"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

miércoles, 18 de julio de 2012

Precedentes (reales y de ficción) de la crisis

No hace falta dominar el vocabulario especializado para intuir que los mecanismos de confianza fueron deliberadamente corrompidos y, al mismo tiempo, para darse cuenta de la complejidad filosófica y ética del capitalismo

LA VANGUARDIA 18/07/2012  Sergi Pàmies Sergi Pàmies

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Ya se puede comprar el DVD legal de la película Malas noticias, dirigida por Curtis Hanson. Si Inside job fue un documental fundamental para entender la actual estafa financiera, Malas noticias intenta, desde la ficción, reconstruir un relato similar. Método: grandes actores (William Hurt, Paul Giamatti, James Woods) y un guión que disecciona el pánico que, en 2008, inauguró otra era de hundimiento económico. De entrada, sorprende que, en tan poco tiempo, hayamos aprendido a convivir con conceptos tan desagradables com "activos tóxicos".

La histeria de los mercados preside todas las escenas de la película, más honesta que brillante, sobre una realidad demasiado inmediata para fascinar y que, pasada por el filtro de la ficción, no resulta tan convincente como desde la frialdad documental. Sin embargo, es un ejercicio útil y complementario a toda esa información que tanto nos estresa. Retratando los abusos de los grandes banqueros, compinchados con los políticos de Washington y con los organismos reguladores, la película describe con qué frialdad y codicia se decidieron ruinas y enriquecimientos amparados por las grandes palabras del deber patriótico y del mal menor.

No hace falta dominar el vocabulario especializado para intuir que los mecanismos de confianza fueron deliberadamente corrompidos y, al mismo tiempo, para darse cuenta de la complejidad filosófica y ética del capitalismo. Traicionando los preceptos teóricos de la ciencia económica, las intrigas de una minoría influyó sobre las propiedades y las vidas de millones de personas relativamente inocentes, ya que, desde la ignorancia, también fueron instrumentos y víctimas del desastre. Los diálogos reproducen las tensiones y angustias del momento y todo lo que vemos, tan bien resumido por la expresión contestataria de "economía de casino", confirma que la improvisación y la irresponsabilidad interesadas se impone en situaciones desesperadas.

La última escena -no desvelo nada: sabemos perfectamente como acabó todo- apuesta por la ficción pura. Cuando la Reserva Federal decide rescatar a los bancos heridos (a condición de reactivar el crédito) a cambio de dejar morir a los moribundos, uno de los responsables, hablando de los rescatados, dice: "Espero que usen el dinero para lo que se lo dimos. Porque lo prestarán, ¿verdad?" Y William Hurt, no sé si inocente o cínicamente, responde: "Por supuesto que sí".