"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

lunes, 19 de enero de 2009

"En la familia yo soy el hombre, yo trabajo".Por cultura, las mujeres no fuman, no beben, no salen de marcha... sólo piensan en mandar dinero a casa



A ocho pasos de conseguir trabajo

Miles de mujeres marroquíes compiten por trabajar en la campaña de la fresa de Huelva - Este año se contratará en origen a 16.500 jornaleras para la cosecha, 2.900 más que en 2008

MANUEL PLANELLES - EL PAÍS - Agadir - 18/01/2009


Todo se reduce a ocho pasos. No importa que Dinar Ahadija haya llegado la primera a la puerta del campo de fútbol Bensergaou. "He venido a las cuatro de la mañana", dice mientras vigila por el rabillo del ojo que nadie se le cuele. Ella es la primera de las 800 mujeres a las que los representantes de los freseros onubenses entrevistaron ayer en la ciudad marroquí de Agadir. Estos agricultores buscan temporeras entre la inmensa fila de coloridos pañuelos que aguarda a las puertas del estadio. Y Dinar entra dentro del perfil fijado: es mujer, tiene entre 18 y 45 años, experiencia en la agricultura y cargas familiares.


Dinar cobra en Marruecos 34 euros al mes. En la fresa, entre 800 y 900

Sólo se seleccionan mujeres porque ni fuman ni beben ni salen de marcha

Pero esta marroquí -nacida en 1971 y con un hijo de cinco años- se tiene que someter a la última prueba: los ocho pasos. Es la distancia que media entre la cola en la que aguardan disciplinadas las candidatas y la mesa en la que dos representantes de Fresón de Palos las entrevistan. Ese puñado de metros sirve a los agricultores para comprobar que las futuras jornaleras no tienen sobrepeso ni taras físicas al andar que les impidan recoger la fresa. "Es triste. Nos da pena. Pero tenemos una responsabilidad con los agricultores que confían en nosotros. Esto cuesta mucho dinero para que luego, cuando llegue la mujer, un agricultor le diga que no y se tenga que volver a Marruecos". Antonio Luis Martín es uno de los veteranos en esto de buscar mano de obra en el norte de África. Este empresario es el responsable de la Unión de Pequeños Agricultores en Huelva para asuntos de migraciones. Lleva desde 2002 contratando marroquíes.

La Comisión de Municipios con Inmigración de Huelva (COMI) estima que, a partir de febrero, trabajarán en la fresa 25.000 extranjeros con contrato en origen y 40.000 locales, sean españoles o inmigrantes con la estancia regularizada en nuestro país. Alfredo Ramos, el responsable de este proceso de la Embajada española en Rabat, cifra en 16.500 el número total de marroquíes que acudirán a Huelva gracias al contrato en origen. Son 2.900 más que el año pasado.

El 8 de enero comenzó el proceso de selección. Los representantes de los agricultores han realizado entrevistas en cuatro lugares: Mohamedia, Fez, Marraquech y Agadir. En esta última ciudad se cierra hoy, domingo, el proceso con las otras 800 entrevistas que está previsto realizar. Acuden cientos de mujeres seleccionadas antes por Anapec, la oficina de empleo marroquí. Llegan de lugares tan apartados como Midelt. Es el caso de Rkia Oussalhi, que salió de su casa en autobús el viernes a las siete de la tarde y llegó a Agadir a las seis de la mañana del sábado. Con cuatro hijos y el marido enfermo, la fresa en España es su salvación.

De las 1.600 candidatas entrevistadas este fin de semana en Agadir, 1.197 conseguirán trabajar este año en la fresa y en la colecta de otros cítricos que se cultivan en Huelva.

Dinar, cuyo nombre significa moneda en árabe, sonríe: "Me llamo Dinar, pero no tengo dinero". Una vecina suya fue el año pasado a la fresa y le contó su experiencia. Y el sueldo que ganó. Dinar cobra en Marruecos 34 euros al mes. En la fresa se ganan 37 euros por jornada, entre 900 y 800 mensuales. "Con lo que gano en tres meses vivo todo el año", detalla Dinar mientras aguarda en la cola. La entrevista de los empresarios a Dinar no dura más de un minuto. "Fresa, fresa". Es la única palabra que esta mujer sabe pronunciar en castellano y la repite cada vez que puede. "Ahora trabajo recogiendo verduras, pero también sé recoger fresas o albaricoques", detalla a sus entrevistadores. José Manuel Oliva y Enrique Molina, de Fresón de Palos, recogen el documento en el que se acredita que ha estado empleada en la empresa Dominio Agrícola de Temssia de Agadir. "Casi lo único que vemos es el tema físico y el tipo de labores que han realizado en la agricultura", reconocen Oliva y Molina. "Tienen que presentar el libro de familia porque las cargas familiares son clave para que retornen", señala Antonio Luis Martín. El primer año en el que se estableció el contingente, en 2004, resultó un desastre. Se contrató a 700 trabajadores y sólo volvió a su país el 40%. Se fijó entonces la necesidad de acreditar una carga familiar que hiciera pensárselo dos veces a la mujer que quisiera quedarse. "El año pasado, el porcentaje de retorno fue del 92%", señala Alfredo Ramos.

Para acudir a la llamada de los freseros, Dinar, como sus compañeras, ha tenido que presentar un certificado de penales, otro médico y sus antecedentes laborales. Y también una carta de su marido en la que le autoriza a viajar a España. ¿Le ha puesto problemas su pareja? Dinar sonríe antes de responder: "En la familia yo soy el hombre, yo trabajo".

Los agricultores sólo admiten en Marruecos a jornaleras para recoger la fresa. Nunca hombres, explica Antonio Luis Martín: "Por cultura, las mujeres no fuman, no beben, no salen de marcha... Eso nos favorece. Ellas sólo piensan en mandar dinero a casa".

Dinar finaliza la prueba de los ocho pasos. Ha tenido suerte. Ni está gorda ni tiene defectos físicos y lleva un contrato en la mano.