"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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domingo, 2 de octubre de 2011

El nuevo “sistema-mundo”, de Ignacio Ramonet

Fuente: Le Monde diplomatique (Nº: 192 Octubre 2011)

Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”?

La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”…

Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir.

  1. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. 
  2. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. 
  3. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. 
  4. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. 
  5. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. 
  6. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.

Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.

En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones)  y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.

Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.

En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causarà, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar…

El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU.

Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.

Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo.

Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.

El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.

Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.

Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.

Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada… Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.

Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora –en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo– por las energías renovables.

El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento… El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo.

sábado, 7 de febrero de 2009

Peligro de desglobalización


El nuevo nacionalismo económico está amenazando la economía mundial - El divorcio entre el discurso correcto y la realidad populista levanta nuevas fronteras donde ya había libertad

ARIADNA TRILLAS EL PAÍS 07/02/2009

Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), policía y árbitro de los intercambios comerciales, recurre a las enseñanzas de Mahatma Gandhi para cargar contra los distintos disfraces que en estos meses viste el proteccionismo por doquier en el mapa mundi. "Gandhi dijo que, con el ojo por ojo, el mundo entero se vuelve ciego. Hoy podríamos decir nosotros que, con un trabajo (de aquí) por otro trabajo (de fuera), lo que tenemos es paro masivo".

El comercio mundial caerá en 2009 por primera vez en 27 años

Los economistas coinciden en que el pánico llama a las trabas comerciales

Los Gobiernos se debaten entre su fe en el libre comercio y la presión social

Un país puede dañar a sus exportadores al intentar proteger a sus productores

Los líderes de las principales economías del mundo -de China a Estados Unidos, pasando por Francia, Reino Unido, Brasil, Alemania, la India o incluso Rusia- proclaman a cada rato su fe en el libre comercio como estímulo de la recuperación económica. De hecho, hasta ahora han sido relativamente consecuentes con esa fe en los mercados abiertos: según el Banco Mundial, de media, los aranceles han bajado en los últimos 30 años desde niveles superiores al 25% a menos del 10%. Desde mediados de los noventa, el comercio aumentó, de media, a un ritmo anual cercano al 6%, superior al crecimiento económico.

La misma fe en los beneficios del comercio sin trabas se mantuvo imperturbable en la cumbre del G-20 que, el año pasado, en Washington, empezó a orquestar una respuesta global y coordinada al enemigo llamado recesión.

Sin embargo, el divorcio entre el discurso de los líderes políticos y la medicina que éstos aplican para intentar curar una economía gravemente enferma está dejando traslucir brotes de ceguera comercial, de discriminación a los productos del vecino, de trabas que vuelven. Si el libre comercio es una de las señas de identidad de la globalización, son muchos los economistas que la ven amenazada por esta crisis indomable y el modo de combatirla.

"Las investigaciones académicas nos dicen que una de las variables clave por las que los países cambian de rumbo en sus políticas comerciales son las crisis fuertes. Las crisis fuertes dan lugar, por un efecto péndulo, a un intento de cambio del statu quo. Y hoy, el statu quo se caracteriza por haber desarrollado un amplio proceso de liberalización", explica desde Washington Daniel Lederman, economista senior del Banco Mundial experto en desarrollo. Lederman añade: "En el caso además de las recesiones en los países avanzados que se asocian a la deflación (caída generalizada de los precios), las crisis suelen incrementar el proteccionismo. Hoy la amenaza proteccionista es real".

Los ejemplos proliferan como las setas. Hace dos meses, Rusia decidió elevar del 5% al 30% el gravamen para los coches importados. También ha introducido aranceles a la carne de ave y de cerdo. India ha anunciado que durante los próximos seis meses prohibirá la importación de juguetes de China (la mitad de los que importa). Claro que el Gobierno chino antes elevó las deducciones de los impuestos a la exportación de sus juguetes en un 14% para ayudar a sus fabricantes nacionales.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha aclarado que las ayudas a las empresas de automóviles no son para que se instalen en países con menores costes para vender coches en Francia. "Se trata es de ayudar a frenar la huida de empleo de Francia".

Estados Unidos ha salido a apoyar a sus gigantes del motor de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. No ha tenido gestos con las multinacionales extranjeras instaladas en su territorio. A su vez, EE UU ha sugerido que China juega la carta de una moneda (yuan) competitiva.

"Cuanto mayor es el pánico, mayor es la tentación de caer en la retórica nacionalista, y, sobre todo, de caer en la demagogia más baja, porque la presión social es fortísima", reflexiona Pablo Videla, director del departamento de Economía de la escuela de negocios IESE. Coincide con él -"el pánico hace que todos reaccionen con un sálvese quien pueda", dice, y desde una perspectiva bien distinta-, el catedrático de Economía y presidente de Justicia y Paz Arcadi Oliveras, para quien el proteccionismo en los países ricos "está fuera de lugar" pero quien lo ve "imprescindible para crecer" en los menos desarrollados.

Los peligros de la retórica nacionalista se han evidenciado en el Reino Unido, con la revuelta social que le ha estallado a la cara al primer ministro, Gordon Brown, a raíz del reclutamiento de mano de obra italiana y portuguesa en la refinería de Lindsey y dos años después de haber azuzado con lemas como "empleos británicos para trabajadores británicos". El debate ha salido salpicado de acusaciones de xenofobia. "Pero las empresas no actúan como lo han hecho porque no quieran a británicos, sino porque los otros cobran menos. Buscan menos costes", centra el problema Videla, quien, sin embargo, confía en las lecciones de la Gran Depresión y en que no volverá el repliegue.

"A finales del siglo XIX, el comercio equivalía al 25% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. En los años treinta, cayó a casi el 14%. Es lo que ocurre cuando se culpa al resto del mundo de todo. Llegamos a los cincuenta con un mundo cerrado que generó probreza y conflicto", repasa la historia Videla. Hoy, el nivel ha vuelto al 25%.

Tras el crash del 29, la ley Smoot-Hawley en EE UU fue el pistoletazo de salida de una carrera de aranceles y barreras comerciales que encontró ecos de represalia inmediatos. Las importaciones estadounidenses bajaron de 4.400 millones de dólares a 1.500 millones entre 1929 y 1932. Las exportaciones de EE UU cayeron en el mismo periodo de 5.400 millones a 2.100. La contracción del comercio y de la generación de riqueza mundial fue rotunda.

Lecciones aparte, la interconexión de la economía es hoy tal que la cosa aún se complica más. Pensemos en el rescate de bancos. La banca española, que no ha requerido inyecciones de capital público, acusa de "competencia desleal" a los bancos extranjeros que sí han resultado fortalecidos por las autoridades de sus países: compiten con ellos sin complejos con agresivas estrategias comerciales. El Reino Unido exhorta a la banca a dar crédito a las empresas británicas. Y, en el plano de las finanzas, un agravante: a diferencia de lo que ocurre con el comercio, para el que existe el mencionado policía y árbitro que es la OMC, no existe una autoridad financiera mundial. Es uno de los retos que deberán abordar el G 20 cuando se reúna este abril en Londres.

Pese a la tentación proteccionista, algunos gobiernos ya han comprobado que las medidas pueden ser como un tiro por la culata. Le ha ocurrido al ruso: para ayudar a su industria nacional del automóvil subió los aranceles de los coches de importación, pero ahora ha tenido que lidiar con revueltas en Vladivostok, ciudad portuaria cuyos empleos dependen de la venta de esos coches.

También lo ha descubierto el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama. Su controvertida cláusula Compre Americano -que prohíbe el uso de hierro y acero extranjero en la construcción de infraestructuras financiadas con los más de 800.000 millones de dólares de su plan de reactivación económica- no sólo ha puesto el dedo en el gatillo de las denuncias ante la OMC por socios comerciales de EE UU como la Unión Europea o Canadá. También se quejaron, por temor a represalias, las multinacionales General Electric y Caterpillar, o la Cámara de Comercio de EE UU.

En los últimos 15 días, el acero ha hecho asomar al planeta al abismo de una auténtica guerra comercial. Pero, tras su paso por el Senado, la prohibición se aplicará "de manera coherente con las obligaciones de EE UU bajo los acuerdos comerciales", como los pactos firmados bajo el paraguas de la OMC. Ha sido un gesto político apreciado especialmente en Alemania, México y Canadá (primer país al que Obama viajará este mes y que vende a EE UU el 40% del acero que produce). La UE ha bombardeado con cartas a congresistas, senadores y miembros del Gobierno federal animándoles a "dar ejemplo" porque "unos mercados abiertos siguen siendo prerrequisito esencial para una recuperación rápida".

Un proteccionismo leve y temporal puede reactivar la economía americana, puede pensarse. "Eso sería cierto si se pudiera asegurar que efectivamente sería temporal y que nadie más lo aplicaría. Pero las represalias y una espiral proteccionista sería inevitable", opina Lederman.

"Iniciar una guerra comercial no interesa a nadie, pero Obama está focalizado en crear o preservar tres millones de empleos en su país y es difícil explicarle al contribuyente americano que hay que poner dinero en algo que no sirva para crear puestos de trabajo en casa", explica el presidente de la Cámara de Comercio de EE UU en España, Jaime Malet, tras regresar de Washington y entrevistarse con senadores, empresarios y algunos cargos de la nueva Administración. "La política americana es muy dura y toda iniciativa política donde no hay disciplina de partido requiere una negociación durísima", explica.

Pero el proteccionismo no sólo refleja choques de intereses entre países. "En realidad, la crisis hace aflorar el auténtico choque, el de siempre, entre los intereses de los productores, que desean preservar su mercado de los competidores de fuera, y, por otra parte, los exportadores", subraya la catedrática de Economía Aplicada Miren Etxezarreta, miembro de la Red Europea de Economistas Críticos y partidaria de "un proteccionismo oficializado y programado".

Y es que está comúnmente aceptado que "EE UU y los países más avanzados han practicado siempre decisiones proteccionistas", apunta Marta Garrich, miembro del Secretariado del Forum Ubuntu, que no pierde la esperanza de que cuando se retomen las negociaciones para la liberalización del comercio de la Ronda de Doha (fracasaron en diciembre una vez más, pese a los llamamientos del G 20) se aborde la introducción de un impuesto global sobre las transacciones de divisas. "La cuestión es para qué se utiliza el proteccionismo. Tal vez esta crisis sea una oportunidad para que los países más pobres desarrollen sus propias agendas de desarrollo, y también porque se constata que deben replantearse los modelos imperantes hasta ahora en el crecimiento".

Desde la óptica de América Latina, las presiones proteccionistas son encajadas como "una pésima noticia", declara la secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena. "Nuestros países desmantelaron gradualmente su estructura de protecciones, disminuyeron sus barreras arancelarias y entablaron negociaciones a nivel bilateral y multilateral para abrir sus economías", recuerda, y, además, si la crisis se alarga mucho, la región puede topar con dificultades de financiación del comercio, "condición necesaria para mantener nuestras economías abiertas".

Según Zoellick, no serán las economías más desarrolladas las que sufrirán una retracción comercial, sino las emergentes. Por ejemplo, China. "La economía china no depende del consumo interno, sino de la inversión extranjera y de las exportaciones. Por eso está sufriendo mucho la caída de consumo en Occidente", enfatiza Amadeu Jensana, director de Programas Económicos y Cooperación de Casa Asia. En diciembre pasado, las exportaciones del gigante asiático sufrieron su peor desplome en una década (2,8%). "Más de la mitad de lo que exporta China lo fabrican empresas occidentales, así que éstas también se ven perjudicadas", apostilla.

La amenaza proteccionista sobrevuela la economía justo cuando la propia crisis desinfla la demanda y el comercio. "Para que el PIB de los países avanzados crezca al 3%, el comercio internacional debe hacerlo al 8%", señala José Antonio Herce, socio director de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI), que considera "una aberración" la retórica proteccionista -también el llamamiento a consumir productos españoles por parte del ministro de Industria, Miguel Sebastián- porque "de la retórica es fácil pasar a las medidas".

Hoy, la economía mundial apenas crece. ¿Y el comercio? En 2006, aumentó un 8,5%. Según la OMC, en 2007 el ritmo bajó al 6%. El Banco Mundial augura que el comercio mundial va a caer en 2009 por primera vez en 27 años; en torno a un 2%. O más.

Esta contracción va acompañada de cierto repliegue de movimientos que tienen mucho que ver con la globalización. El turismo mundial, por ejemplo, reculó un 1% en la segunda mitad de 2008 y las previsiones para 2009 contemplan una caída global del 2%. Eltransporte internacional de mercancías cayó un 13,5% en noviembre y un 22,6% en diciembre. ¿Estaremos desandando en la globalización?