"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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lunes, 2 de febrero de 2009

Una adolescente cuenta cómo vive en medio del conflicto armado


Mientras se suspenden las operaciones de asistencia de la ONU, una adolescente cuenta cómo vive en medio del conflicto armado


Fuente: http://www.unicef.org/spanish/emerg/index_47044.html

Imagen del UNICEF
REUTERS/Mustafa
Varios niños palestinos observan una vivienda que quedó destruida tras un ataque aéreo contra Khan Younis, en Gaza meridional.

Nueva York, Estados Unidos, 8 de enero de 2009 - Ayer, al cumplirse el decimotercer día consecutivo de hostilidades en Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel impusieron un alto el fuego de tres horas de duración para dar paso franco al flujo de ayuda humanitaria en ese territorio. Sin embargo, la asistencia en el territorio fue suspendida durante un periodo indefinido debido al peligro que supone para los trabajadores de socorro. El Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas anunció la suspensión de las operaciones debido al "incremento de las acciones hostiles contra sus locales y trabajadores".

Según la Oficina de Coordinación de la Asistencia Humanitaria de las Naciones Unidas, la población de Gaza necesita con carácter urgente combustible, alimentos y suministros médicos. Durante la breve tregua, UNICEF pudo distribuir alguna ayuda, como botiquines sanitarios y conjuntos básicos de agua para las familias. Pero hace falta mucha más asistencia.

Los combates han afectado especialmente a los niños y niñas de Gaza, de manera que UNICEF colabora con sus aliados para la protección de la infancia produciendo y difundiendo mensajes radiales y televisivos dirigidos a las familias para ayudarles a mantener a salvo a sus niños y a detectar y tratar los síntomas de trauma emocional que puedan manifestar los menores.

Hasta la mañana del martes, en los 23 refugios de emergencia que funcionan en Gaza había más de 14.000 personas, entre ellas 7.840 niños y niñas. Las escuelas continuaban cerradas en todo el territorio.

"No podemos ir a la escuela para aprender porque en las calles corremos mucho peligro", declaró Yasmin, de 16 años de edad, en una entrevista telefónica con Radio UNICEF.

Escuelas y mezquitas bombardeadas

Una escuela administrada por el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas en la que había buscado refugio centenares de personas fue bombardeada el lunes. El ataque dejó un saldo no determinado de muertos y heridos. Ese mismo día, un cohete disparado desde Gaza hizo impacto en una guardería de la región meridional de Israel causando daños al edificio aunque no bajas.

Imagen del UNICEF
REUTERS/Salem

Antes de la suspension de las operaciones de asistencia de las Naciones Unidas, una mujer palestina espera que le entreguen alimentos en la sede del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas en Gaza.

El hogar de Yasmin sufrió daños debido a los bombardeos a principios de la campaña militar israelí.

"Bombardearon una mezquita frente a mi casa", explicó. "Me asusté mucho porque los cristales de la ventana de mi habitación se desintegraron y cayeron sobre la cama. Yo estaba durmiendo, soñando. Comencé a llorar. Salté de la cama y huí de mi habitación. Fui al cuarto de mis padres y dormí toda la noche con ellos".

Yasmin agregó que debido al bloqueo impuesto a Gaza durante 18 meses, en el territorio resulta difícil conseguir cristales. "Por eso cubrimos las ventanas con papel de aluminio, para defendernos del frío del invierno".

La paz será muy difícil

Debido a que el grueso de las operaciones militares se desplazó al norte de donde se encuentra el hogar de Yasmin, la joven ha vuelto a dormir en su habitación. Sin embargo, aún no puede salir de su casa.

"No puedo ni salir a la calle, porque es muy peligroso", comentó. Yasmin conversa con sus amigas por teléfono o, cuando hay electricidad, intercambia mensajes de email.

"Resulta muy difícil pensar en la paz", explicó Yasmin, "porque ni Hamas ni Israel desean la paz. Pero quizá si pudieran dialogar, podrían intercambiar opiniones. Quizá, pero es muy difícil".

Yasmin señaló que si tuviera la oportunidad de hablar con los dirigentes de ambos lados les diría que deben poner fin a los combates.

"Queremos vivir", dijo. "Somos seres humanos y queremos vivir".


Más información en:

http://www.educacionsinfronteras.org/noticias_090119_pol_gaza_ed.php

http://phobos.xtec.cat/ieselsui/moodle/mod/resource/view.php?id=2465






lunes, 26 de enero de 2009

La otra guerra sucia de Gaza: Hamás mató a un centenar de supuestos colaboracionistas de Al Fatah

JUAN MIGUEL MUÑOZ - EL PAÍS Gaza - 23/01/2009

Se mezcla la revancha, una división política abismal entre los palestinos, el odio, los intereses personales, y los instintos más primarios. Durante los 23 días de ataque sin respiro que Israel desató contra Gaza, Hamás y Al Fatah ajustaron cuentas en medio del caos. Una guerra extremadamente sucia. Mientras los combatientes disparaban cohetes, decenas de colaboracionistas con Israel informaban al Ejército de este país sobre objetivos concretos. Seguramente, bastantes personas murieron por esa ayuda al enemigo. Pero la reacción de la milicia islamista fue contundente y brutal. Más de un centenar de esos quintacolumnistas fueron ajusticiados.

    Israel

    Israel

    A FONDO

    Capital:
    Tel Aviv.
    Gobierno:
    República.
    Población:
    7,112,359 (est. 2008)

Docenas de presuntos traidores han sido detenidos en la franja

Hamás sospecha que el ministro del Interior fue víctima de una delación

El 1 de enero, aniversario de la fundación de Al Fatah, salieron a las calles cientos de sus partidarios. Algunos repartían caramelos -tradicional modo de celebrar una buena nueva- para dar la bienvenida a los bombardeos de la aviación israelí. Masleh Reqab, un profesor de Economía de Jan Yunis, asegura que "miembros de Al Fatah exiliados en Egipto llamaban a sus familiares para anunciarles que en tres o cuatro días volverían a Gaza". Apenas habían transcurrido cinco días de contienda y muchos de ellos pensaban que Hamás no resistiría unos bombardeos tan violentos. Pero aguantaron.

En algunos barrios de la ciudad de Gaza, seguidores de Al Fatah trataron de tomar las calles con las armas. Los policías siempre patrullaron, pero sin los uniformes que les convertían en un blanco fácil para los helicópteros y aviones israelíes. Pretendían evitar que los hombres armados del partido del presidente palestino, Mahmud Abbas, se hicieran fuertes. Y también los saqueos, porque las puertas de cientos de comercios quedaron reventadas por las bombas y las mercaderías al alcance de cualquier ladrón. No obstante, la vestimenta civil de los agentes alimentó el desconcierto.

Hamás no suele tener piedad cuando de prestar apoyo al enemigo sionista se trata. Los disparos en las piernas contra los colaboracionistas, considerados traidores en toda regla por los fundamentalistas, fueron frecuentes en esos días de anarquía. "Había hombres que de repente colocaban un carrito para vender frutos secos y vigilar la casa de algún dirigente de Hamás. Otros regresaban desde zonas donde los soldados israelíes ya estaban desplegados sin sufrir daño alguno. Es casi imposible que no prestaran ayuda a los enemigos", asegura una fuente muy cercana al movimiento islamista. Buena parte de ellos están entre rejas, pero a muchos otros, más temerarios, les fue mucho peor.

"Sorprendieron con las manos en la masa a colaboracionistas disparando a combatientes de Hamás durante la guerra. A éstos los mataban inmediatamente. Los milicianos han ejecutado a más de cien. A algunos que ya son bien conocidos se les encerraba en sus casas con la advertencia de que dispararían contra ellos si abandonaban sus viviendas", añade la misma fuente.

Ehab el Ghosein, portavoz del Ministerio del Interior, no confirma ni desmiente. "Hemos detenido", afirmaba ayer, "a mucha gente por colaborar con Israel. Son docenas de personas que están siendo interrogadas. Matarlos, aunque sean colaboracionistas, es ilegal. Pero han ocurrido sucesos aprovechando esos días de confusión". El Ghosein apunta que el ministro del Interior y uno de los líderes de la cúpula de Hamás, Said Siam, pudo ser víctima de uno de esos colaboracionistas. "Se está investigando", señaló.

Los dirigentes de Hamás no desaparecieron esos días en la clandestinidad más absoluta. A muchos se les podía ver incluso en televisión acudiendo a funerales. Un hecho que pudo facilitar el trabajo a quienes marcaron la vivienda en la que Siam, partidario de la línea dura de Hamás, se reunía con otros jefes de su partido. En ocasiones, los colaboracionistas han contado con aparatos dotados con señales de láser para identificar el edificio que después derribaban los aviones israelíes.

Es una historia vieja que se remonta a los años noventa. Y en la cruenta lucha por el poder que libraron Hamás y Al Fatah durante un año, hasta junio de 2007, cuando los islamistas tomaron el poder en Gaza, también fueron numerosos las tentativas de asesinato de militantes de Hamás, incluido el primer ministro, Ismail Haniya, que sufrió al menos dos intentos de acabar con su vida. La refriega concluyó con violencia inaudita en aquellos días de junio. Y con un cruce de venganzas entre unos y otros en las que la sangre corrió abundante.

La guerra de Gaza: ¿Qué dice Al Qaeda sobre Gaza?


Los líderes de la organización terrorista han usado la ofensiva israelí para predicar la lucha global contra el infiel y para influir dentro de Palestina a los distintos grupos 'yihadistas' que compiten con Hamás y Al Fatah.

FERNANDO REINARES EL PAÍS 24/01/2009

Desde que el 27 de diciembre se iniciara la operación militar de Israel en Gaza, hasta la retirada de sus tropas coincidiendo con la toma de posesión de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, se han pronunciado respecto a lo sucedido en aquella franja del territorio palestino tanto Osama Bin Laden como su lugarteniente y verdadero estratega de la denominada yihad global, es decir, Ayman al Zawa-hiri. También, en dos ocasiones, el líder de Al Qaeda en el Magreb Islámico, Abu Musab Abdelwadoud, lo que adquiere especial relevancia si adoptamos una perspectiva europea en general y española en particular.

"Hoy EE UU se tambalea bajo los ataques de los 'muyahidines", escribe Osama Bin Laden. Los comunicados han servido para facilitar la movilización e incitar a la comisión de atentados.

Pero ¿qué tienen en común esos mensajes? ¿Qué dicen en torno a la ofensiva israelí y sus consecuencias? ¿Cuáles son los propósitos con que han sido difundidos?

En primer lugar, los líderes de Al Qaeda han utilizado sus respectivos comunicados para trasladar, a la sociedad palestina y al conjunto de los musulmanes, un discurso que enmarca lo acontecido en la idea de yihad global que propugnan. Osama Bin Laden, en su mensaje del 14 de enero, lo resume así: "Los sentimientos de los muyahidines por lo que estáis atravesando son enormes. Los muyahidines, como vosotros, también están siendo bombardeados por los mismos aviones, y pierden sus más queridos familiares del mismo modo que vosotros. Os apoyamos y no os vamos a abandonar, si Alá quiere. Compartimos el mismo destino en la lucha".

En este mismo sentido, Ayman al Zawa-hiri, decía en el suyo, aparecido ocho días antes: "Mis hermanos musulmanes y muyahidines en Gaza y el resto de Palestina, lo que afrontáis hoy no es una ocupación de asentamientos, limitada a cierta área o a cierta región, sino un eslabón en la cadena de la campaña Sionista-Cristiana contra el Islam y los musulmanes".

En el contexto de la ofensiva militar israelí en Gaza, es probable que los dirigentes de Al Qaeda intenten, con este discurso, beneficiarse del impacto recibido por Hamás -organización, por cierto, ignorada en los distintos comunicados, aunque en el pasado ha sido vehementemente criticada por aquéllos-, al constatarse las limitaciones de las brigadas que constituyen su brazo armado y hacerse manifiestas las discrepancias entre sus máximos responsables, al igual que de la eventual repercusión en Al Fatah.

Importa recordar que durante los últimos años han aparecido algunos grupos yihadistas, tanto en los propios territorios palestinos, concretamente en Gaza, como en campos de refugiados fuera de ellos, caso del Líbano, alineados con Al Qaeda y dispuestos a desafiar el predominio por el cual compiten Hamás y Al Fatah. Según un sondeo del Pew Research Center en 2007, seis de cada 10 palestinos adultos confiaban en Osama Bin Laden.

En segundo lugar, los dirigentes de Al Qaeda se sirven de los acontecimientos de Gaza para justificar el terrorismo que es inherente a su idea de yihad global como la única forma de actuación posible y estimular las motivaciones individuales para implicarse de uno u otro modo en su práctica. Osama Bin Laden insiste en que "sólo hay un camino recto para liberar la mezquita de Al Aqsa y Palestina, el de la yihad en la causa de Alá. En el sagrado Corán, el mandato de Alá está claro: la participación en la yihad en su causa, por medio de las posesiones o de uno mismo, ha de continuar hasta que se convierta en un deber colectivo".

Aquí parece referirse a la distinción que en la doctrina islámica existe entre la yihad como obligación individual o deber colectivo, que a su vez implica otra entre yihad defensiva y ofensiva. Enfatizando el imperativo religioso de contribuir individualmente a la yihad, entendido este concepto en su acepción decididamente belicosa, Osama Bin Laden apela a motivaciones para el terrorismo basadas en criterios de racionalidad normativa.

Pero en el mismo mensaje complementa esos argumentos con una apelación, asimismo de cariz racional, a la eficacia de dicha violencia: "Aquí os presento evidencia que prueba que podéis derrotar a vuestros enemigos con sólo una parte de vuestras capacidades. La primera es la devastadora derrota de la Unión Soviética en Afganistán, con la guía de Alá, gracias a los esfuerzos de nuestra gente, y sin la intervención de ninguno de los ejércitos de nuestros gobiernos".

La segunda consistiría, por su parte, en que, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, "hoy Estados Unidos se tambalea bajo los ataques de los muyahidines y sus consecuencias. Se agota humana, política y financieramente. ¡Oh, mi nación islámica! La yihad llevada a cabo por tus hijos contra la alianza Sionista-Cruzada es una de las razones fundamentales, después de la gracia de Alá, de todas esas consecuencias destructivas para nuestros enemigos, que resultan claras y obvias tras siete años de guerra".

En tercer lugar, los dirigentes de Al Qaeda han reaccionado a los acontecimientos de Gaza con pronunciamientos en los que señalan a quienes consideran culpables de lo sucedido e incitan a la comisión de atentados contra los mismos. Ayman al Zawahiri arengaba así a la población palestina afectada: "Esos ataques son el regalo que os hace Obama, antes de asumir su cargo, y el traidor Hosni Mubarak es el principal socio en vuestro asedio y asesinato". También criticaba expresamente a los mandatarios de Arabia Saudí, Yemen e Irak.

En el comunicado de Abu Musab Abdelwadoud de 2 de enero se habla de una masacre que no hubiese sido posible sin "la Administración americana y su representante Bush", ni tampoco sin "los regímenes árabes encabezados por el Estado de Mubarak, la familia de los Saud y la autoridad de Abbas, coautores de los judíos y de los cristianos para recuperar el poder en Gaza".

El día 15 arremetía también contra las autoridades de Argelia y Mauritania, y hablaba de una "alianza satánica compuesta por judíos, cristianos y renegados".

Para Osama Bin Laden, "es un deber hacer un llamamiento a la yihad y movilizar a los jóvenes en unidades yihadistas combatientes en la causa de Alá contra la alianza de Sionistas y Cruzados y sus agentes en la región, y no desperdiciar la energía de la juventud en manifestaciones callejeras sin que porte armas". Y a "los leones del Islam en cualquier parte" les instaba a "golpear los intereses de los enemigos del Islam, es decir, los cristianos y los judíos, donde podáis y por los medios que podáis".

Ayman al Zawahiri, por su parte, exclama igualmente: "¡Oh, musulmanes donde quiera que sea, luchad contra la campaña Sionista-Cristiana, y golpead sus intereses donde quiera que los halléis!". Abu Musab Abdelwadoud, por su parte, decía en su primer comunicado: "Gente de la yihad, musulmanes, los judíos están ante vosotros, atacadles en cualquier parte y levantaos a apoyar a vuestros hermanos en Gaza, su Estado está condenado a desaparecer".

En suma, los líderes de Al Qaeda se están sirviendo de la ofensiva israelí en Gaza y sus consecuencias para afirmar el carácter mundial de la contienda entre musulmanes e infieles en que aducen hallarse inmersos y en el marco de la cual sitúan esos acontecimientos; asimismo para legitimar la yihad de índole terrorista que propugnan y favorecer su propia estrategia de movilización tanto entre la población palestina como en el conjunto del mundo islámico; y, finalmente, para incitar a la comisión de atentados contra blancos seleccionados por su adscripción no sólo al mundo occidental sino también a una serie de regímenes árabes e incluso contra Naciones Unidas.

Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos y director del Programa sobre Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano.

Vídeos sobre Jerusalén, Israel y el conflicto del Oriente Próximo


Fuente: http://www.nationalgeographic.es/articulo/micrositemarz_jerusalen.htm

En estos vídeos, se invita a los espectadores a un viaje profundamente emotivo por los lugares más sagrados de una de las ciudades sagradas del mundo: la Explanada de las Mezquitas musulmana, el Monte del Templo judío, y la Iglesia cristiana del Santo Sepulcro.


VÍDEOS EXCLUSIVOS EN INTERNET :

Los lugares sagrados de Jerusalén

Los tres fes de Jerusalén »

Conflictos religiosos

Dentro de Jerusalén



Acompañaremos a tres familias de las tres religiones en sus viajes de fe hacia los lugares santos de Jerusalén.

Durante su viaje, tendrán que hacer frente al amargo conflicto que ha transformado la ciudad de la paz en una ciudad llena de armas y muros.

Dentro de Los lugares más sagrados de Jerusalén traslada a los espectadores al interior de estos lugares legendarios y pocas veces filmados, como por ejemplo la roca de la Cúpula de la Roca, el pozo de las almas de la Explanada de las Mezquitas,
o los Establos de Salomón,
utilizados por los cristianos de la primera cruzada.

Mediante recreaciones, metraje de alta definición y comentarios de los principales expertos mundiales, damos vida a los misterios y las fascinantes historias de estos lugares sagrados, Dentro de lo más sagrado de Jerusalén.


miércoles, 21 de enero de 2009

Orígenes del conflicto del Próximo Oriente. Historia del judaismo






Según el relato bíblico, Dios, a cambio de su fe, prometió a
Abraham la tierra de Canaán, futura tierra de Israel, y una progenie numerosa. Así comienza la historia del judaísmo, una religión que aglutina a cerca de trece millones de fieles en la actualidad.

La historia de los judíos en la antigüedad comienza con su
desplazamiento desde Ur -en Caldea, a orillas del Golfo Pérsico-, a la Tierra Prometida, en la que se establecen a partir del siglo XIX a.C.

Siguiendo con la Biblia, el nieto de Abraham,
Jacob, a quien Dios otorgó un nuevo nombre, Israel, se trasladó a Egipto con sus hijos y sus familias huyendo de la hambruna.

Sus descendientes fueron esclavizados, hasta que Dios los liberó y, guiados por Moisés, abandonaron Egipto, acontecimiento conocido como el Éxodo.

Al llegar al
Monte Sinaí, los judíos hicieron un pacto eterno con Dios, quien entregó a Moisés las Tablas de la Ley.

Hacia el año 1200, de nuevo en Canaán, los israelitas se encuentran divididos en doce tribus. La llegada de los filisteos y la presión de los amonitas hace que las tribus se unan en torno a una monarquía, siendo Saúl su primer rey.

Con
David, los reinos de Judá e Israel se unen, y el territorio inicial judío se ensancha con nuevas conquistas, entre ellas la de Jerusalén, convertida en capital. Salomón, su sucesor, será un monarca valorado por su sabiduría y por el establecimiento de relaciones con lejanos reinos, como el de Saba.

A la muerte de Salomón el reino se divide en dos estados rivales: Israel, en el norte, y Judá, en el sur.

En el año 722 a.C. Israel será destruido por los asirios. Lo mismo sucederá con Judá en el 586 a.C., asolada por Nabucodonosor, quien destruirá el gran templo de Jerusalén y deportará a Babilonia a los miembros de las clases altas. Las siguientes dos centurias corresponden a la dominación persa, una época de cierta tranquilidad.

La paz termina cuando Alejandro Magno
conquista Palestina en el año 333 a.C. Sus sucesores continuaron su política de helenización, imponiendo la cultura griega en sus dominios. Sin embargo, las luchas internas permitirán la entrada de Roma, a partir del año 63 a.C. Al principio, los romanos gobernaron a través de una dinastía judía fundada por Herodes el Grande. Este gobernante se encargará de culminar la reconstrucción del gran Templo de Jerusalén, casi doblando su tamaño y añadiendo nueva y lujosa ornamentación.

En los primeros años de la Era Cristiana, los gobernadores romanos se enfrentaron a frecuentes rebeliones judías, aplastadas a sangre y fuego.
En la fortaleza de Massada, en el año 73 d.C., casi mil hombres, mujeres y niños se suicidaron para no rendirse a la X Legión Extranjera Romana.






En el año 63 a.C. los romanos asumen el mando del reino de Judea. Sentida la administración romana como una ocupación militar y una explotación fiscal, en el año 66 d.C. empieza la primera rebelión judía.

Massada, al oeste de Jerusalén, se convertirá en el último foco de resistencia hebrea.
La fortaleza de Massada, en la cima de un risco casi inaccesible, había sido construida por Herodes. La ciudadela contaba con almacenes, cisternas y diversos palacios. Las murallas que circundaban la cima facilitaban la resistencia ante cualquier ataque.

Hacia el año 70 d.C. comenzó el asedio de la X Legión romana y tropas auxiliares, con cerca de 15.000 hombres. Ocho campamentos fueron levantados al pie de la montaña. El fastuoso despliegue romano impedía a los judíos rebeldes entrar o escapar de la montaña.
Los romanos emplearon catapultas y otras máquinas de asedio, castigando a los asediados desde un promontorio cercano. Para subir a la cima, construyeron una rampa de madera y barro, de 200 m de largo. Una vez concluida, los arietes se dispusieron a romper la muralla.
Finalmente en el año 73, cuando el muro defensivo comenzó a ser superado por los atacantes, la situación se tornó desesperada. Tras escalar las murallas, los romanos no hallaron sino cadáveres. Los 960 judíos supervivientes, hombres, mujeres y niños, decidieron incendiar los edificios y almacenes y matarse antes de someterse al enemigo. Sólo hubo siete supervivientes, dos mujeres y cinco niños. Massada, así, pasó a formar parte de los mitos de Tierra Santa y se convirtió en símbolo de la resistencia judía.




La campaña de Adriano, seis décadas después, acabó con las últimas resistencias. Jerusalén y el Templo fueron arrasados, y se prohibió a los hebreos vivir en su territorio.

Comenzó así la Diáspora de los judíos fuera de la Tierra Prometida.

La Diáspora o dispersión, continuada durante siglos, extendió el judaísmo por todos los rincones del mundo, creando sinagogas y escuelas judáicas. En Europa, los judíos encontraron acomodo como comerciantes o prestamistas, pues la usura estaba prohibida para los cristianos. Masacres y expulsiones fueron frecuentes, y los judíos fueron acusados de desastres naturales como la mortífera peste negra de 1348.

Bajo el islam, la situación de los hebreos también fue precaria, aunque en tiempos de tolerancia florecieron como médicos, mercaderes o científicos. En España, en algunos momentos de la Edad Media coexistieron pacíficamente las tres religiones. La sinagoga de Santa María la Blanca, en Toledo, es una de las mejores muestras de la herencia judía.






En época medieval, la comunidad judía hispana se hallaba muy repartida. La judería más importante era la de Toledo. En Andalucía destacaban Sevilla, Córdoba y Jaén. En Extremadura, Cáceres, Plasencia y Badajoz. Existía también otro buen número de juderías, aunque de menor importancia, como las de Gerona, Barcelona, Zaragoza, Pamplona o Burgos. Por último, en Baleares, la judería de Mallorca alcanzó gran esplendor en el siglo XIV. Las relaciones entre los cristianos y los judíos de Castilla habían sido, en el transcurso de los siglos XI al XIII, en lo esencial pacíficas. Pero, en la siguiente centuria, las dificultades económicas contribuyeron a hacer de los judíos un chivo expiatorio de todos los males. También influyó la propaganda demagógica de Enrique de Trastámara, quien, atacando a los judíos, quiso ganarse el favor de la población castellana en su guerra contra Pedro I.

En consecuencia, entre 1348 y 1350 se produjeron disturbios antijudíos en ciudades como Jaca, Solsona, Gerona, Barcelona o Valencia. Pero el punto culminante de ese proceso fueron los violentos ataques a los judíos de Sevilla, acaecidos en junio de 1391. La violencia contra los hebreos se propagó rápidamente por otras localidades: Córdoba, Andújar, Montoro, Jaén, etc.

Continuó después la onda expansiva hacia el norte, produciéndose asesinatos en Madrid, Toledo, Segovia, Sepúlveda o Burgos. En la Corona de Aragón, sufrieron matanzas de judíos las aljamas de Lérida, Gerona, Barcelona, Valencia o Palma. El clima de persecución hizo que muchos judíos abandonaran la Península, dirigiéndose al norte de Africa. Este proceso fue completado durante el reinado de los Reyes Católicos, cuando en 1492 se produjo su expulsión definitiva.




El antisemitismo, el odio hacia los judíos, tuvo su punto culminante en el Holocausto nazi. Entre 1941 y 1945, fueron asesinados dos tercios de los judíos de toda Europa. Pero las aspiraciones hebreas no acabaron con este desastre sin precedentes. Un movimiento judío, el sionismo, propugnaba el regreso a su antigua patria en Palestina.

Finalmente, en 1948 sus deseos cristalizaron con la creación en Palestina del estado de Israel. Desgraciadamente, si por un lado se ponía fin a 1900 años de privación de derechos para los judíos, por otro, pese a los repetidos intentos por lograr la paz, se iniciaba un conflicto aún no solucionado entre árabes e israelíes.





La palabra judaísmo define el conjunto de normas y tradiciones religiosas del pueblo judío. Como religión, el judaísmo integra tres elementos esenciales: Dios, la Torá e Israel. Dios, o Yahvé, estableció una alianza con un pueblo, el de los judíos o Israel, para que éste extendiera su fe. A cambio de la preocupación de Dios por Israel, los judíos tienen la obligación de cumplir las enseñanzas divinas o Torá.

La Torá comprende los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco. En ellos se recogen los relatos sobre el origen del mundo, los antepasados de Israel, la esclavitud en Egipto y su liberación, la recepción de los mandamientos en el Monte Sinaí y su travesía por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. El judaísmo no reconoce la divinidad de Jesucristo, al que sólo admite como profeta. Por ello, la Biblia es únicamente el Antiguo Testamento de los cristianos.


La vida cotidiana de las poblaciones está regida por diversos preceptos religiosos. El Sabbath, el día de descanso semanal, es un día festivo en el que está prohibido realizar cualquier actividad que no sea la oración y el reposo. La cocina kosher es la elaborada de acuerdo con las normas religiosas, prohibiendo el consumo de animales considerados impuros, como el cerdo. La circuncisión, a los ocho días de vida, permite a los varones entrar en la comunidad judía y participar de su alianza con Dios. La madurez religiosa de los muchachos se celebra mediante la ceremonia del bar mitzvah, en la que un chico de trece años lee por primera vez un fragmento de la Torá.

La fiesta familiar más importante es la Pascua, que conmemora el Éxodo de Egipto. Celebrada con una abundante comida ritual, en ella se recita la Hagadá, la historia del Éxodo. Muy importantes son también el Yom Kippur -Día de Arrepentimiento o expiación- y la fiesta de Hannukah -Reconsagración-. En ésta última, el acto principal es el encendido de las velas de una pequeña lámpara que recuerda el candelabro de los siete brazos del Templo de Jerusalén.

Actualmente, el mundo judío se divide en tres movimientos principales: el reformista, el conservador y el ortodoxo, citados de menor a mayor grado de apertura. Con todo, pese a la existencia de conflictos internos y tensiones entre Israel y las comunidades de la Diáspora, es posible concluir que el judaísmo es en su conjunto una de las religiones más dinámicas y trascendentes de la actualidad.



Más vídeos en http://es.youtube.com/watch?v=XAM0-Ds7HbQ


martes, 20 de enero de 2009

La guerra de Gaza

Hamás acepta el alto el fuego anunciado por Israel ante la toma de posesión de Obama

EL PAÍS 19/01/2009

Israel ha hecho encaje político de bolillos para lograr la transustanciación del comatoso proceso de paz entre la Autoridad Palestina de Mahmud Abbas y el Estado israelí, en un plan de negociación en miniatura para Gaza. Un cambio que sirve a los intereses de una gobernación que -ante las elecciones legislativas del 10 de febrero, en las que puede vencer la ultraderecha de Benjamín Netanyahu contraria a aquel proceso- cree que perder tiempo es ganarlo, en realidad.

El precio de esa pausa ha sido 1.300 muertos palestinos, más de la mitad de ellos civiles, con alta proporción de mujeres y niños, caídos en circunstancias que fuentes internacionales califican de flagrante violación de las leyes de la guerra, más 13 israelíes, 10 soldados y tres civiles alcanzados por la cohetería de Hamás en atentados terroristas.

Israel decretó este fin de semana un alto el fuego unilateral en la franja, que en la mañana de ayer asumía el movimiento integrista por el plazo de una semana, durante la cual exige la retirada de las tropas. Israel podría resolver así varios problemas, aunque deja colgando alguno todavía de talla. Con la incursión iniciada el pasado 27 de diciembre, el Estado israelí ha infligido un durísimo castigo a Hamás, como prueba el alivio con que los terroristas han aceptado ese respiro, y para concertar el alto el fuego no ha tenido que negociar con el movimiento, lo que le habría conferido una cierta legitimidad; y asimismo le ahorraba al presidente electo estadounidense Barack Obama una toma de posesión, mañana, bajo las bombas. Pendiente, en cambio, queda el propósito de acabar con Hamás, que no sólo sobrevive, sino que, si cumple el plan egipcio -que ha permitido llegar a esta detención de hostilidades-, se beneficiará del fin del bloqueo, con el que Israel iba apretando el dogal de la vida a más de millón y medio de palestinos de Gaza.

El primer acto de ese juego de prestidigitación israelí, secundado por Washington, se celebró ayer en Sharm el Sheij, al que concurrieron los líderes de Francia, Alemania, Reino Unido, España e Italia, más Turquía, Jordania, República Checa como presidente de turno de la UE, y el secretario de la ONU, Ban Ki-moon. Allí, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero -cuya presencia es un éxito diplomático para España-, subrayaron la necesidad de convertir el cese del fuego en una realidad permanente.

El plan del presidente egipcio Hosni Mubarak, angustiado, como el resto de gobernantes árabes moderados, por una matanza que los enfrentaba cada día más a una opinión que pedía actos contra Israel y no palabras, prevé el fin del bloqueo, pero también del contrabando de armas para Hamás. Todo ello con posible supervisión internacional y europea, y en el marco del fin del estado de guerra en y contra Gaza. Ése sería el triunfo de Hamás; e Israel no se sale con la suya.


Hamás gana, Israel pierde

La guerra de Gaza ha corroborado que la verdadera mesa de negociación está en Teherán, entre el EE UU de Obama, un Irán que controle a Hamás y Hezbolá y un Israel que confíe en los palestinos moderados

ADOLFO GARCÍA ORTEGA 20/01/2009

Uno de los temas estrella de la campaña electoral israelí iba a ser los colonos de los asentamientos de Cisjordania. Y en ese asunto candente, ineludible para la izquierda (Meretz y Partido Laborista) y para gran parte de los votantes del Kadima, ocupaban un papel importante las inevitables concesiones territoriales, incluso el desmantelamiento final de esos asentamientos en un horizonte de plazos no lejanos. Lo llevaban en sus programas y en sus discursos, pero a regañadientes. El coste electoral de esa política, anunciada hace tiempo y abocada a empezar a cumplirse en la nueva legislatura, era muy alto. Evidenciaría aún más el desgaste de los partidos gobernantes en estos últimos años y supondría un baño de realidad que podría conducir a la propia sociedad israelí a conflictos internos desgarradores, como el de los ultraortodoxos de Hebrón. Prueba de ello era el descenso del Partido Laborista y del Kadima en las encuestas de hace unas semanas. Esto beneficiaría directamente al Likud de Netanyahu, totalmente partidario de negociar muy al alza el precio de esos asentamientos, dejándolos en todo caso al final de la lista de cualquier negociación futura. Antes se impondría conseguir seguridad y transmitir fortaleza, dar garantías de estabilidad: toda falla en el dificilísimo equilibrio de la seguridad sería un argumento para no salir nunca de Cisjordania, ya que el Likud esgrime como una debilidad la experiencia de salida de los colonos de Gaza. En este contexto, los partidos religiosos jugaban con su habitual ambigüedad, pero el Shas, de los sefardíes, lo hacía más aún porque, al ser un partido que tiene en su programa reivindicaciones sociales y estatalistas, está a favor o no de los asentamientos en función del papel ministerial que le otorgue un posible socio (Kadima, Likud, incluso laboristas). Así estaban las cosas hasta la intervención en Gaza del pasado 27 de diciembre, que ha enviado el asunto de los colonos a un limbo de posibilidades a cual más remota.


No es casualidad que la guerra de Gaza haya coincidido con el proyecto electoral israelí

El conflicto ha minado el valor moral y la imagen de Israel. Aparece como un país de carniceros

Se ha dicho que la intervención tenía un cariz electoralista encubierto, sobre todo para el Partido Laborista y el Kadima de Olmert (que ya es de Livni). No ha parecido muy encubierto, a tenor de los hechos y de las encuestas, que han trastocado el mapa de intención de voto: ahora todos vuelven a tener sus opciones intactas, y aunque al final Netanyahu sea primer ministro, habrá de serlo con un margen mucho más corto. Pero es obvio que la guerra de Gaza ha coincidido con el proceso electoral no por casualidad. Sin embargo, no era algo que sólo supieran los israelíes; también lo sabían en Teherán y en Hamás.

Sabían del gran beneficio a futuro que tendrían para Hamás las consecuencias de una provocación que, tras el fin de la tregua, supusiera políticas de extrema dureza orientadas a garantizar seguridad y firmeza, tanto en los partidos de la derecha como de la izquierda. Por eso la tregua se interrumpió precisamente cuando era oportuno para todos. Sabían en Hamás y en Hezbolá que ése sería el mejor momento para provocar a Israel y poner de nuevo centenares de muertos sobre la mesa -la munición más rentable de Hamás, dado el nulo valor por la vida y la sacralización de la muerte que está en su carta fundacional, The Charter of Allah (véase en www.palestinecenter.org/cpap/documents/charter.html)-, porque era presumible pensar que la aparición del presidente Obama en escena a partir de hoy, 20 de enero, hará que, a corto plazo, se impongan políticas moderadas, y no sólo para Israel. En ese nuevo escenario, Mahmud Abbas y su partido pueden tener un papel significativo, incluso de liderazgo (escaso y discutible, pero aceptable), como lo tendrá una Siria más dúctil, y hasta el propio papel de Teherán se verá reforzado con el diálogo y la negociación. Porque la resistencia cínica que Irán ha plantado a la actual política de presión ha logrado un notorio triunfo: ser tenido como potencia emergente, guste o no. Estados Unidos evitará incrementar los conflictos con Irán y le dará así un poco de oxígeno a Ahmadineyad, ahora con elecciones por delante. O sea que con Obama, Hamás perdería muchas opciones. Era, por tanto, el momento de provocar a quienes ya tenían necesidad de resarcirse por la derrota, "negociada a la europea", de la poco inteligente guerra del Líbano: el Ejército israelí, el Gobierno debilitado de Olmert y los partidos embarcados en una campaña que se aventuraba centrada en la manera de salir de Cisjordania.

Hamás, como era de esperar, ha logrado lo que se proponía: primero, un lavado de imagen que lo hace pasar por un partido víctima que ayuda al pueblo palestino (cuya pobreza no sólo no ha evitado sino que además necesita, como partido-vampiro); segundo, un alto grado de identificación con todo el pueblo palestino (no hay que olvidar su estrategia de asimilación de la causa palestina con el islamismo, la imposición de la sharía como ley, o el golpe de Estado que se cobró la vida de centenares de palestinos de Al Fatah, así como la expulsión de este partido de la franja), y, tercero, un apoyo incondicional de un tipo de políticos e intelectuales europeos que emplean un lenguaje sospechosamente virulento en cuanto oyen la palabra judío.

Es obvio que los bombardeos en poblaciones civiles son execrables sin paliativos. La inmensa mayoría de los israelíes que los han aprobado no lo ha hecho con alegría, sino con la fatalidad de una inevitable desgracia. Israel está muy harto de esta situación en la que el terrorismo ha venido triunfando día tras día en una causa que no tiene más horizonte que el acoso y la destrucción. Pero Hamás nunca va a cejar en su política terrorista porque responde a un plan divino y a una estrategia rentable. Y en esta diabólica perspectiva de las cosas es en la que Israel comete un error histórico, al no ser capaz de trascender el fango del medio plazo, no abordar el futuro, no dar un salto cualitativo en la espiral a la que le somete Hamás.

Ese salto sólo se puede dar con otra visión: la de que la mesa de negociación no está sólo en El Cairo o en París. La verdadera mesa de negociación está también en Teherán. Y esa negociación pasa por los siguientes interlocutores: unos EE UU que concedan un papel de peso político y de protagonismo a Irán, un Irán que anule la amenaza de Hamás y de Hezbolá, y un Israel que dé un gramo de confianza a los palestinos no partidarios de Hamás (que son mayoría) y los ponga a su lado en la mesa. Lo demás es absurdo, porque toda tregua temporal se verá rota en cuanto cualquiera de las dos partes necesite su dosis de sangre. ¿Y qué papel tiene aquí la Unión Europea? Hoy por hoy es una especie de "interlocutor a prueba" para Israel. Para serlo del todo, Europa ha de rebajar su desbordado caudal de prejuicios históricos, su maniqueo humanitarismo disneylandizado y su creciente pavor a criticar todo lo que significa islamismo. Sólo así Europa podrá acercarse a Israel por la puerta del desprejuicio y de la comprensión.

Pero en todo esto Israel es quien más ha perdido. Ha perdido muchísimo de su valía moral, de su compasión, de su imagen internacional, apareciendo como un país de carniceros. Se ha incrementado el antisemitismo por todas partes y se han liberado odiosos arquetipos negativos que se creían falsamente olvidados. Habrá que ver si Israel ha perdido también posibilidades de futuro, su exiguo capital. Sin embargo, a Hamás no le ha ido muy mal con su política de muerte y de terror, el único lenguaje que entiende. Ha triunfado la ceremonia de la confusión. Si bien me temo que eso justamente es lo que ha pretendido siempre Hamás: mezclarlo todo, confundir a todo el mundo, martirizar a toda su población con el instrumento de la poderosa y terrible venganza israelí, culpable también. ¿Sucederá al final -si es que estamos al final de algo- como sucedió en Líbano en el 2006, cuando, al término de la guerra, Irán puso unos cuantos millones para reconstruirlo todo? ¿Se habrá invertido otra vez un par de millares de civiles muertos (para Hamás todos habrán ido al Paraíso) y volverán a tener a su población en la miseria, caldo de cultivo del rencor? Hay que ser realistas: para romper ese bucle siniestro, habrá que hablar pronto con Teherán y dejar que tenga su poderío nuclear. Puede que la paradoja sea que el temido potencial nuclear de Irán, si se entiende como un derecho legítimo de un país soberano, salve a Israel a largo plazo. En suma, que el corral tenga más gallos: no han de ser todos amigos, sólo tienen que evitar picarse. Esto es lo que probablemente diga Obama.

Adolfo García Ortega es escritor y editor.

jueves, 15 de enero de 2009

Conflicto en Oriente Próximo y la Guerra en la franja de Gaza.

Por C.GÁMEZ, G.CRUZ, ELPAÍS.com - 15-01-2009


Documentación en la LA VANGUARDIA A FONDO:

Los motivos de la discordia

Un acuerdo entre palestinos e israelíes sólo parece estar en el horizonte si se abordan algunos puntos motivos de eterna disputa. El estatus de Jerusalén, la cuestión de los refugiados palestinos, la creación de asentamientos en los territorios ocupados o el reparto de un bien preciado como el agua han encallado una y otra vez el diálogo entre ambos pueblos y han impedido que se rubrique la paz definitiva.

Jerusalén, capital para dos pueblos
Es Al-Quds para árabes y Jerushalayim para hebreos. La ciudad está en el corazón del conflicto entre israelíes y palestinos. En la Ciudad Vieja de Jerusalén, en la parte oriental, se encuentran lugares sagrados de las tres religiones monoteístas más importantes: la Iglesia del Santo Sepulcro, los últimos vestigios del segundo gran Templo de los judíos, y la mezquita de Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca de los musulmanes.

En 1947, el Plan de Partición de las Naciones Unidas preveía para esta ciudad un estatuto internacional bajo control de las Naciones Unidas. La guerra de 1948 entre el recién proclamado Estado de Israel y los estados árabes haría añicos la propuesta. El armisticio de 1949 dividía por primera vez la ciudad en dos partes: el sector este, que incluye la Ciudad Vieja, bajo control jordano, y el sector oeste, bajo control israelí. Israel ocuparía la parte Este en la Guerra de los Seis Días de 1967.

En 1980, Israel declararía el conjunto de la ciudad como "capital de Israel". Las Naciones Unidas han denunciado en varias resoluciones el carácter ilegal de las medidas tomadas por Israel. Los palestinos consideran que Israel no tiene ningún derecho sobre Jerusalén Este en tanto que es parte de los territorios ocupados en la guerra de 1967. Para los palestinos, el este de Jerusalén se tiene que convertir en la capital de su futuro estado palestino.

Palestinos, un pueblo de refugiados
En 2005, había 4,2 millones de refugiados palestinos, según datos de la agencia sobre refugiados palestinos de las Naciones Unidas. Más de 1,2 millones viven todavía en esos campos. La creación del Estado de Israel y la guerra de 1948 provocaron un primer gran éxodo de palestinos. Más de dos tercios del territorio palestino quedaba en manos de Israel y unos 750.000 palestinos partían hacia el Líbano, Siria, Jordania, Gaza –controlada por Egipto- y, sobre todo, Cisjordania, entonces bajo control jordano. La guerra de 1967 representaría la ocupación total de Gaza y Cisjordania, y desencadenaría una nueva huida de palestinos, al menos medio millón de personas.

Ya en 1949 la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU defendía el regreso de los palestinos a sus tierras, algo que, a día de hoy, no se ha cumplido. En este período de tiempo, su número ha aumentado y, de hecho, ya son varias las generaciones que viven en el exilio.

Los palestinos defienden el derecho de los refugiados al retorno, a decidir si desean establecerse en un nuevo Estado Palestino, volver o no a Israel y, en este último caso, a vivir legalmente en sus nuevos países de acogida. Israel rechaza que todos los refugiados puedan regresar al Israel. De otra manera, el vuelco demográfico pondría en cuestión un Israel como "Estado judío".

Asentamientos en territorios ocupados
Tras la ocupación de los territorios palestinos en el año 1967, Israel impulsó la creación de asentamientos en esta zona, algo que incluso se aceleró a partir de 1990 y que afectó también a Jerusalén Este, considerada por los palestinos como la capital de su futuro Estado.

Ya desde los inicios, la ONU se posicionó en contra del establecimiento nuevas colonias. La resolución 446 (1979) del Consejo de Seguridad los declaraba fuera de toda validez legal

La retirada de Gaza en el año 2005 hacía pensar en un freno en la creación de nuevos asentamientos o la expansión de los existentes. Sin embargo, según el informe del Comité de Derechos Humanos de la ONU que data de enero de 2006, Cisjordania experimenta una gran actividad constructora de asentamientos, acompañada de un aumento de la población de colonos. Si a finales de 2004 había 235.100 personas en septiembre –justo después de la retirada de Gaza- la cifra había aumentado a los 242.000. Antes de la evacuación de Gaza, había 8.195 colonos viviendo en el área. Según la organización B"tselem, centro israelí de derechos humanos en los territorios ocupados, desde 1967 Israel ha establecido 152 asentamientos reconocidos por el propio Ministerio del Interior en Cisjordania, Gaza y Jerusalén, pero cuenta por docenas los asentamientos que superan esta cifra.

Los palestinos consideran ilegales estas colonias y un motivo de freno a la creación de dos estados. Su propuesta pasa por la evacuación, que se podría lograr de forma pacífica –a su juicio- con incentivos económicos que premien la salida de ellos. De hecho, el Gobierno israelí ha alentado durante años la emigración a estos asentamientos, calificados de tierras de desarrollo especial y estatus prioritario, con ventajas fiscales para sus ocupantes o la gratuidad de ciertos servicios.

El reparto del agua
En una de las zonas más áridas del planeta, el agua se convierte en un bien disputado. La cuenca del río Jordán, que separa de forma natural Cisjordania, Israel y Jordania, y las aguas subterráneas en Cisjordania son las fuentes más preciadas de la zona.

El control que ha ejercido Israel sobre estos recursos desde la ocupación de 1967 ha limitado el acceso de los palestinos al agua. Según las Naciones Unidas, las restricciones a la creación de pozos, al riego de los cultivos y la utilización preferente de los recursos para los asentamientos judíos son algunos de los motivos de la crisis de agua que vive la zona.

Los palestinos defienden que las leyes internacionales les otorgan derecho a una cuota justa en la explotación de lo que es un recurso hídrico compartido, además de pedir una compensación por el uso que se ha hecho hasta el momento de esos recursos en territorio ocupado.
y un gran obstáculo para la paz. Informes elaborados por las Naciones Unidas han denunciado prácticas como la expropiación de terrenos, demolición de casas palestinas, desalojos de aldeas y la sobreexplotación de recursos.

HISTORIA DE UN CONFLICTO

La creación del "hogar judío"

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El declive del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial marcaría el inicio un conflicto en Oriente Medio que -casi un siglo después- sigue vivo y sin resolver

Un territorio en conflicto permanente

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La victoria de Israel en la guerra de su independencia de 1948 no pondría punto final al conflicto en la zona. El lenguaje de la guerra se extiende y salpica a casi todos los países de Oriente Medio

Estalla la intifada palestina

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El mismo año que Israel abandona el Sinaí, ocupa el Líbano en una guerra que enviaría a un nuevo exilio a la OLP. La situación en los territorios ocupados es tan delicada que estalla el primer levantamiento popular, la intifada

Llega la esperanza de la paz

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La primera piedra de la difícil construcción de la paz se pondrá en la Conferencia de Madrid de 1991. Dos años después Yasser Arafat y Yitzhak Rabin escenificaban el primer gran pacto entre ambas partes: los Acuerdos de Oslo

Un muro vuelve a separar a israelíes y palestinos

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Todos los intentos de paz desde el año 2000 han fracasado. Más que el diálogo reina la incomprensión y la violencia. Del muro que separa Cisjordania de Israel a la segunda intifada, el enfrentamiento se ha agudizado en los últimos años.


La creación del "hogar judío"

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El declive del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial marcaría el inicio un conflicto en Oriente Medio que -casi un siglo después- sigue vivo y sin resolver. Palestina o Eretz Israel, hogar de árabes y añorado por judíos, es el territorio prometido para todos bajo el mandato británico de posguerra. Las aspiraciones sionistas se verán recompensadas gracias a la Declaración de Balfour, que justificará la creación de un "hogar judío" en la zona, un hogar que en 1947, y según la ONU, se tenía que convertir en dos estados: uno judío y árabe. Estos, que han pasado de la incomodidad ante la creciente población judía al conflicto directo, se niegan a la división. Israel proclama su independencia en mayo de 1948. Empieza una guerra que, de forma intermitente, resuena todavía hoy.

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1916. Durante la Primera Guerra Mundial y ante la probable desintegración de Imperio Otomano, que incluía Palestina, potencias como Francia, Gran Bretaña, Rusia y, posteriormente, Italia alcanzarían el pacto secreto de Sykes-Picot con el que delimitaban sus zonas de influencia en Oriente Medio para la posguerra. El fuerte carácter simbólico de la zona palestina para las tres religiones monoteístas más importantes determinaría que se decantasen por un régimen internacional, que, finalmente, acabaría bajo control británico. El acuerdo implicaba un reconocimiento de la soberanía árabe

1917. La Declaración de Balfour cambiaría el destino de la región. El texto, elaborado por Arthur James Balfour, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, y dirigido a organizaciones sionistas, concedía su visto bueno al "establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío", siempre que no se causara "perjuicio a los derechos civiles y religiosos de las comunidades no-judías". El movimiento sionista, que nace en el contexto de los movimientos nacionalistas del s.XIX y en medio de un creciente antisemitismo, perseguía la liberación del pueblo judío mediante la creación de un Estado propio. Con la declaración conseguía un apoyo para alcanzar su meta.

1922. La recién creada Liga de Naciones tras la I Guerra Mundial entrega el mandato de Palestina a Gran Bretaña. La confusa Declaración de Balfour se incorporará como pauta a seguir. Se respalda así la idea del movimiento sionista de crear un "hogar judío" en la zona. Los sionistas –una corriente nacionalista no apoyada por toda la comunidad judía dispersa en el mundo- habían animado a la emigración hacia la Tierra Prometida y fomentaban la compra de tierras en el área. Este llamamiento cuajará sobre todo entre las capas más pobres y golpeadas por el antisemitismo que acechaba la Europa Oriental.

Bajo mandato británico, la emigración aumentó y durante la década de los 20 cerca de 100.000 judíos llegaron a Palestina hasta constituir un 17% de la población, cuando hasta entonces la "yishuv" (comunidad judía) constituía una minoría de unas cuantas miles de personas. Una de las políticas aplicadas por las facciones sionistas será la exclusión de mano de obra no judía en las granjas y tierras que explotaban.

1929. El recelo árabe a esta política y prácticas se tradujo en un clima de creciente tensión, a pesar del clima de buena convivencia que había reinado entre las dos comunidades durante años. En 1929, una serie de revueltas, a raíz de una disputa sobre el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, causaría la muerte de más de 220 personas

1933. Los nazis alcanzan el poder en Alemania. La persecución de los judíos provocará una nueva oleada migratoria hacia Palestina que será especialmente importante a partir de ese año.

1936-39. Se produce una gran rebelión palestina. Gran Bretaña responderá -en colaboración de grupos judíos- ante los ataques de los insurgentes palestinos. Al grupo paramilitar judío Haganagh creado en los inicios del mandato británico se añade Irgun, un grupúsculo mucho más radical que actuará incluso contra la población civil. Durante estos años de fuertes revueltas morirían más de 5.000 árabes, 300 judíos y 200 británicos.

En medio de este ambiente, la Royal Peel Comission británica abogará por la partición en dos estados y un Jerusalén bajo mandato británico, una propuesta que se acabaría desestimando. En 1939, en el denominado MacDonald White Paper británico se defendería una Palestina independiente que deberían gobernar conjuntamente árabes y judíos, además de una limitación de la inmigración judía. Pero en esos momentos la persecución y proceso de aniquilamiento de la comunidad judía por parte de los nazis hacía difícil restringir la inmigración a Palestina. El nuevo matiz de la política británica encendería a los grupos sionistas más radicales que empezarán también a actuar contra los intereses de Gran Bretaña al tiempo que el sionismo buscaría en Estados Unidos un nuevo aliado.

1947. Ante la situación en la que se hallaba la zona, Gran Bretaña decide finalizar el mandato sobre la región y pasar la responsabilidad de Palestina a las Naciones Unidas. Durante el tiempo que duró el control británico, este área había cambiado de cara. La población se había más que duplicado. La comunidad judía había pasado de estar formada a finales de la Primera Guerra Mundial por 56.000 personas a aglutinar a 608.000 en 1946. Había aumentado también el número de tierras en manos de los judíos y los asentamientos. El buen entendimiento existente entre judíos y árabes anterior a la Declaración de Balfour se había roto.


en la zona. entre judíos y árabes.


Después de meses de discusiones, la Asamblea General de las Naciones Unidas pone en la mesa su propuesta: la resolución 181 de 1947 que comportaba la partición de Palestina en dos estados, un "Estado judío" y un "Estado árabe", con Jerusalén bajo mandato especial internacional. La resolución pretendía asimismo garantizar la libertad y el respeto de las minorías en los dos estados. El texto también ponía fecha límite a la marcha definitiva de los británicos de la región: 1 de agosto de 1948.

1948. Lejos de apaciguar los ánimos de judíos y árabes, los enfrentamientos continuaron. Los palestinos se negaban a ver su territorio dividido, mientras que los grupos sionistas radicales tomaban posiciones para controlar más territorio, lo que comportó un primer movimiento de refugiados palestinos. Gran Bretaña adelanta su partida al 15 de mayo de 1948. Israel había declarado su independencia tan sólo un día antes, el 14 de mayo, una fecha denominada por palestinos desde entonces como al Nakba o el Desastre. Las Naciones Unidas se ven impotentes para frenar el conflicto. Los estados árabes de la zona introducen fuerzas en Palestina para defender su independencia. La entrada de tropas hace estallar la primera guerra árabe-israelí. El plan de partición era papel mojado.

1949. Israel derrota a los estados árabes y se firma un armisticio con Siria, Jordania, Egipto y Líbano. Israel logra hacerse con más territorio del que se había fijado en la partición de la ONU. Israel controlará la parte Oeste de Jerusalén, mientras que Jordania tomará la Este, la ciudad vieja donde se concentran buena parte de los lugares sagrados. La franja fronteriza con Jordania (Cisjordania) pasará a ser gobernada por el reino hachemita y Egipto administrará la Franja de Gaza. Unos 700.000 palestinos se convertirán en eternos refugiados diseminados por los países árabes colindantes, Gaza y Cisjordania.


Un territorio en conflicto permanente

La victoria de Israel en la guerra de su independencia de 1948 no pondría punto final al conflicto en la zona. El lenguaje de la guerra se extiende y salpica a casi todos los países de Oriente Próximo. En 1967, Israel asestaría un golpe moral a todos los países árabes en la Guerra de los Seis Días. En ese corto lapso de tiempo, ocupaba Gaza, Cisjordanía, Jerusalén Este, Altos del Golán y el Sinaí. La resolución de la ONU que exigía la devolución de estos territorios todavía tiene que acabar de cumplirse.

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1950. El gobierno de Israel aprueba la Ley de Retorno que garantiza la nacionalidad israelí automatica a cualquier judío que emigre a Israel.

1956. La nacionalización del Canal de Suez por parte del líder egipcio y panarabista Gamal Abdel Nasser. Gran Bretaña y Francia, principales accionistas del canal, se aliarán con Israel en un pacto secreto contra Egipto. Del resultado de la acción, Israel invadirá y conquistará la Península del Sinaí egipcia. Sin embargo, ante la presión de Estados Unidos y la Unión Soviética, Israel retirará sus tropas y se desplegarán las fuerzas de las Naciones Unidas.

1967. Egipto, aliado soviético, pide la retirada de las fuerzas internacionales al tiempo que empieza a remilitarizar la zona y bloquea la salida de Israel al Mar Rojo. El gobierno egipcio sella un pacto con Siria que se extenderá después a Jordania por la presión popular. Ante el avance egipcio en el Sinaí, Israel, aliado de Estados Unidos, lanza el 5 de junio de 1967 una operación en la que en sólo seis días logrará derrotar a Egipto, Siria y Jordania, y ocupará Cisjordania, los Altos del Golán, la franja de Gaza, el Sinaí y la ciudad vieja de Jerusalén. Israel empezaría a construir asentamientos en esas zonas. Las Naciones Unidas en una nueva resolución, la 242, pediría el retorno de los territorios tomados por Israel. Una petición que todavía no se ha cumplido. Se produce un nuevo éxodo de palestinos cifrado en medio millón de personas.





1969. Yasser Arafat se convierte en el presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, una organización nacida en 1964 cuyo objetivo es representar las aspiraciones nacionales de los palestinos. La OLP tendrá su sede en Ammán (Jordania).

1971. La creciente tensión entre los grupos palestinos en Jordania y las fuerzas de seguridad del país acaban derivando en el Septiembre Negro. Después de varias tentativas infructuosas de destronar al rey Hussein de Jordania, facciones radicales de la OLP secuestran tres aviones en Jordania. Este incidente provocará la expulsión de la OLP, que se instalará en el Líbano, y de miles de palestinos, que constituían un grueso importante de la población.

1972. Un grupo llamado Septiembre Negro –en recuerdo de los incidentes de 1971 y que se ha vinculado con la OLP- asesina a 11 deportistas israelíes durante las Olimpiadas
de Munich (Alemania).

1973. En el día más sagrado para los judíos, el Yom Kippur, Egipto y Siria lanzan un ataque sorpresa sobre Israel con el fin de recuperar el Sinaí y los Altos del Golán, territorios perdidos en la guerra de 1967. A un primer gran avance árabe, le siguió la réplica israelí, que logró incluso arañar más territorio. Esta victoria resultaría, sin embargo, amarga, tanto por la fuerza del ataque árabe como por el número de bajas israelíes, más de 3.000 muertos.

1974. La Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce los derechos del pueblo palestino a la autodeterminación y a la soberanía. La OLP es considerada por las Naciones Unidas como representante del pueblo palestino.


Llega la esperanza de la paz

La paz en la mente. Este objetivo guiará -no sin tensiones- la década de los 90. La primera piedra de esta difícil construcción se pondrá en la Conferencia de Madrid de 1991. Dos años después Yasser Arafat y Yitzhak Rabin escenificaban el primer gran pacto entre ambas partes, los Acuerdos de Oslo. Quedaban muchos detalles importantes por ligar. Rabin no tuvo tiempo. Un radical judío acabó con su vida en 1995 y quizá con parte de las esperanzas de hallar una solución real al conflicto. La victoria conservadora y el terrorismo parecían convertir el camino a la paz en un callejón sin salida.

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1991. Una nueva ola migratoria alcanza Israel. Coincidiendo con el fin de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética, miles de judíos rusos se dirigen a Israel. Sólo entre 1990 y 1991 llegaron más de 330.000. Los inicios de esta década también marcan un giro en las relaciones entre israelíes y palestinos. Tras la Guerra del Golfo que había sacudido de nuevo Oriente Medio, Estados Unidos toma la batuta de un período de diálogo entre israelíes y palestinos. En octubre de 1991, Madrid acoge una conferencia coauspiciada por Rusia y Estados Unidos a la que asistirán representantes de Siria, el Líbano y Jordania, palestinos e israelíes, con el primer ministro Yitzhak Rabin. Es el inicio del proceso de paz.

1993. El acercamiento entre palestinos e israelíes proseguiría para fructificar en los Acuerdos de Oslo de 1993, firmados por el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el presidente del OLP, Yasser Arafat, con el beneplácito de Estados Unidos y Noruega como país mediador. Israel reconocía a la OLP y transfería poderes a los palestinos en Gaza y Cisjordania además de comprometerse a un progresivo repliegue de algunas zonas. Los acuerdos no trataban, sin embargo, cuestiones clave como Jerusalén, los refugiados, los asentamientos, la seguridad o las fronteras, que quedaban pospuestos para posteriores conversaciones. A raíz de los acuerdos, nacerá la Autoridad Nacional Palestina, cuya potestad en materia de seguridad y cuestiones sociales se circunscribirá a los territorios ocupados.

1994. Jordania e Israel firman un acuerdo de paz en octubre.

1995. El primer ministro israelí y premio Nobel de la paz con Yasser Arafat y Jimmy Carter en 1994, Yitzhak Rabin, es asesinado por un joven radical judío, Yigal Amir, en Tel Aviv.

1996. Las acciones terroristas contra población civil israelí en autobuses decantan la balanza en las elecciones del lado de los conservadores. Benjamin Netanyahu ganará las elecciones al laborista Simon Peres, uno de los valedores con Rabin de los acuerdos de paz con palestinos.

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Un muro vuelve a separar a israelíes y palestinos

Todos los intentos de paz desde el año 2000 han fracasado. Más que el diálogo reina la incomprensión y la violencia. Del muro que separa Cisjordania de Israel a la segunda intifada, el enfrentamiento se ha agudizado en los últimos años. La muerte de un símbolo como Arafat enzarza a los palestinos en una pugna que los divide. Y aunque el plan de desconexión de Gaza hace guardar alguna esperanza en 2005, tan sólo un año después -con Sharon gravemente enfermo y Hamas en el poder palestino- el ruido de un nueva guerra empieza a sonar: Israel ataca Gaza y el Líbano.

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2000. En mayo de ese año Israel se retira de forma unilateral de la franja de seguridad creada en el sur del Líbano tras la ocupación puesta marcha durante la guerra de 1982. El objetivo declarado era frenar los ataques de las guerrillas desde esa zona sobre suelo israelí. El conflicto provocó el exilio de la OLP a Túnez pero abrió la puerta a que otro grupo, el pro iraní y chiita Hezbolá, tomara posiciones en la zona. Ese año también sería el del estancamiento del proceso de paz.

La cumbre de Camp David entre los Estados Unidos, con Bill Clinton al frente; el primer ministro laborista, Ehud Barak y Yasser Arafat acabaría en fracaso. Estados Unidos e Israel culparían a Arafat, que abandonaría la cumbre sin hacer una contraoferta. Los puntos a tratar eran espinosos: fronteras, seguridad, estatus de Jerusalén y la problemática de los refugiados. Israel, al parecer, ofrecía una retirada total de Gaza y de prácticamente la totalidad de Cisjordania, lo que significaba que Israel se anexionaba parte del territorio además de proponer una zona de control. En el caso de Jerusalén, la propuesta no otorgaba la soberanía deseada para toda la zona del Este reclamada por los palestinos, incluido el Monte del Templo. En cuanto a los refugiados, Israel rechazaba el derecho al retorno a las tierras de Israel; en el caso contrario, preveía un vuelco demográfico y la pérdida de identidad judía.

Las chispas saltarían de nuevo entre Israel y palestinos en septiembre del año 2000. La visita del líder de la oposición conservadora, Ariel Sharon, a la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar sagrado de los musulmanes, desencadenaría la segunda intifada, también conocida como la Intifada de Al-Aqsa. El desánimo ante un proceso sin horizonte de paz claro cundía entre la población palestina que se volvía levantar en una escalada violenta a la que todavía no se ha puesto fin.

2001. El líder del Likud, Ariel Sharon, gana las elecciones en Israel. Las agresiones mutuas aumentan: ataques militares en suelo palestino, tanto en la franja de Gaza como Cisjordania, y atentados suicidas contra la población en Israel, organizados muchos de ellos por la Yihad Islámica y Hamás.

2002. El 16 de junio Israel empieza a construir un muro para blindar Israel de Cisjordania, un proyecto duramente criticado por parte la comunidad internacional y los grupos defensores de los derechos humanos. Israel se escuda en que necesita protegerse de los ataques suicidas. El objetivo era que siguiera las fronteras existentes tras el armisticio de 1949 –la denominada Línea Verde- pero en la práctica la muralla se desvía en parte de su recorrido comiendo territorio a los palestinos.

El 24 de junio de ese año, el presidente de Estados Unidos, George Bush, lanza una nueva propuesta para impulsar el proceso de paz, "La Hoja de Ruta", a la que se habían sumado la Unión Europea, Rusia y las Naciones, conocidos desde entonces como el Cuarteto. En esencia, la Hoja de Ruta apostaba por un plan progresivo que fraguara en la construcción de dos estados, uno palestino y otro israelí. En la primera fase, hasta mayo de 2003, los palestinos tenían que poner fin a la violencia y a llevar a cabo reformas democráticas, mientras que Israel debía congelar la construcción de nuevos asentamientos así como retirar los posteriores a septiembre de 2000. La segunda fase, entre junio y diciembre de 2003, debía dibujar ya un nuevo Estado Palestino soberano con apoyo internacional, mientras que la tercera fase, a finalizar en 2005, tenía como objetivo consolidar ese estado. Ninguno de los tres puntos se cumpliría en su fecha.

2003. Ariel Sharon es reelegido. Los atentados suicidas en Israel y los ataques en Gaza y Cisjordania contra militantes de la resistencia palestina continuarían.

2004. Uno de los ataques israelíes lleva al ejército a adentrarse en el campo de refugiados de Rafah, con un balance de 40 muertos palestinos. El Tribunal de Justicia Internacional declara ilegal el muro que se está construyendo en Cisjordania. Israel, que proseguirá su construcción, decide abordar el desmantelamiento de los asentamientos de Gaza. El 11 de noviembre, Yasser Arafat, el líder carismático de palestinos durante más de cuarenta años, muere en París a donde había sido al empeorar su salud.

2005. A principios de enero, Mahmoud Abbas, cofundador de Al Fatah, es elegido primero como sucesor de Yasser Arafat en la OLP y después como líder de la Autoridad Palestina. Días después, se reúne con el primer ministro israelí en la ciudad egipcia de Sharm-el-Sheij. Ambos se comprometen al cese de hostilidades entre israelíes y palestinos, un acuerdo que no se completa en la práctica. En una reunión posterior, en junio, pactarían las condiciones mínimas para acometer el repliegue israelí de Gaza.

Efectivamente, a partir del 15 de agosto, el primer ministro israelí, pone en funcionamiento el plan de desconexión. Israel emprende así el desmantelamiento de los asentamientos de Gaza y del norte de Cisjordania no sin la resistencia de los colonos y la oposición de parte de la derecha israelí. En Gaza habitaban 1,4 millones de palestinos por 8.500 judíos. El plan, que se acabaría de ejecutar en septiembre, también conllevaba trasladar el control de la frontera entre Gaza y Egipto a las autoridades egipcias.

La retirada causó una gran sacudida en la derecha israelí, sobre todo en el Likud, el partido del primer ministro Ariel Sharon. Éste romperá con el Likud y creará un nuevo partido, Kadima, en noviembre. Sólo un mes después sufre una grave enfermedad que le incapacitará para llevar su carrera política. Le sustituirá como líder del partido Ehud Olmert, ex alcalde de Jerusalén.

2006. El nuevo partido creado por Ariel Sharon gana las elecciones legislativas en abril de 2006. Meses antes, en enero, la política palestina daba un vuelco, y las elecciones legislativas arrojaban como claro vencedor al brazo político de Hamas, considerado un grupo terrorista por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea.

La victoria generará fricciones entre este grupo y Al Fatah, que tradicionalmente había ostentado el poder. La Unión Europea y Estados Unidos condicionarán las ayudas económicas a la Autoridad Palestina –vitales para el desarrollo social y administrativo de Gaza y Cisjordania- a un abandono claro de la violencia por parte de Hamas y a una aceptación de "La Hoja de Ruta". Ni los atentados pararán ni Al Fatah y Hamas, las dos fuerzas palestinas más importantes, se pondrán de acuerdo. Es más, la iniciativa del presidente Mahmoud Abbas, de Al Fatah, de organizar un referéndum en julio sobre la creación de un Estado Palestino crispará aún más las relaciones entre ambas facciones en su pugna por el poder.

El escenario de fondo –cruces violentos entre israelíes y palestinos- tampoco cambiará. Una nueva acción del Ejército israelí, que lanzará un misil contra un grupo de palestinossecuestro de un joven soldado israelí, Gilad Shalit.

Este hecho desencadenará la ofensiva más fuerte del Ejército de Israel contra los palestinos en Gaza, que destrozará parte de sus infraestructuras y dejará a la población en una situación de supervivencia. Pero este no será el único frente que se abrirá en la zona. Las milicias chiitas de Hezbolá secuestrarán a dos soldados israelíes en el sur del Líbano. La operación militar israelí castigará duramente este país, que ya invadió en 1982 y que abandonó en 2000.

La nueva guerra entre las milicias de Hezbolá y el Ejército israelí se ha saldado con 850 libaneses y 150 israelíes muertos además de causar graves destrozos en las infraestructuras y las ciudades del país árabe. La guerra llegó a su fin a mediados de agosto, con el compromiso del cumplimiento de una resolución de la ONU que fuerza a la retirada israelí de los territorios que ocupaba en el Líbano e impulsa el despliegue de una fuerza multinacional en la zona. El ejército israelí se ha ido replegando poco a poco a medida que entraban los 15.000 efectivos de la misión FINUL.