"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

martes, 29 de abril de 2008

Acuicultura

Son jóvenes y han decidido vivir de la pesca, como sus padres, pero este oficio atraviesa un momento de crisis Los 'marineros' del siglo XXI buscan alternativas en la acuicultura
ANTONIO Caparrós (22 años) se sumerge todos los días unos 15 ó 16 metros bajo el mar -«unos 70 minutos cada vez»- para arreglar los desperfectos de las redes de la piscifactoría donde trabaja. De profesión, buzo. Su oficio está dentro de 'la vanguardia' de la producción pesquera y consiste en mantener en buen estado las 36 jaulas de doradas y lubinas que se esconden bajo las aguas de Salobreña.

Este buzo -por el momento sólo tiene el título de pequeña profundidad- es una especie de 'marinero de última generación'. Cada mañana, si no hay un temporal fuerte, se monta junto a un compañero en una zodiac -las inmersiones se hacen por parejas- y se zambulle. «Junto a las redes siempre hay muchísimo pescado, sobre todo bogas y jureles, que comen también del pienso que se les echa a las doradas. Es muy entretenido ver a los delfines, incluso a los atunes», explica antes de definir su tarea como «relajada».

Cuando hace muy mal tiempo la cosa se complica. Entonces, los buzos son trasportados desde el puerto hasta las jaulas en uno de los barcos de la empresa. Los cuatro patronos que hay contratados en la piscifactoría antes trabajaban surcando los mares. Ahora curran en la acuicultura. Otros 'exiliados' de la pesca tradicional.

Ferflota, la primera empresa andaluza especializada en artes de pesca, está radicada en Motril. Desde sus instalaciones se encargan del mantenimiento de las jaulas de las piscifactorías de Málaga y Almería. «También nos dedicamos a los barcos de pesca, a las redes de arrastre y cerco, a las atuneras... Tanto al cuidado de los barcos del puerto como a crear redes nuevas y montaje de acuicultura», explica Luis Fernando Jiménez, hijo de armador de barcos.

En contacto con el mar

Cuando tenía unos 30 años, Luis firmó el contrato con esta novedosa empresa. Antes era frecuente verlo sentado en las dársenas del puerto rodeado de redes que arreglaba artesanalmente. A la antigua usanza. «La pesca está bastante jodida, había que buscar alternativas», señala antes de enumerar las comodidades de trabajar en esta compañía que cuenta con las pocas lavadoras para jaulas de piscifactoría que hay en la zona.

De los seis meses que lleva buceando a diario, Antonio recuerda, además de las medusas enormes, el día en que vio a un delfín con una red de trasmallo liada en la cola. «Estaba medio muerto, nosotros lo liberamos. A los pocos días lo vimos, pero tenía bastante mal la cola. No sé lo que habrá sido de él. Van y vienen», señala este hijo de patrón de barco -su padre preside la Cofradía de Pescadores- que no veía «mucho futuro» a la pesca de arrastre pero no quería alejarse de la mar.

Luis y Antonio han decidido desvincular su futuro de la extracción tradicional. En Motril, de donde son vecinos, aún están en activo 149 pescadores y al menos 16 esperando lograr ayudas para poder retirarse. De los 32 barcos que componen la flota de arrastre de este puerto, cuatro están en expectativas para recibir unas ayudas europeas que les permitirán ser enviados al desguace.

Patrón

José Antonio Jiménez patronó barcos de arrastre hasta 'fichar' por la piscifactoría Azucarera del Guadalfeo. Antes echaba las redes por Málaga, Almería «y a veces hasta a 35 millas de la costa», recuerda. A los 37 años, ha dejado de trabajar de 6 de la mañana a 6 de tarde. «En la empresa el horario es de 7 de la mañana a 3 de la tarde. Además, es más bonito, se hacen más maniobras. En el arrastre todo es muy monótono, siempre echar las redes, el barco arrastra y a esperar», concluye.

Este patrón se sacó el título en Almería, pensando que cada madrugada saldría del puerto hacia el fondo del mar en busca de pesca. Pero repensó su futuro. Hace ocho meses tomó la decisión de 'enrolarse' en la acuicultura. Ahora, su trayecto diario se reduce desde el puerto de Motril a La Caleta de Salobreña, apenas tres millas náuticas. «No me gustaría que mi hija me dijese que va a trabajar en la pesca tradicional, pero en algo como la acuicultura o salvamento sí me agradaría», concluye este granadino que también ha girado el timón de su vida.

mapenalver@ideal.es