"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

viernes, 6 de junio de 2008

Dinero, cómic de Miguel Brieva y entrevista con el autor

DINERO de Miguel Brieva
(Ilustración y Cómic)

El mundo como supermercado

Por Mariano Kairuz







Fuente: radar

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-4299-2007-12-09.html

Domingo, 9 de Diciembre de 2007

HUMOR > EL ESPAñOL MIGUEL BRIEVA: LIBRO Y MUESTRA

El mundo como supermercado

Dios decide cerrar la Tierra porque no es rentable y pone todo en venta: ya no queda nada que no tenga un precio y no hay precio que alguien no esté dispuesto a pagar para tener lo que quiere. Mientras, hasta Bambi y Mickey supervisan la guerra contra las guerrillas y la condición humana ha sido aislada en un laboratorio. Frente a ese escenario, el español Miguel Brieva se ha dedicado a dibujar viñetas en las que captura el sinsentido en el que parece haber caído el mundo. Una muestra en el Centro Cultural de España y el flamante libro Dinero son una manera de consuelo, o camaradería, en medio de la desazón.

Por Mariano Kairuz

Todo está a la venta: en el mundo según el dibujante español Miguel Brieva (Sevilla, 1974) no hay cosa o persona, esencia o abstracción que no pueda ser cuantificada y convertida en una mercancía con un valor preciso de compra-venta. En las desesperanzadas viñetas de Dinero (Revista de poética financiera e intercambio espiritual) la gran oferta del momento es el planeta Tierra, y Dios –un hombre de negocios, mayor de edad; saco y corbata y aspecto de burócrata– parece haber puesto de remate todos sus contenidos, y a la Humanidad en liquidación total. El Dios de Brieva ha inventado el capitalismo como podría haber inventado casi cualquier otra cosa (por ejemplo, “un nuevo deporte acuático, mi próximo proyecto”), pero desde que lo puso en acción todo en el mundo funciona en torno a ese único sistema operativo.

Con influencias declaradas de Robert Crumb y del humorista gráfico español El Roto (así como una ecléctica selección de referentes visuales y literarios en la que se funden Terry Gilliam y los Monty Python, Jonathan Swift, Duchamp, Gombrowicz), Brieva se lanzó al mercado por su cuenta con Dinero, una revista autoeditada en la que compiló, por insistencia de sus amigos, las ilustraciones que llevaba haciendo por años en un cuaderno como puro hobby. Ilustraciones que giran casi exclusivamente en torno al papel del dinero como centro gravitacional de nuestras vidas; el consumismo, la publicidad, el avance tecnológico indetenible. A lo largo de las páginas del primer tomo que compila tres números de aquella revista (recién publicado en Argentina), un billete impreso accidentalmente con el símbolo que representa al infinito provoca un caos financiero universal; mientras las fuerzas de la ciencia positivista consiguen aislar en un laboratorio las partes insondables de la condición, la autoestima y la conciencia humanas. Todo es capitalizable, todo es comercializable: las cosas más inútiles se transforman en productos de primera o segunda necesidad y la publicidad nos vende hasta aquello que no sólo no necesitamos sino que no queremos (el kit de “Alójese usted mismo una bala en el cerebro”). Los niños son programados mediante sofisticadas pistolas de rayos para convertirse en cretinos iguales a sus padres pero más temprano en sus vidas y con mayor eficiencia. “Los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y Disney firman un acuerdo por el cual Bambi y el Ratón Mickey supervisarán personalmente la lucha antiguerrillas en América latina.” Los multimillonarios hacen sentadas públicas por sus derechos; el comunismo es un pintoresco objeto retro. Dios cierra la Tierra porque no es rentable y un pequeño burrito llamado Smuffy se confiesa culpable del 97 por ciento del mal que asuela la Tierra.

Nada nuevo, todo vigente y en expansión.

Las feas artes

Las viñetas de Brieva empezaron como una broma, una pequeña idea para una boutade artística entre amigos, hecha de collages, con dibujos, fotos y publicidades de revistas viejas encontradas en la popular feria de El Rastro cuando vivía en Madrid. En su libro impera la imitación del estilo publicitario norteamericano modelo años ’50 o ’60, con su noción de progreso infinito. Avisos del tipo de los que abundaban en revistas de esos años: “Life, Reader’s Digest, que la gente tiraba, y yo encontraba en la feria en una época de mi vida en que vivía justo enfrente e iba todos lo domingos en busca de material”, le contó Brieva a Radar un par de semanas atrás, de visita en Buenos Aires para la inauguración de una muestra con sus dibujos en el Centro Cultural de España y la presentación de su libro. “Yo en ese momento no sabía que esto es algo que ya hacían los situacionistas: distorsionar la realidad a partir de un material ajeno. Sólo que para nosotros fue más lúdico y casual.” Además de la vieja publicidad —que hoy, con su falsa ingenuidad, ya fue reprocesada como objeto de diseño—, la otra referencia directa a la cultura norteamericana globalizada a la que vuelve una y otra vez Dinero es la de los personajes de Disney: “Se ha usado mucho esto de poner a estos personajes de una manera un poco perversa, como deformaciones de aquel american way of life”, dice Brieva. “Ya lo hacía Robert Crumb hace muchos años. Pero como seguimos en lo mismo, sigue funcionando a la hora de hablar sobre nuestro mundo.”

A pesar de su convicción en el dibujo, Brieva dice que dejó de hacer ilustraciones durante el tiempo que estudió en Bellas Artes. “Es un lugar en el que el comic tiene una reputación bastante baja entre los profesores. Y si bien se aprende de arte contemporáneo, a mí no me interesan ni los materiales tradicionales ni sus canales de distribución. No me parecen reales. El circuito del arte contemporáneo está reducido a una elite, sus subvenciones y becas y el dinero que el Estado destina a cultura. Mientras que con la autoedición hay algo que es mucho más real: si la gente lo compra es porque le gusta lo que haces. Funciona como un chiste: si la gente se ríe, sabes que lo estás haciendo bien.”

Tragar lo que sea

Por momentos, las viñetas de Brieva pueden pasarse de obvias o de cínicas, pero su autor está convencido de que si no ha recibido demasiadas críticas por su retrato impiadoso de la clase media europea es porque “los niveles de cinismo de nuestro mundo hacen que la gente ya se trague lo que sea”. Ese humor salvaje en todo caso, dice, puede ayudar “a reconstruir una conciencia crítica. Mucha gente ha aparcado el pensamiento, y se ha dicho bueno, vale, ya que ha llegado el fin de la historia yo dejo de pensar y me tomo un Cabernet Sauvignon. El posmodernismo es un reprocesamiento de la modernidad justificado por la frustración de una serie de intentos de construir otro mundo, basados en una idea un poco simplista de cómo era el ser humano, o algo así. Muchos intelectuales se han vendido a los grandes medios, tiraron la toalla y sálvese quien pueda. Pero a través de lo lúdico es más fácil reconstruir una esperanza; más al menos que a través de un discurso político convencional, al cual la gente tiene mucha alergia, sobre todo en el Primer Mundo. No en América latina tal vez, donde se impone la realidad, pero en Europa vivimos una irrealidad, un mundo de colores”.

¿Te imponés algún límite en tus dibujos?

—El límite es lo que te hace gracia. Yo no creo que haya ningún límite, pero en el caso de la polémica de las caricaturas de Mahoma, por ejemplo, sabiendo cómo funciona el mundo y los desequilibrios de poderes que hay, es un chiste que yo no haría. Como tampoco lo haría a Bush con una bomba en la cabeza, porque es un chiste malo, los problemas del mundo son más estructurales, no es Bush. Si no el chiste sale en una dirección errónea, la del opresor riéndose del oprimido. Y el humor es gracioso siempre y cuando se dé en condiciones de igualdad.

La muestra Dinero, Consumo Cuidado (Una introspectiva en la obra de Miguel Brieva) se puede visitar hasta el 21 de diciembre en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, Paraná 1159. El libro Dinero (Ediciones Ex Abrupto) se consigue en los kioscos de diarios.

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ENTREVISTA a Miguel Brieva


Por Javier Esteban Fuente:http://www.generacionxxi.com/entrevistas/brieva.htm

“Otro mundo es posible y urgentemente necesario…”
Miguel Brieva (1974) es uno de los perfiles más creativos de la nueva generación de dibujantes. Sus ilustraciones contienen una crítica radical del sistema de valores imperante y sus paradojas. Miguel cultiva una suerte de humor antagonista que produce un extraño vacío: ¿carcajada en busca de un nuevo mundo? Brieva es autor de la revista Dinero y Propuestas para no hacer. Co-editor y co-autor de La Vida La Muerte, El Niño Carajaula y Om2: Informe sobre el estado actual del objeto maravilloso. Colaborador en El Jueves, La Vanguardia, El País, Rolling Stone, Ajoblanco, Mondo Bruto, NSLM, Recto, Tos y Generación XXI.

¿Cuáles son las mayores influencias en tu manera de ver la realidad?
Principalmente las de cualquier persona: la familia, los amigos, las lecturas, las experiencias vividas, etc. A este respecto debo agradecer doblemente a mis padres por ser un verdadero ejemplo para mí y por llevarme a un colegio en el que se primaba la incitación a la curiosidad y a la libre expresión por encima de los encorsetamientos más convencionales de la pedagogía en general. Cada vez tiendo a creer más firmemente que en la formación de la persona, de su universo moral, intelectual y afectivo, el elemento fundamental es un mimetismo casi literal de lo que observamos en nuestros mayores. De esta manera, si, por ejemplo, un niño crece en un entorno en el que no se recurre al empleo de la mentira, ésta se hace igualmente infrecuente e inaceptable en su desarrollo como adulto, mientras que en un ambiente inverso, en el que ciertas represiones hacen de la mentira una estrategia común y necesaria, el uso de ésta queda ya “autorizado” para el resto de la vida. De ahí se desprende la aseveración, por otra parte de Perogrullo, de que la educación es nuestra única esperanza factible para enderezar el estúpido y errático deambular de nuestra especie sobre la faz de la tierra.

Algunas Escuelas Filosóficas te han marcado considerablemente: Deleuze, Derrida, Foucault…
Tampoco es muy cierto esto. Si bien he sido influido, de manera inevitable, por el relativismo teórico de la filosofía posmoderna, esto ha sido más involuntario que buscado, ya que a estas alturas es algo que impregna innumerables parcelas de la vida, desde los medios de comunicación, la publicidad, la política o eso que se llama arte. Yo más bien diría lo contrario: que aquellas maneras de explicar la realidad que de siempre me han despertado la curiosidad y la empatía más inmediata han sido justamente las que rebaten ese relativismo corrosivo, las que contemplan la necesaria consideración de la verdad, las que apelan a un nuevo esfuerzo de la razón por reformularse y reclaman, una vez más, la urgencia de la utopía. En este sentido, dos autores para mí enormemente reveladores, y además de aquí mismo, son Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio. Ambos construyen un discurso, cada uno a su manera, enormemente lúcido y crítico, librepensador, sin rehuir de ninguna manera las contradicciones propias del pensamiento moderno, pero sin renegar tampoco de los logros sustanciales desvelados por el empleo de la razón, y sin permitir, como a menudo han hecho otros intelectuales mucho más celebrados, el desvanecimiento autocomplaciente de su compromiso político y moral.

¿Qué dibujantes te han influido?
Robert Crumb, Daniel Clowes, Beto Hernández, Glen Baxter, Gary Larson, Therry Gillian y El Roto.

En tu obra representas nuestra sociedad como en una suerte de antipublicidad, frente al modelo de vida occidental, que nos han impuesto los imagólogos, a imagen y semejanza de los anuncios…
Es una prolongación hiperbólica y desalmada de la publicidad que ya nos circunda. Mediante la exageración de la ironía parece que quedan más fácilmente expuestas las barbaridades y contradicciones sobre las que se erige nuestro modelo de vida y la condición humana en si misma. No obstante, cada día que pasa la absurda realidad va comiendo terreno y el marco para la sátira se queda más y más reducido. Tal vez dentro de diez o veinte años las viñetas de la revista Dinero no sean más que hiperrealismo. Pensemos si no en ese Gran Hermano que ha comenzado en Alemania, en el que ya no hay límite de duración, es decir, que es algo así como una cárcel monitorizada, o en las declaraciones de Bush acerca de la necesaria tala de los bosques estadounidenses como medida idónea para prevenir incendios. Francamente, esto es intrusismo profesional; en un mundo así, ¿qué espacio queda para los humoristas?

En algunos de tus dibujos se observa un cierto escándalo que se muta en un guiño cómico ante la realidad. ¿Te consideras un moralista? ¿No hay algo reaccionario en la crítica al avance de “el mejor de los mundos posibles”?
Es curioso cómo el término moralista se asocia desde siempre a alguien que pretende imponer su visión particular, prejuiciosa e intolerante del mundo. De esto es culpable, en grandísima medida, la degeneración moral y violenta prepotencia de los que desde siempre han ostentado los Valores Morales, es decir, la Iglesia Católica en nuestro caso, o cualquier otra forma de dogmatismo religioso en otras culturas. Esto nos permite entender reacciones tan virulentas contra esa supuesta moralidad como la de la obra de Nietzsche, y todo el legado individualista y relativista que ésta ha dejado a lo largo del siglo XX. Sin embargo, siendo siempre muy conscientes de la debilidad y arbitrariedad intrínseca de nuestra propia constitución moral, no podemos olvidarnos sin más de nociones tan fundamentales como el Bien o la Verdad. Sin la consideración, aunque sea permanentemente cuestionada, de estas dos instancias o absolutos, jamás podremos aspirar a la justicia, la belleza o la igualdad. Y en esas estamos.
Por otra parte, eso de que el nuestro es el mejor mundo de los posibles es una falacia burda aunque eficazmente implantada por la ideología neoliberal que oculta, bajo la apariencia de una cierta madurez histórica y humana, los anhelos y deseos más estúpidos, por no decir perversos, que albergamos dentro. Creo que es responsabilidad de cualquier persona sensata que aspire a la libertad el comenzar a desmantelar, pieza a pieza, el complicado mecano que argumenta este disparate.

¿Cómo te sientes después de publicar en los grandes medios nacionales, partiendo de la autoedición de Dinero? ¿Te corromperá el Sistema?
El corromperse es una opción siempre posible. Es algo que hemos podido observar profusamente en la generación pretendidamente progresista que tomó el poder tras la Transición. El Sistema Capitalista, por otra parte, ha demostrado ser extraordinariamente adaptativo y absorbente, y requiere por tanto un esfuerzo y un permanente autocuestionamiento el adentrarse en sus cauces sin perder el Norte. ¿De qué otra manera se pueden difundir ampliamente ideas diferentes a las imperantes sin verse contaminado por el mercado? Debemos de buscarlas. Yo siempre me he inclinado, en mi caso, por la autoedición y la distribución alternativa de ese material, y creo que ese es un camino de los posibles. Pero creo igualmente necesario aprovechar los espacios de más difusión, aunque ello confiera una cierta dosis de contradicción a nuestro mensaje, en tanto que no se pierda la integridad política o estética de lo que hagamos. Otras iniciativas, como la del recién nacido periódico quincenal DIAGONAL, son fundamentales para tratar de eludir esas permanentes incoherencias entre medio y mensaje.

Vives en comuna, procuras no consumir, careces de móvil, de automóvil y viajas en segunda…
Una vez entendido el modo intrincado y algo perverso de cómo funciona nuestro mundo globalizado, en el que nuestros más nimios actos de consumo tienen una repercusión casi inimaginable en las condiciones de vida de miles de millones de personas, creo que es fundamental, si queremos exigirnos un comportamiento coherente y humano para con los demás, el comenzar a renunciar. Es preciso, en tanto tratamos de reconstruir otras propuestas políticas, actuar en el plano más primario aunque por el momento más influyente: el consumo. Es una exigencia moral: debemos comenzar a renunciar a unos modos de vida que no pueden ser universales, en primer lugar porque sólo se sustentan en la desigualdad entre consumidores y productores, y en segundo lugar porque son ecológicamente insostenibles. La gente sale a la calle en contra de la guerra de Irak, pero no está dispuesta, por ejemplo, a renunciar al coche, al uso permanente de hidrocarburos. Y ahí estamos todos, sintiéndonos excelentes personas mientras tecleamos alegremente en nuestros móviles fabricados por millones de chinos en estado de semiesclavitud.
Es algo inevitable: tarde o temprano habrá que renunciar, porque, al margen de su cuestionable utilidad, estos juguetitos con los que se alimenta incesantemente el consumo tienen un precio ecológico y humano excesivamente elevado. Otra cosa sería que verdaderamente deseemos la autodestrucción, que es algo que a estas alturas ya no se puede descartar del todo. Como decía una tía abuela mía: “Si hemos de ir al infierno, ¡vayamos en coche!”.

La política es una de tus fuentes de inspiración ¿Cómo ves la militancia? ¿Qué te parece el derrotero sangriento de las utopías rojas y negras del siglo XX?
Si algo ha quedado esclarecido tras las experiencias políticas del siglo XX es que lo fundamental no reside tanto en el credo ideológico que estructure una sociedad, sino en la integridad moral de cada uno de sus individuos, en la plena madurez de su conciencia individual, en el pensamiento libre y crítico de cada uno de los integrantes del colectivo. Planteamientos a priori contrapuestos como son el fascismo y el comunismo han desembocado en formas de dominio y represión no tan dispares entre sí. No obstante, no debemos ignorar que, aunque su desenlace ha sido en numerosos aspectos similar, existen diferencias teóricas de raíz entre ambos pensamientos. Mientras que el comunismo o el socialismo parten de una noción de igualdad entre todos los individuos, que creo que casi todos compartimos; el fascismo en cambio asume una visión jerárquica de la sociedad, estatificada en elites dirigentes, trabajadores cualificados y masa obrera, que por otra parte no hace otra cosa sino justificar ideológicamente y dar nombre a lo que ya lleva existiendo casi desde el principio de los tiempos. En la actualidad, nuestro mundo continúa rigiéndose con arreglo a esta premisa, que no es más, en definitiva, que una reformulación teórica y complejizada de “la ley del más fuerte”. O lo que es lo mismo, que estamos infinitamente más cerca del fascismo que de ese ideal universal de igualdad que ha defendido siempre la izquierda. Resumiendo; debemos de seguir luchando en contra de este nuevo fascismo de mercado con democracia de pantomima y, aprendiendo de los errores cometidos por los que tan erradamente pretendieron cambiar la historia, buscar nuevas vías para hacer esto bien. Me niego a vivir en un mundo en el que no quede otra cosa más que asumir la maldad y la estupidez como nuestros inevitables compañeros de camino. Eso me parece desgarrador, patético y hasta feo.

La vieja izquierda prejuzgo la espiritualidad como una lacra y una farsa social… Muchos de tus dibujos son sarcasmos frente a la Nueva Era y, sin embargo, en otros apelas a algo que sea más que el consumismo masivo, farsa democrática y estupidez colectiva. ¿Crees que se han producido cambios al respecto de la conciencia espiritual?
Espero que así sea. Yo he crecido en una familia de científicos y ello me ha dado un gran apego a la razón, la cual creo que, junto con el arte, es la herramienta más preciada que ha aportado al mundo la cultura occidental. No obstante, creo que es fundamental diferenciar entre la razón, la que hacía a Sócrates dudar permanentemente, hasta de sí mismo, y la que vulgarmente ha venido a usurpar ese nombre, que no es otro que la razón instrumental, la que se emplea, por ejemplo, para calcular la trayectoria de un misil. Hay una razón abstracta que cuestiona, y luego está esta otra razón, más técnica, podríamos decir, que es la que se emplea para resolver cuestiones concretas y que es la que la gente asocia con La Razón. Esta confusión de base a menudo produce un rechazo incluso en nuestra propia cultura, y lleva a muchos a refugiarse, a menudo de manera bastante incoherente y superficial, en esoterismos puramente formales y demás trivializaciones de la espiritualidad de otras culturas. Yo más bien creo que, respetando y aprendiendo de la verdadera esencia de esas otras cosmovisiones, lo que los occidentales debemos hacer es precisamente redescubrir la verdadera dimensión de la razón, que, aunque parezca algo casi sacrílego e irracional, abarca en sí misma una connotación espiritual.

¿Consideras que habitamos una decadencia, qué nos encontramos al final de un modo de vida? ¿Cómo crees que puede acabar este mundo? ¿Otro mundo es posible?
Ciertamente hay motivos para pensar que, si bien el mundo no va a desaparecer, las condiciones de vida en él van a verse visiblemente trastocadas hacia peor, tal vez con unas dimensiones catastróficas y hasta apocalípticas. La ambición ciega de las elites dominantes, tolerada por la mansedumbre bobalicona y consumista de los ciudadanos del primer mundo, y regida en última instancia por la inercia abstracta y gélida del capital, parecen conducirnos irrevocablemente al peor de los escenarios imaginables. Por supuesto, otro mundo es posible y urgentemente necesario. Es de vital importancia, de hecho, el construir estos mundos alternativos, aunque sea tan sólo sobre el papel o sobre una pantalla de cine. El arte tiene un papel esencial en este enriquecimiento del imaginario colectivo. Como decíamos al principio, las personas tendemos inevitablemente a actuar conforme al juego que vemos en los demás. Es preciso, pues, crear nuevas reglas del juego, y el arte es quizá el mecanismo más elocuente que tenemos para ello.
Con todo, el pesimismo me lleva a pensar que únicamente se dará una reacción política real a todo este desenfreno hiperproductivo cuando el cambio climático sea ya una realidad demoledora y anualmente perezcan millones de personas en desastres naturales, incluso en los países ricos.

Los adelantos científicos aparecen relativizados en tu obra. ¿Eres tecnófobo? ¿Cuál es tu sentimiento hacia la ecología?
Los adelantos científicos son estupendos, siempre que sean motivados por las verdaderas necesidades de los seres humanos, estén al alcance de todos y no interfieran en el equilibrio de nuestro ecosistema. Como dice García Calvo, hay inventos primordiales, como el tren o el teléfono, que facilitan enormemente la vida sin causar grandes estragos medioambientales, y luego están los inventos secundarios, derivados de estos primeros, como pueden ser el coche y el teléfono móvil, cuya expansión no ha sido tanto motivada para cubrir necesidades humanas hasta ese momento insatisfechas como para, simple y llanamente, generar nuevos mercados y aumentar la producción. Y sin embargo, gracias al extraordinario calzador de la publicidad, han colado entre una población cada vez más desprovista de los valores más elementales.
Si las cosas se pensasen, se pudieran planificar al margen de la estulta dictadura del mercado, todos los humanos podríamos mantener un nivel de vida más que digno, incluso con avances científicos, sin necesidad de destruir nuestro alrededor ni de esclavizar a la mitad de nuestros congéneres.
Imaginen si todo el potencial científico y humano que se ha empleado en estos últimos años en insertar un televisor con vídeo-conferencia en el móvil se hubiese encaminado, en su lugar, hacia la mejora de las fuentes energéticas o la curación de numerosas enfermedades. Su influencia hubiera sido fabulosa. Pero no; estamos estúpidamente maniatados por esta aséptica monstruosidad que hemos creado, que nos regala con más y más baratijas al tiempo que nos allana el camino hacia la autoaniquilación.

La democracia parece haberse convertido en la gran excusa para un nuevo Orden Mundial que expande el mercado a golpe de lo que haga falta, al tiempo que el sistema garantiza unas libertades sin las cuales no sería posible la crítica… ¿Qué salvarías de este Sistema?
No lo sé, francamente... ¿El tupé de Acebes?
Salvaría el sentido común de mucha gente que, aun a pesar de tanto adoctrinamiento tontorrón y mezquino, todavía se mantiene firme señalando, como una obstinada brújula, hacia aquello que podríamos y deberíamos ser.

También ridiculizas el individualismo de hacer cada uno lo que le da la gana, que tiene sus orígenes en la contracultura, pero que ha sido integrado por el consumo…
Cuando todo el mundo, creyéndose que hace lo que le da la gana, hace exactamente lo mismo que todos lo demás, tenemos indicios para sospechar que, o bien hemos llegado a una sociedad perfecta y sorprendentemente bien sincronizada, o bien se ha inducido muy hábilmente a la gente a pensar que es libre mientras que obedece de manera estricta. Esta reflexión podemos ilustrarla con tan sólo asomarnos a una autopista a una hora punta y comprobar cómo miles de personas, pertrechadas en el interior de sus cubículos móviles idénticos, haciendo todos lo mismo en sus micro cárceles, viendo morir ahí dentro las horas de sus breve existencia, y que aún logran creerse la ilusión de que son libres y deciden por sí mismos. La maquinaria de la propaganda ha descubierto la fuerza de apelar una y otra vez a la región más hueca y disminuida de la persona: su individualismo.

...

A veces has comentado tu decisión de hacer cine o documentales. ¿El lenguaje del cómic es ya antiguo?
Resulta curioso cómo, precisamente por su estado moribundo frente al auge de lo audiovisual, el cómic es un campo al resguardo de las presiones del mercado, un remanso de libertad creativa, un género en decadencia que, dejado de lado por el espectador, florece sin cortapisas. Parecen encontrarse allí con más facilidad obras excepcionales que en el elevado campo de las artes plásticas, prácticamente muerto a estas alturas, o en el del cine y la televisión. Su marginalidad es su fuerza.
Lo audiovisual, no obstante, presenta tal potencial estético y comunicador, y está además tan interiorizado por todos nosotros, que resultaría triste renunciar a ello. Creo que lo más recomendable siempre al adentrarse en un campo creativo desconocido es dejarse llevar por la intuición y el sentido lúdico, y dejar las pretensiones para más tarde. Yo de momento no he pasado de ahí.

¿Cómo alteras tu conciencia?
Escuchando la guitarra de Django Reinhardt mientras sostengo en equilibrio sobre la nariz una réplica a escala 1:1 de La galaxia de Andrómeda. Lo suelo hacer los jueves, de 18:20 a 19:05, y algunos días festivos.