"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

miércoles, 16 de abril de 2008

Análisis del paisaje agrario

Fuente: http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=7149&cat=geografia

Si convenimos en que la Geografía (v.) es la disciplina científica que tiene por objeto la descripción y explicación de los paisajes, la Geografía r. será aquella parte de la Geografía (concretamente, de la Geografía humana) que trata de describir y explicar los paisajes rurales en lo que concierne a su estructura, función y génesis. Del mismo modo que los industriales y urbanos, los paisajes rurales han sido creados por el hombre a expensas de los paisajes naturales. Como cualquier otro tipo de paisaje, los rurales están constituidos por una combinación más o menos compleja de elementos (campos, casas, caminos, etc.), articulados con arreglo a una determinada estructura, que dependen -elementos y estructura- de una también compleja serie de factores (naturales y humanos). Los elementos y los factores de los paisajes rurales no son inmutables, sino cambiantes; nada mejor para comprender bien cómo son los paisajes actuales que trazar su historia, ver cómo surgieron y cómo evolucionaron hasta llegar al estado actual. Por último, es preciso insistir en que el estudio geográfico de los paisajes rurales no debe limitarse a los aspectos . meramente morfológicos, sino que debe abarcar igualmente el estudio de la función que desempeñan (v. PAISAJE I).
1. Ciencias auxiliares y división de la Geografía rural. De lo que llevamos dicho se deduce que la Geografía r. ha de tener estrechas relaciones con otras disciplinas afines que nosotros ahora calificaremos de auxiliares; del mismo modo que la Geografía r., o la Geografía a secas, es una cienca auxiliar de sus afines. Mencionaremos entre las más importantes la Agricultura, la Economía política, la Historia de la agricultura y de la colonización, la Sociología, la Etnología y el grupo de ciencias naturales que incluye la Climatología y Meteorología, la Edafología, la Hidrografía y la Botánica. Como es lógico, la Geografía r. está igualmente en estrecha relación con las restantes partes de la Geografía humana; si no decimos de la Geografía económica es porque la mayoría de los geógrafos consideran a ésta como integrante de la Geografía humana, lo mismo que la Geografía política.
Aunque en torno a los paisajes rurales puede articularse todo lo concerniente, desde el punto de vista geográfico, a la agricultura, la ganadería, la explotación forestal y el hábitat rural, es muy frecuente que los tratadistas de la Geografía humana distingan entre Geografía agraria y Geografía del hábitat rural. Esta distinción es muy vieja, desde luego, y está muy arraigada, pero resulta evidente que sólo puede justificarse y encontrar validez en razones didácticas. De hecho, se estudian cada vez más la casa y los tipos de poblamiento rural al mismo tiempo que los paisajes agrarios. De ahí que sea también ahora frecuente hablar de Geografía r. tanto o más que de Geografía agraria.
Cualquier paisaje rural, tal y como se le ve desde un " avión o examinando una fotografía aérea, está integrado por campos de cultivo, bosques, matorrales y pastizales, casas diseminadas o agrupadas y vías de comunicación Si denominamos -aunque no sea del todo correctoager al espacio cultivado y saltus al inculto (ubi silvae et pastiones sunt, como decían los latinos), diremos que los elementos integrantes de los paisajes rurales son: ager, saltus, hábitat y caminos. La primera labor del geógrafo estriba en describirlos bien, pieza por pieza y de modo minucioso, descomponiéndolos en unidades menores, si es necesario, pero sin olvidar nunca que es tan importante o más que ello el estudiar y mostrar cómo se articulan entre sí dos o más piezas o elementos, qué relaciones guardan con el conjunto; en definitiva, cuál es la estructura de los paisajes rurales; así, p. ej., habrá que analizar los tipos de relación y mezcla entre el ager y el saltus, el modo de ordenación de las parcelas entre sí, formando pagos, las combinaciones espaciales y temporales de los cultivos, la relación estrecha que la red viaria tiene con el ager, el saltus y el hábitat, etc. La descripción ordenada de los elementos o componentes de los paisajes rurales se puede hacer de muy diversas maneras. Una de ellas es la que nosotros comentamos a continuación.
2. Ager y saltus. Antes que nada es preciso estudiar la proporción que guardan el ager y el saltus y los tipos de combinaciones a que pueden dar lugar: ager exclusivo o muy predominante; saltus exclusivo o muy predominante; islotes o calveros de cultivo en medio del saltus; rodales de saltus en el ager. Es ésta la primera aproximación, aunque grosera, al estudio de los paisajes rurales; es también lo que primero salta a la vista al recorrer cualquier espacio terrestre; y es, por último, un dato previo importante para la clasificación de los paisajes rurales. También deben ser analizadas, antes de pasar al estudio de los cuatro elementos mayores de los paisajes rurales, las fronteras que separan el ager y el saltus; en unos casos se trata de fronteras naturales, impuestas por la altitud, la pendiente, los suelos o el clima, que aquí permiten el cultivo y allí lo dificultan o lo impiden; en otros casos, se trata de fronteras humanas, sean de tipo económico, sean de tipo racial o político o religioso; hay fronteras del espacio agrario que son estables o al menos bastante fijas a lo largo de los siglos, mientras que otras son variables u oscilantes, de acuerdo con diversas circunstancias, como la presión demográfica o el éxodo rural, las coyunturas favorables o desfavorables del mercado respecto a la agricultura o a determinado tipo de cultivos; por último, las fronteras ager-saltus pueden consistir en una línea o en una franja más o menos rectilínea o festoneada.
En el estudio del ager es preciso considerar: el entramado parcelario, los cultivos y los sistemas de cultivo. El análisis del entramado parcelario debe hacerse estudiando la forma de las parcelas -corrientemente expresada, en el caso de las que tienen forma cuadrangular, por el índice de alargamiento (largura de las parcelas dividida por la anchura)-, su tamaño medio y el número de parcelas que corresponde a cada uno de los grupos que en este aspecto deben distinguirse en el territorio que se estudie. También debe estudiarse el límite o forma de limitar las parcelas, que permite hacer la distinción, tan estudiada en Europa centro-occidental, entre campos abiertos y cercados, según que el límite de las parcelas esté materializado de forma que obstaculice o impida la circulación de animales, personas y vehículos (cercas de piedra, de tierra, de setos, de árboles y los diversos tipos de cercas mixtas), o por el contrario quede reducida a una franja estrecha de tierra inculta, apenas destacable en el paisaje y que no impide el acceso a los campos. Un caso particular de entramado o paisaje parcelario es el de las terrazas y bancales de las laderas montañosas de muchas regiones del mundo, como las mediterráneas y del Asia monzónica; por último, conviene señalar, en orden al entramado parcelario, que las parcelas del ager suelen estar ordenadas unas con respecto a otras de muy diversas formas, constituyendo cada uno de los grupos de parcelas con la misma ordenación, y sobre todo con la misma orientación, lo que en castellano podríamos llamar pagos.
Después del entramado parcelario, lo primero que salta a la vista, al examinar desde el aire o en una fotografía aérea cualquier parte del ecúmene agrario, con los cultivos (v.). A continuación nos referimos a los puntos que interesa destacar, a este respecto, en todo estudio geográfico. Puesto que ello trasciende en el paisaje, lo primero que habrá que analizar es la proporción que guardan los cultivos anuales, herbáceos, respecto a los plurianuales, semipermanentes, arbóreos y arbustivos; en los secanos mediterráneos, p.e j., es geográficamente representativo el porcentaje que a los cereales corresponde en el total del ager, y otro tanto la suma de la vid, olivo y otros árboles o, en algunos casos, a cada uno de ellos. Interesante es asimismo delimitar las áreas de los cultivos más importantes y en especial de los bioclimáticamente indicativos; por seguir con el ejemplo del mundo mediterráneo, en cualquier estudio de un territorio marginal de dicho ambiente puede ser definidor el límite septentrional o meridional y el altitudinal del cultivo del olivo, en particular si en la representación cartográfica correspondiente se señala además con colores o mediante signos especiales la relativa importancia que dicho cultivo tiene en las diversas áreas del territorio en cuestión.
A veces, un mismo cultivo ocupa todo el espacio agrícola, y entonces se hablará de monocultivo; esto no es, sin embargo, lo normal. Lo corriente es que diversos cultivos se asocien (sistemas de cultivo), de muy diversas maneras, en una explotación, en un territorio, y entonces se hablará de policultivo; pueden coexistir en el mismo campo o en distintos campos: p. ej., olivos entre las hileras de vides, parcelas de cereales, vid y olivo contiguas; maíz con alubias que se enroscan en su tallo y nabos intercalados; etc. Los italianos hablan expresivamente, a este respecto, de coltura promiscua. Finalmente, pueden los cultivos sucederse en los campos unos a otros a lo largo del tiempo, mediante rotaciones más o menos complejas; así, calificaremos de sistema de cultivo de «año y vez» a aquel en que alternan un cereal con el barbecho, sistemas de cultivo al tercio o al cuarto cuando alternan un cereal con dos o tres años de barbecho. Hay sistemas de cultivo más extensivos, más arcaicos, hasta llegar al llamado cultivo itinerante en los países tropicales o cultivos sobre rozas hechas en los bosques y matorrales de la zona templada, y hay también sistemas más intensivos basados en rotaciones sabias que dejan escaso margen -o lo anulan completamente- al barbecho, desde la clásica rotación trienal característica de la Europa centroeuropea en el antiguo régimen, en la que se sucedían un cereal de invierno (p. ej., trigo), otro de primavera (p. ej., avena) y un año de barbecho, hasta la rotación muy intensiva y sabia de las huertas mediterráneas litorales o de los cinturones suburbanos. Las rotaciones de cultivo pueden establecerse libremente por los campesinos sobre sus campos, originándose entonces un paisaje multicolor, o pueden ordenarse por la comunidad en hojas colectivas, y entonces el paisaje se descompone, p. ej., en extensiones uniformes de trigo y de barbecho, cuando se trata del sistema de cultivo de año y vez o de rotación bienal, o de trigo, avena y barbecho en el caso del sistema de cultivo de rotación trienal.
Los bosques, los matorrales y los prados naturales constituyen el saltus, que en español podríamos traducir sin excesivo abuso por monte. Desde el punto de vista paisajístico, en el estudio de los bosques debe tenerse en cuenta, en primer lugar, la importancia -expresada en porcentajes- que tienen en relación con el área total del saltus; y en segundo lugar los tipos a que corresponden, para lo cual se deben tener en cuenta las especies arbóreas (distinguiendo, por supuesto, los bosques naturales de los de repoblación artificial), la fisonomía que ofrece la formación (masas continuas, rodales, cintas, bosque ahuecado, árboles diseminados, etc.) y aun el propio aspecto de los árboles individuales (árboles bravos, trasmochos y jaros). Análoga pauta puede seguirse en el análisis de los matorrales y de los prados naturales, incultos o permanentes , (los prados artificiales se integran en el ager, como es lógico).
3. Hábitat rural. Con esta equívoca palabra suele comprenderse en Geografía humana lo concerniente a la casa rural y al modo en que ésta se distribuye en el espacio. Cuando nos refiramos a este último aspecto hablaremos de tipos o formas de poblamiento.
La casa rural debe estudiarse desde el punto de vista morfológico, estructural y funcional. Desde el punto de vista morfológico, también estudian la casa otras disciplinas científicas, como la Etnología, y el geógrafo sacará buen partido del estudio de los resultados y aun de la aplicación de los métodos del etnólogo, pero no debe perder de vista que lo más interesante para el geógrafo es la consideración de la fisonomía de la casa rural en relación con el medio físico (sobre todo con la litología, a través de los materiales de construcción: casa de tierra, de piedra, de madera, y con el clima, a través de la cubierta: inclinación, teja, alero, caballete, etc., de los balcones y huecos en general, de los saledizos, soportales, etc.). El análisis estructural y funcional de la casa es de mucha mayor importancia que el morfológico, incluso desde el punto de vista paisajístico. Porque la casa es el centro de una explotación rural a la que se adapta más o menos estrechamente en su forma, dimensiones y disposición de sus elementos integrantes. La casa, en efecto, no es solamente el edificio donde mora el hombre -la vivienda, v.-, sino también su almacén, su taller, su granero, su establo. La disposición de todos estos elementos integrantes de la casa rural -la estructura que adoptan- ha servido precisamente para hacer una clasificación de las casas rurales más adecuada que la establecida a partir de los materiales de construcción. A Demangeon se debe el mejor estudio tipológico de las casas rurales: casa-bloque, en la que todos los elementos se hallan bajo el mismo techo, bien yuxtapuestos, a ras de tierra (en profundidad, en largura o de forma cuadrada), bien superpuestos (casa-bloque en altura); casa-patio, constituida por diversos edificios pegados entre sí y dispuestos alrededor de un patio cuadrangular o al menos en tres de sus lados; y casa constituida por edificaciones separadas y más o menos dispersas.
Por lo que atañe a los tipos de poblamiento, hay que estudiar la estructura, situación, emplazamiento y formas. Según la estructura, se hablará de dispersión (primaria, secundaria, intercalar) y de concentración como tipos extremos, siendo muchos los casos intermedios y muchas igualmente las categorías de la concentración (desde la pequeña 'aldea castellana hasta el gran núcleo manchego o bajo-andaluz, p. ej.). En lo relativo a la situación y al emplazamiento se analizará el papel que juegan los ríos, las rutas, las líneas de contacto (regadío-secano, línea de fuentes, de contacto entre terrazgos ecológicamente distintos, etc.), la topografía, los suelos. Las formas que adoptan los diversos tipos de poblamiento y que en parte están condicionados por los emplazamientos y en parte por las condiciones histórico-sociales, permiten hablar de dispersión anárquica y organizada y de concentración con arreglo a planos de forma o estructura rechoncha, cuadrangular, estrellada, lineal (aldea itinerante o caminera), etc.
4. Factores de los paisajes rurales. Los elementos de todo paisaje rural, y el mismo paisaje rural tomado en conjunto, están en relaciones múltiples, complejas, de acción no fácilmente discernible y cambiante; con una serie de factores que para simplificar dividiremos en naturales y humanos. Todo paisaje rural refleja de alguna manera las influencias de la Naturaleza, a expensas de la cual el hombre lo ha creado. El estudio de las influencias que ejercen los factores naturales debe hacerse con todo cuidado, para no dejarse llevar por determinismos fáciles. La topografía repercute en los paisajes agrarios a través de la altitud, que origina un escalonamiento bioclimático y un paralelo escalonamiento de las formas de utilización del suelo y de los cultivos, y a través de la pendiente, que regula la erosión del suelo, frente a la cual el hombre reacciona mediante la construcción de campos escalonados en forma de terrazas y bancales, e influye decisivamente en la forma de las parcelas. El clima está en estrecha relación con los cultivos y los sistemas de cultivo; desde el punto de vista térmico, interesa destacar los rigores del invierno y del verano, el periodo libre de heladas, etc.; desde el punto de vista pluviométrico, importa mucho saber no sólo el total de precipitaciones anuales, sino también y sobre todo su régimen mensual, el tipo (sólidas, líquidas), su intensidad, etc.; por último, desde un tercer punto de vista, conviene conocer los vientos, contra cuya acción el hombre construye setos, cortinas de árboles, etc.
Tan imprescindible es el agua para la vida de las plantas que cuando la de lluvia es insuficiente o cae en estaciones inadecuadas resulta preciso sustituirla por la de los ríos o por la que existe en el subsuelo; en todos estos casos el hombre crea los paisajes de regadíos, de oasis, tan fuertemente contrastados con los de secano. La vegetación natural está en relación más directa con el saltus que con el ager; en éste sobre todo influye facilitando más o menos su creación y su permanencia: es más fácil roturar una estepa que un bosque tropical y más fácil también conservar el espacio cultivado en el primer caso que en el segundo. Y, por último, la naturaleza de la roca madre y el suelo de ella derivado necesariamente que han de tener una más o menos estrecha relación con los cultivos, y con determinados aspectos del entramado parcelario (el simple despedregado de los campos explica algunas cercas) y del hábitat rural, en particular de la casa.
Pero, sobre todo, los elementos de los paisajes rurales están determinados por factores humanos (psicológicos, sociales, jurídicos, étnicos, económicos, políticos), de acción muy compleja y cambiante y de difícil precisión. Paisaje agrario y civilización son términos mucho más relacionados que paisaje agrario y medio natural; las comunidades humanas actuando sobre la Naturaleza a lo largo del tiempo, de una u otra manera y con mayor o menor eficacia según el tipo de civilización a que pertenezcan o, lo que viene a ser igual, según las técnicas de que dispongan, transforman los paisajes naturales en paisajes humanizados (en nuestro caso, paisajes rurales) para subvenir a sus necesidades de alimentación, vestido, refugio, etc. Destaquemos de entre los factores humanos de los paisajes agrarios ligados a hechos de civilización estos tres: técnicas, estructura agro-social y economía. De entre las primeras ha sido bien estudiado el papel que las técnicas de roturación individual o colectiva han tenido no sólo en la creación y en la fisonomía de los paisajes agrarios sino también en el hábitat rural; otro tanto puede decirse de las técnicas de cultivo. Dentro de éstas, tienen especial importancia el utillaje empleado (azada, arado de diversos tipos, tractor), así como las técnicas utilizadas para defender los suelos de las pendientes fuertes de la erosión (terrazas, bancales); para aportar el agua a los campos sedientos de las regiones áridas (técnicas variadísimas de regadío) o para evacuarla de las pantanosas; para proteger a los cultivos contra la intemperie (heladas, vientos, inundaciones); y para devolver al campo, por último, los elementos nutritivos que los vegetales absorben del suelo (abonado, corrección de tierras), sin olvidar todo lo relativo a las alternativas y rotaciones de cultivos, que persiguen el mismo fin de evitar el agotamiento de los suelos.
Por lo que atañe a la estructura social-agraria, y más concretamente al régimen de la propiedad y de la explotación, es preciso estudiar las fórmulas variadísimas que ofrece la primera, tanto dentro del grupo de las propiedades colectivas (de tipo tradicional, como es el caso de los comunes en España, o de tipo socialista), como de las propiedades individuales, que van desde las pequeñas o minifundios a las grandes o latifundios, cada una de ellas de muy variada génesis (v. LATIFUNDIOS Y MINIFUNDIOS); interesa destacar si la propiedad se presenta agrupada en coto redondo o fraccionada y dispersa en multitud de parcelas. Los trabajos de concentración parcelaria (v.) han modificado profundamente muchos paisajes rurales de los países europeos, lo mismo que la socialización de la tierra en los países comunistas. Otra cosa distinta, y tan importante o más en Geografía r., es la explotación, no sólo en lo que se refiere al régimen jurídico (explotación directa, arrendamiento, aparcería) sino también, y sobre todo, al tamaño de la misma.
La influencia de los factores de orden económico en los paisajes rurales es tan evidente que apenas merece la pena subrayarse; recordemos brevemente las leyes económicas que rigen las fronteras oscilantes del espacio agrario y su ordenación interior por grado de intensidad: ley del rendimiento decreciente, ley de intensidad o de Thünen, oferta y demanda. De acuerdo con la orientación económica de la agricultura (v.), con el carácter económico de los cultivos (a esto suele llamarse, aunque no siempre, tipo de cultivo), pueden distinguirse estas cuatro grandes formas de economía rural directamente relacionables con los paisajes: agricultura de subsistencia, de mercado, de especulación y de los países de economía socialista.
Como en los paisajes agrarios, también en el hábitat rural los factores humanos tienen una influencia más decisiva que los físicos. Ya lo dijimos a propósito de la casa rural. Digamos ahora que el tipo de poblamiento de una región casi nunca puede explicarse satisfactoriamente examinando solamente los factores naturales (topografía, naturaleza del suelo, clima); es preciso invocar la acción de diversos factores históricos, como la seguridad o inseguridad, la necesidad de defensa, los factores sociales y económicos, las tradiciones étnicas, etc.
5. La ganadería. Está íntimamente ligada a la economía rural y más estrictamente a los sistemas de cultivo, con los cuales hay una marcada y lógica tendencia a estudiarse; algunos geógrafos propugnan hablar entonces de sistema de producción agrícola. Esto no quiere decir que no quepa también un tratamiento geográfico de la ganadería (v.) desligado de la agricultura o al menos centrando todo el interés en aquélla; Veyret lo ha demostrado en su conocido libro, en el que analiza por un lado las condiciones naturales de la ganadería (relieve y naturaleza del suelo, clima, vegetación), por otro el papel de los hombres (vocación pastoril o aptitudes pastoriles de los pueblos en relación con factores étnicos, religiosos, sociales, económicos; técnicas de producción y de utilización) y, finalmente, los tipos de ganadería (o. c. en bibl.). Cuatro de éstos distingue Veyret, cada uno con múltiples variantes: ganadería marginal, sentimental, desligada de la agricul
tura y relacionada con ésta. Al primer tipo pertenece la ganadería de los chinos, indochinos y japoneses, por un lado, y la de los cultivadores negros, por otro; tienen en general poco ganado y no está integrado en el sistema agrícola. En el segundo grupo se incluyen aquellos pueblos que por razones religiosas o sociales sacan muy poca utilidad de sus rebaños, a veces muy considerables: caso de los hindúes, de los malgaches, de los pueblos pastores del África oriental. Dentro del tipo de ganadería sin agricultura distingue la cría de renos de las regiones boreales, la ganadería de los nómadas que viven en los desiertos y estepas del viejo mundo, la de los pastores trashumantes, sobre todo los del mundo mediterráneo, y las ganaderías coloniales extensivas. Sólo Europa y las regiones europeizadas combinan la agricultura con la ganadería; en unos casos ésta se encuentra al servicio de aquélla: la ganadería es un «mal necesario» o un «subproducto» del cultivo; en otros casos, agricultura y ganadería están en perfecta simbiosis, con las variantes de labradores-ganaderos y ganaderos-labradores; en otros, finalmente la ganadería domina netamente a la agricultura, a la que tiende a eliminar: así sucede en las montañas importantes, en la Pampa húmeda y el dairy-belt norteamericano en Wisconsin y Minnesota, en las regiones industrializadas que tienen clima templado y húmedo propicio a las praderas naturales (Inglaterra, Bretaña, etc.).
6. Tipología de los paisajes rurales. Los paisajes rurales son múltiples, porque múltiples son las combinaciones de sus elementos integrantes y de los factores condicicnantes, y porque su origen y su evolución son también muy diversos. ¿Pueden agruparse en grandes tipos? Éste es el objeto que persigue la Geografía general, pero es un objeto no satisfactoriamente alcanzado todavía, porque faltan investigaciones adecuadas en buena parte de la superficie terrestre y porque no es fácil ponerse de acuerdo sobre los hechos primordiales (elementos o factores) que deben servir para la distinción de los grandes tipos de paisajes y, dentro de ellos, para sus variantes o subtipos; tampoco hay uniformidad de criterios en lo que concierne a la nomenclatura: zona, espacio, territorio, región, paisaje, etc., son palabras de significado vago y aun distinto, según los autores. Unas veces se tiene en cuenta como hecho principal, para el establecimiento de la tipología de los paisajes rurales, las condiciones naturales desde el punto de vista agronómico, y así se distinguen los paisajes agrarios de la zona ecuatorial, de la zona tropical lluviosa, de la tropical árida, de las regiones mediterráneas, oceánicas, continentales, etc. Otras veces, la clasificación se basa en hechos de civilización -en el amplio sentido de esta palabra- y más particularmente en la estructura socialagraria, en los sistemas de cultivo o en el tipo de cultivo, tal y como se ha dicho en líneas anteriores; hay también divisiones mixtas. Basta con examinar las hechas por los autores citados en la bibliografía para ver cuán distantes estamos aún de alcanzar el objetivo que persigue la Geografía r. que, en definitiva, radica en observar, describir, clasificar, comparar y explicar los paisajes rurales.

V. t.: AGRICULTURA IV, 1.

A. FLORISTÁN SAMANES.

2 comentarios:

Dieta dijo...

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por cierto el ingles ese kiere que hagas algo de la dieta.