"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

jueves, 28 de mayo de 2009

Mobbing rural. O la vaca o el chalé

Un establo enfrenta a un ganadero de Das con vecinos de segunda residencia

ANA PANTALEONI -EL PAÍS Barcelona - 25/05/2009

¿Qué fue primero la vaca o la segunda residencia? "Allí donde tenemos las vacas levantaron una urbanización hace cuatro años". Así empieza su historia el ganadero de Das (Cerdanya) Pere Rosell. Una historia de conflicto entre el mundo rural y los urbanitas que disfrutan los fines de semana de ese mundo. "Uno de los bloques da al patio donde tengo las vacas. Los primeros años tuvimos una buena relación, los niños venían a ver las vacas, pero durante una fiesta en agosto vieron moscas sobre el pan con tomate y dijeron que la culpa era de las vacas", explica Rosell. El conflicto fue a más. El Ayuntamiento de Das intentó mediar, pero no funcionó y el caso está ahora en manos de abogados. Y en boca de los vecinos. En Bellver de Cerdanya un artículo de Regió 7 pegado en una pared titula: "Un grupo de segundos residentes obliga a un ganadero de Das a sacar las vacas".

El sindicato agrícola JARC ha detectado unos 50 casos de 'mobbing' rural

El sindicato de Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya ha detectado una cincuentena de casos de mobbing rural. El conflicto surge en comarcas agrícolas con presencia de segundas residencias y turismo. En Cataluña hay 514.943 segundas residencias, según el censo de 2001.

"Nos referimos a distintas presiones directas a través de denuncias o indirectas por la problemática de la burocracia que recibe el sector agrario y ganadero para abandonar la explotación", explica Pere Rubirola, vicepresidente de esta organización agraria. El Parlament tratará en breve el tema del mobbing rural en la Comisión de Agricultura.

La comunidad de vecinos de Ermita de Tartera, afectados por el establo de Rosell en Das, representados por Leysters Abogados, argumenta que presentaron un escrito de alegaciones en el que denuncian que la explotación no cumple la normativa. "El estercolero del establo no está en condiciones ni de salubridad ni de capacidad de almacenamiento. No tenemos interés en que se vaya; sí en que cumpla la norma", asegura la abogada Ruth Caballé. La Generalitat informó a Rosell de que debe sacar sus 50 vacas del establo hasta que no construya con hormigón las paredes de su estercolero. Rosell, de momento, ha trasladado las vacas a un campo.

El director de Desarrollo Rural, Jordi Bertran, quita hierro al asunto: "Estos conflictos han existido siempre, son casos concretos". Bertran explica que la normativa sectorial es uniforme en todo el territorio; el problema está en que algunos ayuntamientos generan normas extras que pueden generar confusiones. Bertran niega que se trate de una guerra entre payeses y pixapins -gente de ciudad que disfruta de los pueblos en vacaciones-. "La relación entre personas coherentes ha sido siempre muy buena". Joan Carretero, ex consejero de Gobernación y ex alcalde de Puigcerdà, relató en una conferencia hace un mes cómo "los príncipes rojos de Barcelona están tratando de acabar con el Pirineo", informa Joan Foguet. Carretero recordó las quejas de los habitantes estacionales: "Un matrimonio se me quejó del ruido de las campanas de la iglesia. Preguntaban por qué tenían que tocar cada cuarto de hora".

África da sus tierras por nada


El continente no logra mejoras de relieve con la venta de terrenos cultivables

LALI CAMBRA - EL PAÍS Ciudad del Cabo - 26/05/2009



Las adquisiciones de fincas agrarias en países pobres, última tendencia entre corporaciones, fondos de inversión y países importadores de comida, supone enfrentar a los más pobres al posible desalojo de sus tierras y al acceso a las mismas y a sus recursos, como el agua. Así se desprende de un estudio encargado por las agencias de las Naciones Unidas de la Agricultura y la Alimentación (FAO) y del Desarrollo (UNDP), presentado ayer.

En países como Malí la hectárea cuesta entre cinco y diez euros

Si bien el documento puntualiza que las adquisiciones (por lo general en África mediante contratos de alquiler de medio siglo o un siglo por los que apenas se paga nada) pueden constituir un beneficio al suponer inversión extranjera. También puede acarrear atracción tecnológica, incremento de la productividad agraria y creación de empleo y de infraestructuras. Pero tal y como se están llevando a cabo, con precarias consultas a la población local, falta de transparencia y sin asegurar en los contratos los compromisos de inversión, empleo o desarrollo de infraestructuras, supone poner en riesgo el modo de vida de miles de pequeños agricultores o pastores, cuya existencia depende de la tierra.

El estudio, realizado por el Instituto Internacional para el Medioambiente y el Desarrollo (IIED), enfatiza la necesidad primera de los gobiernos africanos de asegurar los títulos de propiedad de la población local, para protegerla, evitar que sea desposeída arbitrariamente y, asimismo, posibilitar que obtenga mayores beneficios de los hipotéticos inversores.

Los autores del informe han analizado los contratos a los que han llegado diversos países africanos con corporaciones, fondos de inversión y países importadores de comida como los del Golfo Pérsico, del Sudeste Asiático y China. A la vista de estos documentos alertan de que existe entre los inversores la creencia de que África (y Latinoamérica) tiene tierra en abundancia disponible, yerma o abandonada, "pero hay que ir con cuidado con estos términos". Opinan que son usados para equipararlas a tierras no productivas, cuando puede ser que sean usadas intermitentemente (se dejen en barbecho) por pequeños agricultores o por pastores o por cazadores-recolectores. Esta situación se habría dado ya en Tanzania, Etiopía o Mozambique, donde tierras que sí estaban siendo usadas se habrían alquilado como "abandonadas".

Si el acopio de tierras por firmas inversoras extranjeras podría tener beneficios, algo que enfatizan los autores, dichos beneficios no están tan claros cuando se revisan los acuerdos firmados con los gobiernos africanos (se han estudiado inversiones en Etiopía, Ghana, Kenia, Madagascar, Mozambique, Sudán, Tanzania y Zambia), donde se constata falta de transparencia e imposibilidad del público de acceder a los contratos.

La tierra en sí o se da gratis o tiene un cargo nominal (entre 5 y 10 euros la hectárea en Mali). Los gobiernos esperan beneficios como infraestructuras o creación de empleo. Pero los contratos -"por lo general cortos y simples"- carecen de explicaciones sobre riesgos o beneficios, sobre el tipo de negocio a llevar en la tierra (si será una plantación típica, si se formará un negocio conjunto con la población local) o sobre contratación. Los autores del estudio reclaman la necesidad de consultas transparentes con la población (apuntan que en algún caso estas consultas se limitan a los ancianos de los pueblos, a los oficiales y a la élite del gobierno municipal). Cuestiones como la seguridad alimentaria en el propio país también son, en muchas ocasiones, pasadas por alto.

sábado, 16 de mayo de 2009

Derechos humanos, valores asiáticos y feminismos

CELIA AMORÓS,
BABELIA, EL PAÍS 16/05/2009

Mujeres, globalización y derechos humanos, Virginia Maquieira (editora). Cátedra. 408 páginas. 19,30 euros.


Uno de los debates de mayor interés que se han producido en torno a la universalidad de los derechos humanos es el relativo al estatuto de los "valores asiáticos". Su núcleo fuerte, pese a la gran variedad de religiones e ideologías en Asia, se identifica con la tradición del confucionismo como sabiduría milenaria. La interpretación que de este se ha llevado a cabo en diferentes momentos históricos responde a las necesidades que se plantean en cada presente. Son éstas las que orientan una reconstrucción selectiva y una enfatización de diferentes aspectos de esta macroideología. Una reconstrucción de estas características responde a lo que Hobsbawn ha llamado "invención de la tradición", es decir, la refuncionalización de la misma acorde con las exigencias de legitimación de una determinada situación histórica. En este sentido, Gladys Nieto (en Mujeres, globalización y derechos humanos) nos informa de que ha tenido lugar una apropiación de Max Weber como instancia de justificación de las peculiaridades del "modelo asiático de desarrollo". En efecto, él puso de manifiesto afinidades electivas entre el espíritu ascético de los primeros empresarios calvinistas y la consecución de unos logros en las empresas que se interpretaban como signo de estar en gracia con la divinidad. Por su parte, el confucionismo valora enfáticamente la disciplina en el trabajo. Sin embargo, Weber es un liberal que afirmó que el capitalismo no había podido arraigar en China porque determinados procesos de racionalización en la vida social allí no tuvieron lugar. Así, que se lo invoque para justificar lo que de idiosincrásico tendría el "modelo asiático de desarrollo" no deja de ser sorprendente y paradójico. Pues el confucionismo, por su parte, es una ideología de impronta comunitarista. Este fenómeno pone de manifiesto el núcleo constitutivo de ambigüedad que encontramos en las religiones o cuerpos de doctrina de gran implantación en el espacio y en el tiempo, en la medida en que se ven en la necesidad de suscitar amplios consensos entre sectores muy amplios y heterogéneos de población distribuidos a lo largo del espacio y del tiempo.


El confucionismo hace a las mujeres responsables de la organicidad social, lo que siempre viene a traducirse en abnegación y subordinación

Si tenemos en cuenta el núcleo de ambigüedad al que nos hemos referido, no nos extrañará demasiado que nuestra especialista en antropología de China y en Derechos Humanos nos presente a
un intelectual neoconfuciano de la primera generación, Feng Youlan, autor del llamado "método de herencia abstracto". Nuestro pensador redefinía principios del pensamiento tradicional confuciano en términos tales que pudieran ser pertinentes para la sociedad socialista del maoísmo: énfasis en la importancia de la educación, imitación de modelos ejemplares... Parece como si el culto a la personalidad del líder comunista pudiera ser encajado sobre el estrato de la veneración a los mayores, característica de una doctrina que valora el principio jerárquico.

Después, caído el maoísmo y en el contexto de la lucha por la universalización de los Derechos Humanos, se ha podido contraponer al "chantaje de la Ilustración" el pedigrí de la
presunta superioridad moral de los valores genuinos e idiosincrásicos del confucionismo, considerados como los que verdaderamente se adecuan a su medio social e histórico.

Y bien,
¿qué sucede con las mujeres en medio de estos avatares sociohistóricos e ideológicos? La antropóloga Virginia Maquieira, apoyándose en los análisis de Nieto, se refiere a "los discursos patriarcales... que acentúan las cualidades de 'buena madre y esposa virtuosa'... que están legitimando la restauración de un estatus tradicional para las chinas y su vuelta al hogar por el repliegue de la economía planificada en China y las reformas emprendidas por la introducción del libre mercado". Estos discursos se relacionan "con los llamamientos a la armonía familiar procedentes de los valores asiáticos y la revitalización de la tradición confuciana impulsada por las élites políticas e intelectuales". Las ideologías de impronta comunitarista, como lo es el confucionismo, hacen a las mujeres responsables de la organicidad social, lo que siempre viene a traducirse en abnegación y subordinación. En lo que concierne al feminismo, no es de extrañar en este contexto que haya sido "cooptado por el Estado" desde principios del siglo XX, cuando los republicanos derrocaron el régimen dinástico. Fue también -mutatis mutandis- ésta la estrategia que adoptó el comunismo chino cuando, como lo recuerda Nieto, hace sostener a las mujeres "la mitad del cielo".

En la actualidad, las féminas pretenden legitimar su propia "invención de la tradición" como lo hacen algunas musulmanas con la tradición coránica. Por su parte, las intelectuales feministas chinas que proceden de la "diáspora" introducen perspectivas y elementos dinámicos que les dan más juego para dialogar con la tradición de las abstracciones ilustradas -individuo, sujeto, ciudadana- que ha sido el caldo de cultivo histórico de las vindicaciones feministas. Estas militantes se sitúan en la línea del diálogo que -Gladys Nieto nos informa- mantienen académicos e intelectuales entre "los marcos tradicionales filosóficos y/o religiosos asiáticos" y nuestra tradición occidental. Esta tarea "conlleva enormes dificultades teóricas y metodológicas", pero constituye un desafío que es preciso afrontar "para que la fundamentación del marco internacional de los derechos humanos se realice a través de un proceso democrático e igualitario".

Celia Amorós es catedrática de la UNED y premio Nacional de Ensayo 2006 por La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias ... para las luchas de las mujeres (Cátedra)

martes, 12 de mayo de 2009

Hacia un nuevo capitalismo


La crisis mundial no marcará en 2009 el final de ciclo del actual sistema económico, pero será la causa de las importantes reformas que deberá afrontar la economía de libre mercado

TIMOTHY GARTON ASH EL PAÍS 10/05/2009

¿Qué queremos que surja de la mayor crisis que ha visto el capitalismo en 70 años? Si tuviera que responder con una sola frase, diría que unos modelos nuevos para una economía de mercado social y sostenible. Y eso exige que cambiemos nosotros, además de los Estados.

Existen hoy en el mundo más variedades de capitalismo que las que hubo en su día de comunismo

Algunos banqueros deberían arrostrar consecuencias legales personales por su insensatez y su egoísmo

El capitalismo no acabará en 2009 como acabó el comunismo en 1989. Está demasiado arraigado y es demasiado variado y demasiado adaptable para sufrir una muerte tan brusca. Existen hoy en el mundo muchas más variedades de capitalismo que las que hubo en su día de comunismo, y esa diversidad es uno de sus puntos fuertes. El arco iris va desde el salvaje oeste hasta el salvaje oriente, y abarca grandes variantes nacionales de la economía de mercado, como China, que los puristas dirían que no son capitalismo en absoluto. Por consiguiente, algunas versiones del capitalismo capearán el temporal; otras quedarán en ruinas o, al menos, sufrirán reformas sustanciales.

A esta última categoría parece pertenecer una versión "neoliberal" extrema de la economía de libre mercado, caracterizada no sólo

  • por la amplia desregulación y privatización,
  • sino también por un espíritu de avaricia digno de Gordon Gekko,
  • y que sólo se practica plenamente en algunas áreas de las economías anglosajonas y poscomunistas.

Pero ¿qué pasaría con una versión modernizada y reformada de lo que los pensadores alemanes de posguerra llamaron la "economía social de mercado"?

  • Una economía de libre mercado, sin ninguna duda,
  • pero que exige que el Estado proporcione un firme marco legal y regulador para la empresa privada;
  • la participación de los accionistas, pero también de los afectados por las decisiones;
  • un intento de equilibrar los intereses inmediatos y las consideraciones a largo plazo a la hora de tomar decisiones económicas;
  • el compromiso nacional de que haya un mínimo social para todos los ciudadanos, y un sólido espíritu moral entre quienes se dedican a los negocios.
  • Eso debe combinarse con las demandas del siglo XXI de sostenibilidad ecológica ante el cambio climático y sostenibilidad ética ante la pobreza mundial. Una tarea difícil, no hay duda.

Hay que tener en cuenta asimismo el equilibrio entre los niveles nacionales e internacionales de regulación y gobierno. Mervyn King, el gobernador del Banco de Inglaterra, ha dicho que los grandes bancos privados actuales son globales en la vida pero nacionales en la muerte. Cuando llega el momento de rescatarlos, es el Gobierno nacional más directamente relacionado el que toma la iniciativa. Y eso significa que pagamos la factura los contribuyentes nacionales.

1. Sin embargo, toda esa historia de Estados y sistemas no es más que la mitad de la cuestión. Lo que nos metió en el lío actual fue el comportamiento de unos seres humanos concretos, y es el comportamiento de los seres humanos lo que tiene que cambiar, además de la estructuración de los sistemas. Es algo evidente, sobre todo, en el caso de los banqueros, pero no debemos creer que se limita sólo a ellos. La conducta de los banqueros que nos arrojaron al lodo -no todos los banqueros, desde luego, pero sí unos cuantos- quizá no fue ilegal, pero fue egoísta, irresponsable e inmoral. Año tras año, obtenían enormes beneficios personales a partir de unos activos cuya verdadera naturaleza y cuyas perspectivas no comprendían o ignoraban llenos de cinismo. Justificaban sus sueldos y sus primas, desproporcionados para las sumas que casi todo el resto de la gente ganaba en las sociedades a su alrededor, porque estaban "relacionados con el rendimiento", pero ese "rendimiento" se medía con indicadores insuficientes y a lo largo de un plazo demasiado breve. La remuneración de los altos cargos se basaba en la necesidad de marcar unos puntos de referencia competitivos con los rivales, y se oía a algún jefazo quejarse de que otro estaba ganando seis millones de euros al año cuando él sólo ganaba cinco. Y salían tan felices de sus bancos.

"La City se ha portado muy bien conmigo", era el eufemismo típicamente inglés con el que definían ese barroco proceso de enriquecimiento. Como ya había ocurrido en otras cosas, los novelistas (como Tom Wolfe) y los cineastas (como Oliver Stone con su Wall Street, protagonizada por el personaje de Gordon Gekko) se adelantaron a economistas y politólogos en el diagnóstico del problema.

La justificación clásica de por qué los capitalistas ganan tanto dinero es el riesgo que corren, pero en este caso ni siquiera corrieron el riesgo. Fuimos nosotros. Cuando estalló la burbuja, nosotros, los contribuyentes, tuvimos que hacernos cargo de la factura, y tanto nosotros como nuestros hijos seguiremos pagándola durante décadas. Cerca de donde vivo, en Oxford, se han restaurado unas enormes mansiones victorianas para utilizarlas como viviendas unifamiliares, con todo lujo de detalles y sin reparar en gastos. Hace un año contemplaba las mansiones con ironía y asombro, pero también pensando ingenuamente que sus nuevos propietarios se habían ganado ese estilo de vida neoaristocrático. Ahora, las miro casi con ira.

Un amigo que ha dedicado toda su vida a estudiar las economías más pobres del mundo dice que esos banqueros deberían arrostrar consecuencias legales personales por su insensatez y su egoísmo. Sugiere que se cree un delito de banquicidio, comparable al de homicidio en el sentido de que no sería necesario probar que hubo mala intención previa. Una idea maravillosa, pero que no me parece práctica ni, en realidad, deseable, porque significaría violar el principio legal fundamental de que una cosa es un delito sólo si era ilegal en el momento de hacerla. Ahora bien, sí creo que los que son directamente responsables, como sir Fred Goodwin del Royal Bank of Scotland, deberían devolver parte de sus ganancias personales desmesuradas e inmerecidas. Y otros deberían devolver a la sociedad, aunque sólo sea en forma de filantropía, más de lo que, en definitiva, le han quitado.

Pero no podemos echarles la culpa de todo. Cada británico o estadounidense corriente que se gastó un dinero que no tenía, alentado por los altísimos precios de la vivienda, la laxitud de los préstamos hipotecarios y la publicidad seductiva, tiene parte de responsabilidad. Como también la tienen, aunque parezca extraño, los superfrugales chinos, cuyos enormes ahorros se reciclaron para permitir -e incluso estimular de forma indirecta- el despilfarro occidental.

2. Hace más de 30 años, Daniel Bell examinó en su libro Cultural contradictions of capitalism la paradoja de que el dinamismo del capitalismo depende de que los individuos vivan con arreglo a unos valores ligeramente distintos en sus facetas personales de productores y consumidores. Tomó prestado el famoso argumento de Max Weber sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, y lo amplió para sugerir

  • que la faceta productiva se basa en que las personas se rijan por valores como el esfuerzo, la puntualidad, la disciplina y la voluntad de aceptar una gratificación aplazada.
  • En cambio, la faceta consumidora se basa en que sean expansivas y dadas a permitirse caprichos, buscar el placer y vivir el momento.

3. A eso hay que añadir la nueva tensión de que el planeta no puede sostener a más de 6.000 millones de personas que aumentan sin cesar unos niveles de vida obtenidos gracias a los métodos de producción y consumo utilizados hasta ahora.

4. Y para complicar aún más las cosas está el argumento moral de que los ricos del mundo no tienen derecho a negar a los pobres una vida material mejor, que de todas formas no sería más que una fracción de la que disfrutamos nosotros.

5. Lo que todo eso produce no es sólo un interrogante estructural, sino un reto personal para cada uno de nosotros. Un reto que consiste en encontrar un nuevo equilibrio en nuestras dobles vidas como productores y consumidores y, al mismo tiempo, contribuir de forma consciente a una serie más amplia de nuevos equilibrios internacionales

  • entre economía y medioambiente,
  • un oriente superahorrador y un occidente supergastador,
  • un norte rico y un sur pobre.

A eso me refiero también cuando hablo de una economía social de mercado que sea sostenible.

www.timothygartonash.com Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia