"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

jueves, 30 de abril de 2009

Agricultura para ricos


EL PAÍS 29/04/2009


Los ministros de agricultura del G-8, reunidos hace dos semanas en Italia, fueron tajantes: para 2050, cuando el planeta sume 9.000 millones de habitantes, habrá que producir el doble de alimentos que hoy día para que la comida alcance para todos. Pero sin esperar a esa fecha los países que se lo pueden permitir, mayormente petroleros, están, como quien adquiere una segunda residencia para vacaciones, comprando tierra agrícola en el Tercer Mundo profundo para asegurarse el condumio del día de mañana.

Arabia Saudí ha comprado en Indonesia una extensión de 16.000 kilómetros cuadrados -la mitad de Cataluña-; Emiratos Árabes Unidos, 13.000 kilómetros en Sudán, donde las hambrunas no son infrecuentes, y Pakistán, país que se dice que quiere poner en almoneda vastas extensiones semidesérticas; Qatar posee también su segunda residencia en Indonesia; Kuwait, siempre sin salir del Golfo, hace lo propio con la empobrecida Myanmar; Libia busca su tierra de promisión en Ucrania; y Corea del Sur prefiere diversificar montando rancherías en Sudán, Mongolia, Indonesia y Argentina.

Si todo ello significa que, con capital y tecnología se va a extender la explotación agrícola a zonas poco o nada productivas, y que de ello el país anfitrión vaya a derivar una buena tajada, en todos los sentidos de la palabra, bienvenida sea esa deslocalización de la producción alimentaria. Pero si países tan pobres como inescrupulosos venden sus tierras, reduciendo así el acceso propio a esas fuentes de subsistencia, o simplemente como una nueva corrupción de las oligarquías del subdesarrollo, la cosa cambia.

Y ello sin contar con que en un momento de verdadera necesidad, parece difícil creer que los países que se prestan a producir por cuenta ajena contemplarán impasibles cómo los recursos nacionales se exportan para engordar a los señores del petróleo. En todo caso, las crisis del hambre, multiplicadas unas cuantas veces por las que ya devoran a los países menos favorecidos, pueden dar lugar en el futuro a nacionalizaciones de la patata y del tomate tal como hoy se hace con el gas.