"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 12 de julio de 2012

El diario de la lenta y agónica debacle del continente, a través de tres sugerentes libros recién editados de España

La euro-Europa no va al cataclismo

EL PAÍS  26 MAY 2012 

Acaban de aparecer tres sugerentes libros centrados en la fase europea de la crisis mundial. Tres textos, tres estilos, tres enfoques distintos. Uno se debe a la pluma del profesor francés de Economía Jean-Pisany-Ferry, director del laboratorio de ideas bruselense Bruegel. Es El despertar de los demonios, la crisis del euro y cómo salir de ella, que se asienta sobre la crónica, el análisis y la prospectiva: tiene el empaque severo del académico, pero suavizado por una agilidad inhabitual en el ramo. Otro, a la del periodista norteamericano Michael Lewis, quien alcanzó la celebridad por su novela autobiográfica El póquer del mentiroso sobre su periodo de bróker en Wall Street, se titula Boomerang, viajes al nuevo tercer mundo europeo, y es lo que indica, un reportaje de viajes al interior de la crisis. Y el tercero y más singular se debe a un actor del mercado y agudo articulista: el matemático, estadístico y financiero en el sector público, el privado y el pluscuamperfecto Juan Ignacio Crespo, titulado Las dos próximas recesiones.

Lewis desmenuza con testigos-protagonistas de primera fila la crisis en Islandia, en Grecia, en Irlanda; también desde Alemania, y con una propina, EE UU. Quizá no hace ninguna gran revelación, pero agarra al lector como quien agarra el volante, porque va de lo concreto —la especulación de los monjes de Vatopedi, en el monte Athos— a lo global, la descripción detallada del casi fallido Estado griego. Aquí confiesa a los patrocinadores de la conversión de Islandia de un país de pescadores en otro de multimillonarios. Allá dialoga muy fluidamente con el hoy miembro de la ejecutiva del Banco Central Europeo, Jörg Asmussen, y concluye con gracejo que los alemanes demuestran un “extraordinario amor por las reglas, casi porque sí”. En la misma tónica, sentencia que Islandia “no es tanto una nación como una gran familia”. Apasionará a todos, también al lector temeroso de sumergirse en un libro económico.

Los actores del libro de Pisany son, más que pescadores, ciudadanos y profesores como en el caso de Lewis, los políticos y las instituciones europeas. A ellos dedica su crítica frontal, por no haber previsto los desequilibrios de los socios de la zona euro, haber creado sus instrumentos con tardanza, salvo el BCE, y gestionar con irritante lentitud la crisis de la deuda abierta con el caso griego en 2010. El profesor explica bien la génesis, características, carencias y desarrollo de la moneda única. Y oscila, quizá por designio de equilibrio, entre el pesimismo y un timidísimo optimismo. Aquél le hace concluir que la moneda “no está sólo huérfana” del gran proyecto europeo al que debía servir, sino que no es el desencadenante de nada: “Es también estéril, puesto que, contrariamente a las expectativas, no provoca toma de conciencia, no impulsa reformas y no suscita cooperaciones”. Por no lograr, ni siquiera ha conseguido que “el rigor alemán” se imponga a los socios. Pese a todo, reconoce, y esta es la parte esperanzada de su visión, que el edificio de la unión económica y monetaria se ha ido llenado “pieza a pieza” de nuevos y necesarios instrumentos no previstos. Algunos, para servir a la política de la austeridad, que asume; mientras queda pendiente la otra pata, la del crecimiento, que suscribe —propugnando “políticas públicas de gran magnitud” para la Europa del Sur—.

Apasionamiento y fría estadística palpitan en el extraordinario texto de Crespo, quien apoya todas sus tesis en sugestivos gráficos, en la convicción de que las secuencias de las crisis son concomitantes. Aunque el objetivo del autor es predecir cómo y cuándo se producirán las próximas recesiones, el grueso del libro se centra en la crisis mundial, particularmente europea: su tercio final es una miscelánea de temas también interesante, de los emergentes a la tensión mercados/democracia o la culpa de la crisis de las cajas de ahorros españolas. Tras analizar las carencias del BCE en relación con la Reserva Federal, y sus errores (algunas subidas del tipo de interés) y aciertos (entre estos, las dos últimas barras de liquidez por un billón de euros), Crespo sostiene su tesis principal: “La guerra del euro no tendrá lugar”, porque tras el abismo al que se vieron sometidas en 2011, quedó claro que la moneda y la eurozona “sobrevivirán” y seguirán siendo internacionalmente relevantes, aunque se instalen temporalmente en una suerte de crisis crónica. Entre sus recetas, destacan la emisión de eurobonos a través de un Tesoro único, del que el actual fondo de rescate supone un embrión, y la ampliación del repertorio de funciones del BCE, con el horizonte de completar la austeridad fiscal mediante nuevas políticas de crecimiento. El texto es tan frondoso que uno cae en la tentación de subrayar todas sus líneas.

El despertar de los demonios. La crisis del euro y cómo salir de ella. Jean-Pisany-Ferry. Traducción de Manuel Serrat. Antoni Bosch. Barcelona, 2012. 176 páginas. 18 euros. Boomerang. Viajes al nuevo tercer mundo europeo. Michael Lewis. Traducción de Marta Torrent. Ediciones Deusto. Barcelona, 2012. 256 páginas. 19,95 euros. Las dos próximas recesiones. Cómo, dónde y por qué se producirán. Juan Ignacio Crespo. Ediciones Deusto. Barcelona, 2012. 200 páginas. 18,95 euros (electrónico: 13,99).


Boomerang: una crisis de ida y vuelta

Michael Lewis explica en un libro, de modo comprensible y cómico, las manías locales que llevaron a la hecatombe financiera a Islandia, Irlanda y Grecia





Boomerang: una crisis de ida y vueltaEL FARO DE VIGO, 
LUIS M. ALONSO Incialmente se creyó que la crisis financiera se aplacaría con el rescate de los bancos, pero los gobiernos dejaron de tener crédito. Michael Lewis, ex bróker y autor de algunos de los libros más leídos en Estados Unidos, viajó a los países arruinados para comprobar la especialidad local. Pudo ver cómo en Islandia los pescadores que habían decidido probar fortuna en la banca quemaban sus flamantes todo terreno para cobrar el seguro; se metió en las entrañas del monasterio de Vatopedi para testar el colapso moral de Grecia, y asistió al drama de unos irlandeses que quisieron ser ricos por una vez en la vida. El viaje a la ruina no incluye a España, que se ha asomado al abismo.

El modo de resumirlo sería decir que todo se debió a la ceguera y a la codicia. Pero en "The Big Short", Michael Lewis, editor de "Vanity Fair" economista, experto en Wall Street de "The New York Times" y autor de algunos de los libros de más éxito de las dos últimas décadas en Estados Unidos, se dio cuenta de que resultaba excitante documentar la brutal crisis financiera desde la perspectiva de aquellos que primero la vieron venir y obtuvieron el mayor beneficio. En "Boomerang", su último libro, desvió el enfoque a Europa y, con ello, el curso tragicómico que han tomado los acontecimientos.

En 2008, se pensó que la crisis del crédito se aplacaría únicamente porque los inversionistas creían que los gobiernos podrían pedir lo que fuese necesario para rescatar a sus bancos. Pero ¿qué pasó cuando los propios gobiernos dejaron de ser creíbles? Entonces la situación económica entró en una fase verdaderamente peligrosa. Los dólares de los contribuyentes sólo detuvieron entonces momentáneamente la carnicería y, al igual que un boomerang, la crisis ha vuelto como si se tratase de un ajuste de cuentas.
Lewis, en un libro conmovedoramente cómico, de 212 páginas, al que apenas le sobra una línea, escribe su diario de viaje a través de las ruinas económicas del globo. Nos introduce en las vidas de los desafortunados y equivocados funcionarios gubernamentales, banqueros y especuladores, quienes avivaron los incendios financieros de 2008 y creyeron ilusoriamente que habían sido apagados por los rescates gubernamentales masivos.

Aunque el viaje incluye Islandia, Grecia, Irlanda y Alemania, en Estados Unidos se ha dicho, sin embargo, que la visita guiada es un poco como ir de excursión a través de las remotas regiones gastronómicas del mundo de la mano de Anthony Bourdain. No se intranquilicen, simplemente es una metáfora. Del mismo modo que el mediático chef televisivo de Nueva York viaja a lugares lejanos a devorar, como si tratase de los mejores manjares, los testículos del alce que comen los inuit o las cabezas de ovejas que tanto gustan a los marroquíes, Lewis levanta acta de sus impresiones sobre la crisis económica dándose un banquete. Al igual que Bourdain con las criadillas, aplica un ingenio mordaz al raro placer de digerir sombríos cuentos económicos y dramas personales. Cada caso es distinto, producto de la temperatura local.

Islandia se volvió loca con la banca. Siendo una nación de pescadores, sus habitantes se creyeron lo suficientemente listos y dotados para la inversión. Demasiado inteligentes y preparados para dedicarse por vida a la pesca o a la fundición del aluminio, las dos actividades productivas esenciales de la isla. No habían obtenido todos sus títulos universitarios y masters para resignarse a tirar la red al mar y, además, un enraizado sentido varonil islandés del riesgo les guiaba. De hecho, inmediatamente después, la alternativa al descalabro consistió en sustituir a todos los políticos machos por hembras.

En Irlanda se obsesionaron con comprar casas. La propiedad y la abundancia eran el escape para un pueblo acosado por siglos de opresión y explotación terrateniente. Sus habitantes pasaron de muy pobres a muy ricos, exhibiendo una especie de arrogancia gaélica que les llevó a ellos mismos a definirse como "el tigre celta". Lewis lo explica en muy pocas palabras: los irlandeses simplemente quisieron dejar de ser irlandeses.
Los griegos se empeñaron en evitar durante décadas el pago de los impuestos, empezando por el principal armador y terminando por el último empleado. Tratándose Grecia de una nación construida sobre la enemistad, el nepotismo y la corrupción, nadie confiaba en nadie. Allí cada uno era un griego dispuesto a cuidar de sí mismo. Allí, el acatamiento de las normas, entre ellas las tributarias, ha sido tradicionalmente una cuestión de deshonra. Al que cumple lo llaman estúpido.

Alemania, por su parte, se cansó de pagar la factura de la locura. Con un comportamiento colectivo que la ha llevado otras veces a buscarse problemas con los vecinos y siendo un pueblo obsesionado por la limpieza y el orden, los alemanes tienen, a la vez, una especial debilidad por la basura y el caos ajenos. No hay limpieza sin suciedad, ni pureza sin impureza, escribe Lewis. Por eso, viven obsesionados con el desordenado patio de los griegos.

-Los pescadores que quisieron ser inversores. A los tres días de estar en Reikiavik a Lewis le llamaron de la productora de un programa líder de actualidad para que les explicara a los islandeses su propia crisis financiera. Ellos mismos sencillamente no entendían lo que había pasado. Para el autor de "Boomerang", Islandia era una caja de sorpresas, sus habitantes lunáticos y nuevos ricos se habían dedicado a jugar a banqueros y comprar casas y coches a crédito; ahora ante la garantía de poder cobrar un seguro preferían quemar sus Range Rover por la noche antes de embarcarlos con destino a algún punto de Europa donde poder venderlos a cambio de una moneda que aún tuviese valor.

-En la cuna de las mates. Lo de Grecia hay que verlo de modo distinto. Allí, el protagonista de la ruina no fue específicamente el sistema bancario, que tuvo la precaución de evitar los activos tóxicos con préstamos de alto riesgo, pero sí, en cambio, la mala suerte de confiar créditos peligrosamente grandes a un gobierno que nunca abrigó la esperanza, o, probablemente, la intención de poder pagar sus gigantescas deudas. En Grecia, al contrario que en otros lugares, los bancos no hundieron al país; el país hundió a los bancos. En realidad fue la peculiar manera de entender el erario lo que acabó con todo. En el momento en que estalló la crisis, el empleado promedio público ganaba el triple que su equivalente del sector privado, y las nóminas de las empresas estatales, como las del ferrocarril nacional, superaban cuatro veces los ingresos anuales por este tipo de transporte.

-El pecado original. Para explicarse por qué Irlanda llegó adonde llegó se han barajado todas las teorías: la eliminación de las barreras arancelarias, la decisión de ofrecer una enseñanza superior pública gratuita y el tipo de gravamen bajo en el impuesto sobre sociedades introducido en la década de los ochenta que convirtió a Irlanda en un paraíso fiscal para las empresas extranjeras. La firme voluntad de resarcirse de la pobreza y la penuria hizo de los irlandeses "tigres celtas". Pero Lewis considera que la más interesante de las explicaciones es la que ofrecieron un par de demógrafos de Harvard, David E. Bloom y David Canning, con su teoría de la anticoncepción. Estos dos profesores sostenían que una de las causas principales del boom irlandés era el espectacular aumento del ratio de hombres irlandeses en edad de trabajar con respecto a los que no lo estaban debido al tremendo descenso de la tasa de natalidad. Había de este modo una correlación inversa entre el sometimiento de la nación a los edictos del Vaticano y su capacidad de salir de la pobreza. Es decir, de la muerte lenta de la iglesia católica irlandesa habría surgido el milagro económico.

El fuerte patriotismo es otra de las causas de que el desafiante "tigre celta" se haya convertido finalmente en un gato mohíno. Lewis en seguida supo darse cuenta de que los políticos perdían demasiado tiempo en el parlamento repitiéndolo todo dos veces, una en inglés y otra en gaélico, cuando todos hablaban perfectamente el primer idioma y sólo se defendían a duras penas con el segundo.

-La limpieza y la suciedad. El recorrido a través de la economía más dinámica de Europa, la alemana, parece de todos el que menos perspicacia arroja. Cautivado por la obsesión del país con la limpieza y la fascinación por la suciedad de otros, Lewis se pregunta sin encontrar explicaciones por qué una nación tan organizada continúa apoyando a sus socios manirrotos del euro. Pero no acaba de concretar por qué los alemanes se esfuerzan tanto por mantener fracturada a la Unión Europea, probablemente una de las claves para entender la trágica zozobra de los últimos tiempos.

En el viaje de "Boomerang" hay muchos personajes pintorescos pero ninguno tiene madera de héroe y en una era de capitalismo disfuncional, Lewis recuerda que los ganadores pueden ser tan desquiciados como los perdedores.

viernes, 4 de mayo de 2012

Reinventar la democràcia a Europa: debat al CCCB 3 i 4 de maig

FUENTE:  http://www.cccb.org/veus/debats/reinventar-la-democracia/
abril 25th, 2012 Centre Documentació i Debat 

El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) acogerá los próximos días 3 y 4 de mayo el debate Reinventar la Democracia en Europa dirigido por el filósofo y escritor Josep Subirós. A través de estas jornadas pretendemos reflexionar sobre los límites y perspectivas del proyecto político y comunitario europeo en un momento crítico de su breve historia.

Los tratados constitutivos de la Unión Europea –desde sus escritos fundacionales hasta el proyecto de Constitución que inspira el vigente Tratado de Lisboa—han proclamado como valores primordiales los derechos humanos, la democracia y la justicia social. En cambio, muy a menudo, las políticas de los organismos comunitarios han fomentado, directa o indirectamente, la construcción de una Europa cada vez más cerrada en sí misma y movida por consideraciones estrictamente económicas y competitivas. Esta contradicción ha sido puesta dramáticamente de relieve en el contexto actual de crisis, generando dudas profundas sobre el proyecto europeo de construcción comunitaria.

De un lado, las instituciones europeas han implantado en los últimos meses medidas de ajuste económico y político –creando, incluso, figuras administrativas inéditas como la troika (FMI-UE-BCE) que gestiona la deuda griega—que ponen en entredicho la efectividad del funcionamiento democrático de sus estados miembros. Al mismo tiempo, el crecimiento de las fuerzas políticas con un discurso abiertamente xenófobo parece contradecir los principios de solidaridad internacional y multiculturalismo teóricamente formulados en el imaginario fundacional europeo –el reciente 17,9% de votos obtenido por el Frente Nacional de Marine Le Pen en el primer turno de las elecciones presidenciales francesas sería el último ejemplo de una tendencia generalizada en los parlamentos europeos.

Del otro lado, sin embargo, la reacción a la crisis también está dando lugar al florecimiento espontáneo de movimientos sociales de base que se oponen a la degradación de las vías de participación democrática, combaten la regresión de las políticas sociales europeas y proponen una reconsideración radical de los conceptos de comunidad y esfera pública.

Sobre este complejo trasfondo, el debate Reinventar la democracia en Europa pretende explorar nuevos espacios de pensamiento y posibles futuros alternativos de Europa. Organizado junto a la plataforma Living in diversity –un foro ciudadano creado en 2010 en respuesta al giro xenófobo europeo y al deterioro de los derechos democráticos en la UE—y en colaboración con la plataforma de información independiente Open Democracy, este debate quiere contribuir a la elaboración colectiva de unos conceptos renovados de democracia, esfera pública e intereses comunes.

domingo, 12 de septiembre de 2010

"Europa va hacia el declive, como en su día Argentina" Jacques Attali

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA EL PAÍS 02/09/2010
 

Cuando el escritor y economista francés Jacques Attali llega a la cita (las siete y media de la mañana en un lujoso café de París, a un paso de los Campos Elíseos, elegido por él), ya lleva, según confiesa, tres horas levantado, escribiendo en su casa. Elige con determinación una tarrina con queso, una ensalada de frutas y un té. El periodista, algo dormido, elige otra ensalada de frutas por imitación y un café doble por necesidad. Attali habla mientras come, sin dejar de mirar los continuos mensajes que estremecen su Blackberry. Atildado, algo distante, este antiguo consejero de François Mitterrand ha publicado un libro que ha pasado varias semanas entre los más vendidos de Francia, de título intimidante: ¿Todos arruinados en 10 años? Dada la factura del desayuno, se diría que eso se debe a lo que se gasta uno en determinados sitios. Pero Attali tiene otra teoría.

El economista y asesor de Mitterrand pronostica la ruina de Occidente

"Bueno, como todas las sociedades algo agotadas, Occidente ha tendido a superendeudarse para mantener su nivel de vida. Así, hemos mantenido, desde los años ochenta, una especie de ilusión de crecimiento económico basado, esencialmente, en la deuda. No es algo nuevo: recuerde Venecia... También ellos pensaban que lo de arruinarse era algo que les pasaba solo a otros".

La pregunta se impone: ¿Y solo nos quedan 10 años? Sin dejar de comer queso responde tranquilamente: "Es difícil saberlo con exactitud, pero sí, no creo que nos queden más de 10 años".

El periodista, claro, a estas alturas de la revelación ya está completamente despierto. ¿Y qué pasará?

"Asistiremos a la victoria de los más fuertes: China, EE UU y los bancos estadounidenses, que no están a las órdenes de EE UU. Y ganarán, me temo, los mercados. En Europa, veremos un lento declive del nivel de vida, como lo conocieron Venecia, o Argentina, en su tiempo. Todo dentro de un círculo vicioso, porque las élites, los jóvenes bien preparados que podrían sacarnos de esto, se irán a trabajar a otros sitios, a EE UU, a China o a Australia. De hecho, ya lo están haciendo".

¿Y qué se puede hacer?

Attali sonríe. Ya ha terminado de desayunar. El periodista también. Solo queda flotando en el aire una confusa sensación de apocalipsis que el economista disipa con una sonrisita algo indescifrable. "Actualmente, en un mundo globalizado, no hay cabina de piloto. La última reunión del G-20 lo prueba. Y triunfa la economía ilegal, los paraísos fiscales. Y en esos paraísos fiscales se hacen cosas que en cualquier otro Estado estarían prohibidas. Y eso afecta a todo y a todos. Hace falta una especie de policía económica internacional".

Mira la minipantalla de la Blackberry y repite que no tiene más tiempo del acordado (media hora). "Soy director de orquesta, escritor, economista, novelista: como no estoy seguro de poder reencarnarme siete veces, trato de vivir siete vidas a la vez".

De su etapa de asesor presidencial le quedan dos certezas. Una: "Para prevenir, para pronosticar, lo mejor es ponerse verdaderamente en la piel de otro". La segunda devuelve al ambiente esa sensación molesta de que el fin del mundo ya está en marcha y nadie se ha enterado: "La realidad avanza siempre más rápido de lo que uno se cree".

jueves, 23 de abril de 2009

El hambre y las nuevas tecnologías en agricultura

PERE PUIGDOMÈNECH EL PAÍS 23/04/2009

La actividad agrícola debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico

Puede que existan ya más obesos que personas que sufren hambre

Pocos se acuerdan de que en 2007 tuvimos una crisis mundial de producción de alimentos. En 2008 esa crisis no se reprodujo y la recesión económica que ahora está en marcha parece eclipsar todas las demás preocupaciones. Sin embargo, una reunión de alto nivel en Madrid hace algunas semanas nos recordaba que ambas crisis están dejando como secuela un aumento de la población con hambre o mal nutrida en el mundo. Y en Europa nos seguimos preguntando qué hacemos con nuestra política agraria común y qué tipo de agricultura queremos.

En el actual contexto de reorganización económica parece que la agricultura tiene una presencia marginal. La producción agrícola puede representar menos del 5% del PIB y de la población empleada en los principales países europeos. Sin embargo, la agricultura es una actividad esencial por razones distintas de su valor económico, aunque sea la base de la industria alimentaria, la mayor industria europea en términos económicos y de empleo. Lo es porque nuestra vida depende de ella. Aunque a algunos les pueda sorprender, hemos vivido durante siglos sin automóviles, sin electricidad, sin teléfonos ni televisión, pero nunca hemos vivido sin alimentos ni, desde que existe la sociedad organizada, sin agricultura. Ni, es la pura obviedad, lo podremos hacer en el futuro.

Hasta ahora no lo hemos hecho mal. Las predicciones maltusianas que se han hecho en diferentes momentos no se han cumplido, y la producción de alimentos ha ido aumentando más que la población, de forma que en términos globales la actual producción de alimentos podría en teoría ser suficiente para alimentar a toda la humanidad. Ello se ha conseguido de dos formas simultáneas, aumentando la superficie cultivada y haciendo que la agricultura sea cada vez más eficiente. Ya desde el inicio mismo de la agricultura hemos utilizado cualquier tecnología que estuviera a nuestro alcance para producir alimentos: mejores semillas, aperos de labranza, sistemas de cultivo y de riego, abonos y fitosanitarios.

Pero en este momento tenemos delante de nosotros una situación compleja. La demanda de alimentos se incrementa a la vez por el aumento de población y por una población más exigente. Pero no queremos recurrir a aumentar el terreno cultivado a partir de terrenos salvajes.

La deforestación nos preocupa por los efectos que tiene en el cambio climático y por la pérdida de diversidad biológica que representa. Sabemos además que algunas de nuestras prácticas agrícolas son muy agresivas para el medio ambiente. En nuestro país, el regadío consume más del 70% del agua superficial, y el uso excesivo de abonos y pesticidas es una importante causa de contaminación. Nos preguntamos, por tanto,si estamos consumiendo recursos irrecuperables en el futuro. Y sobre todo, tal como nos ha recordado la última reunión de Naciones Unidas en Madrid, no estamos cumpliendo el objetivo de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo en el horizonte de 2015. Nos encontramos en un mundo en el que se produce la terrible paradoja de que el número de individuos con un problema de obesidad puede haber superado al de personas con hambre.

Es en este entorno en el que el presidente de la Comisión Europea solicitó al Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías una opinión sobre cuál es el marco en el que puede plantearse el uso de nuevas tecnologías en la agricultura. Porque aunque sepamos que la agricultura ha sido siempre una actividad dependiente de las tecnologías disponibles, algunas de ellas han planteado conflictos importantes. Por citar dos ejemplos recientes, las plantas modificadas genéticamente o los biocombustibles son objeto de discusiones intensas en Europa, en las que diferentes países miembros y diferentes colectivos sociales presentan actitudes muy contrastadas. Pero además nos encontramos en Europa en un entorno de reforma de la Política Agraria Común y con las negociaciones para la liberalización del comercio internacional encalladas por el tema de los precios agrícolas y las subvenciones a la agricultura.

En la opinión se trata de identificar los criterios básicos que sirvan a la hora de tomar decisiones y que se resumen en que las nuevas tecnologías deberían aplicarse en agricultura si contribuyen a asegurar una alimentación suficiente y segura para los humanos y si contribuyen a que esta producción pueda mantenerse a largo plazo.

Como ejemplo, desde esta perspectiva se puede tratar de enfocar dos de las cuestiones polémicas en Europa. Se puede reconocer que debe evitarse el cultivo de biocombustibles cuyo uso compita con la producción de alimentos, pero aceptar al mismo tiempo que pueden ser una alternativa a la dependencia del petróleo y ser un cultivo interesante para algunos agricultores. Por tanto, puede recomendarse que se cultiven en terrenos en barbecho y que se acelere la investigación para tratar de que el combustible se produzca a partir de lignocelulosa y no de almidón.

Igualmente puede reconocerse que las plantas transgénicas pueden dar lugar a cultivos más productivos, pero su uso debe hacerse en condiciones de un análisis detallado del impacto en relación con los posibles riesgos y beneficios que aporten.

Pero en Europa la agricultura es un tema muy político. Lo es en tanto que la Política Agraria Común sigue representando la mayor aportación del presupuesto comunitario y de ella depende la actividad de muchas zonas rurales y en tanto que esta misma política está en el centro de las discusiones internacionales sobre comercio. Por tanto, si se sigue la recomendación de introducir criterios éticos en la agricultura habrá que reconocer que el acceso a los alimentos es un derecho para todos los individuos del planeta y que la actividad agrícola en todas sus formas debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico. Y debería ser necesario que este tipo de criterios esté presente en las negociaciones internacionales.

En este entorno se propone que Europa tome sus responsabilidades como primer actor mundial en el comercio de alimentos y como defensora de valores que se proclaman desde la Unión Europea. Por ello Europa debería mantener el nivel que ha tenido siempre en el desarrollo de tecnologías que promuevan al mismo tiempo la producción agrícola y respeten el medio ambiente y la diversidad biológica. Europa podría ser determinante en la forma como se introducen estas tecnologías permitiendo que tengan acceso a ellas quienes más los necesitan y que se haga con respeto a las estructuras sociales y al conocimiento local europeo y en el contexto global. Por ejemplo, la introducción de ciertos criterios de propiedad intelectual en la producción de alimentos o la gran concentración en pocas manos de algunas de las etapas de su producción y distribución pueden acabar siendo una barrera para el acceso de quienes las necesitan a las nuevas tecnologías y sus productos. En las actuales discusiones internacionales, Europa puede ser decisiva para que se introduzcan en temas relativos a la agricultura y la alimentación criterios que respeten aquellos valores que decimos defender.

Pere Puigdomènech es miembro del Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías.

lunes, 2 de febrero de 2009

Estado de la natalidad en Europa. Francia, un país para NACER

Enlace a pdf: http://oia.easp.es/oia/esp/descargar.aspx?id=244047&tipo=noticia


Anar al Web de La Vanguardia

Secció '', 23/01/2009


El éxito francés en la política de natalidad contrasta con los tímidos avances en España Los párrafos sombreados se refieren a la situación en España

LLUÍS URÍA CELESTE LÓPEZ - París. Corresponsal / Madrid

EL SISTEMA DE AYUDAS Francia facilita la compatibilidad de la maternidad con una carrera profesional

LA TASA DE FECUNDIDAD Las francesas llegaron en el 2008 a la media de 2,02 hijos, un nivel no visto en 30 años

Béatrice L., contable en unos grandes almacenes de París, acaba de tener a su tercer hijo - un niño-después de haber traído al mundo a dos pizpiretas niñas que ahora tienen 6 y 8 años. El salto de dos a tres no ha requerido un gran debate familiar, se ha impuesto con lógica naturalidad. Como muchas de las madres a las que se cruza cada día camino de la escuela de sus hijas, como muchas de sus compañeras de trabajo y de sus amigas. Como miles de francesas en edad de procrear, para quienes el hispánico ideal de la "parejita" resulta un horizonte demasiado estrecho. Como a todas ellas, a Béatrice no parecen arredrarle ni los peajes de su carrera profesional ni el esfuerzo económico adicional que exigirá la ampliación de la familia.

Tener hijos se ha convertido en Francia en una vocación masiva. En unas pocas décadas, el país ha devenido el campeón de Europa, junto a Irlanda, de la fecundidad. Tras haber alcanzado en el 2006 la cifra mágica de 2 hijos por mujer, las francesas han franqueado esta barrera y llegaron el año pasado a una media de 2,02, un nivel no visto en 30 años.

... España aún no ha alcanzado siquiera el 1,4 niños por mujer en edad fértil - 1,39 en el 2007-.Aunque algo ha avanzado en los últimos años, tras permanecer un lustro situada a la cola de Europa de fecundidad con la triste cifra de un hijo por mujer.

En el 2008 vinieron al mundo 834.000 nuevos franceses, una cifra tanto más llamativa cuanto que la proporción de mujeres formalmente en edad de procrear - de 20 a 40 años-ha descendido en 200.000 en diez años. Las francesas son menos pero procrean más, y lo hacen a edades cada vez más avanzadas: la media roza ya los 30 años (29,9 para ser exactos). Hoy, el 21,5% de los recién nacidos tienen una madre de más de 35.

Es también esta natalidad desbordante la que explica el constante aumento de la población francesa, que ha llegado ya a los 65,1 millones. Mucho más que la inmigración: si Francia ha crecido en la última década a un ritmo del 0,7% anual, se debe más al saldo natural (0,4%) que al saldo migratorio (0,3%). Tampoco son las mujeres inmigrantes las que inclinan la balanza: la tasa de fecundidad de las mujeres francesas y de las extranjeras está prácticamente en el mismo nivel.

... La edad media de la maternidad de la mujer española se sitúa casi en los 31 años (30,89 en el 2006), y las previsiones apuntan a que se estancará ahí en la próxima década. El incremento de la natalidad se debe, fundamentalmente, a la entrada a finales de los 90 de un gran número de mujeres en edad fértil, pertenecientes a la generación del baby boom,y a la inmigración. El año pasado, de casi 500.000 nacimientos registrados, el 18,9% era de madre extranjera.

¿Cuál es la explicación de este fenómeno? La secretaria de Estado para la Familia, Nadine Morano, se ha apresurado estos días a atribuirlo a la "amplitud de la política familiar" aplicada en Francia. Los demógrafos y sociólogos no serán quienes la desmientan. Los especialistas parecen estar de acuerdo en que la primera razón de esta elevada fecundidad es la decidida política natalista aplicada por los sucesivos gobiernos, ya sean de derecha o de izquierda, desde los años setenta y ochenta. La primera traducción es económica: Francia destina hoy alrededor de 60.000 millones de euros (un 3% del PIB) a sostener su política familiar.

... España dedica un 0,7% de su PIB a las familias, según datos de Eurostat del 2007. La media europea es de 2,1%.

Las familias francesas se benefician, de entrada, de toda una serie de desgravaciones fiscales en el impuesto sobre la renta. Y disponen además de un amplísimo abanico de ayudas públicas directas. Sólo por el hecho de tener dos o más hijos, con independencia de la renta, toda familia tiene derecho a una subvención mensual constante y regular del Estado hasta que los vástagos alcanzan la edad de 20 años - ni tres ni seis, sino 20-.Con dos niños, la ayuda es de 123,92 euros mensuales; si los hijos son tres, sube a 282,70, ya partir de ahí va aumentando a razón de 158,78 euros al mes por retoño. Todas estas cantidades se incrementan además cuando los hijos alcanzan la edad de 11 y de 16 años.

... En España. tener hijos es una de las principales desgravaciones en el IRPF tanto en el tramo estatal como el autonómico. Además, las mujeres trabajadoras, al margen de sus ingresos, perciben una ayuda mensual de 100 euros hasta que el niño cumple tres años. Desde el 2007, el Gobierno da una ayuda única de 2.500 euros por nacimiento o adopción. No hay ayudas para el cuidado entre 3 y 18 años.

A los hogares con bajo nivel de renta (hasta 32.813 euros anuales si se trata de una pareja con un hijo, o de 57.801 euros si se trata de un solo progenitor con tres hijos, por ejemplo) el Estado francés otorga una ayuda adicional: un pago inicial de 889,72 euros por nacimiento o adopción, y después una subvención mensual durante los tres primeros años de vida del niño de 177,95 euros.

Béatrice y su marido no reúnen tales requisitos de renta, así que de momento sólo reciben la ayuda general por sus tres hijos; esto es, 282,70 euros al mes. Pero la familia espera ampliar próximamente esta pequeña renta con una ayuda adicional - actualmente en trámite-por el hecho de que Béatrice, una vez agotada la baja de 16 semanas, ha vuelto a trabajar a tiempo parcial: cuatro días sobre cinco a la semana.

... La baja maternal en España es de 16 semanas, lo que nos sitúa en el octavo lugar del ranking. Además, España cuenta con un permiso paternal, de 15 días. No hay incentivos económicos para facilitar la incorporación de la madre al trabajo, ni tampoco para que el padre o la madre compatibilicen la vida laboral con la familiar. Las escasas ayudas en este ámbito corresponden a las comunidades autónomas y las diferencias entre unas y otras son abismales.

El Gobierno francés, en efecto, compensa también a las familias si uno de los progenitores decide trabajar a tiempo parcial o dejar de trabajar por completo durante un tiempo para ocuparse de su prole. La ayuda, vigente sólo hasta que el niño ha cumplido tres años, oscila entre 139,53 y 552,11 euros al mes, según los casos. Una variante introducida por el gobierno de Dominique Villepin con el fin de fomentar un retorno más rápido al trabajo - sobre todo de las mujeres-permite elevar esta subvención hasta un máximo de 789,54 euros mensuales, pero, eso sí, sólo dura un año y únicamente beneficia a quien deja de trabajar por completo y tiene al menos tres hijos. por persona que perciben en

Luxemburgo. Tendría que multiplicarse por tres la cifra española para conseguir llegar a la media de la UE-2005.

Dominique F., de 40 años, funcionaria y amiga de Béatrice, también trabaja a tiempo parcial (al 80%) y se beneficia ya de esta ayuda, bautizada "complemento de libre elección de actividad". Dominique cobra asimismo la subvención general por hijos a la que tienen derecho todas las familias francesas y, además, el complemento por bajo nivel de renta. Para redondear, obtiene también un notable pellizco del denominado "complemento de libre elección del modo de custodia", que ayuda a pagar - con un montante de entre 222,78 y 552,11 euros al mes-el contrato de una asistente maternal para que cuide al niño durante algunas horas a la semana. Resultado: con dos niños, uno de 6 y otro de poco más de 1 año, Dominique recibe del Estado 700 euros al mes. Y para ello no ha necesitado dejar de trabajar. Todo lo contrario.

Esta es una de las características fundamentales del sistema francés de apoyo a la familia: fomenta y facilita la compatibilidad de la maternidad con una carrera profesional. Lo que explica que el 81% de las mujeres francesas de entre 25 y 49 años sean activas, y eso no haya ido en detrimento de la natalidad. La sociedad francesa alienta a la mujer a mantener un trabajo fuera de casa. A diferencia de Alemania, donde la madre que no se ocupa personalmente de criar a sus hijos está mal vista - las llamadas rabenmutter,madre cuervo-,en Francia la madre que trabaja está valorada. De modo análogo, la trabajadora que decide ser madre es mucho mejor aceptada que en otros países. Por más que en algunos casos, como el de la ministra de Justicia, Rachida Dati, se crea obligada a reducir su baja de maternidad a sólo cinco días...

Los sociólogos apuntan aún otros factores colaterales: desde la semana laboral de 35 horas - que aporta mayor tiempo para la familia-hasta la crisis. Sí, la crisis. Los franceses, instalados desde hace unos años en un estado de desconcierto y pesimismo colectivo, habrían buscado refugio en un valor estable: la familia.

Empleo, formación y medios públicos son la clave de los países que más procrean

Más viejo todavía

BEATRIZ NAVARRO - Bruselas. Corresponsal

EXCEPCIONES Sólo Francia, Irlanda y los países nórdicos se acercan al ideal de 2,1 hijos

LAS CLAVES "Da mejor resultado invertir en guarderías que dar ayuda económica"

DIFÍCIL TRANSICIÓN SOCIAL En los países del Este, el paso al sistema capitalista frenó la natalidad

Referirse a Europa como el Viejo Continente no sólo tiene que ver con la historia, sino también con la demografía, aunque sería más correcto llamarlo el envejecido continente:la tendencia se inició en los años setenta con la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral y desde entonces pocos países han logrado invertirla y acercarse al ideal de 2,1 hijos, el necesario para mantener estable la población de un país. Sólo Francia, Irlanda, Suecia, Finlandia y Dinamarca se acercan, con entre 1,8 y 2 hijos por familia. Tuvieron sus altibajos en los noventa, pero las cifras de nacimientos se mantienen altas. Junto con Holanda, son además los únicos países que superan los 1,7 hijos por mujer, el nivel que garantiza mantener la población con una tasa de inmigración moderada.

Que la mujer se quede en casa y no salga a trabajar no es la solución para elevar la tasa de fertilidad. Al contrario. El factor religioso, salvo en el caso irlandés, no cuenta. De acuerdo con el estudio El futuro demográfico de Europa del Berlin Institute, especializado en demografía, los países y regiones europeas con mayores tasa de fecundidad son aquellas con los niveles más altos de educación y empleo entre las mujeres, siempre y cuando cuenten con sólidas políticas públicas de apoyo a la familia.

En el caso francés, estos factores explican que haya pasado del notable al sobresaliente, de 1,78 hijos por mujer en 1998 a 2,02 en el 2008. Es un nivel que no alcanza ningún país vecino: ni Alemania (1,32), ni Bélgica (1,6), ni Italia (1,32) ni España (1,38). "Es evidente que la razón está en el apoyo público, pero no debemos olvidar que esa política familiar que tanto admiramos tiene 60 años de historia y los franceses saben que es una política de Estado que no varía con los gobiernos", explica por teléfono Reiner

Klingholz, director del centro de estudios.

Noes casual que los países nórdicos estén a la cabeza de la UE en tasa de fertilidad: "Fueron los primeros en ver que si la mujer trabajaba más fuera de casa y en empleo cada vez de más cualificación, las familias iban a necesitar más medios para tener hijos. Esas políticas que en Alemania llamaríamos modernas allí existen desde hace 40 años", explica Klingholz. "Comparativamente, dan mejores resultados las ayudas estructurales, como las guarderías, que ofrecer apoyo económico a las familias, como hace Alemania".

La tasa de fertilidad es especialmente sensible a las crisis económicas o políticas. A mediados de los noventa, como consecuencia de la crisis económica, la tasa de fertilidad en Suecia cayó hasta 1,5 hijos por mujer, tendencia que se frenó con un plan de choque. Se dio más ayudas si el segundo hijo nacía hasta dos años después del primero, y se reforzó la protección durante la baja de maternidad. En los países del Este, la transición hacia el sistema capitalista se llevó por delante varios puntos de su nivel de natalidad por falta de apoyo público a la natalidad.

Aunque en los regímenes comunistas era normal que la mujer trabajara fuera de casa, con la caída del muro de Berlín "todo quedó patas arriba", recuerda el director del Berlin Institute."Con la inseguridad económica, la posibilidad de viajar y consumir más, la decisión de tener hijos se pospone. Ha ocurrido también en Rusia o en Alemania del Este, ¡en dos años la tasa de fertilidad pasó de 1,75 hijos a 0,8!". Del este o del oeste, las alemanas siguen entre las europeas con menos hijos (1,32 hijos) por detrás incluso de España (1,38).

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El futuro demográfico de la Unión Europea

Un bebé

Cada vez nacen menos europeos

Mientras el bienestar experimenta un rápido crecimiento en la Unión Europea, un fantasma se cierne sobre ella: el envejecimiento de su población. Cada vez nacen menos niños y los mercados de trabajo y sistemas sanitarios se ven forzados a hacer frente a una mayor presión. Los informes demográficos son alarmantes: la población europea se muere.

Aunque el drástico cambio en los modelos sociales influye en la composición de las familias, los europeos dicen que les gustaría tener más hijos, aunque aseguran que la inseguridad económica o laboral les inclina a no aumentar la familia.

La Unión Europea trabaja en estos momentos en una nueva legislación que sea capaz de hacer frente a los revolucionarios cambios en la estructura demográfica europea que se han producido en las últimas décadas. ¿Cuáles son las mayores amenazas? ¿Y las soluciones más viables? Este artículo se adentra en los retos que plantea el déficit demográfico europeo y en las posibles medidas para hacer frente a este fenómeno.




El déficit demográfico europeo: ¿una sociedad en extinción?

La mano de un bebé coge el dedo de un adulto

¿Nos extinguimos?

La ampliación de la UE a nuevos países y su crecimiento económico estable confirman su posición internacional; es un remanso de prosperidad en un mundo turbulento. Casi nadie debate ya su déficit democrático, pero otro fantasma inquieta a Europa: el déficit demográfico. El historiador británico Arnold J. Toynbee cree que "las civilizaciones se suicidan, no son asesinadas"; y la población de la UE está en declive. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias? Una pregunta crucial para la Eurocámara.

Hace un siglo, la población europea constituía el quince por ciento del total mundial, pero esta proporción se dividirá por tres para el año 2050. El declive de Europa contrasta con el ritmo ascendente de los países en vías de desarrollo que suponen el 95 por ciento del crecimiento de la población del globo. Los efectivos mundiales eran en 1950 de 2.500 millones de habitantes; en la actualidad se sitúan en los 6.600 millones y, según las últimas estimaciones, en el año 2050 alcanzarán los 9.100 millones.

Adiós al "baby boom"

Las mujeres de la Unión Europea (UE) tienen una media de 1,52 hijos cada una. Esta cifra se sitúa por debajo del umbral necesario para el reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) y afecta al crecimiento negativo de la población (se registran más muertes que nacimientos). El declive de la fertilidad se produjo después del llamado "baby boom" que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, los niños del "baby boom" están alcanzando la edad de jubilación. Por lo tanto, la proporción de personas cuya pensión dependerá de un número cada vez más reducido de cotizantes a la Seguridad Social aumentará considerablemente en los próximos años.

El Comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Vladimír Špidla, declaró después de que viese la luz la comunicación de la Comisión sobre demografía en octubre de 2006 que "en la actualidad, hay cuatro personas en edad de trabajar por cada pensionista", por lo que "en 2050, esta proporción quedará reducida a la mitad: dos trabajadores por cada jubilado", agregó.

Club de ancianos en el año 2050

En el año 2004 la media de edad de los ciudadanos europeos era de 39 años. Esta cifra podría aumentar hasta los 49 en el año 2050, cuando se estima que más de uno de cada diez europeos rondará los ochenta años (11,4 por ciento). Además, la esperanza de vida se incrementará, según las previsiones actuales, hasta seis años para los hombres y cinco para las mujeres (en 2004, la media masculina era de 75,6 años; y para las mujeres, de 81,7). Éste es el resultado de las mejoras económicas, sociales y médicas que han hecho posible que los europeos puedan vivir más años con confort y seguridad.

El envejecimiento de la población supone un mayor gasto en el sistema sanitario, origina nuevos problemas en la financiación de la Seguridad Social y pone en peligro la pervivencia del sistema de pensiones. Los cambios en la estructura demográfica también amenazan el dinamismo económico, la creatividad y la innovación, y pueden conllevar una disminución del potencial de crecimiento del Producto Interior Bruto de la UE de hasta un 1,2 por ciento entre los años 2031 y 2050; la pérdida de competitividad y la disminución del crecimiento serán más significativas si se comparan con las regiones del mundo que experimentan un aumento sustancial de su población.

Posibles remedios: pros y contras

Una de las posibles soluciones para este déficit demográfico podría ser la inmigración, pero hay que tener en cuenta que los inmigrantes también envejecerán y reclamarán sus derechos en el sistema de Seguridad Social. Mientras, los niveles de inmigración se están convirtiendo en un tema problemático.

Otra opción sería atrasar la edad de jubilación buscando un aumento de productividad; pero esto podría no ser aceptado por los europeos, que aspiran a tener más tiempo libre. También podrían aplicarse nuevas políticas de natalidad, pero se podría argumentar que esto afectaría a la igualdad entre sexos en cuanto al acceso al mercado laboral; como puede verse, los desafíos que plantea la crisis demográfica no son en absoluto sencillos.

¿Qué hace la Eurocámara?

El Parlamento Europeo (PE) ha adoptado varios informes sobre el envejecimiento de la población y los necesarios ajustes que deberán introducirse en la sociedad, como los relativos a aprendizaje permanente, movimientos migratorios, legislación sobre el mercado laboral... Entre los informes adoptados por la Eurocámara, se incluyen:

La comisión de Empleo y Asuntos Sociales del PE está trabajando en un informe sobre el futuro demográfico de Europa a cargo de la socialista francesa Françoise Castex, mientras que la comisión parlamentaria de Industria ha presentado otro sobre la mejora de la calidad de vida de las personas mayores a través del uso de nuevas tecnologías de la comunicación y la información, redactado por la socialista británica Neena Gill y que será sometido a votación por la comisión el 19 de diciembre.

Además, en febrero del año 2006 la comisión de Empleo y Asuntos Sociales adoptó un informe sobre los desafíos demográficos y la solidaridad entre generaciones realizado por el británico Philip Bushill- Matthews, del Partido Popular Europeo, y el pasado mes de septiembre, la comisión de Libertades Civiles adoptó un informe sobre migración legal realizado por la socialista italiana Lilli Gruber que prevé que los inmigrantes cualificados puedan trabajar y vivir en la UE gracias a una "tarjeta azul" para inmigrantes cualificados.

Más información :

¿Un permiso de trabajo europeo para los inmigrantes cualificados?¿Es posible conciliar vida familiar y profesional?Informe sobre el futuro demográfico de EuropaComunicación de la Comisión (en inglés)


Déficit demográfico en Europa: ¿quién tiene miedo a los niños?

Un bebé sonríe en brazos de su padre ©Getty Images

¿Crisis demográfica en la UE?

La escasez de alimentos y la mortalidad infantil han sido los dos principales elementos reguladores de la población mundial a lo largo de la Historia. El creciente nivel de vida en Europa y los avances médicos han alejado estas amenazas del Viejo Continente; sin embargo, en lo que parecen ser condiciones ideales, y a pesar de que los ciudadanos dicen que quieren tener más niños, las tasas de población no dejan de caer. ¿Cuál es el problema? Este artículo busca la respuesta.

Cada mujer de la Unión Europea de los Veinticinco tiene una media de 1,5 hijos. En concreto, la tasa es de 1,55 niños por mujer en los antiguos Estados miembros y de 1,25 en los diez que se incorporaron en 2004. Según estos datos, correspondientes a 2005, las irlandesas son las europeas que más hijos tienen (1,99 cada una), seguidas de las francesas (1,9) y las finlandesas (1,8). En el extremo opuesto se encuentran las eslovacas, con una media de 1,25 hijos por mujer, las checas y polacas con 1,23, y las eslovenas, con 1,22, que se sitúan a Eslovenia en el último lugar de la Unión Europea en este sentido.

Según los expertos, la tasa de fertilidad necesaria para garantizar el reemplazo generacional es de 2,1 niños por mujer, pero de mantenerse la actual tendencia a la baja, podría situarse en 1,3, lo que supondría que en un siglo la población europea quedaría reducida a menos de la cuarta parte de la actual.

Causas

Entre las posibles razones para este descenso de la tasa de fertilidad se encuentra el mayor nivel educativo de las madres, que tienen que buscar el equilibrio entre el desarrollo de su carrera profesional y los hijos. Además, los expertos apuntan que se ha producido un cambio en los valores culturales e individuales, reflejado en el menor número de matrimonios y el aumento de los divorcios, aunque puntualizan que el vínculo entre el matrimonio y los hijos es cada vez menos significativo. Otros factores que deberían tenerse en cuenta son la normalización de los métodos contraceptivos o los modelos de hogar, en los que cada vez son más las personas que viven solas.

El estudio sobre aceptación de la política demográfica realizado en 2004 por la fundación europea Robert Bosch afirma que las europeas desearían tener más hijos de los que finalmente tienen, y que las dos principales razones por las que no lo hacen son el coste asociado a aumentar la familia y la incertidumbre sobre el futuro del niño.

Guarderías

En la Cumbre de Barcelona de marzo de 2002, los Estados miembros se comprometieron a eliminar los obstáculos a la participación de las mujeres en el mercado laboral, así como a garantizar plazas de guardería para el noventa por ciento de los niños de entre 3 y 6 años, y para al menos el 33 por ciento de los menores de esa edad, de cara al año 2010. Aunque la Unión Europea no dispone de una política específica de población, el Parlamento Europeo sí ha abordado recientemente el asunto.

Así, la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex trabaja en un informe sobre el futuro demográfico de Europa cuyo borrador será sometido a votación en la comisión de Empleo del Parlamento Europeo el próximo 18 de diciembre, como paso previo a su debate y voto por el Pleno de la Cámara.

Además, el pasado 7 de junio de 2007 el Parlamento Europeo aprobó otro informe, redactado por la eurodiputada griega del Partido Popular Europeo Marie Panayotopoulos-Cassiotou, sobre la conciliación de la vida familiar y períodos de estudios. En términos generales, la proporción de europeos que combinan los estudios con su labor como padres es baja en la Unión Europea (en Irlanda son el 11,3 por ciento de los estudiantes, en Austria el 10,7 por ciento, en Letonia el 10,7 por ciento). Sólo Finlandia registra una proporción más elevada, del 41 por ciento; se da la circunstancia de que en este país los estudiantes que deseen ser padres disfrutan de un elevado nivel de protección social.

Más información :

Resolución del PE sobre la conciliación de la vida profesional, familiar y privada Informe sobre conciliación de la vida familiar y del periodo de estudios Informe de la Fundación Robert Bosch (en inglés)

Déficit demográfico en Europa: ¿una solución importada?

Varias personas hacen cola en una oficina de inmigración

La inmigración, una oportunidad

Durante más de dos siglos muchos Estados europeos fueron países de emigrantes; sin embargo, en los últimos sesenta años se ha invertido la tendencia y casi todos se han convertido en destino de inmigrantes y solicitantes de asilo. La prosperidad que disfruta el Viejo continente permite aventurar que Europa seguirá siendo un destino atractivo para la inmigración. Lejos de percibirlo como un problema, muchos ven en este fenómeno la respuesta al creciente déficit demográfico de la sociedad europea.

En torno al 3,7 por ciento de la población europea no procede de ninguno de los Estados miembros. En el ejercicio 2004-2005, la inmigración a la Unión Europea alcanzó un máximo histórico de dos millones de personas; dos terceras partes de ellas llegaron a España e Italia.

Población activa

Según la oficina europea de estadística Eurostat, de mantenerse este nivel de inmigración se mantendría el crecimiento de la población activa hasta el año 2030 aproximadamente. De lo contrario, el decline comenzaría ya a finales de la presente década. Quizá por este motivo, el eurodiputado socialista francés François Castex, ponente de un informe sobre el futuro demográfico de Europa, considera que "la inmigración es un elemento positivo a la hora de conformar la población europea".

Es más: según un estudio sobre la materia elaborado por la Comisión Europea en octubre de 2007, para compensar el descenso del número de personas en edad de trabajar en la Europa de los Veintisiete sería necesario que llegaran a la Unión Europea unos 56 millones de personas antes del año 2050. Los países con las tasas de natalidad más bajas, como Alemania, España, Italia o Polonia, requerirían una afluencia mayor de personas que los que registran tasas más elevadas.

Integración

Una de las claves para que la inmigración pueda considerarse un éxito radica en la integración de estas personas y sus descendientes en la sociedad y el sistema económico del país de acogida. Es un reto importante: según el Eurobarómetro, sólo cuatro de cada diez europeos consideran que los inmigrantes contribuyen al desarrollo de sus países.

El informe sobre el futuro demográfico de Europa elaborado por Castex, que será sometido a votación por el Pleno del Parlamento Europeo en febrero, pide que se desarrolle en el seno de la Unión Europea "un enfoque sereno y razonado de la inmigración con el fin de hacer frente a las opiniones y actitudes xenófobas" y defiende que los inmigrantes deben disponer de seguridad legal y sanitaria, además de subrayar la necesidad de emprender "una lucha decidida contra las organizaciones clandestinas y la sanción de los empleadores que utilizan el trabajo ilegal".

Tarjeta azul para la integración

Además, el pasado 17 de septiembre de 2007, la Eurocámara adoptó otro informe, elaborado por la eurodiputada socialista italiana Lilli Gruber, por el que se apoyaba la creación de de una "tarjeta azul" que funcionaría a modo de permiso de trabajo y residencia en la Unión Europea para mano de obra cualificada.

No hay que olvidar, además, el drama y los problemas que supone la inmigración ilegal, que hace aún más evidentes los beneficios de una gestión adecuada de los flujos migratorios. Consciente de ello, la Unión Europea trabaja actualmente en la definición de una política sobre la materia, un proceso en el que el Parlamento Europeo está participando activamente. En otro informe aprobado el pasado 17 de septiembre (redactado por el socialista español Javier Moreno), la Eurocámara remarcó que no debe tratarse a los inmigrantes ilegales como si fueran delincuentes, y recordó que muchos de ellos arriesgan su vida en el intento de alcanzar Europa.

Más información :

Informe sobre el plan de política en materia de migración legalInforme sobre las prioridades políticas en la lucha contra la inmigración clandestina


Françoise Castex: "cuando una persona está en paro, duda si tener niños"

La eurodiputada Françoise Castex

"Necesitamos la inmigración"

En el año 2050, la edad media en Europa podría rondar los cincuenta años. Las europeas tienen menos niños de los necesarios para frenar el declive de la población. Entre las posibles razones, la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex apunta en esta entrevista la inseguridad económica, el futuro incierto y sistemas de empleo anticuados, y dibuja un panorama incierto para el futuro demográfico europeo. El Parlamento Europeo votará su informe sobre este asunto en febrero.

Las previsiones demográficas para Europa son alarmantes. ¿Es demasiado tarde para reaccionar?

No son más que eso, previsiones. Disponemos de datos estadísticas que permiten prever un problema demográfico en el horizonte del año 2050; entre hoy y esa fecha pasaremos de una media de edad de 39 a 49 años. Entre las complicaciones que eso puede suponer está la disminución del número de personas en edad de trabajar y un aumento de la demanda de cuidados ligados al envejecimiento de la población. Todo esto es problemático para las finanzas públicas y para el dinamismo general de la Unión Europea; pero aún queda margen de acción en lo que se refiere a pleno empleo y natalidad.

La natalidad, precisamente, cada vez es más baja. ¿Cómo podemos animar a las mujeres a tener más niños?

Una tasa de natalidad del 1,2 es anormalmente baja, pero sabemos que podemos hacer que suba a través de políticas adecuadas. No volverá el esquema de la familia numerosa, porque los modelos de familia evolucionan, y el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado: en el siglo XX, las niñas recibieron educación y además aprendieron a controlar su fecundidad, fundamentalmente a través de la contracepción. Al mismo tiempo, la inseguridad económica y el temor ante el futuro son asimismo un freno importante a la natalidad. Cuando una persona está en paro o no sabe dónde estará en cinco o diez años, suele dudar mucho si tener niños o no.

En este contexto, ¿qué podría favorecer la natalidad? Al contrario de lo que hemos pensado en algunos países como Alemania, el trabajo no es un freno a la natalidad, sino que hay que ayudar a la conciliación de vida profesional y familiar. Los Estados miembros deben desarrollar estructuras para la atención a la infancia; las encuestas muestran que las parejas querrían tener más niños de los que tienen, por tanto hay margen para el progreso a poco que tomemos las medidas adecuadas para favorecer la natalidad.

La población activa disminuye... ¿será necesario retrasar la edad de jubilación más allá de los setenta años o modificar el sistema de pensiones?

La idea dominante es, efectivamente, prolongar la vida activa, lo que supone retrasar la edad de jubilación. Actualmente la mayor parte de los asalariados comienzan a trabajar entre los 25 y los 30 años, y la tasa de empleo baja a partir de los 51 o 52 años de edad. Desde mi punto de vista debemos comenzar por examinar dónde disponemos de márgenes de progresión de la población activa con el fin predeterminado de que todo el mundo cotice sus cuarenta años. Yo creo que a partir de 2010 el objetivo del pleno empleo será cada vez más factible y necesario.

En mi informe propongo la consideración de ciclos de vida activa: si queremos ser la economía más competitiva del mundo es necesaria una verdadera política de formación, de planificación de carreras y de organización de itinerarios profesionales a lo largo de todo el ciclo activo, es decir alrededor de unos cuarenta años.

Actualmente la tasa de empleo entre la población activa de mayor edad es baja, porque las empresas prefieren contratar a jóvenes y no se ocupan lo suficiente de la formación de sus empleados. Es un tremendo error de cálculo: es imprescindible que las empresas integren la formación en sus planes de inversión. De todas formas, pronto de darán cuenta de que falta mano de obra, y que esto no se podrá resolver sólo a través de la inmigración seleccionada.

Precisamente la inmigración es, por un lado, fuente de preocupación para unos y de esperanza para otros, como los demógrafos. ¿Cómo resolver esta contradicción?

Es urgente que los Estados miembros realicen un acercamiento sereno a la inmigración. Hay que decir "sí", que necesitamos la inmigración, no sólo de cara al futuro sino también porque forma parte de nuestra historia. La inmigración no es algo nuevo en la Unión Europea, hay que aceptarla.

El principio de inmigración seleccionada según el cual si necesitamos enfermeras autorizamos la inmigración de un número "x" de enfermeras no es una solución. Las personas no son máquinas, también pueden enamorarse de su país de acogida y querer quedarse y formar una familia. Por eso no creo que podamos abordar la inmigración desde una óptica meramente económica y cuantitativa. Necesitamos la inmigración para renovarnos; antes de pensar si necesitamos que aumente, gestionémosla con serenidad.

Más información :

Proyecto de informe sobre el futuro demográfico de Europa

El déficit de población, a debate en el Parlamento Europeo

Una mujer con dos niños en una calle de Nuremberg ©BELGA/AFP/DDP/OLIVER LANG

¿Cómo animar a las parejas a tener niños?

El 28 de mayo, la comisión de Empleo y Asuntos sociales de la Eurocámara organizó una audiencia pública sobre el futuro demográfico de Europa en la que se habló de solidaridad intergeneracional, envejecimiento saludable, la influencia de la inmigración sobre la demografía o hasta de los efectos que podría tener la hipotética incorporación de Turquía sobre la pirámide de población europea.

La reunión contó con la participación especial del director del Instituto francés de estudios demográficos, François Héran, quien presentó a los eurodiputados un documento de trabajo según el cual "los Estados miembros (de la Unión Europea) que presentan tasas de natalidad más elevadas son aquellos que han sido capaces de desarrollar políticas de apoyo a la infancia y a la conciliación de vida personal y laboral".

Inmigración

Para este experto, la inmigración supone "una contribución significativa para la renovación y fortalecimiento de la población activa", por lo que asegura que "desempeña un papel fundamental en la estabilización" de las pirámides demográficas de los Estados miembros de la Unión Europea, ya que sin ella "algunos países perderían población, ya que registran mayor número de fallecimientos que de nacimientos".

Además, Héran remarcó que "no queda más remedio que adaptarse al envejecimiento de la población", ya que se trata de un fenómeno "que no se puede contrarrestar, porque tiene que ver con el alargamiento de la vida".

Turquía

Durante el debate posterior, el eurodiputado socialista sueco Jan Andersson, presidente de la comisión de Empleo y Asuntos Sociales del Parlamento Europeo, subrayó que actualmente "se ingresa más tarde en el mercado laboral, y también se abandona antes". También se interesó por el efecto que podría tener la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, en términos demográficos.

Héran explicó que este país "tiene un excedente natural de población, ya que nacen más personas de las que mueren", algo que sin embargo "sólo modificaría el paisaje demográfico europeo temporalmente", dado que sigue la misma tendencia que en su día registraron países como Italia o España".

Vivir más y mejor

A su vez, la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex, ponente del informe parlamentario sobre el futuro demográfico de Europa, preguntó si el aumento de la esperanza de vida de los europeos iría acompañado de una mejora de su salud, a lo que Héran contestó que "parece que sí, los años de vida que ganamos son años de mejor salud" en los que "disminuye el riesgo de invalidez, pero también aumenta el número de personas mayores por lo que también lo harán los costes asociados".

Más niños

Por su parte, el polaco del grupo Unión por la Europa de las Naciones Jan-Tadeusz Masiel mostró su preocupación ante las bajas cifras de natalidad y quiso saber qué medidas habría que tomar para animar a las parejas jóvenes a tener más hijos. "La inmigración no es la solución, porque los inmigrantes prefieren mantener su identidad a integrarse", opinó.

Para Héran, "si el problema es demográfico, la solución no lo es: pasa por políticas económicas, de empleo, familiares...". Además, alertó de que "en el sur de Europa, los jóvenes tienen muchas dificultades para acceder a la vivienda" y consideró que "si pudieran independizarse más fácilmente, empezarían a tener hijos antes".

Más información :

Comisión de Empleo y Asuntos Sociales del PEEstudio de Héran sobre el futuro demográfico de la UE (en ingés)

jueves, 23 de octubre de 2008

El tema es Europa y las ciudades, de Pasqual Maragall en La Vanguardia

Publicado en LA VANGUARDIA 22-Octubre-2008

Cuando los asesores de Clinton descubrieron que la clave para ganar las elecciones era la economía, el uno le dijo al otro, dándose un fuerte bofetón en la frente: “It´s the economy, stupid!”. La llave era la economía.

De ahí el título que encabeza las consideraciones que siguen, que pudiera haber sido: “¡El tema es Europa, estúpido!”. En efecto, en cierto sentido el tema central hoy es Europa, no es ni España ni Catalunya. Me explico. Catalunya y España se la juegan en Europa. No es el enfrentamiento Catalunya / Centro, ni Norte / Sur, ni Euskal Herria / España el que va a decidir la mayor parte de nuestro futuro. Es nuestro papel en Europa. O mejor dicho: la clave de nuestra calidad de vida está en Europa. En Europa y en la buena marcha de nuestras ciudades. Las naciones y los estados, y las comunidades autónomas, tienen mucho que ver con la redistribución de la renta - tema importantísimo- pero no tanto con la generación de la renta. Por supuesto que hacer o no hacer el Eix Transversal en Catalunya, sacar o poner peajes, invertir más o menos en educación, salud, etcétera, son opciones que tienen mucho que ver con el crecimiento y la felicidad, pero creo que algunos de los grandes temas se van a jugar en Europa o con fondos europeos de por medio. Y otros en cambio en el perfil que vayan adoptando las ciudades, las áreas metropolitanas o las comarcas en que vivimos. Es decir, en nuestro lebensraum,en nuestro escenario vital habitual. Aún admitiendo que cada vez más vamos a haber vivido cada cual en varios sitios o incluso continentes distintos en el curso de nuestras vidas.

Empecemos por Europa.

Vamos hacia una Europa americana con dos grandes partidos, el demócrata y el popular. Pero con interesantes mutaciones, como la liberal que puede representar un Gallardón (que era el tapado de Rajoy) o un Bayrou en Francia, o alguno de los nuevos ingleses que todavía no conocemos bien.

Pero sigamos por las ciudades.

Al nivel local, las ciudades deberían ir recuperando competencias de las naciones. Miren: Europa es nuestro nuevo Estados Unidos particular. Y si eso es así, si Bruselas es nuestro Washington, y Londres, Frankfurt o París son nuestros Nueva York, Chicago o San Francisco, entonces Madrid y Barcelona deberían ser como mínimo nuestro Los Ángeles.

Si las empresas son ya transnacionales, las naciones van a contar menos. No es que lo desee, pero no me parece mal. El siglo XX ha sido el siglo de las naciones. Y de las guerras entre naciones. El XXI va a ser distinto. Sí, hay conflictos, los va a seguir habiendo, pero la simplificación de un mundo con siete, ocho o diez grandes bloques, como mucho, ayudará a que el guirigay de las Naciones Unidas se convierta en eso que de forma algo beatífica se ha denominado el concierto de las naciones. La victoria de Obama ayudaría mucho, aun suponiendo que la realidad de sus actos acabe siendo inferior a las esperanzas que infunde este hombre.

Lo interesante será ver quién gobernará en Madrid y Barcelona. Zapatero ganó sus elecciones generales en Barcelona, habiendo perdido en Madrid y Valencia, y bajando algo en Andalucía. A Hereu se le ve tranquilo y con proyectos en marcha, si bien difíciles, como el de la plaza Lesseps (una nueva Sagrada Família), la conexión del tranvía de la Diagonal en el trozo que falta, entre Francesc Macià y la invariable plaza de las Glòries Catalanes, y un montón de nuevas vías de metro. Hay quien piensa que en las próximas elecciones habrá menos partidos. No estaría mal.

¿Qué más falta? En Barcelona sin duda restablecer el Área Metropolitana, la aglomeración de 4 millones y pico de habitantes en la que realmente vivimos. Y la conexión puerto-ferrocarril-aeropuerto-Zona Franca, que propiciaría un clúster de actividades sólo superado por Rotterdam, Hamburgo y Londres en Europa. Joaquín Coello, el dirigente de la potentísima empresa de certificación Applus, maneja datos importantes al respecto.

Por supuesto que todos (mejor dicho, algunos) tenemos parte de la culpa en no haber avanzado suficientemente en esa línea. Cuando la Generalitat suprimió la AMB que habían fundado Serratosa y Vilalta, y en la que yo trabajé como funcionario, se cruzó un Rubicón del que no ha habido vuelta atrás: el nacionalismo veía la AMB como una amenaza a la nación, y el socialismo, asentado en las diputaciones provinciales poco después, como una amenaza al sistema de partidos, muy ligado a las provincias.

Cuando a cambio tal vez de una importante financiación para los Juegos Olímpicos del 92, años antes de los mismos, el Ayuntamiento admitió que la alta velocidad ferroviaria no empezase por el tramo Madrid-Barcelona, que era lo lógico, sino por el Madrid-Sevilla, cometimos otro error. Se aceptó además que Barcelona-Valencia sería “velocidad alta” en vez de “alta velocidad”: 200 en vez de 300 kilómetros por hora. Luego llegó el PP y Aznar impuso el eslogan “de Madrid a cada capital de provincia en alta velocidad”. Y Barcelona-Bilbao igual o peor que el tren Barcelona-Valencia.

Parte de esos errores (ojo, errores para Catalunya pero probablemente también desde la óptica de la maximización de beneficios en el conjunto de España) se cometieron siendo yo alcalde. Pido excusas por ello.

PASQUAL MARAGALL, ex presidente de la Generalitat de Catalunya.

lunes, 14 de julio de 2008

La carta a Europa de la niña gitana


La niña Rebecca Covaciu




Rebecca Covaciu, una niña rumana de 12 años y etnia romaní




Italia no es para los gitanos

"Querida Europa..."

La niña rumana Rebecca Covaciu resiste a una vida de persecución y miseria. Un viaje "de tristeza" desde Arad a Milán, Ávila, Nápoles y ahora Potenza

MIGUEL MORA - Potenza
EL PAÍS - Internacional - 13-07-2008

A sus 12 años, Rebecca Covaciu -ojos grandes, dientes blancos, sonrisa espléndida- ha vivido y visto tantas cosas, que podría escribir, si escribiera, un buen libro de memorias. Rebecca es rumana de etnia romaní, y ha pasado la mitad de su vida en la calle. Ha dormido en una furgoneta, una chabola, al raso. Algunos días ha mendigado con sus padres por España e Italia. Otros, ha visto destruir su barraca, ha sido agredida por la policía italiana, ha oído bajo una manta cómo su padre era apaleado por defenderla, ha visto morir a niños por no tener medicinas, ha conocido el miedo de los gitanos que huyeron de Ponticelli (Nápoles) cuando su campamento fue incendiado. Pero Rebecca ha resistido. Y ha conmocionado a Italia con su historia en primera persona. Una carta en la que resume su sueño: ir al colegio y que sus padres tengan trabajo.

Con su sencilla carta, titulada "Querida Europa", y una serie de dibujos, Los ratones y las estrellas, inocentes y precarios, pero tan especiales como ella, ha demostrado su talento. Y es que Rebecca, en vez de deprimirse con esta "vida de tristeza", ha gritado al mundo su historia dickensiana en primera persona, convirtiéndola en un alegato de justicia y esperanza. A sus sueños privados de ir al colegio y de que sus padres tengan trabajo "para no pedir limosna", añade otro más amplio: "que Europa ayude a los niños que viven en la calle".

Ahora, Rebecca está contenta. Desde hace unos días vive, sueña y dibuja en una pequeña casa de campo situada cerca de un pueblo de la Basilicata, una región montañosa y agrícola, 250 kilómetros al sur de Nápoles.

Cae la tarde y la luz de la antigua Lucana romana es un espectáculo. Rebecca y su padre, Stelian, reciben sonrientes en la puerta, su madre Georgina saca un café turco y una tarta, y enseguida la niña trae su carpeta de dibujos y los enseña. Despacio, con orgullo pero sin presumir: "Unos árboles de colores, un ángel, una playa italiana, unos niños bañándose, un príncipe y una princesa, una pareja de novios (italianos también), dos palomas, un jarrón de flores, un collar de Versace, fruta, más fruta...".

Rebecca salió de su pueblo, Siria jud Arad, cerca de Timisoara, hace cinco años; ahora habla rumano, romaní, italiano y un poco de español. "Lo aprendí en Ávila cuando vivimos en España", explica en italiano. "No teníamos casa y dormíamos en la furgoneta. Hice allí tercero de primaria, me acuerdo mucho de la profesora. Me quería mucho, le gustaban mis dibujos".

La niña es la líder de su familia. Y gran parte de su futuro. Aparte de su talento para pintar, reconocido por Unicef en mayo pasado cuando le otorgó en Génova el Premio de Arte e Intercultura Café Shakerato, Rebecca es dulce, educada y juiciosa. Mientras habla a toda pastilla, como un libro abierto, sus padres, Stelian, de 43 años, ex campesino y pastor evangelista, y Georgina, de 37; sus hermanos Samuel (17), Manuel (14) y Abel (9), y la mujer de Samuel, Lazania, embarazadísima a los 16, la miran con una mezcla de sorpresa y reverencia, como si fuera una extraña. En cierto modo lo es.

Los Covaciu llegaron a esta casa de noche. Venían en tren, un largo viaje desde Milán. Unos días antes, varios policías habían molido a palos a Stelian. "Me amenazaron con volver si les denunciaba", recuerda. Lo hizo, y hubo que coger el hatillo.

Ahora, mientras trata de superar el susto y el dolor de los golpes, Stelian, un hombre que cuando habla parece a punto de llorar, se declara "feliz, gracias a Dios y a estos señores italianos tan generosos que nos han dejado su casa".

Se refiere a G. y A., una pareja de mediana edad que reside en Potenza, la lejana capital de provincia. "Conocimos la historia de Rebecca por Internet, y de la noche a la mañana decidimos refugiarlos en esta casa que no usamos", explican. A cambio, una firma en un contrato de alquiler gratuito y por un año. G. y A. prefieren no ser identificados. "No queremos convertirnos en prototipo mediático de la familia italiana solidaria". Pero su altruismo ha devuelto la sonrisa a la prole de Stelian.

La familia llevaba cinco años sin dormir bajo un techo de verdad. "En Siria teníamos casa, pero no teníamos pan", explica Rebecca, "y comíamos de la limosna de los vecinos. Luego, en Milán, mis padres no encontraron trabajo", continúa sin dramatismo, "y también teníamos que pedir. No podíamos ir al colegio porque no teníamos casa. Pero ahora me han dicho que podremos ir".

Para poder acceder a la escuela, los Covaciu necesitan demostrar un domicilio fijo y estar apuntados en el censo municipal. Precisamente ésa es una de las razones que ha invocado el Gobierno italiano para elaborar el polémico censo de la comunidad romaní. De los 140.000 gitanos que viven en el país, la mitad son italianos y casi un tercio son rumanos. Y el 50% son menores de edad. Muchos de ellos están sin escolarizar.

Como otros compatriotas y hermanos de etnia, los Covaciu atravesaron con su furgoneta Hungría y Austria para llegar a Milán cumpliendo el rito del efecto llamada. Tras unos meses probando fortuna, sin éxito, decidieron intentarlo en España. "Un amigo que vivía en Ávila nos dijo que tenía casa, papeles y trabajo, pero llegamos tarde. Metimos a los niños en el colegio, pero no encontramos trabajo. Así que nos fuimos a Torrelavega, estuvimos dos meses. Volvimos a Milán".

Georgina habla italiano, algo de español y un poco de francés. También vivió en Alemania. "Fue en 1990, Samuel nació allí. Estábamos bien, pero a los dos años nos pagaron un subsidio y nos mandaron a Rumania". Aunque se define como "mitad rom y mitad no", lleva 10 dientes con fundas de oro. "¡Sólo cuestan 10 euros cada uno!", se defiende riéndose. "Nos los puso un médico sirio ambulante en Milán, ahora están de moda en Rumania. La única que se niega a ponérselos es Rebecca".

Al principio, en Milán, todo iba más o menos bien, recuerda la niña: "Hicimos una chabola con cartón y plásticos debajo de un puente en el barrio de Giambellino". Era un pequeño asentamiento ilegal donde vivían otras cinco familias de Timisoara. "Para comer, pedíamos en el mercado de los anticuarios. Sólo un par de horas, para que los niños pudieran comer", asegura la madre bajando los ojos. Como se ve en uno de sus dibujos de Rebecca, también ella mendigó algún "día triste"; su hermano Manuel, al que llaman Ioni, tocaba el acordeón.

Hace un año, Roberto Malini, un dirigente de EveryOne, una joven ONG proderechos humanos que atiende a unas 60 familias de etnia gitana en Milán, se cruzó en la vida de los Covaciu. "Vi a un grupo de gente insultando a un niño gitano muy flaco que les miraba aterrorizado mientras sostenía un perro en brazos". Era Abel, el pequeño. "Le acusaban de haber robado el perro y querían lincharle. Tratamos de poner calma, y en esas llegó su madre con los papeles del perro. Lo habían traído desde Rumania".

EveryOne se hizo cargo de las necesidades básicas de los Covaciu cuando éstos empezaban a entender que una parte del país estaba harta de los gitanos. "A nosotros nos da miedo la policía y nosotros le damos miedo a los italianos. Así es la cosa", dice Georgina.

Según el último Eurobarómetro sobre discriminación, los italianos son los europeos que, junto a los checos, se sienten más a disgusto con los gitanos. Un 47% de los encuestados en Italia afirma que no querría un romaní como vecino. La sensación crece en toda Europa, aunque la media de intolerancia en la UE a 27 es de la mitad: un 24%.

El miedo está instalado en mucha gente por lo menos desde hace ocho años. Ya en 2000, antes de las últimas elecciones ganadas por Silvio Berlusconi, la Liga Norte del actual ministro del Interior, Roberto Maroni, lanzó una furibunda campaña contra los romaníes usando los eslóganes oídos tantas veces desde que hacia el año 1400 los gitanos llegaran a Occidente: violan y asesinan a nuestras mujeres, raptan a nuestros niños, roban en las casas, no quieren trabajar ni ir a la escuela.

La letanía no incluía algunos datos que ayudarían a completar la fotografía. La esperanza de vida de los gitanos que viven en Italia es de 35 años. Su índice de mortalidad infantil es 10 veces más alto que el de los niños no gitanos. El último robo de un niño a manos de un gitano fue registrado en Italia en 1899.

"La estrategia del odio fue calando y dio muchos votos a la Liga y a la derecha", recuerda Malini. "Los gitanos pasaron de ser una molestia a convertirse en el centro de la emergencia de seguridad. Ahora, la consigna oficial es salvar a los niños gitanos de los ratones y de la explotación de sus padres. Para conseguir ese objetivo tan loable vale todo: que la policía los acose, aplicar ordenanzas discriminatorias como la de las huellas dactilares, e incluso sustraerle niños a las familias acusándolos de mendicidad o hurto para llevarlos al Tribunal de Menores. Hemos denunciado al Parlamento Europeo varios casos en Nápoles, en Rímini y en Florencia. ¿Quién roba niños a quién?".

Otra opción consiste en arrasar las chabolas ilegales e invitar a los pobladores a volver a su país. El 24 de abril, el gobernador de Lombardía envío la excavadora al barrio milanés de Giambellino con un grupo de antidisturbios. El minicampamento donde vivían los Covaciu quedó hecho escombros en un minuto. "Fue un desalojo brutal", recuerda Malini. "Les obligaron a salir de las chabolas y los pusieron en fila a contemplar la destrucción". Rebecca: "Nos dijeron que no podíamos recoger nuestras cosas porque con el nuevo Gobierno ya no íbamos a poder seguir en Italia". Los Covaciu y cinco familias más lo perdieron todo. "Estuvimos unos días durmiendo en la Casa de Caridad y Roberto nos mandó a Nápoles", añade.

Cuando el tren llegaba al sur, una turba organizada por la Camorra atacaba y quemaba los campamentos de Ponticelli, donde vivían 700 personas. "Dormimos en una escuela, había muchos rumanos", recuerda Rebecca. "Las mujeres contaban que pasaron mucho miedo. Se acercaba gente a las ventanas y nos gritaba: '¡Fuera de aquí, zíngaros, iros a vuestro país!".

Nuevo regreso a Milán. Rebecca sigue dibujando, el Gobierno anuncia las medidas de emergencia rechazadas esta misma semana en el Parlamento Europeo. Además de princesas y playas imaginadas, la niña pinta su vida real. Retratos de la marginación, la diáspora, la mendicidad. EveryOne los presenta al premio de Unicef. Entre 150 candidatos, Rebecca gana con Los ratones y las estrellas. "Primero dibujé a Roberto, me dijo que era una artista. Hice otros más, los puso en su página web y me dieron el premio y esta medalla".

Los medios la convierten por un día en "la pequeña Ana Frank del pueblo gitano". Sus dibujos viajan a la exposición colectiva Psique y cadenas, inaugurada el Día del Holocausto en Nápoles. Y son recibidos como testimonio contra la segregación racial en el Museo de Arte Contemporáneo Hilo de Hawai.

Toda la familia Covaciu, con Rebecca



Tras la fama efímera, los Covaciu instalan su nueva tienda de campaña en la zona de San Cristóforo. Una mañana, hace 10 días, llegan dos hombres a la tienda y, sin mediar palabra, empiezan a pegar a Ioni y a Rebecca. El padre intenta defenderlos y también cobra. La ONG decide contarlo a la prensa. Dos coches de policía vuelven al lugar. "Eran los mismos del día anterior, pero esa vez llevaban uniforme", dice Rebecca. "Me metí en la tienda y me tapé con la manta, los policías se llevaron a papá y empezaron a pegarle. Le oía gritar muy fuerte".

"Traumatismo craneal por agresión". Eso dice el parte médico que el pastor evangelista recibió en la casa de socorro. Allí le visitaron otros policías. El mensaje era claro: "Si denuncias, volveremos". Covaciu decide denunciar. Eso supone irse de la ciudad, alejarse, esconderse. Ahí aparece la pareja de Potenza. "Cuando el Estado maltrata así a la gente, lo que consigue es que surja la solidaridad", medita el señor G.

Los Covaciu llegaron de noche a esta preciosa zona de Italia. A sólo dos kilómetros, hay un pueblo tranquilo, un colegio rural y un cura, don Michele. "La historia de los Covaciu prueba que no tenemos una política de integración", explica. "Todo depende del voluntarismo de la gente. Como la Biblia es una historia de emigración, Dios no se asusta".

Rebecca se despide regalando dibujos a todo el mundo.

-¿Qué vas a ser de mayor?

-Quiero cuidar de los niños pobres y ser pintora.

-¿Y tú crees que en Europa hay racismo?

-¿Qué significa racismo?