"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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lunes, 11 de enero de 2010

El rapto de África


Por José Antonio Miquel Silvestre, registrador de la propiedad (EL PAÍS, 14/08/09)

Europa sufrió el rapto de un Zeus transmutado en toro. El dios tronante de los griegos se las gastaba así cuando quería satisfacer sus pulsiones. África está teniendo todavía peor suerte. Colonizada, empobrecida, asolada por guerras y regímenes corruptos durante décadas, ahora le ha tocado ser fructífera granja para inversores internacionales y Gobiernos extranjeros que no siempre toman en consideración las necesidades y derechos de la población local. Los africanos corren hoy el riesgo de quedarse otra vez sin su propia tierra.
Lo primero que llama la atención al recorrer África es la cantidad de gente que hay por todas partes. Especialmente niños y jóvenes. Kenia, por ejemplo, es un país superpoblado con más de cuarenta millones de habitantes, la mayoría de los cuales tiene menos de cincuenta años. Etiopía acoge setenta y cinco millones y Nigeria supera los noventa. La población crece de forma continuada año tras año.

Viajando por carretera no se ven tierras sin cultivar ni espacios desaprovechados. La ganadería es extensiva y las pequeñas parcelas fértiles se aprovechan al máximo. La necesidad esencial es comer y la agricultura es mayoritariamente de subsistencia, salvo en aquellos países donde una minoría blanca explota grandes superficies agrícolas, como ocurre en Suráfrica, Namibia y Zimbabue, aunque en este país los problemas vienen por la irracional huida hacia adelante de Mugabe cuando hace unos años alentó la toma de las granjas y condenó a su país al desabastecimiento de productos básicos.

Un reciente informe de la FAO reconoce un aumento significativo de la adquisición de tierras de labor por grandes corporaciones internacionales. En 2006, la inversión directa extranjera realizada por empresas y Gobiernos en el África subsahariana superó los 17.000 millones de dólares, los 22.000 en 2007 y en 2008 se llegó al récord de 30.000. Muchas de estas inversiones se canalizan a través de sociedades formalmente privadas pero controladas por Gobiernos; son las State-Owned Enterprises (SOE). Ejemplos, la saudí Aramco, la kuwaití Petroleum Corporation o la francesa EDF. Sin olvidarse del caso de China. No se puede saber el grado exacto de control que el Gobierno chino tiene sobre las empresas; la frontera entre público y privado es difusa, pero se calcula que las 30 mayores multinacionales chinas son SOEs. Hoy los chinos están por toda África, construyendo edificios, comerciando, reparando carreteras y comprando tierras.

Este fenómeno inversor se debe al aumento del precio de los productos agrícolas y a la demanda de biocombustibles. En ocasiones, la compra de tierras en el extranjero se contempla como un asunto de seguridad nacional. El crecimiento de la población, la expansión urbanizadora y los cambios dietéticos en el mundo desarrollado, con unos consumos de carne inéditos, han hecho que la demanda global de alimentos se esté disparando. Algunos países, como China o Arabia Saudí, temen no poder alimentar a su población en un futuro próximo. El cambio climático está agravando esta preocupación. El incremento del precio de alimentos básicos en 2007 ha provocado malestar social y disturbios en al menos 33 países, según un reciente informe del Banco Mundial.

Los inversores dan por sentado que la tierra en África es barata y abundante. Los satélites dan unas estimaciones de unos 227 millones de hectáreas cultivables. Sin embargo, la propia FAO reconoce que la tierra africana no carece de dueño y que es frecuentemente objeto de reclamación o litigio. Recientemente tuve ocasión de conocer al Nuncio de su Santidad en Nairobi por un asunto relacionado con una ONG española que quería construir un hospital servido por monjas en un terreno cedido por un político local. Todas las preguntas que hizo estaban relacionadas con el título de propiedad y la naturaleza del contrato de cesión. En Kenia el asunto del reparto y titularidad de la tierra genera no pocos conflictos étnicos, que a veces estallan violentamente. No se puede tomar en serio la afirmación de que la mayoría de la tierra cultivable está infrautilizada o en desuso. Otra cosa es que los gobiernos locales y los inversores extranjeros tengan poco interés en reconocer usos tradicionales y derechos de terceros.

Los acuerdos de adquisición se celebran normalmente entre el inversor y el proveedor de la tierra, que casi siempre es el Gobierno y no el agricultor directamente afectado. Sin embargo, el principio de Consentimiento Previo e Informado, reconocido en el artículo 32 de la Declaración de Naciones Unidas de los Derechos de los Pueblos Indígenas, supone que las comunidades tienen derecho a decidir sobre las propuestas de desarrollo. Casi todos los países de África lo recogen en su legislación y casi todas las empresas aseguran respetarlo. Pero una cosa es la letra y otra cómo se aplica en la práctica. El caso de Mozambique resulta esclarecedor. Un importante proyecto de biocombustibles se negoció sin ofrecer información relevante por adelantado; las reuniones se tuvieron sólo con líderes; las actas de las reuniones no reflejaron fielmente las opiniones de la comunidad; las explicaciones de los costes y beneficios del proyecto fueron imprecisas. Y por último, pero no por ello menos relevante, las mujeres ni fueron consultadas ni firmaron los acuerdos.

En gran parte de África la tierra está nacionalizada o controlada por el Estado. El Banco Mundial estima que sólo entre el 2% y el 10% pertenece a propietarios particulares. Las razones de tan escasa propiedad privada formalizada son los complejos, caros y largos procedimientos de adquisición legal. Pero los derechos sin formalizar podían verse amenazados. El Estado es quien se presenta como legítimo propietario. La cuestión es relevante, pues existe una gran diferencia entre ser considerado usuario o dueño, especialmente a efectos compensatorios. En la práctica, estas grandes adquisiciones funcionan como expropiaciones. La falta de titulación y de registros públicos fiables facilita que muchos afectados no sean tenidos en cuenta en el proceso. Ser tratado como mero usuario y no como propietario debilita la calidad del activo expropiado y la cuantía de lo que se considera una justa compensación.

El informe reconoce que los títulos de propiedad son muy escasos en las áreas rurales y que la actual ola de inversiones tiene lugar en un contexto de inseguridad jurídica que hace muy vulnerable a la población local. La FAO recomienda reforzar e implementar los sistemas de titulación, registros de la propiedad y la seguridad jurídica de los derechos sobre la tierra como mecanismos para proteger a los africanos frente a la arbitraria privación de sus bienes. Estas medidas les ayudarían a proveerlos de un activo económico que pudieran utilizar en sus negociaciones y de una salvaguarda frente a confiscaciones y desalojos. Se trataría de una política similar a la afrontada por Lula da Silva en Brasil cuando prometió entregar títulos a los usuarios de las favelas.

La FAO considera esencial estos mecanismos para otros fines: la transparencia y la igualdad de acceso a la información para todos los operadores y afectados. La realidad apreciada por los investigadores de Naciones Unidas es que estos tratos e inversiones se han gestado en secreto, lo que favorece la corrupción y los abusos. El informe reconoce enormes dificultades para acceder a los datos, resultando incluso problemático obtenerlos de los registros de la propiedad en aquellos países donde existen. En la mayoría de casos, no fue posible conocer a través de fuentes oficiales ni el tamaño, ni la forma ni la localización exacta de las inversiones extranjeras.

África no puede sufrir un rapto menos romántico todavía que el de Europa a manos de Zeus. Siempre habrá quien pretenda aprovecharse de la ignorancia y buena fe de sus gentes. La falta de instituciones creíbles a quien más perjudica es a los propios africanos y a las comunidades indígenas. Es un imperativo ético para Occidente fomentar el desarrollo sostenible de su fértil tierra en beneficio de los propios africanos. Para ello, como recomienda la FAO, debemos ayudarles a levantar y a usar creíbles instituciones de seguridad jurídica como las que nosotros disfrutamos. Sólo de ese modo la compleja realidad social africana será también visible desde los despachos y los más altos rascacielos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La agricultura necesita 83.000 millones de dólares al año para alimentar a todo el mundo


  • En 2050 la población mundial ascenderá a 9.100 millones de personas
  • África duplicará su población y debe aumentar las tierras de cultivo
  • El cambio climático puede disparar los precios de los alimentos
Ampliar fotoNiños hambrientos en ManilaNiños acuden a un programa alimentario en Manila.REUTERS/Romeo Ranoco
Ir a fotogalería Bombay, india. Bombay, india.REUTERS/Adeel Halim

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1020 millones de personas pueden morir por no tener nada que comer (Asuntos Propios)



CRISTINA PÉREZ - MADRID

TRVE, 16.10.2009

 En el año 2050, 9.100 millones de personas poblaran el planeta, un tercio más de bocas que alimentar según los cálculos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Esta agencia de la ONU advierte en el Día Mundial de la Alimentación que si no se invierten cada año 83.000 millones de dólares no habrá alimentos para todos.

Las inversiones deberían aumentar un 50% en los países en vías de desarrollo y habría que destinar unos 20.000 millones para la producción agrícola y 13.000 millones para la ganadera.

Aparte, se requerirán otros 50.000 millones de dólares para cadenas de frío, instalaciones de almacenamiento, mercados y la etapa inicial del procesado, que permitirán incrementar la producción alimentaria mundial en un 70%.

Más demanda de alimentos

El crecimiento demográfico más rápido será en África subsahariana, que duplicará su población en 2050, con un incremento del 108%, equivalente a 910 millones de personas.

En la actualidad unos 218 millones de africanos, cerca del 30% de la población total sufren de hambre y malnutrición crónica, y en todo el mundo la cifra de hambrientos supera los mil millones.

  • Mas de 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo

En 2050, la población de Asia oriental y el Sudeste asiático crecerá un 11%, con 228 millones de habitantes más y cerca del 70% de la población mundial vivirá en ciudades o áreas urbanas, comparado con el 49% actual.

La demanda de alimentos continuará creciendo como resultado del incremento demográfico y del aumento de los ingresos. En el caso de los cereales alcanzará 3.000 millones de toneladas en 2050.

La producción anual de cereales tendrá que aumentar en casi 1.000 millones de toneladas, en la actualidad es de 2.100 millones, y la producción de carne en más de 200 millones de toneladas, hasta los 470 millones.

El 72% de la producción cárnica será para los países en desarrollo, que hoy en día consumen tan solo el 58%.

La producción de biocombustibles podría también aumentar la demanda de productos básicos agrícolas, en función de los precios de la energía y las políticas gubernamentales.

Cambio climático

A nivel mundial el impacto del cambio climático en la producción alimentaria podría ser reducido -al menos hasta 2050-, pero la distribución de la producción tendrá consecuencias importantes para la seguridad alimentaria.
Los países en desarrollo pueden experimentar un declive de entre el 9 y el 21% de su productividad agrícola total como resultado del calentamiento global, según la FAO.

La agricultura emite el 14% de los gases de efecto invernadero. El 74% de las emisiones de la agricultura y la mayor parte del potencial técnico y económico para la mitigación -cerca del 70%- se encuentra en los países en desarrollo.

Está previsto que los precios medios de los alimentos aumenten en línea con los incrementos moderados de temperatura. A partir de 2050, y con nuevas subidas del mercurio, se producirán grandes recortes en la producción agrícola de los países en desarrollo, con lo que los precios subirán de forma sustancial.
El cambio climático podría empeorar la seguridad alimentaria al incrementar la presión de las enfermedades generadas por vectores, el agua y los alimentos. El resultado podría ser una disminución sustancial de la productividad agrícola, incluyendo la productividad de la mano de obra, con un aumento de la pobreza y las tasas de mortalidad.

El desafío de África

En África esta situación llevaría a un incremento de la dependencia de muchos países de las importaciones alimentarias. El cambio climático puede reducir la producción agrícola potencial africana hasta el período 2080-2100 entre un 15 y un 30%.

África cuenta con abundantes recursos naturales, incluyendo agua, aunque la distribución es muy desigual. Tan solo el 3% de los cultivos africanos son de regadío, frente a un 20% de media mundial.

La irrigación supondría un aumento enorme de la producción y el rendimiento. Una hectárea de tierra africana produce 1,2 toneladas de cereal, frente a una media de 3 toneladas en los países en desarrollo.

Otro de los problemas es el minifundismo, un 80% de las explotaciones agrícolas africanas tienen menos de dos hectáreas y su número alcanza los 33 millones. Aunque el potencial adicional de tierra disponible para el cultivo en África subsahariana es de más de 700 millones de hectáreas.

La región de la sabana de Guinea -una superficie dos veces mayor que la dedicada al trigo en todo el mundo- ofrece una enorme producción potencial, ahora tan solo se cultiva el 10% de esta extensión de 600 millones de hectáreas.

La roturación de nuevos cultivos requerirá precauciones para evitar un impacto medioambiental negativo e inversiones en infraestructura y tecnología, que la FAO cuantifica en 21.000 millones de dólares anuales en todo el continente negro.

Ayuda al desarrollo e inversiones

Entre 1980 y 2005 la Ayuda Oficial al Desarrollo a la agricultura descendió cerca de un 58% en términos reales, cayendo desde el 17% del total de las ayudas al 3,8% y en la actualidad se sitúa en el 5%. España destina 200 millones al año a programas de lucha contra el hambre.

En el año 2000 el gasto público mundial en investigación y desarrollo agrícola fue de tan sólo 23.000 millones de dólares, muy lejos de los 83.000 necesarios, y su distribución fue muy desigual.

Los dos países con más habitantes, India y China, deberían concentrar inversiones netas en agricultura de hasta 29.000 millones de dólares al año para alimentar a su población.

Por regiones, Asia oriental requerirá 24.000 millones, seguida de Asia meridional y Latinoamérica y el Caribe, con 20.000 millones cada una, el África subsahariana, con 11.000 millones; y Oriente Próximo y el norte de África, con 10.000.

Debido a las diferencias en los índices de crecimiento demográfico, Latinoamérica perderá la mitad de su mano de obra agrícola, mientras que el África subsahariana la duplicará.

Para el año 2050 un trabajador agrícola latinoamericano dispondrá de un capital social, o activos físicos como equipamientos, tierra y ganado, 28 veces mayor que un campesino subsahariano. Una circunstancia que podría aliviar la situación de hambre que en la actualidad sufren 300.000 familias en Guatemala.

jueves, 22 de octubre de 2009

Alimentos para el futuro, J. DIOUF(artículo***)



FUENTE:  LA VANGUARDIA, 22-10-09



En las próximas cuatro décadas la población mundial crecerá en 2.300 millones de personas y se hará más rica. Satisfacer la demanda de los 9.100 millones de habitantes del planeta en el 2050 exigirá producir un 70 por ciento más de alimentos que hoy en día. Por tanto, a no ser que tomemos ahora las decisiones adecuadas, nos arriesgamos a que el día de mañana la despensa mundial esté peligrosamente vacía. Sobre todo porque en los próximos años el sistema alimentario mundial debe hacer frente al creciente desafío del cambio climático - que puede reducir la producción agrícola potencial hasta en un 30 por ciento en Áfricay hasta en un 21 por ciento en el conjunto de los países en desarrollo-,y también afrontar plagas y enfermedades transfronterizas más graves que afecten a animales y plantas. 

Al mismo tiempo, el sector tendrá que hacer frente a una reducción de la mano de obra agrícola - ya que unos 600 millones de personas se desplazarán del campo a las ciudades-y a una mayor competencia por la tierra y los recursos naturales, incluyendo la procedente del sector de la bioenergía. Nuestra respuesta a estos desafíos determinará cómo podremos alimentar al planeta el día de mañana. Pero igual de importante es ocuparnos de que la gente esté alimentada hoy en día. Esto supone acabar con la difícil situación de 1.020 millones de personas que actualmente sufren desnutrición, actuando de forma decidida para erradicar el hambre completa y rápidamente. 

Con la revolución verde del pasado siglo, el mundo evitó una hambruna masiva en Asia y América Latina en la década de 1970, dedicando el 17 por ciento de la ayuda al desarrollo a proyectos de irrigación, sistemas de producción de semillas, fertilizantes y forraje, carreteras rurales e instalaciones de almacenamiento. 

Al afrontar un desafío similar hoy en día, el camino que seguir debe ser necesariamente diferente. Además de impulsar la inversión en agricultura, necesitamos usar de una forma más eficiente la energía, los insumos químicos y los recursos naturales, y centrarnos más en las necesidades de los campesinos y las familias rurales que viven de la agricultura. 

En este sentido, un reto importante será el del agua, ya que necesitaremos de forma simultánea ampliar la superficie de regadío usando proporcionalmente menos agua. La clave para cuadrar este círculo reside en la captación y almacenamiento de aguas y en técnicas que mejoren la eficiencia en el uso del agua. 

A medida que disminuya la población rural y agraria, la agricultura será cada vez más intensiva en capital - y conocimientos-para producir más alimentos y de mayor calidad para una población urbana más rica y numerosa. Por tanto, se necesitarán inversiones importantes, porque los futuros aumentos de la producción deben proceder casi en su totalidad de incrementos sostenibles de los rendimientos y de una mejor intensidad de cultivo, más que de un aumento de la superficie cultivada. 

De ahí también la importancia de invertir en investigación y desarrollo. Los campesinos necesitarán también capacitarse para aprender nuevos métodos y tecnologías, y ello requerirá invertir en educación y extensión agraria. Muchas de estas inversiones procederán del sector privado y de los campesinos. Sin embargo, para que las inversiones privadas en agricultura sean atractivas, también se deben dedicar importantes cantidades de dinero público a infraestructuras, educación, tecnología y sistemas de extensión. Se necesitan inversiones en instalaciones y equipamientos. No tiene sentido producir alimentos a no ser que haya carreteras y vehículos que permitan llevarlos a los mercados, que exista un mercado, y que el producto pueda ser almacenado y conservado. Pero ni la financiación ni las cosechas récord serán capaces por sí solas de asegurar que todas las personas tengan acceso a los alimentos que necesitan. 

Si la gente pasa hambre hoy en día no es porque el mundo no esté produciendo suficientes alimentos para todos, sino porque estos no son producidos por el 70 por ciento de las personas pobres cuyo principal medio de vida es la agricultura y paradójicamente no tienen lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas. Por tanto, alimentar a todo el mundo en el 2050 requerirá también de estrategias de reducción de la pobreza, redes de protección social para productores y consumidores y programas de desarrollo rural. Se necesitará el establecimiento de un modelo de condiciones socioeconómicas que mejore el acceso de la gente a los alimentos. Y una reforma del sistema de comercio agrícola de forma que no sólo sea libre, sino equitativo. Estos temas estarán presentes en los debates de la cumbre mundial sobre Seguridad Alimentaria que se celebrará en Roma del 16 al 18 de noviembre, y en la que los jefes de Estado y de Gobierno de los 192 estados miembros de la FAO decidirán sobre las políticas y estrategias que aseguren que todo el mundo tenga comida suficiente hoy y el día de mañana. Considero que es nuestro deber, como comunidad global, hacer todo lo que esté en nuestras manos para desterrar el fantasma del hambre para siempre. 

J. DIOUF,director general de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO)

jueves, 23 de abril de 2009

El hambre y las nuevas tecnologías en agricultura

PERE PUIGDOMÈNECH EL PAÍS 23/04/2009

La actividad agrícola debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico

Puede que existan ya más obesos que personas que sufren hambre

Pocos se acuerdan de que en 2007 tuvimos una crisis mundial de producción de alimentos. En 2008 esa crisis no se reprodujo y la recesión económica que ahora está en marcha parece eclipsar todas las demás preocupaciones. Sin embargo, una reunión de alto nivel en Madrid hace algunas semanas nos recordaba que ambas crisis están dejando como secuela un aumento de la población con hambre o mal nutrida en el mundo. Y en Europa nos seguimos preguntando qué hacemos con nuestra política agraria común y qué tipo de agricultura queremos.

En el actual contexto de reorganización económica parece que la agricultura tiene una presencia marginal. La producción agrícola puede representar menos del 5% del PIB y de la población empleada en los principales países europeos. Sin embargo, la agricultura es una actividad esencial por razones distintas de su valor económico, aunque sea la base de la industria alimentaria, la mayor industria europea en términos económicos y de empleo. Lo es porque nuestra vida depende de ella. Aunque a algunos les pueda sorprender, hemos vivido durante siglos sin automóviles, sin electricidad, sin teléfonos ni televisión, pero nunca hemos vivido sin alimentos ni, desde que existe la sociedad organizada, sin agricultura. Ni, es la pura obviedad, lo podremos hacer en el futuro.

Hasta ahora no lo hemos hecho mal. Las predicciones maltusianas que se han hecho en diferentes momentos no se han cumplido, y la producción de alimentos ha ido aumentando más que la población, de forma que en términos globales la actual producción de alimentos podría en teoría ser suficiente para alimentar a toda la humanidad. Ello se ha conseguido de dos formas simultáneas, aumentando la superficie cultivada y haciendo que la agricultura sea cada vez más eficiente. Ya desde el inicio mismo de la agricultura hemos utilizado cualquier tecnología que estuviera a nuestro alcance para producir alimentos: mejores semillas, aperos de labranza, sistemas de cultivo y de riego, abonos y fitosanitarios.

Pero en este momento tenemos delante de nosotros una situación compleja. La demanda de alimentos se incrementa a la vez por el aumento de población y por una población más exigente. Pero no queremos recurrir a aumentar el terreno cultivado a partir de terrenos salvajes.

La deforestación nos preocupa por los efectos que tiene en el cambio climático y por la pérdida de diversidad biológica que representa. Sabemos además que algunas de nuestras prácticas agrícolas son muy agresivas para el medio ambiente. En nuestro país, el regadío consume más del 70% del agua superficial, y el uso excesivo de abonos y pesticidas es una importante causa de contaminación. Nos preguntamos, por tanto,si estamos consumiendo recursos irrecuperables en el futuro. Y sobre todo, tal como nos ha recordado la última reunión de Naciones Unidas en Madrid, no estamos cumpliendo el objetivo de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo en el horizonte de 2015. Nos encontramos en un mundo en el que se produce la terrible paradoja de que el número de individuos con un problema de obesidad puede haber superado al de personas con hambre.

Es en este entorno en el que el presidente de la Comisión Europea solicitó al Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías una opinión sobre cuál es el marco en el que puede plantearse el uso de nuevas tecnologías en la agricultura. Porque aunque sepamos que la agricultura ha sido siempre una actividad dependiente de las tecnologías disponibles, algunas de ellas han planteado conflictos importantes. Por citar dos ejemplos recientes, las plantas modificadas genéticamente o los biocombustibles son objeto de discusiones intensas en Europa, en las que diferentes países miembros y diferentes colectivos sociales presentan actitudes muy contrastadas. Pero además nos encontramos en Europa en un entorno de reforma de la Política Agraria Común y con las negociaciones para la liberalización del comercio internacional encalladas por el tema de los precios agrícolas y las subvenciones a la agricultura.

En la opinión se trata de identificar los criterios básicos que sirvan a la hora de tomar decisiones y que se resumen en que las nuevas tecnologías deberían aplicarse en agricultura si contribuyen a asegurar una alimentación suficiente y segura para los humanos y si contribuyen a que esta producción pueda mantenerse a largo plazo.

Como ejemplo, desde esta perspectiva se puede tratar de enfocar dos de las cuestiones polémicas en Europa. Se puede reconocer que debe evitarse el cultivo de biocombustibles cuyo uso compita con la producción de alimentos, pero aceptar al mismo tiempo que pueden ser una alternativa a la dependencia del petróleo y ser un cultivo interesante para algunos agricultores. Por tanto, puede recomendarse que se cultiven en terrenos en barbecho y que se acelere la investigación para tratar de que el combustible se produzca a partir de lignocelulosa y no de almidón.

Igualmente puede reconocerse que las plantas transgénicas pueden dar lugar a cultivos más productivos, pero su uso debe hacerse en condiciones de un análisis detallado del impacto en relación con los posibles riesgos y beneficios que aporten.

Pero en Europa la agricultura es un tema muy político. Lo es en tanto que la Política Agraria Común sigue representando la mayor aportación del presupuesto comunitario y de ella depende la actividad de muchas zonas rurales y en tanto que esta misma política está en el centro de las discusiones internacionales sobre comercio. Por tanto, si se sigue la recomendación de introducir criterios éticos en la agricultura habrá que reconocer que el acceso a los alimentos es un derecho para todos los individuos del planeta y que la actividad agrícola en todas sus formas debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico. Y debería ser necesario que este tipo de criterios esté presente en las negociaciones internacionales.

En este entorno se propone que Europa tome sus responsabilidades como primer actor mundial en el comercio de alimentos y como defensora de valores que se proclaman desde la Unión Europea. Por ello Europa debería mantener el nivel que ha tenido siempre en el desarrollo de tecnologías que promuevan al mismo tiempo la producción agrícola y respeten el medio ambiente y la diversidad biológica. Europa podría ser determinante en la forma como se introducen estas tecnologías permitiendo que tengan acceso a ellas quienes más los necesitan y que se haga con respeto a las estructuras sociales y al conocimiento local europeo y en el contexto global. Por ejemplo, la introducción de ciertos criterios de propiedad intelectual en la producción de alimentos o la gran concentración en pocas manos de algunas de las etapas de su producción y distribución pueden acabar siendo una barrera para el acceso de quienes las necesitan a las nuevas tecnologías y sus productos. En las actuales discusiones internacionales, Europa puede ser decisiva para que se introduzcan en temas relativos a la agricultura y la alimentación criterios que respeten aquellos valores que decimos defender.

Pere Puigdomènech es miembro del Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías.

jueves, 15 de enero de 2009

Las diez crisis humanitarias del mundo más desatendidas

Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008

FOTOS - François Dumont /MSF - 15-01-2009

Un niño llora en brazos de su padre en Kirolirwe, distrito de Masisi.- François Dumont /MSF

  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - República Democrática del Congo
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Etiopía
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Irak
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Myanmar
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Pakistán
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Desnutrición
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Somalia
  • Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008 - Sudán
  • República Democrática del Congo
  • Etiopía
  • Irak
  • Myanmar
  • Pakistán
  • Desnutrición
  • Somalia
  • Sudán

Los conflictos de Somalia, Pakistán, Irak o el fuerte avance de la desnutrición infantil protagonizan las catástrofes del mundo según el último informe de la organización Médicos Sin Fronteras

FERNANDO NAVARRO - EL PAÍS - 15/01/2009

La noticia es que no hay noticia. Y para el niño que se muere de hambre o para la familia que huye de la guerra y se refugia en cualquier parte lejos de su hogar es la peor de las noticias. De un año a otro, las crisis humanitarias del mundo siguen produciendo el mismo efecto sordo en los países ricos. Como hace 12 meses atrás, no hay conciencia mundial de las necesidades de los más necesitados. De un cambio de calendario a otro, las catástrofes humanas del planeta siguen presentado la misma cara amarga.


Foto

Las diez crisis humanitarias más desatendidas del 2008

DOCUMENTO (PDF - 319,37Kb) - 15-01-2009


La noticia, en Héroes de ébano, el blog de J.M. Pardellas


"Sigue habiendo las mismas crisis. Casos como Somalia y Congo arrastran desastres humanitarios desde hace 15 años y empeoran con el tiempo. Sigue sin resolverse la ecuación violencia más desplazamiento es igual a crisis humanitaria", afirma la presidenta de Médicos Sin Fronteras (MSF), Paula Farias. Un informe, presentado hoy por esta organización, analiza las diez crisis humanitarias menos atendidas del mundo en 2008, donde no sólo se introducen países en conflicto sino también emergencias médicas globales, y concluye que la responsabilidad recae otro año más en la falta de iniciativa de los Gobiernos occidentales.

"Los debates políticos se enredan y son sólo debates que no aportan al final ayuda. Existe una desproporción brutal entre el mapa del sufrimiento y el mapa de los intereses de los países ricos. Tienen capacidad de influencia pero no la ejercen", dice Farias en relación a la escasa acción humanitaria de los países más desarrollados.

En este año 2008 recién cerrado, el informe que enumera las catástrofes mundiales recoge dos tendencias: se acentúan los problemas de las crisis humanitarias más graves y cada vez hay más ataques deliberados por ejércitos y milicias contra las organizaciones y ONG sobre el terreno.

1. Somalia

"Ha vivido el peor año que se recuerda", dice Farias. El ejemplo perfecto de estado fallido es un país dividido étnicamente que se desangra por la violencia local. Los combates en Somalia desatan la alerta humanitaria. Las guerrillas islamistas han tomado recientemente la ciudad de Jowhar, el más importante de los enclaves del Gobierno interino. La Unión Africana da Somalia por perdida.

2. R.D. Congo

"Pese al despliegue de la ONU, que tiene su mayor misión internacional, se han producido al menos 150.000 desplazados en sólo cuatro meses", apunta la presidenta de MSF. La República Democrática del Congo vive una guerra abierta en el este del país. Los rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda han hecho retroceder a las tropas gubernamentales de Joseph Kabila. La Misión de Naciones Unidas para el Congo (MONUC) se ha declarado incapaces de detener las sacudidas de los guerrilleros insurgentes.

3. Myanmar

El paso del ciclón Nargis dejó a la antigua Birmania en plena desolación. Más de 2,5 millones de damnificados y un país incapaz de iniciar su reconstrucción. "El problema añadido es que el régimen militar birmano no quiere cubrir las necesidades de la población". La Oficina de Coordinación de Asistencia Humanitaria de la ONU (OCHA) denunció el injusto trato de los militares con su población en plena catástrofe.

4. Zimbabue

"El sistema sanitario está colapsado. No hay capacidad local para tratar las enfermedades" Con el peor brote de cólera de su historia y con una de las tasas de malaria más altas de África, este país sufre el yugo asfixiante de un dictador como Robert Mugabe, en el poder desde 1979. Su despotismo tiene a los zimbabuenses intentando sobrevivir en la ruina. El ministro de Asuntos Exteriores de Francia y fundador de Médicos Sin Fronteras, Bernard Kouchner, aseguró que "Zimbabue es el fracaso más absoluto de Europa".

5. Desnutrición

En 2008, al menos 963 millones de personas son víctimas del hambre en el mundo, lo que supone 40 millones más que en 2007, según la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El organismo de la ONU advierte de que "la actual crisis económica y financiera puede conducir todavía a más gente hacia el hambre y la pobreza". Los niños son los peor parados. "La ayuda internacional es insuficiente. Las harinas que se distribuyen no tienen la proteína necesaria para los niños. Hay que llamar a las cosas por su nombre y la desnutrición de menores no es sólo un problema de alimentos es una enfermedad", asegura la presidenta de MSF.

6. Etiopía

La actual crisis económica mundial se ceba especialmente con países como Etiopía, donde una familia vive con un dólar por día. Los etíopes sufren la especulación del hambre. Es el ejemplo perfecto donde la crisis alimentaria hace más pobres a los pobres.

7. Pakistán

Las operaciones militares y los excesos de los talibanes golpean a los paquistaníes más que nunca. Mientras el Ejército acosa a los insurgentes en zonas tribales próximas a la peligrosa frontera afgana, cerca de 300.000 paquistaníes han tenido que abandonar sus casas. Son los nuevos nómadas.

8. Sudán

"Darfur mejora en cuestiones de asistencia médica gracias a que se encuentra la operación humanitaria más grande del mundo, pero empeora la violencia", dice Farias. En Sudán, la competencia brutal por los escasos recursos de la zona, especialmente agua dulce, ha derivado en unos complejos conflictos étnicos entre grupos rebeldes y el Gobierno que desangran a una población civil indefensa y han llegado a ser considerados genocidios por la ONU.

9. Irak

Más de cinco años de la invasión de Irak por EE UU y sus aliados, el tejido social está roto del país se ha roto. Alrededor de 90.000 personas han muerto desde entonces. La población está desamparada. Los datos hablan por sí solos: el 70% de la población carece de agua potable, el 80%, de alcantarillado y el 60% está en el paro.

10. Tuberculosis-Sida

La tuberculosis cada año mata a casi 2 millones de personas y 9 millones desarrollan la enfermedad activa. La tuberculosis va en aumento en países con altas tasas de Sida, particularmente en el sur de África, que ha triplicado las tasas en 15 años. Cerca de los 33 millones de personas afectadas de Sida contraen la tuberculosis latente. "La tuberculosis ha dejado de ser una enfermedad occidental pero en los países pobres sigue siendo mortal. Se trata como a principios del siglo XX", señala Farias.

sábado, 18 de octubre de 2008

El precio del hambre: un 0,7% de la ayuda contra la crisis

Fuente: La Vanguardia (17.10.2008)

STOP al hambreLa ONU reclama más de 20.000 millones contra la hambruna

STOP al hambreA los 923 millones de personas hambrientas podrían sumarse los 290 que están en riesgo de pobreza.

El 0,7 cobra más sentido que nunca, puesto que únicamente un 0,7% de los cerca de tres billones de dólares que la UE y Estados Unidos van a inyectar para sanear la crisis bastaría para paliar el hambre en el mundo. Ya no se trata del anhelo frustrado de las ONG por lograr que se destine el 0,7 del PIB al desarrollo. La ecuación se ha simplificado: un grupo de trabajo de la ONU que estudia el precio de los alimentos estima que se requieren entre 20.000 y 40.000 millones de dólares para que los 923 millones de personas hambrientas salven sus vidas, una horquilla que de hecho supone el 0,7 de esos tres billones.
Así lo explicó ayer el director de Intermón Oxfam (IO) en Catalunya, Francesc Mateu, durante la presentación de un informe sobre los estragos de la crisis alimentaria en países del Sur: 290 millones de personas más serán arrastradas a la pobreza si la comunidad internacional no reacciona, cosa poco probable teniendo en cuenta que la prioridad de los países ricos es hoy su crisis.

"Tanto la crisis de alimentos como la financiera no son fatalidades - indica Mateu-, sino frutos de políticas equivocadas frente a las que se reacciona rápidamente si la crisis es nuestra. En cambio, se pospone el cumplimiento de las recomendaciones de la FAO". Justamente, el director general de la FAO, Jacques Diouf, lamentaba ayer que de los 19.305 millones de euros que se estimaron necesarios en junio para erradicar el hambre sólo se haya recaudado el 10%.

"Tenemos un grave problema - asegura Mateu-, pues todas las políticas agrarias de las que disponían países del Sur en los años 80 y que les permitían asegurarse stocks para afrontar sequías, tener bancos de semillas o presionar para acabar con los aranceles de la importación de cereales que procedían del exterior, se han quedado en la cuneta. Nos hemos cargado su agricultura interna y ahora dependen de la externa, que tiene los precios por las nubes". Así lo denuncia IO en el informe Precios de doble filo,pues afectan tanto a consumidores como a productores.

"En un mundo coherente, los altos precios de los alimentos deberían haber sido una oportunidad para los pequeños productores del Sur. Sin embargo, vemos como políticas agrícolas y comerciales equivocadas, tanto de los países en desarrollo como de la comunidad internacional, han impedido que los pequeños productores se beneficiaran de esta subida. Son a menudo las grandes multinacionales las que reciben esos beneficios", lamentó Arián Arpa, directora general de IO.

La crisis alimentaria afecta de forma menor a Brasil o México, que han construido una política agrícola. En cambio, en otros como Guatemala, el número de funcionarios de extensión agraria que apoyan a la población campesina han pasado de 70.000 en el año 80 a 700. Y en Mozambique hay un funcionario por cada 30.000 agricultores. IO llama a gobiernos del Sur a recuperar la soberanía alimentaria, "independientemente de lo que diga el Banco Mundial", y a los países ricos a aumentar el porcentaje de ayuda al desarrollo destinado a agricultura, que ha pasado del 18% en 1990 al 4%. E insiste en un cambio de política comercial: menos dumping y subvenciones a la exportación en los países del norte. Y España anunció ayer que eliminará los créditos FAD.

martes, 2 de septiembre de 2008

Etiopía, centro de la peor crisis alimentaria

John Holmes, de la ONU, considera que la falta de alimentos y la muerte de niños por la hambruna convierten esta crisis en única


Adis Abeba. (EFE).- La crisis alimentaria mas acuciante del mundo se registra actualmente en Etiopía, dijo hoy en Adis Abeba el Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, John Holmes.

"Respecto de la urgencia que ha creado la falta de alimentos y el riesgo de que niños mueran de hambre, no creo que haya (actualmente) otra crisis como ésta", dijo Holmes.


El funcionario de las Naciones Unidas se encuentra en una visita de tres días a Etiopía para observar sobre el terreno los esfuerzos del Gobierno etíope, las agencias de la ONU y las organizaciones internacionales de asistencia humanitaria para atender las necesidades de más de diez millones de personas que sufren una escasez de alimentos en este país del "Cuerno de África".

Los agricultores y criadores de ganado etíopes se ven afectados por una persistente sequía y los altos precios de los alimentos, que en algunas áreas se han quintuplicado en sólo un año.

Al mismo tiempo, el incremento mundial en los precios de la comida y los combustibles han dificultado las iniciativas de asistencia del Programa Mundial de Alimentos, cuyo poder adquisitivo se ha visto reducido a la mitad debido a esos aumentos.

Con escasos recursos para hacer frente a la emergencia en Etiopía, las familias rescatadas del hambre a menudo vuelven a caer en la crisis.

En el primer día de su visita a Etiopía, Holmes se trasladó a un centro de alimentación, donde decenas de mujeres aguardaban para que sus hijos fueran pesados y examinados por el personal sanitario.

Aquellos niños que estaban muy enfermos recibieron raciones de una nutritiva pasta de cacahuetes que, en muchos casos, les salvará la vida, pero otros deberán regresar semana tras semana, pues su situación no es "crítica".

La ONU estima que en Etiopía hay 75.000 niños que corren peligro de morir de hambre. Pese a que el país ha experimentado un crecimiento económico de poco más del 11 por ciento durante los últimos cinco años, la mayoría de sus agricultores continúan dependiendo de las lluvias para sus cosechas, pues no pueden afrontar el costo de sistemas de irrigación.

Por su parte, los pastores, que son nómadas y trasladan su ganado en busca de buenas pastos, también están a merced del clima, En algunas regiones de Etiopía, las temporadas de lluvias han sido escasas o casi inexistentes durante tres años seguidos.

Durante su recorrido por las áreas más afectadas, uno de los granjeros, parado frente a una raquítica plantación de maíz, dijo a Holmes que había plantado cuatro veces este año con la esperanza de que lloviera, pero que en cada oportunidad las lluvias no se produjeron.

"Hasta que las lluvias lleguen, los donantes internacionales de asistencia tendrán que prestar su ayuda", señaló Holmes. Etiopía ha pedido a países donantes como Estados Unidos y el Reino Unido 140 millones de dólares extras en asistencia y la cifra probablemente aumentará este mes, cuando las autoridades de Adis Abeba divulguen una actualización de sus necesidades humanitarias.

"Una de las dificultades es que estos problemas se están agudizando en todas las regiones del mundo y los recursos que los donantes pueden brindar no son ilimitados", puntualizó el directivo de Asuntos Humanitarios de la ONU.

domingo, 22 de junio de 2008

¿Qué pasaría en África si...?

Fuente: papeles CRISTIANISME I JUSTÍCIA; Suplemento del Cuaderno núm. 154 de CiJ - (n. 190) - Juny, 2008

África sigue sangrando, y los medios de comunicación nos siguen destilando sus dolores. A las miserias del Darfour, de Somalia y de la Región de los Grandes Lagos, a la continua llegada de cayucos a las costas canarias,se añade estos días la inesperada crisis de Kenya. Florón de la colonización británica, Kenya sigue siendo el paraíso exótico y la “capital del safari” para miles de turistas.

El sueño kenyata se convirtió en pesadilla el mismo día de las elecciones presidenciales, el 27 de diciembre pasado, cuando la Comisión Electoral proclamó la victoria del presidente saliente Mwai Kibaki. Su opositor Raila Odinga puso en cuestión los resultados y se lanzó a la calle con sus partidarios. La violencia ganó la capital, Nairobi, y las principales ciudades del país. Según las estimaciones de las Naciones Unidas, las revueltas se saldaron en más de un millar de muertos, un número indeterminable de desplazados y grandes perturbaciones en el sistema económico.

Así pues, otro de los baobab africanos se tambalea, como lo hicieron en su tiempo el Congo y Costa de Marfil y como le podrá ocurrir a Nigeria, donde las tensiones religiosas y las frustraciones económicas de la población continúan subiendo de tono.

¿Qué pasa en África y por qué? Los titulares de la prensa lo tienen claro. ¿Qué? Conflictos tribales, guerras, hambrunas, VIH, malaria, cayucos… ¿Por qué? Todo a causa del mal gobierno, la corrupción, la incompetencia y la irresponsabilidad. Esta manera de enjuiciar le viene bien a cierta prensa. Poco importa si la ligereza con que se tratan estos dramas deforman la verdad, dan una imagen incorrecta de África y de los africanos. Y sin embargo, las cosas no son tan sencillas…

1. Un África mal parida

En noviembre de 1884, se reunían en Berlín catorce estados europeos para debatir un problema urgente. Europa estaba iniciando un proceso de expansión económica importante. El objetivo que estaba en el punto de mira de todos era África, una selva virgen y con mil promesas. Se trataba de repartirse la gestión de este continente de 30.272.922 km2. En tres meses llegaron a las conclusiones siguientes:

– Se proclamó la libre navegación marítima y fluvial, así como el libre comercio en todo el Continente.

– Se decretó el derecho a colonizar un territorio por el mero hecho de haber ocupado una parcela de su costa.

– Se aceptó la ocupación efectiva y física, por medios militares, de dichos territorios, lo que dió por buena la conquista militar del Continente.

Resulta asombroso constatar que en la citada conferencia de Berlín no hubiera ninguna representación de ninguno de los reinos constituidos ni de ningún otro estamento africano. África se hizo a golpe de regla y cartabón, en función de los intereses europeos, que trazaron las fronteras, muchas veces, siguiendo los meandros de los filones de diamantes, cobre, oro y otras materias primas, sin consultar para nada a los interesados,dividiendo culturas, etnias, familias.

Rara es la frontera del sur del Sahara que no cobije, a uno y otro lado de sus flancos, hijos de las mismas etnias y familias pero dediferentes estados. África fue concebida y engendrada en función de los intereses económicos expansionistas de Europa.

2. Un África mal criada

Siguiendo los criterios de la Conferencia de Berlín, la era de las dependencias se organizó pensando más en los intereses de las metrópolis que de los africanos. Europa supo encontrar el lenguaje idóneo para cada situación.

Y usaron las conocidas palabras de colonización y civilización, y las vistieron de desarrollo, de progreso y de cultura para esconder los antiguos diablos de invasión, explotación y manipulación.

En la colonización, la presencia europea se impuso por las armas, se instaló con sus infraestructuras administrativas y políticas y se organizó para explotar las riquezas del lugar. Colonizar equivalía a conquistar(¿quién llevo la guerra a África?) invertir lo necesario y obtener el mayor beneficio posible para la metrópoli.

En cuanto a la civilización las cosas van en el mismo sentido. El Diccionario de la RAE dice que civilizar es sacar a algo o alguien de un estado bárbaro o salvaje, instruyéndole en las artes de la vida de modo que pueda progresar en la escala humana. Civilización es igual a instrucción y progreso.

Pero los países colonizadores instruyeron al hombre africano solo lo necesario para hacer de él un instrumento útil para sus fines. Así, en su acceso a la independencia, la República del Congo no tenía ningún ciudadano con titulo universitario superior y la mayoría de los países independizados tuvieron que solicitar a antiguos seminaristas católicos para confiarles cargos políticos de importancia. En cuanto al progreso en la escala humana, la colonia dejó claros los límites.

El apartheid no fue exclusivo de África del Sur. Las ciudades se construyeron de forma que los blancos estuviesen entre ellos, en las zonas privilegiadas, y los africanos “en los barrios indígenas”, desde donde se desplazaban todos los días a las zonas de los patronos miles de “boys”, jardineros, lavanderas, niñeras y demás mano de obra que hacía placentera la vida del colono. Había una “escala humana” para unos y otra para otros.

Y puesto que hablamos de la noble tarea de civilización emprendida en África por Europa, no pasaremos por alto la “contribución” de este continente al desarrollo del arte africano... poniendo a salvo en los museos franceses, belgas, ingleses, máscaras, estatuillas, cerámica, utensilios y un largo etcétera de objetos traídos a la metrópoli al mismo tiempo que los cargamentos de ébano, cacao, café, cobre, oro y diamantes.


3. Un África mal liberada

Tomando como punto de partida la Conferencia de Berlín y como punto de llegada el año 1960, la aventura colonial duró 75 años. Los países colonizadores no se retiraron del continente de buen grado, sino forzados por las circunstancias. La presión de los jóvenes pueblos se hizo sentir. Los grandes motivos fueron, una vez más, la situación geopolítica mundial y los intereses económicos de los colonizadores. Estados Unidos, Rusia y sus países satélites respectivos tuvieron el mal gusto de tomar la costumbre de dirimir sus diferencias y defender sus intereses sobre las espaldas del TercerMundo, de forma muy notable en África.

Las armas empezaron a circular en todo el continente, desde entonces hasta nuestros días (hoy se pueden encontrar en gran parte de las megápolis africanas un “Kalash” por cincuenta dólares). Las guerras llamadas de liberación empezaron a hundir sus garras en las sociedades africanas; Rusia apoyaba grupos revolucionarios en contra del imperialismo americano. La idílica África colonial se empezó a desgarrar y su explotación se convirtió en un lujo muy caro, tanto en personas como en finanzas.

África dejó de ser un lugar placentero de explotación y aventura para convertirse en un lugar inseguro y desagradable. El slogan“África para los africanos” convirtió el continente para unos en cementerio y para otros en calvario. Se trataba de seguir teniendo acceso a sus riquezas, pero con menos gasto económico y político.

Esta descolonización, por lo menos precipitada, dejó a África en manos de políticos inexpertos, sin ejercito, y sin cuadros formados para asumir la responsabilidad de la “res publica”, y lo que es peor, un tejido social inconsistente que se desgarraría con la explosión de las primeras tensiones étnicas, provocando las guerras que conocemos.

4. África y los predadores

El tiempo de las independencias va a inaugurar una nueva etapa en la historia africana. Con el neo-colonialismo, Europa aprendió a seguir enriqueciéndose con menos coste. El secreto consistía en poner y sostener regímenes que favoreciesen sus intereses y facilitasen la tarea de seguir drenando las materias primas hacia los puertos del norte. No se trata aquí de hacer un estudio profundo sobre la explotación de la que fueron victimas los países africanos. Yo sólo recuerdo cómo, en la época que viví en Kananga, los japoneses explotaban las minas de Kasumbalesa: excavaban el mineral, lo lavaban, lo ponían en trenes y se lo llevaban al Japón sin ningún otro tipo de elaboración.

¿Y qué decir del pequeño tren de Kamsar, en la República de Guinea, que transporta la bauxita de sus minas hasta las barrigas de los barcos que la llevan, sin mayor control, a Estados Unidos? ¿Y de los contubernios organizados por la petrolera Total en Angola, o de países donde el interés por el petróleo se mezcla con los dólares de la corrupción, las armas de la guerra y la sangre de las victimas? Les invito a leer el informe de la ONU sobre el saqueo de las materias primas del Congo por ruandeses y ugandeses y por multinacionales canadienses, americanas y australianas, algunas de las cuales financiaron la guerra de Ruanda.

5. Algunas reflexiones

Alguno puede considerar parcial la opinión aquí expuesta,desculpabilizadora paracon África. No se trata de eximirla de sus responsabilidades. Todos somos conscientes de que nada de lo que pasa en este continente no hubiera podido tener lugar sin la complicidad de africanos, de políticos codiciosos y corruptos que actúan escondidos detrás de una pantalla patriotera, africanista, manipulando los nobles sentimientos de pertenencia, los patrimonios culturales, y el no menos noble sentimiento de identidad.

Solamente queremos dejar bien claros algunos puntos de importancia. En primer lugar creo que hay que corregir la imagen de África transmitida por cierta prensa.

1. África no se resigna a ser el lugar natural de hambrunas, guerras, corrupción y derramamientos de sangre.

2. África tampoco se resigna a ver cómo se reduce su riqueza únicamente a sus materias primas.

3. Ante un Mundo Occidental que se construye para el disfrute de sus “estados de bienestar”, África se sabe portadora de valores de trascendencia (es raro, rarísimo, encontrar ateos en el continente, aunque podríamos discutir mucho sobre su experiencia religiosa).

4. Ante un Occidente replegado sobre símismo, celoso de su desarrollo, África es rica en acogida: el huésped es rey.

5. Ante un mundo occidental que hace abortar la vida en favor del placer y de la no-responsabilidad, África sigue considerando la vida como su valor primordial.

A nadie se le escapan las responsabilidades africanas citadas más arriba, pero habría que decir claramente que los africanos no son los únicos responsables de sus guerras.

Un estudio serio nos obligaría a poner en evidencia el peso de las petroleras, traficantes de armas, los consorcios mineros y demás predadores del Continente africano. Habría, también, que enjuiciar la responsabilidad de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y últimamente de China.

Y hablemos por fin de los cayucos. Uno tiene la impresión de que lo único que nos llega de África es gente hambrienta, que huye de sus países en guerra, para aprovecharse del bienestar que nosotros hemos construido durante tantos años de trabajo.

Sin embargo, nadie nos habla de otros “cayucos”, los grandes navíos que surcan nuestros mares trayendo de todo: madera para nuestros muebles, coltán para nuestros teléfonos, cobre para nuestras instalaciones eléctricas, caucho para nuestros coches… Si se creasen empresas de elaboración y puestos de trabajo en el lugar de origen de estas materias, en Canarias tendríamos menos cayucos y en África habría menos hambre y menos guerras…

Preguntémonos: ¿Qué pasaría si nuestra prensa diese una visión más completa de África? ¿Qué ocurriría si los políticos del norte dejasen de mirar a África únicamente como la reserva de filones a compartir y descubriesen personas, con raíces, valores y derechos a respetar y promover? ¿Y qué pasaría si las altas finanzas y las multinacionales aprendiesen, por lo menos, a enriquecerse enriqueciendo a los que las enriquecen?

Mateo Aguirre, sj. Antiguo director regional del JRS en los Grandes Lagosy África Occidental (1994-2000)