"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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domingo, 19 de diciembre de 2010

La era de las posibilidades

Occidente sufre la insistente sensación de que su tiempo ha pasado; fuera, muchos países creen que ha llegado el suyo o que está cerca. Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional siguen necesitando una reforma que refleje el cambio del orden mundial

LA VANGUARDIA 17/12/2010
Roger Cohen

Roger Cohen es columnista de temas mundiales del The New York Times y del International Herald Tribune
La caída del Muro de Berlín liberó a Europa, pero su mayor impacto apenas se ha evidenciado en la primera década del siglo XXI. En nuestro vértigo, no vimos el derrumbe de otros muros: por ejemplo entre Turquía –país miembro de la OTAN– y Siria, entonces aliado soviético, donde por lo menos 60.000 minas terrestres sellaron en su día una frontera de casi 870 kilómetros y donde alrededor de 2.000 millones de dólares fluyen anualmente en transacciones comerciales a lo largo de una línea divisoria exenta de visados. Países satélites y ex repúblicas de la antigua Unión Soviética, como Bulgaria y Georgia, también descubrieron a la vecina Turquía. Abandonando su papel de confín de Occidente, Turquía se ha convertido rápidamente en eje central de Eurasia.

Un África destrozada en los días de la guerra fría por la batalla entre representantes soviéticos y estadounidenses, aprendió a mirar allende muros ideológicos, permitiendo no solo algunos hallazgos de buena vecindad –Sudáfrica y Mozambique– sino también el desarrollo del comercio con China, que ha aumentado pasando de 10.000 millones de dólares en el año 2000 a muy por encima de 100.000 millones de dólares en la actualidad. Se espera que África crezca un 5.2% en este próximo 2011, más del doble del ritmo pronosticado para Estados Unidos y Europa. El director ejecutivo de Coca-Cola ha identificado al continente africano como una de las principales prioridades de inversión de la empresa.

Estos cambios forman parte de las corrientes más profundas y pausadas, aunque invisibles, que manaron de Berlín.

Si Occidente vibraba de emoción hace dos décadas por recibir a una Europa libre y completa, actualmente está mucho menos satisfecho con un mundo donde se le pasa por alto más fácilmente. El austero menú fijo de relaciones de la guerra fría se ha convertido en un extravagante à la carte. ¿Qué podemos decir de las uniones matrimoniales peruano-indios? El papel central estadounidense se ha desgastado, Europa se ha vuelto políticamente marginal y Japón, miembro honorario de Occidente, es simplemente deprimente. “¿Dónde está nuestra influencia?”, se quejan los diplomáticos occidentales. Muchas veces tienen muy poca, como en el caso de Irán.

En otras partes, empero, hay entusiasmo y emoción. Latinoamérica, superando viejos reflejos y resentimientos, comercia ahora con China e India, explora nuevas oportunidades en África y poco le importa que Estados Unidos esté muy agobiado por la guerra y la incertidumbre como para prestarle mucha atención. “Una Latinoamérica con mayor confianza en sí misma no está descontenta con la atención de Estados Unidos en otra parte”, me dijo Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. “Atiende en cambio a Asia, cuyo interés en la región es enorme. La cooperación sur-sur crece al tiempo que no se ratifican acuerdos de libre comercio colombianos y panameños con Estados Unidos”, señaló.

En la actualidad, una división mundial esencial se abre entre un Occidente preocupado, deprimido y desorientado (donde el libre comercio se traduce en una pérdida de empleo) y el boyante, aventurero y cada vez más confiado mundo emergente de países como Brasil, Turquía y Sudáfrica. Occidente padece la insistente sensación de que su tiempo ha pasado; fuera de él, muchos países creen que ha llegado el suyo o que está cerca.

Aunque se habla de una nueva Era de Ansiedad, la neurosis de hecho está bastante circunscrita. Ciertamente, la desazón es patente en Estados Unidos, que sigue siendo, y con mucho, la economía más grande del mundo, y también es compartida por la Unión Europea. Los problemas que padecen –crecientes déficits, alto desempleo, envejecimiento de los baby boomers y esporádico rechazo de los inmigrantes– son espinosos. El exceso ha dado paso a la angustia. El apetitoso dinero se ha agotado.

Sin embargo, la gran mayoría de la población mundial vive fuera de estos exhaustos y sobrecargados enclaves. Para miles de millones de seres humanos, las oportunidades se amplían en lugar de contraerse, aunque de manera muy desigual. De hecho, cabe afirmar que esta es la nueva Era de las Posibilidades.

Estos cambios espectaculares entrañan peligros. Consideremos la irrupción de la Alemania de finales del siglo XIX en el escenario europeo como Estado-nación unificado y el siglo de baño de sangre y enfrentamientos que supuso solucionar la cuestión alemana. Tengamos en cuenta las convulsiones globales que cimentaron el auge de Estados Unidos en el siglo XX y el declive del imperio británico.

No creo que la transición de poder actualmente en marcha sea menos dramática. China es un enorme solar en construcción que apunta al pleno desarrollo para mitad de siglo y a un posible dominio en el año 2100. Ya ha producido una fenomenal riqueza. En otoño pasado conversé con Eric de Rothschild, quien dirige Château Lafite-Rothschild, la soberbia bodega de vinos bordeleses. “Conozco a gente que compró cajas de la cosecha 1982 y que ansiaba consumirlas”, me dijo. “Ahora, gracias a lo que los chinos están dispuestos a pagar, confían en comprarse un piso con las ganacias de su venta”, afirmó.

Llámesele agitación mundial: nueva riqueza que reemplaza a la vieja. Pero, por supuesto, resulta perturbador.

Estadounidenses y europeos de clase media observan cómo desaparecen empleos temporales en Guangzu o Bangalore; contemplan la pérdida de valor de casas para cuya compra pidieron prestadas enormes sumas; siempre han de trabajar más para mantener su nivel de vida y dar a sus hijos la educación exigida por un mundo moderno y que demandan las nuevas tecnologías; perciben una creciente desigualdad y ven que sólo los ricos se enriquecen; se preguntan si durarán los derechos sociales básicos, como la asistencia médica y las pensiones. Están sobreendeudados y, al parecer, son prescindibles. En resumen, se identifican con el personaje del cuadro El grito, de Edvard Munch. Y así comienza la búsqueda de chivos expiatorios y avanzan los movimientos políticos que los identifican. El próspero Tea Party es un movimiento estadounidense, pero muchas de sus pócimas se beben en la Europa del holandés Geert Wilders.

Sin embargo, no estoy preocupado en exceso. Esta impetuosa transformaciónde principios del siglo XXI se lleva a cabo con un puñado de ingredientes singulares que me hacen confiar en que la violencia que habitualmente ha acompañado estos cambios drásticos pueda evitarse.

El primero es el tejido de redes sociales que ahora se extiende por el mundo. Los quinientos millones de usuarios de Facebook constituyen cierto tipo de seguro contra la disgregación. Tal vez sea demasiado intangible como para satisfacer a las aseguradoras, pero no es despreciable. Estar en contacto mediante sistemas que borran las fronteras nacionales dificulta incurrir en conflictos violentos a gran escala según las líneas divisorias.

El segundo son las guarniciones estadounidenses en Asia que, situadas en un área de cambio más rápido, compensan el auge de China y tranquilizan a otras potencias. La Pax Americana todavía no ha muerto.

El tercero es el cansancio de Estados Unidos por la guerra casi una década después del 9 de septiembre de 2001; el período de atrincheramiento inaugurado por el presidente Barack Obama perdurará cierto tiempo.

El cuarto es la obsesión china con la estabilidad global. Se juzga en Pekín como el sine qua non del 9% de crecimiento anual que, a la vez, sostiene al gobierno del Partido Comunista.

Y el quinto es la profunda interdependencia de los vínculos chino-estadounidenses, una relación tan importante para cada parte que su ruptura es casi inconcebible.

Por tanto, existen importantes fuerzas estabilizadoras conforme cobra vida un nuevo mundo. Por eso el paradigma son las posibilidades. Pero aun bajo el gobierno de Obama presiento un Estados Unidos más inclinado a preservar la creencia en la influencia que tuvo que a aceptar los ajustes exigidos por el reequilibrio del poderío mundial. Tal actitud alimenta tensiones.

Las principales instituciones del mundo, como la Organización de las Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional, siguen necesitando una reforma que refleje el cambio del orden mundial. El G 20, sin el respaldo de ninguna estructura profesional significativa, representa un paso, pero inadecuado. La inestabilidad de las monedas está motivando una creciente preocupación sin ninguna señal de acuerdo sobre cómo solucionarla.

La perspectiva convencional de Estados Unidos hacia Oriente Medio –el tipo de mentalidad que ve a la nueva Turquía como insuficientemente ligada a Occidente, o que se imagina que la doble moral de tolerar el arsenal nuclear de Israel pasa inadvertida, o que afirma que ningún sector de los amplios movimientos políticos Hizbulah y Hamas podría ser llamado a participar de modo fructífero, o que se imagina que la opción de bombardear Irán no es una receta para un desastre casi inimaginable– sigue necesitando de una sacudida, sobre todo en el Capitolio.

Como consecuencia, Obama no ha sido un agente de cambio tan importante como sugerían sus discursos iniciales. El muro que parte Tierra Santa desaira la esperanza. El presidente estadounidense cada vez se parece más a un hombre inseguro sobre sus convicciones esenciales sobre quien se proyectó un erróneo idealismo en momentos en que Estados Unidos ansiaba una renovación.

En otros lugares, la renovación es real. Es palpable en Turquía, donde la tasa de crecimiento alcanzará el 7% este año. Todavía se libra una batalla entre el ardiente secularismo de Ataturk, fundador de la república moderna, y el islam moderado del gobernante PKA, pero en general me parece gratificante: la mezcla turca de ambas corrientes ideológicas es tonificante y es un recordatorio de cuánto disparate se vocifera sobre la supuesta incompatibilidad del islam con la modernidad. Estambul tal vez sea el principal revés mundial para los discípulos del punto de vista mundial del choque de civilizaciones.

Mientras aún se lucha por la esencia de Turquía, el nuevo panorama del país parece claro. “La geografía de Turquía es tal que no acepta la división Oriente-Occidente o Norte-Sur”, me dijo en una entrevista Ahmet Davutoglu, ministro de Asuntos Exteriores. “Estamos en Occidente, pero también somos uno de los principales protagonistas en Asia y Oriente Medio. Intentamos una normalización de la historia. La guerra fría fue una anomalía. El ‘telón de acero’ no estaba sólo en Berlín sino a nuestro alrededor. Por tanto, no teníamos buenas relaciones con nuestros vecinos”, precisó el ministro.
“Y observamos que para ser influyentes en nuestra región hay que tener una nueva imagen y expresarse con sinceridad, sin imponer nada”, continuó. Davutoglu está cansado de lo que considera una doble moral occidental: “Cuando participamos activamente en Afganistán, no nos dicen que nos estamos inclinando a Oriente. Afganistán es más oriental que Irán. Pero en lo relativo a Afganistán, a todo mundo agrada que estemos en Oriente”.

En 2011 se cumplirá el décimo aniversario del devastador ataque de Al Qaeda en Estados Unidos que dejó casi tres mil muertos en Nueva York y Washington. Contra la opinión de moda, Estados Unidos no invadió Afganistán –recuérdese la estrategia de la guerra argelina– por un motivo fútil. Resuenan las palabras de Kipling, casi 102 años después:

“Los puertos en los que no entraremos,
Los caminos que no pisaremos,
Anda, hazlos con tu vida
Y márcalos con tu muerte”.


Los límites del poderío de Estados Unidos en la actualidad son notablemente claros, aun cuando la forma en que se repartirá el poder en este siglo todavía joven, y con qué fin, sigue siendo una cuestión sin resolver; efectivamente, es un asunto escasamente abordado por aquellos a quienes –ya sean temerosos o dominadores– interesará e involucrará.

sábado, 11 de diciembre de 2010

¡Y a mí qué me importa Tiananmen!

ZIGOR ALDAMA (SHANGHÁI) EL PAÍS 03/12/2010

Egoísta, transgresora y violenta. La generación china de los hijos únicos alarma a un Gobierno que se plantea abolir las restricciones a la natalidad.

Es el pixelado típico de un vídeo tomado con un teléfono móvil. Está oscuro y la cámara se mueve con brusquedad. No obstante, se percibe la silueta de una chica desnuda con las piernas en alto. Se oyen risas, tanto masculinas como femeninas, y alguien enciende la luz. Se disipan las dudas. Un chaval se deshace del preservativo con una amplia sonrisa, mientras un grupo de adolescentes insulta a la colegiala de 17 años que acaba de ser violada en la habitación de un hotel.
    China

    China

    A FONDO

    Capital:
    Pekín.
    Gobierno:
    República comunista.
    Población:
    1,330,044,544 (est. 2008)

“Con el dinero que logro con sexo me he comprado un iPhone. Ahora quiero un iPad”
 
La humillación no acaba ahí. Ellas obligan a levantarse a la víctima y le propician una paliza. En un momento dado, ella misma se golpea. Los cuatro chicos que la han violado a petición de las chicas asisten divertidos al espectáculo. El vídeo no tarda en saltar de los teléfonos 3G a Internet, y pronto la víctima trata de suicidarse.
La historia no llega ni de EE UU ni de Europa. Es el incidente de Kaiping, la chispa que hace un par de años encendió un agitado debate sobre la demonizada generación de los noventa en China. "Son chavales producto de la política del hijo único, que ha dado un exceso de permisividad, y el neoliberalismo que se ha apoderado del país y ha provocado una crisis de valores", explica el sociólogo Xu Anqi, de la Universidad de Fudan.

No vivieron la Revolución Cultural de Mao ni la masacre de Tiananmen, y han crecido con un móvil en el bolsillo y el chat de QQ en el ordenador. Los tachan de egoístas, materialistas y propensos a la violencia. Les da igual. No temen al sexo, razón por la que muchas universidades han comenzado a prohibirlo en las zonas públicas de los campus, y la política no les interesa.

"¡Y a mí que me importa lo que pasó en Tiananmen!", dice Hu Yuan cuando se le pregunta por aquellos estudiantes que estuvieron en las mismas aulas que ella ocupa ahora. Lo suyo es el dinero. Para conseguirlo, el sexo es una vía más. No está sola. Existen incluso listados con estudiantes de secundaria y de universitarias que venden su cuerpo. "No creo que haya nada de malo. Con el dinero que saco a cambio de sexo me he comprado el iPhone 4, y ahora quiero un iPad", añade Hu.

En China hay ya más de cien millones de hijos únicos, producto de la política de natalidad introducida en los años ochenta que el Gobierno considera un éxito. Según datos oficiales, esta medida ha impedido el nacimiento de unos 400 millones de chinos. Pero ahora el Partido Comunista se plantea la abolición de la ley. China quiere hermanos que sirvan para mantener a los progenitores en un país en el que los servicios que proporciona el Estado son casi nulos. Y, de paso, la generación de los pequeños emperadores quedará como una anomalía social.

Para eso, tendrá que mejorar también la interacción entre padres e hijos, que es mínima. Un reciente estudio revela que la mitad de los estudiantes no tienen nada de qué hablar con sus padres excepto por las calificaciones escolares. Además de una elevada tasa de suicidios, esa presión también ha dado un buen número de adolescentes genios en casi todas las especialidades, razón por la que China tiene siempre algún joven que sobresale entre sus competidores mundiales. Pero el 89% de los progenitores reconocen que no les interesa nada más de sus descendientes que las notas. Un hecho que provoca el 60% de los problemas mentales de la generación posnoventa.

"Los adolescentes chinos se sienten solos e incomprendidos. La violencia crece y el sexo es una válvula de escape", asegura Xu Anqi. Muchos buscan el escándalo. Como una pareja que se dejó grabar tirada en el suelo del abarrotado metro de Shanghái mientras él la masturbaba a ella. Es uno de los vídeos divertidos. Los de bullying se cuentan ya entre los más brutales y dan la vuelta al mundo.

Mientras tanto, el Gobierno da palos de ciego. Hace unos meses prohibió el uso de lenguaje sexual en los SMS, una medida que ya ha dado pie a un nuevo diccionario. "Nos reímos de los dirigentes", reconoce Hu Yuan. "Si no podemos escribir 'follar', o 'mamada' lo haremos con otras palabras". El partido no sabe cómo actuar. Es más fácil sacar al ejército a la calle. Claro que, como asegura Ai Weiwei, uno de los principales disidentes políticos todavía en libertad en China, "la anestesia de la juventud elimina el peligro de revueltas sociales".

Porque esta generación puede ser transgresora en el sexo o violenta entre semejantes, pero nunca organizará una protesta como la que salpicó de sangre Tiananmen en 1989. "¿Para qué me voy a jugar la vida por un ideal en el que no creo si tengo todo lo que necesito?", se pregunta entre risas Wu Ming, una joven de último año de secundaria de la provincia maldita de Cantón.

jueves, 7 de octubre de 2010

Alguien debería contarles que...sus hipotecas ya están en manos del Tesoro chino

Las revelaciones de Sant Benet


Es una irresponsabilidad no contar todas las previsiones, que se supone que Zapatero conoce perfectamente

Rafael Nadal  LA VANGUARDIA 07/10/2010
Alguien debería convocar solemnemente a los ciudadanos españoles y contarles que dentro de 40 años la edad media de la población africana será de 18 años.


Alguien debería contarles que en el mismo plazo de tiempo la economía china será ya el 40% de la economía mundial. Alguien debería contarles que mantener el sistema de bienestar español dentro de 40 años requerirá quince millones de nuevos trabajadores.


Alguien debería explicar que mientras España mantenga la tasa de natalidad más baja de Europa deberá buscar estos trabajadores en países extranjeros, aunque desde un punto de vista de equilibrio social resulte insoportable.


Alguien debería decirles a los ciudadanos que todos hemos gastado más de lo razonable y que nuestras deudas, las de las familias, son muy superiores a las de las administraciones públicas y las empresas.


Alguien debería decirles que las hipotecas de sus casas en realidad no están en manos de las cajas y bancos que les prestaron un dinero que no tenían y que fueron a buscar a bancos franceses y alemanes.


Alguien debería aventurar que quizás ahora sus hipotecas ya están en manos del Tesoro chino, que ha empezado a comprar deuda soberana de la zona euro.


Alguien debería hablarles abiertamente de las crecientes transferencias de poder, que ya no se dan de un país occidental a otro, sino de Occidente a otras partes del planeta.


Alguien debería reconocer ante ellos que los gobiernos mandan menos de lo que mandaban.


Alguien debería preguntar crudamente a los ciudadanos si Europa debe seguir abriendo sus concursos de obras públicas a países no comunitarios para que los acabe ganando China, un país que a menudo no cumple con las directrices de la Organización Mundial del Comercio.


Alguien debería tener la valentía de reconocer que probablemente la crisis nació con la presidencia de Bill Clinton y con el mandato de Lawrence Summers al frente del Tesoro norteamericano, cuando con la voluntad de dar casa a los que no tenían, promovieron hipotecas para los que no podían pagarlas.


Alguien debería advertir que California, el estado más rico del mundo, no logra salir del colapso: para aprobar los presupuestos anuales necesita una mayoría imposible de dos tercios de los diputados, mientras que con sólo unos miles de firmas todas las minorías pueden presentar iniciativas legislativas –algunas oportunas, otras sumamente estrafalarias– que se acaban aprobando con costes inasumibles.


Es posible que algunos de los enunciados anteriores no se cumplan. Hasta es posible que algunas políticas derivadas de este tipo de previsiones retrasen la salida de la crisis, como ha dicho el Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Pero para buscar alternativas, primero es imprescindible conocer las hipótesis que manejan los expertos. Las que Jordi Pujol, Felipe González, Javier Solana, Enrique Iglesias y otros líderes políticos y empresariales nos contaron la semana pasada en el monasterio de Sant Benet de Bages, alrededor de una gran mesa rectangular a la que nos sentamos un centenar de privilegiados convocados por la cátedra Lideratges i Governança Democràtica de Esade, cuyo titular es el propio Pujol y que dirige el profesor Àngel Castiñeira.


Así nos lo contaron a nosotros, pero alguien con autoridad y legitimidad suficientes debería contárselo también a los ciudadanos. En todos los países occidentales lo han explicado directamente los presidentes del Gobierno. No ha sido el caso de Zapatero, que aún no ha comparecido solemnemente ante las cámaras desde que en mayo fue obligado a rectificar de la noche a la mañana su política económica. Es una irresponsabilidad no contar todas estas previsiones, que se supone que conoce perfectamente. Aunque tratándose de Rodríguez Zapatero, tampoco puede descartarse totalmente que haya preferido no enterarse.


En cualquier caso, parece que no podemos contar con el presidente para contarles a los ciudadanos que cuando Javier Solana dice que hoy los gobiernos mandan menos que antes quiere decir que el Gobierno de España y todos los gobiernos europeos mandan menos que antes, pero que seguramente el Gobierno chino y otros gobiernos asiáticos mandan más que nunca. Tanto, que últimamente Felipe González ha encontrado a algunos de sus interlocutores americanos fascinados con el mandarinato chino. Así lo confesó fríamente la otra noche, durante la cena en el monasterio, cuando acababa de encender un puro habano que parecía de primera categoría:


–Algunos líderes empiezan a envidiar a los chinos su sistema por la facilidad con la que pueden tomar decisiones. Solana ya me dijo algo parecido hace un par de años cuando me invitó a una inquietante comida mano a mano:


–Cuando cayó el Muro, supusimos que era cuestión de pocos años que la democracia se extendiera como una mancha de aceite por todo el planeta. Ahora ya sabemos que no será así e incluso veremos algunos pasos atrás: China y Rusia ya han decidido que nunca van a seguir nuestro modelo.


¡Alguien debería advertir a nuestros ciudadanos! Tienen derecho a dormir tan mal como dormimos algunos después de pasar por Sant Benet de Bages.

jueves, 11 de marzo de 2010

China pone en duda que el hombre cause el cambio climático

Trabajadores chinos ante una planta

El Gobierno de Pekín asegura que no dejará de luchar contra el calentamiento

JOSE REINOSO - Pekín

EL PAÍS - 11-03-2010

China se sumó ayer al agitado debate sobre el origen del calentamiento global, que se dio por superado en 2007 con apoyo de la mayoría de los científicos pero que resurge. Xie Zhenhua, negociador sobre el cambio climático y vicepresidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (órgano responsable de la planificación económica del país), afirmó que aún existen muchas discrepancias sobre las causas del calentamiento, pero aseguró que Pekín mantendrá su compromiso para luchar contra el mismo.

"Aún hay dos puntos de vista distintos en la comunidad científica sobre la causa del calentamiento. Mucha gente, la corriente principal, afirma que la quema de grandes cantidades de combustibles fósiles durante el proceso de industrialización ha causado un incremento de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento", declaró en la sesión anual del Parlamento chino, informa Reuters. "Otro punto de vista mantiene que la razón principal es cambios en las manchas solares o cambios naturales del medio ambiente. E incluso hay un punto de vista más extremo que dice que la influencia del hombre en la modificación de la naturaleza sólo puede ser minúscula".

Xie, sin embargo, defendió que, "en lo que respecta a los Gobiernos, dado que el desarrollo a largo plazo del cambio climático causará un gran daño a la humanidad, es mejor creer que está ocurriendo que creer que no está ocurriendo". La declaración llegó sólo un día después de que China e India suscribiesen el Acuerdo de Copenhague, el vago texto que acordaron los países en la capital danesa y que sólo fija objetivos voluntarios.

Las palabras de Xie suponen un nuevo varapalo a la lucha contra el cambio climático, en caída libre desde noviembre. Entonces, el pirateo de correos electrónicos entre científicos de élite reveló el uso de un lenguaje poco apropiado -en el mejor de los casos- o de un intento por exagerar el calentamiento -según los críticos-. Después llegó el fracaso de Copenhague y el Panel Intergubernamental de Cambio Climático admitió errores en su informe de 2007. Ese informe, que fue aprobado en Valencia con presencia de todos los Gobiernos, incluido el chino, confirmó que el calentamiento era "inequívoco" y que con más del 90% de probabilidades se podía atribuir a la emisión de gases de efecto invernadero, como defiende la gran mayoría de la comunidad científica. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, anunció ayer una revisión independiente del informe del IPCC: "Tenemos que saber con claridad qué es lo que sabemos y también las incertidumbres".

La esperanza de lograr un tratado vinculante para contener estas emisiones se diluye cada día. El martes, la Comisión Europea admitió que no era realista esperar ese tratado en la Cumbre del Clima de Cancún, en noviembre.

El negociador chino instó a EE UU a que adopte un mayor compromiso contra el calentamiento, y afirmó que Pekín acepta "consultas y análisis de la comunidad internacional, pero no un escrutinio invasivo" de sus emisiones.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El ciudadano se aleja de sus líderes


Caricatura de Barack Obama


 

La crisis abre un desafío colosal al ejercicio del poder, desata desconfianza en las élites y abre un nuevo flanco a los populistas - La excepcional tensión entre las necesidades de largo plazo y el castigo electoral a corto dificulta la acción de gobierno

ANDREA RIZZI EL PAÍS 27/02/2010

Abatido el muro de Berlín, el avance progresivo de la democracia liberal pareció en los años noventa una fuerza tan incuestionable como una ley física. El irresistible atractivo de la mezcla de libertad y bienestar propia de Occidente conquistó países como ningún ejército nunca pudo. Entre 1990 y 2006 el número de democracias pasó de 76 a 123. Nada parecía capaz de cuestionar los logros y los cimientos políticos liberales. Francis Fukuyama insinuó provocativamente en 1989 que el mundo se hallaba ante "el fin de la historia", como "punto final de la evolución ideológica humana y universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano".

Desde 2006, el número de democracias ha bajado de 123 a 116
Los dirigentes parecen paralizados entre negociaciones y rabia popular
40 países sufrieron un deterioro de las libertades en 2009, dice Freedom House
"Mucha gente cree que el modelo chino tiene sus ventajas", comenta Krastev

Veinte años después, esa fuerza expansiva se halla en un grave estancamiento. Las democracias llevan tres años retrocediendo, y se han reducido a 116, según calcula la prestigiosa Freedom House, un centro de estudios independiente estadounidense fundado en 1941 que analiza la situación mundial de libertades y democracia. A los factores específicos, nacionales, de cada colapso, se suma ahora un preocupante temblor global: la crisis económica. Incubada y estallada en el seno del capitalismo, se abate ahora sobre el modelo político liberal con agresividad, alimentando frustración popular y evidenciando fragilidades de su sistema de gobierno. A la ineptitud para regular adecuadamente los mercados financieros, los gobiernos democráticos suman ahora tremendas dificultades para paliar el desastre y tomar medidas necesarias pero impopulares. ¿Está a punto de resucitar la historia?

Puede que no, pero el final se hizo repentinamente turbulento. Las consecuencias de la Gran Recesión no se limitan a decenas de millones de empleos perdidos. En las democracias más maduras, la crisis abre la enésima brecha de la historia a francotiradores populistas, mientras los dirigentes renquean semiparalizados por extenuantes negociaciones o por el cobarde temor a perder consenso. En las más pobres, directamente agrieta los frágiles pilares del sistema, ya acosado por otros factores locales. Y, fuera del perímetro democrático, amenaza con empañar la capacidad de atracción de ese modelo político, el motor que convenció a tantos pueblos a abrazar sus valores.

El desafío no es ideológico. Empaquetado el telón de acero, la liberal democracia no tiene alternativas realmente competidoras. El desafío es funcional. En los últimos meses se ha quedado en la retina de muchos el contraste de imagen entre los dirigentes chinos, que han esquivado ágil y exitosamente la embestida de la crisis, y sus colegas occidentales, que se hallan ahogados en una maraña de negociaciones, explicaciones y precauciones. Éstas son el fundamento de la grandeza de la democracia pero también, en ocasiones, un frustrante límite a la eficacia de su gobierno.

"La crisis, de momento, no ha producido una ola de cambios de régimen, pero ha puesto en el foco la cuestión de la gobernabilidad", considera Ivan Krastev, analista político y miembro fundador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

El modelo chino -con su falta de libertad- no se convierte por ello repentinamente en una alternativa irresistible, pero contribuye a evidenciar las arrugas del liberal. Las tremendas dificultades legislativas de Barack Obama -que ganó holgadamente la presidencia y cuenta con mayoría en ambas cámaras del Congreso estadounidense, pero se encuentra frenado por el exigente sistema de mayorías requeridas- son quizá el paradigma de ciertas potenciales degeneraciones de la fenomenología democrática. Lo que es prudencia a largo plazo puede ser un estorbo a corto.

Para más inri, los dirigentes democráticos deben enfrentarse ahora no sólo a problemas titánicos, sino hacerlo ante un horizonte de movimientos populistas que aparecen o repuntan y condicionan con fuerza la escena política. Como el Tea Party estadounidense -con su retórica anti-Estado y antiélites- o las formaciones con discursos xenófobos que agitan varios países europeos -Holanda, Italia, Grecia...-. El populismo es una vieja y conocida plaga de las democracias, y los colapsos económicos son su caldo de cultivo preferido. En otras décadas parieron monstruos.

"Yo creo que el mayor impacto de la crisis actual consiste en una profunda transformación interna a los regímenes democráticos", argumenta Krastev. "Somos testigos de un colapso de la confianza en las élites políticas y empresariales y de la emergencia de una nueva oleada populista global. Ahora, las tensiones estructurales en las democracias modernas no son tanto entre izquierda y derecha, sino entre pueblo y élite. Las elecciones están perdiendo su significado de opción entre alternativas y se transforman en procesos a las élites. Así, la democracia ya no es una cuestión de confianza, sino más bien de gestión de la desconfianza", concluye Krastev.

La escalada de la desconfianza complica ulteriormente la tarea de los líderes de tomar medidas necesarias pero impopulares. Éstas son siempre maniobras difíciles, pero más cuando la tropa no confía de antemano en los generales. Entre las reformas sociales que inflaman las opiniones públicas y las financieras que preocupan los mercados, muchos líderes occidentales dan más que nunca la sensación de no saber cómo moverse. En el primer mundo esto puede suponer una pérdida de competitividad, conflictos sociales, pero no una amenaza existencial. En otros lugares, el tema es más grave.

Si las democracias ricas titubean, las pobres tiemblan. "En el análisis del impacto de la crisis es fundamental dividir entre esos dos grupos. En el primero, por ejemplo, se extiende el caldo de cultivo para el populismo; pero en el segundo, directamente hay riesgos de colapso del sistema político", argumenta Ignacio Urquizu, profesor de Sociología de la Universidad Complutense, remitiendo a un interesante estudio de Adam Przeworski y Fernando Limongi, Modernization: theories and facts.

Przeworski y Limongi han observado 101 democracias entre el año 1950 y el 1990. Ninguna de las 32 con renta per cápita superior a los 6.055 dólares colapsó en todo el periodo estudiado; entre las restantes 69, cayeron 39. De ellas, 18 lo hicieron al año siguiente de un retroceso de la renta per cápita. "Las democracias, especialmente las pobres, son extremadamente vulnerables en los ciclos económicos negativos", concluyeron los dos profesores sobre la base de contundentes datos. El ensayo es de 1997.

El panorama sobre el que se abate ahora la tormenta económica no es tranquilizador. Freedom House considera en su informe sobre el año 2009, publicado en enero, que la "erosión de la libertad se está intensificando". Es el cuarto año consecutivo que esta organización registra un retroceso, porque el número de países que sufren un deterioro supera a los que mejoran. Desde 2005, las democracias electorales han pasado de 123 a 116; 40 países han experimentado retrocesos en el respeto de libertades y derechos fundamentales en 2009, frente a sólo 16 que lograron avances.

Naturalmente, cada país tiene circunstancias específicas que provocan el retroceso, pero en el conjunto los datos sugieren que una crisis excepcional se materializa en un momento ya de por sí negativo.
"En los ochenta, la ecuación parecía infalible: abraza la democracia liberal, y tendrás crecimiento económico", dice en conversación telefónica Arch Puddington, director de investigación de Freedom House. Eso atraía. "El riesgo ahora es que las democracias liberales resulten menos atractivas y que ciertos países puedan mirar con mayor interés a otros modelos. La situación actual puede aumentar la credibilidad del modelo chino ante la mirada de algunos observadores. Aun así, no creo que se pueda recrear una situación de bipolaridad como en la guerra fría. El modelo chino es difícil de copiar. Y, en fin, China no es y no parece el país más feliz del mundo", apunta Puddington.

"No es que haya un nuevo entusiasmo por el autoritarismo, pero después de la crisis mucha gente cree que el capitalismo autoritario tiene sus ventajas", considera Krastev. "Aun así, creo que incluso los admiradores del modelo chino tienen sus dudas en imitarlo", coincide.

En el pasado, algunos analistas han considerado provocativamente la diferencia en la tasa de crecimiento de China (10% anual de media en la última década) y de India (6%) como el precio de la democracia. Sea cierto o no, el avance económico supone un fuerte respaldo psicológico para el modelo chino y sus defensores, así cómo la recesión es un mazazo para las opiniones públicas de las democracias.

Según un estudio del Pew Center, en el baricentro mundial de las democracias liberales, Estados Unidos, los ciudadanos consideraron la actual década la peor desde los sesenta por abrumadora mayoría, opinaron que el liderazgo mundial de EE UU está en claro declive y, por primera vez, la mayoría consideró que China es la principal potencia económica mundial. Un dato sorprendente, ya que el PIB de EE UU es todavía el triple del chino.

No va mucho mejor entre los nuevos adeptos de la democracia. Entre 1991 y 2009, el porcentaje de ciudadanos que aprueban la adhesión al sistema capitalista ha retrocedido drásticamente en los nueve países de Europa del Este sometidos a una encuesta del Pew Center. Sorprendentemente, incluso el cambio a la democracia ha perdido adeptos en seis de nueve.

Las opiniones son volátiles, y un leve cambio de viento económico soplará sin duda hacia arriba ciertas encuestas. Pero hasta entonces, será necesario cuidar un sentimiento más profundo e importante para las sociedades: la pérdida de la sensación de progreso. La revista The Economist le dedicó en diciembre un interesante artículo de portada.

"La idea de progreso es la espina dorsal de una sociedad. En el extremo, sin la posibilidad de progreso, el avance de uno es la pérdida de otro", escribía el rotativo británico. El problema es acuciante en una etapa de alto paro y recorte de derechos sociales. La falta de progreso agudiza el instinto de mors tua, vita mea sobre el que juegan xenófobos y populistas. Quienes intentan dividir las sociedades entre "nosotros" y "ellos", sobre la base de la raza, o de la clase social.

"Esta crisis económica, como todas, dará un nuevo impulso al populismo", comenta en una conversación telefónica Michael Kazin, profesor de Historia de la Universidad de Georgetown. "Lo bueno, en esta ocasión, es que no hay alternativas tan preocupantes como las de los años treinta. Pero incluso si contenidos en el seno de los regímenes democráticos, los movimientos populistas pueden tener efectos sensibles. El Tea Party, en EE UU, creo que afectará sobre todo al Partido Republicano. Pero a través de esa influencia, polarizará la escena política nacional, y cobrará resultados, como ya está haciendo con la reforma de la sanidad", dice Kazin, autor de The populist persuasion: an American History.

En Italia, la Liga Norte cabalga el malestar de la crisis y fuerza al Gobierno del que es parte a tomar medidas durísimas en política de inmigración. En Holanda, la formación derechista y populista liderada por Geert Wilders gana enteros a gran ritmo. En Francia, Nicolas Sarkozy ha logrado marginar al Frente Nacional, pero impulsa periódicamente iniciativas que muchos analistas consideran populistas y estudiadas para desinflar la bolsa de votos de la derecha lepenista. La última, el debate sobre identidad nacional, sobre qué es ser francés en el siglo XXI.

Las distintas arquitecturas constitucionales responden de diferente manera a la presión. Ciertas leyes electorales favorecen el populismo, obligando a los principales partidos a cubrir las alas extremas; otras estimulan las carreras al centro. Ciertos reglamentos parlamentarios, como el estadounidense, fuerzan una laboriosa búsqueda de consensos; otros, menos. Ciertas constituciones dan más margen a los Gobiernos, otras, más poder de marcaje a los parlamentos.

La libertad es, en todas ellas, un activo inigualable. En perspectiva amplia, además, frenos y garantías favorecen la prudencia y ahorran errores. La cuestión es reflexionar sobre las respuestas de cada arquitectura constitucional al test de la crisis, y reflexionar, a la luz de los nuevos retos socioeconómicos, si el equilibrio es el más adecuado, estable y ágil para generar progreso y consenso. Y capacidad de seducción, que es lo que en el fondo mejor tumba a las dictaduras.

viernes, 13 de febrero de 2009

Crisis económica en China: la fábrica del mundo se agrieta (actividades El País de los Estudiantes)




Pasajeros tratan de asegurarse un asiento en un tren en la estación de Wuxi

Pasajeros tratan de asegurarse un asiento en un tren en la estación de Wuxi


La crisis forzará a millones de obreros chinos a volver a sus pueblos este año - Pekín teme que se produzcan las mayores protestas sociales desde 1989

La enorme plaza que da entrada a la estación de tren de Guangzhou, capital de la provincia sureña de Guangdong, es un hormiguero a las siete de la tarde. Cientos de emigrantes descansan en el suelo, junto a los fardos en los que se aprietan sus pertenencias. Rostros hastiados, miradas perdidas. Los restos de comida y las hojas de periódicos hablan de largas horas de espera. Bajo el eslogan Continúa el proceso de apertura y reforma, una pantalla gigante rompe la noche con imágenes de playas paradisíacas y aguas turquesas. Una visión muy distinta de la realidad de estos antiguos campesinos, que se han visto obligados a regresar a sus pueblos ante la falta de actividad o el cierre de las fábricas en las que trabajaban en el delta del río Perla -el principal centro manufacturero del país- a causa de la crisis.

    China

    China

    A FONDO

    Capital:
    Pekín.
    Gobierno:
    República comunista.
    Población:
    1,330,044,544 (est. 2008)

Chen Jian (nombre ficticio), de 23 años, llegó a la estación hace 13 horas. "La fábrica de maletas en la que trabajaba tenía hace unos meses entre 5.000 y 6.000 empleados. Eran 10 horas al día, siete días a la semana. Ahora no da para más de cinco horas, tres o cuatro días, y el salario ha bajado de unos 2.000 yuanes (220 euros) a 1.300 (145 euros). No nos han despedido, simplemente han reducido el número de horas, y ya no compensa", asegura este nativo de la provincia de Sichuan.

La situación se reproduce entre muchos de los viajeros que esperan la salida de sus trenes bajo la mirada de los policías. Forzados por la falta de tajo, han decidido irse a sus casas a pasar las fiestas del Año Nuevo chino semanas antes de lo que lo habrían hecho normalmente.

El proceso de reforma y apertura lanzado por Deng Xiaoping hace 30 años ha convertido China en la fábrica del mundo. Pero el desplome de la demanda extranjera le ha asestado un duro golpe. Las exportaciones cayeron un 2,8% en diciembre, la mayor caída en 10 años. Ya retrocedieron un 2,2% en noviembre, la primera vez que experimentaban un descenso en más de siete años. Miles de empresas han echado el cierre. La crisis se ha sumado al efecto que ya tenían las mayores exigencias de calidad, leyes laborales y medioambientales más estrictas, y la apreciación del yuan.

El presidente chino, Hu Jintao, ha asegurado que el país se enfrenta este año a una situación "muy sombría" en el empleo, y que afrontar la crisis va a ser una "una prueba de la capacidad del Partido Comunista para gobernar". El Banco Mundial prevé que la economía china crezca un 7,5% en 2009, el valor más bajo de los últimos 19 años. El Gobierno prevé un 8%. El Fondo Monetario Internacional y el Royal Bank of Scotland pronostican un 5%, la peor cifra desde la revuelta de Tiananmen, en 1989.

La ralentización económica podría forzar el cierre del 20% de las fábricas de Guangdong, según organizaciones laborales provinciales. Algunos economistas calculan que 20 millones de emigrantes de los 160 millones con que cuenta el país podrían verse obligados a regresar a sus pueblos este año.

El Gobierno ha fijado como "prioridad absoluta nacional" mantener el crecimiento para crear empleo, y ha reaccionado con medidas tajantes ante el riesgo de que se dispare la inestabilidad social. A principios de noviembre, aprobó un plan financiero por valor de cuatro billones de yuanes (440.000 millones de euros) hasta 2010 para reactivar la economía, impulsar el consumo interno y reducir la dependencia de las exportaciones, que representan el 40% del producto interior bruto; y ha pedido a los empresarios que no lleven a cabo despidos masivos.

El impacto de la crisis se nota incluso en la propia capital de Guangdong. En los comercios de la calle Shang Jiu, una de las más animadas de Guangzhou, flotan los carteles anunciando saldos. "La crisis empeora. La fábrica ha cerrado. Juego completo de sábanas por 50 yuanes [5,5 euros]", dice uno. "Cazadoras de piel. Antes, 1.280 yuanes [142 euros]. Ahora, 99 [11 euros]. Para pagar los créditos de la factoría", señala otro. ¿Realidad o herramienta publicitaria? El hecho es que "los clientes no compran", afirman los vendedores.

Para palpar cómo está afectando el parón mundial a China, lo mejor es viajar a Dongguan, 60 kilómetros al este de Guangzhou. Todas las carreteras que conducen a Dongguan -cuya municipalidad ha pasado de 1,1 millones de habitantes en 1978 a 8,7 millones en 2007- están flanqueadas de fábricas. Algunas son grandes complejos industriales con varias decenas de miles de operarios; otras, talleres familiares. Aquí se producen desde componentes electrónicos hasta juguetes, zapatos o relojes. Todos esos artículos que, gracias a su bajo precio, han inundado el planeta y han permitido a China convertirse en la cuarta economía del mundo.

El cielo gris, los inmuebles ocres, la continua sucesión de áreas industriales y los monos de trabajo colgados en los balcones de los edificios de dormitorios anexos a las fábricas imprimen un aire triste a la región.

Pero muchos de esos uniformes de trabajo ya no se balancean al aire. Muchos talleres han dejado de producir y los bloques de dormitorios se elevan sin inquilinos, como gigantes dormidos. En octubre cerraron 700 empresas en Dongguan. El Gobierno de Guangdong pretende aumentar el nivel tecnológico de las empresas en la provincia, de ahí que haya impulsado también el desplazamiento de algunas compañías hacia el interior del país. "Vaciar la jaula para dejar sitio a los nuevos pájaros", ha dicho Wan Qingliang, vicegobernador provincial.

En una de las calles de la ciudad duerme un taller que ni siquiera ha sido estrenado, sorprendido a contrapié por la crisis. Sobre las paredes de las factorías huecas se repiten la frase se alquila y números de teléfono escritos en carteles de intenso color rojo. "El empresario que la tenía arrendada desde hacía más de tres años la desmontó hace dos semanas debido a la crisis. Esperemos que tras las vacaciones del Año Nuevo chino, la gente regrese para continuar los negocios", dice Wang, una mujer que contesta a uno de estos números.

Las fábricas que no han cerrado han disminuido la actividad, y sus trabajadores se ven obligados a permanecer en los dormitorios o a deambular ociosos por la ciudad, en la que, aparte de tiendas, restaurantes y karaokes, hay poco más. "Sólo trabajamos cinco horas diarias de lunes a viernes. Y en las habitaciones, que son de 8 o 10 personas, ahora estamos 4 o 5", explica Wang Shuang, una chica menuda de 19 años, mientras pasea por un mercadillo acompañada de su hermana gemela, Wang Fang.

A pesar de que ganan menos, las dos jóvenes han decidido aguantar en la empresa de componentes electrónicos, ya que en su pueblo de la provincia de Guizhou, una de las más pobres de China, hay poco que hacer. "Tras las fiestas, volveremos. Esto es más desarrollado", dicen, enfundadas en unos vaqueros ajustados. "Para estos emigrantes, es muy difícil retomar el trabajo y el estilo de vida que tenían antes de dejar sus pueblos", asegura Yuen Pau Woo, presidente de la Fundación Asia Pacífico de Canadá. "Sin embargo, el paquete de estímulo fiscal aprobado por Pekín puede crear empleos en otras áreas".

Desorientados ante la quiebra de su negocio o la pérdida de empleo, algunos empresarios y trabajadores acuden a Zhou Qingfang, un adivino y curandero que ofrece sus servicios en una calle de Dongguan. "Me preguntan qué socio buscar, qué hacer tras quedarse sin empleo, y yo, en función de su nombre, la fecha de nacimiento o su elemento chino, les sugiero la dirección que deben seguir", dice este hombre de 70 años, quinta generación familiar de videntes. "Hace unos meses, venían 10 o 20 personas al día. Ahora, son más de 30", afirma Zhou.

Un centenar de kilómetros al sureste, en el puerto de Shenzhen, fronterizo con Hong Kong, y una de las principales vías de salida de mercancías de la fábrica del mundo, se percibe claramente la crisis. "Desde principios de septiembre, salen muchos menos contenedores. La actividad ha caído más de un 30%", asegura Zhang Qingshen, empleado en una de las empresas que operan en la terminal internacional de Shekou.

"No me iré hasta que me paguen"

El fantasma del paro es una de las mayores preocupaciones del Gobierno chino, ya que la precariedad del sistema de seguridad social convierte la falta de trabajo en una bomba de relojería en este país de 1.300 millones de almas. Para el Partido Comunista Chino, que ha buscado, en buena parte, legitimarse en el poder gracias al rápido desarrollo económico, está en juego, también, su propia supervivencia.

Desde que comenzó la crisis, se han multiplicado las protestas. Es el caso de la empresa Jiang Rong, que se dedicaba a la fabricación de bolsos y maletas. Su propietario, taiwanés, se esfumó el 15 de diciembre, adeudando dos meses y medio de salario a los 300 trabajadores, y tres meses de alquiler de la fábrica, y las facturas de agua y electricidad.

Los empleados se echaron a la calle para pedir a las autoridades locales sus sueldos, pero éstas contestaron que sólo les pagarían el 60%, según reza un cartel pegado a la puerta de la factoría, situada en un barrio polvoriento de las afueras de Dongguan. Tras reclamar en vano al Departamento de Trabajo, se dirigieron en manifestación a las oficinas del gobierno local. Pero fueron recibidos a golpes por la policía. El 24 de diciembre, la fábrica dejó de dar comidas, y, tras 10 días de protestas, los trabajadores se resignaron, cogieron lo ofrecido y se marcharon.

Salvo unos cuantos. "A tres no nos dieron ni siquiera el 60%", afirma Dai Houxue, de 30 años, original de Guizhou. "Pero no me iré hasta que me paguen lo que me deben".



China se convierte en la tercera potencia de 2007 sobre el papel pero afronta un futuro díficil

El gigante asiático revisa su ritmo de crecimiento del pasado año del 11,9% al 13% aunque prevé bajar de los dígitos este año por primera vez en cinco años

El gigante asiático revisa su ritmo de crecimiento del pasado año del 11,9% al 13% aunque prevé bajar de los dígitos este año por primera vez en cinco años

China saca pecho sobre el papel mientras afronta una grave crisis social. El gigante asiático ha revisado hoy al alza el crecimiento de su Producto Interior Bruto (PIB) de 2007, que aumentó del 11,9% al 13%, lo que la convierte en la tercera economía mundial, por detrás de Estados Unidos y Japón y por delante de Alemania. No obstante, este hecho no le ha bastado para esquivar las turbulencias internacionales y afronta un díficil 2009 por el fuerte alza del paro y el cierre de empresas que ha condicionado 2008 y que todavía no está registrado en esta estadística.

Según los datos desvelados hoy por el Buró Nacional de Estadístcas, el PIB chino alcanzó los 3,76 billones de dólares (2,84 billones de euros), por encima de los 3,32 billones de dólares Alemania, que hoy ha publicado sus datos de 2008 con un fuerte impacto de la crisis en su economía.

China ya revisó la cifra de crecimiento del PIB de 2007 el pasado abril, cuando lo aumentó del 11,4% al 11,9%. Pero en esta ocasión, la cifra revisada indicaba el crecimiento más rápido del PIB chino desde 1993, cuando la economía se expandió el 13,5%.

A pesar del fuerte crecimiento en 2007, las previsiones para 2008 son mucho menos optimistas, ya que las expectativas de crecimiento se han visto recortadas por la desaceleración de la economía china durante el año y por el impacto de la crisis económica mundial en el país asiático. La economía china mostró una clara tendencia a la baja en 2008, con un crecimiento del 10,6% en el primer trimestre, del 10,4% en el segundo y del 9% en el tercero.

En los nueve primeros meses de 2008, China creció un 9,9%, por debajo de dos dígitos por primera vez en cinco años. A finales del pasado noviembre, el Banco Mundial (BM) revisó a la baja sus previsiones de crecimiento de China para 2008, del 9,8% que fijó en junio al 7,5%.


“Millones de trabajadores van a perder sus empleos”

J. R. - Pekín - 14/01/2009

David Dollar, estadounidense de 54 años, ha podido constatar con sus propios ojos la “increíble” —según la califica— transformación que ha experimentado China en las dos últimas décadas. Llegó por primera vez a Pekín en 1986, como profesor de Economía. Desde julio de 2004, es director de la oficina del Banco Mundial en China.

Pregunta. ¿Cómo ve la crisis en China?

Respuesta. Está teniendo un gran impacto sobre las exportaciones, el sector inmobiliario y la construcción. Es un momento realmente peligroso, con un efecto multiplicador. Millones de trabajadores van a perder sus empleos.

P. Pekín aprobó en noviembre un plan de estímulo por valor de cuatro billones de yuanes (440.000 millones de euros) hasta 2010. ¿Es suficiente?

R. El tamaño es correcto. Lo importante será su composición. Algunas partes son grandes proyectos de infraestructuras, que están bien, pero esto no salva puestos de trabajo en la exportación. China tiene una red de seguridad bastante bien diseñada. Dotarla de fondos es la medida de estímulo más eficaz en este momento, porque los desempleados que reciban algún ingreso gastarán.

P. ¿Cuánto va a durar esta difícil situación en China?

R. Es imposible predecirlo, pero el escenario más probable es que comience a salir de la crisis en seis meses, debido a un ligero repunte de Estados Unidos y a que el plan chino comenzará a dar resultados.

P. ¿Qué ocurrirá si la crisis se prolonga dos o tres años?

R. China tiene las herramientas para crecer al 7% anual durante años, independientemente de lo que ocurra a la economía mundial.

P. ¿Son estas herramientas el superávit fiscal y las cuantiosas reservas de divisas extranjeras?

R. Sí, pero lo importante es cómo se gasta el plan de estímulo. Cuando salgamos de ésta, China necesita tener otro modelo de crecimiento. Debe generar más demanda doméstica.

P. ¿Cuál es el principal logro de Pekín desde que lanzó las reformas hace 30 años?

R. La reducción de la pobreza. Al comenzar las reformas, China era más pobre que el África subsahariana. Pero en este tiempo ha sacado a más de 500 millones de personas de la pobreza. Desgraciadamente, en sanidad no se ha hecho gran cosa, aunque la situación es mejor que en la mayoría de los países en desarrollo. Necesita dedicar más a sanidad y educación. La gente se sentiría más segura.

P. ¿Ha tenido el proceso de desarrollo chino efectos negativos?

R. No para mí.

P. ¿Cuándo superará a EE UU y se convertirá en la primera economía del mundo? Actualmente es la cuarta.

R. Las estimaciones son que se produzca alrededor de 2035. Pero su renta por habitante será cuatro veces inferior, dada su población.

CLAVES

La economía china aumentó en el año 2007 un 11,4%, tres
décimasmás que en 2006, por encima del 10%por quinto año
consecutivo y elmayor en los últimos catorce años,
por lo que hamantenido el cuarto puestomundial.

El PIB chino continuó creciendo a un ritmo imparable y ascendió
a 24,66 billones de yuanes (2,33 billones de euros, o 3,41
billones de dólares), según las cifras publicadas por el Buró
Nacional de Estadísticas.

El crecimiento de la economía china en 2007 fue el mayor
de los últimos 14 años (en 1994, el aumento del PIB fue de un
13,1%).

China continúa, por tanto, tras EEUU, Japón y casi ha alcanzado
aAlemania, aunque están manifestándose ya los efectos de la
crisis que afecta a la economía mundial. Sin embargo, las predicciones
para este país no bajan su crecimiento del 7%para 2009.

ACTIVIDADES

Lectura

1. Indica el sentido del titular de la noticia.

2. Describe el lugar que aparece en la foto superior y comenta
cuál ha podido ser la causa de su actual su estado.

3. Explica el sentido de la expresión “echar el cierre” y escribe
una expresión sinónima.

4. Subraya en la noticia quién es el presidente chino
y a qué partido pertenece.

Localiza

5. Busca en elmapa las provincias y ciudades que
semencionan en el texto, e indica qué tipo de zonas son.

Analiza

6. Explica qué cambios se están produciendo en las zonas
industriales chinas.

7. Busca las causas de la rápida industrialización china
y las de la actual situación.

8. Escribe qué productos se fabrican sobre todo en China.

9. Indica qué papel tiene China en la economía mundial.

10. Describe cómo vive la población emigrante en
las zonas industriales chinas, y subraya cómo está cambiando
su vida.

11. Haz un listado de situaciones concretas que se han producido
a partir de la crisis.

12. Escribe qué medidas ha tomado el gobierno chino
ante la actual situación.

13. Haz una relación de las previsiones que hay respecto
a la evolución de la economía china.

14. Explica qué relación puede haber entre la crisis económica
y la inestabilidad social.

15. Indica en qué se basa el actual modelo de crecimiento
chino y cuál es el que preconiza el entrevistado
David Dollar.

16. Escribe cuál es el principal logro de la política económica china de los últimos 30 años y cuáles son sus principales carencias.

jueves, 12 de febrero de 2009

Vídeos que acompañan la exposición LA CIUDAD CHINA



Els films

Amb la finalitat d'incorporar el cinema d'autor a l'exposició, el CCCB, va contactar amb el realitzador Jia Zhangke amb una proposta de creació específica: es tractava d'il·lustrar amb curts de 20 minuts, a través de la mirada de joves directors xinesos, una sèrie de cinc ciutats xineses (Xi'an, Chongqing, Guangzhou, Shanghai i Suzhou) que estan representades a l'exposició.

A Zhangke se li va proposar, concretament, seleccionar a quatre directors i assignar a cadascun d'ells una de les ciutats, que van ser respectivament, Chen Tao, Peng Tao, Li Hong Qi, Han Jie i el mateix Jia Zhangke, que va retratar la ciutat de Suzhou.

Encara que cada curt tingui una entitat pròpia, la coordinació de Jia Zhangke ha fet que hi hagi un caràcter conjunt. Els visitants de l'exposició, tot i que descobriran les pel·lícules una a una de manera independent, tindran la sensació d'unitat a l'acabar el recorregut. Això també permet que les pel·lícules puguin adquirir entitat pròpia dins de l'exposició i tenir vida un cop aquesta hagi finalitzat, com ha estat el cas del curtmetratge Cry me a river, del mateix Jia Zhangke, que va ser escollit per participar al Festival de Venècia 2008 fora de concurs.


Cry Me a River (Plora'm un riu)
Realització: Jia Zhangke, 2008
Durada: 19'
© Xstream Pictures / CCCB / Cité de l'Architecture et du Patrimoine

Una ciutat ancestral; a través del seu magnífic jardí botànic i els seus canals ramificats, podem observar pistes o traces de la seva cultura antiga. Dos parelles d'homes i de dones, que van ser amants, es retroben un any després. L'esperit de la joventut d'abans encara es pot percebre en les seves converses.

Un curtmetratge produït pel CCCB i seleccionat a la 65a edició del Festival de Venècia (2008).

fotograma Cry Me a River

Veure video:

Outside Xi'an (Als afores de Xi'an)

Realització: Chen Tao, 2008
Durada: 21'
© Xstream Pictures / CCCB / Cité de l'Architecture et du Patrimoine

Xi'an és una ciutat industrial relativament tancada, però els seus habitants comencen a canviar sota l'impuls del creixement econòmic de la Xina. La pel·lícula ens presenta un jove enfonsat en l'amor, la família i el treball, posant l'accent sobre els seus sentiments més secrets, les seves reaccions i les seves eleccions davant els canvis del món exterior.


fotograma

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Wait (L'espera)

Realització: Peng Tao, 2008
Durada: 24'
© Xstream Pictures / CCCB / Cité de l'Architecture et du Patrimoine

Sota el cel fosc de Chongqing, hi ha soroll i multituds caòtiques a tota la ciutat. En aquest indret, que compta amb el volum més gran d'exportació de mà d'obra de la Xina i que acull la capital econòmica de la conca superior del Iang-Tsé, les persones es desplacen interminablement d'un lloc a un altre. D'on vénen i on aniran després? Això no interessa ningú. Tot el que els queda és la seva fe i la seva esperança.


Fotograma

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New Year
(Any Nou)
Realització: Li Hongqi, 2008
Durada: 17'
© Xstream Pictures / CCCB / Cité de l'Architecture et du Patrimoine

Canton, situat en la zona subtropical, té una vitalitat molt superior a la de les ciutats del Nord. Fenòmens de massa es desenvolupen ràpidament i també ho podreixen amb la mateixa rapidesa, com si la ciutat actués com un enorme fermentador. L'elecció, en aquest marc, del tema Happy New Year, juntament amb la narració, és molt apropiat.


Fotograma

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Being & Nothingness (L'Ésser i el No-res)
Realització: Han Jie, 2008
Durada: 23'
© Xstream Pictures / CCCB / Cité de l'Architecture et du Patrimoine

Xangai, l'excés de desigs esdevé el mateix cos viu de la megalòpoli. Massa joves hi viuen lluny de les seves llars i, atrets pel seu encant, intenten descobrir el que desitgen d'aquesta metròpoli estimada i sexy. La ciutat es transforma en una efervescència de somnis d'aquestes persones. El llit és un element pràctic i essencial en les nostres vides.

Fotograma

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miércoles, 14 de enero de 2009

Crisis económica en China: La fábrica del mundo se agrieta

Pasajeros tratan de asegurarse un asiento en un tren en la estación de Wuxi

Pasajeros tratan de asegurarse un asiento en un tren en la estación de Wuxi



La crisis forzará a millones de obreros chinos a volver a sus pueblos este año - Pekín teme que se produzcan las mayores protestas sociales desde 1989

JOSE REINOSO - EL PAÍS Dongguan - 14/01/2009

La enorme plaza que da entrada a la estación de tren de Guangzhou, capital de la provincia sureña de Guangdong, es un hormiguero a las siete de la tarde. Cientos de emigrantes descansan en el suelo, junto a los fardos en los que se aprietan sus pertenencias. Rostros hastiados, miradas perdidas. Los restos de comida y las hojas de periódicos hablan de largas horas de espera. Bajo el eslogan Continúa el proceso de apertura y reforma, una pantalla gigante rompe la noche con imágenes de playas paradisíacas y aguas turquesas. Una visión muy distinta de la realidad de estos antiguos campesinos, que se han visto obligados a regresar a sus pueblos ante la falta de actividad o el cierre de las fábricas en las que trabajaban en el delta del río Perla -el principal centro manufacturero del país- a causa de la crisis.

    China

    China

    A FONDO

    Capital:
    Pekín.
    Gobierno:
    República comunista.
    Población:
    1,330,044,544 (est. 2008)

Chen Jian (nombre ficticio), de 23 años, llegó a la estación hace 13 horas. "La fábrica de maletas en la que trabajaba tenía hace unos meses entre 5.000 y 6.000 empleados. Eran 10 horas al día, siete días a la semana. Ahora no da para más de cinco horas, tres o cuatro días, y el salario ha bajado de unos 2.000 yuanes (220 euros) a 1.300 (145 euros). No nos han despedido, simplemente han reducido el número de horas, y ya no compensa", asegura este nativo de la provincia de Sichuan.

La situación se reproduce entre muchos de los viajeros que esperan la salida de sus trenes bajo la mirada de los policías. Forzados por la falta de tajo, han decidido irse a sus casas a pasar las fiestas del Año Nuevo chino semanas antes de lo que lo habrían hecho normalmente.

El proceso de reforma y apertura lanzado por Deng Xiaoping hace 30 años ha convertido China en la fábrica del mundo. Pero el desplome de la demanda extranjera le ha asestado un duro golpe. Las exportaciones cayeron un 2,8% en diciembre, la mayor caída en 10 años. Ya retrocedieron un 2,2% en noviembre, la primera vez que experimentaban un descenso en más de siete años. Miles de empresas han echado el cierre. La crisis se ha sumado al efecto que ya tenían las mayores exigencias de calidad, leyes laborales y medioambientales más estrictas, y la apreciación del yuan.

El presidente chino, Hu Jintao, ha asegurado que el país se enfrenta este año a una situación "muy sombría" en el empleo, y que afrontar la crisis va a ser una "una prueba de la capacidad del Partido Comunista para gobernar". El Banco Mundial prevé que la economía china crezca un 7,5% en 2009, el valor más bajo de los últimos 19 años. El Gobierno prevé un 8%. El Fondo Monetario Internacional y el Royal Bank of Scotland pronostican un 5%, la peor cifra desde la revuelta de Tiananmen, en 1989.

La ralentización económica podría forzar el cierre del 20% de las fábricas de Guangdong, según organizaciones laborales provinciales. Algunos economistas calculan que 20 millones de emigrantes de los 160 millones con que cuenta el país podrían verse obligados a regresar a sus pueblos este año.

El Gobierno ha fijado como "prioridad absoluta nacional" mantener el crecimiento para crear empleo, y ha reaccionado con medidas tajantes ante el riesgo de que se dispare la inestabilidad social. A principios de noviembre, aprobó un plan financiero por valor de cuatro billones de yuanes (440.000 millones de euros) hasta 2010 para reactivar la economía, impulsar el consumo interno y reducir la dependencia de las exportaciones, que representan el 40% del producto interior bruto; y ha pedido a los empresarios que no lleven a cabo despidos masivos.

El impacto de la crisis se nota incluso en la propia capital de Guangdong. En los comercios de la calle Shang Jiu, una de las más animadas de Guangzhou, flotan los carteles anunciando saldos. "La crisis empeora. La fábrica ha cerrado. Juego completo de sábanas por 50 yuanes [5,5 euros]", dice uno. "Cazadoras de piel. Antes, 1.280 yuanes [142 euros]. Ahora, 99 [11 euros]. Para pagar los créditos de la factoría", señala otro. ¿Realidad o herramienta publicitaria? El hecho es que "los clientes no compran", afirman los vendedores.

Para palpar cómo está afectando el parón mundial a China, lo mejor es viajar a Dongguan, 60 kilómetros al este de Guangzhou. Todas las carreteras que conducen a Dongguan -cuya municipalidad ha pasado de 1,1 millones de habitantes en 1978 a 8,7 millones en 2007- están flanqueadas de fábricas. Algunas son grandes complejos industriales con varias decenas de miles de operarios; otras, talleres familiares. Aquí se producen desde componentes electrónicos hasta juguetes, zapatos o relojes. Todos esos artículos que, gracias a su bajo precio, han inundado el planeta y han permitido a China convertirse en la cuarta economía del mundo.

El cielo gris, los inmuebles ocres, la continua sucesión de áreas industriales y los monos de trabajo colgados en los balcones de los edificios de dormitorios anexos a las fábricas imprimen un aire triste a la región.

Pero muchos de esos uniformes de trabajo ya no se balancean al aire. Muchos talleres han dejado de producir y los bloques de dormitorios se elevan sin inquilinos, como gigantes dormidos. En octubre cerraron 700 empresas en Dongguan. El Gobierno de Guangdong pretende aumentar el nivel tecnológico de las empresas en la provincia, de ahí que haya impulsado también el desplazamiento de algunas compañías hacia el interior del país. "Vaciar la jaula para dejar sitio a los nuevos pájaros", ha dicho Wan Qingliang, vicegobernador provincial.

En una de las calles de la ciudad duerme un taller que ni siquiera ha sido estrenado, sorprendido a contrapié por la crisis. Sobre las paredes de las factorías huecas se repiten la frase se alquila y números de teléfono escritos en carteles de intenso color rojo. "El empresario que la tenía arrendada desde hacía más de tres años la desmontó hace dos semanas debido a la crisis. Esperemos que tras las vacaciones del Año Nuevo chino, la gente regrese para continuar los negocios", dice Wang, una mujer que contesta a uno de estos números.

Las fábricas que no han cerrado han disminuido la actividad, y sus trabajadores se ven obligados a permanecer en los dormitorios o a deambular ociosos por la ciudad, en la que, aparte de tiendas, restaurantes y karaokes, hay poco más. "Sólo trabajamos cinco horas diarias de lunes a viernes. Y en las habitaciones, que son de 8 o 10 personas, ahora estamos 4 o 5", explica Wang Shuang, una chica menuda de 19 años, mientras pasea por un mercadillo acompañada de su hermana gemela, Wang Fang.

A pesar de que ganan menos, las dos jóvenes han decidido aguantar en la empresa de componentes electrónicos, ya que en su pueblo de la provincia de Guizhou, una de las más pobres de China, hay poco que hacer. "Tras las fiestas, volveremos. Esto es más desarrollado", dicen, enfundadas en unos vaqueros ajustados. "Para estos emigrantes, es muy difícil retomar el trabajo y el estilo de vida que tenían antes de dejar sus pueblos", asegura Yuen Pau Woo, presidente de la Fundación Asia Pacífico de Canadá. "Sin embargo, el paquete de estímulo fiscal aprobado por Pekín puede crear empleos en otras áreas".

Desorientados ante la quiebra de su negocio o la pérdida de empleo, algunos empresarios y trabajadores acuden a Zhou Qingfang, un adivino y curandero que ofrece sus servicios en una calle de Dongguan. "Me preguntan qué socio buscar, qué hacer tras quedarse sin empleo, y yo, en función de su nombre, la fecha de nacimiento o su elemento chino, les sugiero la dirección que deben seguir", dice este hombre de 70 años, quinta generación familiar de videntes. "Hace unos meses, venían 10 o 20 personas al día. Ahora, son más de 30", afirma Zhou.

Un centenar de kilómetros al sureste, en el puerto de Shenzhen, fronterizo con Hong Kong, y una de las principales vías de salida de mercancías de la fábrica del mundo, se percibe claramente la crisis. "Desde principios de septiembre, salen muchos menos contenedores. La actividad ha caído más de un 30%", asegura Zhang Qingshen, empleado en una de las empresas que operan en la terminal internacional de Shekou.

"No me iré hasta que me paguen"

El fantasma del paro es una de las mayores preocupaciones del Gobierno chino, ya que la precariedad del sistema de seguridad social convierte la falta de trabajo en una bomba de relojería en este país de 1.300 millones de almas. Para el Partido Comunista Chino, que ha buscado, en buena parte, legitimarse en el poder gracias al rápido desarrollo económico, está en juego, también, su propia supervivencia.

Desde que comenzó la crisis, se han multiplicado las protestas. Es el caso de la empresa Jiang Rong, que se dedicaba a la fabricación de bolsos y maletas. Su propietario, taiwanés, se esfumó el 15 de diciembre, adeudando dos meses y medio de salario a los 300 trabajadores, y tres meses de alquiler de la fábrica, y las facturas de agua y electricidad.

Los empleados se echaron a la calle para pedir a las autoridades locales sus sueldos, pero éstas contestaron que sólo les pagarían el 60%, según reza un cartel pegado a la puerta de la factoría, situada en un barrio polvoriento de las afueras de Dongguan. Tras reclamar en vano al Departamento de Trabajo, se dirigieron en manifestación a las oficinas del gobierno local. Pero fueron recibidos a golpes por la policía. El 24 de diciembre, la fábrica dejó de dar comidas, y, tras 10 días de protestas, los trabajadores se resignaron, cogieron lo ofrecido y se marcharon.

Salvo unos cuantos. "A tres no nos dieron ni siquiera el 60%", afirma Dai Houxue, de 30 años, original de Guizhou. "Pero no me iré hasta que me paguen lo que me deben".



ENTREVISTA: Crisis económica en China DAVID DOLLAR Director del Banco Mundial en China

“Millones de trabajadores van a perder sus empleos”


J. R. - Pekín - 14/01/2009

David Dollar, estadounidense de 54 años, ha podido constatar con sus propios ojos la “increíble” —según la califica— transformación que ha experimentado China en las dos últimas décadas. Llegó por primera vez a Pekín en 1986, como profesor de Economía. Desde julio de 2004, es director de la oficina del Banco Mundial en China.


Pregunta. ¿Cómo ve la crisis en China?

Respuesta. Está teniendo un gran impacto sobre las exportaciones, el sector inmobiliario y la construcción. Es un momento realmente peligroso, con un efecto multiplicador. Millones de trabajadores van a perder sus empleos.

P. Pekín aprobó en noviembre un plan de estímulo por valor de cuatro billones de yuanes (440.000 millones de euros) hasta 2010. ¿Es suficiente?

R. El tamaño es correcto. Lo importante será su composición. Algunas partes son grandes proyectos de infraestructuras, que están bien, pero esto no salva puestos de trabajo en la exportación. China tiene una red de seguridad bastante bien diseñada. Dotarla de fondos es la medida de estímulo más eficaz en este momento, porque los desempleados que reciban algún ingreso gastarán.

P. ¿Cuánto va a durar esta difícil situación en China?

R. Es imposible predecirlo, pero el escenario más probable es que comience a salir de la crisis en seis meses, debido a un ligero repunte de Estados Unidos y a que el plan chino comenzará a dar resultados.

P. ¿Qué ocurrirá si la crisis se prolonga dos o tres años?

R. China tiene las herramientas para crecer al 7% anual durante años, independientemente de lo que ocurra a la economía mundial.

P. ¿Son estas herramientas el superávit fiscal y las cuantiosas reservas de divisas extranjeras?

R. Sí, pero lo importante es cómo se gasta el plan de estímulo. Cuando salgamos de ésta, China necesita tener otro modelo de crecimiento. Debe generar más demanda doméstica.

P. ¿Cuál es el principal logro de Pekín desde que lanzó las reformas hace 30 años?

R. La reducción de la pobreza. Al comenzar las reformas, China era más pobre que el África subsahariana. Pero en este tiempo ha sacado a más de 500 millones de personas de la pobreza. Desgraciadamente, en sanidad no se ha hecho gran cosa, aunque la situación es mejor que en la mayoría de los países en desarrollo. Necesita dedicar más a sanidad y educación. La gente se sentiría más segura.

P. ¿Ha tenido el proceso de desarrollo chino efectos negativos?

R. No para mí.

P. ¿Cuándo superará a EE UU y se convertirá en la primera economía del mundo? Actualmente es la cuarta.

R. Las estimaciones son que se produzca alrededor de 2035. Pero su renta por habitante será cuatro veces inferior, dada su población.