cuando llegue la mujer, un agricultor le diga que no y se tenga que volver a Marruecos". Antonio Luis Martín es uno de los veteranos en esto de buscar mano de obra en el norte de África. Este empresario es el responsable de la Unión de Pequeños Agricultores en Huelva para asuntos de migraciones. Lleva desde 2002 contratando marroquíes.

La Comisión de Municipios con Inmigración de Huelva (COMI) estima que, a partir de febrero, trabajarán en la fresa 25.000 extranjeros con contrato en origen y 40.000 locales, sean españoles o inmigrantes con la estancia regularizada en nuestro país. Alfredo Ramos, el responsable de este proceso de la Embajada española en Rabat, cifra en 16.500 el número total de marroquíes que acudirán a Huelva gracias al contrato en origen. Son 2.900 más que el año pasado.

El 8 de enero comenzó el proceso de selección. Los representantes de los agricultores han realizado entrevistas en cuatro lugares: Mohamedia, Fez, Marraquech y Agadir. En esta última ciudad se cierra hoy, domingo, el proceso con las otras 800 entrevistas que está previsto realizar. Acuden cientos de mujeres seleccionadas antes por Anapec, la oficina de empleo marroquí. Llegan de lugares tan apartados como Midelt. Es el caso de Rkia Oussalhi, que salió de su casa en autobús el viernes a las siete de la tarde y llegó a Agadir a las seis de la mañana del sábado. Con cuatro hijos y el marido enfermo, la fresa en España es su salvación.

De las 1.600 candidatas entrevistadas este fin de semana en Agadir, 1.197 conseguirán trabajar este año en la fresa y en la colecta de otros cítricos que se cultivan en Huelva.

Dinar, cuyo nombre significa moneda en árabe, sonríe: "Me llamo Dinar, pero no tengo dinero". Una vecina suya fue el año pasado a la fresa y le contó su experiencia. Y el sueldo que ganó. Dinar cobra en Marruecos 34 euros al mes. En la fresa se ganan 37 euros por jornada, entre 900 y 800 mensuales. "Con lo que gano en tres meses vivo todo el año", detalla Dinar mientras aguarda en la cola. La entrevista de los empresarios a Dinar no dura más de un minuto. "Fresa, fresa". Es la única palabra que esta mujer sabe pronunciar en castellano y la repite cada vez que puede. "Ahora trabajo recogiendo verduras, pero también sé recoger fresas o albaricoques", detalla a sus entrevistadores. José Manuel Oliva y Enrique Molina, de Fresón de Palos, recogen el documento en el que se acredita que ha estado empleada en la empresa Dominio Agrícola de Temssia de Agadir. "Casi lo único que vemos es el tema físico y el tipo de labores que han realizado en la agricultura", reconocen Oliva y Molina. "Tienen que presentar el libro de familia porque las cargas familiares son clave para que retornen", señala Antonio Luis Martín. El primer año en el que se estableció el contingente, en 2004, resultó un desastre. Se contrató a 700 trabajadores y sólo volvió a su país el 40%. Se fijó entonces la necesidad de acreditar una carga familiar que hiciera pensárselo dos veces a la mujer que quisiera quedarse. "El año pasado, el porcentaje de retorno fue del 92%", señala Alfredo Ramos.

Para acudir a la llamada de los freseros, Dinar, como sus compañeras, ha tenido que presentar un certificado de penales, otro médico y sus antecedentes laborales. Y también una carta de su marido en la que le autoriza a viajar a España. ¿Le ha puesto problemas su pareja? Dinar sonríe antes de responder: "En la familia yo soy el hombre, yo trabajo".

Los agricultores sólo admiten en Marruecos a jornaleras para recoger la fresa. Nunca hombres, explica Antonio Luis Martín: "Por cultura, las mujeres no fuman, no beben, no salen de marcha... Eso nos favorece. Ellas sólo piensan en mandar dinero a casa".

Dinar finaliza la prueba de los ocho pasos. Ha tenido suerte. Ni está gorda ni tiene defectos físicos y lleva un contrato en la mano.

La maternidad, último escollo para las mujeres con alto cargo

Directivas y empresarias ven frenada su carrera tras el parto

19-01-2009 - Las mujeres que ocupan altos cargos en una empresa, similares en responsabilidad a una ministra del gobierno o una alto cargo público, topan con la maternidad como el último escollo para desarrollar su carrera profesional. Directivas y empresarias afrontan la llegada de un hijo como un paréntesis en su carrera que la gran mayoría de los hombres, también padres, ni siquiera se plantean abrir. Según la encuesta sobre fecundidad y valores del CSIC, el 28% de las mujeres profesionales interrumpió su carrera durante un año y el 17% abandonó definitivamente su trabajo tras la maternidad.

"Las mujeres con alta reponsablidad, ya sea en la empresa o en la administración, vuelven al trabajo en función de una decisión personal y de las circunstancias profesionales y familiares", apunta Eugenia Bieto, subdirectora general de Esade. "Es cierto que el retraso de la edad de maternidad y que las mujeres lleguen a altos cargos a edades más tempranas está multiplicando este tipo de situaciones", asegura Bieto.

En Catalunya, el número de directivas y empresarias menores de 45 años se redujo un 7,5% en el 2007, mientras que aumentó cerca de un 10% entre las profesionales de alto rango a partir de 45 años. "La mayoría de mujeres directivas se ven obligadas a elegir entre avanzar en su carrera o frenar para dedicarse a la maternidad por un tiempo", argumenta por su parte Sara Berbel, directora general d´Igualtat d´Oportunitats de la Generalitat de Catalunya. "Y en muchas ocasiones, como en el de Rachida Dati, que regresó al trabajo cinco días después de dar a luz, si falta a una reunión crucial para su cargo se juega su prestigio". Según afirma Berbel, "el modelo profesional que impera es el de disponibilidad total y la única manera de que las mujeres no deban enfrentarse al dilema de elegir es que los directivos y los altos cargos de la administración se acojan también a la baja paternal en masa".

Casos como el de Carme Chacón, nombrada ministra de Defensa a los 35 años, o el de la titular de Justicia de Francia ilustran una disyuntiva a la que se enfrentan profesionales de alto rango en el momento de ser madres: acogerse o no al permiso cuatro meses que reconoce la ley y reorganizar su vida profesional. Chacón compartió el permiso con su marido, mientras Dati se incorporó al trabajo cinco días después del parto.

En el caso de directivas y empresarias, la decisión de acogerse o no al permiso de maternidad se convierte en una opción personal en la que pesan factores mucho más complejos que en el caso de la mayoría de trabajadoras. Hasta el punto de que una de cada cinco altas directivas optan por renunciar a él, según concluye el estudio La ambición femenina. Más allá del cambio de rol, llevado a cabo por Consuelo León, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia del Iese. Las conclusiones del citado estudio también indican que la mitad de las directivas "reconoce que la maternidad influyó negativamente en su trayectoria".

"El permiso de maternidad es un derecho de las trabajadoras, no una obligación. Este derecho da a la mujer la posibilidad de elegir y decidir qué le es más rentable desde los puntos de vista personal y profesional", asegura Carmen García Ribas, directora del máster de Liderazgo Femenino del ESCI de la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

"La labor directiva en una empresa es estratégica, por tanto, la presencia física no siempre es necesaria", aporta García Ribas. De hecho, muchas altas ejecutivas compaginan su papel de madres los primeros meses con el contacto vía teléfono o correo electrónico y solamente se desplazan a la oficina para reuniones o viajan cuando es imprescindible.

"Este tipo de opción es cada vez más habitual", explica Nuria Chinchilla, directora del Centro de Investigación Trabajo y Familia de IESE. Así lo hizo Rosa María García, presidenta del gigante Microsoft cuando fue madre. Según Chinchilla, "cada vez más las directivas y empresarias optan por este tipo de soluciones creativas".

AINTZANE GASTESI
La Vanguardia

sábado, 17 de enero de 2009

Relaciones de pareja y derechos humanos

Irán vuelve a lapidar adúlteros.

Jueces conservadores obvian acuerdos políticos y ejecutan la pena - Dos hombres mueren y otro logra escapar

ÁNGELES ESPINOSA - EL PAÍS Teherán - 14/01/2009

Irán dio a conocer ayer la lapidación de dos hombres acusados de adulterio en la ciudad nororiental de Mashhad en la última semana de diciembre. El portavoz del poder judicial, Alireza Jamshidi, no identificó a los reos, pero precisó que un tercero logró escapar durante el apedreamiento, por lo que, de acuerdo con la ley islámica, ha quedado exonerado. La noticia supone un nuevo jarro de agua fría para los defensores de los derechos humanos iraníes.

    Irán

    Irán

    A FONDO

    Capital:
    Teherán.
    Gobierno:
    República Teocrática.
    Población:
    65,875,224 (est. 2008)

En Pakistán, cinco mujeres han sido enterradas vivas por un 'crimen de honor'

La legislación iraní, basada en la sharía o ley islámica, pena el adulterio con la lapidación. Lo mismo sucede en otra media docena de países, pero salvo en Nigeria, Somalia e Irán, ningún otro Estado la practica. El castigo se ejecuta enterrando parcialmente al condenado y apedreándole hasta la muerte, pero si la persona logra escapar, se le perdona la vida. Su crueldad no sólo es objeto de críticas de los grupos de derechos humanos, la UE y la ONU, sino también dentro de Irán.

El recurso a esa pena, muy aplicada en los primeros años de la revolución islámica, se fue reduciendo con el tiempo. En diciembre de 2002, el jefe del poder judicial, ayatolá Mahmud Hachemi Shahrudi, anunció una moratoria tras el diálogo con la UE. Pero, igual que otros avances logrados durante el mandato del reformista Mohamed Jatamí, no se convirtió en ley. Así que se han seguido pronunciando veredictos de lapidación cuya convalidación por otras penas no está clara, lo que ha permitido a los jueces más conservadores seguir ejecutándolas.

"Ése es el problema", declara a EL PAÍS Jabbar Solati. Este abogado defiende a dos hermanas condenadas a lapidación y espera para hoy el veredicto a la revisión de su caso. "Los jueces aplican la ley, no los acuerdos políticos, y los abogados tenemos que trabajar con las leyes que tenemos". "Si Shahrudi quiere acabar con esa práctica, debería proponer su prohibición al Parlamento".

"Hacemos campaña para que ese cambio de actitud se refleje en la legislación", explica Asieh Amini, una de las impulsoras de la campaña Detengan las lapidaciones para siempre. Desde que se lanzó en 2006, ha salvado de esta muerte a nueve personas. Según Amnistía Internacional, en octubre había al menos cinco mujeres y dos hombres condenados.

Es la segunda vez desde que se adoptó la moratoria en que las autoridades reconocen una lapidación. La anterior se produjo en julio de 2007. Algunos observadores creen que se trata de otro signo del endurecimiento del régimen de Mahmud Ahmadineyad. En julio, el portavoz judicial avanzó que el nuevo código penal prohibirá la lapidación.

[En Pakistán, cinco mujeres fueron enterradas vivas en Baba Kot, una aldea de la provincia de Baluchistán, por tratar de casarse por lo civil con maridos de su elección, en contra del dictado de los notables de su tribu. Los hechos fueron denunciados por la Comisión Asiática de Derechos Humanos. El Ministerio del Interior anunció que tres personas han sido detenidas y anunció una investigación, pues "no está satisfecho con el informe que ha enviado la Policía de Baluchistán".]


La máxima autoridad religiosa saudí permite el matrimonio con niñas de 10 años

La fatua de Abdelaziz Al Sheij coincide con una campaña lanzada por organizaciones de derechos humanos contra el casamiento de menores

EFE / ELPAÍS.com - Riad - 14/01/2009

El muftí de Arabia Saudí, máxima autoridad musulmana del reino, Abdelaziz Al Sheij, ha emitido una fatua (decreto religioso) que permite el casamiento de niñas con diez años de edad cumplidos, ha informado el diario árabe Al Hayat. Según Al Sheik, quienes instan a la prohibición de estos matrimonios con menores de edad "están equivocados porque esto es injusto para la mujer".

Arabia Saudí

Arabia Saudí

A FONDO

Capital:
Riad.
Gobierno:
Monarquía Islámica.
Población:
28,146,656 (est. 2008)

El clérigo ha defendido en una conferencia celebrada en una mezquita de Riad que la sharía (ley islámica) "no es injusta para la mujer" y ha insistido en que "es un error" prohibir el matrimonio si la mujer no ha cumplido 15 años.

Al Sheij ha emitido esta fatua coincidiendo con una campaña lanzada por varias organizaciones de derechos humanos saudíes para pedir la elaboración de una nueva ley que prohíba el matrimonio de las menores.

Arabia Saudí está considerado el país más conservador del mundo musulmán. Son seguidores en una amplia mayoría del wahabismo, la rama más fundamentalista del Islam, caracterizada por una rigurosa aplicación de la sharía.

Un juez saudí se niega a anular el matrimonio de una niña de ocho años

El padre de la menor arregló la unión para saldar una deuda

ELPAÍS.com - Madrid - 24/12/2008

El juez Abdallah Habib ha desechado la petición para disolver el matrimonio de una niña de ocho años casada con un hombre de 47 en la provincia de Qaism, en el norte de Arabia Saudí. La reclamación ha sido presentada por la madre de la niña, pero el juez la ha rechazado porque "no tiene la custodia de la menor", ha señalado el abogado de la madre a la cadena CNN. El matrimonio fue arreglado por el padre de la niña para saldar unas cuentas.

    Arabia Saudí

    Arabia Saudí

    A FONDO

    Capital:
    Riad.
    Gobierno:
    Monarquía Islámica.
    Población:
    28,146,656 (est. 2008)

Abdullah Jtili, el abogado de la madre, ha señalado que su cliente "no puede representar a su hija" en el caso. El letrado ha asegurado que tanto padre como madre están separados y que el matrimonio con un "amigo cercano" del padre ha sido arreglado para finiquitar unas deudas. También ha agregado que apelará la decisión del juez. "La niña no sabe que está casada", ha acotado Jtili.

De acuerdo con el relato del abogado a la cadena norteamericana, el juez ha pedido jurar al esposo no consumar el matrimonio hasta que la niña llegue a la pubertad. Será hasta esa edad en que la menor pueda solicitar un divorcio si lo cree conveniente, ha señalado el juez Habib.

"Hemos estado escuchando sobre este tipo de casos cada cuatro o cinco meses ya que el pueblo saudí cada vez demuestra más su enojo con el matrimonio de niñas pequeñas, sobre todo con hombres mayores", ha señalado Christopher Wilcke, un investigador de Human Rights Watch en la zona.

El matrimonio infantil está muy arraigado en las costumbres rurales de algunos países de la península Arábiga. La sociedad saudí ha comenzado a reaccionar a la afrenta que estos casamientos significan para los Derechos Humanos, en buena parte gracias al trabajo de varios activistas locales que señalan que este tipo de uniones dañan a los niños y trivializan el matrimonio.

En los últimos 20 años el divorcio en Arabia Saudí ha aumentado del 25% al 60%, según datos del Centro de Estudios para la Mujer.


Divorciada a los 12 años

KAWKAB AL THAIBANI 17/08/2008

La cultura de Yemen y sus padres la empujaron al matrimonio. Fue violada y maltratada. Pero ella se rebeló contra su destino y lo denunció. Ésta es la historia de una niña valiente. Y divorciada a los 12 años.

Era de noche. Las mujeres cantaban una canción de boda de la tradición yemení. No se trataba de una melodía alegre, sino más bien de un lamento por tener que dejar el hogar familiar. El sonido de la música se mezclaba con el zaghareed, el típico grito árabe con el que las mujeres yemeníes expresan su alegría.

Yemen

Yemen

A FONDO

Capital:
Sanaa.
Gobierno:
República.
Población:
23,013,376 (est. 2008)

Nejoud al Ahdal tenía una mezcla de sentimientos. Recién casada, esperaba a su marido para viajar desde Saná, donde se había celebrado la ceremonia, hasta el pueblo donde vivirían. Llevaba un vestido largo de color marrón y sandalias negras. Una gruesa capa de maquillaje cubría su cara. Vestía también la abaya negra, la túnica que las mujeres yemeníes se ponen para cubrir su cuerpo. La de Nejoud escondía una figura infantil que aún no se había desarrollado. ¿Qué edad tendrá? No se puede saber con exactitud: no tiene certificado de nacimiento. Ella y su familia dicen que probablemente nació hace 12 años. La niña de cara ovalada y piel oscura tuvo que abandonar de repente su infancia para ir con su marido. Le acababa de conocer.

En la casa de su padre, Nejoud recuerda cómo empezó toda la historia que le hizo madurar de pronto; cómo su padre y su madre le dijeron que iba a contraer matrimonio con Fayiz Ali Nasser, de 28 años. Le avisaron de que no tenía que casarse hasta que no estuviera completamente preparada. A ella le pareció bien. No sabía lo que significaba el matrimonio ni qué conllevaba. Recordaba el miedo constante que tuvieron ella y toda su familia años antes cuando unos parientes secuestraron a sus hermanas. Pensó que casándose podía evitar pasar por la misma situación. Pero una semana después, su familia le habló de su futuro marido y le dijo que la boda era inminente. Su primera reacción fue negarse. Enseguida recapacitó. Se dijo a sí misma que podría disfrutar de la celebración y de los regalos. Es costumbre en Yemen que una boda se prolongue durante varios días con una gran fiesta en la que la novia se engalana con vestidos típicos muy elaborados.

No fue el caso. La ceremonia de boda de Nejoud fue muy breve: asistieron solamente sus familiares más cercanos y tuvo lugar en una diminuta habitación decorada con unos pocos muebles mugrientos.

Cuando llegó el momento de la despedida subió con su marido y otros pasajeros a un coche alquilado que les llevaría a Haja, donde vivirían y donde supuestamente pasarían la luna de miel. ?Todo el tiempo me miraba de forma lasciva?, comenta indignada ahora.

Como la mayoría de las casas del pueblo, la de su marido no tenía ni agua corriente, ni electricidad. Sólo la luz tenue de una linterna. La niña no tenía hambre y no comió nada de lo que cocinó la familia de su marido. Le asustaba estar tan lejos de sus padres. Durante siete horas permaneció en silencio. No había nada que decir. Todo era nuevo para ella.

Poco sospechaba lo que sucedería más tarde, cuando se encontrara a solas con su marido. Él la llevó a una habitación pequeña y sucia en la que unas cuantas alfombras roídas ocupaban el lugar de los colchones. Nasser cerró la puerta. Nejoud sintió pánico. "Creía que el matrimonio era una ceremonia divertida, pero no imaginaba que fuera así". Hoy, el tono de su voz refleja la conmoción que sintió por lo que ocurrió luego. Nasser la forzó a tener relaciones sexuales, algo que ella desconocía por completo. Ni su madre, ni ninguna otra persona le habían preparado para esa experiencia. ?Era odioso, me pegaba y le suplicaba que no lo hiciera, pero él me contestaba con arrogancia: "Eres mi mujer". Aquella noche grité y supliqué que alguien de su familia me ayudara. Nadie lo hizo", recuerda.

Durante casi dos meses, Nejoud fue violada cada día. "Me daba miedo que llegara la noche; sentía pavor?, recuerda. ?Pensé que si tenía que vivir con él acabaría suicidándome". Como otras muchas niñas, no tenía fuerza para defenderse de la brutalidad de su marido. Cuando rechazaba mantener relaciones sexuales, él la maltrataba mientras ella le suplicaba que no lo hiciera. "En una ocasión me mostré rebelde y le dije que no me tocara. Me dio una bofetada en la cara y comenzó a golpearme por todo el cuerpo".

Esta niña es sólo una de las muchas de Yemen que se ven obligadas a casarse a edad temprana. Según un estudio del Centro Internacional de Investigación de la Mujer (CIIM), casi la mitad de las niñas yemeníes menores de 18 años contraen matrimonio. El país ocupa el decimotercer lugar en una lista de 20 países con mayor número de matrimonios infantiles, denuncia el CIIM. La media de edad es de 16 años.

El principal obstáculo para acabar con esta clase de matrimonios es la ley. Antes de 1994, la legislación exigía que las niñas tuvieran 15 años para casarse. Pero ese año, la ley cambió para abolir la edad mínima. Una enmienda de 1999 trató de establecer que una niña, independientemente de su edad, no podía casarse antes de su primera menstruación. La enmienda fracasó al no fijar una edad mínima para contraer matrimonio. En la actualidad se ha presentado una nueva propuesta de ley para establecer la edad de 18 años como mínima para casarse. El Parlamento no la ha aprobado.

Quizá Nejoud no era consciente de que en algunas zonas conservadoras del país se considera humillante ayudar a una recién casada, ya que el marido tiene derecho a mantener relaciones sexuales la primera noche. Incluso si alguien se entrometiera, podría sufrir el ostracismo social. En algunos pueblos, incluso, las mujeres tienen que mostrar una sábana manchada de sangre como prueba de honor. Nejoud no sabía que pertenecía a una cultura en la que la mujer tiene que obedecer a su marido. Aquella noche ?o mejor dicho, la sábana blanca debidamente manchada? demostró que Nejoud era virgen y que su marido había conseguido dominarla. Después de que Nasser cometiera la violación se dispararon fuegos artificiales para celebrar la virginidad de la joven novia.

La niña se sentía intimidada no sólo por su ofensivo marido. También por su suegra. En ocasiones animaba a su hijo a pegarle y violarla. Algunas veces, cuando se resistía corriendo por toda la casa de una habitación a otra, su marido iba detrás de ella mientras su madre les observaba maldiciendo y gritando que tenía que obedecer. A diferencia de todos, el marido de Nejoud era un hombre autoritario que quería controlar su vida y la de sus hermanas. Maltrataba a su hermana, a quien ella describe como una persona agradable.

Este tipo de prácticas tan arraigadas en el país árabe acarrean numerosos problemas: lesiones, delgadez, traumas psicológicos y mortalidad de la madre. También aumenta la vulnerabilidad de una niña frente al abuso doméstico. Según el mismo estudio, ellas se ven obligadas a abandonar el colegio, con las consecuencias dramáticas que eso supone para el desarrollo de un país.

Volvamos a la historia de Nejoud. Tiempo después, el matrimonio se trasladó a vivir a la casa de los padres de ella. Nejoud le pidió permiso a su marido para dormir con su madre. Él no lo consintió y le pegó una paliza como respuesta. Sus padres, mientras, escuchaban impasibles. "Mi padre me decía que no estaba bien que no quisiera estar con mi marido".

La familia de Nejoud es muy pobre. En las tres pequeñas habitaciones de su casa, cubiertas con alfombras cochambrosas, más que viejas, conviven más de quince personas. Nejoud duerme en una habitación sin ventanas con sus ocho hermanos en la que la luz entra a través de dos agujeros. No tienen agua corriente. Han de ir a buscarla en bolsas a un lugar cercano a la mezquita. El problema es que uno de sus hermanos es inválido y los demás son aún muy pequeños.

Esta chica de ojos profundos lamenta la suerte de su familia y de su mala experiencia. ?Me quejaba a mi familia paterna, a mis tías maternas, a mis tíos, a mi padre y a mi madre. Hablaba con todos, pero ninguno me escuchaba. Todos me decían que era mi marido aunque fuera grosero?. Intentó refugiarse en la casa de su tío, pero éste llamó a sus padres para que fueran a buscarla. ?No podía ayudarla. Estaba casada?, se justifica Shiw?i al Tabi?i.

Nadie. No encontraba ninguna persona que quisiera escuchar su profundo pesar, así que la niña recurrió a su hermana pequeña de nueve años, Haifa, que estaba preocupada porque había oído que el cuñado de Nejoud quería casarse con ella. Se consolaban mutuamente. ?Haifa, este hombre es odioso. Quiero divorciarme?, le decía. Y Haifa temía seguir el mismo camino.

Como musulmana, Nejoud rezaba a Dios noche y día para conseguir su liberación. Al final habló con su primo y con la segunda mujer de su padre, que le sugerieron que acudiera al juzgado a solicitar el divorcio. A pesar de que no confiaba en ellos, Nejoud tomó en cuenta su consejo.

Le dio vueltas a la cabeza. No conseguía desprenderse de esa idea. Durante una semana estuvo planeando cómo ir al tribunal, pero necesitaba reunir 200 reales yemeníes (aproximadamente un euro). "Pensé que el mejor momento sería cuando mi madre y mi padre vinieran a visitarme. Ese día tomé el autobús que va a la zona de Tahir. Era el único trayecto que conocía. Recuerdo que estaba muy nerviosa. Llegué al juzgado a las once de la mañana. Había mucha gente entrando y saliendo. Pero me sentía con fuerzas, así que entré y pregunté dónde podía encontrar al presidente del tribunal. Una mujer me vio y debió de pensar que necesitaba ayuda. Me acerqué a ella y le pregunté si estaba sola". Esa señora, Fathia al Aghbari, lo recuerda así: "Me quedé impresionada cuando me dijo que había venido a pedir el divorcio?.

La niña no olvida ese día. "El presidente del tribunal le pidió a uno de los jueces que me acompañara cuando comenté que tenía miedo de volver con mi marido". Cuando la juez la llevó a su casa para darle protección, Nejoud se quedó impresionada. ?Era completamente blanca. Era la primera vez que veía una casa así". Los tres días que permaneció allí le parecieron los más bonitos de su vida. "Me hicieron muchos regalos", evoca.

El juez Mohamed al Qadhi ordenó el arresto del padre y del marido, aunque este tipo de actuación no es legal en Yemen. Ambos fueron encarcelados el sábado 12 de abril. A pesar de todo, Nejoud sentía lástima por su padre, que no se encontraba bien de salud. "Es un pobre hombre y ya le he perdonado", afirma con una madurez inusual para su edad.

La sentencia dictada por el tribunal puso fin al matrimonio por medio de una disposición o tipo de divorcio islámico, que se utiliza generalmente en Yemen para los casos en los que la familia ha de pagar cierta cantidad de dinero como compensación. A diferencia de otros casos, el marido dispone de un periodo de cuatro meses para solicitar regresar con la mujer. En el transcurso de una sesión privada celebrada después del juicio, el marido manifestó su voluntad de volver y esperar a la niña durante cuatro años. Por este motivo, el juez dictaminó la mencionada disposición. Como el marido de Nejoud no pagó el dinero, una de las personas que asistieron al juicio se ofreció de forma voluntaria a pagar la cantidad de 158 euros impuesta por el juez.

Después del proceso llegó la satisfacción. "Me sentí enormemente feliz cuando me concedieron el divorcio. Nos miramos a los ojos y aprecié el odio en su mirada. Estaba ofendido por sentirse el centro de atención de los medios de comunicación", explica Nejoud riendo e imitando el gesto enfadado de su ex marido."La experiencia no me afectará. Todo lo que deseo es que mi familia me permita estudiar".

Ése es su sueño. La expresión de su cara cambia cuando habla del divorcio. Sus ojos transmiten sufrimiento. Nejoud ya no quiere hablar más ante la prensa, porque le recuerda todo lo que padeció. Aunque también cree que necesita su ayuda. ?Si tengo que soportar el acoso de los medios para solucionar mi problema, lo haré?, se muestra tajante.

A pesar de su experiencia terrible y traumática, las fotos que aparecen publicadas siempre muestran a una chica sonriente. No ha querido ir al psicólogo. "No estoy enferma", argumenta. Ahora que lo ha vivido desde dentro, se pregunta por qué hay tantas mujeres que permanecen al lado de sus maridos. "Nunca me volveré a casar", jura.

En Yemen, una mujer soltera es un paria social. Son numerosos los factores que contribuyen a que las niñas se casen pronto: pobreza, analfabetismo y una cultura que da prioridad al matrimonio sobre la educación y su desarrollo como miembros productivos de la sociedad. El padre de Nejoud reconoce que actuó mal al casar a su hija, pero confiesa que se sintió obligado por la amenaza constante del secuestro, como había sucedido con sus dos primeras hijas. Durante el juicio, el padre tuvo un comportamiento un tanto extraño que dio lugar a creer que se trataba de un enfermo mental. El doctor Husnia al Qadhi no pensó que él o que el marido fueran culpables. "Son víctimas de una cultura que permite este tipo de matrimonios, y que además los apoya". El padre es consciente de la mala elección que había hecho en su vida: "Dejé mi trabajo en los servicios sanitarios porque padecía un trastorno psicológico?. Tiene casi cuarenta años y dos mujeres. "Hace siete años era rico, por eso me casé con otra mujer". Tiene tantos hijos que no recuerda cuántos. Ahmed al Ahdal declaró que obligó a Nejoud a casarse para no hacerse cargo de sus gastos.

Pero eso fue antes de que varios miembros de su familia se quedaran con sus propiedades y le obligaran a marcharse del pueblo. La madre de Nejoud, Shui'iah al Tabi'i, con las manos estropeadas de tanto trabajo en el campo, animó a su hija a casarse porque pensó que era la mejor opción.

El diputado Shawqi al Qadhi maldice la naturaleza retorcida de los hombres. "Existe un gran número de varones con un deseo inusual por las niñas", reconoce. Pero, por encima de todos estos factores, quizá esté el miedo de la sociedad a la independencia de la mujer. No pueden aceptar la idea de que una muchacha sea autosuficiente porque entonces querrá tomar sus propias decisiones y no podrá ser dominada. "Es destacable el hecho de que la mayoría de las mujeres yemeníes con cargos de responsabilidad son solteras o divorciadas". Así pues, los hombres se casan con niñas para moldearlas.

La sociedad otorga una importancia extraordinaria a la sexualidad de las mujeres. En la cultura de Yemen hay un gran temor a que éstas mantengan relaciones sexuales antes del matrimonio y echen así a perder su reputación y la de su familia. Muchos padres afirman que es mejor casar a sus hijas muy jóvenes antes que ver dañado su honor. Incluso las niñas dan al matrimonio una enorme importancia.

La misma semana que se celebró el juicio de Nejoud, la Comisión de Sanidad presentó al Parlamento la Ley de Seguridad Maternal, que incluía una propuesta (que finalmente no fue aprobada) para establecer los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio. Para Najeeb Ghanem, miembro de la Comisión de Sanidad, "el tema del matrimonio de menores es un asunto muy complejo; incluso si hubiese una ley, no se solucionaría".

Este tipo de cosas ocurren porque las bodas infantiles forman parte del engranaje cultural yemení. La comisión a la que pertenece Ghanem presentó un informe al respecto. El Parlamento les pidió que rebajaran la edad de matrimonio porque temían que la sociedad no aceptara los 18 años como edad mínima. Ghanem manifiesta que conoce numerosas historias tristes como resultado de los matrimonios de menores. Un ejemplo: el nacimiento de niños prematuros con alto riesgo de padecer un retraso mental. Es una de las mayores consecuencias. "Lo peor es dañar la vida de un ser humano", tercia Ghanem.

Él y otros diputados intentan no enfrentarse al comité de la sharia, encargado de velar por el cuerpo de derecho islámico. Se rumorea que la sharia se escuda en la creencia de que Mahoma se casó con Aisha, una niña que tenía tan sólo seis años. Según Shawqi al Qadhi, diputado, erudito y miembro de la Comisión de Libertad y Derechos Humanos, el matrimonio del profeta nunca se confirmó: "Hay una disputa histórica sobre este detalle. Tenemos el derecho a discrepar".

Los defensores del matrimonio de menores se justifican con frecuencia: las niñas consienten. Pero, en realidad, lo que pasa es que ellas no conocen sus derechos y a menudo son obligadas.

La pequeña Nejoud, hoy es otra. Después de conseguir el divorcio vivió durante una temporada con su tío Al Tabi'i. Poco después volvió con su padre y comenzó a estudiar. ?Sentía vergüenza ante mis compañeros, y sobre todo ante mis amigos. Todo el tiempo me preguntaban si de verdad me había casado?. Intentaba que los cotilleos no le afectaran.

Su felicidad y determinación no duraron mucho. El dueño de la casa les desahució y les amenazó con tirar todos sus muebles. Nejoud y su familia pasaron una noche en la calle hasta que un vecino les alojó temporalmente en una casa vacía en Dares, un barrio a las afueras de Saná. Nejoud no pudo volver al colegio el 26 de septiembre. "Me puse a llorar. Me gustan mucho las clases, y creo que la educación es buena para aprender y construir un futuro". Ahora pasa seis horas diarias estudiando. Su hermano Mohamed al Ahdal le enseña y le ayuda a aprobar los exámenes. Ella espera poder pasar su expediente al colegio que está cerca de su nueva casa.

Después de haber centrado la atención de la prensa, Nejoud se encuentra sola. Pero es fuerte. Tiene la firme decisión de estudiar una carrera y ejercer una profesión: "Me gustaría ser periodista para ayudar a la gente".

Traducción de Virginia Solans.

martes, 13 de enero de 2009

El feticidio femenino en la India ha dado lugar a una generación de hombres 'desesperados'

EN DOS DÉCADAS SE HAN PERDIDO MÁS DE 10 MILLONES DE NIÑAS
Una niña india. Foto: EL MUNDO

Una niña india. Foto: EL MUNDO

11/03/2008

YODONA.COM

Un refrán popular hindú dice: "Tener una hija es como plantar una semilla en el jardín de otra persona". Una frase que no hace más que recoger la dura realidad de la India, país castigado por el feticidio femenino generalizado durante dos décadas en las que han perdido a más de 10 millones de niñas.

Allí nadie quiere tener hijas, ni los ricos ni los pobres; y las madres abortan una y otra vez hasta concebir un varón. A pesar de la ilegalización de los abortos 'selectivos' y de las continuas campañas del Gobierno -la última medida anunciada pasa por una ayuda monetaria de 3.000 dólares por niña-, nadie tiene una solución capaz de terminar a corto plazo con esta tragedia y en algunas aldeas del norte del país ya se ven afectadas miles de familias que no consiguen novias para sus hijos.

La preferencia por los hijos varones está provocando un gravísimo déficit de mujeres en todo el país. Si en Occidente, el número de féminas supera el de varones al menos en un 3%; en la India, hay un 8% más de hombres que de mujeres, y ya ha surgido una generación de adultos que son incapaces de encontrar esposa, lo que está provocando un creciente descontento social.

Como denuncian las escritoras Valerie M. Hudson y Andrea den Boer en su libro 'Bare Branches', existe una relación entre la proporción de sexos y la incidencia de delitos violentos perpetrados por grupos de hombres jóvenes llenos de testosterona que se dedican al saqueo y a sembrar el caos.

En la misma línea, un líder local del estado de Haryana equiparó el año pasado la falta de mujeres casaderas con la escasez de cereales y hambrunas. Un símil acertado, si tenemos en cuenta que se está extendiendo la práctica de traficar con mujeres de las zonas pobres -en muchos casos, niñas- para casarlas con los jóvenes 'desesperados', y adinerados. Así, algunas familias humildes de Bihar, West Bengal y Madhya Pradesh reciben apenas 10.000 rupias (unos 180 euros) por una hija que será sometida a trabajos forzosos y tratada como esclava sexual una vez contraiga matrimonio.

¿Podrán por fin la India proporcionar a sus niñas las opciones que sus propias madres nunca tuvieron?

lunes, 17 de noviembre de 2008

Los últimos pigmeos


Viaje a Camerún tras los pasos de los últimos pigmeos, un pueblo sin derechos ni tierra. Las talas masivas les empujan a sobrevivir en asentamientos.

El propietario Bantú

El propietario Bantú

Los Angoula, familia de pigmeos baka que habita en la reserva de Dja, en Camerún, son propiedad de Romeo Ninty (jefe bantú, con camiseta roja). También le pertenecen los Wombo, los Ngopka, los Mbelanga. "No pueden irse porque trabajan para mí", dice Ninty.-


La familia Essola

La familia Essola

Arno Essola es bantú y su esposa, Abinajam, baka; tienen tres hijos, esperan otro y viven en Bonando, comunidad mixta. Posan en una vivienda común.

El bosque y el 'mongulu'

El bosque y el 'mongulu'

Rose Ampea, de 55 años, frente a su cabaña o 'mongulu' en el asentamiento de Menzoh. Para los baka, el bosque tiene su propio espíritu, 'Edjengui', el dios generoso y personal que les proporciona a diario cuanto necesitan para sobrevivir, repleto de vida, sonidos y mensajes.

ISABEL MUÑOZ - EL PAÍS - 2008-11-13


Índice

  • Nómadas - Poblado mixto Bonando
  • Nómadas - El propietario Bantú
  • Nómadas - Los más jóvenes
  • Nómadas - El bosque y el 'mongulu'
  • Nómadas - El vestido de caza
  • Nómadas - La familia Essola
  • Nómadas - Las mujeres baka
  • Nómadas - El pequeño pigmeo


Nómadas, sin derechos, tierra o identidad: unos cientos de miles habitan en los grandes bosques de África. Las talas masivas les empujan a sobrevivir en asentamientos. Un viaje a Camerún tras su rastro.

Al citar a los pigmeos, muchos bantúes, la etnia mayoritaria de Camerún, dicen: "Mi baka". Y se refieren a ese hombre, mujer o niño que trabaja para ellos en la casa o en el campo. O en ambos. Criados o esclavos. A veces es un individuo; a veces, familias completas.

"Si aquí enferman y mueren de ese mal del corazón que dice, quizá deberían irse a otro lugar del bosque", le sugiere alguien a Romeo Ntinty, de 42 años, jefe bantú del village de Ajoameoojh (unos 400 habitantes), cerca de Lomié, al este del país. Él se queda sorprendido con la sugerencia. Y algunos de los Angoula, la familia a la que se refieren, se van congregando, en silencio, observando a los visitantes, periodistas y trabajadores de la ONG Plan Internacional (de sus delegaciones de Camerún y España; esta última organiza el viaje) llegados hasta su campamento para observar sus condiciones de vida, como población indígena y minoría étnica que son. "Los pigmeos no tienen derechos sobre la tierra ni documentos de identidad; muy pocos están escolarizados; sus condiciones de salud, higiene y alimentación son precarias, y dependen para subsistir de otras tribus...", había resumido antes, en Bertoua, Denis Tchounkeu, coordinador del programa Derechos y dignidad de los baka, en marcha en esta zona en la que la ONG se implica desde hace dos lustros (de hecho, los primeros niños que apadrinaron al llegar al país en 1986 fueron pigmeos).

Los Angoula y sus vecinos viven en chozas llamadas mongulus; en pequeños claros que son un respiro en esta selva tupida, opresiva, abrasadora, en la que todo es exceso: la luz, el calor, los tonos de verdes y los mosquitos. Hace años, para encontrar pigmeos (para ellos, este término es peyorativo; prefieren ser llamados baka o badgeli) era necesario internarse en el bosque hasta toparse con esas construcciones minúsculas recubiertas con hojas secas de palmera, donde viven casi agazapados a la espera de salir de caza. Nómadas en sociedad cohesionada -organizados en matrimonios monógamos y familias nucleares abiertas, los niños son libres y se buscan la vida solos, los jóvenes solteros disfrutan del sexo, hay divorcio y los ancianos son autoridad-, se establecen en un lugar, y no sólo es la búsqueda de sustento lo que les hace moverse, también la muerte: cuando alguien fallece, se trasladan y lo dejan en paz. Ahora, a los baka se les ve cada vez más en los bordes de la jungla, deambulando en esa tierra de nadie que son las pistas forestales...

Una larga caminata por una senda zigzagueante jalonada de arbustos y de especies gigantescas de árboles nos ha traído hasta aquí. Hasta un paraíso. Y eso que sólo se trata de las estribaciones de la selva húmeda, una de los grandes bosques de África Central; más exactamente, la zona del campamento BA1 del parque natural de Dja, Reserva de Biosfera de la Unesco y Patrimonio de la Humanidad. La mayor parte del territorio aquí continúa siendo virgen. Y ahí, en su interior, los baka son maestros.

"No", responde el jefe bantú, Ntinty, rotundo a la propuesta de traslado de la familia Angoula. "No pueden irse". ¿Por qué no? "Porque ellos trabajan para mí. Trabajan para mi familia desde hace décadas". ¿Quiere decir que es usted su propietario? "Sí, antes pertenecieron a mi padre, y ahora, a mí". Y para certificarlo, escribe los nombres de las familias de su propiedad en la libreta: los Wombo, los Ngopka, los Mbelanga.

"La esclavitud existe. Pero, aun cuando no sea así, el Estado mismo y los bantúes no nos reconocen como ciudadanos de derecho", había contado en Lomié el presidente de Asbak, Valere Akpakoua, una ONG integrada en la red RACOPY, que agrupa a otras locales con objetivo común: mejorar la vida de su pueblo. "Y hoy, al contrario de lo que sucedía antaño, las relaciones bantúes-pigmeos son de confrontación. Hay mucho conflicto sobre la tierra. La necesitamos para sobrevivir".

Que los Angoula son pigmeos salta a la vista. Al igual que lo son los individuos que surgen, ahora y luego, aquí y allá, de entre la vegetación, machete en mano y con un saco a la espalda de tela o paja trenzada, que sujetan con correas a la cabeza, para transportar frutos, cortezas, bayas, leña... Cuerpos adultos con talla de adolescentes y cráneos grandes, piel oscurísima, pelo negro y rizado, los ojos saltones, la nariz ancha y aplastada, los labios prominentes. Son descendientes de los primeros habitantes de Camerún, una de las etnias más antiguas de África. Se calcula que son unos 300.000 en una decena de países. Y con un futuro incierto. Como les sucede a la mayoría de pueblos indígenas, esos casi cinco mil grupos étnicos en el mundo (unos 300 millones de personas). "El derecho internacional ha reconocido ampliamente sus derechos territoriales, pero no existe lugar donde estén libres de persecución", apuntan en Survival Internacional.

El territorio de los baka es el bosque. Y, como cazadores virtuosos, se nutren de la caza del antílope, cerdo, mono...; de la pesca y la recolección. Curanderos reconocidos, saben utilizar la selva como farmacia gigantesca en sus raíces, cortezas, hojas. Amantes de la música y el canto (hay un grupo, Baka Gbine, que ha viajado a Europa, ver www.baka.co.uk), para ellos el bosque está repleto de sonidos y mensajes, tiene su propio espíritu, Edjengui, el dios generoso y personal que les proporciona cuanto necesitan.

En simbiosis han vivido durante siglos y nunca fue problema para nadie. Hasta que la explotación de la madera, el oro verde, ha comenzado a adquirir dimensiones colosales. El ingreso por las exportaciones del sector maderero en Camerún se ha multiplicado por 25 en una década. Y las selvas tropicales aquí se han convertido en botín para las empresas forestales, los cazadores furtivos, los madereros ilegales; para las arcas del Estado y para mucho intermediario. Para comprender el volumen del negocio, basta intentar entrar por carretera a la capital, Yaoundé, al caer la tarde. Allí está la escena: kilómetros y kilómetros antes de llegar, los camiones aparcados en las cunetas, cargados de cuatro o cinco ejemplares de árboles, a la espera de cruzar la ciudad. "Sólo se puede de noche, hasta las siete de la mañana; luego seguimos camino a Douala, al puerto, a Europa", cuenta François Tsabang, uno de los conductores.

La madera exótica está de moda en Europa. Italia y España son de los mejores clientes. El Estado es propietario de los bosques y existe una legislación clara sobre su explotación, pero "no se aplica", dicen en la Organización Internacional de la Madera Tropical (OIMT). La jungla está cedida a pedazos a compañías que talan al mismo ritmo que acaban con la flora y expulsan a la fauna (hombres incluidos). Nueve empresas extranjeras (datos de 2004) tenían 3,15 millones de hectáreas de concesiones (de una zona forestal permanente de 12,8 millones de hectáreas, ese mismo año; para la FAO eran 16 millones en 1989). Una segunda Amazonía.

El sudor cae a chorros sobre los rostros de todos en la reserva de Dja. Posa el patriarca Angoula con Ntinty para las fotografías, y entre ellos, aunque se les pida que se acerquen, queda siempre un hueco, un espacio físico, una distancia inmensa. Quizá la percepción de la posición que cada uno tiene de sí y del otro. "La autoestima. Individual y de grupo. Fuera del bosque no existe. Somos los últimos de los últimos", había afirmado en Abong-Mbang Heleine Aye Mondo. Ella es la fundadora de Caddap, una asociación cuyas siglas la definen: centro de acción para el desarrollo permanente de los pigmeos autóctonos. ¿No es ella misma una excepción, como mujer y como baka?: "No creas, entre nosotros la mujer es fiera y ocupa un rol muy poderoso: construye el mongulu, trae a los hijos, los educa y no hay ninguna decisión que el hombre no le consulte". Y puntualiza: "Yo misma no obtuve mi ciudadanía hasta 2003". Muestra un papel, el gran logro último: un certificado de nacimiento que permite obtener la tarjeta de identidad. "Muchos pigmeos no saben ni del uno ni de la otra; ni cómo conseguirlos. No controlan la lengua oficial, ni los mecanismos administrativos, ni dónde hacerlo. Sin papeles no existimos".

Unos 50.000 baka habitan este país que es como un tesoro (se calcula que en Congo son cuatro veces más). Abres la tapa de este arcón de 475.500 kilómetros cuadrados, poco menos que España, y allí se reúnen todos los paisajes y climas (sabana, al norte; tropical, en el resto), 240 etnias y otras tantas lenguas. Camerún lo tiene todo: el monte homónimo, de 4.100 metros de altura; 400 kilómetros de costa y unos 16 millones de hectáreas de bosques. "Hay casi el doble de zonas naturales y de especies protegidas que en Kenia, pero pocos lo saben", dice Esther Ekoye, la ingeniero agrícola de Plan que ha preparado nuestra ruta. "La pequeña África", la llaman, de tanto que posee este país con crisis económicas recurrentes: ocupa la posición 148 de 177 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU; el 22% de la población urbana y el 50% de la rural vive con menos de un dólar/día. Y entre las etnias que conforman sus 17 millones de habitantes, esa "tribu de enanos" que gritaban los exploradores del siglo XIX a los cuatro vientos siempre fue preciado objeto de literatura, asunto de atracción casi mitológico. Lo sigue siendo: los pigmeos son esos tectón de ficción del africanista Albert Sánchez Piñol en su novela Pandora en el Congo. O cinematográfico: el drama titulado Man to man, de 2005, cuenta la historia tan común de dos pigmeos trasladados en jaulas a Escocia para ayudar a buscar el eslabón perdido. U objeto de investigación, como el homo floresiensis, descubierto en la Isla de las Flores, que sería cual pigmeo de los pigmeos actuales (1,50 metros), pues sólo medía 1.10. Incluso su organización social prehistórica es alabada hasta el punto de ayudar a explicar hoy modelos de management: así lo hace en su Equipos de alto rendimiento: lecciones de los pigmeos, el profesor de Harvard Manfred F. R. Kets de Vries. "La sociedad pigmea es un buen ejemplo de lo que puede hacer la confianza a la hora de simplificar y agilizar los procesos de toma de decisiones, y ofrece varias lecciones útiles para crear equipos de trabajo eficaces".

Lo pigmeo en el imaginario colectivo. Al preguntar al director de Plan en Yaoundé, Amadou Bocoum, por los grupos más primitivos, aquellos que se escarifican la piel, danzan en ceremonias secretas o prohibidas o permanecen desnudos, él se sorprende. El tópico del antropólogo a la caza de culturas milenarias antropófagas sobrevuela la escena. "Ya no existen como tal. Todos tienen contacto con la civilización. Ésa es su realidad hoy y su drama. Nosotros debemos trabajar por la modernidad", concluye. Y, desde sus dos metros de altura, dice que él procede de Mali y que su tatarabuelo también fue nómada. Sonríe como diciendo: "Y en este mundo ¿quién no lo es?".

Si han de asentarse, que lo hagan bien, parece ser la filosofía de ésta y muchas organizaciones de ayuda a los pueblos indígenas. Otras, como Survival Internacional, también, pero ven en el propio proceso de asentamiento un mal ya vivido una y otra vez que provoca males mayores: muertes por enfermedades de contacto, obesidad por sedentarización y alimentación procesada, suicidios, adicciones... Su informe de agosto último lo dice todo: El progreso puede matar. "Los proyectos que desalojan a los indígenas de sus tierras e imponen el progreso causan una miseria incalculable. Esto no es sorprendente: el progreso -la convicción de que 'nosotros sabemos más'- comparte con el colonialismo el efecto de apropiación de tierras y recursos nativos. Los indígenas no sobreviven a esta situación. Por el contrario, cuando están en sus propias tierras y eligen su propio desarrollo, simplemente prosperan". Para ilustrarlo, una frase de un bosquimano: "Primero nos hacen indigentes, al quitarnos nuestras tierras, nuestra caza y nuestro modo de vida. Luego dicen que no somos nada porque somos indigentes".

Al avanzar por la selva, suena una música de insectos y pájaros siempre de fondo... Y de muchas cosas más que el visitante no identifica. Mejor. Dicen que aquí abundan los gorilas de llanura, que hay elefantes, leopardos, más de 300 especies de pájaros, camaleones, tortugas y ¡pitones y víboras...! Mejor no pensarlo y rememorar la anécdota que narra la única guía en castellano sólo de Camerún que encontramos en España. Su autor es Joan Riera, africanista y antropólogo apasionado del país: "En 2000, dos guardas forestales afirmaron haber visto a un gran reptil... Los baka hablan de que habita pantanos y ríos remotos de la jungla... Algunos de sus cazadores dibujan la silueta del gran lagarto de cuello largo en el barro fresco... Podría tratarse de uno o varios ejemplares de saurópodo, especie de dinosaurio semiacuático que mediría más de 10 metros y se habría extinguido hace millones de años". Lo llaman mokele mbembe, "el que para las aguas del río".

El día anterior nos detuvimos en dos asentamientos baka a pie de pista (en la mayoría de recorridos por el Este no hay carreteras asfaltadas; las mejores pistas están en las explotaciones forestales), el de Mayos y el de Menzoh. El primero está dirigido por un jefe baka, Lazard Ngongo, y una jefa de desarrollo, bantú, Georgette Natouma. Una excepción. Cuenta con medio millar de habitantes de las dos comunidades, que habitan en casas de barro; disponen de escuela mixta, pozo y letrinas comunes, además de un museo donde exponen objetos que los relacionan con su forma de vida tradicional. Monitores bantúes y baka, Colette Yie y Mathieu Sangou, muestran cada objeto con orgullo: armas de caza, cestos, el traje de madera para las ceremonias o ritos iniciáticos. El jefe Ngongo, bajo de talla, dientes afilados como es costumbre, gran bigote y ojos enormes, hierático, habla de las grandes dificultades para sobrevivir. Añade: "Plan ha construido nuestras casas y me ha dado el móvil. Se lo agradezco". El centro de salud más cercano está a 10 kilómetros. Y eso obliga a la curandera, Therese Lendo, de 50 años, a trabajar extra: "Los ataques epilépticos, las locuras de la cabeza y cosas de mujeres", dice, es lo que más trata. "En el bosque vivimos mejor", comentan algunos hombres, "pero hay restricciones de caza".

Plan asegura que esta comunidad y la de Bosquet y Bonando, que visitaremos luego, es donde más se aprecia lo conseguido: interacción, intercambio, participación, escolarización, formación técnica y agrícola... Por primera vez hay un consejero municipal que es baka, y en Bertoua, un grupo de ellos emiten un programa de radio que es como un grito, Baka, je suis. "Nutrición, educación y tierra". Ése, decían en Asbak, es el secreto para que su cultura sobreviva. "Y el cambio de mentalidad que llegará en la siguiente generación".

El asentamiento de Menzoh es bien distinto: niños malnutridos, jóvenes pululando desocupados, ancianos deteriorados y la mayoría de hombres adultos alcoholizados, la única actividad posible en este lugar de casas de barro barridas por el polvo rojizo que levanta el trasiego continuo de camiones. Un reguero que viene de los países vecinos. Como las lágrimas de ese bosque "que llora", que dicen ellos. Y sí, podría ser: basta ver los troncos gigantescos de sapelli, moabit, ayous, azobe e iroco cruzar en toda su longitud a cada rato... "Ése, cien años; ése, más; ése, otros tantos...". Quizá no sea llanto, pero sí la prueba evidente de que el mundo pigmeo se desvanece ante sus propios ojos. Y no se engañan. Para confirmarlo les bastaría consultar los informes de organizaciones como la OIMT, del IWGIA, del WWF o el WRM en Internet. Sirvan los de Greenpeace: "El bosque africano de los grandes simios se extendía antaño a lo largo de África, desde Senegal a Uganda. Ahora no. Cerca del 85% de este bosque primario se ha destruido y la industria maderera amenaza el resto. Desde la pasada Cumbre de la Tierra de Río, África tropical ha incrementado en un 25% su tasa de deforestación. Y una parte de esta región ha incrementado su producción de madera en más de la mitad desde mediados de los noventa".

Al marchar, la comunidad de Menzoh en pleno se reúne para una foto: caras tristísimas, deterioro físico apreciable. Nada que hacer, poco que comer y menos que desarrollar, sin formación para los nuevos tiempos. Sólo el círculo vicioso de las ayudas de las ONG, que ellas mismas intentan como pueden romper. Pierre Katabo, director de Plan en Bertoua, califica su tarea de emergency action: "Sus condiciones lo son, necesitan desarrollarse, es urgente darles capacidades para vivir por sí mismos".

Yendo más hacía el Este, camino de Yokadouma, donde se concentra un 40% de pigmeos, entre camiones averiados en mitad de las pistas y asentamientos, cruzamos poblados madereros que lucen como uno imagina debían ser los mineros en el Oeste americano: olor a madera mojada, luces tenues, mucho hombre y herramienta, la cantina y las prostitutas sentadas en los bungalós. Por supuesto, mejor no parar, ni traspasar verjas, ni acceder a las pistas reservadas, ni preguntar siquiera. "Es verdad que las madereras dan trabajo, pero los grandes beneficios no son para la comunidad, sino para los intermediarios", cuenta Victor Amougun, presidente de la ONG Cefaid. Añade que en Yokadouma, ciudad de frontera con la parafernalia propia de su condición (pobreza, delincuencia, misioneros, burdeles, mucha tienda, mucho tráfico y muchos recién llegado en busca de oportunidades), la situación para los baka es extrema. "En todos lados los consideran intrusos". Desde su asociación les acompañan y asesoran para que sepan defenderse con la burocracia y las leyes. Que denuncien abusos. "El gran problema es la ignorancia. Su sabiduría sobre el bosque es inmensa, pero nadie la reconoce". En Congo, dice, emplean a muchos como guías. "Aquí los han usado, a veces, para identificar especies de árboles buscados. Y luego los talan. O para cazar animales concretos, y luego los encarcelan por ilegales. Les engañan. Ellos ya no confían". Y sí: hay algunos que trabajan dentro de las explotaciones. "¿Qué otra cosa pueden hacer?".

Luego, Martin Sigawie, de la tribu bimo, nos acerca hasta Akambi, donde ayer nació el pequeño baka Banguy Heman, de padres documentados, con nombre y apellido. "Un corto trecho, primero; otro largo, después, y llegamos", dice Martin. Pero anda tan deprisa que es difícil seguirle. La hilera de personas detrás se deshilacha. De nuevo surge la imagen del gorila, la víbora o el mono al acecho. Pero mucho rato, mucho calor y mucha selva después, quienes aparecen son Madeleine Ayola, Madeleine a secas, Emiliane y su bebé, y Mary. Ninguna mayor de 14. No saben leer o escribir, nunca han visto una cámara digital, ni contemplado su propia imagen, o escuchado su voz. A la blanca extranjera visitante le enseñan sus casas, sus bebés, sus ropas... Se sientan luego a mirar. Y cantan. Sin remedio, hay que preguntarse qué será de ellas.

Y en el medio del claro, solos, rodeados de árboles inabarcables, cuenta Martin que el poder aquí pasa de padres a hijos, pero que el jefe bantú de Nyabonga, el poblado más cercano, afirma que si el bosque es de todos y los baka estaban ya antes en él, suyo es. Y eso es un paso. Aunque sea pigmeo.