"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

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lunes, 23 de julio de 2012

La jugada alemana para cobrar y mandar

LA VANGUARDIA 22/7/2012

Fernando Trias de Bes 

Las durísimas condiciones del rescate son la preparación del terreno para un eventual impago

En el derecho romano, a la hora de legislar los créditos y compraventas, existían una serie de pactos en relación con las garantías que aportaba el deudor. Uno muy extendido era el pacto de Vendendo: frente un impago, el acreedor podía optar por vender la cosa pignorada. Eso sí, renunciaba a cualquier otra acción personal correspondiente. Y, además, si al vender la cosa pignorada quedaba un sobrante… ¡debía restituir ese dinero extra (llamado superfluum) al deudor! 

El derecho romano entendía que tanto las pérdidas de un crédito insatisfecho como los eventuales remanentes de una ejecución de la garantía debían compartirse entre acreedor y deudor. 

Es decir, que quien recibe un préstamo asume una gran responsabilidad. Y también quien lo concede.

EL CASO ESPAÑOL 

No es este precisamente el caso entre Europa y España a la hora de repartir responsabilidades. El Memorándum de Entendimiento que fija las durísimas condiciones de nuestro rescate es, bajo mi parecer, la preparación del terreno para un eventual impago por parte del Estado español. ¿He dicho impago? Analizados 89 episodios de distintos países del mundo, los economistas Reinhart y Rogoff calcularon que cuando se produce un impago soberano la deuda total de ese país se halla entre el 250% y el 450% del producto interior bruto. España ha superado ya el umbral del 400%. No hay casos registrados de países que con tal nivel de endeudamiento hayan podido devolverlo todo. Para ser posible, deberíamos ser un país terriblemente competitivo, una potencia exportadora, disponer de moneda y banco central propios, estar en una senda de crecimiento económico o encontrar petróleo en los Monegros. No es el caso. Mi opinión personal, ojalá equivocada, es que, en algún momento de esta década, España deberá negociar una quita. 

No es preciso rasgarnos las vestiduras. En la historia de la economía casi todos los casos de impago soberano han sido parciales, muy pocas veces totales. Y lo que se condona es una parte menor.
Hay formas más o menos creativas de condonar. La más sutil es la de reestructurar la deuda sin alterar el principal (patada adelante). Se alarga mucho el plazo de devolución a un interés bajo y, gracias a la inflación, la deuda mengua. Esto lo vivieron nuestros padres cuando las inflaciones de doble dígito permitían que en pocos años desde la compra del pisito, el pago de la hipoteca pasara de angustioso a liviano. 

Luego está el impago bochornoso: directamente se solicita la condonación de una parte de la deuda. En sus negociaciones, a menudo se ha contado con la ayuda de terceros: el Fondo Monetario Internacional (FMI) o los gobiernos de los países de los acreedores asumen una parte del impago para favorecer el acuerdo. La pérdida, como vemos, se suele repartir. 

Por lo tanto, si un acreedor teme una quita de un país, debe, antes de que suceda, reducir al mínimo su exposición al riesgo de esa nación. 

LAS PÉRDIDAS DE NUESTROS ‘SOCIOS’

Los bancos alemanes y franceses mantienen un saldo aproximado de 70.000 millones de euros de deuda bancaria española que, en su día, se utilizaron para créditos a la construcción. Si un banco español cayese, habrían de asumir esa pérdida. 

¿Cómo reducir ese riesgo? 

Primero, obligando a la banca española a reforzar sus recursos propios: las exigencias de dotaciones y aumentos de capital básico de estos meses, las salidas a bolsa a lo Bankia o el no reintegro a particulares de híbridos como las preferentes. Si hay que proceder a la liquidación de un banco y ulterior concurso, esquilmados los inversores españoles, quedarán menos acreedores, entre ellos los internacionales. 

Segundo, interviniendo el Estado las entidades financieras bajo riesgo. Además de evitar un pánico entre los depositantes, para eliminar el miedo a un contagio entre la banca española y la europea: el Estado español interviene la entidad y responde. 

Tercero, canalizando el rescate de la Unión Europea a la banca española a través del FROB, que depende también del Estado. 

De estas tres formas se desembaraza Europa de su riesgo en la banca española. 

¿Y cómo minimizan también nuestros vecinos su riesgo de la deuda española que ostentan? Pues muy parecido: traspasando la deuda pública española en manos de no residentes a fondos de pensiones, fondos de inversión y bancos españoles. Desde hace meses, la banca internacional está reduciendo su exposición a la deuda pública española a una velocidad de vértigo. La está adquiriendo la banca española (¡que ya posee dos tercios del total!), gracias a las inyecciones del Banco Central Europeo (BCE). 

Para aclarar este galimatías: el riesgo se está desviando desde los distintos acreedores europeos hacia el Estado español a través de nuestro sistema financiero. Y con tal de que el Estado pueda asumir este peso, se le conceden 100.000 millones de euros a aplicar a la banca, de modo que parezca cosa del Gobierno imponer las condiciones de reestructuración de las entidades financieras, así como las subidas de impuestos y recortes. 

Pero con este mecanismo, la mayor parte de la responsabilidad de la deuda, ¡pública y financiera!, se está volcando sobre los españoles, que somos sólo una parte de los implicados, los deudores. ¿Dónde está la responsabilidad de los prestamistas que regulaba el sabio derecho romano? 

El rescate se está aprovechando para que, si llega un impago, la parte a soportar por los socios europeos sea mínima. Y esto no es justo porque también los bancos europeos han estado lucrándose de la burbuja inmobiliaria y de la deuda pública española.

UNA CARGA CRECIENTE

Por no aflorar una pérdida inmediata todos, y repartirla entre todas las partes, por evitar una intervención política (la económica ya está hecha), vamos a tener que ir asumiendo cada vez más y más carga. La crisis durará demasiado.

Europa se equivocará si trata de ahogar demasiado. Si los españoles no aguantamos, surgirán partidos extremistas (véase el caso de Grecia) y los votantes abominarán de los partidos políticos mayoritarios que regresan de las cumbres europeas con troikas enmascaradas. Si la voluntad popular rechaza al euro, Europa perderá mucho más dinero que condonando una parte razonable de la deuda. Fue una imprudencia tomar prestado el 400% del PIB. Pero fue también una imprudencia del BCE prestarlo. Ahora que se repartan las pérdidas. Alemania ya experimentó en sus carnes a qué conduce un castigo económico demasiado severo: fue el caldo de cultivo del nazismo. Debería echar mano de la memoria y recordar todo lo que en su país se produjo cuando, tras la Primera Guerra Mundial, fueron los aliados quienes quisieron apretar para cobrar y mandar.

sábado, 7 de julio de 2012

LETONIA. Laboratorio de “rescate”

Fuente:  http://blogs.lavanguardia.com/diario-itinerante/laboratorio-de-rescate/

Riga,- Ante una foto tamaño pared de las afiladas torres medievales y los puentes de acero soviético de Riga, Christine Lagarde se dirigía a una sala llena de ejecutivos y funcionarios de traje gris. El eslogan Letonia: against all odds (contra todos los pronósticos) que anunciaba la conferencia recordaba una película de Rambo. Y, efectivamente, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) había venido a Letonia para anunciar misión cumplida tres años después de acordar el rescate de la economía letona. “¿Quién se habría imaginado en el 2009 que estaríamos aquí celebrando el logro de Letonia, tras un viaje tan duro? –dijo–. Es un tour de force; habéis enseñado el camino a la zona euro…”.

¿Por qué tantos elogios a un pequeño país postsoviético de dos millones de habitantes en el mar Báltico, cuya principal exportación es madera talada en los bosques oscuros que se extienden desde la capital hasta la frontera con Rusia? Pues porque “somos el experimento en el laboratorio de la devaluación interna”, ironizó Serguéi Acupov, ex asesor del Gobierno que, tras gestionar la transición relámpago a la economía de mercado en 1990, parece ya mucho menos convencido por la ideología del short, sharp shock. “Quieren un ejemplo para Grecia, Portugal… España”. Con devaluación interna, Acupov se refiere a la política de ajustes mediante recortes de salarios y del gasto público. Aunque Letonia no es miembro de la zona euro, rechazó devaluar su divisa, el lats, y se convirtió en el conejillo de indias de la terapia shock, un poco como Chile en los años anteriores a la llamada revolución neoliberal en el Reino Unido y Estados Unidos . “Hemos escrito un nuevo capítulo en los libros de texto”, dijo un participante en la conferencia del FMI.

Tras el pinchazo de su propia burbuja inmobiliaria y una crisis de financiación de la deuda , Letonia firmó un acuerdo de rescate en diciembre del 2008 con la Unión Europea y el FMI. A cambio de recibir créditos por 7.500 millones de euros, el gobierno puso en marcha la madre de todos los ajustes presupuestarios, equivalente al 17% del valor de su economía, en sólo dos años. Letonia se sometió a la peor recesión económica registrada jamás en Europa, igualando la Gran Depresión estadounidense con un desplome del PIB del 23% en dos años. Los salarios se recortaron entre el 25% y el 30%. Mientras el paro subía del 5% a 20%, se recortó la prestación por desempleo hasta sólo 40 lati (57 euros) mensuales. La pobreza alcanzó a cuatro de cada diez familias, pero se amplió el impuesto plano sobre la renta (el 25%) hasta incluir las rentas de 60 euros al mes.

Ni tan siquiera Grecia había aniquilado una cuarta parte de su economía como hicieron los letones. Pero ahora la devaluación interna da sus frutos, sostienen Lagarde y los diseñadores del ajuste. Letonia crece el 6% este año, más que ninguna otra economía europea, y ha eliminado sus déficit exteriores. Ahora Letonia es el role model europeo. “Hicimos lo que debimos –dijo Ilmars Rimsevics, el severo gobernador del Banco de Letonia–. Diría que hemos desrabado al perro, pero mis asesores me aconsejaron hablar de podar el árbol”, añadió con un sentido del humor muy letón.

 A unos 12 kilómetros del centro de Riga, Diana Vasilane entiende lo que se siente uno al ser podado“Mi hija se fue a Roma hace tres meses cuando su empresa Statoil (Noruega) le cortó el salario de 600 a 400 lats al mes; mi hijo se ha ido a Suecia; el hijo del vecino se marchó para Australia; aquí estamos rezando para no vivar hasta muy viejos porque nadie nos va cuidar”, dijo. La marcha de jóvenes al extranjero ya había empezado tras la caída del comunismo. Pero desde el inicio del llamado rescatedel 2009 se ha convertido en una hemorragia. Un 10% de la población en general (230.000 de una población de 2,2 millones en el 2008) se ha marchado. El 30% –uno de cada tres– de los letones menores de 30 años se fueron, la mayoría para jamás regresar.

Hasta las ciudades británicas más pobres han sido destino para letones en busca de trabajo. El vuelo de Ryanair Liverpool-Riga iba abarrotado de jóvenes letones que visitaban a sus familias, y cada vuelo de vuelta la semana pasada estaba completo. Esto se suma a los graves problemas demográficos en Letonia, debido a una tasa de fecundad baja y a una esperanza de vida baja (un problema agravado por un sistema de sanidad en crisis presupuestaria). “La población envejece rápidamente; y la gente que se va en esta última ola son principalmente jóvenes con estudios”, dijo el demógrafo Mihail Hazans. Esto “ya amenaza el desarrollo económico y la seguridad social”.

Los hijos no son la única parte de la vida de Vasilane que ha sido podada. Hasta hace año y medio era directora de la oenegé Risk Berni (Riskchild.org) que prestaba apoyos a niños de familias marginadas (casi todas) en el barrio destartalado de etnia rusa de Moscow Worstadt en el centro de Riga. Moscow Worstadt era antes un distrito industrial de la economía soviética. Ahora es un foco de prostitución, drogadicción y actividades delictivas.

En el centro infantil de Riska Berni daban de comer a entre 20 y 30 niños al día y repartían ropa. Organizaban actividades –remar en el río, patinar, partidos de fútbol– para adolescentes. El Estado letón les pagaba una ayuda de 2.000 lati (2,400 euros) al mes. El hotel Radisson aportaba las sobras de su cocina, quizás de las cenas del mismísimo equipo de la UE y del FMI que llegaban a Riga de cuando en cuando. Pero luego el mega ajuste llegó a Riska Berni. El gobierno podó la subvención hasta la mitad y Riska Berni cerró el año pasado en muy mal momento. “Con tanta emigración se han ido las madres de muchos niños al extranjero y muchos niños ahora viven con sus hermanos mayores o sus abuelos”, dijo. Durante una parada en Moscow Worstadt, un joven de cabeza rapada irrumpió en el bar donde hombres con cara de pocos amigos tomaban cerveza en silencio. “Acabo de pegarme con uno; él me pegó primero”, dijo. Fuera en la calle, jóvenes prostitutas –quizás de 17 o 18 años– esperaban.

Exceptuando Moscow Worstadt, la crisis brilla por su ausencia en el centro de Riga, recorrido por manadas de turistas nórdicos que interrumpen sus giras de las iglesias para tomar sopa de remolacha en las terrazas donde un grupo toca Knocking on heaven’s door. Pero en el extrarradio donde vive Diana, las puertas no son del paraíso sino de cientos de infraviviendas, habitadas en muchos casos por familias desahuciadas tras el pinchazo. “Muchas de las casas buenas ya pertenecen a los bancos, y sus ex habitantes acaban aquí”, añade Vasilane mientras el coche sube por una carretera sin asfalto. Nos adentramos en una urbanización de chabolas de madera que se extiende hasta el río, muchas de ellas con parcelas cultivadas que los nuevos pobres de Letonia combinan con la pesca para sobrevivir. No tienen electricidad, pese a temperaturas invernales de 20 grados bajo cero. “En tiempos soviéticos, la gente tenía su pequeño huerto aquí para los fines de semana con un cobertizo para guardar las herramientas –dice el conductor–. Ahora la gente vive en los cobertizos”.

 Konstance Bondare, de 80 años, es uno de los residentes del distrito de infraviviendas . Vive en una cabaña destartalada de madera sin luz y sin agua, tal vez uno de esos cobertizos que los hortelanos de Riga usaban en tiempos soviéticos para almacenar las herramientas. Konstance dice que vino a vivir aquí hace año y medio tras ser desahuciada por un banco que tomó posesión de su apartamento en Riga. Había avalado la hipoteca del piso que compró su hija unos años antes, pero cuando esta perdió su trabajo el banco embargó los dos pisos. Siguiendo los pasos de uno de cada tres jóvenes letones que han emigrado desde el inicio del ajuste, la hija se marchó. Konstance se vino a vivir aquí con su perro. Recibe una pensión de unos 180 euros al mes. Baja todos los días a por agua al río y dice que la bebe. Ante la incredulidad de quienes la entrevistaban, dijo que paga alquiler por esta infravivienda de unos 12 metros cuadrados, aunque no dice a quién se lo paga. “El banco me echó a la calle y me dijeron que debería envenenar a mi perro; prefiero envenenarme a mí misma –dice–. ¡Miren cómo los letones vivimos en nuestro propio país!”

Hay cientos de viviendas como esta en este extrarradio rural de Riga abierto por las víctimas del ajuste. Curiosamente muchas de las callejuelas entre las infraviviendas lucen candados antirobo. “La gente tiene muy pocos bienes, pero hay muchos robos y tiene miedo”, dice. Una señora de la edad de Konstance fue asesinada a hachazos hace unas semanas en una barriada cerca de aquí. Le robaron su pensión de unos 100 euros.

* Para un análisis de por qué la devaluación interna no funciona ni en Letonia, ver La Vanguardia 6/7/2012

sábado, 16 de junio de 2012

Rescate vergonzoso, de Manuel Castells en La Vanguardia 16-6-2012


OBSERVATORIO GLOBAL

Rajoy ha hecho el ridículo ante el mundo asegurando primero que España no necesitaba rescate, nacionalizando Bankia sin tener dinero para pagarla y, finalmente, apelando a un rescate diciendo que no era tal sino tan sólo ayuda financiera para los bancos y no al Gobierno, sin consecuencias sobre las políticas económicas. Siendo así que los fondos de recapitalización van al FROB, o sea al Gobierno, y que, como le han recordado desde la Comisión Europea, el Gobierno es el responsable en último término de la deuda contraída. Es más, la troika supervisora (BCE, CE y FMI) ha condicionado la continuidad del crédito de 100.000 millones al cumplimiento de objetivos macroeconómicos y a la continuidad de las “reformas” (léase más recortes de prestaciones sociales y empleo público). Alusiones irónicas al orgullo español, que se niega a aceptar la realidad de economía asistida (de hecho intervenida desde mayo del 2010), llenan páginas de la prensa internacional. Lo que sería simplemente un nuevo episodio tragicómico de nuestra impresentable clase política si no fuera porque tiene consecuencias graves sobre la credibilidad del rescate con relación a mercados e inversores. Así que tras haber hipotecado aún más el país, asumiendo desde el Estado la insolvencia de la gran mayoría de las instituciones financieras, la prima de riesgo sigue por encima de los 500 puntos de diferencial con Alemania y el tipo de interés de los bonos a diez años cerca del nivel de alarma del 7%. Y la jactancia de que hemos conseguido mejores condiciones que Grecia, Portugal e Irlanda ha provocado la lógica demanda de dichos socios de obtener condiciones equivalentes, reabriendo la negociación de sus rescates.

Es cierto, sin embargo, que la debilidad de la economía española no está en la economía propiamente dicha, una vez superada la burbuja inmobiliaria, sino en el nivel de endeudamiento privado, en la insolvencia de entidades financieras, de empresas y de hogares. Y como la huida hacia delante de Zapatero gastándose lo que no tenía para sostener la ficción de que no había crisis endeudó también al Estado, hemos acabado sepultados por esa masa de deuda cuyas proporciones ni siquiera se conocen por la opacidad de las instituciones financieras y por el trapicheo de las cuentas de gobiernos central y autonómicos. Deuda impagable en las actuales condiciones de recesión económica. Tanto más cuanto que el Gobierno se ha comprometido irresponsablemente a reducir el déficit público, que era del 8,9% del PIB en el 2011, al 3% en el 2014. Y aunque no será capaz de cumplirlo, simplemente hacer como que lo intenta implica redoblar recortes hasta dejarnos en los huesos e imponer condiciones draconianas a los trabajadores públicos y privados so pena de despido. De forma que el rescate de la banca se hace a través del Gobierno, gravando aún más los intereses de la deuda pública, que pagan los ciudadanos, endureciendo las condiciones sociales y laborales y profundizando la recesión por la caída de la demanda interna.

Lo único que aún mantiene el pulso económico es la actividad exportadora, pero con tendencia decreciente porque cae la demanda en la eurozona, nuestro mercado principal, y se cierra el grifo del crédito a las empresas. Es decir que el rescate de los bancos, indispensable para evitar una catástrofe financiera y un eventual corralito, se ha hecho de tal forma que agrava todavía más la situación de la economía real sin introducir perspectivas de salida de la crisis a corto plazo. Más aún: como no hay posibilidad de reducir el déficit al nivel que se ha prometido y como poco más se puede ya ajustar en condiciones laborales, ni siquiera es seguro que los controladores teutones acepten mantener hasta el final la línea de crédito de financiación bancaria. Y todo ello sin explicación honesta a los ciudadanos de cuáles son los datos del rescate ni sus implicaciones. Sin explicación del monumental fallo en las tareas de supervisión del Banco de España, dejando que su expresidente se vaya de rositas diciendo que nadie sabía la gravedad de la crisis (por cierto, yo sí…) y echándoles la culpa a los políticos. ¿Y por qué, entonces, no se explican los políticos? ¿Por qué no hacemos como en Islandia cuando, tras el colapso bancario del 2008, se convocaron nuevas elecciones porque banqueros y políticos habían tejido una madeja de intereses que no se podía desenredar?

Ante todo este sacrificio, todo este secretismo en aras de la supervivencia del euro y hasta de la UE, recordemos que hay diez países en la Unión que no están en el euro y que están mejor que la eurozona. ¿O es que el ideal europeo se reduce a la unión bancaria y monetaria? ¿Se está intentando crear una federación europea sin decirlo y sin someterlo a referéndum popular? Si la única salida de la crisis de la economía real a corto plazo es la exportación y la única forma inmediata de estimular la competitividad es devaluar saliendo del euro, habrá que elegir en su momento entre extinguirnos paulatinamente con un euromarco que no podemos sostener o reconvertirnos a la peseta y rehacer la economía y la vida con autonomía de país y gobernantes democráticos que acepten corregir un error histórico que benefició sobre todo al sistema financiero y a Alemania y su entorno. Como es Alemania quien de verdad necesita el euro, si lo quiere que pague por él mutualizando la deuda, invirtiendo en la reconstrucción económica de la periferia y compartiendo poder en las instituciones europeas. Federalismo sí, pero no en sentido único. Y si los ciudadanos tienen que sacrificarse por el euro, que se sepa por qué, que se abra un debate real, que se sepan los costes y los beneficios en lugar del actual terrorismo ideológico de amenazar con catástrofes innombrables a quienes se atreven a poner en duda el pensamiento único del euro. La disolución del euro es ahora la hipótesis más probable. Hagámoslo ordenadamente, en función de los intereses de los ciudadanos y bajo su control.