"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

domingo, 2 de noviembre de 2008

¿CÓMO AFECTARÁ LA CRISIS A LOS MÁS POBRES? Entrevista a Jeffrey Sachs

Fuente: http://www.fp-es.org/como-afectara-la-crisis-a-los-mas-pobres



La economía global está en crisis, pero puede haber más esperanzas de las que usted cree para los pobres.


Sumidos en una crisis financiera que ha hecho perder casi 25 puntos porcentuales al mercado estadounidense de valores durante el último mes, los ministros de Finanzas y bancos centrales se reunieron en Washington hace poco para hablar de la futura extensión de la crisis, y de cómo frenarla. Algunos días después, líderes europeos de Londres a Berlín prometieron cientos de millones [de euros] en planes de rescate para los bancos y entidades financieras en problemas.

Durante toda la crisis, se ha hablado mucho sobre las consecuencias que están sufriendo Wall Street y Main Street [la economía real]. Pero sólo unas pocas figuras públicas, como el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, han alertado sobre los efectos del crash crediticio en la economía de los más pobres, que están fuera tanto de la economía financiera como de la real. Por eso, la periodista de FP Elizabeth Dickinson, ha recabado la opinión de Jeffrey Sachs, destacado economista y asesor del FMI, que se ha hecho mundialmente famoso por su apasionado combate por el fin de la pobreza. La redactora le preguntó si aún cree que ese ambicioso objetivo es posible y qué pueden hacer los líderes internacionales para evitar las situaciones más desesperadas.

Foreign Policy: Los ministros de Finanzas y los bancos centrales celebraron en Washington los pasados 11 y 12 de octubre las reuniones anuales del Banco Mundial y el FMI,y también elaboraron una estrategia global coordinada para luchar contra la crisis. ¿Cómo describiría el estado de ánimo?

Jeffrey Sachs: Creo que, en general, hay miedo, claro. Estamos ante una convulsión financiera muy grande y hay enormes riesgos. Aún no estamos a salvo. Con seguridad, habrá una crisis financiera global de tal envergadura que afectará a la economía real. Nadie está seguro de lo que está ocurriendo.

JOHN THYS/AFP/Getty Images

FP: El presidente de la Reserva Federal de EE UU, Ben Bernanke, escribió el 14 de octubreen The Wall Street Journal que “hay herramientas disponibles para responder con eficacia y fuerza”. ¿Es cierto?

JS: Pienso que todo depende de con qué se compare. No me parece que vaya a tener lugar una Gran Depresión, y no creo que se produzca un crash total con cierres y quiebras generalizadas de bancos. Pero sí habrá una grave recesión. Sentiremos sus efectos, y serán muy dolorosos. El desempleo aumentará en varios puntos; la caída del crecimiento será significativa en términos absolutos. La crisis será larga, y la recuperación ardua, debido a los muchos desajustes económicos y por culpa de los altos niveles de endeudamiento de los hogares. Hay que verla como una recesión grave en una economía con fluctuaciones cíclicas. Vamos a pasar por un ciclo económico de duración considerable.

Otras áreas del mundo están sufriendo la crisis por muchas razones: porque sus propios bancos hicieron lo mismo que los estadounidenses, porque nuestra política monetaria lideraba las burbujas que han reventado, porque sus economías dependían de las importaciones... No creo que todo esto vaya a conducir a un declive en todas partes. China, por ejemplo, mantendrá un buen nivel de crecimiento durante este periodo.

FP: Ante la expansión geográfica de la crisis por todo el planeta, ¿cómo está afectando a la población de los países en desarrollo?

JS: Creo que los efectos se notarán más, por irónico que parezca, en los países de renta media, porque una de las características de las naciones pobres es su mayor desconexión del sistema internacional. Sus bancos no están conectados y son muy pequeños en comparación con el tamaño de la economía. La gente no posee acciones, así que no pierden sus pensiones. En los países de renta media como Brasil e India, puede haber riesgos más importantes.

FP: En la reunión del 11 y 12 de octubre, Robert Zoellick apuntó que cien millones de personas han engrosado las filas de la pobreza desde enero de 2008. ¿Piensa que aumentará este número?

JS: Esa catástrofe es consecuencia del encarecimiento de las materias primas, sobre todo de la energía y de los fertilizantes, y no de la crisis financiera. Y no creo que los efectos directos de ésta última vayan a ser graves en ese sentido.

La cuestión, por supuesto, es si la crisis ha hecho olvidar a los países los planes de lucha contra la pobreza, y esto es importante; muchas veces, constituyen un asunto de vida o muerte. Claro que [la caída en la miseria de esas personas] debe preocuparnos mucho. Pienso que tanto en los buenos como en los malos tiempos, es difícil que la gente se fije en estas cosas. No creo que [este problema] vaya a recibir más atención de la habitual.
Espero que cambie la actitud respecto a la gobernanza [de la economía], sobre todo si Obama se convierte en presidente de EE UU. Los días de codicia e imprudencia del laissez faire han terminado, y la idea de que el gobierno debe tener un papel en los mercados financieros y una responsabilidad para con los pobres (e incluso para con los del mundo entero) ganará importancia.

FP: Usted publicó en su blog: “El mensaje principal de esta semana es que el mundo debe encontrar un nuevo modelo de liderazgo colectivo, tras el colapso de la autoridad de EE UU”. Parece que piensa que un mundo multipolar estaría mejor pertrechado para combatir desafíos globales como la pobreza y el cambio climático. Pero, ¿no es igual de probable que termine instalándose un vacío de poder, es decir, que no se consolide ninguna autoridad?

JS: Bueno, eso es lo que ha ocurrido durante estos últimos años. Estados Unidos ha abandonado su anterior papel como estabilizador del sistema. En realidad, esto ya sucedía durante la Administración Clinton, pero se aceleró especialmente en la de Bush, una era de negligencia política.
Creo que China, la Unión Europea y otros actores podrán desempeñar un papel responsable, sobre todo en asuntos como el cambio climático, el desarrollo y las inversiones globales. Pero nadie debería esperar un liderazgo de EE UU, sólo su cooperación.

FP: Aun cuando la crisis financiera no afecte a los pobres entre los pobres, qué pasará con economías emergentes como la de Nigeria, Angola y Kenia donde el sistema bancario sólo estaba dando sus primeros pasos? ¿Cómo les afectará?

JS: Por descontado, Nigeria sufre los vaivenes del precio del petróleo, y también Angola. Kenia es un caso más complejo porque su economía está mucho más diversificada. Sus bancos no son suficientemente fuertes, para empezar, y los días en los que todo iba como la seda han tocado a su fin. Pero no veo una gran pérdida en el plano del desarrollo de estos países. Se limitarán sus posibilidades de atraer inversiones de peso, pero éstas aún serán factibles. Los vínculos que pueden forjarse con Estados Unidos, China e India se mantendrán.

FP: Como presidente de la organización Millenium Promise Alliance (Alianza para alcanzar los Objetivos del Milenio), cuya meta es conseguir los objetivos de desarrollo de Naciones Unidas para 2015, usted ha invertido mucho tiempo en defender el incremento de la ayuda extranjera. Ahora que donantes como EE UU y Europa, entre otros, están pasando por momentos económicos difíciles, ¿hasta qué punto tendrá que reorientar sus actividades?

JS: He recordado repetidamente que los donantes han prometido menos del 1% de sus ingresos, y se supone que sus promesas valen para un año malo y para uno bueno. Una cifra inferior al 1% no es una exageración; es un compromiso que podemos permitirnos. Es importante para el mundo, y seguiré defendiendo esta tesis.

En segundo lugar, la idea de donar 25.000 millones de dólares (unos 19.000 millones de euros) a África no suena tan escandaloso después de un plan de rescate de 700.000 millones en EE UU y una inyección de 2 billones en garantías estatales para los bancos europeos. Simplemente, hemos elegido ignorar a los pobres; no ha sido una decisión causada por [la reducción de] los recursos disponibles. Hemos elegido alegremente dejar morir a millones de personas en lugar de cumplir nuestras promesas. La crisis no cambia nuestra capacidad cuantitativa para mantenerlas. Y creo que ahora todo el mundo sabe más de macroeconomía que antes. Pueden evaluar por sí mismos que no se requiere una gran cantidad de dinero, después de lo que se ha visto en las últimas semanas.

En tercer lugar, una de las estrategias centrales consiste en apuntar también a otros donantes, no sólo los tradicionales como EE UU y Europa. Oriente Medio puede y debe poner más fondos. China puede y debe donar más dinero. Vamos a ver un incremento de estas conexiones, y será bueno para todos.


Jeffrey Sachs es director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia (EE UU) y autor de Common Wealth: Economics for a Crowded Planet (Penguin Press, Nueva York, 2008).


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sábado, 1 de noviembre de 2008

Razones para el optimismo urbano

CARMEN ALBORCH, EL PAÍS, 01/11/2008



Para ser real y duradero, el crecimiento necesita una sólida infraestructura ética e intelectual. Por eso, cuando la economía se edifica sobre la depredación o la especulación, se desvirtúa la idea de crecimiento.

El talento, el capital humano, es el gran activo contra la crisis para todos, desde empresas a ciudades

Tras la fuerte regresión a que han sido arrastradas las cotizaciones mundiales, hay que constatar que la inteligencia y la creatividad humanas siguen siendo la fuente originaria e insustituible de todas las demás formas de riqueza. Hay una riqueza cultural y una riqueza científica que son completamente imprescindibles para la estabilidad y el bienestar de cualquier sociedad.

La Agenda de Lisboa nació con el afán de convertir la economía de la Unión Europea en el sistema productivo más intensivo en conocimiento del planeta. Este año, el Foro Económico Mundial tiene previsto revisar su Índice de Competitividad Global para, entre otras cosas, aumentar el peso relativo de los aspectos concernientes al conocimiento en su evaluación para 2009.

No existen recetas milagrosas frente a esta crisis, pero sí debe exigirse a los poderes públicos que obren con visión estratégica y no caigan en la irresponsabilidad. Se obra con irresponsabilidad cuando se dilapidan aceleradamente los activos del territorio. Cuando los principales agentes del conocimiento son considerados un estorbo. O cuando se ha dejado tan exhausta la capacidad financiera de una Administración que se le impide reaccionar frente a cualquier contingencia.

La visión estratégica requiere, como ha confirmado la crisis, de una continua prevención frente al instinto coyuntural de ciertas actitudes políticas, e invita a primar los ingredientes del crecimiento sostenible a medio y largo plazo, en detrimento de otros más efectistas y socialmente menos rentables. Uno de los ingredientes más relevantes de ese crecimiento es, sin duda, el talento. En el futuro, las empresas, las organizaciones, los territorios y las ciudades que mejor resuelvan el desafío de producir, atraer y retener talento liderarán el escenario posterior a la superación de esta crisis. El capital intelectual es el límite en el que se repliegan los mercados cuando no queda ya ningún margen de depreciación.

Pero el talento ni surge, ni se desarrolla, ni se expande en el vacío. Desde los orígenes de la civilización su localización predilecta han sido las ciudades, porque el talento para fructificar necesita entremezclarse como sólo se puede hacer en el marco de convivencia de la ciudad.

El talento rechaza el dogmatismo porque ve en él una amenaza de paralización. Deplora las sociedades estratificadas porque coartan sus necesidades de relación. Valora el espacio público porque satisface su inquietud cultural. Repudia las ciudades excluyentes porque se alimenta de la diversidad, de la sinergia y de la fluidez.

Generar ciudades donde las oportunidades para el talento sean proporcionales a las personas que las merecen es una base programática segura para la planificación estratégica urbana. Lo es porque el talento provoca en la economía impresionantes aumentos de escala y demanda entornos urbanos de alta calidad ambiental, estética y paisajística.

Las ciudades reúnen unas condiciones objetivas excepcionales para reubicarse el día después de esta situación de crisis global. El proyecto
The Urban Age Project: The Endless City, promovido por la London School of Economics y la Alfred Herrhausen Society, estima que en el año 2050 el 75% de la población mundial vivirá en las ciudades, cuando en 1900 sólo era urbana el 10% de la población.

Este proyecto internacional ha seleccionado 20 iniciativas de ciudades de todo el mundo donde se materializan los principios de una nueva planificación urbana que rompe con el modo tradicional de entender las ciudades.

Entre las pautas metodológicas fundamentales de este nuevo modo de organizar la ciudad están la participación pública -con la ineludible
inclusión de las miradas diversas de las mujeres-, la densidad, las nuevas tecnologías de la edificación e intensas operaciones de reverdecimiento urbano. También la clusterización de las actividades complementarias, el respeto, rehabilitación y reutilización de elementos patrimoniales, la difusión capilar de bienes y servicios públicos, así como el impulso de enclaves para el conocimiento y las apuestas enérgicas por la integración de las personas más desfavorecidas, sin olvidar el replanteamiento radical de los modelos de transporte urbano.

A conclusiones parecidas llegaron los expertos nacionales e internacionales que reunimos, a principios de este año en Valencia, con motivo de la
Primera Conferencia Internacional de Nueva Cultura Urbana.

En todos aquellos lugares en los que estos principios se han aplicado con rigor, la ciudadanía percibe cómo una nueva ciudad emerge en los tejidos urbanos de la existente. La ciencia urbana afronta hoy pocas incertidumbres porque se han generado fuertes consensos a favor de los nuevos principios y pautas. Sin embargo, cuesta explicar por qué esos consensos no siempre se traducen en medidas públicas eficientes que supongan la transición hacia nuevos modelos de ciudad. En el contexto actual la ciudad emerge como el espacio en el que despejar las más inquietantes incógnitas económicas, ambientales y sociales. Los tiempos de crisis son tiempos para la crítica. Hagamos, pues, crítica de la ciudad, pero desde el optimismo urbano.

Carmen Alborch es senadora del PSOE.

Geografías urbanas: la tres chimeneas de Fecsa

Una galería subterránea

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR, EL PAÍS, 01/11/2008

Las tres chimeneas de Fecsa son tres barrotes de hormigón para un paisaje histórico. Es el paisaje del viejo suburbio industrial en primera línea de playa, del que ya no queda más que eso, cientos de toneladas de cemento dormido, 65.000 metros cuadrados de recinto rodeado por muros coronados con vallas de espino y garitas con los cristales rotos, con enormes tubos de refrigeración que se adentran en el mar y lo recalientan como se recalienta el planeta; pero que durante años ha proporcionado energía suficiente para iluminar todo un país desde su noche periférica. Ahora las turbinas de Fecsa, sus tres torres de 200 metros de altura, no van a poder alumbrar ni su propia biografía. La compañía eléctrica ha anunciado que tiene previsto renovar las instalaciones y que en 2010 va a derrumbar estas torres, como cae derrumbado un vagabundo por una calle desierta. Y el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs, en una consulta que tendrá lugar del 17 al 23 de noviembre, ha decidido preguntarles a sus vecinos, igual que hacía Kiko Ledgard en el juego del Un, dos, tres..., si quieren tirar las torres o se plantan con lo que hay. Lo que hay es, ante todo, un símbolo, y para salvar el símbolo van acumulándose propuestas de utilidad práctica, como convertir las torres en un hospital, en un restaurante, en un lanzadero de parapente, en pisos para jóvenes e incluso en una galería de arte.

Las tres chimeneas de Fecsa son tres barrotes de hormigón para un paisaje histórico

Al pie de las tres torres de Fecsa hay toneladas de horas de trabajo que pusieron los trabajadores emigrados de todas partes, y también pusieron huelgas antifranquistas, y pusieron además un muerto en aquellas huelgas, del que hoy queda el nombre en una calle del barrio de La Mina. Manuel Fernández Márquez. Las tres chimeneas de Fecsa tienen mucho de sociológico, de crueldad arquitectónica y hasta de estatua de la Libertad hundida en la arena de un nuevo planeta de los simios; pero sobre todo tienen algo político, algo de destruida cúpula de Carabanchel y hasta otro algo de fosa de una clase que ha sido enterrada o por lo menos maquillada. Hoy, en Sant Adrià, lo que se ha puesto de moda son las peluquerías, los estilistas, las tiendas de maquillaje y cosméticos con un punto de delicatessen. Ya que no es posible un mundo más justo, aún se puede aspirar a vivir la vida sin padrastros.

Cuando uno se acerca al pie de las tres chimeneas para adorarlas como un templo proletario de una era olvidada, lo que se encuentra es un puñado de viejos desnudos amojamándose al sol de la playa con los ojos cerrados para no quemarse la vista, pero también para no ver el cartel que dice: "Zona muy peligrosa. Prohibido el baño". Y merodeando tras estos hombres, andan con los puños vueltos y la camisa abierta, que aletea como un aguilucho en busca de comida, los emigrantes, chavalotes que vienen a hacer de chaperos a lo largo del día.

Es precisamente en esta zona playera de las tres chimeneas donde ha ido formándose el museo más vivo, una de las galerías de arte más apasionantes y más verdaderas de Barcelona. Es en esta parte del muro de cemento de Fecsa donde los plantilleros y las plantilleras Borbo, Coolture, y creo que también Olivia (me fascinan, pero no estoy puesto), han ido dibujando sus plantillas, han ido dejando sus pinturas murales, que hablan del mundo tal como lo sentimos, sobre la pared más apartada y marginada de la periferia, porque saben que el arte es ir contra todos y contra todo. Y todo ello en medio de la obstinación del mar, de la obstinación de las torres, de la obstinación de los chaperos, de la obstinación del arte... por la vida.

La era Bush y los neocons vistos por Krugman

La batalla a través de las ideas

JOAQUÍN ESTEFANÍA, EL PAÍS, 01/11/2008

Los libros de Paul Krugman se basan en un concepto: la polarización política de Estados Unidos es fruto de las crecientes desigualdades económicas. El Nobel analiza en su última obra el fin de los neocons.

Bill Clinton dejó la economía estadounidense, en la intersección de los dos siglos, con un crecimiento medio superior al 4% y superávit público. Las dos últimas legislaturas demócratas -básicamente la década de los noventa del siglo pasado- se caracterizaron por un incremento sin parangón de la riqueza, y dieron lugar al nacimiento de otro paradigma, la denominada nueva economía, que decía que se habían acabado los ciclos económicos. Todo ello motivado por la utilización masiva de las tecnologías de la información y la comunicación (lo relacionado con Internet y el planeta digital) y una flexibilización de las herramientas empresariales. Sin embargo, tanto desarrollo no sirvió para que se estrechasen las desigualdades en Estados Unidos, sino lo contrario, y éste es el único hilo conductor que coincide con lo que sucedería después, durante los ocho años de mandato de George W. Bush.

    Estados Unidos

    Estados Unidos

    A FONDO

    Capital:
    Washington.
    Gobierno:
    República Federal.
    Población:
    303,824,640 (est. 2008)

El apellido Bush, que desaparece ahora de la primera fila de la historia, no ha tenido suerte con la economía

El apellido Bush, que desaparece ahora de la primera fila de la historia, no ha tenido suerte con la economía. Bush padre perdió las elecciones a favor de un semidesconocido Bill Clinton, después de haber vencido en la primera guerra de Irak, porque una pequeña e inoportuna recesión se coló en la campaña al grito de: "¡Es la economía, estúpido!". Y Bush hijo, después de haber tenido que superar las secuelas del estallido de la burbuja tecnológica, de los atentados del 11-S, y de los escándalos corporativos que colocaron a Enron como su principal icono, deja la Casa Blanca como ya sabemos: EE UU al borde de la recesión, todos los desequilibrios macroeconómicos (inflación, déficit, deuda) manifestándose a la vez, e incrementándose espectacularmente las diferencias de la renta y la riqueza entre los ciudadanos.

Desde el inicio del primer mandato del actual Bush hubo un economista que manifestó abiertamente sus críticas a la política económica neocon, que hacía su principal bandera de la economía de mercado sin interferencias y que se reivindicaba heredera directa de la revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher: el neokeynesiano Paul Krugman, que acaba de recibir el Premio Nobel de Economía por sus trabajos científicos, pero que había brillado en el planeta de la influencia no sólo por los mismos sino por su asombrosa capacidad de divulgación, manifestada en sus artículos semanales en The New York Times (que en España publica EL PAÍS) y por sus libros. En los últimos años ha publicado al menos tres de ellos. En El gran engaño. Ineficacia y deshonestidad: Estados Unidos ante el siglo XXI -una crónica de la primera legislatura de Bush- resume lo que ha pasado desde que la Administración Clinton cesase: caída de las Bolsas, escándalos empresariales, crisis energética, retroceso del medio ambiente, dos millones de nuevos parados, los déficits gemelos (exterior y público), recesión, terrorismo, etcétera. Krugman se asombra entonces de que la principal política económica de Bush consista en bajar los impuestos a los más ricos (con el pretexto de que son los que más invierten) en medio de dos guerras. Lo contrario de lo que decía el sentido común e incluso cualquier ortodoxia económica. Según nuestro economista, la secuencia que los neoconswelfare estadounidense que, a su entender, es un freno a la eficacia del sistema. pretendían instalar tenía un cariz ideológico: rebajar los ingresos públicos, subir el déficit ("el déficit no importa", declaró el vicepresidente Dick Cheney), y aumentar al tiempo los gastos de seguridad y defensa. Cuando la situación se hiciese insostenible, la solución era cristalina: reducir los gastos sociales, lo que significaba acabar con el pequeño

No todo el Partido Republicano pensaba igual. Las anteriores no son las señas de identidad tradicionales de los republicanos (por ejemplo, no lo fueron de la Administración Nixon) sino de un pequeño grupo, muy ideologizado, con raíces en la extrema derecha religiosa y en los institutos de pensamiento fundamentalistas más relacionados con la Escuela de Chicago, que se ha apoderado de la dirección del mismo: los neocons. Ésta es la principal tesis del último libro de Krugman, Después de Bush, que subtitula El fin de los neocons y la hora de los demócratas. En él se demuestra que la polarización política es consecuencia de la desigualdad económica, lo que explicaría en buena parte el desarrollo de la actual campaña electoral. El hoy Nobel de Economía apostó en principio por Hillary Clinton como la mejor candidata demócrata a la Casa Blanca, por ser la más coherente para aplicar la política que según él debía seguir el país (el libro está escrito antes de que estallase la crisis financiera y económica): completar la obra del New Deal rooselvetiano, incluyendo una expansión del seguro social que cubriera riesgos evitables cuya relevancia se ha hecho inconmensurablemente mayor durante las últimas décadas.

En el año 1999, Krugman escribió otro libro, cuyo título puede resultar premonitorio estos días: El retorno de la economía de la depresión. En él abordaba los efectos de la primera crisis económica de la globalización: la que comenzó en el verano de 1997 en Tailandia, con la devaluación de su moneda, que se extendió primero por el conjunto de Asia, luego a Rusia y a América Latina, y finalmente al resto del planeta. Decía entonces que la economía mundial no se encontraba en depresión y que probablemente tampoco experimentaría ninguna depresión en el corto plazo. Pero que la economía de la depresión -los tipos de problemas que caracterizaron buena parte de la economía mundial en los años treinta del siglo pasado- se había instalado de forma pasmosa: hasta hace poco era difícil que alguien pensara que los países modernos se verían obligados a soportar recesiones apabullantes por temor a los especuladores monetarios; que un país avanzado podría verse con persistencia incapaz de generar el gasto suficiente para mantener el empleo de sus trabajadores y de sus fábricas; que incluso la Reserva Federal se preocuparía por su capacidad para contener un pánico del mercado financiero. La economía mundial, concluye, se ha convertido en un lugar mucho más peligroso de lo que imaginábamos. Este texto, publicado hace una década, está siendo reescrito ahora por Krugman, a la luz de la experiencia presente, que multiplica por cien lo acontecido antaño.

En 1930, John Maynard Keynes escribió que "nos hemos metido en un desorden colosal, cometiendo errores garrafales en el control de una máquina delicada, cuyo funcionamiento no entendemos". La batalla que ha dado Krugman consiste precisamente en ello: para compartir un pronóstico de las dificultades y actuar en consecuencia, hay que comprender antes lo que está pasando. En ello ha sido un verdadero maestro. -

Después de Bush. El fin de los neocons y la hora de los demócratas. Traducción de Francesc Fernández. Crítica. Barcelona, 2008, 326 páginas. 29 euros. El gran engaño . Ineficacia y deshonestidad: Estados Unidos ante el siglo XXI. Traducción de Isabel Campos Adrados. Crítica. Barcelona, 2004. El retorno de la economía de la depresión . Traducción de Jordi Pascual. Crítica. Barcelona, 2000.