¿Pican?
Cada vez menos.
¿Por qué?
La presión de la pesca industrial esquilma las poblaciones de peces en todo el planeta.
¿Desde cuándo se nota esta mengua?
Hace quince años las pesquerías eran locales. Desde entonces, la pesquería se globaliza.
¿Puede ilustrarlo con datos?
De los años 50 a los 80, la superficie de pesca se amplió un millón de km2al año. De 1980 a 1995, pasó a crecer 3 millones de km2al año. Ahora ha dejado de crecer.
¿Por qué?
¡Porque todo el planeta está ya copado! Pescamos ya en el fin del mundo: en el sur del Pacífico, en la Antártida...
¿Con qué resultados?
Si vamos tan lejos en busca de peces es porque cada vez hay menos...
Voy al mercado y no lo noto.
Nuestras lonjas del primer mundo son el destino prioritario de esa pesca remota. Sí lo notan las lonjas de países pobres: los peces que antes estaban en puestos de Dakar, Áfricaoriental, India... ahora están aquí.
¿Y aquí cuándo empezaremos a notarlo?
Una abuela que se pasee por el mercado no reconocerá ya la mayoría de los peces.
¿Qué pasará si seguimos así?
El pescado se encarecerá más ymás: tus hijos sólo lo comerán en Navidad, en una boda...
¿Incluido el sushi? Les encanta.
Creer que todo el mundo iba a poder comer sushi todo el tiempo es un delirio.
¿Qué especie corre más peligro?
Dentro de veinte años habrá desaparecido el atún de tu vida. Pero lo grave es la tendencia: a esta especie le seguirá otra, y otra...
¿Qué estamos haciendo mal?
Vaciamos una zona de pesca... y luego vamos a por otra. Es una estafa piramidal: ¡nos liquidamos el capital! Es insostenible.
¿Hay alternativa?
Una pesca artesanal permitiría mantener el stock, el capital de pesca: pescando menos cantidad, más selectivamente y sin alterar los fondos marinos. ¡Nada de redes de arrastre, sólo anzuelos!
¿Qué consecuencias comporta la pesca por arrastre?
El mar del Norte era rocoso... y hoy es fangoso. La red de arrastre destruye los fondos marinos, los arrasa, los inhabilita para una ulterior repoblación. Y, encima, se pesca lo que no se quiere pescar.
¿Por ejemplo?
La pesca de merluza o bacalao no debería llamarse así, porque sólo un 40% de lo pescado en las redes es merluza o bacalao: ¡el 60% son especies diversas..., cuyos cadáveres se arrojan luego al mar! Al año, son casi 20 millones de toneladas de pescado desperdiciados.
¿Cuántos millones de toneladas de pescado sí llegan a puerto?
Al año, 53 millones de toneladas de pescado son capturados para consumo humano. De estas toneladas, 24 millones se pescan artesanalmente: dan un medio de vida todavía a 12 millones de personas. Los otros 29 millones se pescan a gran escala: dan trabajo sólo a medio millón de personas.
Y enormes beneficios a algunos pocos, supongo...
Mire el caso de España: ha orillado la pesca artesanal para volcarse en la industrial. La pesquería española extrae peces en todos los mares del planeta... y extrae dinero del contribuyente.
¿Dinero mío?
Sí, casi 500 millones de euros europeos subvencionan esta estructura industrial de enormes pesqueros conquistadores de mares remotos, que esquilman la pesca que era para pescadores artesanales locales. Con ese dinero, además, compran derechos de pesca en costas de países pobres.
¿La acuicultura podría ser la alternativa?
Hoy produce 40 millones de toneladas para consumo humano: China produce el 70% de todo ese pescado de piscifactoría del mundo; el resto, otros países. Pero hoy no es la alternativa: son peces carnívoros (como el salmón) que se engordan con harinas de pescado, anchoveta y sardina. ¡Es absurdo!
¿Por qué?
Necesitamos ¡una tonelada! de anchoveta y sardina para producir sólo 200 kilos de salmón. ¡Qué sinsentido! ¿No sería mejor comerse la sardina y la anchoveta que convertirlas en pienso para salmones?
Qué rica la sardina, sí.
Y más sana: a mayor edad del pez (salmón, atún...), más riesgo de concentración de metales pesados. ¡Usar anchoveta y sardina para producir salmón es dilapidar lo bueno para amplificar lo malo!
Si usted mandase, ¿qué tres medidas adoptaría en bien de la pesca?
Una, supresión de las subvenciones. Dos, creación de zonas protegidas (en diversos grados). Y tres, cuotas individuales de pesca (por pescador o por buque).
El cambio climático ¿está afectando de algún modo a la pesca?
Sí: los bancos de peces están desplazándose desde los mares cálidos hasta los fríos. Dentro de unos años, los países tropicales dispondrán de muy poca pesca...
¿Come usted mucho pescado?
Como lo que mi esposa me cocina, ja ja... Pescado, dos o tres veces al mes.
Es poco, ¿no?
Ella compra y cocina, y está bien así: comemos salmón rojo (sockeye),un salmón salvaje del Pacífico, muy rico y saludable.
El doctor Pauly habla un español aceptable, gracias a sus largos trabajos en países latinoamericanos: desde joven quiso ayudar a los más desfavorecidos, y encontró su particular modo de hacerlo estudiando a fondo los problemas de la pesca y planteando alternativas. Ha dirigido los más detallistas estudios sobre pesquerías y ha promovido iniciativas como www. fishbase. org, la más completa base de datos sobre pesca. Ha dado una conferencia en la Universitat de Barcelona, en colaboración con la Fundació Ocean 2012 (www.ocean2012.eu), una alianza de organizaciones que propone modificar el marco regulador de la pesquería europea, en beneficio del futuro de la pesca.


Sin duda, u
Lo que nos cuenta
No obstante, la más atroz de las pa-radojas servidas por la globalización está aún por llegar: la perca que ali-menta cada día a dos millones de per-sonas en el exterior y engrosa las ar-cas de las multinacionales, mata lite-ralmente de hambre a los habitantes de Tanzania. La gente que vive alrede-dor del lago tiene prohibido pescar pa-ra consumo privado para no perjudicar la venta, y la industrialización ha dis-parado los precios de este pescado hasta extremos tan inalcanzables pa-ra la población civil, que tienen que conformarse con comer sus desechos. Un camión transporta des-de la fábrica hasta los arrabales montañas de cabezas y raspas en estado de descomposición que otros se encargan de ahumar en extensos caballetes de madera, poniendo en peligro su salud por el ácido que se desprende. Se trata de una manufactura que discurre paralela a la de las factorias: la que cubre el mercado interior. Y su-ma y sigue, porque todavía existe un último eslabón más trágico, si cabe, que saca provecho del proceso de envasado. Con el plástico sobrante, los niños que malviven sin techo por las calles de Mwan-za y Musoma, obtienen una cola líquida que inhalan para desco-nectar de una rutina de abusos sexuales y mendicidad.
Sauper, director y guionista del proyecto, no deja títere con cabe-za en este fresco desgarrador que se va extendiendo ante nuestros ojos, porque, simple y llanamente, aquí hay muchos títeres, pero ya no queda ninguna cabeza que se pueda erguir con orgullo, ya sea por vergüenza o desesperación. Su historia es la del pez grande que devora al pequeño, una espiral de atrocidades que, como la pescadilla, se muerden la cola, y esa perca om-nipresente como catalizador de ese otro depredador que es el hombre. Hay una escena que resume a la perfección el sentido alegórico de la película: un pez mecánico que cuelga del despacho del ufano di-rector de la fábrica canta el "Don't worry, be happy" mientras se contonea. Es éste, por supuesto, un mensaje teñido de sarcasmo que va dirigido al Primer Mundo: aquí todo está bajo control. Más desarmante resulta, sin embargo, la actitud de los ciudadanos ne-gros que, aun sumergidos en todas las adversidades posibles, no han perdido su capacidad para reír, soñar, luchar, solidarizarse... Nunca se lamentan, no maldicen, no gimotean; en cambio, agrade-cen tener todavía un trabajo y algo que llevarse a la boca al cabo del día. Se trata de la mayor lección de humildad y dignidad que un ser humano puede regalar a otro, y que contrasta con el fácil victi-mismo que aflora en las naciones desarrolladas a las primeras de cambio.
Aun así, es el impecable trata-miento que se le ha dado a todo este material lo que aumenta su valía. "La pesadilla de Darwin" posee el rigor de la honestidad y la modestia: el autor cede todo el protagonismo posible a los afecta-dos a través de imágenes y conversa-ciones en estado puro, silencios que respiran, elocuentes miradas y ges-tos, apenas pautados por unos rótu-los que nos sitúan, subrayan o con-trastan aquello que observamos y oí-mos. Pero, más allá de la fuerte im-presión que genera, de sus contundentes revelaciones o de la denuncia que suscita, existe algo que hace de este documental, tan incómodo como de obligado visionado, un ejemplo a seguir. Sauper ha confeccionado un producto inteligente destinado a los que considera espectadores inteligentes, porque enseña sin juzgar, transmite sin manipular, pone en relación sin necesidad de colgar etiquetas, y secuestra el interés con contenidos y no con especias —no hay música, ni montajes efectistas, ni voces en off, que ame-nicen o sobredimensionen este brutal descenso a los infiernos—. Y encontrarse hoy en día con algo así, que rehuya el panfleto y sor-tee la tentación de complacer, para que cada uno extraiga luego su propia valoración, es un milagro. De hecho, el cojín de premios que lo respaldan —incluido el de Mejor Documental en los Premios del Cine Europeo— son una nadería frente al incontestable aval que otorga la realidad desquiciante a la que nos aproxima. No hace fal-ta recurrir a las ficciones alienígenas de Spielberg con las que com-parte cartelera para asistir a la guerra de los mundos más perversa.





