"Quiero hablar de un viaje que he estado haciendo, un viaje más allá de todas las fronteras conocidas..." James Cowan: "El sueño del cartógrafo", Península, 1997.

martes, 21 de octubre de 2008

Los partos en el siglo XIX y el caso Semmelweis, médico que propuso lavarse las manos antes de atender un parto

Texto e imágnes procedentes de: http://blogs.20minutos.es/madrereciente/post/2008/10/09/semmelweis-haoroe-las-madres-recientes


Ignaz Phillipp Semmelweis, llamado "el salvador de las madres", apenas es recordado por alguien que no sea profesional de la medicina. Y es una pena.

Yo lo descubrí algo antes de plantearme ser madre reciente en un documental sobre historia de la medicina que emitían en uno de los canales de la tele por cable.

He estado leyendo sobre él. Y su historia es terrible y fascinante. Si supiera hacer guiones de cine me pondría a ello. Aunque algo ya se ha hecho.

Nació en Hungría en en 1818 y mediado el siglo comenzó sus prácticas como obstetra en el hospital general de Viena, Austria.

Os pego algunos fragmentos del resumen muy simplificado que hace la Wikipedia de su vida:

Consiguió disminuir drásticamente la tasa de mortalidad por sepsis puerperal (o fiebre puerperal) entre las mujeres que daban a luz en su hospital mediante la recomendación a los obstetras de que se lavaran las manos antes de atender los partos. La comunidad científica de su época lo denostó y acabó falleciendo a los 47 años en un asilo, a causa de la infección que el mismo se provocó cortándose con un escalpelo contaminado, para demostrar su teoría. Algunos años después Luis Pasteur publicaría la hipótesis microbiana y Joseph Lister extendería la práctica quirúrgica higiénica al resto de especialidades médicas. Actualmente es considerado una de las figuras médicas pioneras en antisepsia y prevención de la infección nosocomial.

Un buen número de expertos sostienen que padeció un alzheimer prematuro.

Parece ser que Semmelweis se percató de la necesidad de higiene al observar que las madres atendidas por los médicos tenían una tasa de mortalidad diez veces mayor que las asistidas por comadronas.

De esta manera concluyó que la diferencia radicaba en que las comadronas y parteras tomaban la precaución de lavarse cuidadosamente las manos.

Cuando Semmelweis insistió al resto de médicos en la necesidad de lavarse las manos con agua clorada antes de entrar en la sala de partos fue atacado y marginado por casi todos sus colegas, empezando por el doctor Klein, su superior en el hospital vienés.

Muchos consideraban una afrenta tener que reconocer que podían aprender de simples parteras, otros no quería asumir que efectivamente era culpa suya la muerte de tantas mujeres...

El doctor Klein no está de acuerdo con las conclusiones de Semmelweis: sus propias teorías acerca del problema van desde la brusquedad de los estudiantes a la hora de realizar los exámenes vaginales hasta el hecho de que la mayor parte de ellos sean extranjeros (procedentes de Hungría, sobre todo).

De hecho Klein llega a expulsar a 22 de sus estudiantes, quedándose tan sólo con 20, pero esto no mejora la situación entre las mujeres que acuden a la clínica para dar a luz. Se conservan algunas cartas de esta época de Semmelweis a su amigo Markusovsky: "No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos".

En octubre de 1846 decide instalar un lavabo (el de la foto) a la entrada de la sala de partos y obliga a los estudiantes a lavarse las manos antes de examinar a las embarazadas. El doctor Klein se niega a aceptar esta medida y el día 20 de ese mes despide intempestivamente a su ayudante.

Pero al final la teoría de Semmelweis se impuso, aunque él no pudiera disfrutar de ese éxito, de saber que se le conoce como "el salvador de las madres", ni de las muchas calles, sellos, estatuas e incluso centros médicos que hoy llevan su nombre.

Creo que también se merece que las madres sepamos quién fue.


En la Wikipedia se informa sobre el final de su vida:

En 1854, tras la muerte de profesor Birly, es nombrado profesor de la Maternidad del clínico de la Universidad de Pest, y a partir de ese momento prácticamente desaparece la mortalidad por sepsis puerperal.

El ambiente hostil le empuja a escribir una carta a todos los profesores de obstetricia:

CARTA ABIERTA A TODOS LOS PROFESORES DE OBSTETRICIA

"Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho... ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias..."

Este gesto empeora su situación pública y comienza un período de declive intelectual, en el que llega a pegar pasquines por las paredes de su ciudad en los que advierte a los padres de las mujeres embarazadas del riesgo que corren si acuden a los médicos.

Sufre alucinaciones, busca tesoros escondidos en las paredes de su casa y finalmente es internado en un asilo. Algunos autores han sugerido la posibilidad de que Semmelweis hubiera padecido durante estos años algún tipo de demencia precoz, o Alzheimer.

En abril de 1865, tras presentar síntomas de mejoría, es dado de alta. Aprovecha su libertad para entrar en el pabellón de anatomía donde, delante de los alumnos, abre un cadáver y utiliza después el mismo bisturí para provocarse una herida. Skoda acude a Budapest, pero tras tres semanas de fiebre y los mismos síntomas que los de las mujeres que tantas veces vio morir, él mismo fallece a los 47 años en brazos de su profesor.

El Hospicio General de Viena es actualmente un edificio rosa con verja negra; en su interior puede verse la estatua de un hombre sobre un pedestal que representa al profesor Semmelweis. Bajo la efigie se ha colocado una placa con la inscripción: "El salvador de las madres".