"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 23 de abril de 2009

El hambre y las nuevas tecnologías en agricultura

PERE PUIGDOMÈNECH EL PAÍS 23/04/2009

La actividad agrícola debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico

Puede que existan ya más obesos que personas que sufren hambre

Pocos se acuerdan de que en 2007 tuvimos una crisis mundial de producción de alimentos. En 2008 esa crisis no se reprodujo y la recesión económica que ahora está en marcha parece eclipsar todas las demás preocupaciones. Sin embargo, una reunión de alto nivel en Madrid hace algunas semanas nos recordaba que ambas crisis están dejando como secuela un aumento de la población con hambre o mal nutrida en el mundo. Y en Europa nos seguimos preguntando qué hacemos con nuestra política agraria común y qué tipo de agricultura queremos.

En el actual contexto de reorganización económica parece que la agricultura tiene una presencia marginal. La producción agrícola puede representar menos del 5% del PIB y de la población empleada en los principales países europeos. Sin embargo, la agricultura es una actividad esencial por razones distintas de su valor económico, aunque sea la base de la industria alimentaria, la mayor industria europea en términos económicos y de empleo. Lo es porque nuestra vida depende de ella. Aunque a algunos les pueda sorprender, hemos vivido durante siglos sin automóviles, sin electricidad, sin teléfonos ni televisión, pero nunca hemos vivido sin alimentos ni, desde que existe la sociedad organizada, sin agricultura. Ni, es la pura obviedad, lo podremos hacer en el futuro.

Hasta ahora no lo hemos hecho mal. Las predicciones maltusianas que se han hecho en diferentes momentos no se han cumplido, y la producción de alimentos ha ido aumentando más que la población, de forma que en términos globales la actual producción de alimentos podría en teoría ser suficiente para alimentar a toda la humanidad. Ello se ha conseguido de dos formas simultáneas, aumentando la superficie cultivada y haciendo que la agricultura sea cada vez más eficiente. Ya desde el inicio mismo de la agricultura hemos utilizado cualquier tecnología que estuviera a nuestro alcance para producir alimentos: mejores semillas, aperos de labranza, sistemas de cultivo y de riego, abonos y fitosanitarios.

Pero en este momento tenemos delante de nosotros una situación compleja. La demanda de alimentos se incrementa a la vez por el aumento de población y por una población más exigente. Pero no queremos recurrir a aumentar el terreno cultivado a partir de terrenos salvajes.

La deforestación nos preocupa por los efectos que tiene en el cambio climático y por la pérdida de diversidad biológica que representa. Sabemos además que algunas de nuestras prácticas agrícolas son muy agresivas para el medio ambiente. En nuestro país, el regadío consume más del 70% del agua superficial, y el uso excesivo de abonos y pesticidas es una importante causa de contaminación. Nos preguntamos, por tanto,si estamos consumiendo recursos irrecuperables en el futuro. Y sobre todo, tal como nos ha recordado la última reunión de Naciones Unidas en Madrid, no estamos cumpliendo el objetivo de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo en el horizonte de 2015. Nos encontramos en un mundo en el que se produce la terrible paradoja de que el número de individuos con un problema de obesidad puede haber superado al de personas con hambre.

Es en este entorno en el que el presidente de la Comisión Europea solicitó al Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías una opinión sobre cuál es el marco en el que puede plantearse el uso de nuevas tecnologías en la agricultura. Porque aunque sepamos que la agricultura ha sido siempre una actividad dependiente de las tecnologías disponibles, algunas de ellas han planteado conflictos importantes. Por citar dos ejemplos recientes, las plantas modificadas genéticamente o los biocombustibles son objeto de discusiones intensas en Europa, en las que diferentes países miembros y diferentes colectivos sociales presentan actitudes muy contrastadas. Pero además nos encontramos en Europa en un entorno de reforma de la Política Agraria Común y con las negociaciones para la liberalización del comercio internacional encalladas por el tema de los precios agrícolas y las subvenciones a la agricultura.

En la opinión se trata de identificar los criterios básicos que sirvan a la hora de tomar decisiones y que se resumen en que las nuevas tecnologías deberían aplicarse en agricultura si contribuyen a asegurar una alimentación suficiente y segura para los humanos y si contribuyen a que esta producción pueda mantenerse a largo plazo.

Como ejemplo, desde esta perspectiva se puede tratar de enfocar dos de las cuestiones polémicas en Europa. Se puede reconocer que debe evitarse el cultivo de biocombustibles cuyo uso compita con la producción de alimentos, pero aceptar al mismo tiempo que pueden ser una alternativa a la dependencia del petróleo y ser un cultivo interesante para algunos agricultores. Por tanto, puede recomendarse que se cultiven en terrenos en barbecho y que se acelere la investigación para tratar de que el combustible se produzca a partir de lignocelulosa y no de almidón.

Igualmente puede reconocerse que las plantas transgénicas pueden dar lugar a cultivos más productivos, pero su uso debe hacerse en condiciones de un análisis detallado del impacto en relación con los posibles riesgos y beneficios que aporten.

Pero en Europa la agricultura es un tema muy político. Lo es en tanto que la Política Agraria Común sigue representando la mayor aportación del presupuesto comunitario y de ella depende la actividad de muchas zonas rurales y en tanto que esta misma política está en el centro de las discusiones internacionales sobre comercio. Por tanto, si se sigue la recomendación de introducir criterios éticos en la agricultura habrá que reconocer que el acceso a los alimentos es un derecho para todos los individuos del planeta y que la actividad agrícola en todas sus formas debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico. Y debería ser necesario que este tipo de criterios esté presente en las negociaciones internacionales.

En este entorno se propone que Europa tome sus responsabilidades como primer actor mundial en el comercio de alimentos y como defensora de valores que se proclaman desde la Unión Europea. Por ello Europa debería mantener el nivel que ha tenido siempre en el desarrollo de tecnologías que promuevan al mismo tiempo la producción agrícola y respeten el medio ambiente y la diversidad biológica. Europa podría ser determinante en la forma como se introducen estas tecnologías permitiendo que tengan acceso a ellas quienes más los necesitan y que se haga con respeto a las estructuras sociales y al conocimiento local europeo y en el contexto global. Por ejemplo, la introducción de ciertos criterios de propiedad intelectual en la producción de alimentos o la gran concentración en pocas manos de algunas de las etapas de su producción y distribución pueden acabar siendo una barrera para el acceso de quienes las necesitan a las nuevas tecnologías y sus productos. En las actuales discusiones internacionales, Europa puede ser decisiva para que se introduzcan en temas relativos a la agricultura y la alimentación criterios que respeten aquellos valores que decimos defender.

Pere Puigdomènech es miembro del Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías.

jueves, 2 de abril de 2009

Agricultura y cambio climático en España.La UE urge a España a transformar su agricultura ante el calentamiento



Las cosechas pueden caer hasta un 30% en la Península por el descenso de las lluvias - El sector deberá cambiar la rotación de cultivos y mejorar el riego

ANDREU MISSÉ - EL PAÍS Bruselas - 02/04/2009

España no puede perder el tiempo en la lucha contra el cambio climático. Sobre todo, en el terreno agrícola. Así se lo hizo saber ayer la Comisión Europea (CE) al presentar un paquete de documentos que servirán de base para adaptar a los 27 a los efectos del aumento de las temperaturas. La pluviosidad en la Península Ibérica puede descender hasta un 40% respecto a los niveles actuales, alertó. Si no se toman medidas, los rendimientos de las cosechas pueden caer hasta un 30% a largo plazo, "creando posibles riesgos de oferta de alimentos".

La Comisión llama a los Gobiernos a elaborar planes nacionales

Deberán revisarse las épocas de siembra por el cambio climático

La alerta está especialmente dirigida a los Gobiernos de los países del sur, que sufrirán de forma más severa el aumento de las temperaturas en las zonas terrestres y marítimas, la alteración de la cuantía y forma de las precipitaciones y la elevación del nivel del mar. Con el documento sobre agricultura en la mano, la CE les pide que identifiquen las zonas "vulnerables", que desarrollen planes nacionales para el sector agrícola y que impliquen a sus agricultores en esta adaptación a la nueva situación climatológica.

Para 2050, según la CE, puede ocurrir que las condiciones de producir ciertos cultivos, como los de primavera "se desplacen a las regiones del sur a latitudes más al norte". Por eso juzga imprescindible que los profesionales del sector establezcan rotaciones más equilibradas de cultivos, introduzcan producciones que necesiten menos agua y mejoren las técnicas de riego. Será necesario, además, revisar las épocas de siembra o los tratamientos contra las plagas que, apunta, serán cada vez más frecuentes.

Hasta ahora la UE ha centrado sus esfuerzos en impulsar medidas de mitigación del fenómeno tratando de reducir las emisiones de CO2. Ahora plantea medidas para adaptarse. "Aunque logremos la reducción de emisiones a las que nos hemos comprometido, cierta cantidad de cambio climático es inevitable", dijo ayer el comisario de Medio Ambiente, Stavros Dimas. "Por esta razón es esencial que empecemos a trabajar ahora con los Gobiernos, empresas y comunidades para que desarrollemos una exhaustiva estrategia de adaptación para la UE y aseguremos que esta adaptación se integra en las políticas claves de la Unión".

En el Libro Blanco sobre adaptación se identifican los sectores y actividades que resultarán más afectadas en los próximos 50 años. Más allá de la agricultura, la energía, el turismo, la salud humana, los recursos de agua, las infraestructuras y la biodiversidad sufrirán de lleno el impacto. Estados, como España, que ya ha elaborado el Plan Nacional de Adaptación, han diseñado sus propias estrategias. Por eso se propone como medida prioritaria crear un mecanismo de intercambio de información, para antes de 2011, que facilitará el acceso a la información de las zonas más vulnerables y las consecuencias.

Éstas serán las principales consecuencias:

- Agricultura. El calentamiento tendrá especial incidencia en la producción agrícola, la cría de ganado y la localización de la producción. Las temperaturas extremas incrementarán el riesgo de destrucción de cosechas. El riesgo de heladas aumentará notablemente en las producciones frutícolas. En el sur de Francia las floraciones de melocotones y albaricoques ya se han adelantado hasta tres semanas. También la vendimia y la recolección de maíz 10 días en una década.

- Energía. Los cambios en la pluviometría y el deshielo de los glaciares podrían suponer un aumento de la producción hidráulica de un 5% o más en el norte de Europa y una reducción de hasta el 25% o más en el sur. La caída de precipitaciones y las olas de calor también tendrán influencia negativa en los procesos de enfriamiento de las centrales térmicas.

- Infraestructuras. Las modificaciones del clima afectarán a edificios, sistemas de transporte y suministro de agua. La situación puede ser exacerbada por el aumento del nivel del agua.

- Turismo. Los cambios pueden afectar al descenso del nivel de la nieve en los Alpes y el aumento de las temperaturas en el Mediterráneo. Los modelos de turismo insostenible podrán agudizar los efectos del cambio climático.

- Salud humana. Las muertes y enfermedades relacionadas con el clima aumentarán. Los cambios podrán provocar el desarrollo de enfermedades infecciosas.

- Recursos de agua. Las limitaciones de agua disponible ya son un problema en muchas partes de Europa, que puede agravarse. Las zonas con serios problemas de agua pueden crecer desde un 19% de la superficie actual hasta un 35% en 2070 e incrementar las presiones migratorias.