"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

jueves, 26 de marzo de 2009

Los últimos esclavos

Los últimos esclavos


Aunque en teoría fue abolida en 1981 y criminalizada en una ley del 2007, la esclavitud persiste en Mauritania

Unas 200.000 personas son aún propiedad de sus dueños

Exesclavo. Yahiya Uld Brahim (izquierda) fue esclavo hasta hace 10 años. A la derecha, el jurista Abeid. Foto: JOSÉ A. SOROLLA



El Periódico de Cataluña, JOSÉ A. SOROLLA, 2009-03-01 Mucho más desconocida que en América del Norte o en el Caribe, la esclavitud persiste en África. Mauritania fue el último país del mundo en abolirla, en 1981, pero fue una abolición teórica porque unos 200.000 esclavos siguen siendo propiedad de sus dueños, carecen de estado civil, no tienen acceso al dinero y no pueden heredar. Hay también un millón y medio de libertos, antiguos esclavos que no poseen todos los derechos, casi la mitad de una población total de 3.365.000 habitantes.

Yahiya Uld Brahim es – – mejor dicho, era – – uno de los últimos esclavos mauritanos. Se escapó hace 10 años. “Vivía con mis padres, esclavos por ascendencia. Vino el dueño a buscarme, fui separado de ellos y de mis hermanos, y me puso a trabajar como granjero esclavo. Hacía también todos los trabajos de la casa, pintar, cocinar… Nunca cobré nada. El salario no existe en nuestra realidad. No tenía derecho a nada”, explica Brahim, que era víctima, además, de castigos corporales. “Una vez se me perdió un cordero, el dueño se dio cuenta y me pegó”. Esa fue la gota que colmó el vaso de la paciencia y Brahim huyó. “No recuerdo cuántos años pasé así. Solo recuerdo que huí en 1999”, dice con despreocupación, la mirada perdida.

Tres formas de esclavitud

Biram Uld Dah Uld Abeid, jurista, miembro de la asociación SOS Esclavos, combate los restos de la esclavitud en Mauritania. “La esclavitud de nacimiento, ancestral, tiene tres formas en mi país: esclavitud doméstica, en la que los esclavos no cobran, no tienen derecho a la educación y se reparten entre la familia del dueño; esclavitud sexual, en la que los dueños tienen derecho de pernada para disponer sexualmente de sus esclavas en cualquier momento y edad; y esclavitud agrícola, en la que los esclavos se encargan de todos los trabajos duros de la tierra del dueño, que los puede expulsar”, explica Abeid.

La población mauritana pertenece a dos grupos étnicos, los llamados moros (arabo – bereberes) y los negros mauritanos. Los negros han sido desde hace siglos los esclavos de los arabo – bereberes. El millón y medio de libertos que viven en Mauritania son los haratin, palabra que en dialecto arabo – bereber significa precisamente liberados de la esclavitud mora.

“Son libres teóricamente, pero están obligados a ofrecer presentes o a dar dinero a su antiguo dueño, que nunca ha extendido el documento oficial que les daría la libertad completa”, dice Abeid. “Aunque una ley aprobada por el Parlamento mauritano en agosto del 2007 criminaliza la esclavitud, los esclavistas están ahí y nadie les puede tocar un pelo”, remarca Mohamed Yahya Uld Ciré, exdiplomático y presidente de los haratin de Europa.

“A los esclavos teóricamente liberados no se les acepta como testigos”, apunta Ciré. “Tampoco pueden encontrar trabajo sin la intervención del antiguo dueño”, incide Abeid.

El papel del islam

¿Quién es el responsable de esta situación? Hay coincidencia en que “el Estado nunca ha tenido voluntad real de erradicar la esclavitud”, pero las discrepancias aparecen al juzgar el papel del islam. Ciré estima que “el islam ha legalizado y sacralizado la esclavitud”, y Abeid es aún más beligerante. Culpa al código malequita (una vertiente del islam suní) que rige en Mauritania. “Este código es oscurantista y esclavista y sostiene que las puertas del paraíso se abren solo con la sumisión”, se indigna Abeid. “La vocación igualitaria del islam fue enterrada con la muerte del profeta”, remacha.
Unas acusaciones de las que discrepa abiertamente el antropólogo Malek Chebel, especialista en el islam y autor del libro L’esclavisme en terre d’islam. (Fayard, 2007). Chebel recorrió 18 países islámicos para escribir su obra. “Vi muchos esclavos en Mauritania, incluso en los barrios pobres de la capital, Nuakchot, no solo en el mundo rural”, afirma, pero, según él, la responsabilidad principal es de las relaciones feudales que siguen existiendo.

Chebel reconoce que el islam nunca ha abolido la esclavitud – – “ha tendido a contenerla”, dice – – , “pero no es el único responsable de la situación”. “Si la esclavitud perdura es gracias al islam malo, retrógrado, porque el islam doctrinal ha liberado a los esclavos. Los que mantienen la esclavitud en nombre del islam o no han entendido el Corán o son malos musulmanes”, sentencia.


INDONESIA

Los últimos esclavos

En la isla de Sulawesi persiste la étnia Toraja que todavía se sirve de siervos de la gleba para trabajar sus campos y ayudar en los funerales. En teoría, los esclavos no existen, pero en la práctica dependen totalmente del señor local, por lo que su estatus se asemeja totalmente al de los antiguos esclavos. No tienen propiedades y deben pedir permiso para casarse. Tampoco poseen tierra ni dinero alguno que les permita emigrar y cambiar de condición, y cuando lo intentan la fricción social que se produce es muy grande, aunque los más jóvenes se resistan a perpetuar este tipo de relación feudal.


INDIA

Los últimos esclavos

En algunos estados como el de Bihar, existe un sistema denominado de trabajo forzado por el que los préstamos en dinero son devueltos por el deudor en persona o por los miembros de su familia mediante el trabajo. El problema estriba en que los tipos de interés de estos préstamos son tan altos como para que muchos padres entreguen a sus hijos para el trabajo forzoso a edades muy tempranas. Otro caso más sangrante aún si cabe es el de los tratantes de menores que todavía siguen raptando niños de cinco a 12 años para suministrarlos a la industria de confección de alfombras.


SUDÁN

Los últimos esclavos

En este país, el más grande de África, la práctica del esclavismo es un hecho. Aunque el gobierno lo niegue y lo achaque a enfrentamientos tribales. Lo corrobora John Eibner, de Christian Solidarity International, que estima en unos diez mil el número de esclavos negros capturados por los árabes en el norte del Sudán. Esta ONG suiza lleva desde 1995 organizando peligrosos vuelos clandestinos en los que ha logrado liberar 800 esclavos, y recientemente compró otros 130 en el mercado de Madhol, a unos 250 km al sudeste de Jartum, pagando cien dólares por cada uno de ellos.


MAURITANIA

Los últimos esclavos

Hace tan sólo unas semanas se celebró en Nuakchot una manifestación de protesta contra esta práctica que todavía sigue vigente en la figura de los hartanis, cautivos y esclavos de tienda. Los hartanis son esclavos agrícolas que no perciben retribución alguna por su trabajo; los cautivos son personas entregadas como pago de una deuda o tributo a un jefe; y los esclavos son los dedicados a las labores del hogar. Pero a pesar de estas diferencias, una cosa tienen en común todos: son negros, descendientes de las primeras generaciones de esclavos capturadas en las orillas del río Senegal o en Mali.






Historia de una infamia

Historia de una infamia

Historia de una infamia


AL POCO tiempo de iniciarse la conquista de América, la esclavización de los indígenas fue un hecho. Se les utilizaba para trabajar como mano de obra barata en las labores agrícolas y las minas de plata de la Nueva España y el Perú. Las condenas de fray Antón de Montesinos primero y más tarde de fray Bartolomé de las Casas encontraron eco en los oídos del papa Pablo III, quien en 1537 prohibió la esclavización de los indígenas, castigando con la excomunión a los infractores, aunque al año siguiente Carlos I convenció al Sumo Pontífice para que revocara la pena. Entonces, fray Bartolomé de las Casas propuso una alternativa de la que no tardaría en arrepentirse, la utilización de esclavos africanos...

Aunque ya Cristóbal Colón condujo en su segundo viaje un importante cargamento de esclavos al continente americano, fueron los portugueses quienes iniciaron la trata de forma masiva para nutrir de mano de obra las plantaciones azucareras del Brasil.

Así, en el siglo XV se puso en marcha un gigantesco flujo de tráfico de esclavos entre Europa, África y América. Durante cuatro siglos, entre doce y quince millones de hombres fueron transportados como bestias en el fondo de oscuras bodegas. Eran negros africanos capturados a lazo en África y vendidos a los negreros por cantidades insignificantes. Se calcula que en el siglo XVI África cedió a América 300.000 esclavos; en el siglo XVII más de un millón y medio; y en el siglo XVIII más de seis millones y medio.

Según narra lord Palmerson en sus relatos sobre la trata, "una vez hechos prisioneros, se procede a su selección. Los individuos robustos de ambos sexos y los niños a partir de seis o siete años son puestos a un lado para formar la caravana que ha de dirigirse a la costa. Se desembarazan de los menores de seis años degollándolos; abandonan a viejos y enfermos. Se pone en marcha lo antes posible a los prisioneros, hombres, mujeres y niños que, prácticamente desnudos y sin nada que les proteja los pies, atraviesan las arenas ardientes y los desfiladeros de los montes africanos. Se estimula a los débiles a golpe de látigo; se asegura a los más fuertes atándolos juntos con cadenas o colocándoles un yugo".


Una ONG suiza ha logrado liberar a 800 esclavos sudaneses y ha "comprado" a otros 130


Si alguno de ellos moría durante el camino se le cortaba la cabeza o las piernas para separarle de la forma más rápida posible de sus ataduras a fin de que la columna pudiera seguir la marcha sin retraso...". Una vez en los barracones de venta africanos, los esclavos eran expuestos ante los capitanes negreros divididos en lotes de cuatro a seis hombres. Se les hacía lavarse minuciosamente la boca y los ojos para prevenir el escorbuto y las oftalmias y luego se les encadenaba para subirles al barco.

Comenzaba así una travesía infernal con la "mercancía de ébano" amontonada en las bodegas cual si fuesen cucarachas. Desnudos y marcados en el pecho con un hierro al rojo vivo, aquellos hombres viajaban encadenados en bodegas por lo general mal ventiladas, oscuras y sin espacio que permitiera su movimiento. Su hacinamiento era inhumano ya que los capitanes a menudo cargaban casi el doble de esclavos de los que el barco podía transportar (600 en veleros y cerca de 1.200 en la época de los barcos a vapor, hacia 1820) para incrementar sus ganancias, varias veces por semana se les duchaba en el puente y cada quince días se les afeitaba el cráneo para evitar la proliferación de piojos. También se les hacía bailar en cubierta para intentar mantener sus condiciones físicas. Entonces, cuando se veían momentáneamente libres, algunos preferían tirarse al agua y morir antes que soportar el calvario de aquella esclavitud.

En las Antillas, una vez expuesto ante el público, el esclavo debía mostrarse completamente desnudo a fin de que los compradores pudiesen comprobar su estado físico. Se las hacía bailar, moverse, saltar y realizar otros esfuerzos físicos para evidencia su fortaleza y falta de lesiones, ya que un esclavo en mal estado costaba más barato. Se les examinaba como si fuesen ganado y hasta un escritor francés llamado Chambon se extrañaba en 1764 de la costumbre de ciertos traficantes que le lamían la barbilla a los esclavos para descubrir ¡según el sabor de los sudores! si aquéllos estaban enfermos, y para asegurarse por la dureza del pelo de la barba si el esclavo era de mayor edad de la declarada.

El 12 de mayo de 1888 desapareció oficialmente la esclavitud en Brasil, el último país de América que todavía aceptaba esta inicua forma de explotación humana. Para llegar hasta aquí hubo que andar un largo camino que por desgracia no se basó tanto en considerar que todos los hombres nacen iguales, sino en el cambio de los modos de producción y la industrialización agrícola, que comenzó a ver una mayor rentabilidad en la emancipación de la mano de obra esclava que en su mantenimiento... Sea como fuere, en 1815 el Congreso de Viena, auspiciado por los ingleses, los mayores tratantes de todos los tiempos, condenó la trata de negros asimilándola a la piratería. Más tarde, el 20 de diciembre de 1848 se proclamó la supresión de la esclavitud en la isla de la Reunión, y el presidente Lincoln hizo lo propio en los Estados Unidos en 1863.

Por José Antonio Díaz


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