"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

lunes, 9 de julio de 2012

Se agudiza la crisis más ignorada: la demográfica, de Alejandro Macarrón Larumbe en Expansión 9/7/2012

OPINIÓN: VISIÓN PERSONAL

España padece otra crisis tan profunda como la económica, a la larga mucho más grave que ésta, pero a la que apenas se presta atención: la demográfica. Según datos recién publicados por el INE, en 2011 nacieron 3,5% menos niños que en 2010. La fecundidad cayó hasta la raquítica tasa de 1,35 hijos por mujer. En veintiuna provincias murió más gente de la que nació, y sin la aportación de los inmigrantes en bebés, serían unas cuarenta. Los españoles autóctonos, y la población en general, aunque todavía por poco, ya están menguando, en un proceso que tiende a acelerarse, al tiempo que España se encanece más y más, ya que la edad promedio del pueblo español crece de forma imparable, a ritmo de un año más cada cuatro años. Es el suicidio demográfico de España.

Con un poco de suerte, mucho esfuerzo y reformas de calado, en 2014 ó 2015 viviremos una situación económica con perspectivas mucho menos agobiantes que las actuales. Si triunfan meritorias iniciativas como “Reconversión” (a la que se puede adherir en www.reconversion.es quien crea que hay que reformar integralmente en España cosas como las autonomías o el funcionamiento interno de los partidos políticos), en unos años podríamos disfrutar de un entramado político-jurídico mejor que el actual, que nos ha llevado a la ruina económica y a serios riesgos de fractura nacional.

Pero si no se recupera la natalidad en España, y pronto, nadie nos librará de la espiral de la muerte demográfica a la que estamos abocados desde que, como pueblo, decidimos ignorar, por no tener apenas hijos, el más elemental de los instintos: el de supervivencia.

Con tan baja natalidad, la sociedad libera y se ahorra en el presente los recursos que habría dedicado a la crianza de los pequeñines y jóvenes que nos faltan, simplemente, para asegurar el reemplazo de la población. Esto permitió a nuestra economía crecer en los 80 y 90 del siglo XX bastante más que de no haber caído a plomo la natalidad en esos años. Pero, por esta misma razón, pasada una generación con baja natalidad en España, empiezan a escasear los jóvenes y, más allá de la crisis económica del momento, se deteriora año a año la proporción entre activos y retirados, por lo que nuestras perspectivas a largo plazo se parecen, por esta causa, a las de una empresa que lleva bastantes años sin reinvertir parte de sus recursos en la reposición de aquellos de sus activos que van quedando obsoletos, lo que equivale a comerse el futuro en aras del “carpe diem”, o al comportamiento estival de la cigarra de la fábula.

Por cierto, Alemania está aún peor que nosotros en demografía. En 1910, en tiempos de la Belle Époque, en Alemania nacían dos millones de niños al año. Un siglo después, con un 50% más de población, nacen menos de 700.000, y de ellos más de 200.000 tienen padres de origen extranjero. Y en los últimos cuarenta años murieron cuatro millones de alemanes de los que nacieron. También Italia, Grecia, Portugal yAustria, entre otros países, presentan un lamentable perfil demográfico. Ningún país europeo, salvo Irlanda y no del todo, está medianamente bien en demografía y natalidad, lo cual está influyendo, y mucho, en el bajo crecimiento estructural de la economía europea desde hace varios lustros, y en la crisis actual del euro. No hay vuelta de hoja. O nacen más niños en España y los demás países con una carencia similar, o el futuro de nuestra sociedad tiene un nítido color gris, el de las canas, en muchos sentidos. De la crisis económica podremos salir con reformas de enjundia y mucho esfuerzo. De la demográfica, sin más hijos, no es posible. Y sin el recurso más valioso que existe, el humano, en el futuro no habrá en España ni prosperidad ni nada de nada. Como en los cementerios, o en los pueblos abandonados.

Alejandro Macarrón Larumbe. Consultor de Estrategía Empresarial. Autor del libro “El suicidio demográgico de España