"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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lunes, 16 de febrero de 2009

Gas, Rusia y el suministro energético (El periódico de l'estudiant)




D’ON PROCEDEIX

El gas natural es troba al subsòl i procedeix de la descomposició de matèria orgànica atrapada entre estrats rocosos.

És un producte incolor i inodor, més lleuger que l’aire, i es consumeix tal com s’extreu de la terra. Periòdicament es descobreixen nous jaciments i les tècniques d’extracció permeten perforar cada cop a profunditats més grans.

Segons l’Anuari Gas 2009 de Sedigas, les reserves provades de gas natural se situen al voltant de 183 bilions de metres cúbics, seguint una trajectòria ascendent. Aquesta xifra és un 16,5% superior que la reconeguda el 2000, i un 90% més alta que la de fa 20 anys.

Les principals reserves de gas natural estan localitzades a l’orient Mitjà (40%) i l’Europa oriental (32,7%), on destaca Rússia.


PRINCIPAL CONSUMIDOR

Catalunya és la principal autonomia espanyola consumidora de gas. La comunitat representa entorn al 18% de la demanda total, davant del 13% d’Andalusia. Famílies i empreses catalanes consumeixen el 75% d’aquest gas, mentre que la resta va a la producció d’electricitat en centrals de cicle combinat. A més, compta amb el principal operador de gas del país, Gas Natural, i amb la planta regasificadora de Barcelona, que és la que més bucs de metà rep.


LES PRINCIPALS APLICACIONS

El gas natural té dos grans camps d’actuació: la llar i la indústria.Dins de la llar, els principals usos són la calefacció i l’aigua calenta,tot i que també hi ha cuines, forns, rentavaixelles, rentadores i altres electrodomèstics que també funcionen amb aquesta energia. En el comerç i la indústria, el gas natural es pot utilitzar en qualsevol procés de generació de calor o fred, en la cogeneració d’energia tèrmica i elèctrica i en la generació d’electricitat.

Com a combustible industrial, el gas s’utilitza en forns, foneries, tractaments tèrmics i calefacció de grans locals i indústries.

sábado, 7 de febrero de 2009

Documental: La revolucion del hidrogeno

La revolucion del hidrogeno online
Documental de Documentos TV, 72 m. A lo largo de la historia el ser humano a ido buscando fuentes de energía cada vez más rentables y productivas, primero fue la madera con alto contenido en carbono y poco de hidrogeno, después el carbón con más contenido en hidrogeno, posteriormente el petróleo con menos cantidad de carbono y más de hidrógeno y actualmente se esta empezando a usar mas el gas natural con bajo contenido en carbono y alto contenido en hidrógeno.. ¿Qué nos queda ahora? Exacto el hidrógeno puro. Pero, ¿Cómo funciona eso del hidrógeno? ¿De dónde se extrae?

Ir a: http://www.veocine.es/documental/la_revolucion_del_hidrogeno_65014.html

jueves, 18 de septiembre de 2008

¿Cuál será la próxima burbuja? (artículo útil, pero de hace 4 meses)


Materias primas y países emergentes son los candidatos a la próxima crisis

EL PAÍS, MIGUEL JIMÉNEZ 27/04/2008


El estallido de una burbuja siembra la semilla para la formación de la siguiente. Y algunos creen que tras la burbuja crediticia e inmobiliaria es el turno de las materias primas o de los países emergentes. Ante una crisis, los bancos centrales responden con bajadas de los tipos de interés. Ese dinero barato y abundante alimenta la siguiente burbuja, que suele estallar cuando los tipos emprenden el camino al alza, en un modelo simple que se repite al menos desde el crash bursátil de 1987, según explicaban los analistas de Salomon.


Las rebajas de tipos para superar una crisis alimentan la siguiente burbuja

Las bajadas de tipos que siguieron al desplome bursátil de aquel año alimentaron una burbuja inmobiliaria, especialmente en Japón, que se rompió a comienzos de los noventa cuando la política monetaria se endureció por el alza de la inflación. El estallido de esa burbuja y la recesión de comienzos de los noventa dio paso a bajadas de tipos que alimentaron a los bonos estatales. Esa burbuja estalló en 1994 cuando los tipos empezaron a subir ante la recuperación económica y dejó la amarga lección para muchos inversores (especialmente en fondos de inversión) de que con la renta fija también es posible perder.

La siguiente fue la de los mercados emergentes, inflada en parte por las bajadas de tipos con que se quiso combatir el frenazo en la recuperación económica que se produjo a mediados de los noventa. La burbuja de los mercados emergentes estalló con la crisis financiera internacional del verano y otoño de 1998 tras las subidas de tipos con las que Greenspan quiso combatir la "exuberancia irracional" de los mercados.

La crisis alcanzó tal magnitud que la Reserva Federal se aprestó a combatirla con agresivas bajadas de tipos que pusieran freno a la contracción del crédito. Eso y la inyección de liquidez para prevenir el efecto 2000 contribuyeron a inflar la siguiente burbuja, la tecnológica, que estalló tras las subidas de tipos de 1999 y 2000.

De nuevo, las bajadas de tipos para combatir tanto ese estallido como el frenazo económico tras los atentados del 11 de septiembre alimentaron un doble boom: de un lado, el inmobiliario; de otro, el crediticio, multiplicado por los nuevos productos estructurados y la actuación de los hedge funds y el private equity. Las subidas de tipos en EE UU y Europa ayudaron a detonar esa doble burbuja.

¿Cuál será la próxima? Cada burbuja es diferente de la anterior. "Más allá de un rebote inicial, el recuerdo de los inversores es demasiado doloroso como para permitir que se hinche de nuevo la última burbuja", explicaban los analistas de Salomon en 2002. JPMorgan comulga con esa teoría y cree poco probable ahora una burbuja bursátil: "El crash del Nasdaq pervive en la memoria de la mayoría de los inversores", dice Jan Loeys, de JPMorgan, que cree que los más claros candidatos son las materias primas y los mercados emergentes.

La mayoría de las burbujas se forma desde ideas sensatas. En el arranque de los noventa la caída estructural de la inflación ayudó a la burbuja de los bonos. También la burbuja tecnológica se asentaba en la idea bastante aceptada de que la adopción de nuevas tecnologías estaba llamada a incrementar la productividad y las tasas de crecimiento. Es la excesiva liquidez canalizada en función de argumentos acertados la que lleva los precios más allá de valoraciones justificables, explicaba Salomon.

En la actualidad hay fuertes argumentos tanto en favor del boom de los mercados emergentes (en países como China, India o Brasil, por ejemplo) como de las materias primas. Loeys, de JPMorgan, cree que no hay síntomas de una posible crisis inminente en los mercados emergentes y que cualquier burbuja está a años de distancia.

En cuanto a las materias primas, hay dudas más serias. El petróleo ha multiplicado por 7 su precio en euros y por 10 en dólares en menos de 10 años, pero pocos se atreven a decir que haya tocado techo o, menos aún, que esté muy sobrevalorado. Con otras materias también hay razones estructurales que explican los ascensos, pero la pendiente de las curvas de precios da vértigo en algunos casos.

Los analistas, en todo caso, son mejores explicando las burbujas que han estallado que advirtiendo sobre las que se están formando. Es cuestión de esperar. Las burbujas tienden a inflarse demasiado y autodestruirse. -

Consecuencias

- Las fuertes inversiones en los mercados de materias primas están elevando su precio en los mercados internacionales.

- Las perspectivas de rentabilidad hacen que crezca la especulación.

- Los elevados precios en materias primas como el trigo o el arroz pueden provocar disturbios y hambruna.

Causas

- Las materias primas actúan como refugio cuando otros mercados sufren inestabilidad. Con la crisis de las hipotecas basura muchos fondos de inversión se han trasladado a este mercado.

- La debilidad del dólar anima las inversiones.

- India o China, cuyo nivel de vida va en aumento, han elevado su demanda.

- Cuando la demanda se dispara, tanto los metales como los productos básicos tienen una oferta muy poco elástica. Aumentar su producción requiere mucho tiempo e inversión.

lunes, 14 de julio de 2008

El tren descontrolado del mundo

EL PAÍS, KENNETH ROGOFF, 13/07/2008

"La prosperidad de los últimos años está a punto de estrellarse contra una pared"

"Los políticos deben apretar el freno para que la crisis no acabe de manera horrible"

"La limitación de los recursos naturales se ha adelantado y nos está golpeando ya"

"Hay visos de una próxima y gigantesca crisis (financiera, económica y política)"



La economía mundial es un tren descontrolado que empieza a frenar, pero no con suficiente rapidez. Eso es lo que nos grita el extraordinario aumento de precios del petróleo, los metales y los alimentos al que estamos asistiendo. La espectacular e histórica prosperidad económica mundial de los últimos seis años está a punto de estrellarse contra una pared. Por desgracia, nadie, desde luego no en Asia o en Estados Unidos, parece estar por la labor de hacer de tripas corazón y ayudar a idear el necesario repliegue coordinado hacia un crecimiento sostenido por debajo de la tendencia, lo cual es necesario para que nuevos suministros y alternativas de materias primas puedan ponerse a la altura de la demanda.

Sin embargo, los gobiernos se empeñan en estirar unos auges insostenibles, impulsando aún más los precios de las materias primas y aumentando el riesgo de que se produzca uno de esos caos financieros y económicos que sólo se viven una vez. Todo esto no tiene por qué acabar de manera horrible, pero los políticos de la mayoría de las regiones del mundo tienen que empezar a pisar con fuerza los frenos, no el acelerador.

No miren hacia Estados Unidos en busca de liderazgo en un año de elecciones presidenciales. Por el contrario, el Gobierno estadounidense ha estado entregando cheques de devoluciones fiscales para que los estadounidenses compren hasta la extenuación, y ahora el Congreso habla de seguir.

No miren tampoco hacia los nuevos mercados. Desesperados por mantener el tirón político y económico, casi todos han tomado una serie de medidas para evitar que sus economías sufran de lleno el golpe de las fuertes subidas de precio de los productos básicos. A consecuencia de ello, estos precios están consumiendo los colchones fiscales en lugar de reducir la demanda.

Me desconcierta que tantos expertos económicos parezcan pensar que la solución es que todos los gobiernos, ricos y pobres, repartan más cheques y subvenciones para que siga la expansión económica. La política keynesiana de estímulos podría contribuir a aliviar un poco a algún país que actúe por su cuenta. Pero si todos los países intentan estimular el consumo al mismo tiempo, no funcionará.

Un aumento general de la demanda mundial se traducirá sencillamente en una subida de precios de las materias primas, y tendrá poco efecto útil para el consumo. ¿No es esto evidente? Sí, sigue habiendo crisis financiera en Estados Unidos, pero cebar la inflación es un modo increíblemente injusto e ineficaz de enfrentarse a ella.

Algunos gobernadores de bancos centrales nos dicen que no nos preocupemos, porque serán mucho más disciplinados que los bancos centrales de la década de 1970, cuando el mundo afrontó una subida de precios similar de los productos básicos. Pero esta vez es distinto. El problema de las materias primas nos ha pillado por sorpresa, a pesar de las notables reformas institucionales de la política macroeconómica en todo el mundo.

La afluencia histórica de nuevos participantes en la población activa mundial, todos los cuales aspiran a los niveles de consumo occidentales, está llevando el crecimiento mundial más allá del marcador de seguridad del velocímetro. En consecuencia, la limitación de los recursos naturales que antes esperábamos que terminara hacia mediados del actual siglo XXI nos está golpeando ahora.

Espere un segundo, dirán ustedes. ¿Por qué no pueden nuestras economías de mercado tan maravillosamente flexibles capear el temporal? ¿No harán los precios elevados que las personas limiten el consumo y busquen nuevas fuentes de suministro?

Sí, y eso es lo que acabó ocurriendo con los suministros de energía en la década de los años ochenta del pasado siglo. Pero el proceso lleva tiempo, y, debido al peso creciente en el consumo mundial de unas economías de mercado emergentes relativamente inflexibles, el ajuste probablemente llevará más tiempo que hace unas décadas.

Por diversas razones, la mayoría relacionadas con la intervención estatal, no se puede decir que muchas economías de mercado emergentes tengan una demanda de recursos flexible, de modo que los picos de los precios no están teniendo consecuencias especialmente apreciables sobre la demanda.

Los gobernadores de bancos centrales que nos dicen que no nos preocupemos por la inflación señalan la relativa estabilidad de los salarios. Por lo general las expansiones empiezan a paralizarse cuando la mano de obra se vuelve demasiado escasa y demasiado cara. Pero la actual expansión se sale de lo normal porque, debido a circunstancias únicas (en la época moderna), las restricciones del trabajo no son el problema. Por el contrario, la población activa real del planeta sigue aumentando.

No, esta vez, los recursos de materias primas son la principal restricción, y no un problema secundario, como en el pasado. Por eso los precios de estas mercancías seguirán subiendo hasta que el crecimiento mundial se ralentice durante el tiempo suficiente como para que nuevas ofertas y nuevas opciones de ahorro se pongan a la altura de la demanda.

Esta economía mundial convertida en tren descontrolado tiene todos los visos de una gigantesca crisis -financiera, política y económica- en ciernes. ¿Encontrarán los políticos un modo de alcanzar la coordinación internacional necesaria? Hay que empezar por hacer un diagnóstico correcto. El mundo en su totalidad debe endurecer su política monetaria y fiscal. Es hora de pisar el freno de este tren descontrolado, antes de que sea demasiado tarde. -

Kenneth Rogoff es catedrático de Economía y Política Pública de la Universidad de Harvard y ex jefe de economistas del Fondo Monetario Internacional. © Project Syndicate, 2008.

viernes, 27 de junio de 2008

¡Ojalá suframos una crisis energética, pero de verdad!"

Entrevista a J. Anthony Allan, Premio del Agua de Estocolmo 2008


Fuente:http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html

LLUÍS AMIGUET - 25/06/2008

Tengo 71 años en los que el planeta ha triplicado su población, el petróleo ha sido absurdamente barato y el precio del trigo no ha dejado de bajar: el ecosistema ha pagado este derroche. Producir una hamburguesa cuesta 6.800 litros de agua. Colaboro con la Fundación Agbar


Que se prepare su gobierno y el mío, porque les vienen cursos muy incómodos...

No me asuste.

... Pero me temo que no lo suficiente...

¿. ..?

¡Ojalá lo pasaran mal de verdad! Porque después de esa crisis final construiríamos un mundo energéticamente mejor.
...

Sólo una crisis energética que paralizara las economías desarrolladas nos obligaría a aceptar pagar el precio de un cambio de paradigma energético de fósiles a renovables.

No sé si le entiendo.

El paso del petróleo a las energías renovables y limpias requeriría ahora mismo grandes sacrificios en nuestras pautas de consumo y movilidad. Sólo aceptaremos pagar ese precio si no tenemos más remedio porque no podemos pagar el otro.

Podemos encontrar más petróleo...

Esa sería la respuesta equivocada que ya hemos dado en otras ocasiones que yo ya viví como ingeniero y científico.

¿Cuándo?

Veamos toda la película: petróleo, gas y carbón y todos los combustibles fósiles no son más que energía del sol almacenada por plantas prehistóricas durante millones de años. Occidente derrochó esa energía en apenas unas décadas con un enorme coste medioambiental para mantener su predominio geopolítico.

¿Por que dice que fue un derroche?

Porque durante 70 años, las grandes petroleras controladas por Occidente lograron mantener el precio a... ¡dos dólares el barril!

Tampoco era natural.

¡Era insostenible! Y nos convirtió en sistemas económicos energéticamente muy ineficientes que con esa energía barata degradaron su medio ambiente.

Necesitábamos desarrollarnos.

Por fin, los países productores lograron organizarse en la OPEP y rebelarse en los 70 provocando la primera crisis energética.

Hoy hay que explicárselo a los jóvenes.

¿Y cómo reaccionamos? Lo inteligente hubiera sido repensar nuestro sistema y reducir la dependencia de la energía fósil para buscar energías alternativas y más limpias.

Pero no somos tan listos.

Lo que hicimos en vez de exhibir sentido común fue exhibir músculo ante el desafío y huir hacia delante. Los poderes occidentales y las grandes petroleras Shell, Exxon, Mobil, BP... respondieron al formidable reto de la OPEP con tecnología y ambición: buscaron nuevos pozos en el mar del Norte y en otros lugares recónditos y de difícil explotación con nuevos métodos y lograron reducir los precios del petróleo.

Y hasta ahora.

Hubo otra crisis en el 79-80 y volvimos a responder con la salida fácil. De nuevo más tecnología y nuevos pozos más recónditos. El petróleo subió algo de precio, pero siguió costando menos de lo que valía y mucho menos del valor que destruíamos al quemarlo.

¿Podemos volver a hacerlo?

Sería otra tontería. Ahora mismo ya hemos gastado la mitad del petróleo del planeta y un tercio del carbón. Y no hay alternativas en energía fósil, pero tampoco ningún gobierno tiene ganas de decir la verdad a sus votantes: que se acabó el derroche.

¿Se cortarán muchas más carreteras?

Las ONG y los grupos éticos deberían explicar que no hay soluciones sin sacrificios: sólo el cambio de energías nos dará una salida cierta y duradera a la crisis, pero, como le decía antes, esa salida requiere privaciones de todos. Al principio usar sólo energías renovables nos obligará a adelgazar...

La bici es muy sana... de vez en cuando.

La energía solar y eólica y renovable acabará siendo alternativa, pero con costes de transición altos. No nos engañemos.

¿No es usted algo apocalíptico?

Soy científico, pero la ciencia es política o, como decimos los ingenieros: "Si sólo miras al fondo del pozo, no ves si hay petróleo"

¿. ..?

Para entender el problema de los recursos naturales: si hay petróleo o agua o comida o no, primero hay que desentrañar las relaciones de poder entre los países y entre las clases sociales. Si no, no entiendes nada.

Por ejemplo.

En los años sesenta pronosticamos que habría una sangrienta guerra por el agua en Oriente Medio. Y nos equivocamos.

¿Por qué?

Porque sólo mirábamos al fondo del pozo. La comida no es más que agua concentrada. Por ejemplo: esta taza de café ha costado 140 litros para poder ser cultivada y la hamburguesa que se come ha costado 6.800 litros de agua para la hierba y la vaca y su camisa varios miles de litros y...

Agua virtual.

¡Exacto! Por eso, aunque no había agua para todos, no hubo guerra del agua en Oriente Medio. Lo que hicieron los países del área fue importar el agua ya invertida.

¿Barcos cisterna como aquí?

¡No! Se limitaron a importar bienes y alimentos que llevaban el agua incorporada, como le he explicado. Así suplieron el agua que no había en los pozos y no hubo guerra.

Usted es un nobel del agua.

Agua, energía, petróleo, comida... Todo está relacionado en la política. No entendería nada si sólo fuera un hidrólogo. Y lo que veo ahora es que el capitalismo salvaje no tiene la solución de esta crisis.


EL FIN DEL DERROCHE

No es un idealista al uso. Allan destila frío realismo científico cuando explica cómo producimos y distribuimos comida, petróleo y agua en el planeta. Empieza advirtiendo que somos demasiados: "En mis 70 años de vida, se ha triplicado la población del planeta y, mientras, el precio del trigo no ha dejado de bajar, porque hemos mantenido el petróleo artificialmente barato y porque los gobiernos de Occidente han subsidiado a sus agricultores". Y proclama: "Eso se acabó: somos demasiados para poder mantener este derroche". Y desgrana cifras con lógica implacable. Al final, no sé si tras la crisis habrá un mundo mejor, pero Allan me convence de que no será igual... Ni tan fácil para nosotros.