"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

jueves, 29 de mayo de 2008

La producción del futuro


Fuente: Suplemento sobre industria elaborado por SIEMENS

1. Un cliente de envergadura desea crear zapatillas deportivas de alta tecnología y comunica al fabricante su idea del artículo a medida.
2. El producto se proyecta virtualmente en el ordenador, para lo que se simulan y optimizan las vías de producción precisas. La planificación del producto y el control; automatizado de la fábrica forman parte de! mismo engranaje. Las instalaciones están protegidos por cámaras inteligentes con reconocimiento facial en 3D, que identifican a todo aquel que intente acceder al edificio.
3. El cliente puede consultar el estado provisional de los proyectos simulados y comunicar las modificaciones que desea.
4. Estas se incorporan al diseño, con lo que se modifica el proceso de fabricación.
5. Luego se procede a la producción en una fábrica moderna, con un alto grado de automatización y control digital.
6. Las zapatillas salen de la fábrica en camión para ser cargadas en barco.
7. El camión viaja por carreteras en las que cámaras inteligentes elevan la seguridad (detección automática de accidentes, incendios en túneles, etc.) y, por otro, identifican las matrículas y verifican, por ejemplo, si se ha pagado el peaje.
8. Etiquetas inteligentes (BFID) permiten el seguimiento del camión y del producto. Así, el cliente puede saber en todo momento dónde está su pedido. Se garantiza también la seguridad del producto (p. ej., protección antipiratería).
9. El cliente recibe puntualmente sus zapatillas deportivas.


De la idea la producto

En 1908 el director de la Oficina de Patentes de Londres decía: «Propongo que.se cierre la Oficina. Todos los inventos esen­ciales ya están hechos.» En aquel año, Melitta Bentz inventaba el filtro de café, los hermanos Wright ensayaban con éxito el vuelo con motor, Ford sacaba al mercado su modelo T y se esta­blecía la primera conexión telegráfica sin hilos entre París y Casablanca. ¿Y, entonces, aquello iba a ser todo? ¿Qué diría hoy este buen señor, cien años después, si visitara una planta indus­trial moderna? ¿Y si, además, los expertos le explicaran cómo va a transformarse la produc­ción de bienes los próximos años? Individuali­zación y globalización: esas son las dos grandes tendencias determinantes para el desarrollo pre­sente y el futuro previsible de la humanidad.

El mundo converge. Las necesidades humanas en países emergentes como China e India se aproximan a las de los países industrializados. Al mismo tiempo, crece la población mundial, con lo que uno de los grandes retos es distribuir cada vez más productos a más personas del modo más eficiente y de forma respetuosa con los recursos. Tomemos el ejemplo «movilidad»: la demanda de coches crecerá con fuerza los próximos años, y, con ella, la demanda de ace­ro, que conforma en torno al 50% de un auto­móvil de gama media. Y este no es el único motivo por el que la industria transformadora de minerales y de fabricación en acero intenta buscar soluciones lo más eficientes y ecológicas posible. La industria tiene que prepararse; sin olvidar que los consumidores demandan productos cada vez más personali­zados. Dicho claramente: fabricar cantidades mayores, pero también mucho más variadas.

En los albores de la producción en masa la situación era otra. Henry Ford llegó a decir que los clientes podrían adquirir su Modelo T en cual­quier color, «siempre y cuando fuera negro». Pero hoy el comprador elige no sólo el color de la ca­rrocería, sino también entre innumerables tipos de asientos y tapicerías, así como la pintura del cuadro de mandos y los listones del habitáculo.


La individualidad como baza

«La persona está condenada a individualizarse, obligada a concebirse a sí misma como centro de decisión y oficina de proyectos», dice el re­nombrado sociólogo Ulrich Beck, de la Univer­sidad Ludwig Maximilian de Munich. Este pro­nóstico social encuentra su representación en la industria: por ejemplo, en el intento de inten­sificar la vinculación de los consumidores a la producción. En tal contexto, los expertos hablan de mass customization y personalizaction. En resumen: que los clientes planteen demandas de productos completamente individualizadas, pudiendo llegar incluso a intervenir vía internet en la misma fabricación. «Las empresas inno­vadoras organizan la creatividad de sus grupos de destino», remarca Stephan A. Jansen, de la Universidad Zeppelin de Friedrichshafen.

La individualización es un reto en el mercado mundial (130.000 millones de euros) de la auto­matización. El ideal son unos productos y ser­vicios individualizados y a precios competitivos. «El objetivo es desarrollar procedimientos téc­nicos y organizativos para fabricar industrialmente y a buen coste productos confeccionados a la medida de los clientes», dice Günter Vob, profesor de Sociología Industrial y de la Tecno­logía en la Universidad Técnica de Chemnitz. Hecho a medida: es algo que suena a alta costura para gente selecta. Pero la individualiza­ción está convirtiéndose en un verdadero fenómeno de masas. Medicamentos de com­posición específica, pantalones con largo ajus­tado a la perfección, ordenadores de configu­ración individualizada: en el futuro, todo esto deberá poder hacerse a buen precio. Los clien­tes ya pueden componer su vehículo ideal me­diante configuración online; la industria, usan­do tecnologías modernas, deberá garantizar que también pueda pagarlo.

Desafíos para la producción

Siguiendo esta tendencia, la fabricación indus­trial va a transformarse cada vez más. Lo cual exige una producción muy flexible de calidad y fiabilidad elevadas. El éxito lo garantizan, ante todo, las nuevas soluciones en tecnología in­formática y de comunicaciones, como las de la ingeniería digital: todos los niveles de la ca­dena de creación de valor, interconectados en una red digital integral, desde la simulación informática generalizada de productos y líneas de producción completas hasta la formación de usuarios y consumidores finales en su or­denador, pasando por el control digital de fá­bricas en tiempo real. «La integración fluida de diseño de productos, construcción de plantas y fabricación real permite concebir y fabricar productos con más eficiencia», afirma Antón S. Huber, director ejecutivo de la sección In­dustrial de Siemens, líder mundial de mercado en automatización.

Dicho sea de paso, también la distribución va a revolucionarse: la gestión y localización del tráfico por satélite permitirá que los productos a medida lleguen antes al consumidor, que, en todo momento, se mantendrá al corriente del estado actual de su pedido.

Se intensifica el empleo de robots con capacidad de autoaprendizaje, actuación autónoma y adap­tación a situaciones concretas. Cámaras y sen­sores inteligentes les ayudan a ordenar los palés con más rapidez y precisión. La localización y asignación exacta a cada cliente se efectúa me­diante etiquetas inteligentes (RFID), rotulables y legibles por radio. A la optimización de la lo­gística le sigue la del transporte: desde una tecnología ferroviaria con eficiencia energética, hasta innovadores sistemas de transporte aeroportuarío, pasan­do por el seguimiento de contenedores vía RFID. Al final, cada cliente recibe su producto con más exactitud y rapidez que nunca. Y, junto a la ve­locidad, aumenta también la seguridad para el consumidor: la identificación de los medicamen­tos del futuro será inequívoca y, por tanto, a prueba de falsificaciones.

Fallos potenciales con tendencia a cero

La fabricación industrial se sitúa a años luz de los principios que seguía a comienzos del siglo XX: la cadena de montaje clásica trataba de producir la mayor cantidad de un producto lo más homogéneo posible, a fin de estandarizar los procesos, y, lógicamente, reducir costes. Cierto es que las reglas de las economías de escala siguen vigentes en muchos sectores. Pero la confluencia del mundo virtual y el real abre enormes posibilidades técnicas. Por ejem­plo, en la tecnología de simulación: el actual software, al crear prototipos virtuales con ca­pacidad funcional, y examinarlos exhaustiva­mente antes de la fase de producción, ahorra a los fabricantes costosos fallos -pues muchos ni siquiera llegan a producirse- y, por ende, tiempo y dinero: «Los costes de introducir un producto en el mercado se reducen entre un 30 y un 50%», afirma Huber.

La palabra clave es velocidad: los sistemas modernos de producción tienen que ser flexibles y eficientes para poder acelerar los tiempos de respuesta y lograr así una alta diversidad de productos y ciclos de producción más cortos.

En principio, tal proceso puede abarcar desde el menor tornillo hasta el producto final acabado. Un coche de gama media, corno, por ejemplo, un modelo de la serie 3 de BMW, lo forman en torno a 40.000 piezas que deben conjuntarse de forma adecuada. Y, ya hoy, el comprador tiene muchas posibilidades para componer un vehículo totalmente conforme a sus demandas personales. «Variaciones sobre la exclusividad»: asi es cómo se refiere BMW a su programa individualizado de extravagantes pinturas y equipamientos interiores de primera calidad, que permite a sus clientes distinguirse aún más respecto de los gustos de masas.

Interconexión global

La otra gran tendencia -la globalización- tiene también efectos tajantes sobre las condiciones productivas. Según datos del Banco Mundial, el comercio internacional lleva años creciendo con más intensidad que la economía global (véase gráfico). Los productos se desarrollan en un extremo del mundo y se fabrican en el otro: es algo que ya conocemos. Pero, en el futuro, la división internacional del trabajo podrá estar mucho más fragmentada. En vez de agruparse regionalmente, las empresas esparcen por el mundo sus centros de investigación, desarrollo, producción y servicios, en función de la cercanía al cliente, el ahorro de costes y las sinergias. El camino hacia la innovación ha cambiado por completo el rumbo, «de la genialidad individual a la genialidad colectiva de combinar conocimientos previos», dice el profesor Jansen.

Tiempo ahorrado

Ante un problema determinado, los expertos más perspicaces se interconectan, elaboran en común una solución eficiente y, al momento, se hallan ya en otra «obra» de su especialidad - en cualquier rincón del mundo.

Trabajo intercentros: la nueva tecnología permite colaborar globalmente en todas las fases de desarrollo y fabricación. «Si un producto se modifica, el Teamcenter permite un seguimiento total en tiempo real», afirma Huber. Tras este conjuro, Teamcenter, se esconde la solución de Siemens para la gestión conjunta de datos. Vincular el sistema con aplicaciones en 3D al diseño de productos y plantas, también es posible detectar problemas de inmediato y subsanarlos con fluidez. «Frente a una explotación convencional, intervalos de parada de semanas o meses pueden reducirse a días u horas», afirma Helmuth Ludwig, presidente de Siemens PLM Software.

También se logra ahorrar tiempo gracias al reajuste de las instalaciones a nuevas tareas. Unos tiempos de reequipamiento reducidos hasta mínimos impulsan, a su vez, la fabricación individualizada. La interconexión inteligente con los proveedores permite el corte perfecto de componentes, con el consiguiente aumento adicional de productividad.

La automatización, una oportunidad

¿Robots en vez de personas? La automatización, que solía asociarse a la reducción de puestos laborales, abrirá nuevas perspectivas a sectores y países. En el futuro, serán competitivas solo las empresas con un dominio perfecto de ios procesos comerciales electrónicos con sus proveedores, socios y clientes, y que sepan ajustar su organización. Las soluciones integradas, las plataformas y los estándares generales serán más importantes que nunca: el know how de la integración, saber cómo reunir distintos módulos en una solución unitaria, se convertirá en un factor competitivo decisivo.

«En una competencia global, el grado de automatización es un factor esencial para compensar eventuales desventajas del emplazamiento o, incluso, transformarlas en ventajas», explica el directivo de Siemens Huber, responsable de 40 fábricas repartidas por el mundo. En cada vez más áreas se desdibujan los límites entre software y hardware, como la estabilización electrónica de chasis automovilísticos: «Ciertas propiedades como la estabilidad y la rigidez, que antes debía poseer el hardware, pueden ahora obtenerse solo regulando el software», refiere Ludwig. Así, los desarrollos vinculados a software cobran cada vez más importancia, tanto entre fabricantes de tecnología de automatización como entre sus usuarios. «La principal creación de valor radica hoy en el software», dice Winfried Büttner, que dirige en Siemens el departamento Corporate Intellectual Property. Sobre el 50% de los cerca de 3.400 millones de euros invertidos en investigación y desarrollo, así como una gran parte de los inventos de Siemens, incluyen algún tipo de software.





1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007' 2008"

Varíación porcentual sobre año anterior, * pronóstico

En el contexto de una población mundial creciente y la proliferación del comercio internacional, es cada vez más importante garantizar el abastecimiento de la población de la forma más ecológica posible. Además, crece la demanda de productos individualizados. La producción industrial está obligada a afrontar estas exigencias con capacidad de innovación.

Fuente: Banco Mundial