"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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viernes, 5 de septiembre de 2008

La vejez se puede detener




Las personas mayores tienen cada vez más armas para frenar las manifestaciones del envejecimiento



Las personas mayores tienen cada vez más armas para frenar las manifestaciones del envejecimiento

Las personas mayores tienen cada vez más armas para frenar las manifestaciones del envejecimiento

EL PAÍS, JESúS CISCAR - 04/09/2008


Los científicos creen que el deterioro físico no es un mandato de la evolución y es tratable - El envejecimiento ya se ve como enfermedad

Fuente: EL PAÍS, MÓNICA SALOMONE 04/09/2008

Nadie diría hoy que ser viejo equivale a estar enfermo, aunque ningún fármaco puede evitar las canas y las arrugas, ni la pérdida de agilidad y vigor. Pero la agencia del medicamento estadounidense, la FDA, ya ensaya medicamentos en animales para retrasar el envejecimiento. No es que la píldora de la eterna juventud esté al caer, ni mucho menos, pero el interés de las compañías farmacéuticas por buscar una cura para el deterioro físico es cada vez mayor. La razón es que los científicos se han dado cuenta de que envejecer no es un imperativo de la evolución, sino un proceso alterable. ¿Sería posible retrasarlo mucho? ¿Incluso evitarlo? Son preguntas hasta hace poco dentro del ámbito de lo fantástico, pero que hoy generan investigaciones de primera línea. Los hallazgos de los últimos años han hecho que hasta los científicos más ortodoxos, los mismos que ven en las proliferantes terapias antiedad sólo un producto de mercadotecnia, se planteen cómo prolongar la vida humana.

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Cáncer o alzhéimer son las distintas caras de un problema único

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Los organismos se renuevan casi por completo de forma continua

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Hay mutaciones que alargan un 40% la vida de gusanos o ratones

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Aunque habrá que tener paciencia. Ninguna de las sustancias en pruebas se ha mostrado por ahora efectiva, según se explica en un reciente artículo de la revista Nature. Pero se sabe, por ejemplo, que en levaduras, en la mosca de la fruta y en el gusano Caenorhabditis elegans un compuesto llamado resveratrol presente en la piel de las uvas, en el vino tinto y en las nueces afecta la actividad de un gen implicado en la longevidad. También se sospecha que un antibiótico antifúngico y un fármaco empleado en la diabetes podrían interferir con la acción de genes similares. Lo mismo que un antitumoral en pruebas.

Tras este nuevo filón farmacéutico hay un cambio de paradigma científico: que el envejecimiento biológico no es una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Por ejemplo, no había muchos viejos hace 50.000 años, aunque los genes de aquellos primeros Homo sapiens fueran como los nuestros.

Esto -y otras muchas evidencias- ha guiado a los investigadores hasta una idea clave: no es obligatorio envejecer desde el punto de vista evolutivo. El envejecimiento no es como el cambio de dentición, que claramente otorga ventajas, o la pubertad, que prepara al organismo para reproducirse. A la evolución le da lo mismo que nos salgan canas y arrugas. De lo que se deriva que el envejecimiento no es inmutable.

La esperanza de vida en el mundo desarrollado ha aumentado unos siete años en las últimas tres décadas, y el último informe de Eurostat, publicado hace unos días, dice que los mayores de 65 años constituyen ahora el 17,1% de los europeos, y serán el 30% en 2060. También serán más los octogenarios: del 4,4% actual, al 12,1%. Los demógrafos son los primeros sorprendidos. "La mortalidad de los mayores no se estanca, sino que baja. Esto era totalmente inesperado", dice Julio Pérez Díaz, demógrafo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Y, sin embargo, puede que el cambio mayor aún esté por llegar. Se planteaba en Nature: "La cuestión no es si la duración media de la vida humana aumentará modestamente en las próximas décadas. Eso ocurrirá casi con toda seguridad. La cuestión es más bien si es factible posponer el envejecimiento humano y la muerte natural por muchas décadas, incluso de forma indefinida". ¿Décadas de vida extra? ¿Inmortalidad? Suena ambicioso, pero los autores dejan claro que su análisis nada tiene que ver con las terapias antiedad hoy en boga. Ellos parten de una pregunta muy básica: por qué a partir de cierta edad el organismo empieza a funcionar de forma menos perfecta. La respuesta está en la evolución.

María Blasco, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), cuyo trabajo con una molécula llamada telomerasa ha abierto toda una nueva vía de investigación en esta área, señala: "El envejecimiento no es un programa genético seleccionado y conservado por la evolución; más bien sería un colapso del organismo". El envejecimiento ocurriría por defecto, por así decir, y no porque confiera una ventaja al individuo. "Hay varios argumentos. Uno es que el envejecimiento es muy raro en la naturaleza. Otro es que, en caso de envejecer, esto se hace una vez que el individuo se ha reproducido y ha criado a su descendencia, y, por tanto, lo que le pase a partir de ese momento no va a trascender (en términos genéticos, no se va a trasmitir a ninguna descendencia). A la evolución los viejos no le importan", prosigue Blasco. Los paleoantropólogos podrían comentar que tal vez la longevidad dé ventajas evolutivas no a quien la disfruta, sino a sus descendientes, como sabe cualquier familia con abuelos cuidaniños. Pero ésa es otra historia.

¿Qué pasa en un cuerpo que envejece? ¿Cuáles son los mecanismos biológicos responsables de contribuir a su colapso? Descubrirlo vale la pena, sobre todo si se pretenden combatir esos mecanismos. Además, aquí hay un elemento interesante: la relación del envejecimiento y la enfermedad. Cobra fuerza la idea de que las dolencias más frecuentes en edad avanzada, como el cáncer o el alzhéimer, son distintas caras de un problema único: el envejecimiento. Esto implica que conviene desentrañar la biología del envejecimiento para atacar conjuntamente enfermedades en las que hoy se investiga por separado.

"Los cambios biológicos que nos predisponen a enfermedades fatales e incapacitantes están causadas por el proceso del envejecimiento. Por eso debemos convertir en prioritarias las intervenciones para retrasar estos procesos", afirmaba tajante ya en 2005 Jay Olshansky, biogerontólogo de la Universidad de Chicago, en un célebre artículo publicado en The Scientist.

En esta misma línea, Jesús Ávila, del Centro de Biología Molecular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), comenta: "El envejecimiento es un riesgo para muchas enfermedades: sabemos que hay procesos comunes, y que lo que cambia es el tipo celular". La científica Blasco apuesta también por el ataque conjunto: "La clave está en alargar la vida de nuestros órganos y tejidos, y para ello hay que entender los mecanismos moleculares del deterioro".

No hay respuestas unánimes para cuáles son esos mecanismos. Pero hay hipótesis. Se acepta, en general, que el organismo va acumulando daños, por ejemplo en el material genético de las células, a medida que pasa el tiempo. Son daños debidos a procesos como la liberación de los famosos radicales libres, inevitable subproducto de nuestra respiración. Y una idea reciente es que, de estos daños, los más importantes son los que afectan a las células madre. Lo explica Ávila: "Nos estamos recambiando todo, incluso parte del sistema nervioso central, gracias a las células madre adultas en nuestro organismo. Hay quienes creen que con los años las células madre se agotan. Pero, ¿por qué?".

Y ahora, la gran pregunta: ¿qué posibilidades reales hay de frenar o incluso revertir el envejecimiento? Los autores del artículo de Nature recuerdan que hoy se conocen cientos de mutaciones genéticas capaces de prolongar la vida -a veces hasta en un 40%- en gusanos, levaduras, moscas de la fruta y ratones. Son genes implicados en el crecimiento, el metabolismo, la nutrición y la reproducción. Muchos tienen efectos bioquímicos similares a los que desencadena un comportamiento que, según se sabe hace ya un siglo, prolonga la vida de los ratones en el laboratorio: la restricción calórica. Esto es, comer muy poco, aunque sin caer en la malnutrición.

La restricción calórica es, de hecho, lo único que, aparte de las manipulaciones genéticas, se ha demostrado efectivo en ratones -no en humanos- para alargar la vida.

¿Se lograrían resultados igual de llamativos con humanos? Nadie lo sabe. ¿Y la manipulación genética? Los autores del citado artículo advierten de que el aumento de la longevidad debido a mutaciones es menor a medida que la complejidad de los organismos crece. Tal vez en los seres más complejos los circuitos genéticos implicados en la extensión de la vida estén regulados a su vez por otros circuitos, aún desconocidos.

Pero el mensaje global no es pesimista. La investigadora Blasco, con su grupo, está tratando de obtener un alargamiento importante de la vida en ratones combinando varios genes. Que no sea sólo un gen en ratones "quiere decir que para afectar a la longevidad significativamente en humanos seguramente habrá que combinar distintos fármacos".

Tal vez no haga falta actuar sobre los genes. Otra posible estrategia es hacer artificialmente el trabajo de regeneración que unas ancianas células madre ya no pueden llevar adelante. Algo así como ir al mecánico a por un repuesto, sólo que celular. Para hacer realidad algo así habría primero que obtener células pluripotentes -capaces de diferenciarse en cualquier tipo celular- posiblemente a partir de embriones creados con células adultas de cada individuo. Y faltaría por resolver además el problema del cerebro: las neuronas que almacenan los recuerdos, las experiencias vitales, no se regeneran. ¿Quién querría tener un cerebro joven pero en blanco?

Así pues, los científicos de Nature responden con un "no lo sabemos aún" a la pregunta de si el hombre podrá algún día ser inmortal, pero se muestran optimistas con respecto a la posibilidad de alargar nuestra existencia y conseguir además que ésta sea mejor. "Hace dos décadas, la prolongación de la vida era una fantasía, mientras que ahora se buscan fármacos exactamente para eso. No hay razón científica para no esforzarse por curar el envejecimiento, de modo similar a como lo hacemos hoy con el cáncer y otras enfermedades", concluyen.

Años ganados

Cuando se habla de aumento en la esperanza de vida suele haber una reacción inmediata: ¿y las pensiones? Las previsiones de Eurostat indican que en 2060 habrá sólo dos trabajadores por cada jubilado, frente a los cuatro actuales. Pero varios expertos niegan que esas cifras conduzcan a un colapso del sistema. El demógrafo Julio Pérez Díaz resalta el "enorme aumento de productividad" de las últimas décadas, que ha permitido multiplicar la riqueza que un único trabajador genera. Como no cree que esa tendencia vaya a cambiar, duda de que vaya a hacer falta prolongar la vida laboral. En cambio, un estudio de la Fundación de Estudios Financieros sí que considera "un riesgo" la longevidad de los españoles, y afirma que "los cambios demográficos, si se quiere mantener la equidad social, sólo pueden afrontarse con un incremento del ahorro y una prolongación de la edad de jubilación".

Pero el dinero no lo es todo. ¿Cómo cambiará la sociedad? ¿Qué papel jugarán los mayores a medida que vayan siendo cada vez más? Los años ganados serán, se cree, de salud. "Es lo que ha venido ocurriendo hasta ahora", dice Pérez Díaz. En su opinión, las ciudades se adaptarán cada vez más, incluso arquitectónicamente, a las necesidades de los abuelos, que, por su parte, constituirán un mercado y desempeñarán funciones nuevas. Se consolidará la tendencia iniciada ahora: los mayores cuidarán a los niños y a los dependientes, y los jóvenes producirán.

lunes, 10 de marzo de 2008

¿CÓMO UTILIZAN LAS FARMACÉUTICAS SU PODER ECONÓMICO?

FUENTE: http://www.fespinal.com/espinal/llib/es141.pdf
Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas
Teresa Forcades i Vila
Julio 2006


Las grandes compañías farmacéuticas utilizan hoy su riqueza y poder paradefender sus propios intereses a costa del bienestar, la salud y la vida de otraspersonas.

De acuerdo con el informe elaborado el año pasado (2005) por la comisiónde expertos del Parlamento inglés, los intereses de la industria farmacéutica ylos del conjunto de la población no coinciden: esta comisión constató que es“esencial poner en marcha un régimen regulador eficaz que consiga que la industriafarmacéutica no perjudique el bien común” y determina que “el objetivode los nuevos medicamentos debería ser conseguir que los pacientes obtenganun beneficio terapéutico real”. ¿Qué significa este lenguaje? ¿ElParlamento tiene que regular que las compañías farmacéuticas se dediquen acrear medicamentos que sean útiles para los pacientes? Si no producen medicamentosútiles, ¿a qué se dedican hoy por hoy estas compañías? ¿Cómo obtienenlos mil millonarios beneficios que hacen que el mismo informe que estamoscitando afirme que la industria farmacéutica debe ser considerada “una joyaen la corona inglesa” porque es la tercera industria más rentable del país,tras el turismo y la banca? ¿Cómo consigue sus beneficios esta industria sisu principal actividad no es realizar medicamentos útiles?
Las principales estrategias utilizadas hoy por la industria farmacéutica paraobtener sus ganancias mil millonarias son las siguientes:

1) comercializar y efectuar una extraordinaria presión propagandística delos medicamentos que fabrica, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos e inclusomortales;
2) explotar al máximo los medicamentos (incluidos los esenciales) en formade monopolio y en condiciones abusivas que no tienen en cuenta lasnecesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad adquisitiva;
3) reducir a la mínima expresión o eliminar totalmente, en algunos casos, lainvestigación de las enfermedades que afectan principalmente a los pobres, porqueno resultan rentables, y concentrarse en los problemas de las poblacionescon un alto poder adquisitivo, aun cuando no se trate de enfermedades (como laproliferación de “medicamentos” antienvejecimiento);
y 4) forzar las legislaciones nacionales e internacionales a que favorezcansus intereses, aunque sea a costa de la vida de millones de personas.

Medicamentos inútiles, nocivos e incluso mortales

Datos de la agencia reguladora de los medicamentos de EEUU (FDA)muestran que entre 1998 y 2002 se registraron 8 suicidios en EEUU entre enfermosde epilepsia que tomaban gabapentina de la casa Pfizer (su nombrecomercial es Neurontin). En el primer semestre de 2003, el número de suicidiosregistrado fue de 17. Después de que un bufete de abogados estadounidensehiciera públicos dichos datos y se abriera un registro propio de los citadosincidentes, en los 12 meses que van de septiembre de 2003 a agosto de 2004 sedocumentaron 2.700 intentos de suicidio entre los enfermos que tomaban gabapentina,de los que 200 terminaron con la muerte del enfermo. 2.500 intentos fallidos y 200 muertes en 12 meses. En noviembre de 2004 la revista BritishMedical Journal (BMJ) informaba del hecho que, una vez se les habían remitidolos datos, ni la compañía Pfizer ni la agencia reguladora FDA habían tomadotodavía medida alguna, ni siquiera la de indicar en el prospecto el incremento delriesgo de suicido. En el momento de escribir estas líneas he consultado la páginaweb de la compañía Pfizer. En los advertimientos, Pfizer deja constanciade la posibilidad que el Neurontin incremente el riesgo de suicido, pero para encontraresta información tienen que leerse 26 páginas de explicacionesfarmacológicas y de posibles efectos secundarios.

En cuanto al antidepresivo sertralina (Zoloft), también de la casa Pfizer, elmismo BMJ informaba que la compañía había ocultado información sobrelos posibles efectos secundarios de intento de suicidio y agresividad. Tras elcaso de Christopher Pittman (un niño de 12 años que empezó a mostrar un comportamiento altamente agresivo a las pocas semanas de iniciar un tratamientocon sertralina y que, dos días después de que le doblaran la dosis, asesinó a susabuelos e incendió su casa) y una acumulación de evidencias en dicho sentido,la agencia europea de regulación de los medicamentos finalmente ha desaconsejadosu uso en menores.
Los medicamentos inútiles se conocen en el argot farmacéutico con el nombre de“medicamentos yo también” (me-too drugs). Estos medicamentos sediseñan y comercializan con el objetivo de sustituir a un medicamento anteriorcuya patente está a punto de expirar. Por lo que refiere a sus propiedades terapéuticas,son esencialmente las mismas que las del medicamento anterior pero,dado que se aprueban como si fueran medicamentos nuevos, la compañía farmacéuticaque los fabrica tiene derecho a explotarlos en régimen de monopolioprotegido por el derecho de patente durante unos cuantos años. El éxito de losmedicamentos inútiles se explica únicamente por el poder del marketing sobrelos médicos y los pacientes.

Un ejemplo de estos medicamentos sería la cerivastatina de la casa Bayer(sus nombres comerciales son Baycol, Lipobay, Cholstat y Staltor), un medicamentoanticolesterol que en el año 2001 tuvo que ser retirado del mercadocuando se comprobó que había sido el causante de 1.100 casos de rabdomiolisissevera (destrucción muscular que puede ser irreversible) y de un centenarde muertes.

Otro ejemplo aún más reciente es el de los antiinflamatorios Vioxx (de la casaMerck) y Bextra y Celebrex (de Pfizer). Estos medicamentos no demostraronningún beneficio objetivo en los ensayos clínicos previos a su comercializaciónque los comparaba con otros antiinflamatorios ya existentes, peroen 1998 y 1999 recibieron el visto bueno de las agencias reguladores porquese esperaba que tuvieran menores efectos secundarios. En septiembre de 2004,Vioxx se retiró del mercado después de que se constatara que sus efectos secundariosno sólo no eran menores sino que incluso eran mortales (ataques alcorazón y embolias). La agencia reguladora de los medicamentos en EEUUconsideró que Vioxx podía haber sido responsable de 27.785 muertes por ataqueal corazón entre 1999 y 200339. En abril de 2005, Bextra y Celebrex (dePfizer) se retiraron también del mercado tras unos cuantos meses de estira yafloja con las autoridades sanitarias que pusieron de manifiesto la gran influenciapolítica de estas compañías.
Cuando se desarrolla un nuevo medicamento, siempre existe un riesgo deefectos secundarios no deseados que no han podido detectarse en la fase de estudio.Hay que contar con ello. Pero, entonces, si todo nuevo medicamento tieneun riesgo potencial de causar efectos secundarios serios o incluso la muerte,¿por qué se desarrollan medicamentos nuevos que no aportan ninguna mejoraterapéutica respecto a otros ya existentes? ¿Por qué los producen los laboratorios?¿Por qué las agencias reguladoras los aprueban? ¿Por qué los médicoslos recetan?
Dentro de este apartado de comercialización injustificada, deben mencionarsepor último los medicamentos destinados a curar enfermedades –como ladisfunción sexual femenina– que la industria farmacéutica ha creado segúnsus intereses.

Algunos ejemplos de condiciones de la vida humana etiquetados como“enfermedad” para poder comercializar medicamentos que las sanen seríanla menopausia (para poder vender tratamientos hormonales sustitutivos quehoy en día han demostrado un inaceptable nivel de efectos secundarios); latristeza más o menos fisiológica, adaptativa o incluso creativa, que se etiquetade depresión, para poder vender antidepresivos (que ya hemos visto quepueden causar homicidios y suicidios); y las dificultades de memoriapropias de la gente mayor que se etiquetan como “déficit cognitivo incipiente”para poder vender medicamentos antidemencia (al saber que sufrendemencia los ancianos se deprimen y entonces, además del medicamento antidemencia,puede vendérseles un antidepresivo).

En inglés tienen una expresión popular para denunciar esta penetración abusiva del modelo médico en ámbitos de la vida que no le son propios; dicen: “a pill for every ill”.

El informe 2005 de la comisión de expertos del Parlamento inglés constataque en 2003 se vendieron en Inglaterra 650 millones de medicamentosde receta (o sea, sin tener en cuenta todos los medicamentos quepueden adquirirse directamente en la farmacia sin que los recete un médico).Este número refleja un incremento del 40% respecto a los medicamentosvendidos 10 años antes y significa que cada ciudadano inglés toma unamedia de 13,1 medicamentos de receta al año.

Este mismo informe especifica que “está claro que no puede acusarse ensolitario a la industria farmacéutica del problema de la medicalización de lasociedad, pero dicha industria ha exacerbado el problema estimulando unaconfianza enfermiza en el uso de los medicamentos; la tendencia actual escatalogar cada vez más y más individuos como 'anormales' y necesitadosde tratamiento farmacológico”.Según la red de centros regionales de farmacovigilancia de Francia, todos losaños, 1.300.000 franceses son hospitalizados en el sector público por efectos indeseables de un medicamento. Este número es el 10% del total de lashospitalizaciones. De estas personas, una tercera parte se encuentran en estadograve y 18.000 mueren cada año (el doble del número de muertes por accidentesde carretera).

Explotación de medicamentos esenciales en condiciones abusivas

Al discutir la comercialización de los antirretrovirales en África, hemos vistoel brutal impacto que la nueva legislación sobre patentes, en vigor en 2005,tiene sobre el acceso a los medicamentos esenciales en los países pobres.Pignarre caracteriza así la respuesta de las grandes compañías farmacéuticas alas denuncias que les llegan de las organizaciones humanitarias:
“La industria farmacéutica explica que todo ataque al derecho de patentesen el Tercer Mundo, y en particular enÁfrica, con relación a los medicamentoscontra el SIDA, significará el final de unas investigaciones que ya nadiequerrá financiar. (...) No obstante, si se sigue dicho razonamiento, el progresono podría continuar sin el precio de millones de vidas humanas que habitan enel Tercer Mundo, y ello teniendo en cuenta que este progreso del que se hablaes sólo una promesa… Incluso si fuera una promesa plausible, se trataríade optar por prolongar la duración y la calidad de vida de las poblaciones privilegiadasdel Norte a costa de acortar de forma inmediata, en decenas de años,la esperanza de vida en el Sur. ¡Lo que equivale a condenar al 90% de quienestienen necesidad de medicamentos para seguir viviendo, para que los precios sigansiendo elevados para el 10% de los privilegiados! Esta dialéctica obscenaen la que, de modo unánime, quiere encerrarnos la industria farmacéutica delos países ricos, es el inicio de un reinado de terror”.

En plena polémica sobre la obligatoriedad impuesta a los países pobres derespetar las abusivas patentes de los antirretrovirales a costa de la vida de susciudadanos, la Oficina Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) –que formaparte de la ONU– elaboró un documento de propaganda a favor de las compañíasfarmacéuticas en el que tachaban de “mitos” y se refutaban con argumentosfalsos las seis acusaciones principales contra el sistema de patentes.Reproducimos en versión resumida la formulación que hizo la OMPI de tales“mitos” y algunos de los comentarios que hace sobre ello Ph. Pignarre:

1. Las dificultades de acceso a la atención sanitaria y de disponibilidad de medicamentos esenciales son consecuencia del sistema de patentes.

Si ello es un mito, ¿por qué los países que no respetaron el sistema de patentes(como India) han podido actuar mucho mejor contra el SIDA que los países que,por las buenas o por las malas, tuvieron que aceptarlos?

2. El coste elevado de los medicamentos es principalmente una consecuenciadel sistema de patentes que permite que los industriales fijen precios artificial-mente elevados.

Si ello es un mito, ¿por qué el fluconazol, un medicamento utilizado en enfermosde SIDA, tiene un precio de mercado que varía entre 14 y 25 euros en lospaíses donde Pfizer ha mantenido su monopolio y de sólo 0,75 euros en los paísesdonde existen genéricos? ¿Por qué la compañía india de genéricos Cipla proponea MSF un coste anual de la triterapia antisida de 350 euros por pacientecontra los 10.400 euros exigidos por los laboratorios occidentales?

3. El sistema de patentes favorece los intereses de los industriales a expensas delbien común.

A la práctica existe contradicción entre los intereses de los industriales y el biencomún. El mercado en general – muy particularmente el mercado de los medicamentos–no es libre; está sometido a regulación en todos los países. Actualmente,esta regulación favorece a los industriales. Como recomienda el comité de expertosdel Parlamento inglés, deberían modificarse las normas en favor de la saludpública.

4. El sistema de patentes imposibilita una auténtica competencia.Eso nadie lo dice. Sí permite la competencia, pero conforme a unas reglas queno favorecen el bien común.

5. El sistema de patentes es singularmente injusto con los países subdesarrollados,que deben dar respuesta a situaciones sociales y económicas muy complejasy deberían estar exentos de las obligaciones ligadas a la propiedad intelectualinternacional, especialmente en el caso de ciertos medicamentos.Ello no sólo no es un mito sino que se trata de una urgencia sanitaria de primeramagnitud. Debe instaurarse un forum internacional en el que EEUU no posea derechode veto.

6. Los tratados internacionales sobre la protección mediante patentes impidenel ejercicio del derecho humano fundamental a disponer de los medicamentosque pueden salvar la vida.Como hemos visto, hay casos en que esto es cierto. Es preciso un nuevo sistemade patentes.

El abuso del actual sistema de facturas de alimentación o de calefacexplotaciónde patentes no afecta sólo a ción y las de los medicamentos. Para re-los países del Tercer Mundo. En los pa-ducir gastos, hay quien toma sus mediísesricos, cada vez hay más gente que camentos día sí día no, y quien lostiene dificultades para pagar el precio de comparte con otros miembros de la fa-los tratamientos prescritos. Estas perso-milia. En EEUU no es raro que el precionas tienen que hacer equilibrios entre las de tomar un medicamento durante unaño sea de 1.500 dólares. Las personas de más de 65 años toman en este país (ycada vez más también en el nuestro) una media de 6 medicamentos. Ello representaun gasto de 9.000 dólares al año.

Investigación en función del beneficio económico potencial

En 2001, el grupo de Médicos sin Fronteras (MSF) para el estudio de lasenfermedades olvidadas publicó un informe titulado Desequilibrio fatal queimpactó a la opinión pública. MSF montó una exposición itinerante paradar a conocer mejor los resultados de su investigación. El informe concluyó quelas enfermedades que afectan principalmente a los pobres no tienen demasiadasopciones terapéuticas disponibles y casi no se investigan, a pesar de queafecten de forma grave o mortal a millones de personas y sean potencialmentecurables. Las enfermedades que afectan principalmente a los pobres seinvestigan poco y las enfermedades que afectan sólo a los pobres no se investigannada. Algunas de estas últimas no tienen opción terapéutica alguna, comola fase crónica de la enfermedad de Chagas, una infección que afecta a millonesde personas en Latinoamérica.

El título del informe, Desequilibrio fatal, se refiere al hecho de que sólo el10% de la investigación sanitaria mundial (la de las compañías farmacéuticasmás la de todos los gobiernos y universidades del mundo) está dedicada aenfermedades que afectan al 90% de los enfermos del mundo. Es conocidoel escandaloso desequilibro de riqueza de nuestro mundo, donde el 20% de lapoblación mundial disfruta y malgasta el 80% de la riqueza del planeta, y el80% de la población malvive y muere con el 20% restante de los recursos.Podría pensarse que en el ámbito de las enfermedades el desequilibrio podríacorregirse en parte porque es un tema que despierta la compasión y las ganasde ayudar, y donde hay muchas organizaciones internacionales implicadas…Pues bien, el desequilibro entre pobres y ricos propio de nuestro mundono sólo no se reduce en cuanto a la disponibilidad de medicamentos, sinoque resulta mucho peor. El 90% de los recursos sanitarios son dedicados a investigarlas enfermedades que afectan al 10% de los enfermos (los del PrimerMundo), y sólo un 10% de los recursos se dedican a investigar las enfermedadesque afectan al 90% de los enfermos.

Este dato se conoce como “desequilibrio 10/90”. Las enfermedades tropicalesson enfermedades olvidadas. Del total de 1.393 medicamentos comercializados entre1975 y 1999, sólo 13 (1%) estaban destinados al tratamiento de una enfermedadtropical. Las enfermedades olvidadas incluyen: la malaria, la tuberculosis,la enfermedad del suelo (tripanosomiasis africana), la enfermedad de Chagas(tripanosomiasis sudamericana), la úlcera de Buruli, el dengue, laleishmaniasis, la lepra, la filariasis y la esquistosomiasis. Excepto las dos primeras, todas estas enfermedades afectan casi exclusivamente a los pobres.

Hasta hace muy poco, los pacientes que sufrían la enfermedad del sueño sólotenían una opción terapéutica, muy dolorosa y altamente tóxica, porque elmedicamento contenía arsénico. Para los que sufren de forma crónica la enfermedadde Chagas, no existe aún tratamiento (la enfermedad sólo se da enLatinoamérica y recibe el nombre del médico brasileño que la describió porprimera vez en 1909). El agente causal es un parásito trasmitido por insectosque pican a las personas y les inoculan la infección. La fase aguda tiene unamortalidad muy alta, sobre todo en niños, y la fase crónica tiene un 32% demortalidad por las lesiones cardiacas y digestivas ocasionadas por la multiplicacióndel parásito. Se estima que unos 20 millones de personas sufren dicha enfermedad.
Los autores del informe de MSF, en colaboración con la Escuela de SaludPública de Harvard, enviaron un cuestionario a las 20 compañías farmacéuticasmás importantes del mundo solicitándoles información sobre susprogramas de investigación. Sólo 11 empresas respondieron; entre ellas, 6 delas 10 más importantes. Como hemos visto, estas compañías son gigantes empresarialescon miles de millones de beneficios anuales. De estas 11 empresas,no había ninguna que investigara la enfermedad del sueño y sólo 3 invirtieronalgo en una de las otras dos enfermedades más olvidadas del mundo: la enfermedadde Chagas y la leishmaniasis.
Se puede objetar que las empresas privadas tienen derecho a invertir su dineroallá donde les plazca, pero resulta que el dinero que financia las investigacionesno es sólo privado, sino que en 6 de las 11 compañías procedían de convenioscon la sanidad pública. Es decir, que el público en general pagamos dosveces por el mismo producto y, además, no tenemos control democrático sobrelas prioridades con que se gasta dicho dinero.

Pagamos primero para financiar las investigaciones y después para adquirirel producto. ¡Así no es de extrañar el nivel de beneficios! De los 17 ensayosclínicos que validaron los 5 medicamentos más vendidos durante elaño1995 (Zantac, Zovirax, Capoten, Vasotec y Prozac), sólo 1 había sido financiadopor la industria farmacéutica. Del conjunto de estudios que fueron relevantespara llegar a desarrollar estos cinco medicamentos, sólo un 15% fueronfinanciados por la industria farmacéutica; el 55% del trabajo de investigaciónprovino de NIH (institución pública que depende del gobierno de EEUU y es financiadaa través de los impuestos) y el 30% restante, de instituciones académicasde fuera de EEUU, financiadas en su mayoría también con dinero público.Un estudio de The Boston Globe sobre los 50 medicamentos más vendidos del1992 al 1997 demostró que 45 habían recibido financiación pública.Los investigadores de MSF dejan claro que no son sólo los laboratorios los responsablesdel desequilibrio fatal, sino todas las instituciones públicas y privadas que colaboranpara que la producción de medicamentos se oriente de forma exclusivaa la ganancia económica y se menosprecie el sufrimiento de los enfermos.Si, como hemos visto, las enfermedades más estudiadas no son las enfermedadesmás graves que afectan a la humanidad, ¿cuáles son, pues? Según el mismo informede MSF, en 2001 la mayor parte de los esfuerzos financieros e intelectualesde la investigación sanitaria de todo el mundo fueron destinados a investigarla impotencia, la obesidad y el insomnio.

Además de no ser tenidos en cuenta cuando de trata de decidir las prioridadesde la investigación de nuevos medicamentos, los enfermos de los países pobres–especialmente los africanos– son utilizados como cobayas para obtenerinformaciones sanitarias varias que después rentabilizarán sin que ningún porcentajede los beneficios obtenidos retorne a aquéllos que quizás han pagadocon su vida. En Kenya, por ejemplo, y bajo la responsabilidad de laUniversidad de Washington, se realizaron, a finales de la década de los noventa,estudios clínicos para observar la evolución natural de la enfermedad delSIDA. Lo que significa que, con la excusa de que hubieran muerto igualmente,se sometió a centenas de africanos a pruebas complementarias para analizarcómo iban deteriorándose hasta la muerte a medida que avanzaba la infecciónsin ofrecerles en ningún momento el tratamiento que podría haberla detenido.
En 2000, David Rothman, en el estudio La vergüenza de la investigaciónmédica, demostró que en 15 de los 16 ensayos clínicos que se llevaban a caboen países en vías de desarrollo para estudiar un método más económico deprevenir la trasmisión del virus del SIDA durante el embarazo, las mujeres delos grupos de control recibieron un placebo (una pastilla de azúcar) en vez deltratamiento con AZT que está demostrado que evita la trasmisión maternofetaldel virus. Según la convención de Helsinki para los protocolos éticos de lainvestigación médica, lo que debería haberse hecho habría sido comparar lanueva alternativa terapéutica con el tratamiento más eficaz de todos los existentes.Esto es lo que hizo la Escuela de Salud Pública de Harvard en su estudioen Tailandia. Fueron los únicos que lo hicieron así. El resto de los estudios–que reclutaron a un total de 17.000 mujeres– permitieron que la mitad de dichasmujeres se sometieran a las extracciones de sangre y las pruebascomplementarias requeridas en los protocolos de estudio y tomaran diariamenteuna pastilla que era de azúcar y no servía para nada mientras su saludiba empeorando por falta de tratamiento y el virus iba infectando a los hijos que llevaban en su vientre.