"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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jueves, 7 de mayo de 2009

La gripe como síntoma.

JOAN SUBIRATS, EL PAÍS, 07/05/2009

El hacinamiento y las arriesgadas condiciones de producción y cría impulsan lo que ahora padecemos

Escribo este artículo sentado en el aeropuerto de Roma frente a un grupo de personas con rasgos orientales, cuyas caras lucen una imponente mascarilla. Mis colegas de banco les miran azorados. ¿Hacen bien previniendo lo peor? ¿Son víctimas del alarmismo desatado que bloquea vuelos de México (China), ordena sacrificar cerdos (Egipto), o aconseja no ir a Montmeló a ver la fórmula 1 ya que "Cataluña es la región europea más infectada" (ministra alemana dixit)? Uno de los casos más usados en los cursos de análisis de políticas públicas es el que narra la crisis de la gripe porcina que se desató en Estados Unidos en 1976, en plena campaña de primarias para la elección presidencial, y cuando la Casa Blanca estaba ocupada por un vacilante Gerald Ford, tras Watergate y la dimisión de Nixon. Los hechos son los siguientes. En el centro de instrucción de reclutas Fort Dix (Nueva Jersey), en un frío enero de 1976, un grupo de jóvenes reclutas tuvo problemas respiratorios. Muchos fueron hospitalizados. Uno de los que no lo fueron, tras realizar una marcha nocturna, murió. El médico del cuartel envió cultivos al laboratorio estatal. Muchos de los virus encontrados correspondían al tipo Victoria o de Hong Kong, responsable desde 1968 de la mayoría de gripes humanas. Pero, otros no respondían a esas características. Se enviaron los cultivos a Centers for Disease Control (CDC) de Atlanta. El 12 de febrero, el laboratorio del CDC informó del resultado: en cuatro casos, incluido el de la persona fallecida, el virus desconocido era el de la gripe porcina. Como se ha recordado estos días, en 1918, una epidemia causada por un virus de gripe porcina, produjo millones de muertes en el mundo entero, medio millón en Estados Unidos. Si bien, muchas de esas muertes fueron atribuidas a la neumonía que complicó la gripe y que ahora sería tratable con antibióticos, un número desconocido sucumbió a la misma gripe. ¿Sería el virus detectado en Fort Dix, tan virulento como el de 1918? Todo hacía suponer que los reclutas podían haber sido infectados por transmisión persona-persona. ¿Implicaba ello que un virus largo tiempo limitado a los cerdos, estaba ahora volviendo a las personas? ¿Implicaba un cambio antigénico? Si era así, nadie más joven de 50 años tenía anticuerpos específicos o capacidad de resistencia para afrontar esa infección.

Es evidente que esta historia tiene muchos puntos de contacto con lo que está sucediendo ahora. Riesgo, incertidumbre, ciencia y oportunismo político se unieron sin rubor alguno. David Sencer, director entonces del CDC, tras constatar que la infección en Fort Dix se había extendido a centenares de soldados, convocó una rueda de prensa. Al día siguiente, los medios recogieron la noticia, con imágenes de personas con mascarilla y con referencias la mortífera gripe de 1918. ¿Qué hacer? Era urgente decidir, ya que de existir el peligro de pandemia (a pesar de que no se conocían casos de gripe porcina fuera del cuartel), se necesitaban vacunas, y ello llevaba tiempo. La situación era complicada. Si se decidían por la posibilidad de pandemia, lanzaban el plan de vacunación, y luego no se producía la infección masiva, se habría gastado mucho dinero para nada. Pero, ¿y si no se tomaban esas medidas y luego ocurría la catástrofe? Por otro lado, aún se disponía de tiempo antes de la época del año en que se extienden las gripes. No había "grupos de riesgo". Todos los menores de 50 años eran susceptibles de ser infectados. Ello implicaba vacunar a 213 millones de personas. Coste aproximado en aquel momento, 134 millones de dólares. El memorando de Sencer al entonces presidente Ford, se inclinaba por lanzarse a la producción de vacunas en conjunción con la industria farmacéutica. Gerald Ford, preocupado por el ascenso de un tal Ronald Reagan en las primarias republicanas, aprovechó la ocasión para afianzar su imagen como presidente, y asumió sin pestañear el escenario más dramático en un mensaje a la nación el 24 de marzo. Ordenó fabricar la vacuna, y se empezó la vacunación masiva en octubre, un mes antes de las elecciones. En diciembre se suspendió el programa tras los graves efectos secundarios que la vacuna había causado en miles de personas, sin que posteriormente la epidemia estallase.

Los informes de estos días apuntan a que el riesgo de la pandemia es consistente. El virus de la gripe es mucho más flexible y mutable que otros que siguen asolándonos (sida, malaria, tuberculosis). De hecho, cada año, mueren muchas personas por la gripe ordinaria. A mayor movilidad, más riesgo de transmisión rápida. A más vacunas a cerdos y personas, evoluciones a cepas víricas más resistentes. La nueva gripe es un síntoma de los peligros que desata la vía de desarrollo escogida, y la falta de reflexión y precaución sobre avances científicos rápidamente convertidos en técnicas rentables. Lo dice la especialista Laurie Garrett en una revista no precisamente alternativa como es Newsweek: hemos escogido un desarrollo que potencia la evolución viral. Si en 1983 consumíamos 152 millones de toneladas de todo tipo de carne al año, en 1997 eran ya 233 millones y la previsión es que en 2020 necesitaremos 386 millones de toneladas de carne de cerdo, de pollo, de ternera o de pescado de granja para poder sostener el ritmo de consumo. Es precisamente en esa mezcla de voracidad y de un modo de producción que genera hacinamiento y arriesgadas condiciones de producción y cría, lo que impulsa lo que ahora padecemos. En el editorial de The Economist, la conclusión es distinta pero convergente: necesitamos ámbitos más globales de prevención y de gestión de este tipo de riesgos que acompañan el modelo de desarrollo por el que se ha optado. Mucha innovación y poca gestión de riesgos. Una combinación de más sosiego consumista, de más énfasis en los mercados locales de consumo alimenticio, y de más capacidad de gobernanza global, podrían facilitar el convivir con los riesgos, evitando la búsqueda de seguridades totales, imposibles de alcanzar. Como ya dijo Churchill "estamos en la era de las consecuencias".

jueves, 30 de abril de 2009

Los vecinos de La Gloria culpabilizan a la multinacional norteamericana Smithfields por los resíduos cárnicos de sus granjas


Misterio del virus y los mataderos

| Un niño de cuatro años, de La Gloria, que enfermó a primeros de abril | El foco de la gripe podría estar cerca de los excrementos de unas granjas


ANDY ROBINSON | LA VANGUARDIA El Paso. Enviado especial | 29/04/2009 |

El misterio sobre los orígenes del brote de gripe porcina, que amenaza con convertirse en una pandemia mortal a escala mundial, empieza a centrarse en las aguas fétidas de las ocho plantas cárnicas de Granjas Carrol, la filial de la multinacional estadounidense Smithfields en el estado de Veracruz. Según reconoció ayer el Gobierno mexicano, Edgar Hernández, de cuatro años, residente de La Gloria, un pueblo a ocho kilómetros del complejo de mataderos de la multinacional estadounidense que enfermó a primeros de abril es el primer caso conocido del nuevo virus de la gripe porcina - en realidad, un híbrido de virus procedente de cerdos, aves y seres humanos. Hernández estuvo afectado solo levemente por la nueva gripe mortal y ya se ha recuperado plenamente. El Gobierno había negado hasta el lunes pasado que la gripe de Hernández fuese gripe porcina es insistió en que el primer caso conocido de la nueva gripe era el de una mujer que murió en el estado sureño de Oaxaca el pasado 13 de abril. El ministro de Sanidad mexicano, José Córdova, restó importancia al caso ya que es el único ejemplo del nuevo virus encontrado en pruebas de 30 residentes del pueblo, todos con enfermedades respiratorias, que, según Córdova, sufrían una gripe normal. Por el contrario, no hay indicios de animales con el virus de gripe porcina en México.

Sin embargo, se empieza a mirar con lupa las denuncias de los 3.000 habitantes del humilde pueblo de Las Gloria, y otros en el entorno de los malolientes mataderos de la filial de Smithfields, rodeados de vastas lagunas de excrementos de un millón de cerdos. Los residentes de la zona hace más de dos meses que denuncian la propagación de enfermedades respiratorias como neumonía y bronquitis, con fiebre, tos y mucosidad, todos muy parecidos a los síntomas de la gripe porcina según informaba ya a primeros de abril, la respetada empresa estadounidense de seguimiento y alerta sobre epidemias Veratect. Según los residentes de esta zona de Veracruz, en el sudeste de México, tres niños de menos de tres años murieron por este brote de enfermedades. Los residentes atribuyen las enfermedades a la contaminación de agua y aire provocada por las acumulaciones de excrementos de las mataderos de cerdos y lo achacan a una insuficiente depuración. Según residentes del pueblo entrevistados por la prensa mexicana, hace meses que los vecinos viven inmersos en nubes de moscas. Cuando se empezó a informar en la televisión la semana pasada sobre el brote de gripe porcina, "nos dijimos: ¡si eso es lo que hemos tenido nosotros, son los mismos síntomas!" , dijo José Luis Martínez, residente de La Gloria en declaraciones a la agencia AP. Tampoco esta claro que sea científicamente posible que exista una relación directa entre esta clase de contaminación directa y la aparición de un nuevo virus.

Si se descubriese que existe un vínculo entre la nueva gripe y Smithfields, cuyas megaplantas de carne en el interior de EE. UU. y en México ha sido criticados por sindicatos y por defensores del medio ambiente. este hecho tendría unas repercusiones explosivas. En realidad es enormemente difícil identificar la raíz de esta posible pandemia, Una portavoz de Smithfields desmintió la posibilidad de que la gripe se originase en las plantas de Granjas Carroll ya que "no existen síntomas ni señales clínicas" ni en el ganado ni en los trabajadores de los mataderos. "Desmentimos por completo que el virus detectado en México se originase en cerdos, porque ha sido demostrado científicamente que no es posible". Smithfield Foods - con sede en Virginia-es el primer accionista de la española Campofrío y lleva a cambio una expansión global. Un director de Granjas Carroll en declaraciones a la agencia AP dijo: "Todos nuestros cerdos están vacunados; esta es una coincidencia desafortunada con un problema grande y serio con el nuevo virus de gripe".

Veratect - con centros de operación en Washington DC y Seattle-detectó desde finales de marzo una serie de incidencias extrañas en la zona de los mataderos de Veracruz. Ya a primeros de de abril informó de un aumento del 15% de enfermedades en la zona de La Gloria, principalmente respiratorias y gastroenteritis. Según Veratect, un funcionario de sanidad del municipio de La Gloria había atribuido las enfermedades que afectaban al 30% de la población de la Gloria a una mosca que se reproduce en los excrementos de cerdos pero que no tendría relación con la gripe porcina. El Gobierno mexicano insiste en que es imposible saber aún cuáles son los orígenes de este brote de gripe y - haciéndose eco de los sentimientos de muchos mexicanos que temen ser culpados por gestar un virus devastador-,Córdova ha dicho que podría "originarse en Europa o EE. UU.".

Aunque no sean la raíz de esa gripe porcina, las denuncias a Smithfields y Granjas Carroll, han puesto en el punto de mira el discutible impacto sobre la salud de la industrialización intensiva. En plantas como las de Granjas Carroll matan a un cerdo cada dos o tres segundos - lo que genera un billón en toneladas de residuos tóxicos. Y en el centro y sur de México proliferan mataderos de gran escala que aprovechan bajos costes de mano de obra y reglamentos laxos medioambientales.